ANDER MAIS

Capítulo 21

El Cuarto de la Lavadora

—Cariño, ¿te levantas a desayunar? Son las diez y media. Yo llevo una hora despierta ya —oí la voz de mi chica despertarme.

—No. Baja tú. Yo me quedo aquí un poco más. Además, tengo vergüenza por Erika después de lo de ayer. Ve tú y habla con ella… luego me cuentas —le contesté, adormilado.

—Pero… ¡si Erika está durmiendo como un tronco aún! No se ha levantado. Acabo de entrar en su habitación para hablar con ella y ahí sigue dormida. ¡Ayer debió beber un montón! —comentó Natalia.

—Ya… seguro —asentí.

—Ah… y una cosa —Natalia me miró riendo—. ¿Me has destapado los pechos mientras dormía? Me desperté con ellos al aire — preguntó.

—No, ha sido Alberto. Regresó anoche y te los sobó mientras dormías. Yo le dejé hacerlo — le dije, devolviéndole la sonrisa, demostrando claramente que era una broma.

—Je je je… Estas obsesionado. Seguro que te lo imaginaste y todo cuando me los destapaste. ¡Estas muy mal, eh! Bueno, voy a bajar a la cocina. Cuando te despereces te vienes —añadió.

Se cambió el short de licra que llevaba, por un pantalón apretado de deporte y un top de tirantes, y se fue para abajo…

Yo intenté dormir un poco más. La verdad, tenía aún bastante sueño. Me volví a dormir…

Me desperté un rato largo después. Ya eran más de las 12:30. Seguía bastante cansado. Había dormido poco esos días. Pero aún así, me levanté.

Erika también se debía haber levantado. No estaba en su habitación. Bajé abajo, y no estaban ninguna de las dos tampoco en la cocina. Asomé afuera y, desde la puerta de casa, las vi entrar juntas en el cuarto de la lavadora. Estaban charlando mientras preparaban una colada. Supuse que mi chica estaba aprovechando para lavar parte de la ropa que habíamos usado en estos días de vacaciones.

Hablaban algo entre ellas, de forma un tanto acalorada. Sobre todo, Natalia hacia Erika. Pues ésta lo único que hacía era sonreír, mientras escuchaba a mi chica hablar con tono casi de enfado…

Me metí para dentro de la casa. Las esperé en la cocina. Al rato, aparecieron ellas…

No hablamos nada del tema de la noche anterior; había como una especie de tensión entre los tres, como si tuviésemos presente lo que pasó anoche en ambas habitaciones, pero a la vez nos diese vergüenza comentarlo.

Yo fui tomándome el desayuno, hablando con ellas de temas banales y comentando si iríamos a las piscinas. Llevábamos dos días sin ir y hacia muy buen tiempo.

Un buen rato después, las chicas volvieron a salir hacia el cuarto de la lavadora. Ya se había terminado de lavar la ropa e iban a tenderla. Yo, mientras, salí un rato al jardín y esperé en las tumbonas a que fuesen acabando. Pensé aprovechar ese rato a solas para ver si Víctor había visto la foto que le envíe esa noche. Me extrañaba que no me hubiese contestado aún.

Ya en la tumbona, le mandé un mensaje:

—Qué tal la foto? te gustó? Qué estas ocupado? Cuando puedas, contesta…

No parecía fuese a contestar rápido. Me dio la impresión que debía estar ocupado. Conociéndole, se me pasaron por la imaginación todo tipo de cosas morbosas que podría estar haciendo…

Mis predicciones temporales no se cumplieron. Pasaron sólo unos instantes y me sonó el móvil. Era él. No me contestó el whatsapp, sino que me llamó directamente. Estuve dudando si cogerlo o no. Temía que me descubriesen las chicas. Pero el morbo por hablar con él era tanto, que se lo cogí…

—Dime, Víctor. Pero cuéntame rápido, que no puedo hablar por mucho tiempo. ¿Te gustó la foto?

—Sí, joder, ¡qué buena! Cómo me ponen esas tetazas. ¡Cada día más!

—Sí, je je je —reí—. Creo que ya la tengo un poco más animada para que tonteé un poquito con un ex ligue suyo de aquí, de este pueblo. ¡A ver qué pasa! Espero que no se eche atrás al final. La veo con ganas, pero dudando a la vez.

— ¡Joder, qué bien! ¡Sí que va rápida la cosa, sí!… ¿¡A ver si se la acaba chupando como a Riqui!? ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? —me alertó Víctor desde el otro lado del teléfono, pero de forma un tanto morbosa.

—Si te digo la verdad, no creo que haga nada. Ni siquiera bailar. La veo muy seca con él. Yo para mí, que algo le tuvo que pasar con él en el pasado, que ahora no le apetece mucho darle cancha. Pero no sé… a ver… —comenté.

—Ya bueno, a ver qué pasa. ¡Tú a mí mantenme informado de todo! Quiero saber las evoluciones de nuestra Natalia. ¡No veas las ganas que tengo de follármela! —me dijo, desvergonzadamente, como si yo fuese a permitirle hacerlo. Yo a él sólo lo quería para despertar mis morbos, y para que me fuese contando lo que hiciese Natalia con Riqui. Pero seguirle un poco el rollo, era el precio a pagar.

—Ya lo sé, ya…—respondí seco.

—Y bufff… el culo de su prima también está para un buen repaso. ¡Un trío con las dos, ya sería la hostia!

—Follarte a su prima Erika, no creo que te fuese muy complicado. Es bastante zorrita —añadí.

—Ummmm… ¡qué bien! ¡Ah, por cierto! Ayer, si te corté antes de que acabases la paja, mientras te contaba lo del vídeo, fue porque había quedado con una tía…

—¿Ah, sí? Cuéntame… —Sus historias, aunque no supiese si era verdad, eran excitantes.

—El otro día, conocí en la playa nudista a una tía morena francesa. Iba con unas amigas. Sería de una edad similar a Natalia. Me contó que se había dejado con el novio hace unos meses, y que había salido de vacaciones con dos amigas, en plan despendole total —me fue contando.

—Sí, cuéntamelo rápido, que están al volver las chicas. Están tendiendo ropa…

—¡Vaya morbo eso! Lo que daría yo por ver a tu chica tendiendo sus braguitas y sujetadores.

— Sí, ya… pero cuenta, más. ¿Qué hiciste con ésa? —insistí, para que no se desviase del tema.

—Bueno, después de dos días de coqueteos varios por la playa. ¡Pues te puedes imaginar! Tú me viste. No me gusta presumir, pero ya ves que lo que tengo llama mucho la atención. Pues, anoche, quedamos para cenar. Después me la follé en su hotel. A tope. ¡La tía tenía unas ganas tremendas! Se notaba que venía con ansia de soltarse y que la dejasen bien follada. Tenía buenas tetas. Aunque no tan grandes como las de tu novia. Pero aun así, me recordó mucho a ella. Así, tan modosita de aspecto, pero luego una zorrita. Incluso, mientras me la follaba, por veces, me imaginé que sería a tu chica a la que me follaba. ¡Qué morbazo, tío!

— ¡Joder, qué bueno! —le dije. Cada vez parecía estar más obsesionado por Natalia. Eso me daba miedo y morbo al mismo tiempo.

—Acabo de salir de su hotel hace un momento. Estoy en un bar. Ella se marchó ya con sus amigas. Pero bueno, la mamada de esta mañana como despedida ha sido genial. ¡Cómo la comía la tía, y cómo se recreaba en mi pollón! Creo que la dejé bien a gusto para una temporadita y con buen recuerdo mío —dio una risotada—. Bueno, pero no te pongas celoso, eh, que la que aún me pone más es tu chica.

—Bueno, genial, pero yo voy a cortar, que parece que se escucha aparecer a las chicas.

—Vale… pues te dejo. A ver si tengo buenas noticias de tu chica… —insistió—. Ah, y por cierto, Sandra y su marido ya se han marchado. Me quedé un poco solo por aquí. Tendré que buscarme algún otro ligue para follar la semana que me queda aquí. ¿No hay posibilidad de que vengáis unos días de nuevo tu chica y tú hasta aquí, no? —Su risa se tornó más socarrona aún.

—No tío, no creo… que más quisiera yo —respondí—. Estaremos dos días más por aquí y luego volveremos a casa. Tengo que volver al trabajo…

—Entiendo. ¿Pero seguiremos hablando luego, no?

—Sí, claro, hasta luego.

—Chao…

Nada más colgar, me imaginé a Víctor con aquella tía que se acababa de ligar. Recreé totalmente en mi mente la escena de esa mamada que podrían haber tenido en el hotel, esa misma mañana. Tanto me estaba calentando, que incluso me apetecía masturbarme. Pero ahora no era el momento. Las chicas ya habían salido del garaje, de tender la ropa, y habían entrado en casa.

Y yo, en vez de entrar tras ellas, me levanté y me fui en dirección al tendedero de ropa.

El tendedero estaba por la parte de atrás del garaje, cerrado por la línea de setos que rodeaban toda la casa. Entré primero al cuarto de la lavadora. Me daba morbo el volver a estar en ese sitio. Al encontrar ayer allí tirado el sujetador de mi chica, me rondaba la cabeza la posibilidad de que se pudiese haber enrollado con Alberto en ese cuarto, mientras yo dormía la siesta. ¿Se lo habría quitado Alberto para sobarle y chuparle las tetas? ¿Le habría hecho Natalia una mamada, allí agachada? O, incluso, ¿se la habría follado en un polvo rápido contra la lavadora? Tal vez no habría pasado nada, pero la intriga y, por qué no reconocerlo, el morbo de imaginarlo era enorme.

Me fijé detenidamente en ese cuarto: tenía una ventanita que daba hacia el garaje, y luego, al fondo, había una especie de cortina que parecía comunicar también con el garaje. La aparté, y entré en la zona del garaje: era amplio, con espacio de sobra para dos coches y también para unos pequeños bancos con herramientas. Al fondo, había una puerta. La abrí, y descubrí que daba paso al patio donde se tendía la colada. Me puse a mirar la ropa tendida; sobre todo, los sujetadores y las bragas de Erika.

Posé mi vista en un tanga rosa de encaje, imaginándome si sería ese el que llevaba anoche cuando Alberto se la folló, seguramente por el culo.

Mientras seguía ensimismado en estos pensamientos, por sorpresa, apareció Erika, casi pillándome agarrando con una de mis manos ese tanga colgado.

—Hola, Luis. ¿Qué haces por aquí? —me preguntó Erika con voz tímida, mientras me miraba con cara de pilla. Me había sorprendió de pleno mirándole y, casi tocándole, su tanga.

—Nada… vine hasta aquí… en esta parte de la casa nunca había estado —le dije, casi avergonzado, y con un tembleque nervioso en mi voz.

—Bueno…—sonrió y posó una de sus manos en mi hombro—, ésta es una de las partes de la casa favoritas de tu chica y mía. ¡Si las paredes de esta zona hablasen!, podría contar muchas cosas de nosotras… Sobre todo, las del cuarto de la lavadora. —Su mirada denotaba cierto misterio. Dejó ahí esa frase, y comenzó a tender otra tirada de ropa que traía en un balde.

—¿Ah, sí…? —pregunté, curioso y tímido al mismo tiempo, mientras de espaldas a mí la observaba tender unas camisetas suyas.

—Bueno, esta puerta —dijo Erika señalando la puerta trasera del garaje, que daba a donde se tendía la ropa—, la dejábamos abierta cuando íbamos a alguna fiesta o salíamos por el pueblo. Sí ligábamos, pues por ahí podía entrar el ligue en cuestión, y una de nosotras, la que ligase, lo esperábamos en el cuarto de la lavadora. Ahí podíamos enrollarnos con él tranquilamente, sin que nos viesen mis padres —me comentó Erika, queriendo darle intriga a su relato.

—Ah… bien pensado, sí —asentí, haciendo como que no me importaba.

—Pero, lo mejor, es que luego, lo que pasase dentro del cuarto y con quién era secreto. Natalia y yo teníamos un pacto, como un juramento entre nosotras: lo que pasase ahí, y con quien, era un secreto; ninguna de las dos lo revelaría jamás a nadie, bajo ningún concepto. Y aún hoy lo seguimos manteniendo. —Nada más decir esto último, se largó de repente, dejándome así, sin tiempo a preguntar nada más.

Me quedé un segundo parado para pensar en lo que me había dicho…

Con esto, ¿qué me estaba insinuando?: ¿que Natalia se había enrollado la tarde anterior con Alberto en ese cuarto? No lo sabía muy bien. Pero, otra vez, unas extrañas sensaciones de morbo y preocupación me inundaron. ¿Y si estaba llevando todo esto demasiado lejos? ¿Y si me traía algún problema con mi chica?

Decidí volver para dentro de la casa…

Subí a la habitación, y me encontré a Natalia ya vestida, con el bikini debajo de un vestido corto, como preparada para irnos hacia las piscinas.

—¿A dónde vamos? —pregunté.

—Creo que a comer algo por ahí los tres, y luego un rato hasta las piscinas. Será la última tarde que podamos ir. Mañana es la fiesta y luego pasado ya nos marchamos. —Natalia me contestó mientras se terminaba de colocar el calzado: unas sandalias de verano con cuña.

—Ok…—Comencé a buscar en mi maleta unas bermudas para llevarme a la piscina.

Estuve tentado a preguntarle sobre lo de anoche de Erika y Alberto, pero, como vi que ella no comentaba nada, preferí esperar una mejor ocasión. Además, lo que me acababa de contar Erika me tenía desorientado.

Salimos los tres, y Erika nos llevó a una pizzería. Allí pasamos como una hora y media. Luego fuimos a las piscinas…

La verdad, ese día había muy poco ambiente; la tarde estaba bastante aburrida. Pasamos allí un par de horas, la verdad que bastante pesadas. Luego, al nublarse el sol de repente, decidimos marcharnos.

Erika nos sugirió de ir a dar una vuelta hasta el pueblo. Pero mi chica y yo preferimos volver para casa. Se fue ella sola.

Llegamos a casa y, lo primero que hicimos, fui subir a la habitación. Mi chica se quería quitar el vestido y el bikini; ponerse ropa más cómoda para estar en casa. Ya no teníamos pensado salir más. La verdad, a mi chica se la veía bastante aburrida. Yo no sabía por qué, pero me preocupaba…

Pensativo, me senté en la cama y observé con detenimiento cómo Natalia se iba quitando la ropa. Primero se sacó el vestido, que liberó de los tirantes y lo dejó caer de un golpe al suelo. Luego, con sus pies, se fue liberando de él para de seguido quitarse el sujetador del bikini. Para terminar, se fue bajando lentamente las bragas hasta quedarse totalmente desnuda.

—Natalia, por favor, ¡ven… acércate a mí así!, totalmente desnuda como estas —le pedí, observando todo su cuerpo de arriba a abajo.

Sin contestar nada, se dirigió hacía mí sentándose a mi lado en la cama.

—¿Te puedo pedir una cosa? —le dije, manteniendo la mirada fija en sus tetas.

—Dime, sí. ¿Qué quieres…. qué pasa?

—¿Puedes terminar de contarme lo que me relatabas anoche?… lo de tú polvo con Alberto en el pinar. —Comencé a sobar sus pechos con mis dos manos.

—Bufff, ¿seguro? ¿No tuviste bastante con lo de ayer?, ¿con follarme escuchando como le daban por el culo a mi prima? —Su tono de voz de torno en una mezcla entre pícaro y aburrido.

—Fue morboso lo de ayer. Me encantó. Pero me dejaste en la intriga de qué hiciste con él en el coche, después de chupársela —le comenté. Mis labios se fueron ahora directos a comerle la boca.

—Vale… ¡Pero follar, ahora no follamos!, que estoy bastante cansada, ¿de acuerdo? —me dijo, apartando mi boca de la suya.

—Sí, no hay problema. Pero cuéntamelo… Sólo quiero saberlo. Me dejaste ayer con la intriga…

Ella se quedó un segundo callada, como decidiendo para si misma si seguir con la historia o no.

Al momento, comenzó a hablar…:

—Pues eso, lo que te contaba ayer, se la chupé un rato… —Mis manos se fueron a acariciar sus muslos en señal de que quería que siguiese con el relato—. Él, luego, sacó un condón y se lo colocó… Yo me subí encima de él en el asiento del coche. Me apartó mi tanguita hacia un lado, y me la fue metiendo muy despacito…

—¡Cuéntame más, dime! ¡Que me estoy poniendo cachondo! —le dije bajando por su cuello con mi lengua.

—Yo estaba un poco tímida aún. Pero poco a poco me fui soltando. Él agarraba fuerte mi culito y me comía las tetas. Se recreaba en ellas de la misma manera que haces tú… —me dijo nada más llegar con mi boca a sus pechos.

—¡Qué tetonas, joder! —exclamé, como si quisiera fingir ser Alberto, intentando animarla e ir calentándola más y mas..

—Estuvimos un rato así, cabalgando. Luego, salimos fuera del coche —me siguió contando y se puso a tocarme el paquete, descubriendo que ya estaba totalmente empalmado…

—¿Salisteis del coche? ¿Sí? Dime… ¿qué más te hizo? —insistí, cada vez más excitado, mientras al mismo tiempo comenzaba a intentar desabrocharme la bragueta.

—No te la saques, que ahora no quiero follar, Luis. ¡Ya te lo dije! Me pediste que te contara esto por curiosidad. Pero follar no me apetece ahora.

—No, amor, tranquila, no follamos. Pero déjame meneármela un poco mientras me lo cuentas. Déjame hacerme una paja al menos.

Ella, con cara dubitativa pero resignada, dejó que me sacase mi verga y comenzarse a masturbarla ante su mirada.

—Sigue, cariño, cuéntame… ¿Para qué salisteis del coche?

Continuó su relato:

—No parecía haber nadie y pensábamos que no nos verían. Así que, salimos semi desnudos del coche y nos fuimos al asiento trasero. Allí, Alberto me puso a cuatro patas y me folló…—Natalia cortó ahí la conversación, de repente, y se apartó un poco de mí.

—Pero… ¡cuéntame más detalles! ¿Dónde se corrió? ¿Tú te corriste? ¿Cuántas veces? —le insistí, pajeándome cada vez más fuerte.

—La verdad, Luis, no me apetece seguir contándote esto con tanto detalle. ¡Mira cómo te estas poniendo de caliente! Me asustas… —comentó, mirando fijamente mi miembro, ya totalmente erecto.

—Tranquila, amor, no pasa nada. —Dejé de pajear mi polla para acercarme a ella y darle un piquito en los labios.

—Ya lo sé. Son cosas mías. Pero aún se me hace un poco raro que me pidas estas cosas. No estaba acostumbrada a nada de esto — me dijo.

—Hoy no follaremos, amor. Pero mañana… —La miré con una cara de lujuria impresionante—. ¡Mañana te voy a follar como nunca! ¿Ya estás más animada a calentar a Alberto en la fiesta? ¿Te lo has pensado? ¡Ya verás el polvazo que vamos a echar cuando regresemos a casa de la fiesta! —le dije con mis ojos encendidos.

—Bueno, ya veremos… Quizá con unas copitas encima me atreva. Y además, quiero darle un pequeño escarmiento a Erika. Lo de traerse ayer a Alberto para follárselo a casa sin avisar, fue seguro para intentar darme celos o algo. Es algo niñata aún. ¡Debe creerse que me jode y todo! Se me ha ocurrido una idea, que sí que le va a joder mucho a ella… ¡Igual va a ser buena idea y todo lo de que tontee un poco con Alberto! ¡Creo que sé qué trama mi prima! Pero se le van a joder los planes. —El tono de ella se volvió casi malvado.

—Pero, dime… ¿qué pasa? ¿Qué le vas a hacer a Erika?

—Nada, tú tranquilo. Tú sígueme a mí el juego en la fiesta. Quiero desenmascarar a mi prima sobre unas sospechas que tengo. Tú confía en mí —me comentó Natalia.

Aquello me estaba intrigando demasiado. Yo sospechaba de varias cosas que tramaba Erika, por los mensajes que había leído en su móvil y por las conversaciones que les había escuchado a ellas desde las escaleras, pero no sabía realmente a qué se referiría Natalia. ¿Qué querría decir con lo de «desenmascararla»?

Lo mejor iba a ser dejar a mi novia actuar. Al fin y al cabo, con todo aquello parecía haber accedido a mi propósito de verla calentar y tontear con Alberto.

—Natalia, sólo una pregunta… —intervine de nuevo—. ¿Seguro Alberto se la estaría ayer follando por el culo como parecía?

—¡Claro! Seguro que sí. ¿¡No viste cómo gemía la guarra de mi prima!? —dijo con voz pícara—. A esa ya le han hecho de todo.

—Buffff, cariño, estoy muy caliente… ¡Déjame terminarme la paja! —le dije, mientras le agarraba fuerte sus muslos desnudos y subía hacia su culo.

—Joder, ¡no vas a parar hasta que te corras, eh! ¡Venga, menéatela! Rápido. No vaya a aparecer mi prima… —exclamó Natalia, colocándose a cuatro patas sobre la cama, moviendo su culo abierto hacia mí e incitándome a correrme mirándolo.

—¡Dios, qué culazo! —exclamé dándole un cachete y abriendo su culo para poder ver su ojete.

—Sí, mira… ¡córrete cariño! ¡Mira qué culo! Imagínate que me lo follas así… a cuatro patas… —añadió, mientras se colocaba el culo aún más en pompa, y abría con sus dos manos el trasero, enseñándome totalmente su sexo y la entrada de su ano.

Me comencé a pajear como un loco viendo aquel espectáculo. Mi novia estaba totalmente a cuatro patas, con todo su culo abierto y con sus dos enormes pechos colgando, casi pegando con sus pezones en las sabanas de la cama.

Pero, sobre todo, me fijé en su ojete; lo tenía totalmente abierto. Aunque nunca me había dejado follárselo, siempre me había parecido, cuando se lo observaba al follarla o al hacer un 69, que su abertura detonaba que posiblemente ya había sido follada por ahí bastantes veces. Cuando le preguntaba, siempre me decía que por ahí nunca la había follado nadie. Pero empezaba a sospechar que me mentía.

Comencé a rememorar la escena de ayer, e imaginé a Alberto follando culo de mi novia, como lo había hecho anoche con el de Erika. La corrida no me iba a tardar en llegar. Cada vez me pajeaba más fuerte…

De repente, escuchamos abrirse la puerta de casa. Erika parecía haber regresado,

—¡Vamos! ¡Córrete ya! Que está ahí mi prima… —exclamó Natalia entre susurros, meneando sensualmente su culo y provocándome para que acabase rápido.

Nada más escuchar los primeros pasos de Erika subiendo las escaleras, mi polla comenzó a derramar una gran descarga de semen, que salpicó toda la sabana y llegó incluso a los muslos y parte del trasero de Natalia.

—Joder… ¡Cómo has puesto las sabanas y mi culo también! — susurró ella, mientras se levantaba de la cama e intentaba adivinar cuánta corrida había dejado sobre la cama, a la vez que se limpiaba como podía la corrida de su culo.

Los pasos de Erika parecían dirigirse directos a nuestra habitación. Yo me tumbé hacia atrás en la cama.

Natalia, con una toalla que había allí cerca, comenzó a limpiar tan rápido cómo podía los restos de corrida que habían caído sobre la cama. En esto, se escuchó a Erika tocar a la puerta..

TOC… TOC…

—Chicos… ¡mirad lo que me acabo de comprar! —Se oyó la voz de Erika.

—¡¡Un momento, ahora salimos!! —exclamó Natalia con voz apurada.

De repente, sin poder creérnoslo, Erika abrió la puerta y, desvergonzadamente, entró dentro de nuestra habitación. Yo sólo hice que subirme lo más rápido que pude los pantalones, intentando que Erika no llegase a verme la polla, cosa que no pude evitar, y Natalia se tapó como pudo, con sus brazos, su sexo y tetas desnudas.

—¡Pero qué haces, tía! ¿Estas loca? ¿Cómo entras así? ¡¡Sal fuera, por favor!! —exclamó mi chica, con voz medio enfadada medio avergonzada…

—Perdón… No pensé encontraros así. Como habíais follado anoche, no creí que estarías ahora mismo otra vez, dándole al tema —dijo Erika, con una pícara sonrisa, mientras salía fuera de la habitación.

—Dios… joder… ¡Qué tía! No tiene reparos de nada —me comentó Natalia, visiblemente enfadada mientras se vestía rápido.

Al momento, bajamos abajo. Allí nos esperaba Erika, en el salón. Nos enseñó un vestido y unos zapatos que se había comprado para la fiesta. Natalia estuvo algo distante con su prima y no le prestó casi atención. Yo sólo pensé, mientras no lo enseñaba, en la pinta que tendría Erika con aquel vestido tan cortito.

Sin ocurrir nada relevante más, esa noche nos fuimos a dormir…

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