ISA HDEZ

El manantial era el lugar de nuestra promesa,

el amor manaba por los poros de tu piel temblorosa,

como la ladera que rezumaba agua de colores ocres,

y entre balbuceos me alimentabas con tu risa mojada.

Trepábamos por las paredes empedradas llenas de musgo,

nos resbalábamos una y otra vez en el naciente,

atrapabas mi cuerpo como la hiedra se aferraba a la pared,

y nos miramos adentro, empapados por el agua cromada.

Te bebías las gotas que salpicaban mi cara y besabas las perlas de mi boca,

prometías que me querías y no dejarías que me perdiera entre la bruma,

acariciabas mi melena azabache que chorreaba mi espalda,

la brisa nos acariciaba y sellabas mi aliento con besos.

Entre nuestros pies descalzos el agua se deslizaba,

como si fuera un riachuelo que escapaba por el barranco,

y agarrados de la mano susurrabas palabras de amor,

mientras la brisa nos acariciaba con ensueños como si le hablaras al viento.

El juramento quedaba grabado en nuestras almas, que,

unidas vagaron por las aguas remanentes de la primavera,

como si dos amantes que persistieran dormidos en el recuerdo,

y en el silencio aún se oyeran sus lamentos.©

Un comentario sobre “El manantial

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