SILVIA ZALER

No son aún las dos y media de la mañana y ya estoy de nuevo follando con él. Ahora, en la cocina, tumbada en la mesa, con los codos apoyados y las piernas en alto, recibiendo la mejor comida de coño que me han hecho en mi vida. Está siendo magnífica. Ayudada por el pequeño empuje de una pizca de coca, lo último que me quedaba, y que me está bullendo en la cabeza engrandeciendo todos mis sentidos.

Julián come el coño como nadie que yo haya conocido. Y me lo han comido unos cuantos. Con la lengua busca el clítoris que lame y estimula con continuada suavidad. Con los dedos, te va introduciendo a la vez un placer más profundo, más intenso. Es como si te estuvieran chupando y follando a la vez.

Una de las cosas buenas que tiene Julián, es que se repone rápido. No es como otros que me he encontrado que necesitan una hora y que terminas aburriéndote. Yo necesito no parar de follar. Puedo estar un tiempo charlando, fumándome un buen porro que me entone, o simplemente, jugueteando, pero en mi mente sigue la idea de follar. De follar sin descanso dos o tres horas. Pensaréis que eso es imposible. Es cierto que hay mucha leyenda y que muy pocos y muy pocas aguantan así. Es cuestión de saber cómo estimularte, en todos los sentidos y de mantener la tensión sexual. Con Jaime, besándolo, hablándole con un punto de procacidad y con algo de coca o maría.

Con Arturo, simplemente hablando unos veinte minutos. Tiene dos polvos. Buenos, rápidos y lo que más me gusta de él: que parece que se preocupa más por tu placer que por el suyo. Te toca, te mima, te habla, te piropea… Eso, reconocedlo, chicas, nos gusta a todas.

  Con Julián es más básico. Y consiste en no dejar que decaiga en exceso su estado de lujuria. Es una lástima que no le dé a la coca o al porro, porque me resultaría más fácil. Pero, bueno, con risas, abrazos, roces, caricias y alguna palabra en determinado momento que le excita, al cabo de media hora, suele tener de nuevo su pollón dispuesto a atravesarme.

Sin embargo, lo que estoy haciendo estás últimas veces es alternar orgasmos. Sí, tan sencillo como eso. A él lo mantengo excitado, y si ha sido él quien se ha corrido, hago que me coma el pubis, el culo y que me meta los dedos. Eso, a mí, me mantiene caliente, y si lo alcanzo, a él siempre se le puede compensar dándole una buena mamada. Y yo, por suerte, en quince minutos me pueden volver a follar. O hacerlo por el culo, que es otra alternativa.

El hecho es que, como digo, son las dos y media, y estoy gimiendo como una perra sintiendo que voy a llegar a un orgasmo bestial en breve.

Julián me come el coño como a mí me gusta. No sé si ya os lo he dicho, pero es que me alucina la perfección con que me hace llegar al clímax el cabrón. Le tendría así, con la cabeza ahí, horas y horas.

Me ha medito dos dedos y tengo las piernas totalmente extendidas en el aire, casi en horizontal, ofreciéndole toda la entrada de mi coño para que me lo coma a placer.

Tengo los codos en la mesa y miro cómo me trabaja. Me parece maravilloso observarlo, ver cómo me saborea, me mete un dedo, dos, tres… La sensación de que me abre el coño y me lo chupa, lame, excita, acaricia…

Me acaba de coger un pie. Me encanta que me los acaricien. Me los cuido mucho y son bonitos. Como en las películas porno, arqueo y tensiono un poco los dedos cuando estoy así, abierta totalmente de piernas. Sí, soy un poco peliculera, pero la ocasión lo vale.

Me llega el orgasmo explosivo. Encima de la mesa donde desayunamos y, concretamente, en donde lo hago yo. Gimo sin contenerme, jadeo y suspiro. Me echo para atrás, pero le mantengo la cabeza en mi pubis. Ahora me lo besa, mientras todavía tengo espasmos. En este momento dudo que se pueda gozar más. Se levanta y empieza a besarme el ombligo, las caderas, los pechos. Llega hasta mi boca. Siento su lengua, en una especie de beso casi cálido, romántico o algo así. Sabe a mis fluidos y me pone mucho saborearme. Le correspondo porque es un tío que me pone a mil. Pero no quiero que se equivoque. No voy a dejar a mi marido por él. Ni por nadie, por muy puta que yo sea.

—Me ha encantado… —le digo acariciándole el pelo y despeinándole.

—A mí también. —Me da un nuevo piquito.

Lo abrazo, pero necesito romper esa magia que parece que ha creado. Nos quedamos un momento en silencio y vuelve a besarme.

—Eres una tía total —me dice.

Le acaricio el pecho y me incorporo hasta quedarme sentada. En la mesa está la huella de mi espalda y mi culo. Me pongo de pie y lo beso yo ahora, pero mucho más obsceno.

—Me voy a fumar un porro… Ya sé que no te gusta, pero me apetece.

No me dice nada y lo vuelvo a besar.

—¿Quieres uno?

—No, gracias… No te pega —me dice casi con pena.

—Me pone mucho.

—¿Solo la hierba?

Sonrío y no digo nada.

Le cojo de la mano y lo llevo al salón. Nos sentamos en el sofá. Él, medio tumbado, yo totalmente, con los pies en su pecho y vientre. Cojo la bolsa con la maría y la meto en una cajita del salón. Cuando follo a veces la guardo ahí, para tenerla a mano. Con total descaro, completamente desnuda y dejándome llevar, me lío uno bastante cargado. Lo enciendo y aspiro con fuerza. Estoy en la gloria. Mi marido de viaje, mis hijos en un campamento y yo follando sin parar con un tío atractivo y de pollón. Le toco el pene con mi pie derecho. 

Miro a mi alrededor mientras voy fumando con tranquilidad y dejando que el colocón me alcance. Toda la ropa está tirada, diseminada por el suelo. Cuando nos subimos al dormitorio, yo ya iba desnuda. Él también, salvo el calzoncillo que lo veo en la escalera, asomando. Miro a una foto en donde estoy con mi marido sonriente. Es una fiesta. Él está de smoking, yo con un vestido de noche precioso. Sonrío y alcanzo el móvil. Tengo dos mensajes sin leer. Ambos de él. No los abro, porque no quiero que sepa que a las tres de la mañana estoy despierta.

Me estiro y vuelvo a acariciar la mejilla de Julián con mi pie izquierdo. Viene a mí besándome por las piernas, los muslos, me lame el vientre terso y plano. Me mordisquea por el ombligo y me pasa la lengua en alrededor de él. Me queda medio porro y ya empiezo a notar el colocón. Me sube muy rápidamente, igual que la coca y el éxtasis. Soy muy fácil, me río.

Doy dos caladas muy seguidas, profundas y lo apago con un cortapuros de mi marido que en su día le robé para estos menesteres. Me dejo algo, para cuando Julián se vaya, que lo remataré. Ahora quiero sexo otra vez. Me apetece una ducha y me hago a la idea de follar allí. Sonrío y me acuerdo de mi marido cuando se ha duchado esta mañana.

Anteayer follamos él y yo. Un buen polvo; muy decente, pero mucho más tranquilo que los que me acabo de echar con Julián. Recuerdo su cara besándome después de correrse dentro de mí. Mi marido me hizo un buen dedo porque yo no alcancé con su metida el orgasmo. Se esmera en que disfrute, la verdad. Eso, no se lo puedo negar. La verdad, me gusta follar con él. Lo malo, y eso es lo malo, es que también con otros.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s