ESRUZA

Apareciste de regreso súbitamente, inesperado;

como un caballero de brillante armadura,

y me rescataste de mi rutina solitaria,

brillante, sensual, amoroso.

Me diste momentos increíbles,

que no conocía de ti.

Pero, de repente, la armadura desapareció,

y quedó el hombre, con sus debilidades,

sus inconsistencias y sus dudas.

Me gustaría ser quien sujetara esa armadura,

para que siempre fuera portada por ti,

y con ella el amor, la alegría, la sensualidad

y los impulsos.

Pero no soy un hada milagrosa,

tampoco un ángel de la guarda,

aunque me encantaría;

soy sólo la mujer que te ama, y

que también tiene cualidades y defectos.

Te amaré siempre, aunque no lo entiendas,

aun sin tu brillante armadura.

Inconsistente y poco persistente

y no seas receptivo, y, mucho menos,

comprensivo.

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