AKUARIES

Llegamos a finales de agosto hablando con mi hija casi cada día pero con Sandra nada de nada, solo sabía de ella lo que Sandrita me explicaba. Un día sobre las tres de la tarde me llamó.

YO: Hola Sandra, ¿qué tal?

SANDRITA: Muy mal David, hemos discutido con mamá y me quiero ir de casa, está insoportable desde que te fuiste, esto es una mierda, ¡mamá que haces!

Sandra le cogió el teléfono de las manos a su hija.

SANDRA: ¿Qué mierdas le has estado metiendo a tú hija en la cabeza?

YO: Yo ninguna Sandra, a lo mejor eres tú la que no estás bien.

SANDRA (levantando la voz): ¿Qué yo no estoy bien, vas a estar en tú casa?

YO: Siempre estoy en mi casa.

SANDRA (gritando): Pues no te muevas que voy a hablar contigo imbécil.

SANDRITA: David que ha cogido el coche muy enfadada contigo y va a verte, vigila por favor que la veo muy mal.

YO: No te preocupes cariño, la calmaré y te diré algo esta noche.

Calculé el tiempo que tardaría en llegar y cuando creí que ya no tardaría mucho me senté al lado de la ventana para ver si llegaba, empezó una tormenta de finales de agosto lloviendo a cantaros, al rato vi a Sandra aparcando el coche, salí al pequeño jardín que había delante de la casa esperándola debajo de la lluvia, en un momento me dejó calado hasta los huesos, ella atravesó la calle caminando sin paraguas, se paró delante de mí con todo el pelo chafado por el agua y el vestido enganchado al cuerpo marcándole la ropa interior y el tipazo que todavía mantenía, traía una cara de mala leche tremenda, le miré los ojos fijamente.

SANDRA (enfadada): No me mires así que conozco esa mirada David.

YO (cabreao): ¿Qué no te mire así?, me cago en la madre que te parió.

Empecé a caminar acercándome a ella, dio media vuelta apretando el paso pero la atrapé en dos metros, la subí a peso y me la puse en el hombro como si fuera un fardo, la metí en mí casa mojados como si nos hubiéramos tirado a la piscina vestidos.

SANDRA (gritando): Déjame cabrón, ¿qué me vas a hacer?

No le dije nada caminando rápido para meterla en mi habitación y tirarla encima de la cama, le separé las piernas y me estiré en medio apretándole con mi paquete su chichi por encima de la ropa, le busqué los labios y la besé con pasión, me respondió sacando la lengua apoyando una mano en mi cabeza y otra en mi espalda, estuvimos un buen rato sin separar los labios, al separarlos le miré los ojos.

YO: Dime que no me quieres, que no quieres hacer esto y te vuelves a tu puto pueblo jodiéndonos los dos, o bésame y follamos de una puta vez para estar juntos para siempre.

Me miró a los ojos sin dejar de acariciarme el pelo y enganchó sus labios a los míos como una ventosa, le metí nervioso la mano por debajo del vestido para bajarle las bragas mientras ella me bajaba el pantalón a tirones, me cogí la polla para apuntarla en la entrada de su vagina, comprobando que estaba lo suficientemente lubricada, se la metí poco a poco hasta el final pegando los dos un grito, la cara de mala leche pasó a ser de lujuria y pasión, empecé a mover las caderas sacando y metiéndola a media velocidad aumentando el ritmo muy rápidamente, igual que nuestros gemidos y jadeos corriéndonos en un momento de lo necesitados que estábamos, nos dejamos ir por la pasión y follamos con las bragas en sus pies a medio quitar y mis pantalones bajados a medio muslo, pero a mí me pareció el polvo más bonito que había pegado nunca, de lo enamorado como un idiota que estaba de aquella mujer que tenía debajo, después de corrernos mirándonos a los ojos fijamente nos quedamos relajados uno al lado del otro, me acarició la cara mirándome con cariño besándome un par de veces los labios.

YO: Dímelo.

SANDRA (riendo): No.

YO: Dímelo o llamaré a tú hija para que discuta contigo.

Dejó ir una carcajada sin dejar de acariciarme la cara mirándome a los ojos, movió los pies para quitarse las bragas y me acabó de quitar el pantalón, bajó la otra mano cogiéndome la polla comprobando que la tenía tiesa otra vez, se subió encima de mí metiéndosela cabalgándome, nos excitamos en nada estando a punto de corrernos otra vez.

YO (excitado): Dímelo Sandra.

ELLA (gimiendo): No.

Levanté las caderas dándole cuatro o cinco embestidas fuertes metiéndosela hasta el fondo haciéndole gritar mucho.

YO (a punto de correrme): Dímelo de una vez, quiero oír cómo me lo dices con tu boquita.

Sandra se empezó a correr totalmente descontrolada.

SANDRA: Te quiero cabrón, te quiero, te quieroooo.

Y nos corrimos los dos otra vez quedando medio destrozados, le quité la ropa que le quedaba puesta desnudándome yo también, estiré de la sabana para taparnos y secarnos un poco abrazándola muy fuerte.

YO: Dime que no nos vamos a volver a separar nunca más.

SANDRA: ¿Qué te diga qué?

YO: No seas cabrona que eso te lo hacía yo a ti al principio de conocernos.

Se descojonaba de risa pasando sus manos por todo mi cuerpo.

SANDRA: Claro que vamos a estar juntos siempre, este cuerpo tan depiladito no me lo quiero perder en la vida.

Estuvimos un rato descansando en la cama, nos duchamos y le dejé algo de ropa seca para que se vistiera, salimos al salón tomándonos una cerveza cada uno, cogí el teléfono para llamar a Sandrita poniéndolo en manos libres para hablar todos.

SANDRITA: ¿David?, no sabes lo preocupada que estaba.

YO: Mañana a primera hora coge el autobús que tienes que ser testigo de cómo le pido matrimonio a tu madre por segunda vez, si me dice que no, la ahogamos en la piscina y la enterramos debajo de la rosas.

SANDRA: Que burro eres tío.

SANDRITA: Mamá, ¿estás ahí?

SANDRA: Sí cariño, estoy con el zoquete de tú padre.

La cogí apretándole con las manos haciéndole cosquillas en la cintura dando un grito riendo.

SANDRITA: ¿Pero qué hacéis?, como ha cambiado el cuento, a ver si mañana cuando llegué ya habéis encargado un hermanito.

SANDRA: Anda vente mañana “pa ca” y deja de decir tonterías nena, y tráeme algo de ropa que voy con lo puesto.

SANDRITA: Vale, os dejo que tenéis que recuperar mucho tiempo perdido.

YO: Adiós cariño.

Sandra se tiró encima de mí estirándome en el sofá, mirándome a los ojos acariciándome el pecho depilado por debajo de la camiseta.

SANDRA: Tengo ganas de hacerte un montón de cosas, de volver a recordar todo lo que hacíamos en esta casa tu y yo.

YO: ¿Qué tal si empiezas por explicarme qué coño te ha pasado para estar así conmigo?

Se puso sería bajando la cabeza apoyándola en mi pecho.

SANDRA: Sigo teniendo miedo a lo que pueda pasar, pero desde que te vi en mi casa supe que no me podría separar de ti nunca más, el miedo a que tú quisieras estar con otra mujer y fracasáramos en querer mantener la familia unida me hizo comportarme como lo hacía, te mantenía a mi lado pero sin atreverme a profundizar para que el día que te fueras con otra no me hiciera tanto daño, soy una idiota ya lo sé pero intentaba protegerme, cuando te volviste a alejar de mi y las discusiones con Sandrita me han hecho ver que necesito estar a tú lado y quererte, que no me perdonaría en la vida volver a perderte por mi culpa, por mis inseguridades y por mis gilipolleces, como estaba que aproveché una discusión con tú hija para tener la excusa de venir a verte.

YO: Sandra, no necesitabas ninguna excusa para venir a verme, ¿Cuándo mañana te pida en matrimonio delante de tú hija me dirás que sí?

SANDRA: No.

YO: ¡Sandra!

SANDRA: Es que a mí el matrimonio nunca me ha ido, quiero ser libre ya lo sabes, pero, te prometeré fidelidad y quererte siempre, y me quedaré con el anillo claro.

Se descojonó de risa en mi cara, recordé cuando se reía igual al principio de conocerla, aquella cara de felicidad, aquellos ojitos vivarachos mirándome enamorada, me empezaron a caer lágrimas.

SANDRA: Cariño no, si te importa tanto el casarte conmigo te diré que sí mi amor, lo haré por ti.

YO: No es eso Sandra, me da igual firmar un papel o no, lo que quiero es estar contigo, lloro por qué si no hubiera sido tan inmaduro en su momento podíamos a ver tenido una vida fantástica.

SANDRA: Eso nunca lo sabremos David, puede que lo mejor que nos pueda pasar es encontrarnos de nuevo ahora, creo que los dos tenemos la experiencia necesaria para hacer que funcione bien.

YO: La experiencia necesaria.

Me hizo cosquillas en las costillas.

SANDRA: Calla “atontao” y bésame que tienes que compensar un montón de años que me has dejado sin tus besos y caricias mendrugo.

La besé con suavidad saboreando sus labios acariciándola con las palmas de las manos por todo el cuerpo, tras un buen rato separamos los labios estrechando los cuerpos entre nuestros brazos en silencio, yo le rodeaba la espalda y el culo con mis manos y ella descansaba su cabeza sobre mi pecho con los ojos cerrados.

YO: ¿Quieres tomar algo Sandra, has comido?

SANDRA: Te quiero a ti, a tu cuerpo, tus labios, tus manos, tu polla, quiero todo lo tuyo como lo tuve en su momento sin repartirlo con nadie más, ¿me lo podrás dar?

YO: Ya te lo he dado cariño, ya lo tienes desde que te la he metido hace un rato en la habitación.

Levantó la cabeza mirándome a los ojos volviéndome a besar con fiereza, le di la vuelta sin dejar de besarla poniéndome encima, fui bajando mi cabeza poco a poco hasta llegar a la altura del pantalón que le había dejado desatándole el cordón que lo mantenía sujeto a su cintura, se lo bajé lentamente quitándoselo, le junté las piernas mirándole el chochete totalmente rasurado igual que la primera vez que se lo vi dándole un besito en medio de la rajita, levanté la vista para cruzar mi mirada con la suya, sonrió y cerró los ojos recordando como hacía yo en el mismo momento aquella primera vez en la piscina, se lo volví a besar abriéndole lentamente las piernas, metiéndole la lengua en medio del coño lamiendo y chupando desde el culo hasta el clítoris, empezó a mover las piernas gimiendo de placer, se lo comí con toda la paciencia que le pude poner hasta que se corrió apretando sus manos sobre mi pelo, me incorporé volviendo a poner la cabeza encima de las suya, jadeaba preciosa tocando suavemente con un dedo mis labios totalmente mojados por sus flujos, besándome con amor, aquello ya me compensaba todos los días que me lo había hecho pasar fatal para poder llegar hasta allí.

Nos pasamos todo lo que quedaba de tarde enganchados en el sofá besándonos y acariciándonos, cuando nos levantamos estaban cayendo las últimas gotas de lluvia de la tormenta, cenamos compartiendo una botella de vino celebrando nuestro reencuentro de una puñetera vez, al acabar nos sentamos de nuevo en el sofá con las copas para apurar el vino de la cena, se puso de lado apoyando su cabeza en mi hombro metiendo una mano por dentro de mi camiseta acariciándome el pecho.

SANDRA: ¿Sabes que me tomaría de postre?

YO: Puedes tomar cualquier cosa que quieras, si no la tengo le la iré a buscar mi amor.

SANDRA: Si la tienes cariño, la tengo muy cerca, me dejas que la coja.

YO: Ya sabes que puedes coger lo que quieras.

Me hizo poner de pie, se desnudó y se arrodilló delante de mí con un cojín debajo de sus rodillas, se me empezó a poner la polla a tope pensando en lo que me iba a hacer Sandra, me bajó los pantalones saltándome la polla haciendo el péndulo quedando delante de ella totalmente tiesa saliendo por la punta el líquido pre seminal, con una sonrisa la cogió con una mano acercando su lengua como a cámara lenta a la punta tocando el líquido apartándose un poco, dejando enganchado entre mi cipote y su lengua un hilillo que me estaba poniendo a cien, me miró a los ojos sonriendo sabiendo cómo me estaba excitando rodeando con sus labios la punta sintiendo su lengua jugar, despacio fue metiéndosela mientras con la palma de una mano me acariciaba los huevos y el culo, llegó a metérsela casi hasta el final intentando hacerlo del todo pero no podía sacándosela rápido tosiendo.

SANDRA: Ostia David, he perdido facultades en esto.

YO: No te preocupes cariño que voy a hacer que practiques mucho para que las vuelvas a coger.

Soltó una sonora carcajada y volvió a metérsela de golpe hasta donde pudo, chupando y succionando con fuerza sacándome un gemido, como vio que aquello me gustó lo volvió a repetir haciéndome gemir más fuerte, siguió un rato con aquello y después me chupó el glande pajeándome por debajo a buen ritmo, hasta que vio que me faltaba poco para llegar, abrió la boca apoyando la punta de mi polla encima de la lengua sin dejar de mover la mano masturbándome esperando que me corriera, cuando vi aquella situación me empezaron a entrar unos temblores por las piernas pasando por los huevos, soltándole un primer disparo de semen que le entró directamente en la boca, movió la lengua pasando la punta por el agujerito y recibió el segundo disparo manchándole parte del labio, seguía con la paja bajando un poco la cabeza dejando que mi leche le cayera en la cara y la nariz, volviéndose a meter la polla en la boca para succionarme hasta la última gota, dejándome que no me mantenía en pie, me miró sonriendo con toda la cara manchada de semen y abrió la boca para enseñarme que también tenía dentro, cayéndole por los lados goteándole en las tetas, me sonrió y se lo tragó.

SANDRA: Sigues siendo el único que ha hecho esto conmigo, como me gusta verte cuando te corres en mi cara.

La levanté y la llevé hasta la ducha con toda la cara llena de semen que le iba cayendo por el cuerpo mientras caminaba, me desnudé y nos metimos juntos sin poner en marcha el agua, la besé y puse su cara en mi pecho, ella refregó la cara dejándonos a los dos pringados de leche abrazados, acabamos duchándonos y poniendo en la lavadora secadora su vestido y sus bragas, para que se pudiera vestir al día siguiente para ir a buscar a nuestra hija.

El despertar del siguiente día fue de los más felices de mi vida, abrir los ojos y ver su carita durmiendo con un brazo por encima de mí, con los dos cuerpos desnudos juntos me llegó al alma, ella fue abriendo despacio los ojos mirándome a la vez que una sonrisa preciosa se le dibujaba en la cara iluminándome la mañana, que enamorado estaba de aquella mujer, me besó dándome los buenos días tocándome la polla.

YO: ¿Estas comprobando algo cariño?, sigue en su sitio.

SANDRA: Ya sé que está en su sitio, lo que quiero saber es si está preparada para darme más placer o me tendré que hacer una paja esta mañana.

Me giré poniéndome encima de ella.

YO: Tú no tendrás que hacerte más pajas si no es por vicio mi vida.

Me metí entre las sabanas bajando lamiendo su cuerpo hasta llegar a su rajita metiéndole la lengua dentro, abrió las piernas para dejármelo bien expuesto chupándoselo y lamiéndoselo, le pegué un par de lengüetazos haciéndole saltar el cuerpo de la cama y acabé centrado en su clítoris hasta que se corrió, no le dejé descansar que le di la vuelta apoyándole las rodillas en el borde de la cama y yo de pie fuera se la metí despacio hasta el fondo unas cuantas veces, aumentando el ritmo paulatinamente hasta estar envistiéndola con velocidad y fuerza, sonando los golpes de nuestros cuerpos al chocar, corriéndonos los dos a la vez gritando sin parar, me dejé caer en la cama a su lado.

YO: Sandra, como me gustaría poder encontrar la manera de que vieras lo enamorado que llego a estar de ti mi amor.

SANDRA: ¿Estás muy enamorado cariño?

YO: Te aseguro que como nunca en mi vida.

Nos duchamos y desayunamos preparándonos para ir a buscar a Sandrita, ella se puso delante de mí mirándome los ojos.

SANDRA: No hace falta que vengas a buscar a tú hija.

YO: ¿Qué estás diciendo cariño?

SANDRA: Que la voy a buscar yo al autobús y nos volvemos a casa, me vuelvo con mi hija al pueblo, tengo que procesar bien lo que me ha pasado contigo.

Se me cayó el mundo encima, no entendía nada de lo que me estaba diciendo, empecé a llorar de impotencia de volver a perderla cuando pensaba que todo estaba solucionado, que seriamos felices los tres juntos.

YO (llorando): No puede ser, ¿me has engañado?, has venido para algún tipo de venganza y al asegurarte de que te quiero te vas sin querer estar conmigo, no me lo creo, no puede ser que seas tan cabrona.

Me miraba seria dejando que yo llorara sin poder parar.

SANDRA: ¿Tú confías en mí?

YO: Me gustaría confiar, pero me lo pones muy difícil.

SANDRA: Dame el anillo, pronto volveré para que me lo pongas o te lo devolveré para no vernos nunca más.

YO: Joder Sandra, ¿esto es una broma no?, me estás tomando el pelo.

Dio media vuelta acercándose a la puerta de entrada sin decirme nada.

YO: Vale, vale, espera, confío en ti.

Saqué la cajita del anillo de un cajón y se lo entregué dándole un beso en la frente.

YO: No tardes por favor, estoy deseando ponértelo de una vez.

Me miró sería y se fue sin decirme nada, me entró una flojera por las piernas que me estiré en el sofá pensando qué coño le debía de pasar a Sandra, ¿sería verdad que estaba mal de la cabeza como decía su hija?, como podía reaccionar así después de las últimas horas que habíamos pasado, yo pensaba que todo estaba solucionado y solo nos quedaba caminar para delante los tres juntos, era evidente que me equivocaba, me estaba empezando a convencer que la mejor manera de vivir era como lo estaba haciendo hasta ese momento, sin compromisos y a mi bola, si el amor significaba darle tantas vueltas a la cabeza igual no estaba hecho para mí.

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