ANDER MAIS

Capítulo 20

Alberto

La verdad, el sueño me debió venir de golpe. No me enteré de nada más hasta que me despertó el ruido del claxon de un camión pasando al lado de la casa. Un poco sobresaltado, vi que Natalia no estaba a mi lado en la cama. Ya se había levantado. Eso era algo muy raro en ella. Casi nunca se levantaba de la cama sin despertarme antes. Por muy dormido que yo pudiese estar, siempre solía despertarme. Pero en aquel momento fue distinto. Por alguna razón.

Me levanté, y rápido me dirigí hacia el baño. Tenía unas ganas locas de mear. En el camino al servicio, oí ruido abajo, en la cocina, pero no escuchaba hablar en alto; sólo unos leves murmullos que no podía entender desde el piso de arriba. Tendrían que ser Natalia y Erika. Comprobé que la prima de mi novia no estaba tampoco en su habitación, y me asomé al pico de las escaleras. Desde allí, llamé a mi chica:

—¡Natalia, cariño, sube un momento, por favor! —exclamé, dando una pequeña voz desde lo alto de las escaleras.

Me metí en el baño, y allí esperé a que llegase Natalia. Me puse a cepillarme los dientes…

—Hola, amor, ¿ya te has levantado? Estabas súper dormido cuando me levanté. No te quise molestar. ¡Parecías un angelito!, tan dormidito… —me comentó Natalia, con tono algo cursi, antes de darme un beso de buenos días.

Yo la miré, y le pregunté directamente:

—Vamos, cuéntame lo que hablasteis ayer. ¿Qué te contó Erika? ¿Qué movida se trae con esos Alberto y Juanjo?

—Tranquilo, amor, espera un poco. Erika se va a marchar ahora y te lo cuento todo. No quiero que ella me escuche…—me contestó, en voz baja, queriendo evitar que su prima la oyese.

—Está bien. Yo me voy a dar una ducha mientras se marcha, y luego bajo a desayunar contigo y me cuentas, ¿vale..? —le dije.

—Vale, venga, te espero abajo. Dúchate —me contestó, dándome otro piquito y marchándose para abajo de nuevo.

Yo abrí el agua de la ducha con la intención de meterme dentro. Pero, de repente, una idea mejor se me ocurrió: iba a dejar el agua de la ducha corriendo, para así hacerlas creer que yo estaría duchándome y nos las podría escuchar. Así, abrí la puerta del baño, sigiloso, y asomé la cabeza por las escaleras observando hacía abajo, hacia la puerta de la cocina. Se oía perfectamente el ruido del agua cayendo de la ducha. Desde la cocina, ellas debían oírlo…

Hablaban algo entre ellas, con un tono de voz un poco más alto que antes. Parecían confiadas en que yo no las escucharía. Para ellas, estaría dándome una ducha, en el piso de arriba.

Fui bajando poco a poco y sigiloso las escaleras. Quería llegar hasta un peldaño desde donde pudiese oír y entender bien lo que hablaban. Bajé cinco escalones y, desde allí, ya podía entender algo. Con la adrenalina a tope por el miedo a poder ser descubierto, me detuve a escuchar…

—Joder… ¡qué pesada estás, tía! ¡Me estás empezando a hartar ya, eh, Erika! ¡Ya te he dicho que no me pienso enrollar con Alberto! Estoy muy bien con Luis, y no me voy a arriesgar a perderle por nada —le decía Natalia a su prima, con tono ya casi de enfado.

—Pero… ¡venga, tía!, ¡sólo un rollete y punto! Aunque sólo sean unos simples besos, o como mucho dejarle que te sobe un poco las tetas. ¡Hazlo por mí! Él está muy pesado y se muere de ganas de estar contigo. Me ha hecho muchos favores con lo de Juanjo —le replicó Erika.

—¡Qué no! ¡Qué no insistas! ¡No pienso hacerlo! Lo de Alberto estuvo bien en el pasado, pero ahora es distinto; estoy muy bien con Luis y mi vida ahora es muy diferente a aquella época —le replicó mi chica, un poco más calmada.

—¡Joder, tía! No me puedo creer que no quieras volver a estar con Alberto, aunque sólo sea una vez más. Ya sé que amas mucho a Luis y todo eso… Y ya te dije que estoy muy contenta por ti, es muy buen tío. ¡Pero, joder!, ¡Alberto es que está muy bueno, tía! ¡No me digas que no tienes curiosidad por saber si sigue follando igual que hace años! Si perdías las bragas por él cada vez que venías por aquí —le siguió insistiendo Erika, provocando más a Natalia.

—¡Joder!… ¿Tú crees que yo sigo siendo aquella chica, con las hormonas alteradas de hace unos años? Yo ahora he cambiado… ¡Pero ya veo que tú no! Sigues siendo la misma lianta de siempre —le replicó mi chica de nuevo.

—Bueno, primita, yo me voy… Piensa en todo ésto que te digo, ¿vale? Ah, por cierto, ¡menuda polla tiene el tal Riqui ese!! ¡Debiste disfrutar mucho chupándosela en el coche! Con él parece que no tuviste tantos remordimientos hacia tu querido Luis —le espetó Erika, para finalizar la charla, mientras parecía coger un bolso o algo así, antes de marcharse.

Yo, rápidamente pero sin hacer ruido, retrocedí los cinco peldaños de las escaleras, escondiéndome de nuevo en el baño. Gracias al tono más alto que había tomado ahora la conversación, les podía entender lo que se decían, más o menos, ya desde allí.

—¡Serás zorra! Has estado espiándome el móvil ahora, mientras subí a ver a Luis al baño… —le reprochó mi chica, de nuevo con tono de enfado.

—Bueno… Ya vi que te siguen gustando las pollas gordas tanto como a mí. Quizá no has cambiado tanto como dices… ¿Y quién es ese tal Víctor?… Bueno, luego me lo cuentas. ¿Vale, Natalia? Je je je… —Erika se marchó, abriendo la puerta de golpe y dando un pequeño portazo.

Natalia dio la impresión de salir tras ella. Pude escuchar como abría la puerta y se asomaba a la calle. Pero no la oí decirle nada a su prima. No pudo. Se encontró a Erika hablando con, supuse que sería una vecina, en la carretera. Mi novia cerró la puerta y volvió para la cocina. Parecía algo nerviosa; la oí resoplar mientras seguía desayunando, esperando por mí.

Yo, ya dentro del baño, como una bala, me desnudé y me metí en la ducha. Me enjaboné apresurado. Quería terminar pronto o, por lo menos, que si Natalia subía a buscarme no se diese cuenta que no estaba en la ducha desde hacía ya un buen rato. Terminé, me vestí, y bajé con ella. Todavía estaba en la cocina.

Cuando entré, me la encontré sentada en la mesa, con su taza de café terminada junto a ella, y mirando detenidamente su móvil con semblante serio:

—Hola, cariño. ¿Ya te has terminado el desayuno? —le pregunté, nada más llegar junto a ella.

Sorprendida al verme aparecer de pronto, se guardó el móvil y se levantó, preguntándome:

— ¿Quieres un café, no?

—Sí, Natalia…—le contesté sentándome en la mesa.

Me trajo de la cafetera una taza de café con leche.

Parecía que estábamos otra vez solos en casa; Erika se acababa de ir a sus fingidas clases en el pueblo; Arturo, al trabajo; y supuse que Luisa se habría ido a trabajar también…

—Ya se ha marchado Erika, ¿no? —le pregunté.

—Sí, se acaba de ir.

—Pues, venga… ¡Cuéntame todo lo que te ha dicho! —le pedí.

Ella, con rostro de duda, comenzó a hablar…:

—Pues eso… más o menos lo que te conté anoche: Erika finge con sus padres y con la gente del pueblo que está con Alberto. Pero todo es mentira. Es para que nadie sospeche; ni sus padres, ni la gente de aquí en general, ni la mujer de Juanjo, de que se ven para follar.

—Ah… Ya, ya… ¿Pero tú te crees ese cuento? —le dije con cara de asombro.

—Bueno, pues sí. Viniendo de mi prima, sí. Pero también puede haber más cosas. Ya me enteraré de sus otras intenciones. Si las hay… —me contestó.

—¿Intenciones?… ¿Cuáles?—le repliqué, haciéndome el loco y el despistado.

—Yo qué sé… —me contestó Natalia, queriendo dejar el tema.

—Pero… ¿qué hacían ayer bajando juntos del pinar? ¿No te dijo a qué fueron allí? —insistí en preguntar.

—Sí, bueno… me dijo que allí iba a verse con Juanjo; que subir con Alberto es sólo para que no la vean por la carretera con él. Eso sí me lo creo… Yo creo que eso es verdad —contestó Natalia de forma firme y rotunda, pero con un semblante de incomodidad, como si ya estuviese deseando dejar de hablar de ese tema.

—OK. Si tú lo ves así… pues vale. A mí todo esto me suena muy muy raro… Pero tú eres la que les conoces. Tú sabrás cómo se comportan. ¿Pero seguro que no te contó nada más? —insistí en preguntar, intentando averiguar si le podría sacar una pequeña confesión de que Erika quería liarla con Alberto.

—No, amor. ¡Y deja ya este tema!, que ya te dije que me tiene hastiada. Espero que pasen rápido estos tres días que nos quedan aquí. Estoy deseando volver a casa. ¡Y mira que me jode tener que decir esto! —me replicó.

Fui tomándome el desayuno, sin hablar nada más sobre el tema. Estaba claro, que Natalia no quería contarme toda la verdad. No me confesaba que Erika la estaba intentando convencer para que se enrollase con Alberto.

Ayer, yo le había confesado que no me importaba que calentase a otros tíos, y que incluso eso, me gustaba. No entendía la razón por la que me lo ocultaba. Yo sólo podía imaginar dos posibles causas a eso: una, podría ser que no le apeteciese nada, por alguna razón, tontear con Alberto, y por eso no me lo contaba; o dos, que estuviese dudando, o incluso con ganas de hacer algo con él, pero no quisiese que yo lo supiese, por vergüenza, o por miedo a un posible chantaje de Erika, de chivarme a mí todo lo que había hecho con Riqui, y ahora parecía que también con Víctor.

Esto último, también me tenía intrigado. Quizás esa fuese la novedad que Víctor decía que quería contarme, en el último mensaje. No hablé nada más, y esperé en la cocina a que Natalia subiese y bajase del cuarto de cambiarse de ropa. Habíamos hablado de ir a dar una vuelta hasta el pueblo, para hacer algunas compras y tomarnos algo.

Bajó al momento ya preparada, vestida con unos pantalones cortos con sandalias y una blusa escotada palabra de honor. Ese modelito ya se lo había puesto en uno de los días en las vacaciones en Rocablanca del mar. Le quedaba genial, y abultaba aún más su busto. El escote se lo tenía de subir a cada poco con la mano, para que no se le saliesen los pechos. ¡Me encantaba!

Hicimos el trayecto al pueblo caminando. Queríamos dar un paseo. Cuando íbamos por la mitad del camino, me decidí a comentarle:

—Natalia, cariño, ¿el viernes hay una fiesta aquí, no? ¿Vamos a salir dijiste?

—Sí, claro, supongo. ¿Por qué? —me preguntó Natalia.

—Y supongo, ¿qué saldremos de parejas, no?; tú y yo, con Alberto y Erika, ¿no? Si ellos fingen ser pareja, tendrán que salir juntos a la fiesta… ¿no?— Volví a sacar el tema Erika-Alberto.

—¡Va… tío!.. La verdad que no me apetece nada todo esto. Si pudiese, cogíamos el coche y, hoy mismo, nos pirábamos de aquí —contestó Natalia, como algo agobiada…

—¡Venga, tranquila! ¡Que no va a pasar nada! Puede ser divertido… ¿Por qué no calientas a Alberto como hiciste con Riqui? ¡Venga! Sabes que a mí no me importa. Me va a dar bastante morbo ver cómo lo pones caliente delante de tu prima. Sólo será bailar y cachondear un poco con él, nada más. Además, como supuestamente está con Erika, no habrá peligro de que intente contigo algo más, ¿no? —Le propuse esto, agarrándola del culo.

—¡Bufff!… —resopló—. ¡Estás loco! Esto no es lo mismo que con Riqui. Como te dije, Riqui era un desconocido, pero éste es un tío con el que tuve algo en el pasado. Yo ahora no siento nada por él, claro está, pero tengo cierto miedo a que se piense que puede tener algún tipo de posibilidad conmigo. No tengo ganas de líos. ¡No sabes cómo son aquí en este pueblo! —me dijo con cara de duda.

—¡Venga, cariño! ¡Al menos piénsatelo! ¿No te gustaron los polvazos que hemos echado estos último días? —Natalia me contestó con una leve mueca de afirmación—. Pues fueron fruto del calentón que me dio sentirte deseada. ¡No veas cómo me pondrá verte tontear un un ex ligue tuyo! Cuando volvamos a casa, te voy a echar el polvo de tu vida. Ya lo veras… ¡Me pongo malo solo de imaginarlo! —Le enseñé el bulto que se había formado dentro de mi pantalón, para que descubriese el enorme empalme que me estaba provocando el sólo hecho de imaginármela tontear con Alberto.

—No sé… no sé… ¡Ya veremos! Salimos a la fiesta y, según me vea, actúo. ¡No te prometo nada! —me comentó después de tocar mi entrepierna y sentir lo dura que la tenía.

Llegamos al pueblo y caminamos un rato mirando varias tiendas. Mi chica quería comprar algunos souvenirs para llevarles de regalo a sus padres y a los míos. Entramos en varias tiendas y cogimos varias cosas para ellos y para algún que otro amigo.

En todo esto, pasó como hora y media.

Luego, cuando paseábamos por el centro del pueblo, por una zona de bares, nos encontramos viniendo de frente a Erika y a su madre. Traían varias bolsas de compra, y Luisa venía muy arreglada, como recién salida de la peluquería y con un vestido azul. Llegamos a su lado…

—Hola, chicos, ¿qué hacéis por aquí? —nos preguntó una muy sonriente Luisa.

—Vinimos a comprar regalos y dar una vuelta —le contestó Natalia.

—Nosotras de la compra… Yo me iba para casa ya… Vosotros iros a tomar algo los tres, que yo me vuelvo sola para casa… —nos volvió a decir Luisa, animándonos a sentarnos en la terraza de una cafetería que había allí mismo.

—Vale… Pero quédate tú también Luisa. ¡Tómate algo con nosotros!… —le sugerí yo a la tía de mi novia.

La verdad, tenía unas ganas enormes de que se quedase un rato con nosotros. Desde la noche anterior, la veía con otros ojos. Además, estaba imponente con aquel vestido azul que llevaba hoy. Le daba un aire de madura jamona brutal. Era una especie de mezcla entre Erika y Natalia, pero con veinte tantos años más.

—Pufff… tengo muchas cosas que hacer aún, tengo mucho que preparar para el viaje. Pero bueno, un vinito rápido sí que me tomo con vosotros, sí —dijo Luisa, mientras se sentaba también en aquella mesa de la terraza y llamaba al camarero, con el cual parecía tener bastante confianza…

—¡Toni, vente para acá!… Tráeme un vinito de los que sabes que tomo yo… ¡Y mira a ver estos chicos qué quieren beber!

El camarero llegó a la mesa con una copa de vino blanco tipo Moscato para Luisa, y nos preguntó a nosotros qué queríamos tomar. Pedimos tres cañas…

Estuvimos un rato tomándonos allí las consumiciones. Luisa, con su habitual facilidad de conversación, no paraba de hablar. A Erika se la notaba algo nerviosa, como incómoda por la presencia allí de su madre. Algún plan tenía que yo le había chafado, al animar a su madre a quedarse a tomar algo con nosotros. No paraba de mirar el móvil y escribir mensajes en el whatssapp…

Luisa enseguida se terminó el vino y se levantó para coger las bolsas que traía. Eran muchas, y todas no las podía llevarlas ella sola…

—Erika, por favor, ayúdame a llevar todas las bolsas hasta el coche. Lo tengo aparcado a 300 metros, al lado del parque —dijo Luisa a su hija.

—Vale, mamaaaa… ¡Voooy!… —contestó Erika de forma muy perezosa y casi maleducada.

Yo, viendo la situación, me ofrecí.

—Tranquila, Erika, que voy yo —dije mirando de soslayo a la prima de mi novia—. Yo te ayudo, Luisa. Déjalas a ellas aquí tranquilas, terminando las cervezas… —Ahora me dirigí a Luisa, de forma muy amable, y levantándome para coger todas las bolsas de la compra que pude en mis manos.

—Gracias, Luis. Eres un cielo —me dijo ella, guiñándome un ojo mientras comenzábamos a caminar en dirección a su coche.

Recorrimos el trayecto hacía donde había aparcado. No estaba muy lejos, pero había que callejear un poco. Durante el trayecto, no pude parar de recordar lo que había podido espiar la noche anterior. Ahora la veía allí, con las bolsas de la compra, como un ama de casa atenta y servicial de su familia, pero anoche la había visto en la cama follando como una autentica leona. En eso sí que se parecía a su sobrina Natalia; tan tímida y modisita en apariencia en la calle, pero una fiera y zorrita en la cama cuando se soltaba.

Llegamos junto al coche. Ella abrió el maletero y fue metiendo todas las bolsas dentro. Mientras lo hacía, no paré ni un segundo de observar su culo mientras se agachaba a colocar las bolsas. ¡Bufff, qué culazo de jamona tenía la tía! Se la veía toda una “madura cañón” con aquel vestido. Me preguntaba a dónde iría, pues se había preparado a conciencia. Seguro que no era algo casual.

Aquel vestido le sentaba genial. Marcaba sus rotundas curvas de cincuentona apetecible. No era demasiado escotado, pero sí que dejaba entrever unos generosos pechos y unas caderas anchas con sugerentes nalgas. Hasta ayer, no me había fijado, pero ¡qué polvazo tenía la Luisa! Con maldad, me imaginé si le habría puesto alguna vez los cuernos a su marido Arturo. Pues, aunque ayer lo vi cumplir como un campeón en la cama, yo le echaría tranquilamente unos 10 años más que a Luisa. Pretendientes, a ella, seguro no le faltarían.

Terminamos de meter todas las bolsas en el maletero y, después de cerrarlo, me dijo:

—Gracias, Luis, eres un cielo. ¡Qué suerte ha tenido mi sobrina contigo! —Me dio un beso en la mejilla—. Ojala Erika encontrase algún día un chico como tú. ¡No llevamos manera de emparejarla con alguien que le dure! Siempre se cansa con todos… ¡Bueno, me voy¡ ¡Nos vemos!… No tardéis mucho, que después de comer nos marchamos Arturo y yo…

Yo me quedé un poco extrañado; no sabía que Luisa y Arturo se marchasen a ningún lado. Ella debió notar mi cara de sorpresa y me concretó:

—¿No os dijo nada mi hija?… ¿No os contó que Arturo y yo nos íbamos a pasar cinco días a la playa, a casa de un primo de mi marido? Os quedáis solos aquí todo el fin de semana. El viernes tenéis la fiesta del pueblo. A nosotros nos apetece más aprovechar estos días que tenemos de descanso para ir a la playa. No nos gustan mucho las fiestas. Pero vosotros pasadlo bien… ¡que sois jóvenes! —Se me quedó mirando aún con cara de incredulidad—. ¿De verdad que no os contó nada Erika?

—No… Bueno… no sé si le contaría algo a Natalia, pero a mí ella no me dijo nada —le contesté también extrañado.

—Nada… seguro que Erika no le contó nada a ella tampoco. ¡Es así!, en cuando está con sus cosas no existe nada más que lo suyo.

Me dio una palmadita en el brazo. Luego se metió el coche y se fue. Yo ahí, comprendí porqué iba tan preparada: se iban a pasar unos días fuera. Pero, lo que no entendí, es por qué yo no sabía nada. Una de dos, o Erika nos lo había ocultado a Natalia y a mí, o bien mi chica lo sabía y no me lo había contado. Yo me decantaba más bien por lo primero, pues si Natalia se enterase que sus tíos se iban a la playa, ella seguro preferiría ir también a la playa y no quedarse en el pueblo. Pero claro, eso a Erika no le debía interesar. Y yo sospechaba la razón: se llamaba Alberto.

En esto, ya habiéndose ido Luisa, me llegó un whatsappal móvil:

—A ver tío, ¿dónde andas? Vente rápido por favor…. Seguimos en la terraza de antes, ven!!

Rápido, fui regresando en dirección a la terraza de la cafetería donde las había dejado. Durante ese corto trayecto, fui intrigado sobre a qué se deberían la prisas porque regresase. Tampoco es que me hubiese entretenido tanto ayudando a Luisa con las bolsas.

Cuando ya me estaba acercando y veía la mesa donde estaban sentadas, descubrí la razón: ahora, en la mesa, estaban acompañadas de un tío. Nada mas verle, desde la distancia, rápido supuse que ese tenía que ser Alberto. Fui acercándome más, y lo vi, sentado en la silla que había dejado Luisa libre. Sólo le había visto en las fotos que me enseñó Erika, pero las había mirado con tanto detalle, que reconocí perfectamente su rostro, era él.

Mi chica no me quitó ojo en todo mi trayecto desde que me divisó hasta que llegué de vuelta a la mesa. Me quedé de pie al lado de ella. Alberto estaba a su lado, y Erika en frente de Natalia. Miré hacia Alberto y dije un tímido «Hola». Él, inmediatamente, se levantó para darme la mano, presentándose…

—Hola, soy Alberto, un amigo de Erika. ¿Eres Luis, no? ¡Encantado! —me dijo con una sonrisa algo falsa.

—Hola, encantado también. Sí, soy Luis, el novio de Natalia —le contesté, mientras nos chocábamos las manos y él miraba de reojo a mi chica. Yo, esa mirada la interpreté, no sé si sería ya algo obsesión mía, como si dijese: «Sí, tú ahora seras el novio, pero yo ya me la follé todo lo que quise y antes que tú».

Nada mas sentarme, él se levantó. Se ofreció a entrar a la cafetería a pedir, diciendo:

—¿Traigo otras cervezas, no?

Miré a Natalia y, ella, después de unos segundos de silencio, comentó:

—No, yo paso, Alberto. Para mí no traigas nada —Se la notaba molesta, sin ganas de estar allí.

—Venga, Natalia, después de tantos años sin vernos, ¿me vas a negar una cerveza? ¡Anda, tía!… ¡no seas así! —le replicó Alberto.

—Tráesela Alberto, ya la conoces… se hace la dura pero luego lo esta deseando como la que más —intercedió Erika con una sonrisa de malicia, y moviéndose en la silla, cambiando de postura.

Alberto, también con una sonrisa pícara, se fue a por las cervezas. Nos quedamos Erika, Natalia y yo allí sentados.

—¡A ti ya te vale, eh, tía! ¡Te dije que no me molaban estos rollos tuyos! ¡¡Nos la tomamos y nos largamos enseguida!! —replicó Natalia a su prima, desafiándola con un rostro de enfado enorme.

—Natalia, relájate amor que no pasa nada. Nos las tomamos aquí tranquilos y nos vamos. Pero no te estreses… —le dije a mi chica, calmándola y sugiriéndole que quitase la tensa cara que tenía desde que yo había regresado a la mesa de nuevo.

Miré a dentro del bar un momento y me fijé en Alberto: el tío era alto, de 1,85 o así. Le echaba unos 36 años más o menos, y se le notaba que había envejecido algo respecto a las fotos que había visto de él. Llevaba el pelo casi rapado, como disimulando así unas entradas que ya comenzaban a aparecer en su frente. Había ganado algún kilo respecto a las fotos, pero tenía muy buen cuerpo aún. Era muy guapo; moreno pero con unos llamativos ojos azules.

Quizás todo fuese sólo paranoia mía, pero mientras lo miraba desde la terraza, allí, pidiendo las consumiciones, dentro de la cafetería, no pude dejar de imaginarle enrollándose con Natalia, besándose con ella y sobándole y chupándole sus tetas. Me estaba comenzando incluso a empalmar. No podía evitarlo. En estas vacaciones se había despertado algo en mí que no podía controlar…

Mientras Alberto ya cogía las cervezas de la barra, el camarero, al darle el cambio, le comentó algo al oído y después miraron los dos hacía nuestra mesa, sonriendo juntos a Natalia, que era la que les quedaba sentada en frente de ellos. Yo me hice el despistado, mirando a Erika, que no paraba de moverse de forma extraña en la silla.

Justo cuando Alberto llegaba a la mesa y se sentaba en su silla al lado de Natalia y en frente de mí, Erika hizo un ultimo movimiento, girando su silla un poco más hacía mí, y quedando ligeramente de lado en la mesa. No pude evitar mirar sus muslos, anchos y bronceados; llevaba un vestido ceñido color blanco, que hacía lucir aún más el tono ligeramente tostado de su piel. Ella notó mi mirada y, mientras disimulaba hablando con Alberto, abrió un poco más sus piernas. ¡Me quedé asombrado! ¡¡Erika estaba allí sentada sin bragas!! Pude ver perfectamente su coño rasurado. La tía me lo estaba enseñando descaradamente. La sonrisa de su rostro mientras intentaba disimular, me lo indicaba. Todos los movimientos extraños que había estado haciendo, no eran para otra cosa que para llamar mi atención y enseñarme su coño, evitando ser vista por Natalia. Seguro, que si me lo enseñaba a mí, se lo habría visto Alberto también. Bueno, ¡a saber! ¡Fijo que también se la estaba tirando! Pero a Alberto, la que le molaba de verdad era Natalia. Y se notaba. No paraba de mirarla e intentar entablar conversación con ella.

Aquello me resultaba extraño. ¿Qué pretendía Erika enseñándome así, a lo disimulado pero con descaro a la vez, el coño? ¡Dios!, ¡qué tía mas desconcertante!

Pasé del todo de Erika y me fije en Alberto, que desde que se sentó en la mesa con las cervezas, estaba callado pero sin parar de mirar a Natalia, como deseando comenzar una conversación con ella, aunque parecía no saber cómo. Mi presencia allí le cortaría un poco. Pero aun así, al instante, descaradamente, él decidió romper el hielo:

—Natalia… ¿Cuántos años hace que no venías por Londelvalle?

—Vine con Luis el año pasado, pero salimos poco. Y la vez anterior… debió ser hace 7 años, creo —le contestó Natalia de forma algo seca y mirando hacia mí.

—Sí, sí, por lo menos. Pero casi estas igual —le contestó él mirándola de arriba abajo.

Natalia no le contestó y se levantó de la silla mirando hacia Erika:

—Voy hasta el baño —comentó a todos en voz alta.

Erika se levantó tras ella y se fueron juntas al servicio. Nos quedamos allí Alberto y yo solos.

Al principio, los dos permanecimos callados, como sin saber qué decir, en una tensa incomodidad. Pero al momento, fue Alberto el que comenzó una charla:

—¿Hace mucho que estás con Natalia? —me preguntó.

—Unos tres años ya —le dije mientras le daba un trago a mi cerveza.

—Ah, ya… Es muy buena chica Natalia. Tienes mucha suerte. ¡Cuídala! —continuó Alberto, haciendo lo propio con su birra.

—Sí, la verdad es que sí. ¿Tú que estás saliendo con su prima? —le pregunté. Quería descubrir por dónde me salía.

Él lanzó un vistazo hacia el interior del bar, como mirando si regresaban las chicas, y me comentó:

—¿Te puedo contar algo en secreto? No les digas nada a las chicas, eh…

—Claro, tranquilo, puedes confiar en mí…

—No, tío, que va… no somos pareja. Ella está viéndose con un colega mío. Yo sólo salgo con ella como amigo. Este amigo mío que te digo está casado, pero casi en proceso de separación. Hacemos esto por discreción más que nada… —me contó.

—Sí, bueno… si te digo la verdad, algo sabía de tema. He podido escucharles a las chicas cuchichear sobre ello entre ellas. Pero nada más… Por mí puedes estar tranquilo. Soy discreto con estos temas —le comenté, sin soltar el botellín de mi mano.

—Ya lo sé. Pareces buen tío.

—Bueno, ya que estamos aquí, conociéndonos y contándonos cosas, ¿te puedo hacer una pregunta? —Estaba decidido a preguntarle algo sobre lo suyo con Natalia.

—Sí, dime… —me replicó él, mirándome a los ojos y con una sonrisa amable, como presintiendo qué le iba a preguntar.

—¿Tú has estado saliendo con Natalia, no? Hace años… —le pregunté directamente.

Él continuó con esa sonrisa inmutable en su rostro y, como si ya se estuviera esperando la pregunta, me dijo:

—Sí, bueno… nos enrollamos varias veces en dos o tres veranos. Pero nada serio… No creo que se pueda decir que llegásemos a ser novios. Y fue hace bastante tiempo… Yo ahora sólo la veo como amiga —me comentó, como intentando exculparse conmigo, pero a la vez, lo noté ocultarme algo.

Estaba claro que quería algo más con mi chica, pero seguro estaría tanteando el terreno, como comprobando el grado de relación que podríamos tener Natalia y yo. Yo deseaba decirle que si me pedía permiso yo estaría dispuesto a dejarle tontear un poco con ella. Pero no podía decírselo, y menos así, directamente. ¿Qué podría llegar a pensar de mí? Este asunto era diferente al tema de Víctor. No me fiaba de él tanto como me fié de mi “amigo de la playa”. Además, sospechaba que, por alguna razón, a mi chica le asustaba o no le interesaba nada tenerle a su lado. La encontré muy incómoda con su presencia.

Mientras nosotros seguimos nuestra conversación, hablando ahora de cosas triviales sobre el pueblo, aparecieron Erika y Natalia de vuelta del baño. Erika, nada más sentarse, comentó en alto pero mirando a Natalia a la cara:

—El viernes, entonces, ¿podríamos quedamos los cuatro para salir juntos a la fiesta? Ya lo acabamos de hablar Natalia y yo en el baño. ¡Hay ganas del fiesta! ¿A que sí, Luis? —Erika ahora se dirigía a mí, poniéndome la mano sobre el muslo.

—Sí… claro… —le respondí, con voz tímida y mirando de soslayo hacia Natalia.

—Natalia siempre se ha divertido mucho en esta fiesta. ¿A que sí, prima? —Erika miró sucesivamente a Natalia y Alberto, como insinuando así que en esa fiesta se enrollaron varias veces.

—Que sí, Erika, que sí…. ¡Que vale!… ¡Que ya te vale, eh! —exclamo mi chica con cara avergonzada y levantándose de la mesa, visiblemente molesta. Parecía querer marcharse ya de allí.

—Tranquila, Natalia… —intercedí intentando calmarla. Le lancé una mirada un tanto pícara, como intentando recordarle lo que habíamos hablado sobre calentar a Alberto en esa fiesta.

—¡Vámonos, anda! Se nos va a hacer tarde. Nos estarán esperando Luisa y Arturo para comer —añadió Natalia, deseando pirarse.

—Vale, cariño, vamos ahora… Pero antes voy un segundo hasta el baño —dije, y me levanté en dirección a los servicios de la cafetería.

Entré en el baño y me dispuse a mear en el urinario. Las dos cañas me habían metido una ganas inmensas.

Al momento, vi entrar en el baño a Alberto. Una mezcla de sorpresa y nerviosismo me invadió. Creí notar, que el haberme seguido no sería lago casual. Al instante, se colocó en el urinario de mi lado y me dijo:

—Hola, tío… —Me saludó. Yo no le contesté nada y se hicieron unos segundos de silencio antes de él proseguir—: bueno… nos veremos pasado mañana en la fiesta entonces, ¿no? —Su rosto albergaba una gran sonrisa mientras meaba, sin mirarme—. Ya verás, lo pasaremos de puta madre. Esta fiesta es una pasada…

—Sí, ya he visto alguna foto, sí…

Alberto cambió el semblante y puso cara de sorpresa, mientras yo metía mi mano en mi bolsillo para alcanzar el móvil. Busqué las fotos que me había pasado Erika, y abrí en la que salían Natalia y él besándose. Le situé el móvil ante sus ojos, mostrándosela. Puso de nuevo una cara de sorpresa enorme al ver que le enseñaba esa foto. Estuvo unos segundos observándola mientras seguía orinando. No pude evitarlo, y la curiosidad me hizo lanzar un pequeño y discreto vistazo a su polla. ¡Tenía una señora polla! Sobre todo bastante gorda… Miré al frente, avergonzado, por si me pudiese haber visto haciendo eso. No quería que pudiese pensar algo de mí lo que no era…

«¡Joder, todos los tíos con los que sabía había estado mi chica la tenían más grande que yo», pensé para mí, mientras disimulaba mirando los azulejos del baño que quedaban frente a mi cara. Riqui y Alberto menudas pollas se calzaban. La mía tampoco es que estuviese mal, pero más normalita. La voz de Alberto me sacó de este segundo incómodo:

—¿De dónde has sacado esta foto? —me preguntó, como muy intrigado, e incluso avergonzado.

—Me la pasó Erika. Me estuvo enseñando fotos de Natalia de hace unos años, y una era está. Te la estoy enseñando ahora porque sales tú…

—Aahh… —Alberto parecía no entender nada con aquello, y seguía mostrándose incrédulo—. ¿Y Natalia sabe que la tienes?

—Sí… La estuvimos viendo ayer los dos, incluso. Ella fue la que me contó que estuvisteis juntos. Como te dije, no me importa. El viernes espero que lo pasemos bien los cuatro. Quiero que Natalia se divierta. Lleva unos días algo apagada y aburrida desde que vinimos aquí. Espero me ayudes a divertirla, tú que conoces lo que hacéis en este pueblo, cómo es la fiesta y todo eso… ¿De acuerdo? —le comenté, muy amable mientras me guardaba el teléfono.

—Sí, claro, lo vamos a pasar muy bien, ya lo verás —me respondió, pasándome una mano por los hombros mientras salíamos juntos del baño.

Regresamos con las chicas y nos fuimos de vuelta para casa. Yo le pedí a Natalia, antes de marcharnos, que se despidiese de Alberto. Se dieron dos besos. Él aprovechó para pegar, descaradamente, un vistazo dentro de su escote y acariciarle las caderas. Minutos después llegamos a casa, y allí nos esperaban ya Luisa y Arturo, algo nerviosos; como deseando llegásemos a comer para irse ellos ya de viaje.

Sentados ya en la mesa, Luisa y Arturo nos contaron sus planes de viaje. Natalia se hizo un poco la defraudada con Erika por no haberle contado que sus tíos se marchaban unos días. Erika, cínicamente, se escudó en que lo había olvidado por completo, al estar muy liada con sus clases. Luego, Luisa se disculpó con nosotros por ella, diciéndonos que Erika era un poco despistada, y que la culpa en el fondo había sido suya por no contárnoslo en persona.

Después de comer, les ayudamos a meter las maletas en el coche y se marcharon despidiéndose de nosotros. Luisa me dio a mí dos besos de despedida que, la verdad, me encantaron. ¡Qué buenorra iba la tía! Ademas, toda perfumada. Me puso cachondo incluso. No me podía sacar de la mente lo de anoche.

Según se iban los tíos, nos fuimos los tres al jardín a descansar a las tumbonas. Yo, al rato de estar allí, un poco aburrido, les dije a las chicas que prefería ir arriba a descansar a la habitación, a pegarme una pequeña siesta. Ellas se quedaron hablando. La verdad, me daba cierto morbo dejarlas allí solas, y que pudiesen hablar tranquilamente sobre todo eso que se traían entre manos.

Subí a la habitación y me tumbé en la cama. Lo primero que se me vino a la mente fue mirar el whatsapp: no tenía mensajes nuevos. Abrí el chat con Víctor, y volví a releer el último mensaje de ayer…

—Cuando puedas, me contestas, que tengo varias cosas de este mediodía, que creo te van a encantar. O no tanto… tú me dirás…

Recordé la conversación de Natalia y Erika. Tenía que descubrir qué había pasado entre mi chica y Víctor.

Le escribí un mensaje:

—Qué tal todo, tío? Qué era esa novedad que tenías que contarme?

Pasaron unos 10 minutos sin contestarme. Cuando me sonó el whatsapp estaba ya muy relajado, casi alcanzando el sueño. Miré el móvil y leí su mensaje:

—Hola, tío… Es que es muy fuerte. Yo nunca pensé que fuese todo a ir tan rápido… Pero bufff….

Se cortaba ahí el mensaje, dejándome intrigado…

—Pero tío… Cuéntame… ¿que pasó? Ahora te cortas…

—Bufff… Es que tú chica es más lanzada incluso del lo que yo imaginaba. Mira…

Un segundo después, me envió una foto. En ella, salía el torso desnudo de Natalia, como tomando el sol en una tumbona: sus tetas estaban todas embadurnadas de aceite solar.

—Y esto…? Como lo tienes? Te lo mandó ella?

—Todo surgió sin esperarlo. Fue poco después de hablar ayer contigo y contarme que estabas de paseo, y ella se había quedado sola en la casa.

—Oye… es largo de contar por aquí. ¿Puedes hablar? ¿Te llamo y te lo cuento?

Yo, totalmente intrigadísimo, le mandé otro mensaje:

—Sí, llámame. Estoy solo en la habitación. Ella está afuera con su prima

Al segundo, Víctor me llamó…

—Sí, dime —dije al descolgar.

—Hola, tío, a ver…te lo cuento rápido… —Comenzó a hablarme, como si no quisiera perder mucho tiempo—. Mira, ayer, al rato de terminar de chatear contigo por whatsapp, me llegó un mensaje de Riqui, mandándome otra foto de tu chica. Luego, me ofreció entrar en un grupo de whatsapp con ella. Yo al principio dudé un segundo, la verdad es que no me apetecía hacerlo a espaldas tuyas, y también pensé que sólo sería una fanfarronada de Riqui. Pero, al final, la curiosidad me pudo… Entramos a chatear los tres en un grupo de whatsapp.

Víctor se quedó un segundo callado, como esperando una respuesta mía.

—Sí, dime, a ver… sigue contando —le dije con tono tranquilo.

—Vale… A ver: yo me presenté a tu chica y le dije que era Víctor. Ella parecía a gusto. Riqui, al momento, sin pudor alguno, empezó a mandarle mensajes calientes: que si hazte otra foto de tus tetas, que si quieres que te mande otra foto de mi polla… y así. Ella parecía entrarle al juego. Incluso se atrevió a pedirle a Riqui otra foto de su polla. Y Riqui se la mandó…

—Sí, sigue, ¿qué pasó?… ¡Cuéntame, cuéntame más!— No sabía si creerle. Pero quería escuchar de su boca su historia completa; ver si podía concordar con los tiempos que Natalia se quedó sola, y tener alguna lógica…

—Vale… Ya veo no te molesta. Sinceramente, no sabía cómo contártelo. Pensé que te lo tomarías mal y te enfadarías… Pero ya veo qué cachondo eres —Víctor parecía querer quedar bien conmigo antes de continuar—. Pues bueno, después, nos mandó al grupo otra foto de sus tetas. Pero ésta, desde más cerca… y apretándoselas…

—¿Qué más? ¡Cuenta, joder! —Me bajé la bragueta y me saqué la polla. No sabía por qué hacia esto, pero no lo pude evitar. A una parte loca de mí todo aquello lo volvía cardíaco.

—Pues… —continuó Víctor, algo titubeante aunque sin detenerse—, que la lanzada de tu noviecita, me pidió a mí una foto de mi polla…

—¿Y?, ¿se la mandaste?

—Je je je… Claro —me confirmó—. Estaba ya tan cachondo con la situación, que la tenía como una roca. Me la saqué, le hice una foto y se la mandé. Ella tardó un ratito en contestar…—Víctor reía de forma tímida. Parecía tener miedo a que me enfadase y le colgase—. Ella tuvo que estar un rato observándola bien. Mientras eso, Riqui le puso un mensaje: «¿Que te parece? Te gusta, eh!!!». Entonces, ella, de primeras sólo contestó con unos emoticonos de calentura. Pero, al momento, puso un: «¡Joder que pollón. Nunca vi nada igual!!!» Yo, metido también en faena y todo cachondo, al final le pedí una foto de su coñito…

Víctor se calló de pronto. Se hizo un instante el silencio entre los dos…

—¿Qué haces, Luis?… ¿Te la estas cascando?

—Bueno… un poco —le contesté, pero más bien se lo dije para que no se cortase en contarme más detalles; quería saber más; saber todo lo que estaba haciendo mi chica a mis espaldas. Fingí pajearme un poco, y exageré los movimientos para que oyese la fricción de mi mano.

—Jejeje, que cornudín te estas volviendo ya… —me dijo Víctor, con una risa pícara.

—Sí, ¡pero cuéntame!, ¡rápido!, ¡no vaya a subir Natalia!— No quería que se desviase del asunto de lo que me interesaba.

—Ok. Pues ella, ni corta ni perezosa, se sacó una foto de su chocho. ¡Joder que chochito mas rico tiene!, ¡todo depiladito! Luego, mandó otra con él todo abierto. ¡Estaba cachonda perdida! ¡Yo flipé! Te juro, que segurísimo, si Riqui y yo estuviésemos allí con ella, nos la follábamos entre los dos… ¡fijo!

—¡Sí, dios!, ¡qué guarra! —exclamé, todo fuera de mí, mientras le daba cada vez más fuerte a mi polla. Ahora ya no estaba fingiendo tanto, me estaba empezando a excitar realmente, imaginando a mi novia en esa situación.

—¡Vaya si lo es! Y bueno, eso no es todo….

—¿Pues qué más?… —repliqué, soltando de golpe mi polla, incrédulo por saber hasta dónde pudo haber llegado Natalia con ellos—. Pues… que Riqui le pidió que se grabase con el móvil, tocándose para nosotros. Que se grabase sin mostrar la cara, pero que nos lo mandase…

—¡¡¿¿CÓMO??!! —No me podía llegar a creer que Natalia hubiese llegado a eso.

Pero mis temores se confirmaros… Víctor mes siguió contando:

—Ella al principio dudó. Se negó en rotundo a eso. Pero debía de estar tan caliente, o yo que sé lo que fue, que al final, con un poco más de insistencia de Riqui, lo hizo… ¡Joder qué vídeo se grabó la muy guarra! ¡Y cómo jadeaba además! ¡Se tuvo que correr fijo, la tía!

—Lo siento, Víctor, pero esto no te lo puedo creer… ¡Me estás vacilando! —dije, pensando incluso en cortar esa charla. Por un segundo, creí que todo era un invento suyo para reírse de mí a la cara —. Bueno mira, si no me crees, mejor te lo mando y lo ves con tus propios ojos. Y así aprovechas y te terminas la paja —El tono de voz de Víctor ahora se torno serio—. A mí ésto me pilló por sorpresa. Cómo te dije, no esperaba que la cosa llegase a este punto. Pero pasó así. Yo sólo te lo estoy contando para que veas que soy de fiar y que voy de frente contigo, para compartir todos estos morbos… como hemos hablado…

—Vale, a ver, mándamelo… —le dije al final, deseando ver ese vídeo… Me esperaba cualquier cosa.

—Ok, te lo mando… Y estate tranquilo, que no se le ve la cara a tu chica. Y, además, ni yo ni Riqui se lo vamos a enseñar a nadie más. ¡Tienes mi palabra de honor!

—Está bien. Pero mándamelo… —exclamé con unos nervios que casi me subía por las paredes.

—Cuelgo y te lo mando. En otro momento hablamos y ya me dices qué te parece… ¡Adiós!

Colgó.

Yo, expectante, esperé ansioso la llegada de ese vídeo.

Al momento, me entró un whatapp…

—Espero lo disfrutes tanto como yo. ¡Tienes una novia estupenda! Es un morbo y un placer inmenso el poder compartirla…

Un segundo después me entró ese vídeo…

Esperé ansioso y expectante a que terminase de descargarse, y lo abrí. Parecía como de unos 3 minutos o así…

Con la adrenalina a mil, y con el móvil en una mano y la polla en la otra, fui comenzando el visionado. Nada mas comenzar, ya se veían las tetas de Natalia; brillantes, como embadurnadas de aceite solar. Rápido se las comenzó a tocar, sobándoselas y apretándolas mientras sus manos resbalaban y producían un sensual sonido al frotarse con el aceite. ¡Lo que estaba viendo no lo podía creer! Pero era real. ¡Mi chica grabándose en un vídeo, tocándose para otros!

Continuó unos segundos más, recreándose en magrear sus tetas; acariciando sus areolas; haciendo círculos con sus dedos, juntándolas y apretándolas, como queriendo lucir para sus próximos espectadores la majestuosidad de sus pechos.

Al momento, desenfocó sus senos y apuntó el objetivo hacía su vientre. Pareció como si agarrase algo. Al segundo, se pudo oír el sonido de la crema solar saliendo del bote. La cámara seguía apuntando a su vientre. Pero, de golpe, el objetivo se fue ahora directo a su coño. Comenzó a distinguirse como se tocaba el clítoris untándolo bien con la crema.

Al principio, lo enfocaba un poco de lejos, como desde toda la distancia que le permitiría su brazo totalmente estirado. Luego, ya fue acercando el móvil, poco a poco, hasta mostrar su coño con más detalle, casi en primer plano. Primero, lo abrió mostrando sus jugosos y carnosos labios. Se introdujo un dedo en el interior de su sexo, y se comenzaron a oír sus primeros gemidos. Al principio, parecían leves y entrecortados, como evitando hacer ruido. Luego, sacó ese dedo de su coño y comenzó a frotarlo despacio, centrándose de nuevo en su clítoris. ¡Lo estaba disfrutando, la muy guarra! Los gemidos comenzaron a subir de intensidad. Estaba a punto del orgasmo…

En ese punto, por un segundo pude entenderlo todo: la excitación de sentirse observada, seguro era lo que la ponía como una moto. Posiblemente, la invadiese un gran morbo exhibicionista que estaba sacando a la luz ahora.

Incrementó el ritmo de esa paja que se estaba haciendo, y apretó un poco las piernas, dejando su mano ahí quieta unos instantes, mientras emitía unos gemidos más fuertes. Parecía a punto de correrse. La imagen, lentamente, fue subiendo por todo su cuerpo: desde su vagina, pasando por sus tetas y llegando a la altura de su boca. Se detuvo ahí, mientras gemía y se mordía los labios…

Haciendo el gesto de enviar un beso, el vídeo finalizaba.

Posé el móvil sobre la cama y, por completo absorbido por el morbo, comencé a pajear mi polla, deseando correrme. La tenía durísima. Aunque sentía una extraña mezcla de resentimiento y calentura, pocas veces estuve tan excitado como en aquel instante. Un hormigueo me recorría todo el estómago. Rápido y con la polla tiesa en la mano, me levanté. Sin dejar de pajearme, fui caminando por el pasillo del piso de arriba hasta llegar a una de las ventanas traseras de la casa. Desde allí, pude ver a las chicas sentadas en las tumbonas.

Estaban allí, tumbadas una al lado de la otra, mirando juntas algo en un móvil. No sabía qué mirarían. Pero, aún como flotando en una nube, comencé a recrear en mi mente, como si fuesen pasajes de una película, todo lo que había presenciado en estos días…

Un reguero de “lefa” comenzó a salir de mi polla como un torrente….

Mientras mi semen salía a borbotones de mi polla, volví a mirarlas desde la ventana. Sobre todo, me fijé en Natalia. Estaba tumbada en la misma tumbona donde la acababa de ver grabada, tocándose para dos tíos. Limpié rápido toda la corrida y me volví a la habitación. Me tumbé en la cama, y volví a ver el vídeo de nuevo.

Al acabar, le mandé un whatsappa Víctor:

—Acabo de ver el vídeo. Me he hecho una paja y todo.

No esperaba una pronta respuesta de Víctor, antes me había dicho que estaría ocupado durante un rato. Posé el móvil en la mesita y lo dejé allí.

Creí que pronto me arrepentiría de todo esto. No sabía cómo afrontar este asunto. Deseaba decirle a Víctor que hiciese el favor de borrar ese vídeo de su teléfono. ¿Pero de qué me iba a servir? Seguro que no me haría caso. Y aún así, el verdadero problema lo tenía con Natalia. Tenía que hablar de esto con ella, y confesarle que había descubierto que compartirla con otros incluso me excitaba. Pero no sabía cómo abordar el tema. Quizá lo mejor era ir dando pequeños pasos, pequeños guiños poco a poco, como empezar por conseguir que aceptase tontear con Alberto, delante de mí.

Me tumbé relajado en la cama, a descansar de la tremenda paja que me había hecho. Me quedé dormido al momento, como un tronco…

Debí dormir durante un largo rato… Un beso en mis labios y una sensual voz me despertó de mi siesta:

—Hola, cariño. Llevas dos horas largas durmiendo. Erika no está. Ha salido. Estamos solo cielo… —me dijo una sonriente Natalia mientras me despertaba…

—¿Sí…? ¿Y dónde ha ido tú prima? —le pregunté aún con voz y cara de atontado, por la siesta.

—Bueno… ya te lo podrás imaginar… Alberto ha venido a buscarla. Estuvo un rato con nosotras en el jardín y luego se fueron juntos. Oye… te acaba de sonar el whatsapp hace un momento, nada más entrar yo en la habitación… ¿No lo miras? —Su mirada se fue directa hacía mi móvil, que estaba sobre la mesita.

Yo, raudo, llevé la vista hacia él. No sabía qué hacer. Seguro tendría que ser un nuevo mensaje de Víctor, poniéndome algún comentario nuevo sobre el vídeo. Fue un momento muy tenso. Sólo pude que hacerme un poco el adormilado, para así tener un segundo más para pensar cómo salir de ésta.

Estaba dudando. Quizá hasta fuese esta un buena oportunidad para enseñarle el vídeo y así confesarle que me encantaba que hiciese cosas de estas, que tenía mi consentimiento para calentar o incluso hacer sexo con otros, si era consensuado. Pero también dudaba… ¿Y si así ella descubría que todo esto, en parte, lo planeé yo al margen de ella? Quizá se cabrearía y se estropearía para siempre todo esto que ya había comenzado. Quizás, incluso, podría llegar a abandonarme si se enterase de mis historias con Víctor a sus espaldas.

Decidí que de momento tenía que ocultar lo del vídeo y mis otros whatsapps con Víctor. Al menos un tiempo más: hasta que llegase un momento más propicio.

Tenía un plan: primero, debería provocar en Natalia el morbo por excitar a Alberto, delante de mí. Luego, poco a poco, ya iría saliendo lo de Riqui y Víctor con el tiempo. La verdad, lo ideal sería que ella confesase todo lo que había hecho y yo le reconociese que me encantaba que lo hiciese; que tenía mi consentimiento y lo podía compartir conmigo. Pero eso, seguro aún no iba a ocurrir, de momento.

Al final, decidí coger el móvil en mi mano y, abriendo el whatsapp ante su atenta mirada, le dije:

—¡Nada, amor, será Adrí! —Un íntimo amigo mío—. Antes, me mandó unwhatsapp preguntándome cómo iba todo y cuándo volvíamos… Nada importante.

Yo, en un gesto rápido y disimulado, evitando que ella viese la pantalla, cerré la aplicación y me levanté como un resorte de la cama, con el móvil en la mano.

—Voy al baño, cariño —le dije, y así me zafé, fingiendo tener una necesidad urgente.

Natalia se quedó mirándome sin decir nada, medio sonriendo, pero también un poco sorprendida.

Me metí en el baño y me senté en la tapa del inodoro.

Los mensajes que me había llegado eran de Victor, como no, tenia dos. En ellos, me daba la «enhorabuena» por mi paja, y «por todo lo que me quedaba por disfrutar en el futuro» y «por el pedazo de tía morbosa que tenía por novia»

Borré todos esos chats con Víctor y, después de tirar de la cadena del baño, volví con Natalia. Al entrar de vuelta a la habitación y, sin dejarla reaccionar, le pregunté:

—¿Dices que Erika se ha ido con Alberto, no? O sea, ¿a follar con Juanjo?, ¿a que sí? —le pregunté con sonrisa pícara mientras la observaba sentada en la cama.

—Sí… Al pinar. Alberto la lleva hasta allí, y luego cuando llega Juanjo él se va —me comentó Natalia, mirándome.

Me senté a su lado…

—Eso ya me lo parecía a mí. El sitio ese tiene más pinta de picadero que de otra cosa… ¡Oye! ¿Te puedo hacer un pregunta? —le dije.

Ella, sin dejar de mirarme a los ojos, contestó:

—Sí, dime…

—¿Tú has ido alguna vez al pinar? Quiero decir… ya me entiendes, en el pasado, con Alberto… o con alguien… —le pregunté, tímido, con voz entrecortada y, sinceramente, algo nervioso.

Natalia no separó ni un instante sus ojos de los míos y, también de forma tímida, me preguntó a su vez:

—¿Por qué me preguntas eso ahora? ¿En serio te apetece saberlo?

—Sí, cariño, me daría un morbazo de la hostia que me lo cuentes. Sólo es eso —le dije.

Ella miró ahora hacia el suelo y, volviendo luego a mirarme a los ojos, me confesó:

—Sí, íbamos de más jovencitas. Era como una especie de sitio tranquilo y discreto donde los chicos llevaban a sus ligues… Y sí, estuve varias veces con Alberto. Pero hace años. Ahora ahí no iría ni loca. ¡No entiendo cómo mi prima, con 31 años que tiene, todavía sigue yendo! ¡Y Juanjo, que es ya un cuarentón, ni te cuento! ¡Podrían irse a un hotel, si quiere follar!

—Ya, amor, en eso estoy de acuerdo contigo. Pero, ¿en aquellos años te gustaba o no? ¡Vamos, cuéntame algo más! —insistí.

—¿De veras quieres que te cuente cómo follaba allí con otro? ¿Te pone eso? ¿De verdad?… —exclamó Natalia, mientras yo comenzaba a sobarla y a besarla por el cuello.

—Sí, imaginarme eso me da mucho morbo. Sé que ahora no lo harías, pero me da morbo imaginar lo que pudiste haber hecho con tus ligues en el pasado. Y más allí, en ese picadero al aire libre. ¡Vamos, cuéntame! ¿Se la chupabas? ¿Te follaba? —insistí todavía más, de modo casi agobiante, y le metí levemente un dedo en su boquita.

—¡No, Luis, no! ¡Para! ¡Ahora, no! Luego, a la noche, si te apetece follamos y te relato un polvo cualquiera de los que eché con Alberto en el pinar. Ademas, tendré que hacer memoria; ya te dije que eso lo tenía todo olvidado —Se levantó y se puso frente a mí.

—Pero… luego… ¡nos va a escuchar Erika follar! —le dije con tono pícaro—. ¿No es mejor ahora, que no está?…

—¡Qué más da eso! ¿No es ella descarada para irse a follar por ahí y dejarnos aquí solos en casa? Pues yo voy a serlo también para follar con mi novio en la habitación justo al lado de la suya… ¡Y no me pienso cortar en chillar y gemir ni lo mas mínimo! ¡Yo también tengo mis morbos y fantasías!, no pienses que no —Natalia me dijo eso de forma pícara mientras salía de la habitación y bajaba en dirección a la cocina.

Me quedé un rato más solo en la habitación. Quería reposar en mi mente todo aquello. Ya había conseguido “arrancarle” que había follado con Alberto en el pinar. Así que, lo que me había contado aquel “gordito baboso” era cierto: había visto follar a Natalia allí. Sólo me faltaba saber, si ella en aquella época lo hacía sabiendo que era observada o si no… Era otro de mis objetivos.

Bajé al piso de abajo a juntarme con mi chica. Eran sobre las 8 y pico de la tarde. Entré en la cocina y Natalia estaba agachada en la nevera, como buscando algo en el fondo de ella. Me acerqué rápido, y le dí un pequeño azote en su culo. Luego se lo comencé a sobar con deseo…

—¡Dios! ¡Qué culo tienes cariño! —le dije.

—¡Para! Je je je… ¡Vaya susto me has dado! —exclamó, levantándose de golpe.

Me fijé en sus pechos: aún llevaba la blusa palabra de honor que se había puesto para ir al pueblo. Pero, lo que más me llamó la atención, fueron sus pezones: se le marcaban un montón. Supuse que se le habrían erizado por el frío de la nevera. No llevaba sujetador. Recordé que en la mañana sí lo llevaba…

—¿No llevas sujetador…? ¿Por la mañana lo tenías, no? —le pregunté, mientras con la punta de mis dedos acariciaba sus dos endurecidos pezones.

—¡Para, cariño!… ¡me haces cosquillas! El sujetador me lo quité antes, cuando estaba en las tumbonas, mientras dormías la siesta… me metía mucho calor… —Así se excusó. Sentí que me mentía.

Le bajé de un tirón la blusa. Descubrí de golpe sus tetas; que aparecieron libres, asomando como dos cantaros deseando recibir unos labios sobre ellas. Me agaché y se las lamí con ansias. «¡Buffffff!, ¡qué manjar!». «¡Cómo no me va a gustar compartir esto!», pensé para mis adentros.

—¿Donde has puesto el sujetador que llevabas, amor? ¿Lo has dejado por el jardín? ¡Qué morbo!, ¿no? —pregunté. No podía parar de chuparle las tetas.

—Sí, me lo quité allí. Pero después lo dejé en el cuarto de la lavadora —me contestó con apuro.

Cesé en mi obsesión por comerme sus pechos, y ella se recolocó de nuevo la blusa. Luego, se fue hacia el piso de arriba a ponerse otra camiseta y otro sujetador para salir a dar un paseo.

Yo, mientras, salí fuera. Me acerqué hasta el cuarto de la lavadora a ver si era verdad que estaba allí su sujetador.

El cuarto estaba frente a la casa, al lado del garaje donde los tíos guardaban los coches. Era un habitáculo independiente del garaje, pero que estaba unido a él por una pequeña ventana. Entré, y al momento divisé el sujetador. Pero me extrañó una cosa: no estaba dentro de la lavadora ni dentro del cubo de ropa sucia que había allí: estaba tirado en el suelo, casi al lado de la pared. Y no me confundía de prenda, era seguro el de Natalia; su tamaño lo delataba; además, su olor era inconfundible para mí. Comencé a imaginarme todo tipo de cosas. Daba la sensación que, aquel sostén, estuviese como tirado después de habérselo quitado con apuros.

—Luis, ¿dónde estas…? —escuché la voz de mi chica llamándome, casi a voces.

Salí del cuarto dejando el sujetador en la cesta de la ropa.

—¡Nada, amor! Me pillaste buscando tu sujetador para olerlo. Estaba en la cesta —le dije saliendo del cuarto.

—¡Te lo llevo diciendo todas las vacaciones, eh!, ¡estás enfermo! Je je je… ¡Vamos a dar un paseo, anda!, que hace buena tarde —Natalia no podía reprimir su risa mientra salíamos de casa.

Fuimos caminando un rato por la carretera. Yo le insinué, con malicia, si subíamos otra vez hasta el pinar. Ella se negó, por supuesto:

—¡Estás loco! No tengo ningún interés por pillar a mi prima follando —dijo Natalia.

Continuamos por el trayecto que va a las piscinas. Íbamos muy cariñosos, de la mano. Al rato, le pregunté a mi chica:

—Oye, ¿por qué antes en la cafetería estuviste tan seca con Alberto? No me parece mal tipo.

—No sé… no me sentí cómoda. Erika, sobre todo, es la que me pone nerviosa; sus rollos y misterios me ponen atacada —me contestó.

—Sí… ¡Menudo cortazo le diste cuando propuso lo de ir a la fiesta! —le dije.

—Sí tío, no me gustó cómo nos miró a Alberto y a mí, como restregándome en tu cara nuestros rollos de antes. No me gustó que hiciese eso, y más delante de ti. Debe tener más respeto por los demás, eres mi novio —replicó ella, agarrándome más fuerte la mano.

—Ya… tranquila. A mí para nada me molestó. Yo sé lo bien que estamos tú y yo juntos. Y ya sabes que me da algo de morbillo todo esto —le recordé con un beso…

—Ya… Pero eso, al final son juegos entre tú y yo, que ella no sabe ni debe saber, y menos en los que se deba meter. ¡Tiene una manía muy mala de tocar las narices cuando ve una pareja feliz y unida! Es un poco envidiosa en eso —siguió comentando Natalia.

—Ya, claro, eso sí —aseveré.

—Ya se lo dejé bien claro antes, cuando quedamos solas en el jardín: pasarlo bien sí, pero sin rollos raros. Que deje sus movidas para cuando nosotros no estemos —volvió a decirme, dándome luego un piquito.

Continuamos ese paseo, y llegamos donde las piscinas. Anduvimos un rato largo más, y luego entramos en un bar a tomarnos algo antes de regresar a casa.

Era tarde ya, serian casi las 10 o así. Ya esperábamos encontrarnos con Erika en casa. Por lo que nos extrañó al llegar que no hubiese llegado todavía. Esperamos media hora más, y Natalia le mandó un whatsapp, preguntándole dónde andaba; si iba a tardar en llegar…

Al rato, contestó, y Natalia me enseñó ese mensaje:

—Voy a tardar un rato más aún. No me esperéis para cenar. Si tenéis hambre, preparad algo con lo que nos dejó mi madre en la nevera —Era lo que le ponía.

—¡Joder!, muy bien se lo debe estar pasando —comenté con picardía al leerlo..

—Ya… —asintió Natalia, mientras le escribía un mensaje de respuesta.

Yo fui viendo mientras escribía…

—OK… tranquila, nosotros ya nos arreglamos. Ven cuándo quieras…

Luego, no pusimos juntos a preparar algo para cenar. Al terminar esa improvisada cena, nos fuimos a ver un poco la tele. Nos estuvimos besando y manoseándonos un rato en el sofá del salón. Pasaron un par de horas, ya era más de media noche, y Erika seguía sin venir…

—Vámonos para el cuarto, tengo muchas ganas de follarte. ¿Ya tienes preparado en la mente el polvo con Alberto que me vas a relatar? —le pregunté, mientras le sobaba los pechos ya como loco.

—Sí, bueno… alto tengo pensado… Espero que todo esto vaya a servir para que me folles como nunca. ¡Estoy cachonda! ¡Qué pena que no esté Erika para oírnos! Pero… quizá nos pille en medio del polvo cuando llegue… ¡Vamos para arriba! —Natalia me agarró de la mano y tiró de mí en dirección al piso de arriba.

Llegamos a la habitación. Nada más cerrar la puerta, comenzamos a besarnos salvajemente. La empotré contra el armario y le dije:

—¡Vamos, ya no puedo esperar más! ¡Cuéntame lo que hacías con Alberto! —Mis manos se colaron dentro de sus bragas buscando su coño.

—¿Seguro que quieres que te lo cuente? ¿No te pondrás un poco celoso…? —me dijo ella, mientras ahora yo comenzaba a bajar mi boca por su cuello hasta llegar a la altura de sus pechos.

—¡NO! ¡Cuéntame, cuéntame, por favor! —le aseguré ansioso—. ¿Qué te hacía? ¿Te comía así estas tetazas…? —Metí mi mano dentro de su sostén y saqué de golpe sus dos enormes senos.

—Sí, je je je…—Rió de forma morbosa—. ¿Qué tienen mis tetas que a todos os gustan tanto? —añadió con picardía.

—¡Joder!… ¡me puedo imaginar cómo se tiraría a ellas como un loco!, ¡como yo! —Comencé a chupar sus tetas con un morbazo brutal.

—Mira, voy a comenzar por ahí…—Natalia, visiblemente excitada, parecía que iba a empezar a relatarme algo—. De esto que te cuento hará unos 8 años, fue en uno de los veranos que vine. Ya me había enrollado con Alberto el año antes, pero esa vez fueron sólo unos besos y meternos mano, nada más. Recuerdo, que antes de que llegase yo, él ya estaba como loco preguntándole a mi prima cuándo vendría. Yo, por aquella época, estaba muy traviesa. Aquí, en el pueblo, como me conocían mucho menos, pues no tenía vergüenza a hacer ciertas cosas…

—¿Qué mas… qué más? —La animé para que no parase, sin dejar de lamer sus senos mientras escuchaba…

—Pues… que…. cuando llegué ese año, yo, la verdad que venía con unas ganas locas por estar con Alberto. Pero yo no estaba enamorada de él ni nada. Nunca lo estuve. Sólo tenía ganas de divertirme… ¿Me sigues…? —me preguntó, pensando que yo estaba más centrado en sus pechos que en lo que me contaba…

—¡Si, joder! ¡Cuenta, cuenta…! —balbuceé.

Natalia siguió relatándome aquello:

—Yo tenía ganas de estar con él, pero de primeras me apetecía hacerme un poco la dura y la interesante… Erika, en aquella época, estaba también liada con Juanjo… —Detuvo un segundo su relato para suspirar—. Bueno, voy al grano, que me estoy yendo por las ramas… Erika, un día, me hizo una encerrona, llevándome al pinar a dar un paseo. Yo, de aquella, no conocía a qué se solía ir a ese sitio. Bueno, pues, estando ya allí, las dos solas, aparecieron Juanjo y Alberto, cada uno con su coche. Estuvimos allí un rato los cuatro. Después se marcharon Erika y Juanjo, dejándonos solos a Alberto y a mí. Yo ahí ya no podía seguir haciéndome la dura. Además, estaba ya loca por hacerlo con Alberto en aquel momento… Supongo que te imaginarás qué pasó luego…

—¡Pero sigue, joder, sigue!… ¿que más? ¡¡Cuenta!! —exclamé, excitadísimo, tocándome el miembro, totalmente erecto, por encima del pantalón.

—Bueno… pues… que nos metimos en su coche y nos comenzamos a besar y a meternos mano… Él, lo primero, como todos, se fue directo a por mis tetas: las sobaba como loco mientras no paraba de decirme: qué tetas tenía, que llevaba todo el año ansioso esperando a que viniese para poder volver a tocarlas… Me las sacó de la camiseta como hiciste tú antes en la cocina: de un fuerte tirón hacia abajo. Recuerdo, creo, si no me falla la memoria, que debía llevar también un escote tipo palabra honor. Yo salía mucho sin sujetador por aquella época en verano. ¡Me las estuvo comiendo un rato como tú ahora! Mmmmmmmm…. —Emitió un pequeño gemido.

—¿Te las comía así…? —le dije, mientras chupaba y apretaba las areolas de sus pezones con mi boca.

—Mmmmmm —gimió de nuevo—, ¡más o menos, sí!… ¡Cómelas! Mmmmm —exclamó, mientras una de sus manos comenzaba a colarse dentro de mi pantalón, buscando mi polla…

—¿Sigue?, ¿qué más…? —insistí para que continuase.

—Seguimos así un rato…. y luego ya me quitó la camiseta por completo. Me quedé sólo con una faldita que llevaba. Me metió la mano dentro de ella y comenzó a acariciarme el coño…

—¿Así…? ¿te lo hacía así…? —exclamé, y metí mi mano dentro de sus shorts. Comencé a frotarle su clítoris. Lo noté empapado. Estaba muy excitada…

—¡Sí, dios! ¡Qué cachonda estoy! —Me empujó fuerte con sus manos para llevarme hacia la cama.

Me senté sobre el colchón y ella se arrodilló frente a mí. Comenzando a desabrocharme la bragueta, me dijo:

—A continuación comencé a hacer esto… le fui bajando la cremallera y le saqué así su polla… —Metió su mano dentro de mis pantalones y sacó mi polla. Estaba completamente dura y erecta. La meneó un poco, antes de darse con ella contra sus cachetes…

—¿Y luego se la mamaste, no? Ufff…. mmmm —Entre gemidos, miré cómo su boca se iba acercando a mi polla. Me recosté un poco hacia atrás, y apoyé mis brazos sobre el colchón…

—Sí… ¡claro que se la comí! ¿Qué iba a hacer si no? ¡Así…! —Se metió mi polla de golpe en su boca.

—¡Sí, dios, chupa…! ¡Joder, cómo la chupas, tía! ¿Se la chupabas así también a él? —Le aparté su melena mientras observaba cómo mi miembro se deslizaba entre sus labios.

Ella solo asintió con la cabeza. No sacó ni un segundo mi polla de su boca.

—¿Como la tiene él? ¿Así…?, ¿o más grande? ¡Dime cariño! —pregunté, otra vez fuera de mí.

—Así… parecida a la tuya… parecida a esta —me respondió, sacando mi pene un par de segundos de su boca, dándose dos golpes con él en la cara, y antes de escupir sobre él para volver a chuparlo como loca.

Me estaba mintiendo. Yo había visto la polla de Alberto en los urinarios de la cafetería, y era visible que la tenía más grande y gorda que la mía, al menos en reposo. Me recosté hacia atrás en la cama, y seguí disfrutando de esa mamada…

—¿Luego follásteis? Dime, ¿te lo follaste…? —le pregunté, mientras la veía continuar allí en el suelo, arrodillada, comiéndome el rabo casi a cuatro patas.

—Sí… ¡cabalgándole en el asiento de su coche! Pero espera, que aún no llegamos a eso —me dijo, y volvió a mamar mi polla.

En esto, sentimos llegar un coche a casa y meterse en el garaje…

—¡Joder! ¡Ha vuelto Erika! ¡Y parece que sola no! —le comenté a mi chica.

—¡Ésta es capaz de haberse traído a Juanjo a casa! —replicó Natalia, amenazando con levantarse y asomarse a la ventana para comprobar quién venía con ella.

—¡No, Natalia!, no te pares ahora. ¡Estamos en lo mejor! ¡Sigue! ¡Qué mas te da eso! ¿No dijiste que querías que te oyesen? ¡Pues sigue! —le pedí, levantándome un poco, y agarrando su cabeza para llevarla a continuar la mamada…

Me la seguía chupando, pero con sus sentidos centrados ahora en descubrir con quién venía Erika, y cuáles eran sus intenciones. Escuchamos a dos personas entrar dentro de casa. Anduvieron unos instantes por la cocina y el salón, y comenzaron a subir para arriba. Caminaban sigilosos. No hablaban ni comentaban nada entre ellos. Debían estar comprobando si estábamos en casa y dónde estaríamos…

Llegaron ya al piso de arriba, y escuchamos a Erika acercarse a la puerta de nuestra habitación. Natalia detuvo la mamada, y levantó su cabeza, como esperando a ver qué iba a hacer o nos iba a decir Erika… Se oyó tocar en la puerta. Luego oímos la voz de la prima de mi novia:

—¿Estáis ahí, chicos? Ya llegué… Me voy a la cama… ¡Podéis continuar tranquilos con lo que estéis haciendo! —Erika nos hablaba de forma rara, con una risa floja. Parecía venir un poco bebida. Al instante, volvió con su compañero.

Natalia no le contestó, me lanzó una mirada, en una mezcla de risa y confusión, y continuó con la mamada. Pero ahora, más tímidamente que antes. La presencia de alguien con su prima, hizo que se le cortase de golpe el royo.

Al momento, les pudimos oír besarse en su habitación. Aunque sólo se escuchaban unos leves gemidos y el suave frotar de sus labios…

Natalia, curiosa, cesó la mamada y se detuvo a escuchar, atenta…

—¡Joder! ¡Y se lo tirará aquí y todo, la tía! —me susurró Natalia—. ¡Cómo aprovecha que no están sus padres! —Natalia intentaba escuchar más, pero sin soltar mi polla.

—¡Venga!, ¡tú sigue! ¿No te daría morbo follar, una pareja en cada habitación? Bufff!…. ¡Yo estoy cachondo perdido! —le dije.

Continuó lentamente la mamada, pero mirando hacía el lado de la habitación de Erika, como intentando no perderse nada de lo que se pudiese escuchar. En esto, se oyó el rechinar de los muelles de la cama. Parecía que uno de los dos se había tirado o sentado sobre ella.

No escuchamos la voz del tío; sólo unos leves gemidos y risitas de Erika. El tío parecía no querer ser descubierto. No había abierto aún la boca para hablar.

—¡Sí, Luis, debe ser Juanjo, fijo! ¡No ves que ni habla! —me comentó mi novia en un silencioso susurro.

En esto, pudimos oír al tío desabrocharse el cinturón, y cómo luego iba bajándose el pantalón. Escuchamos esa prenda chocar contra el suelo… Al segundo, pudimos oír perfectamente como Erika comenzaba a chuparle la polla. La verdad es que ella no se estaba cortando en que la oyésemos; gemía y hacía ruiditos exagerados de succión, sin cortarse ni un pelo…

—¡Vaya zorrón! ¡Se la esta chupando! —dijo Natalia con otro susurro.

Yo la miré y le hice un gesto como si le dijese: «Como tú… ¿no estas haciendo lo mismo?».

En esto, llegamos a escuchar la voz de Erika, en medio de su mamada:

—¡Pero que pollaza tienes, joder! —Lo dijo bien en alto. Su clara intención era seguro que nosotros la oyésemos.

Y, al instante, por fin se oyó la voz del tío:

—¡Sí, vamos, cómela! ¡Chupa, Erika, sigue así! Mmmmm…

Natalia y yo nos miramos sorprendidos. Ella más que yo. Casi amenazando con levantarse, Natalia exclamó en voz baja:

—¡Joder!… ¡Pero si es Alberto!

Yo esbocé una gran sonrisa, de oreja a oreja, y comenté:

—¡Genial! Sigue contándome lo que hacías con él, mientras ahora se folla a tu prima… ¡Menudo morbazo esto!

—¡Joder! ¡No me lo puedo creer! ¡Esto es increíble! ¡A ésta le da igual todo! Lo mismo se folla a Juanjo, que al amigo de este… que a quién se ponga por el medio. Bueno, aunque no me sorprende, siempre ha sido así —volvió a susurrarme Natalia, mientras se levantaba y se aproximaba a la pared, como queriendo escuchar mejor.

Se colocó en un postura brutal. Con la oreja pegada a la pared y como sacando un poco su culo hacia atrás. Yo me levanté, me puse tras ella, y comencé a quitarle despacio el pantaloncito corto que llevaba… Ella se dejó hacer. Se lo quité del todo y luego le bajé el tanga, lentamente.

Natalia seguía escuchando. Parecía más preocupada por lo que pasaba en la otra habitación que por lo que le hacía yo. Me agaché, y comencé a besarle y chuparle su culo. Se lo abrí con las manos y metí mi lengua buscando lamerle el coño y su ojete. Natalia se dejaba. Incluso mejoro su postura para hacer más fácil mi trabajo.

Al rato, y escuchando ya cómo gemía Alberto, entrecortadamente, mientras Erika se la seguía chupando, le dije a mi chica:

—¡Vete hasta esa habitación! ¡Vete a hacer un trío con tu prima! ¿Quieres chupársela tú también?, ¿mamársela entre las dos?

Ella miró atrás hacia mí, y puso una cara como diciendo: «¡No! ¡Estás loco!». Pero se siguió dejando hacer mientras los seguía escuchando. Yo continué con mi cabeza entre sus nalgas.

Al momento, se escuchó un fuerte golpe contra el colchón de la cama, en la otra habitación.

—¡Métemela, tío! ¡Hazme lo que me dijiste antes, joder! Mmmmmmm—se escuchó decir a Erika, mientras también se escuchaban unosazotitos, y como si con los dedos se frotase su sexo empapado.

El tío, o sea, Alberto, pareció seguir un par de minutos como frotando y sobando todo aquello. Natalia parecía con una mezcla extraña de calentura y algo de enfado. No le entendía bien el semblante de su cara. Pero se estaba dejando hacer. Me bajé los pantalones y pensaba metérsela a la vez que escuchase a Alberto penetrar a Erika.

Al segundo, unos fuertes gemidos de la prima confirmaron que había sido penetrada…

—¡¡OOOHHH, JODER!! ¡¡Dame!… Mmmmmmmm ¡Qué gorda! Me duele un poco, pero tú sigue… ¡Joder! ¡¡Fóllame!! ¡Qué ganas tenía de probarte hacerme esto! —exclamaba una cachondísima Erika. Le debían estar follándole el culo.

Siguió gimiendo fuerte. Se escuchó a Alberto darle un par de azotes. Él jadeaba levemente, pero no hablaba. Parecía darle vergüenza ser descubierto.

Natalia se apartó de la pared y se colocó en la cama a cuatro patas, ofreciéndome su culo. Un gesto de extrañeza se hizo en mi rostro.«¿Querría que le follase yo también el culo? ¡Nunca me ha dejado hacerlo!», pensé.

Me acerqué a ella, y le abrí del todo sus nalgas. Agarré mi polla en la mano y la fui acercando a su ojete. La aproximé a su entrada y comencé, despacio, a intentar penetrarla por atrás. Al notar mis intenciones, Natalia movió hacia adelante sus caderas, y apartando un poco su trasero de mí, me dijo:

—¿Qué haces tío…? ¡Por ahí, no! Yo no soy Erika…

—Vale, Natalia, entendí mal —le dije, mientras seguíamos oyendo los gritos de Erika recibiendo la polla de Alberto, supuestamente en su culo.

Natalia volvió a colocar su trasero en la misma posición de antes. Pero, esta vez sí, la penetré por su coño.

La estuve follando un rato así, mientras escuchaba cómo Alberto “le daba” a Erika. Se escuchaba perfectamente el rechinar de los muelles de la cama y los golpes de sus pelvis. Yo intentaba “cumplir” igual que él hacía. A Alberto cada vez le escuchaba moverme más rápido y más fuerte… Y Erika se cortaba cada vez menos al gemir…

—¡Chilla tú también, Natalia, no te cortes! ¿No dijiste que querías que te oyese tu prima? ¡Mírala ella como chilla! ¡No se corta para nada! —le dije. Yo la tenía agarrada por las dos nalgas e intentaba comenzar a darle mas fuerte.

—¡Sí, Luis, sí!… ¡Dame, dame!… ¡Fóllame, fóllame, vamos!!¡Dame duro! —exclamó ahora Natalia, soltándose un poco. Pareció hacerme caso.

No sé si sería por haber escuchado a Natalia gemir, pero fue al comenzar ella a hacerlo cuando Alberto pronunció sus primeras palabras…

—¡Toma… toma…! ¿Te gusta, eh? ¡Ya te dije te iba a encantar! —Fue lo que dijo Alberto. Se continuaba oyendo un incesante choque de cuerpos entre Erika y él. Los jadeos de ambos eran constantes.

Todo esto me puso muy caliente. Tal parecía como si en verdad fuesen Alberto y Natalia quienes estuviesen follando juntos, aunque en habitaciones separadas y con personas distintas…

Yo noté que estaba a punto del orgasmo. Tuve que detenerme para no correrme.

—¡Dame, joder! ¡No pares…! ¡Dame fuerte! —Fue lo siguiente que exclamó Natalia.

Yo, para intentar no ser menos que mi “compañero de follada”, seguí penetrando con fuerza a mi chica. Ahora ella ya gemía sin cortarse. Tal pareciese que las dos primas competían en una lucha de gemidos, a ver cuál gozaría más.

Yo estaba desando que Alberto terminase. Yo no podría aguantar mucho más. Quería correrme. Pero no quería hacerlo antes que él…

Aunque, al final, no pude evitar hacerlo. La excitación era tal que me corrí en ese mismo instante. Saqué mi polla y descargué toda mi“lechada” sobre la espalda de Natalia. Me recosté a un lado. Exhausto, mientras seguía oyendo a Erika y Alberto continuar con lo suyo.

Natalia, se cambió de postura, y se colocó toda espatarrada en la cama, con sus ojos en dirección hacía donde estaba la habitación de su prima.

—¡Cómeme el coño, vamos!… ¡que me quiero correr! ¡Cómemelo, Luis! —Se dirigió a mí, con una voz autoritaria que, la verdad, creí nunca antes haberle escuchado.

Obedecí. Comencé a comerle el coño… Ella parecía como ausente de mí. Yo se lo comía con las mismas ansias de siempre, pero ella parecía más centrada en lo que pasaba en la otra habitación. Mi cabeza llegó a pensar si se estaría imaginando ser follada por Alberto…

Seguimos un rato así. Ella se sobaba las tetas y se acariciaba el clítoris, al son de la follada que todavía persistía en la habitación de al lado.

En esto, Alberto pareció correrse. Emitió unos graves gemidos. Juraría que incluso debió “descargar” dentro del culo de Erika.

Natalia también gimió fuerte y se convulsionó. Se estaba corriendo también. Se quedó quieta, como rendida por la intensidad de ese orgasmo. Alberto, al momento, lo sentí vestirse rápido. Se escuchó el sonido de darle un beso a Erika, y se marchó escaleras abajo. Arrancó su coche y se fue.

Volví a notar lo mismo que en el pinar: a Erika parecía gustarle eso de que la follasen y la dejasen allí, casi tirada, justo después de correrse, casi como si fuese una prostituta.

Natalia se levantó, se puso otras bragas y se metió en la cama para dormir.

—¿No vas a ver a Erika? —le pregunté…

—¿A esa guarra…? No. Mañana ya hablo con ella. Ahora voy a dormir.

Allí, juntos y abrazados en la cama, nos dormimos…

Yo me desperté en mitad de la noche. Natalia dormía profundamente. Me recosté un poco hacía arriba, quedando casi sentado en la cama. Observé a mi chica. Estaba dormidita. Destapada de cintura para arriba. Había mucho calor…

Despacito, no pude evitar ir levantando su camiseta. ¡Quería volver a ver sus tetas! La camiseta que se había puesto para dormir le quedaba algo amplia. No me fue muy complicado subírsela sigiloso hasta poder descubrir sus tetas en sujetador. Ella no se despertó. Seguía durmiendo. La dejé así, con el sujetador al aire…

—Así está más fresquita —pensé.

La iba a dejar de esa forma y continuar durmiendo, pero una picardía morbosa llevó a mi mente a hacer otra cosa: me levanté de la cama, despacio, y me coloqué delante de ella. La pequeña claridad que entraba por la ventana, ligeramente abierta, me permitía verla bastante bien. Me acerqué a ella, me agaché, y lo primero que hice fue darle un piquito en sus labios. ¡Se la veía tan dulce!

Al instante, y viendo que seguía muy dormida y sin inmutarse, le fui subiendo el sujetador hacia arriba. Primero, liberé un pecho, luego, lentamente, el otro… Ahora permanecía dormida con sus dos enormes senos al aire.

Cogí el móvil de la mesita. ¡Aquello estaba para foto! Cuando ya la cámara del móvil estaba enfocando para inmortalizar el momento, un rápido movimiento de una mano de Natalia me hizo pensar que se podía llegar a despertar. Pero no lo hizo, sólo colocó una de sus manos encima de un pecho, como en un acto reflejo, supuse por sentir algo de fresquito en ellos. Sin perder un instante, le saqué rápido la foto y la guardé. ¡Ya tenía otro regalito para mi amigo Víctor!

Iba a guardarla y enviársela en cuanto amaneciese, pero las ansias me hicieron no poder esperar. Abrí el whatsapp y, después de recolocarme con sigilo en mi sitio de la cama, me dispuse a escribir un nuevo mensaje a Víctor:

—Toma, te mando un “regalito”. Es de ahora mismo… Me la acabo de follar hace un rato. Mañana ya te cuento más cositas.

Y le envié la foto.

Al rato, volví a intentar dormirme.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s