AKUARIES

La semana siguiente fuimos a buscar a las chicas, quedamos con ellas para comer en un buen restaurante y volver a casa, mientras conducía para ir a buscarlas le saqué el tema a Sandra.

YO: Sandra, ¿tú podrías aclararme porque hemos pasado estos últimos días viéndonos a todas horas, y cuando estaba en tú casa no salías de tú habitación para no verme?

Se quedó sería mirando la carretera en silencio.

YO: ¿No me quieres responder?

SANDRA: Cuando te tenía en casa sabía dónde estabas.

YO: Y después también, en mi apartamento.

SANDRA: Pero no podía controlar cuando salías o entrabas.

YO: ¿Y?

SANDRA: Desde luego sigues siendo el mismo que cuando te conocí, que paciencia.

YO: ¿Pero qué pasa?

SANDRA: Que tengo miedo que conozcas a otra mujer y vuelvas a las andadas.

YO: Ostia Sandra, ¿de eso se trata?, ¿eso crees, que he venido a buscarte para estar contigo y nuestra hija para hacer el capullo y liarla?, si quisiera esa vida no me querría quedar, os puedo ver cuando sea estando en mi casa haciendo lo que me dé la gana, no me jodas, ¿me estás puteando por celos?

SANDRA (enfadada): Yo no te puteo vale, las cosas están así, lo aceptas o te largas, tú mismo.

YO: Sandra por favor.

Dio un suspiro.

SANDRA: Perdóname, lo siento, no estoy segura de mi misma, y no sé si con el tiempo lo superaré, cambiemos de conversación por favor.

Me quedé en silencio, después de cómo me había comportado durante tantos años puede que no fuera tan rara su actitud, era culpa mía por querer volver a cambiar de vida como el que cambia de calzoncillos de un día para otro, conocer la existencia de una hija me había hecho ver la vida de otra manera. Comimos con las chicas explicándonos las anécdotas que se podían explicar de sus vacaciones y volvimos, dejamos en su casa a sus amigas y ayudé a Sandrita a entrar la bolsa en casa juntándonos los tres en el salón.

YO: Mejor os dejo solas para que os pongáis al día y me voy.

SANDRITA: ¿Qué te vas, adonde?

Sandra empezaba a disimular metiéndose en la cocina.

YO: A mi apartamento cariño, era lo mejor para que tú madre estuviera tranquila.

Entrecerró los ojos enfadándose buscando con la vista a su madre.

SANDRITA (levantando la voz): Mamá, ¿lo has echado de casa, yo lo invito a venir y tú lo echas?

Salió Sandra de la cocina con los ojos humedecidos.

YO: No me ha echado, me fui yo para que las cosas fueran mejor entre nosotros.

SANDRITA: No la disculpes David, ella sabía que lo había hecho para estuvierais juntos y tuvierais una oportunidad, ¿y qué hace a la que yo no estoy?, te separa de ella para no darte la más mínima posibilidad, desde luego mamá te has lucido bien, que vergüenza, lo siento David, yo tenía buenas intenciones pero parece que mi madre a perdido la cabeza por completo, me voy a duchar a ver si se me pasa la mala leche.

Cogió las bolsas de un tirón enfadada y se perdió por el pasillo en dirección a su habitación, a Sandra le caían lágrimas mirando por donde se había ido su hija, me acerqué a ella poniéndole la cabeza en mi pecho para que llorara.

YO: No te preocupes, ya se le pasará.

Se apartó de mí mirándome con odio.

SANDRA: Ves lo que has conseguido, que mi hija se enfade conmigo por tú culpa.

Salí de su casa sin decirle nada y me fui a mi apartamento, cada vez que dábamos un pasito para adelante entre nosotros pasaba algo que volvíamos a la casilla de salida otra vez.

Me preparé una copa y me senté en un sillón, al rato sonó el teléfono.

SANDRITA: ¿Dónde estás?

YO: En el apartamento, es el edificio más alto que tenéis delante de casa.

SANDRITA: ¿Puedo venir a verte?

YO: Por supuesto, es el ático, ven cuando quieras no me muevo de aquí.

No pasaron ni diez minutos que llamó al timbre, entró en el apartamento mirándoselo todo.

SANDRITA: Es bonito.

YO: Siéntate por favor, ¿quieres tomar algo?

SANDRITA: ¿Qué tomas tú?

YO: Whisky, necesitaba algo fuerte después de lo que ha pasado.

SANDRITA: ¿Tienes cola?

YO: Sí, ¿quieres hielo?

SANDRITA: Hielo y un buen chorro de whisky.

Reí y se lo preparé con un trozo de limón dejándoselo delante de ella en la mesita.

SANDRITA: Que bien preparado.

YO: La experta en prepararlos era tú madre.

SANDRITA: ¿Qué me dices, si no la he visto beber nunca?

YO: Seguro que hay muchas cosas de ella que todavía no sabes, pero ya te las explicará si lo cree conveniente.

Le dio un trago a la copa y se puso sería mirándome a los ojos.

SANDRITA: ¿Tú, la quieres mucho verdad?

YO: Cariño, quiero a tú madre más que a mi vida y no sé por dónde entrarle para convencerla.

SANDRITA (seria): Es una idiota.

YO: No por favor, no te enfades con ella, te necesita mucho.

SANDRITA: Si eso ya lo sé, pero a veces es tan cabezona, no quieras saber la que hemos liado en casa antes de llamarte, le he dicho de todo a ver si espabila de una vez coño, no me puedo imaginar cómo te debiste de sentir al tener que irte de casa.

YO: Sinceramente, estuve a punto de enviarlo todo a la mierda, suerte que paseando por el pueblo me encontré con una inmobiliaria que tenía este apartamento para alquilar, tuve la idea de probar no conviviendo en la misma casa, y la verdad es que parecía que habíamos avanzado algo, sin ningún contacto físico pero estábamos casi todo el día juntos.

SANDRITA: La quiero mucho pero a veces la mataría, que mujer por Dios.

Sonó un mensaje recibido en mi teléfono.

SANDRA: “¿Está contigo?”

YO: “Sí, no te preocupes.”

SANDRA: “Me debéis de estar poniendo a caldo los dos”

YO: “No, los dos te queremos mucho”

SANDRA: “Estoy preparando la cena para los tres, he abierto una botella de vino para celebrar el regreso de Sandra, vendréis ¿verdad?”

YO: “Claro que vendremos, en un rato estamos aquí, un beso”

Miré a mi hija sonriendo moviendo la cabeza de lado a lado.

SANDRITA: ¿Es ella?

YO: Sí, está preparando la cena para los tres y celebrar tú regreso.

SANDRITA: Que mujer David, que paciencia con ella.

YO: Dejémosla a su ritmo sin atosigarla, si ella no lo entiende y acepta no conseguiremos nada bueno.

Nos acabamos las copas y fuimos caminando a su casa.

Al entrar salió Sandra de la cocina, su hija la abrazó y le dio dos besos, Sandra puso una cara rara mirando a Sandrita, giró la cabeza y me miró a mí.

SANDRA: ¿Le has dado alcohol a la niña?

YO: De niña tiene poco ya, pero sí, nos hemos tomado una copa juntos.

Empezaba a poner mala cara.

SANDRITA: Mamá, no vuelvas con tus tonterías y discúlpate con David dándole dos besos.

SANDRA: ¿Pero qué dices niña, disculparme de qué?

SANDRITA: Lo haces o me voy de esta casa a vivir con él o sola.

YO: Sandrita cariño, pero no habíamos dicho de dejar a tú madre a su ritmo y no presionarla.

SANDRITA: Tú cállate.

Sandra no sabía qué hacer ni que decir, estaba como en shock.

SANDRITA (levantando la voz): Mamá.

Me miró y dio varios pasitos muy despacio parándose delante de mí, me miró a los ojos y acercaba poco a poco sus labios a mi cara.

SANDRITA: Así no, abrázalo que se lo merece.

Sandra se giró mirando a su hija.

SANDRA: Por favor.

SANDRITA (en tono amenazador): Mamá.

Me volvió a mirar levantando los brazos pasándolos por detrás de mi cuello, apoyé mis manos en su espalda atrayéndola, era la primera vez que podía abrazarla y la quería sentir bien, me dio dos besos y yo la mantuve un ratito abrazada cerrando los ojos sintiendo su cuerpo junto al mío, se quedó quieta sin moverse pero no se apartó como pensaba que haría, creí que debía estar incomoda y la solté despacio, Sandra intentaba aguantarse para no llorar, miró a su hija.

SANDRA: ¿Ya estás contenta, podemos sentarnos y cenar todos juntos?

Nos sentamos en la mesa y Sandrita nos miraba sonriendo.

SANDRITA: Mamá, ¿estás contenta?

SANDRA: Yo, ¿de qué?

SANDRITA: De haber abrazado a David.

SANDRA: Ya sabes que no me gusta que me fuercen a hacer las cosas.

SANDRITA: Si fuese por mí te obligaba a fo…

SANDRA: Sandra por favor, ¿Qué estás borracha?

SANDRITA: Contentilla, ¿y a ti David, te ha gustado?

YO: ¿A mí, el qué?

Sandra y yo nos descojonábamos de risa.

SANDRITA: ¿Tengo que aguantar que mis padres se cachondeen de mi en la cara?

Paré de reír quedándonos en silencio.

YO: ¡Mis padres!, que bonito suena eso.

Intenté no llorar pero me tuve que pasar las manos por los ojos para no acabar haciendo un drama, Sandra me miraba sin hacer ningún gesto con la cara y a Sandrita se le veía emocionada también, estuvimos un momento en silencio.

SANDRITA: ¿De verdad mamá no te has emocionado, no has tenido ni la tentación de consolarlo, de qué coño estás hecha joder?

Se levantó de la silla y me abrazó.

SANDRITA: Muchas gracias David por ser tan sensible, te quiero.

Me dio un beso en la frente.

SANDRITA: Me voy a la cama, ya tengo bastante por hoy.

Caminó hacía su habitación.

SANDRA: Sandra mujer, ¿no vas a acabar de cenar con nosotros?

Yo me levanté cogiendo el plato de Sandrita y el mío llevándolos a la cocina.

SANDRA: ¿Tú tampoco te vas a quedar?

YO: He perdido el apetito, si quieres nos vemos mañana, adiós Sandra.

Pasaron varias semanas llegando a finales de julio sin avanzar una mierda en la relación con Sandra, mi hija la presionaba todo lo que podía y yo intentaba estar atento apoyándola en todo pero no se notaba el más mínimo cambio en ella, una mañana muy temprano llamaron a la puerta, era Sandrita que traía unas pastas para desayunar juntos, nos sentamos con unos cafés con leche.

SANDRITA: Me sabe tan mal que estés perdiendo el tiempo con mi madre, esta noche no he pegado ojo pensando en cómo pierdes el culo por ella y como no te da bola en nada la idiota.

YO: No la insultes delante de mí por favor que me hace duele.

SANDRITA: Si es verdad que es una idiota, no te merece David, vete a casa y nos veremos siempre que quieras, vendré a pasar temporadas contigo, no perderemos el contacto.

YO: Déjame probar una última cosa por favor, dile a tú madre que mañana nos vamos a comprar ropa a la ciudad y que comeremos con ella en casa, te pasaré a buscar a las diez, tú róbale por un rato un anillo que sepas que le va bien.

Se puso las manos en la boca sorprendida.

SANDRITA: Dios mío, ¿Le vas a pedir que se case contigo?

YO: Y delante de ti, si eso no le hace reaccionar, me iré y la dejaré tranquila.

Nos quedamos con el anillo más bonito que nos pareció a los dos, Sandrita se compró un par de prendas de ropa para disimular y llegó el momento, estábamos sentados comiendo, Sandrita no se podía aguantar con una sonrisa nerviosa, respiré profundo y puse una rodilla en el suelo al lado de Sandra.

SANDRA: ¿Qué haces David?

Saqué la cajita del bolsillo abriéndola, se la puse a la altura de la vista.

YO: Por qué te quiero con locura y por el amor a esta hija que tenemos juntos, cásate conmigo Sandra.

Sandrita se tapaba la boca llorando de emoción, Sandra se miraba el anillo sin hacer ningún gesto con la cara ni con el cuerpo, nuestra hija se levantó llorando enfadada.

SANDRITA (levantando la voz): ¿Cómo coño puedes ser tan insensible tía?, no te lo mereces, no te mereces una mierda.

Yo me levanté guardando el anillo otra vez en el bolsillo, le di a Sandra un beso en la frente sin que ella reaccionara, abracé a mi hija y le di dos besos.

YO: Ya sabes dónde estoy, siempre que quieras serás bienvenida cariño.

Me fui de aquella casa, hice las maletas y me volví a mi pueblo con su playa de donde probablemente nunca debí de salir, al llegar me fui a dar un baño en el mar que tanto había echado de menos, al volver deshice las maletas y me di una ducha reparadora, pensé en cenar pero no tenía putas ganas de comer así que me preparé un buen pelotazo para emborracharme y meterme en la cama, en esas estaba cuando sonó el teléfono.

YO: Hola Sandrita, ¿cómo estáis?

SANDRITA: Estamos bien.

YO: ¡Sandrita!

SANDRITA: No puedes imaginarte lo que ha llegado a llorar mi madre esta tarde, está loca David.

YO: Sandra por favor, cuídala y anímala.

SANDRITA: ¿Pero cómo puedes ser tan bueno después de lo que ha hecho?, yo no la querría volver a ver en la vida.

YO: Porque aunque ella no me crea la quiero mucho cariño.

SANDRITA: Lo sé, ¿y tú cómo estás?

YO: Si te digo que bien no me vas a creer, pues estoy en la piscina emborrándome a ver si esta noche puedo dormir.

Hablamos un rato y nos despedimos, me tomé dos copazos y me fui a dormir como un tronco, durante aquella semana nos llamamos varios días con mi hija, el viernes por la tarde me llamó para decirme que se venía a pasar una semana conmigo, le dije que si su madre no estaba bien se quedara con ella, me aseguró que había sido la misma Sandra quien la animó a venir, me ofrecí para ir a buscarla y me convenció para que la esperara en la estación de autobuses. Al llegar a mi casa le di las llaves del apartamento.

YO: Mejor que las tengas tú, si quieres podéis ir con tus amigas o con quien quieras a pasar un rato.

SANDRITA: Me están dando unas ganas de ir a vivir sola.

YO: No, eso no, tienes que estar con tú madre, con que este yo solo ya hay bastante.

SANDRITA: Vale, pero tú, solo, solo, no estarás ¿no?, alguna mujer se dejara caer por aquí de tanto en tanto.

YO: Hace muchos meses que ya no estoy para eso Sandra, o es tú madre o ninguna.

SANDRITA: Pues no es por desanimarte, pero si esperas a mi madre lo tienes claro.

YO: Lo sé, Sandra, lo sé.

Pasamos una buena semana juntos conociéndonos mejor, la fui a dejar de vuelta en la estación de autobuses y me quedé solo de nuevo en casa sin querer pensar demasiado ni en Sandra ni en nada.

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