MOISÉS ESTÉVEZ

…Esperó pacientemente durante más de tres horas antes de que
empezara a detectar movimiento, abajo, en el valle. Los vehículos, todos
negros, blindados y con los cristales oscuros, iban llegando, por lo que se
colocó posición: tumbado boca abajo, piernas separadas, arma sobre el bípode
y ojo derecho oteando a través de la mira telescópica.
En apenas dos minutos llegó el todoterreno en el que iba su objetivo,
puntual a la cita, una discreta reunión entre personas influyentes, en aquel
lugar, una mansión de dos plantas, grande, vetusta, apartada de la civilización
y miradas indiscretas.
Toda la información recabada era correcta, no dejando margen a la
improvisación.
Se abrió la puerta trasera derecha del vehículo y aquel hombre, joven,
alto, elegantemente vestido con traje azul y gafas de sol, le dio las gracias a su
chófer mientras se abotonaba la americana. Fueron sus últimas palabras, antes
de que el sicario cumpliera con su cometido, y llevara a cabo el magnicidio…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s