ALMUTAMID

Era una situación extraña. Ambos tumbados abrazados en la cama, desnudos pero aparentando estar enfadado el uno con el otro. O mejor dicho, yo enfadado con Claudia y ella con el mundo. Nuestra pareja aparentemente perfecta estaba en crisis y no era ni porque ya no nos quisiéramos, ni por falta de deseo, ni por terceras personas sino todo lo contrario. Nos deseábamos tanto, nos necesitábamos tanto que la separación, aunque ambos sabíamos que era necesaria, nos rompía el alma.

La juventud exagera siempre los sentimientos exaltado tanto lo sublime como lo normal. Nos quedaban semanas de estar juntos como para montar aquel drama. En el fondo lo que se desmoronaba, al menos en mi caso, era el sueño de convivir con la chica de mis sueños. Tras un curso entero de admiración y deseo por la chica que yacía a mi lado el final de curso había sido una ruleta rusa en la que todo se había terminado poniendo de mi parte y llevaba un mes sintiéndome el ser más dichoso de la tierra, con la novia perfecta y un futuro prometedor. Ahora todo se iba al traste. Mi novia se iba un año fuera pero no me quería dejar. ¿Por qué me sentía tan mal?

Pero a ello se me sumaba una desazón. Se estaba desmontando la imagen ideal que yo había ido formando de Claudia a lo largo del curso. De su indiferencia y afabilidad a principio de conocernos pasó a convertirse en mi mejor consejera. Una amiga fiel que te reñía cuando te equivocaba pero te consolaba cuando te derrumbabas. Siempre dispuesta y siempre firme. Ahora mi chica se mostraba como una persona insegura. Evidentemente temía perderme y aunque desde el principio se había mostrado como una persona que disfrutaba con el sexo de forma natural en los últimos días sabedora ya de nuestra separación había utilizado el sexo como una fórmula para ganarme, como si ya no me tuviera ganado. La Claudia desinhibida y juguetona de la playa en los días del torneo se había convertido en una Claudia casi calculadora que usaba las situaciones morbosas no como juego libre entre dos iguales sino intentando demostrar una sumisión a mis deseos que yo nunca le había pedido. No tenía necesidad de aofrecerme su culto para asegurarse mi deseo por ella.

No voy a negar que aunque una vez metidos en faena romperle el culo no me estaba suponiendo nada especialmente divertido ni morboso, seguramente por el contexto en que mi chica me lo ofreció, había sido una de mis fantasías. Pero como suele pasar con otras cuestiones, así no. No quería que pensara que la deseaba porque tenía su cuerpo a mi antojo. Ella no. No me habría importado cumplir esa fantasía aunque hubiese sido dolorosa para la chica con cualquier otra en un arrebato de sexo, pero ella no. Ella era mi diosa, la chica de mis sueños, mi compañera. Y descubrir que me ofrecía sexo por cariño o como compensación por algo que ella entendía que me sentaría mal me tenía enfurecido.

Acababa de descubrir que el sexo por amor era el más bonito, pero también el más complicado. Adoraba a la dueña del cuerpo que abrazaba a mi lado tanto como en ese momento me enfadaba su falta de confianza en mí o mis intenciones con ella. ¿Qué había sido de la chica firme de la residencia?

¿Pero cuál era la causa de mi enfado? ¿Que se fuera? ¿Que me ofreciera sexo para compensarme? ¿Que su actitud cambiará por miedo a mi reacción? Ni yo mismo lo sabía. Pero estaba enfadado a la vez que me moría de ganas por tenerla conmigo. Supongo que en eso consisten las peleas de enamorados. ¿Quién daría el paso para pasar página? ¿Podría el orgullo? ¿Qué le iba a decir?

-¿Te duele?- fue lo primero que se me ocurrió preguntar cariñosamente.
-No…lo estabas haciendo bien.
-No quería hacerte daño. No quiero…me duele hacerte daño…
-No lo estás haciendo. Sólo estábamos probando, gordo…

Que bien me sonaba ese “gordo” ahora.

-Pero me enfada que hagas algo que no te apetece sólo por compensarme…

Claudia se incorporó bruscamente sentándose de lado a mí apoyando sus manos en sus rodillas.

-¿Compensarte por qué?-preguntó con cara de pocos amigos.
-Pues como te vas, he creído que me estabas ofreciendo hacerlo como premio, yo que sé…
-Luis, tú flipas…¿crees que te estoy vendiendo mi culo por pena porque me voy y no quiero que me dejes? Tú de verdad que flipas…te lo estoy ofreciendo porque eres mi chico, llevamos juntos tiempo y lo pasamos bien. Te noté tan tradicional en la playa con los hippies y tal y con la chica aquella que he querido buscar algo más de morbo en la nuestras relaciones y por eso te la comí en el parque y hoy que tenemos cama y dormitorio era el momento de probar cosas nuevas…
-Vale. Me estas diciendo que yo sólo me he montado la película…
-Luis, yo quiero estar contigo pero voy a aprovechar mi oportunidad. Si me acompañas en esta aventura seré muy feliz pero no voy a cambiar mi rumbo por tus películas. Te lo dije muy claro cuando empezamos. Tengo 19 años, demasiado pronto para decidir trastocar mi vida por una relación. Me gustas más que nunca nadie y te quiero, pero no pienses que toda mi vida gira en torno a tí. No quiero girar, yo quiero avanzar contigo en paralelo. Tú decides si me acompañas…

Ahora sí que flipaba de verdad. Me había dadp demasiada importancia a mí mismo o quizá a nuestra relación. Claudia tenía razón. Éramos demasiado jóvenes y nos quedaban demasiadas cosas por vivir y muchos obstáculos. Yo no era un fin para ella como ella se había terminado convirtiendo para mí. Me dejaba claro que podría ser prescindible y que la vida continuaría. En el fondo ahora me estaba haciendo más daño que con la película que yo me había montado pues me estaba dejando claro hasta donde llegaba lo nuestro. ¿Exageraba yo? Claro. Un amor de 19 años no se racionaliza. ¿Cómo sería capaz de llevarlo? Desde luego con lo que acababa de decirme no iba a mostrar la debilidad que realmente tenía y mi dependencia de ella. Así que busqué un modo poco humillante de salír victorioso.

-¿Y no me vas a echar de menos?-dije con voz lastimera.

Su rostro se ablandó y me dijo:

-Muchísimo, gordo. A lo mejor tú con tantas amigas eres el que no me echas de menos…
-Bah, a saber que haces tú con esos italianos vestidos de Armani y como Ferraris…
-¿Qué tonto eres? A mí eso no me impresiona, ¿Dónde está tu Ferrari?
-Aquí…-le dije agarrándome el nabo.
-Jajajaja
-Y este Ferrari va a terminar la carrera….
-¿Qué carrera?
-Te voy a reventar el culo a pollazos…
-Tan seguro estás…
-Totalmente…-respondí agarrando su teta y pellizcando el pezón.

Claudia se mordió el labio y agarró mi “ferrari”. Estaba tieso y con media sonrisa cogió la crema hidratante y empezó a extenderla por mi polla pajeándome suave. Cuando terminó de extenderla se incorporó para sentar se sobre mí pero echó las piernas hacia adelante para que que yo sostuviera con la mano mi polla lubricada hasta colocar su ano sobre ella sosteniéndose con los brazos. Aún debía estar dilatada pues el glande entró son problemas pero cuando empezaba a entrar el tronco se detuvo con el rostro contraído .

-¿Te duele?
-Espera. Que me estoy haciendo a su ancho.

Con la postura veía su coño abierto mientras un trozo de mi polla se perdía dentro de su ano. Pensé que excitarla ayudaría y alargué mi amno libre hasta su raja. Metí mi dedo corazón sin problema. De nuevo la sensación extraña de tocar mi polla a través de las paredes de su año y su coño. Con mi gesto se relajó y se dejó caer clavándose toda mi polla en el culo con un gemido mezcla de dolor y placer. Contraída la cara y sus gemido eran a ahogados . Yo seguía clavando mi dedo hasta que soltó todo el aire de sus pulmones y con el rostro aún encogido me dijo:

-¿Ves Luis? Mi culo ya es tuyo…¿te gusta?
-Me encanta…¿te duele?
-Siento la piel tirante y me arde pero no te muevas, así creo que me acomodaré.

Empecé entonces a pajearla con mi mano. Claudia echó la cabeza atrás apoyada en sus brazos e insertada en mi polla mientras me ofreció su chocho para el deleite de mi vista y mi mano. Entregada al placer movía ligeramente sus caderas transmitiéndome un ligero roce a mi polla apretada en su recto mientras sentía mi dedo empapado en su coño. En apenas 5 minutos empezó a gemir fuerte a cada roce de mi dedo y sentí como sus muslos se contraían. De golpe soltó un gemido ahogado muy ronco y sentí como de su raja salía un líquido transparente y caliente que se derramada por mi pubis .Se estaba corriendo enculada por mí.

La cara de placer de mi chica caída hacia atrás con los ojos cerrados y las contracciones ya conocidas por mí me envalentonó. Hasta el momento mi polla había sido un instrumento más de morbo que de placer. La sentía aprisionado en su recto y las contracciones de su orgasmo habían provocado que su año intentará igualmente contraerse aprisionado más mi tronco duro. Pero mi glande apenas recibía placer. Como digo era una cuestión más de morbo que de placer. La estimulación era más visual que sensitiva pues veía mi polla ensartada en su culto y su chocho abierto y empapado mientras sus piernas temblaban y los brazos con los que se apoyaba le fallaban.

No esperé a que los efectos de su orgasmo pasarán y cuidando de que no se saliera mi polla de su año la dejé resbalar entre mis piernas recogiendolas para poder quedar de rodillas y así ser yo quien controlará la penetración. Claudia se dejaba manejar en esa especie de letargo que sufría o más bien disfrutaba durante sus orgasmos. Para poder moverme dentro de ella coloqué sus piernas apoyadas en mis hombros de modo que sus rodillas se apoyaban en sus tetas.

Empecé a bombear. El lubricante funcionaba y mi polla se deslizaba dentro de su ano. Era una sensación diferente pues echaba de menos la humedad y flexibilidad de su coño. Sin embargo al moverme la presión de su recto presionaba mi glande generándose el placer que buscaba. La mente juega bastante en el sexo y el saber que estaba invadiendo un sitio prohibido y que mi chica me había propuesto profanar me tenóa sobreexcitado. A ello se agregaba el rostro permanentemente contraído de mi chica que a cada envestida mía se apretaba más aún en un gesto que no sabría definir si era de placer o de dolor pues soreprendentemente mi novia follaba en silencio. De su boca sólo salía el aire exhalado de sus pulmones y leves quejiditos aparentemente de placer en una situación de aparente éxtasis o entrega.

Yo por contra me estaba viniendo cada vez más arriba acompañando mis golpes de cadera con gruñidos y alguna frase de macho en celo:

-Mira como vuela mi Ferrari…¿te gusta que te de caña? Ten, grrrrr, mmmmm…..

En ese contexto era previsible un polvo breve, hecho que se vió confirmado al sentir su mano rodear con dos dedor el tronco d emi polla en el momento que entraba en su culto y al bajar la mirada comprobé que con la otra acariciaba su coño. No hablaba pues estaba concentrada en las sensaciones que le proporcionaba mi enculada algo brusca en ese momento.

Como no pudo ser de otro modo las sensaciones de mi polla llegaban a mi mente más nubñandola que iluminándola cuando empecé a decirle:

-¿Querías que te reventar a él culo? Mmmmmm. ten, ten…

Así en unas pocas envestida más empecé a soltar lefazos entre estertores de placer dejándome caer sobre ella que debía estar en posición incómoda con sus piernas totalmente abiertas y pegadas a su pecho, mi peso aprisionándola con mi cabeza sobre la suya, aunque podía sentir su mano moviéndose entre mi barriga y su coño. De este modo me vacié dentro de su culo hasta quedar rendido, pero mientras la besaba sintiéndolo como ausente su mano se detuvo y empezó a temblar de nuevo. Otra vez el líquido caliente salió empezando mi barriga y escurriendo por su entrepierna hasta empeparme las pelota pues mi polla seguía clavaba en ella. Temblaba y convulsionaba bajo mi paso con gemidos sordos y respiración agitada. Mi polla empezó a perder tamaño y se salió de ella arrastrando mi corrida. Pero cuando me levanté liberando a Claudia de mi peso mi chica relajó la postura incómoda aunque o su rostro. Se mordía el labio inferior y tragaba mucha salida con la cara contraída. Sin embargo, me asusté, pues al retirarme de su año resbalaba un hilillo mezcla de semen y sangre.

Me asusté un poco pero como suele pasar en estos casos preferí no alarmarla. De hecho me limité a levantarme de la cama y observar sus gestos. Los habituales tras nuestros polvos. Claudia estaba totalmente floja, abandonada, con so rostro contraido en una mueca que podía ser de placer o de dolor. Preferí inclinarme por lo primero y tras coprobar el estado poc higiénico de mi polla morcillona me dirigí al baño por papel higiénico y haciendo una almohadita con él se lo coloqué por donde chorreaba la mezcla de grumos de semen y sangre bajo su ano dilatado. Le besé la frente sin que reaccionara y me fui a darme una ducha rápida y limpiarme bien.

Durante la ducha medité sobre todo lo ocurrido. Su marcha. Mi cabreo. El sexo anal. El dolor que podría haberle provocado. Estaba inseguro ante como reaccionar. Salí del baño con la toalla anudada a la cintura y regresé a la cama. Todo seguía igual.

-Claudia., lo vas a poner todo perdido…

No respondió. Me senté a su lado. Insistí. Sin abrir los ojos mi chica movió el brazo chocando con mi muslo y sin esperarmelo me dió un manotazo fuerte.

-Cabrón, me has reventado…-dijo con media sonrisa sin abrir los ojos.
-¿Te he hecho daño?-pregunté asustado.
-Literalmente me has partido el culo…
-No tendríamos que haberlo hecho…pero te has empeñado.
-Quería probarlo…contigo…
-Estás loca, Claudia…ven que te ayudo.

La ayudé a levantarse haciendo gestos de dolor. Llegaos hasta el baño mientras mi chica intentaba qu no escurriera todo el contenido de su recto y admito que se escapaba algún olor poco agradable. Me echó del baño para tener intimidad para asearse y yo la esperé inseguro e impaciente sentado en la cama.

Tardó bastante pero al salir estaba cariñosa y recibió con ganas mi abrazo envolvente y mis besos.

-Perdóname Claudia…
-No tengo nada que perdonar, no has hecho más que lo que te he ofrecido aunque me has dado fuerte, cabrón, jajaja…
-Me vine arriba…
-Me encanta cuando te pones así, pero creo que no vamos a repetir, me ardía el agua al limpiarme.
-¿Pero tú has disfrutado?
-Me he corrido dos veces ggordo, y bien, pero ahora me duele, me arde…tu pollón me ha reventado.
-Ven aquí princesa…

La ayudé a tumbarse y se quedó dormida sobre mi pecho mientras yo acvariciba su cabello y dibujaba con mi dedo el contorno de sus caderas y sus pechos. Ya los echaba de menos y los tenía conmigo. No sé porqué me vino de nuevo el enfado anterior, el pensar que su marcha sería nuestro fin, aunque a la vez decidí no mostrar ese sentimiento y dejar que el tiempo mandara y no mis prejuicios.

Lo cierto y verdad es que se despertó totalmente incómoda y cuando entró al baño lo pasó bastante mal. Viendo que no podíamos follar me llevó por la mañana en autobús a hacer turismo. De vez en cuando notaba un gesto de dolor y me sentía culpable. Si el sexo anal era así no merecía la pena. No soy un macho que necesite dominar a su hembra para estar agusto. Ni había sentido el morbo que pensaría que sentiría ni el placer experimentado merecían el daño aparentemente provocado.

Me disculpé varias veces con ella pero siempre me negaba la culpa. Pero no estaba disfrutando con la situación. Me sentía mal por todo. Y cuando tras la entrega de los trofeos a los ganadores del torneo me acompañó a la estación de ferrocarril no fue una despedida como las anteriores. Fue más silenciosa. Con alguna disculpa todavía. Me abracé a ella sin decir nada como si ya no nos viéramos más a pesar de haber hecho planes aquel verano. Parecía que nuestra relación empezaba a torcerse por culpa de lo mal que yo aceptaba que se fuera acompañada de un mal paso sexual. Mi diosa era mortal y yo estaba empezando a no saber gestionarlo. Necesitaba de ella más de lo que ahora encontraba. Mi idealización se derrumbaba y en vez de reforzarme como su compañero de fatigas empezaba a alejarme de ella. Y yo era consciente y en mi mano estaba cuidar la relación con alguien tan maravilloso como Claudia.

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