ANDER MAIS

Capítulo 18

¡Llámame Riqui!

—Estás muy guapa, amor. ¡Qué bien te ha dejado Luisa! —le dije, mientras me acercaba a ella y la abrazaba desde atrás, mirándonos juntos en ese espejo y besándola por el cuello.

—¿Sí, amor?, ¿te gusta…?

—Sí… —le repetí, dándose ella la vuelta, y juntando de nuevo nuestros labios apasionadamente.

Juntos, nos tumbamos en la cama. Desde allí, escuchamos como Erika se despedía de su madre, y ésta le advertía, con voz autoritaria, que no volviese mucho más tarde de la hora que lo hacía su padre. Luego Luisa se quedó en el salón, viendo la tele.

Yo, al oír esto, le pregunté a Natalia:

—¿Tú crees que tu tía sospecha lo de Erika con Juanjo?

—¿Qué si lo sospecha?Je, je, je…—Natalia rió de forma maliciosa—. Seguro que lo sabe todo incluso. Pero se hace la loca… Mi prima es así, de siempre. No tiene remedio… Puede tener unas épocas un poco más tranquilas, con novio, pero al tiempo siempre acaba poniéndoles los cuernos y viéndose con otros… Así ha pasado siempre —continuó contándome, como resignada por el carácter de su prima.

Allí tumbados los dos, en silencio, comencé a sobarla. Fui metiendo mi mano bajo su vestido y llegué hasta las bragas del bikini que llevaba puestas. Ya no llevaba el tanga que esta mañana le había pasado yo en al baño. Se había cambiado. Se tuvo que poner un bikini al irme yo. La noté húmeda. Pero como si no fuese un mojado reciente. Se me vino a la mente, de nuevo, qué habría quedado haciendo en el jardín cuando me fui.

Seguí magreándola cada vez con más ímpetu. Ella se dejaba hacer. Reclinó su cabeza hacia atrás, queriendo dejarse llevar y disfrutar de mis dedos acariciando su coño, por encima de la tela. Parecía relajarse mientras la tocaba. Le subí la falda del vestido, hasta un poco más arriba del pubis, y descubrí sus bragas. La aparté hacia un lado hasta poder ver su chochito…

Comencé a sobarlo despacio, con delicadeza. Ella recibió mis dedos sobre él, con unos leves gemidos, mordiéndose sus labios mientras cerraba los ojos. Pero yo ya estaba otra vez con lo mismo en mi cabeza: ¿qué o a quién se estaría imaginando? Todos mis deseos, pero a la vez mis miedos de antes, parecieron regresar de golpe…

La vi allí, tan entregada a mí, tan preciosa, que todos aquellos morbos vividos al sentirla deseada por otros retornaron a mi mente. Descubrí que ya no podía escapar de ellos aunque quisiese. Estaba totalmente enganchado a verla deseada por otros. No lo podía evitar.

Bajando del pinar, había decidido dejar todo esto. Pero, en aquel momento, me di cuenta de que ya no podía cortarlo de raíz. Era demasiado lo que me excitaba. Decidí coger un poco el toro por los cuernos, nunca mejor dicho, y detuve la paja que le estaba haciendo a mi chica para decirle:

—Cariño, ¿te gustó todo lo que hicimos en los días de vacaciones en la playa? Sé sincera…

—Sí, mi amor. Fue posiblemente la mejor semana de vacaciones de mi vida… Disfruté mucho. Y cómo te dije antes, tengo la pena de no habernos quedado al menos una semana más por allí. ¡Nos equivocamos viniendo aquí! —me contestó, dándome un piquito en los labios.

—Sí… A mí me encantó también. Sobre todo una cosa, vida… —le dije, con tono tímido, y dudando si debía decirle lo que quería contarle: qué sabía lo que había hecho con Riqui, pero que en parte me excitaba…

—Dime, cariño, dime… —me replicó, susurrante, mientras me besaba con creciente calentura.

—Es que… ¡no sé cómo decírtelo!

—¡Dime vida!… no te cortes… ¿Qué te gustó tanto?, ¡dime! —Se hizo un poco el silencio entre los dos—. ¡Ah!… ¡ya lo sé! Verme enseñar las tetas en la playa. ¿A que sí? ¿A que es eso? —contestó, sacándose de golpe las tetas del vestido, y enseñándomelas mientras se las comenzaba a sobar por completo.

—Sí, claro, eso mucho… Pero es otra cosa más, aparte de eso…

—¿Qué otra cosa, amor? ¡Dime, por favor!

Me quedé unos segundos callado, con miedo a lo que pretendía contarle. No sabía cómo se lo tomaría, pero no podía seguir más con esto dentro. Debía confesarle mis fantasías. No quería esperar más y que sucediesen cosas sin mi control. Tenía que empezar mi confesión por algún lado.

Con voz entrecortada y nerviosa, le confesé:

—Me excitó mucho verte bailar con Riqui, la otra noche… Verle cómo te miraba; cómo te tocaba y parecía desearte, me puso muy cachondo. Además, estabas preciosa con aquel vestido. Me dio pena cuando luego se tuvo que marchar con su amigo. Me hubiese apetecido seguir viéndoos bailar, la verdad…

Natalia llevó los ojos a sus tetas desnudas y, mirándome luego con cara de extrañeza, me preguntó:

—Pero… ¿cómo es eso?… ¿Te excita que otros me deseen?

—Sí, bueno, algo así, cariño. Pero me da una vergüenza horrible confesártelo. Pero es así. No lo puedo evitar… Ver cómo otros te miran, y sentir que, si pudiesen, desearían follarte, me excita muchísimo.

—Bueno, Luis, pero yo bailé con él sólo por divertirme. En ningún momento lo hice para calentarle, ni nada parecido. Yo, si le provoqué o algo para que me tocase, lo hice por la borrachera que tenía. No me dí ni cuenta. No lo hice a propósito… —exclamó ella, como excusándose por lo de la otra noche, como sorprendida porque yo me hubiese dado cuenta de todo lo que hizo mientras bailaban. Parecía sentirse algo culpable.

—No hiciste nada malo que me incomodara. Si lo hubieses hecho, te hubiese dicho algo. ¿A ti te gustó sentirte deseada? —proseguí.

—Yo no lo hice a propósito, te dije. Seguro todo fue fruto del alcohol. Pero sí, me gustó un poco. Me sentí guapa. Sólo eso. Yo no deseo a ningún chico que no seas tú. Ya lo sabes. Te amo mucho… — contestó, dándome otro piquito.

—Lo sé… Y quizá sea por eso por lo que me pasa ésto. Sé que me quieres tanto y tengo tanta confianza en ti, que eso me hace no tener miedo a que me dejes por otros. Por eso siento morbo y orgullo que otros te deseen, sabiendo que eres mía y me amas… Seguro que todo esto, si mi novia fuese tu prima Erika, no me pasaría. ¡Sois tan distintas! —le dije, volviendo al instante a sobarle de nuevo el coño y luego los pechos

Ella no dijo nada y se dejó hacer de nuevo. La noté todavía más cachonda que antes. Como si aquel morbo mío que le acababa de contar, la excitase tanto como a mí. No pude evitar sentir un hormigueo por mi estomago al ver que mi confesión me había salido bien. ¡A ella también le daba morbo aquello! Se notaba. Solo tenía que ir soltándole poco a poco más cosas de las que sabía, y que ella perdiese el pudor a compartirlo conmigo.

Nos besamos con morbo. Ella comenzó a meterme la lengua, con decisión. Y eso en ella es síntoma claro de estar cachonda perdida. En ese momento, pude descubrir que mis palabras debieron ser una liberación para ella. Todo lo que ella había hecho con Riqui, tanto lo que yo sabía y lo que aún solo intuía, debían tenerla preocupada y hacerla sentir culpable por estar haciéndome daño. Pero aquello, cambiaba un poco las cosas. Ya quizá, en sus pensamientos, no sería tan malo lo que había hecho.

Mientras le acariciaba su sexo de nuevo, fui bajando por su cuello hasta llegar a sus tetas. Las comencé a lamer y estrujar, con ansias, mientras ella me susurraba:

—¡Cómetelas, amor, cómetelas! Chúpame los pezones. ¡Vamos!… .

Continué recreándome un rato sobre sus tetas, lamiéndolas con deseo.

A ella, cuando está excitada por completo, sé que le encanta que le coma, le sobe y le estruje fuertemente las tetas. Aunque no lo diga con descaro, sabe que posee unas tetazas de impresión y goza viéndome cachondo perdido disfrutando de ellas. Sabe que la naturaleza le ha dado una máquina de provocar y, cuando quiere, la sabe usar para su disfrute…

—¡Dios, qué tetas tienes cariño! No me extraña que te las miren tanto —le dije, mientras seguía sobre ellas, babeaba y casi mordía sus pezones.

Natalia no decía nada; sólo parecía dejarse llevar y disfrutar, ahogando sus gemidos para que no la oyese su tía. De repente, se dejó de oír el ruido del televisor del salón y, el sonido de unos pasos, escaleras arriba, nos avisaron de que Luisa se acercaba a la habitación.

Apresurada, Natalia se recolocó el vestido, tapando sus tetas, al escuchar un «toc, toc», en la puerta…

—Chicos, salgo un momento, vale… Erika se fue hace ya un rato a dar una vuelta. Os quedáis solos. Yo volveré en un par de horas o así. ¡Nos vemos! Chao… —Oímos decir a Luisa, tras la puerta.

—Vale, tía, gracias… Nosotros tal vez salgamos a dar un paseo dentro de un ratito… —contestó Natalia, con una media sonrisa en su boca.

Al momento, la tía salió con el coche.

Natalia y yo nos miramos con cara de picardía. Como si nuestras miradas se cruzaran al unisono, en un pensamiento y deseo mutuo: ¡estamos solos por fin! ¡Vamos a follar!

Volvimos a besarnos como locos. Mi chica, como una “perra” en celo, fue buscando mi entrepierna y me desabrochó la cremallera del pantalón corto que llevaba. Ya iba directa a sacarme la polla, cuando la frené para decirle:

—Cariño, hace un tiempo que tengo un fantasía y ahora me encantaría poder llevarla a cabo… Es relacionada con lo que te conté antes. ¿Me la harías realidad?

—Sí, dime, a ver… ¿De qué se trata? —asintió, acariciándome la entrepierna por encima del pantalón, pero con cara de enorme intriga por saber qué le iba a pedir.

Entonces, raudo, me levanté de un salto de la cama y comencé a revolver en su maleta…

—¿Pero qué haces, amor? ¿Se puede saber qué buscas…? —me preguntó, con ojos curiosos.

—Una cosa… Ahora lo veras.

Al cabo de un momento, y doblado debajo de unas camisetas, encontré por fin lo que buscaba: el vestido escotado que había llevado y estrenado ella el día de la fiesta; el día que se enrolló con Riqui…

Lo cogí en mis manos, lo desdoblé y lo olí. Aún conservaba algo del perfume de aquel día. Se lo mostré a Natalia y le dije:

—Por favor, cariño, póntelo sin nada debajo; como ibas aquel día… ¡Quiero follarte con él puesto! La otra noche no pude hacerlo.

Natalia me miró con extrañeza y, levantándose y colocándose a mi lado, me preguntó:

—¿Y ésta es tu fantasía?: ¿follarme con este vestido puesto…? Vaya, creí que sería algo más rebuscado. ¡Trae anda, que me lo pongo!

De inmediato, se comenzó a despojar de toda la ropa que llevaba y enseguida se quedó en pelotas, con el coño rasurado por completo y esos dos “melones” colgando. No pude evitar coger esas dos tetas con mis manos y moverlas, como si midiese su peso.

—¡Qué bien te quedaba este vestido con estas tetazas! Bufff… ¡Cómo ibas el otro día! —Cada vez estaba más excitado.

Me quitó el vestido de las manos y se lo comenzó a poner.

Cuando se lo colocó del todo, se dio la vuelta y se miró en el espejo. Yo me puse tras ella, y le comencé a sobar sus tetas desde atrás. Luego, totalmente excitado, y mientras levantaba la falda del vestido y acercaba mi duro miembro a su culo desnudo, le dije al oído:

—¡Joder, tía, cómo estás! No me extraña que todos te miren. ¡Todos desean follarte! Puedo verlo a cada paso que das; y en cada mirada de todo hombre que se cruza por tu lado. Todos te devoran las tetas con los ojos. Y yo no puedo hacer otra cosa que excitarme con ello. ¡Tía, estas tremenda! ¿No notas cómo se me ha puesto la polla sólo de recordarlo?

—Sí… —gimoteó sensualmente—, ¡qué dura la tienes, cielo!

—Natalia, ¡siéntate en la cama!

La agarré de las caderas y la senté al borde de la cama, agachándome luego para abrirle bien las piernas y subirle el vestido, descubriendo su sexo. Me levanté, y bajé mis pantalones ante su atenta mirada. Mi polla ya estaba dura como una piedra. La coloqué ante su cara y se la acerqué a la boca. Ella sacó su lengua y comenzó a lamerme con delicadeza sólo el capullo…

—¡Cómo la tienes hoy, cariño! Sí que te excita verme con este vestido, sí… —me susurró, mientras se comenzaba a meter un poco más de mi polla en su boca.

—Uffff, sí, chúpala, diossss. Síííí…— Eché mi cabeza hacia atrás, disfrutando del comienzo de la mamada.

Continuó una lenta y suave felación, succionando despacio mi pene, lenta pero incesantemente…

Pero, de repente, llevado por la excitación, vi la oportunidad y le dije:

—Cariño, te voy a contar cual es la verdadera fantasía, más allá de ponerte este vestido…

—Dime, amor, ¿cuál es? —Ella salivaba sin parar y recorría todo mi miembro con su boca…

—Sí eso, ¡chúpamela como si fuese Riqui! ¡Llámame Riqui! ¡Imagínate que soy él! Vamos Natalia, eso me pone loco…. mmmmm….

Ella sacó de golpe mi pene de su boca, y me miró con una cara de sorpresa y miedo a la vez. Solo me dijo:

—Pero…. ¿por qué quieres que haga eso? ¿Cómo te ha dado por eso? No te entiendo…

—Tranquila… Tú sigue chupando y déjate llevar. Hazme caso… no pasa nada.

Natalia retomó la mamada y siguió como si nada. Yo comencé nuevamente a recrear en mi cabeza esas escenas del aparcamiento con Riqui, e hice lo mismo que él: liberé las dos tetas de mi chica y miré como colgaban, bamboleándose adelante y atrás como dos campanas mientras me comía la polla. Al momento, la cogí de las caderas y la coloqué a cuatro patas sobre la cama…

Ella se dejó hacer. Le levanté la falda hasta descubrir su culo. ¡Qué rico se veía allí! En pompa. Con el coño asomando por atrás como pidiendo ser chupado o follado. Me agaché y le lamí su sexo en aquella postura. Hice lo que hubiese deseado hacer Riqui, aunque al final él no pudo… Pero yo sí.

—¡Métemela, cariño, por favor! ¡Méteme esa pollaza, joder! ¡No ves que estoy empapada! Rápido, no vaya a venir alguno de mis tíos y me dejes a medias… —me suplicó ella.

—No, no te la voy a meter todavía. Vas a tener que pedírmelo por mi nombre… —le dije, mientras seguía con mi lengua en su coño.

Una retorcida idea había invadido mi mente: quería follármela recreando ser Riqui. En aquel momento, el morbo me inundó de nuevo. Aunque sentía que quizá al terminar me fuese arrepentir de todo.

—¡Métemela, Luis.! —Fue lo que me contestó ella.

—No, yo ahora mismo no soy Luis. ¡Di mi nombre! ¡Vamos, dilo!, si quieres que te folle…

—¡Venga, cariño, métela ya por dioooosss! Déjate de chorradas… —exclamó Natalia, moviendo su culo, excitada. Se mostraba con muchos recelos a obedecer a lo que le pedía.

—¡Vamos, dilo! Es muy fácil… Sólo di mi nombre y te la meto al instante —le dije, acercando mi polla a la entrada de su sexo.

Ella se quedó callada, e intentó meterse ella misma mi miembro, retorciendo su coño contra él… Yo me aparté un poco hacia atrás.

—¡Vamos, zorra! Di mi nombre y te la meto… ¡¡Vamosssss!! —le dí una fuerte nalgada en su trasero.

—¡Venga, joder, MÉTEMELA, MÉTEMELA! ¡Vamos, Riqui, fóllame! ¿Es así como te llamas…?: ¿Riqui? ¿Ese es tu nombre? ¡Pues fóllame, cabrón! —exclamó ella, casi gritando y arqueando su espalda, mirando hacia a mí con cara de guarra.

—Sí, joder, eso es… ¡Toma, cabrona! ¡Toma mi polla! ¿Esto el lo que quieres? ¡¡Pues tómalaaaa….!! —Se la metí de una sola estocada en su coño…

—¡¡Sí, fóllame fóllame…!! —Natalia comenzó a gemir cada vez más fuerte y de una forma más desatada si cabe. Parecía tener ansias contenidas, como si hiciese tiempo que no follase o como liberada de un morbo profundo que quería sacar a la luz.

La agarre por las caderas, y choqué mi entrepierna con ímpetu contra sus nalgas. El sonido del chapoteo de mi pelvis golpeando contra ellas se tendría que escuchar perfectamente desde abajo. Si llegase alguien de repente, podría oírnos follar perfectamente.

Le di un nuevo par de azotes y, después de unos cuantos arreones más, saqué mi polla. Me tumbé sobre la cama y ella se colocó encima de mí, dándome la espalda e introduciendo de nuevo mi durísimo miembro en su coño. Yo la ayudé con mi mano y, poco a poco, fui contemplando como iba entando; lenta pero decididamente… Ella se inclinó hacia adelante, apoyando sus manos sobre la cama, y se fue valiendo de sus brazos para cabalgar mi pene en aquella postura.

Mire al frente, y pude ver cómo botaban sus enormes y preciosos pechos reflejándose en el espejo del armario, que ahora quedaba justo frente a ella. La visión era espectacular: las tetas en el espejo y el ojete de su culo abierto ante mis ojos, a escasos palmos de mis cara. Mientras, la abertura de su coño iba tragándose de arriba abajo todo mi miembro…

«¡Zasss…!» una cachetada… «¡Zasss…!», otra más fuerte…

Seguimos un rato en esa postura y ella no paraba de gemir, poseída por el morbo, las ganas y el deseo. No sería raro que la pudiese estar oyendo cualquiera que pasase caminando al lado de la casa. Creí nunca haberla visto tan desatada y gritando tanto…

—¿Te gusta cómo te follo? ¿Te gusta cómo te folla tu Riqui, eh, nena? Tengo buena polla, ¿a que sí? —le dije, ya totalmente fuera de mí.

—Sí, sí que pollaza, sí… Me encanta como me entra —exclamó ella, aunque levemente camuflado entre sus jadeos—. ¡Sí, qué grande es, diosss! —añadió ahora, de la misma forma, pero llevó una de sus manos a acariciarme la polla y los huevos; con la otra comenzó a sobarse las tetas, al ritmo de la follada.

—¡Toma!, ¡disfrútala, zorra!… ¡¡Tomaaaaa…!!— Yo estaba fuera de mí y le decía cosas cada vez más fuertes.

Natalia no paraba de gemir y jadear, cada vez con mas ansias. Parecía a punto del orgasmo… Miraba hacia mí a través del espejo y me lanzaba miradas de lujuria. ¡Estaba gozando de verdad!, y se notaba.

En mí ya era tal la excitación, que me podría correr en cualquier momento. Aminoré un poco el ritmo. Ella se descabalgó de mi polla y se levantó de la cama. Se fue hasta el borde de la ventana, y se colocó apoyada junto al marco, con las piernas abiertas, ofreciéndome de nuevo su sexo…

La persiana estaba casi cerrada, sólo abierta unos 20 centímetros. Me coloqué tras ella y se la metí de nuevo, allí de pie… Con la primera envestida de mi polla, ella se golpeó la cabeza contra la persiana. No importó. Seguimos la follada. Los dos queríamos más…

—¡Dios, Natalia, qué culazo redondo y duro tienes! ¡Cómo me está gustando follártelo! Llevo con ganas de ti desde que te vi en topless en la playa y luego en mi pub. ¡Joder, que tetaaassss!… ¡Cómo te cuelgan, joder! —le dije, agarrando fuerte sus caderas y siguiendo en mi papel de Riqui, para luego apoyar mi cuerpo sobre su espalda y agarrarle sus pechos desde atrás.

—¡Sí, joder, Riqui, sí, sigue follándome! ¡Folla a esta putita! ¡Soy tu puta! ¡Fóllame toda! ¡Joder, no pareesss! —gritaba ella entre jadeos desatados.

—¡Sí, puta, toma! ¡Sé mi putita!

Durante unos breves instantes, la seguí follando con fuerza y en aquella postura, azotando de vez en cuando su culo. Y así, poseído del todo por mi calentura, cogí la correa de la persiana y la subí un poco, escasamente un palmo…

—¿Qué haces? ¿Estás loco? ¿Y si vienen mis tíos…? —exclamó Natalia en una mezcla de morbo y vergüenza.

—No va a pasar nada. ¡Voy abrirla otro poco más! —insistí.

Y abrí la ventana otro palmo… Ya podría verse la cabeza de mi chica desde afuera, a través de ella.

—¡Sigue gimiendo, puta!, ¡que oigan y vean los vecinos lo zorrita que eres! —Yo estaba totalmente fuera de mí. Estaba haciendo algo que nunca pensé que haría, pero el morbo de la situación y verla a ella entrarme al trapo me hizo perder el control de mis actos. La seguí penetrando, dándole un nuevo azote en su culo, con la intención de ver si de nuevo pasaban por allí los viejos que ayer paseaban por los alrededores de la casa. ¡Aquello era un locura, pero no podía parar!

Y Natalia continuaba con sus jadeos y gemidos. Ahora había agachado su cabeza y miraba hacia el suelo.

—Sigue por diosssss… —Era lo único que ella decía mientras “soportaba” mis tremendas envestidas. El morbo de que alguien la pudiese pillar, pareció excitarla a ella también—. ¡Dame fuerte, joder! ¡No pares! Estoy a punto…. estoy a punto, Luissss…

—¡¡NO!! ¿Cómo te dije que me llamaba? —Yo seguía fuera de mí y le recordé nuestro juego…

—Riqui, Riqui…. ¡Riqui dame con esa polla me voy a correr! —Los gemidos de Natalia casi se tornaron en gritos de placer. Fue algo increíble…

En cuanto la animé a nombrar a Riqui, note que un orgasmo, la recorría de arriba abajo. Temblándole las piernas. Ese tío la debía tener loca de morbo en sus adentros. En ese momento, a mí me llenó de morbo, pero sentía a la vez, que en cuanto se me pasase esta excitación sexual volverían a mi mente las inseguridades y los celos por lo que pudiese estar pasando entre ella y él.

La penetré varias veces más, y ya noté que un fuerte orgasmo me llegaba a mí también. Saqué mi miembro de su sexo y, en un movimiento, a la vez que me pajeaba para correrme, con la otra mano subí de un tirón la persiana hasta arriba del todo…

Casi la vez que el sonido del golpe sobre el tope de la persiana mi semen salió como un torrente de mi polla, bañando toda la espalda y parte del culo de Natalia. Se me escapó un fuerte gruñido de placer mientras, por la carretera, junto a la casa, aparecían dos señoras caminando. Giraron su cabeza hacía la ventana…

No llegué a descubrir si nos había visto, antes de que Natalia se tirase sobre el suelo de la habitación y yo me escondiese haciendo lo propio sobre la cama.

—¡Joder! ¡Son vecinas y amigas de mi tía! ¡Cómo nos hallan visto!… —exclamó mi chica, mientras se tumbaba a mi lado, limpiándose la corrida de su espalda y de su culo, y también los restos que quedaban en mi polla.

Exhaustos, permanecimos en la cama y, abrazados, nos quedamos dormidos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s