ECONOMISTA

Llegó 5 minutos antes de la hora a la que habían quedado. Sin bajarse del coche se echó un último vistazo por el espejo retrovisor. Por el camino se había ido poniendo caliente, la excitaba mucho pensar que iba a quedarse a solas con el viejo en su despacho y que se había vestido provocativa para él, pero no solo era eso, también su marido, el muy cornudo la estaba esperando impaciente en casa, no se había atrevido a preguntar nada, le tenía bien enseñado, pero se lo podía ver en la cara, estaba como loco porque pasara algo con Don Pedro y luego se lo contara con detalle.

Llevaba con el calentón acumulado desde primera hora de la mañana, o más bien ya era algo continuo, se levantaba por las mañanas excitada, con ganas de masturbarse. Solo pensaba en sexo. En Toni, en Víctor, en Don Pedro, en Lucas con Mariola. Se ponía a propósito unos pantalones ajustados para que los alumnos la miraran el culo en clase, desde que se vestía así terminaba las jornadas de instituto cachonda. Esa era la palabra.

Cachonda.

Todos los días se masturbaba o bien en su despacho, o en el baño, o en el coche. Y ya no le valía con hacerlo una vez. Eran dos o incluso tres veces diarias.

Esa tarde le palpitaba el coño, tenía las braguitas húmedas, la cara interna de los muslos desprendían calor y los pechos estaban muy duros y sensibles. Antes de bajarse del coche decidió quitarse el sujetador, no quiso hacerlo delante de su marido para que no fuera tan evidente que iba en plan buscona, pero en ese momento le pareció buena idea.

A cada paso hasta la puerta del instituto notó sus tetas libres botando bajo la camiseta y el roce con la tela hizo que se le marcaran los pezones. En apenas 20 metros caminando se le pusieron más sensibles si cabe. La puerta del instituto estaba cerrada y utilizó su llave para poder entrar. No había nadie, pero el instituto no estaba a oscuras, a primeros de Abril y a esa hora ya había suficiente claridad por los pasillos. Vió luz en el despacho de Don Pedro y fue allí directa sin pasar por el suyo. La puerta estaba abierta y el viejo estaba esperándola en su silla con el ordenador encendido.

– Te he oído llegar, los tacones suenan mucho por el pasillo, dijo Don Pedro a modo de saludo.

– Buenas tardes, dijo Claudia dejando la cazadora y el bolso en el perchero.

Don Pedro se quedó mirando al detalle su vestuario. Otra vez se había vestido provocativamente, quizás no tanto como la otra vez, pero con esa faldita de cuero parecía ir pidiendo guerra. Le volvían loco las medias de puntos negros, los botines con el tacón alto y que decir de esa camiseta, le hacían las tetas más grandes y gordas todavía e incluso parecía que no llevaba sujetador, le bailaban mucho al andar. De momento tenía que ir con cuidado, pero no pudo evitar empalmarse. Eso era ya una costumbre cuando se jefa de estudios entraba en su despacho.

Claudia cogió una silla y se puso a su lado. Fue directa a él. Eso era muy buena señal.

– ¿Le parece si hoy hablamos un poco del presupuesto anual y temas contables?, es lo que peor llevo, preguntó ella.

– Me parece bien, espera que abro aquí…ehhhh, si, aquí es…

Durante 45 minutos le estuvo poniendo un poco al corriente en temas administrativos, los gastos, amortizaciones, etc…Claudia con su Tablet no dejaba de tomar apuntes. De momento no era más que una reunión profesional entre el director y la futura directora. Nada más.

En el fondo Don Pedro estaba decepcionado, veía que pasaba el tiempo y Claudia no tenía ningún acercamiento, es verdad que estaba a su lado, casi pegados, pero ella mantenía la distancia y estaba muy concentrada en las explicaciones que iba recibiendo, incluso se le había bajado la erección. Cuando ella miró el reloj Don Pedro pensó que aquello había terminado, que se iba a ir, sin embargo y con un gesto natural Claudia lo hizo. Otra vez.

Se cogió el pie izquierdo para ponerlo sobre su propio muslo derecho en un cruce de piernas con el que dejaba la rodilla izquierda sobre el regazo de Don Pedro. Disimulando como que miraba la pantalla del ordenador aprovechó para acercar la silla más si cabe a la del viejo, que al mirar hacia abajo y encontrarse el muslo de Claudia le entraron los calores y se le volvió a poner dura.

No podía creérselo.

La tentación de bajar la mano era muy fuerte, pero no quería precipitarse, si Claudia estaba caliente y quería jugar, ella misma le iba a facilitar el trabajo. Solo tenía que ser paciente.

En cuanto se apoyó en las piernas de Don Pedro entró en erupción. El mero contacto con el viejo hizo que Claudia se pusiera fuera de sí, sin embargo, la última vez le había pegado un buen corte y él estaba muy pasivo, no se atrevía a tocarla, seguía con sus explicaciones como si nada. Entonces se acabaron las sutilezas, Claudia empezó a mover la rodilla sobre el paquete del viejo, lo hacía despacio, suave, con disimulo le preguntaba alguna cosa, pero lo que estaba haciendo había que llamarlo por su nombre.

Le estaba calentando la polla con su pierna.

Como él no daba el paso entonces fue Claudia la que puso una de sus manos en los huesudos muslos de Don Pedro, no había pensado hacerle nada, solo quería que el viejo la imitara y él hiciera lo mismo. Sin embargo, el director se mantenía firme, no soltaba el ratón del ordenador y seguía con sus explicaciones.

– Lo explica usted todo muy bien.

– Gracias Claudia, aunque no creo que le haga mucha falta, vas a ser una gran directora.

– ¿Tú crees?, dijo ella acercando la mano al paquete de Don Pedro.

– Seguro que sí.

– Tengo un buen maestro, dijo ella poniendo la mano casi sobre su bragueta.

“Venga cabronazo, baja la mano”, pensó Claudia que ya no sabía que más hacer para que el viejo se animara. Si seguían así no le iba a quedar más remedio que dar el siguiente paso. Directamente dejarse de tonterías y sobarle la polla, pero eso era demasiado, no quería llegar tan lejos. Le pareció ver que el viejo sonreía, quizás no estaban saliendo las cosas como ella había pensado y en ese momento se llegó a un punto de inflexión. Sabía que si cruzaba esa línea no iba a haber vuelta atrás. Pero Claudia no estaba dispuesta a irse del despacho sin un nuevo orgasmo, si lo hacía tal y como estaba sería humillante, se le estaba ofreciendo para que la sobara y el viejo la estaba rechazando.

Don Pedro era amable y educado, pero también tenía su orgullo, por unos instantes pensó en bajar la mirada a la mano de ella y decir “pero ¿qué haces?”, devolviéndola el corte que ella le había pegado en la anterior reunión, pero sabía que, si hacía eso, por muy cachonda que estuviera Claudia, ella se levantaría y terminaría con aquel juego. Para siempre.

Se recostó en la silla sin soltar el ratón y se dejó hacer, Claudia parecía dispuesta a todo, estaba cachondísima y ya no pudo aguantarse más, decidió poner la mano encima de su paquete y acariciarle con delicadeza. Luego le agarró la pollita por encima del pantalón y se la apretó haciendo que rodara por su mano, dejó de hacer presión y se la volvió a apretar, paró y volvió a hacérselo de nuevo. Don Pedro cerró los ojos y sonrió a la vez que se le escapaba un pequeño bufido. Ella lo estaba haciendo. No era un sueño.

¡La muy puta le estaba pajeando por encima del pantalón!

Entonces Don Pedro soltó el ratón para bajar la mano. “¡¡Por fin, vamos!!, ¡méteme la mano en el coño!”, pensó Claudia terriblemente excitada sin dejar de frotarle el paquete. Pero el viejo no puso la mano sobre su pierna. Que va. Con toda la tranquilidad del mundo se soltó el botón del pantalón de su traje.

– Esta parte la entiendes bien, ¿no?, dijo él.

– Si, creo que sí.

Cuando escuchó ese ruido característico de cremallera Claudia miró hacia abajo. No podía creérselo. Don Pedro iba a sacarse el pito delante de ella.

Y vaya si lo hizo. La pequeña y delgada polla de Don Pedro salió como un resorte apuntando hacia el techo. Solo tenía que esperar que los dedos de Claudia le rodearan el tronco y sabía que iba a hacerlo cuando ella misma se subió la cremallera de la falda para poderse abrir más de piernas. Y de repente sintió la mano caliente de Claudia directamente en su miembro y tuvo una sensación parecida al inicio del orgasmo, pero por suerte pudo reprimirlo.

¡¡Le estaba tocando la polla!!

Claudia había ido más allá de lo que tenía pensado, solo quería que el viejo la metiera los dedos, pero para hacerlo tuvo que agarrársela y claro no podía quedarse así, ya puesta empezó a pajearle. Don Pedro se había salido con la suya y lo que es peor, ¡seguía sin tocarla!. No podía más, la entrepierna literalmente le chorreaba, entonces Claudia le cogió la mano a Don Pedro y se la puso en el coño por encima de las medias.

El triunfo de Don Pedro era total. Ella misma se le había abierto de piernas, le había cogido la mano para ponérsela en su coño y además le estaba haciendo una maravillosa paja. ¡Hacía tanto tiempo que una mujer no le tocaba la polla!. Empezó a masturbar a Claudia con el dedo corazón de la mano derecha y la palma hacia abajo, le frotaba con él intentando introducírselo dentro a través de las medias y las braguitas.

Claudia sacó las caderas hacia delante y comenzó a gemir. Se sintió muy guarra allí espatarrada de piernas sobre el viejo, pero lo que más la excitaba era pajearle. En su vida pensó que masturbar a Don Pedro le iba a ponerla tan cachonda.

Sintió el dedo de Don Pedro más cerca de su coñito, como si hubiera traspasado alguna barrera, miró hacia abajo y efectivamente de tanto frotar, el dedo había penetrado las medias, rompiéndolas. Solo se interponía la tela de las braguitas entre ella y el viejo y Claudia estaba tan mojada que deseó sentir los dedos de él directamente en su piel.

Ella misma se introdujo un dedo en la apertura de las medias por donde se habían roto y tiró de ellas, Don Pedro entendió lo que quería Claudia y metiendo un par de dedos por el otro lado la imitó. Cada uno hizo fuerza para un lado y las medias favoritas de Claudia sonaron a tela rota cuando se rasgaron quedando prácticamente destrozadas. Luego ella misma se apartó las braguitas y las dejó así un lado ofreciéndole el coño desnudo a Don Pedro. Le miró con cara de guarra y posteriormente se acarició las tetas por encima de la camiseta para calentarle más.

El director aceptó la invitación y le introdujo un par de dos en el coño. Claudia gimió en alto y el viejo se acordó de la otra vez y lo rápido que ella se corrió, sabía que aquello estaba a punto de terminar, lo mismo que él al que no le quedaba mucho para llegar al orgasmo. Tampoco ayudaba mucho que Claudia hubiera acelerado el ritmo al que le pajeaba, haciéndoselo más duro.

Se quedó mirando como Claudia se agarraba las tetas por encima de la camiseta y deseó hacerlo él, giró un poco el cuerpo y le sobó los pechos con la mano izquierda. La jefa de estudios aumentó el ritmo al que movía las caderas y el volumen de sus jadeos. Don Pedro la tenía fuera de sí y quiso tensar un poco más la cuerda, a ver si había suerte.

– ¡Súbete la camiseta, enséñame las tetas!, le pidió.

Claudia ni lo dudó, se subió la camiseta y aparecieron sus dos fantásticos pechos desnudos, se quedó sujetándola para que el viejo no perdiera detalle, luego le miró a los ojos y gimiendo le preguntó.

– ¿Así está bien?…¿le gustan a usted?

– Son maravillosas, me encantan, dijo Don Pedro empezando a manoseárselas.

– ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, creo que voy a corrermeeeee!

– Espera, esperaaaaaa…

Entonces Don Pedro se inclinó sobre ella y se metió una de sus pesadas tetas en la boca, babeándola los pezones. Cuando Claudia escuchó el ruidito de succión le apretó la cabeza contra su cuerpo y no pudo aguantarse más. Incrementó el ritmo de la paja para intentar que él terminara a la vez que ella y empezó a correrse mientras Don Pedro le mamaba los pechos sin soltárselos como si fuera un bebé.

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, asíiiiiiiiii, asiiiiiiiiiiiiiii, ¡¡¡cómaselas, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, cómase mis tetas!!!!.

Entonces Claudia sintió que un líquido caliente le impregnaba la mano que subía y bajaba sobre la polla del viejo, que a su vez bufaba con la cabeza metida entre sus pechos. ¡Se estaba corriendo también!, ¡Don Pedro se estaba corriendo!, no en abundancia ni con mucha potencia, pero si en un orgasmo súper intenso y placentero.

Se quedaron los dos en la misma postura un minuto más, disfrutando de sus orgasmos, Claudia todavía le sujetaba el pito, abierta de piernas, con las medias rotas y sintiendo la lengua de Don Pedro en sus pezones mientras le acariciaba con suavidad la empapada rajita.

– Hacía mucho que no estaba con una mujer, dijo el viejo en un tono cariñoso.

– Creo que es mejor que me vaya para casa, dijo Claudia apartándole y poniéndose la camiseta en su sitio.

Bajó la pierna del regazo de Don Pedro y se quedó mirando la mano impregnada de semen.

– Siento haberte manchado, espera que te doy un poco de papel.

Claudia se limpió la mano y se puso de pie, bajándose la cremallera de la falda. Tenía prisa por salir de allí una vez que se había corrido. La sensación que tenía en ese momento era que había ido demasiado lejos mientras el viejo se guardaba la polla en los pantalones. Apresuradamente cogió el abrigo y el bolso del perchero y salió del despacho de Don Pedro.

El director estuvo a punto de darle las gracias a modo de despedida, pero finalmente decidió no decir nada a Claudia. Tal y como se había dado la tarde sabía que iba a tener más oportunidades como esa. Se pasó los dedos impregnados del sabor de su jefa de estudios por la nariz, pensando que se le abría un mundo de posibilidades. Si había llegado hasta allí ¿por qué no pensar en llegar a algo más? ¿en comerla el coño o que incluso ella le hiciera una mamada?. Claudia se había puesto muy cachonda y por un momento notó que estaba dispuesta a cualquier cosa.

¿Y por qué no pensar incluso en follar con ella?

Claudia se subió al coche. Tenía las pulsaciones muy aceleradas y necesitaba pensar en lo que acababa de pasar. No podía irse a casa en ese estado. Le hubiera apetecido entrar en una cafetería y relajarse mientras tomaba una deliciosa taza de café, pero cuando miró hacia abajo se vio las medias rajadas por la cara interna de los muslos y casi le llegaba hasta las rodillas, así no podía ir a ningún sitio. Optó por conducir un rato, salió a la autovía y estuvo una hora tranquila asumiendo lo que había hecho con Don Pedro. No quería haber llegado a tanto, pero ahora ya estaba hecho y además lo había disfrutado. ¡Menudo orgasmo había tenido!. No había que darle más vueltas. Cuando se calmó volvió a casa, ahora tenía que enfrentarse a su marido.

¿Le contaba lo que estaba pasando realmente con Don Pedro o se lo seguía relatando en plan juego como si fuera una fantasía?

Sobre las 18:00 de la tarde llegó Claudia a casa, se subió a la habitación sin casi saludar diciendo que tenía que ir urgentemente al baño y al poco bajó al salón ya duchada y con el pijama de primavera puesto. Por la noche cuando acostamos a las niñas me dijo que esperara en el salón que tenía que darme una sorpresa.

Me quedé esperando y no tardó en aparecer con la misma ropa que se había puesto por la tarde. Estaba claro que tenía ganas de jugar. Me excité casi al momento, porque el tema de Don Pedro me daba mucho morbo y no sabía que es lo que me iba a decir.

Se sentó a mi lado y al mirarla me quedé sorprendido, tenía las medias rotas, bueno rotas es quedarse corto, las tenía destrozadas en la zona de la entrepierna y le bajaba la grieta por la cara interna de los muslos. Puse cara de extrañado.

– ¿Y eso, que te ha pasado?

– ¿Tú que crees?

– No tengo ni idea.

– El viejo, se le fue la mano y luego se puso salvaje…

– Si, ya, dije yo sin creerme lo que me estaba contando.

¿Como le iba a hacer eso el director del instituto?

– No me crees, ¿verdad?, dijo Claudia.

– Pues no.

– No es ninguna fantasía David, esto es serio, Don Pedro me ha metido la mano entre las piernas, me ha destrozado las medias y luego no solo me ha masturbado, también me ha chupado las tetas hasta hacer que me corra.

– ¡Claudia!, exclamé cuando me puso la mano sobre la polla.

– ¿Que te pasa?

– Mmmmmmmmmmmm, me encanta esto, que me digas esas cosas…sigue hablando, dije cerrando los ojos y dejando que me sobara el paquete por encima del pantalón.

– ¿Por qué no te crees lo que te estoy contando?, dijo Claudia en un tono más serio.

– Pues porque no, porque no harías nada en el trabajo, con tu jefe, que además es un viejo…pero me encanta la fantasía y desde luego no me importaría que lo hicieras…

– Me has visto follar con otro, ¿tú crees que no sería capaz?

– No lo sé, esto es distinto, a Víctor casi no le conocemos, vive en otra ciudad, pero a Don Pedro le tienes que ver todos los días, no puede ser…

Claudia sonrió sin dejar de frotarme muy despacio.

– Sabía que no te lo ibas a creer, tengo pruebas de lo que te digo…pero si no te lo crees es cosa tuya.

– ¿Pruebas?, dije yo empezando a pensar por primera vez que lo que me estaba contando Claudia no era ninguna fantasía.

– Si cornudo, pruebas, hoy es la tercera vez que he estado en su despacho y me ha metido la mano entre las piernas, le he apartado las braguitas para facilitarle el trabajo y me ha metido los dedos hasta hacer que me corriera y hace unos semanas cuando me hiciste ir a su despacho vestida como una puta pasó lo mismo…si me haces ir así vestida te arriesgas a eso, cornudo.

– ¡Joder Claudia!, enséñame esas pruebas.

– ¿Te parece poco verme así las medias?, dijo enseñándome la entrepierna

Se puso a mi lado y se abrió de piernas pasando uno de sus muslos sobre mí.

– Así me he puesto con él, no se atrevía a tocarme a pesar de que me estaba ofreciendo, imagíname así en una silla sentada a su lado…

– Eso no es una prueba Claudia, podías haberlas roto tu…

– ¿Quieres que te cuente lo que ha pasado hoy o no?

No me rebatió lo de las medias rotas, por lo que volví a tranquilizarme pensando que todo era una fantasía de Claudia. Una fantasía muy morbosa, eso sí, pero que no era realidad, por lo que me decepcioné un poquito a pesar de estar muy cachondo por lo lanzada que estaba Claudia.

– Si, claro, cuéntamelo…

– Pues me he puesto así sentada a su lado, él me estaba explicando unas cosas sobre gastos y tal y ya cuando íbamos a terminar le he puesto la pierna encima…

– ¿Y él no te ha dicho nada?

– No, estaba encantado de que lo hiciera.

– ¿Y qué más?

– Pues yo quería que él me tocara, ya te he dicho que no es la primera vez que lo hacía…y yo estaba dispuesta, pero él nada, no lo hacía.

– ¿Y por qué?

– Porque la anterior vez que estuve y me puso la mano en la pierna le dije muy seria que qué hacía y ahora es como si no se atreviera.

– Entiendo.

Desde luego que la historia que me estaba contando Claudia me encantaba. Parecía tan real, que imaginación tenía.

– Yo estaba con la pierna así sobre él y no me tocaba, era increíble, ¡le estaba invitando a que lo hiciera!, pero nada, entonces para ver si por fin ya se animaba pues le puse la mano en el muslo.

– ¿Le tocaste?

– Shhhhiiii, dijo Claudia en un susurro.

– Y ya te tocó él.

– No, no lo hacía y ya no sabía que más hacer, entonces no me quedó más remedio que dar yo el paso.

– ¿Qué hiciste?, pregunté nervioso.

Claudia me sacó la polla del pantalón y comenzó a meneármela despacio.

– ¿Tú qué crees?, le puse la mano sobre el paquete.

– Si, ya…

– Sigues sin creerlo, ¿verdad?

– No, pero me encanta, sigueeeee…

– Se la toqué por encima del pantalón, como te estaba haciendo a ti antes…

– Mmmmmmmmmmmmm…¿la tenía dura?

– Siiii, muy dura…

– Joder Claudia, esto es buenísimo, sigueeee…

– Pero el muy cabrón seguía sin tocarme, que es lo que yo quería, estaba muy cachonda…

– Mmmmmmmmmmmmm Claudia, voy a correrme…

– Espera no, ¿no quieres escuchar el resto?, dijo soltándomela de repente.

– Si, pero es que no puedo más, pufffff…esta fantasía con Don Pedro me vuelve loco…

Jugueteó con uno de sus dedos bordeando mis labios y luego me metió el dedo corazón en la boca para que se lo lamiera.

– Shhhhhhh, tienes que aguantar…quiero contarte lo que me hizo el viejo.

– Glup, glup…dímelo, que te hizo…glup…

– Pues va todo chulo y se abre el pantalón, dijo bajando la mano, – Ahora echa las piernas hacia atrás y saca un poco el culo, me ordenó.

– ¿Se abrió el pantalón?, dije notando como el dedo de Claudia me rozaba con la uña el ano.

– Shhhhhiii, y no solo eso, se sacó la pollita…

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, joder Claudia…

Si tenía alguna duda de que lo que me estaba contando mi mujer era una fantasía ya no me quedaba ninguna duda. ¿Como iba a hacer eso Don Pedro delante de Claudia?, ¿cómo se iba a sacar la polla?. Era imposible, pero me encantaba la imaginación que le estaba poniendo mi mujer. El relato era fantástico e incluso algunas veces lo contaba con tal convencimiento que parecía medio real. Me ponía calentísimo que se le ocurrieran esas cosas con el viejo, que posiblemente era el tema que más morbo me diera.

– ¿Tenia buena verga el viejo?…

– No, es pequeña y fea…más pequeña que la tuya, pero la tiene muy dura, dijo empezándome a meter el dedo que resbalaba fácil dentro de mi culo.

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, Claudia, ¿la tenía dura?

– Mmmmmmmmmmmmm, si, muy duraaaa.

– Ahhhhhhhhhhhhh, ¿más que la mía?

– Mucho masssssss dura que la tuya.

Claudia ya me follaba el culo con el dedo corazón incrustado hasta el fondo. Me había soltado la polla que reposaba sobre mi estómago, pero sentía tanto placer con lo que estaba haciendo que Claudia no iba a tener que tocármela más para hacerme correr.

– Ahhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ¿se la cogiste?, dimeeeeee, ¿le tocaste la polla a Don Pedro?

– Si cornudo, le cogí la polla…estaba muy cachonda, ¿cómo no iba a hacerlo?, me la estaba ofreciendo…

– Ahhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me voy a correrrrrrrr, ¡¡me voy a correr!!…

Claudia me acarició el punto g con la uña de su dedo y yo no pude más. Comencé a saltar mi semen empapándome el abdomen.

– Ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

– Eso essssssss, córrete cornudo, córrete…cornudito mío…

– Diosssss Claudia, ¡ha sido alucinante lo que me has contado!, me has puesto a mil, que buenooooo, ahhhhhhhhhhhh…

– Y eso que no me has dejado que te contara el final, como me tocó, como me rompió las medias y lo que pasó después…

– No he podido aguantarme más, ¿otro día me lo cuentas?

Me sacó el dedo del culo y con el índice se puso a recoger parte del semen que tenía en el cuerpo. Luego me metió el dedo en la boca.

– ¡Límpiame el dedo y cuando lo hayas hecho túmbate en el suelo, cornudo!

Ya sabía lo que venía a continuación. Claudia estaba excitada y se iba a sentar en mi cara hasta que se corriera. Efectivamente así lo hizo, se remangó la falda y apartándose las braguitas fue bajando hasta plantarme el coño en la boca. La imagen de sus medias desgarradas me encantó, se las habría roto ella misma para calentarme.

Claudia se frotó contra mi cabalgándome la boca, tenía el coñito empapado y no iba a tardar mucho en correrse. Sin embargo, hizo algo que me sorprendió muchísimo. Sentí que recogía parte del semen que todavía tenía en mi estómago o eso me parecía desde mi posición. Entonces como pude miré hacia arriba y Claudia se estaba metiendo el dedo en la boca. ¿Estaba probando mi corrida?. ¡No me lo podía creer!. Me acordé de Víctor, me había confesado que ya había conseguido correrse dentro de la boca de Claudia, e incluso en su cara y ahora mi mujer al borde del orgasmo quería volver a sentir esa sensación pastosa que te deja el semen por toda la boca. Tenía que ser eso. El orgasmo la llegó de repente saboreando mi leche.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dijo limpiándome un poco más y metiéndose ahora dos dedos en la boca mientras se corría.

Se quitó de encima de mí y se tumbó a mi lado, no quise comentar nada de lo que acababa de hacer, pero prácticamente me había limpiado por completo la corrida. No quedaba ni rastro de ella.

Ahora lo siguiente era volver a verse a solas con Víctor dentro de 10 días. Algo rápido, viajar por la tarde-noche, follar y volver a casa conmigo y las niñas al día siguiente por la mañana.

Claudia estaba ya desatada.

26

Era el 52 cumpleaños de su marido y le había regalado las entradas para un concierto de Los Secretos. Cristina entró con Teo, que 13 años mayor que ella y se pusieron a unos escasos tres metros del escenario, poco a poco fue entrando gente hasta que se llenó la sala.

– Pufff, como se ha puesto esto, dijo Teo que no le gustaban las multitudes.

– Si, no pensé que se iba a llenar así.

La mayoría de gente superaba los 40 años de edad, sin embargo, cuando estaba a punto de empezar el concierto llegó un grupo de chicos jóvenes que seguramente no pasaban de los 20 y con todo el morro del mundo fueron adelantando posiciones y se pusieron justo delante de Cristina y su marido. Además, llevaban unos cachis con diferentes bebidas y se notaba que alguno ya iba un poco pasado de alcohol.

– Vaya que suerte, se han tenido que poner aquí, dijo el marido justo cuando sonaba la primera canción.

No habían pasado 10 minutos de concierto y los chicos parecían aburridos.

– Joder, vaya coñazo de concierto, yo pensé que iba a ser mejor.

– ¿No me digas que no te gustan Los Secretos?, dijo uno de los chicos.

– Nada Luis, son una mierda, menos mal que nos han regalado las entradas sino no venimos ni de coña…

– Pues a mí me encantan, son los mejores…

– Venga pásame el cachi y animamos esto un poco.

Los jóvenes no se paraban quietos, se agachaban a coger la bebida, se ponían a saltar en algunas canciones empujando al resto de la gente y en otras tarareaban la música como si se supieran las canciones en plan de broma.

– Y encima no han comprado ni la entrada, dijo Teo.

Cuando se llegaban a la mitad de concierto, seguían molestando a los que estaban alrededor, ya algunos les habían recriminado su actitud y otros los miraban con mala cara.

– Oyes, habría que salir a por más bebida…

– Venga, no me jodas, esto está hasta arriba, no podemos salir…

– Vamos nosotros, dijeron dos de ellos empezando a abrirse paso entre la gente.

Empujaron sin querer a Cristina al pasar a su lado y el marido empezó a enfadarse de verdad.

– Me están dando el concierto estos cretinos…

– Son jóvenes, tampoco le des importancia, tu disfruta y ya está, dijo Cristina.

No tardaron en volver los chicos con 4 cachis de cerveza, abriéndose paso entre la multitud.

– Perdón, perdón, dijeron llegando de nuevo hasta sus amigos.

– Vamos que habéis tardado mucho…

– Es que está a tope esto…

– Pufffff tío, pues yo tengo que salir, me estoy meando que no me aguanto…

– Espera que voy contigo…

Otros dos salieron entre la gente justo cuando empezaba a sonar la canción de Déjame que parece que era la única que conocían. Se pusieron a saltar como locos con el cachi de la mano con tan mala suerte que se le salió parte de la cerveza y fue a parar al pantalón de Teo, empapándole toda la pierna.

– Oyes perdona, tío…

– Joder como me has puesto…a ver si estáis más tranquilos, que estáis molestando a la gente, les dijo Teo.

– Te he perdido perdón, no te pongas así.

– Os estáis pasando, no habéis parado desde que habéis llegado, intervino Cristina.

– Ya os hemos pedido perdón, iros a la mierda, no te jode con la larguirucha, dijeron los chicos dándose la vuelta para seguir a lo suyo.

– Serán maleducados, dijo Cristina.

Solo uno de ellos, que al parecer se llamaba Luis y era al único que le gustaba el grupo fue el que se dio la vuelta y se disculpó de verdad con el matrimonio.

– Lo siento de verdad, os estamos estropeando el concierto…me los voy a llevar a otro lado…

– Si anda, llévate a tus amigos, dijo Teo bastante enfadado.

– Bueno, no lo pagues con él, que por lo menos es el único que ha pedido perdón, le dijo Cristina.

– ¿Oyes, habéis visto a la chica esa alta de atrás?, joder está muy buena, escucharon que decía uno de los jóvenes.

– Desde luego que está buena, vaya piernas que tiene y menudo culo, me pone mucho con esa faldita que lleva….

Es verdad que Cristina se había puesto espectacular con una mini falda y unas botas altas por encima de los rodillas. Destacaba entre las mujeres que había allí por su altura y por la vestimenta que llevaba bastante juvenil a pesar de tener 39 años, llevaba una cazadora negra con una camiseta blanca con un corazón rojo en el medio en la parte de arriba y los chicos se giraron de nuevo para verla. Su marido se había puesto detrás de ella y la abrazaba por la cintura mientras “disfrutaban” del concierto. Los chicos sin ningún disimulo le miraron a Cristina de arriba y abajo y luego empezaron a hacer comentarios sobre la pareja.

– Joder que buena está, no me había fijado en la tía esa…¿y habéis visto al marido?…si parece su padre, no me jodas, jajajajajaja.

– Pufffff, tiene un polvazo, dijo otro en voz alta.

– Me cago en la puta, al final la tenemos, dijo Teo que escuchaba perfectamente lo que decían sobre ellos.

– No les hagas caso, mira, vamos para otro lado…

– ¿Y nos tenemos que ir por ellos?…si encima han llegado los últimos…

– Ven anda, vamos para allá, dijo Cristina agarrando de la mano a su marido para alejarlo de los chicos jóvenes.

Pudieron disfrutar con tranquilidad de la última media hora del maravilloso concierto de Los Secretos. Habían perdido de vista a los chicos y cuando salieron decidieron ir a tomar a una copa a unos bares que había cerca de la sala de conciertos. Entraron en un bar que parecía que no tenía mucha gente y se pidieron una copa.

– Ha sido una pena, me ha dejado mal sabor de boca el concierto por los niñatos esos, dijo Teo.

– Si, la verdad es que si, pero bueno, ha estado muy bien, no te preocupes, todavía me falta darte otro regalo de cumpleaños cuando lleguemos a casa, la noche de tu cumple tiene que ser especial, le dijo Cristina pegándose a él.

– Mmmmmmmmmmmmmm, ese regalo creo que me va a gustar más…

La pareja comenzó a besarse mientras se miraban con deseo, estaban tan concentrados en sus caricias que ni tan siquiera se dieron cuenta cuando entró el grupo de jóvenes que les habían estado molestando durante el concierto.

– Pero mira quien está ahí, si es la tía esa alta, está con el abuelete, bufffffff menudo polvo tiene, dijo uno de ellos.

– Venga chicos, no os paséis, vamos a otro sitio, que bastante les hemos incordiado durante el concierto, dijo Luis, el único del grupo que parecía ponerle un poco de cordura.

– No fastidies Luis, ¿nos vamos a ir porque estén esos?, venga vamos a tomar una copa…

Se acercaron a la barra y entonces es cuando Teo y Cristina los vieron, uno de los chicos con todo el morro del mundo les saludó con la mano y luego se acercó a ellos.

– Anda que casualidad, vosotros sois los que estabais en el concierto, ¿no?

– Si, ¿pasa algo?, dijo Teo bastante enfadado.

– No, solo era para disculparme por lo de antes, cuando te tiramos el cachi encima, ¿podemos invitaros a una copa?

– No hace falta, vete con tus amigos, dijo Teo.

– Será payaso, dijo el chico al volverse.

– ¿Como dices?, dijo Teo poniéndose de pies para ir detrás del joven.

– Mira, no queremos problemas, anda vuelve con tu amiguita…

– No es mi amiguita, es mi mujer y payaso lo serás tú…

El chico sonrió y bajó la mirada, por un momento Teo pensó que iba a recibir un puñetazo en la cara.

– Te he invitado a una copa a modo de disculpa y has sido bastante maleducado…

– ¿Maleducado yo?, encima, mira lo que tengo que aguantar…¿por qué no os vais a otro sitio?…

– Nos iremos donde nos salga de los cojones, dijo el joven acercándose para pegar la cara junto con la de Teo.

En cuanto vieron la escena tanto su grupo de amigos, como Cristina acudieron para separarles. Los chicos eran gilipollas, pero no querían bronca y Cristina no quería terminar la noche del cumpleaños de su marido acompañándole al hospital, no iban a salir muy bien parados contra 8 jovencitos de 20 años pasados de alcohol.

– Venga Aitor, estate quieto, déjales, dijeron sus amigos tirando de él para que la cosa no fuera a mayores.

– ¿Pero ¿qué haces?, le riño Cristina a su marido.

– Me ha llamado payaso…¿no le has oído?

– Si, sí que le he oído, tú se los has llamado a él también, pues ya está, en paz…déjales, no les hagas caso, ha venido a invitarnos a una copa, le podías haber dicho que no de otra manera…

– No, si encima voy a tener yo la culpa todavía…después de que nos han jodido el concierto…

– No, pues claro que no tienes la culpa, pero son jóvenes y estúpidos, no nos podemos poner a su nivel…estaría bien si vamos a hablar con ellos, nos disculpamos todos y así les enseñamos un poco de educación y como se deben resolver los problemas….

– Pero ¿qué dices?, como vamos a ir a hablar con ellos, son unos cretinos…

– Seguro que hay alguno hasta que es majo…no podemos irnos a casa con esta sensación cabreo…

– Yo no me voy a rebajar a pedirles perdón, eh…

– Que no, anda déjame a mí, vamos, dijo Cristina tirando de la mano de su marido.

Fueron andando hasta donde estaba el grupo de chicos que se sorprendió al ver el matrimonio.

– No queremos problemas, dijo uno de los chicos.

– No, no, es solo que bueno estaría bien si nos disculpamos todos y aquí no ha pasado nada, dijo Cristina quitándose la cazadora.

– Si, por nuestra parte está todo olvidado, dijo otro chico.

– Bien, mejor, venga daros la mano, le dijo a su marido y mirando al otro chico de la discuta que parecía que se llamaba Aitor.

Teo estiró el brazo sin estar muy convencido y el chico le estrechó la mano para firmar la paz.

– Muy bien, arreglado, bueno, pues nos vamos, pasadlo bien, dijo Cristina.

– ¿Porque no os quedáis y os invitamos a una copa?, que menos después de haberos estropeado el concierto, dijo Luis que parecía el más sensato del grupo.

– No, no hace falta de verdad, dijo ella.

– Insistimos, venga que queréis…a ver que llevo yo el bote…

– No, no queremos nada…

– Os tenéis que quedar a tomar una copa, ¿verdad chicos?

– Si, claro.

Entonces empezaron a presentarse uno a uno todos los jóvenes que iban estrechando la mano a Teo y le iban dando dos besos a Cristina. De repente se vieron rodeados por los ocho chicos y ya no pudieron echarse atrás a la invitación que les hacían. Cristina dejó la cazadora en un pequeño perchero que había en una esquina mientras Luis les pedía dos copas. Cuando se giró vio como Aitor le daba dos palmaditas en la espalda a su marido.

– Oyes siento lo de antes, somos un grupo sanote, no nos gusta eso de las broncas ni las peleas, disculpa por llamarte payaso, de verdad que quería disculparme por haberte tirado encima la cerveza.

– No pasa nada, disculpas aceptadas.

Cristina se puso a hablar con Luis y éste le pidió las copas que el chico pagó gustosamente.

– ¿Sois de aquí?

– No, somos de…hemos venido a ver el concierto de Los Secretos, le regalé las entradas a mi marido que es su cumple…

– Anda, ¡¡¡chicos que es el cumple de Teo!!!, dijo Luis levantando la copa.

– ¡¡Felicidades!!, bueno cuantos caen??

– 52, dijo Teo.

– Pues hay que celebrarlo, jajajajaja.

– A mí me gustan mucho Los Secretos, pero a mis colegas no tanto, dijo Luis.

– Ya nos hemos dado cuenta…

– Siento que os hayamos estropeado el concierto y encima ahora me sabe peor, sabiendo que era un regalo de cumpleaños.

Entonces Cristina al beber de su copa dejó visible en su muñeca el tatuaje de la dama de picas, además se había puesto una pulsera de plata con una pica que colgaba de ella. Casualmente Luis había leído algo al respecto, no estaba seguro, pero le sonaba mucho, sabía que era un símbolo en el mundo cuckold donde la mujer le pone los cuernos a su marido y éste le dejaba follar con otros. Se quedó mirando la muñeca de Cristina que se dio cuenta de que el chico le había visto el tatuaje.

– Es muy elegante el tatuaje.

– Gracias, dijo Cristina pensando que el joven no iba a saber el significado que tenía.

Ahora la situación había cambiado, lo que iba a ser una copa amistosa con un matrimonio que no conocían de nada podía terminar siendo toda una aventura. Se fijó en el físico de Cristina, era muy alta, elegante, tenía buenas piernas, el culo en su sitio y las tetas bien puestas, no es que fuera muy guapa, tenía la cara estrechita y alargada, pero tenía algo en su mirada que le daba mucho morbo y le encantaba que llevara el pelo tan largo. Aquella mujer tenía un polvazo y no pegaba nada con el hombre que acababa de cumplir 52 años. Ahora encajaba todo, ¿sino que iba a hacer una chica como Cristina con un señor como Teo?

– ¿Y tiene algún significado?

– ¿Como dices?

– El tatuaje, si significa algo…

– No, es solo un adorno, respondió Cristina.

– Como llevas también la pulsera, se ve que te gusta mucho la pica…

– Si, siempre me ha gustado, dijo ella fijándose en la mirada del chico que parecía haberles descubierto.

– Si queréis quedaros con nosotros estaría genial, luego vamos a ir a un par de garitos que están muy bien, así conocéis la noche de Madrid.

– No, no te preocupes, nos tomamos esta copa y ya os dejamos a vuestra marcha, sois demasiados jóvenes para seguiros el ritmo.

– Ala, tampoco será para tanto, tú no tienes más de 35 años…

– Uyyyyyy, bueno alguno más, tengo…

– Pero pocos más…no llegas a los 40, además se nota que te cuidas, seguro que vas al gimnasio.

– Algo si me cuido, jajajajaja.

Parecía que Cristina no estaba muy receptiva, por lo que Luis dudó de si el tatuaje en su muñeca tenía el significado que él pensaba. Antes de seguir tonteando con ella y meter más la pata se disculpó con Cristina para meterse en el baño. Encendió el móvil y puso en el buscador. “Tatuaje dama de picas significado”

Simboliza el juego, la prosperidad, la tenacidad y la muerte. El as de picas es relacionado con los juegos de azar, con el poder y la fortuna que otorga…

“Vaya, no es lo que había pensado”, se dijo Luis a sí mismo, decepcionado siguió bajando hacia abajo en el móvil, viendo más opciones que le salían en el buscador, hasta que dio con ello. Reina de picas con el símbolo Q en el interior. “Joder esto sí”

“Parece que hay consenso en que en el mundo cuckold la letra Q y el símbolo de la pica son el símbolo del cornudo, de una mujer que está casada con un cornudo, su significado es que la mujer que lo luce es una chica liberal que le pone los cuernos a su marido que además es consentido, advierte a los demás machos de que es libre para follar, aunque esté casada”.

De repente las manos le temblaron y se puso muy nervioso, menuda casualidad haber encontrado una pareja así y encima que la chica estuviera tan buena como Cristina. No podía dejarla escapa. Mientras estaba en el baño entraron un par de amigos más y Luis decidió compartir lo que había descubierto.

– No puede ser tío, esas cosas no existen, dijo uno de sus amigos.

– Mira, lo pone aquí y ella lleva el tatuaje en la muñeca y la pulserita de plata, joder que, seguro que es una pareja de esas, tienen toda la pinta…

– Hostia tío, pues llevas razón, ¡¡qué fuerte!!…

Emocionados salieron del baño y no tardaron en compartir el secreto con el resto de los amigos, en un par de minutos los 8 colegas estaban al corriente de la condición de Teo y Cristina. Los chicos comenzaron a cuchichear entre ellos e incluso algunos hacían gestos como señalándose la muñeca y Cristina se dio cuenta de que les habían descubierto.

– Creo que se han dado cuenta de lo que significa el tatuaje, le dijo Cristina a su marido.

– Cris, dijimos que esta noche no, solo veníamos a Madrid a celebrar el cumpleaños.

– ¿Estás seguro?, mira cómo se ríen, ya saben que eres un cornudo, no me digas que no te pone…

– Vámonos al hotel, esta noche solo era concierto y tú y yo, nada más…

– Mira Aitor, no deja de mirarme, menudo repaso me está pegando con la mirada…primero nos jode el concierto, te tira la cerveza encima, hace un rato casi te pega y ahora quiere follarse a tu mujercita…¡¡menudo cabrón!!

– Joder Cris…noooooo, dijo Teo mientras la polla ya le babeaba dentro del pantalón.

– Son jóvenes y bastante guapetes, tendrán 20 años, ¿a quién te gustaría que me follara?…

– Para Cris, paraaaaa, se están dando cuenta de que hablamos de ellos.

– Me da igual, ellos también están hablando de nosotros…

– No Crissss, uffffff, por favor…

Cristina se adelantó para hablar con el grupo.

– Hemos decidido tomarnos con vosotros una copita más, ¿vamos a otro sitio?

– Ehhhhhs si claro, aquí cerca hay varias garitos más que están muy bien…vamos para allá.

Salieron y echaron a andar a un nuevo bar, por el camino Teo iba hablando con un chico mientras Cristina comenzó a charlar con Aitor. El resto de amigos se iban riendo y hacían algún comentario en alto tipo “ésta quiere tema, jajajaja” que no hacía más que encender a Teo. Por un lado, estaba cabreado, pues todavía le jodía no haber disfrutado bien el concierto por culpa de aquellos chicos con los que ahora estaba tonteando su mujer y por otro lado le daba más morbo si cabe que Cristina zorreara con ellos, en especial con el chico que le había tirado el cachi de cerveza por encima y le había llamado payaso. Llegaron a un nuevo bar y se metieron dentro, había más gente que en el anterior, pero no mucha más, sonaba reggaetón bien alto y se acercaron a la barra a pedir otra copa.

– Dejadme que os invite ahora, es mi cumpleaños, dijo Teo.

– No hombre, que somos muchos, ¿cómo vas a pagar tantas copas?

– Venga id pidiendo, nos os preocupéis por eso…

Cristina se acercó a su marido y le dio un beso delante de los chicos que se iban repartiendo las copas en la barra.

– ¿Ya has decidido con quien quieres que me vaya?, le dijo a Teo.

– Ufffff Crisss, tomamos la copa y nos vamos, no me hagas esto…

– Pero si lo estás deseando cariño, se te ve en la cara…tienes que estar a punto de correrte encima, dime uno, o si no le elegiré yo…

– Ya lo sabes, ¿para qué me preguntas?

– Quiero que me lo digas tú, dime su nombre…

– Con Aitor, dijo Teo sumiso bajando la cabeza.

– Será tu otro regalo de cumpleaños, ¿no te gusta?

Los chicos llegaron con las copas y les dieron la suya a Cristina y Teo, luego levantaron los vasos en alto y se brindaron por el del aniversario.

– ¡¡Por Teo, porque cumplas muchos más!!

– ¡¡¡Por Teo!!¡¡¡felicidades!!!!

Cuando terminaron de hacer el brindis Teo fue a la barra a pagar las consumiciones, Luis se puso a su lado y sacó dinero del bote de los amigos.

– No pagues tu todo, que va a ser mucho dinero.

– Shhhhhhhhhh, esto lo pago yo, guarda ese dinero, luego os tomáis otra copa a mi salud…

– Como quieras…

No había terminado de pagar y Cristina ya estaba hablando con Aitor. Físicamente era guapete, pero tampoco le veía nada especial, 20 años, moreno, deportista, con una camisa a rayas, mediría sobre 1,75, por lo que era más bajo que Cristina que se acercaba al 1,80 y que con los tacones llegaba al metro noventa.

Sabía que su mujer lo iba a hacer, le había prometido cuando emprendieron el viaje a Madrid que el fin de semana iba a ser para ellos solos, pero se lo había hecho tantas veces que no le extrañaba en absoluto el comportamiento de Cristina. Había perdido la cuenta de con cuantos se había acostado, incluso el mismo día de la boda se la chupó a un tío suyo. 100, 120, por ahí andaría la cifra de los tíos a los que se mujer se había follado o les había chupado la polla. Tenía unos cuernos tan grandes que no pasaría ni por el arco del triunfo. Y allí estaba de nuevo, tonteando con aquel jovencito, puede que nunca se hubiera acostado con alguien tan joven, lo que hacía de aquel día algo especial, por lo general muchos de los corneadores eran mayores de 40 o cerca de esa edad y a la mayoría los conocían en locales swinger o bares de copas.

Le encantaban esos previos, como Cristina hablaba con él, como el resto de amigos los miraban y se reían, el sentirse humillado mientras su mujer ligaba con ese chico mientras todos conocían su condición. Era una sensación que no conocía hasta que empezó a salir con Cristina, por ella dejó todo, a su mujer y a su familia. Lo había dejado todo por llevar una vida de Cornudo.

Intentó disimular mientras hablaba con los otros chicos viendo como Cristina seguía tonteando con Aitor. Ella cada vez estaba más pegada el joven que estaba un poco cortado por la situación. No estaba acostumbrado a ligarse a una chica con el marido delante mirándoles fijamente. Pero Cristina era muy persuasiva y se lo iba a poner muy fácil.

– ¿Entonces no tenéis novia ninguno?, que extraño, unos chicos como vosotros…

– Si, alguno si tiene novia, pero nos gusta salir en grupo de vez en cuando.

– ¿Y tú tienes novia?

– Yo, no, estoy soltero ahora…

– Mmmmmmmmmm, que suerte, dijo Cristina dando un trago a su copa para que se la viera el tatuaje de la muñeca.

– ¿Porqué?, ¿estás interesada?, preguntas mucho…

– Puede…

– Pero estás casada…y tu marido está aquí…

– No te preocupes por él…¿y si él no estuviera?, ¿te gusto?

– Ya lo creo, estás muy bien, ¿puedo preguntarte la edad que tienes?, se ve que eres mucho más joven que Teo…

– ¿Cuantos crees?

– 37 o así…

– Mas o menos…jajajajaja, dejémoslo ahí…

– Pues para tener esa edad estás muy buena, me gustan mucho las tías tan altas como tú…

– Vaya, estamos de suerte, a mí también me gustan los chicos jóvenes como tú…

– Mmmmmmmmmmmm, esto se pone interesante…¿hay alguna posibilidad de que perdamos de vista a tu marido e irnos solos a dar una vuelta?

– No sé, va a ser difícil, no creo que a Teo le guste mucho que me vaya contigo…

– ¿Entonces como lo hacemos?

– Ven conmigo, dijo Cristina agarrando de la mano a Aitor.

Sin cortarse un pelo se llevó al chico a otra parte del bar para estar ellos solos. La cara que se le quedó a Teo era un poema y más cuando los otros chicos empezaron a reírse viendo como su mujer se había ido con Aitor.

– Joder no se corta un pelo…

– Hostia, que fuerte, que fuerte, decían los chicos.

No dejaban de mirar hacia donde estaban Cristina con Aitor que cada vez parecían más juntos, tenían las caras muy cerca e incluso el chico ya se había atrevido a poner una mano sobre la cintura de ella mientras hablaban.

– Todavía se enrollan, ya verás, escuchó Teo que le decía un chico a Luis.

– No creo…uffffff, sería demasiado.

Pero Teo sabía que no iban a tardar mucho en empezar a comerse la boca delante de todos. Su mujercita les iba a brindar un buen espectáculo y él estaba cada vez más impaciente. Cristina y Aitor se habían puesto de tal manera que quedaban casi a su espalda por lo que no podía ver lo que estaba pasando, pero por las risas de los chicos se lo podía imaginar, no pudo resistirse girarse un par de veces y cada vez que les veía se iba excitando más y más.

– ¡¡Hostia, hostia!!, que se están enrollando, escuchó de repente a un chico.

Teo volvió a girarse y efectivamente Cristina y Aitor se habían comenzado a besar, se estaban morreando y el chico le manoseaba el culo a su mujer delante de todos sus amigos. Le dio un trago a su copa y notó las miradas burlonas del grupo de chicos, lo que ellos no sabían era la tremenda erección que tenía bajo los pantalones. Se moría de ganas por darse la vuelta y observar cómo su mujer se comía la boca con aquel chico de 20 años, pero tenía que mantener la compostura, ahora ninguno de los jóvenes hablaba con él, la situación era tan violenta que los chicos no sabían ni que decirle a aquel señor que cumplía años.

Se estuvieron besando unos 5 minutos, Teo se volvió dos o tres veces para ver como Aitor le sobaba el culo a Cristina que a su vez le acariciaba melosamente el cuello al chico mientras le metía la lengua en la boca. Y luego escuchó al grupo que volvió a alterarse.

– Joder tío, que se la va a tirar, jajajaja, que cabronazo…se la va a tirar en los servicios, no me jodas…

Teo se giró de nuevo y Cristina y Aitor iban de la mano camino a los baños del bar. Los chicos se reían y se decían cosas al oído que no podía escuchar, pero seguro que estaban hablando de lo cornudo que era él y lo zorra que era su mujer.

Entraron a una cabina de las dos que había en el baño de las chicas, Aitor le subió la falda y le acarició el culo desnudo sin dejar de besar a aquella mujer tan alta. Tenía el culo duro y suave, cubierto tan solo por un fino tanga y ella le correspondió manoseándole el paquete por encima del pantalón.

– Ummmmmmmmmmmm, joder que dura la tienes, dijo Cristina desabrochándole el pantalón.

– No te gusta perder el tiempo, ¿eh?

– Mmmmmmmmm, que polla más bonita tienes, dijo ella agarrándosela para empezar a hacerle una paja.

– Joderrrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhh, despacio…diossssss, que bien lo haces…oyes tu marido no…

– No te preocupes por él…seguro que le ha encantado ver cómo nos besábamos y esto también le encantaría verlo…si quieres le llamamos que venga…

– Ufffffff, ufffffffffffff…no, te quiero para mi sola…

– Relájate nene, tu solo disfruta, dijo Cristina pasándole el dedo por los labios.

Le beso el cuello al chico sin dejar de pajearle y luego se fue agachando poniéndose de cuclillas delante de él. Empezó con un sonoro beso en la punta de la polla para luego agarrársela fuerte y pegarle un lametón que le hizo temblar a Aitor.

– Diossssssss que buenooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dijo cuando Cristina se metió toda su polla en la boca.

La sujetó por el pelo guiando el ritmo de la mamada y desde arriba se quedó observando en lo bonito y largo que tenía su melena mientras se la chupaba con gran maestría. No le habían comido la polla así en la vida, con una mano le acariciaba los huevos y con la otra le pajeaba con la fuerza justa mientras la lengua de ella jugaba con su frenillo y aspiraba sobre él.

Había entrado al baño con la intención de follársela, pero parecía que ella no iba a parar, con un golpe de caderas le metió la polla hasta el fondo de la garganta y ella le soltó para poner las dos manos sobre su culo. Luego él la sujetó por la cabeza y comenzó un mete saca follándose su boca.

– ¡¡Joder puta, te voy a llenar, no puedo mássssss!!

Cristina se dio cuenta de que el chico no iba a aguantar mucho más. Estaba a punto de darle a su marido el mejor regalo de cumpleaños. Que otro se corriera en su boca. Inmediatamente notó como Aitor explotó en su boca mientras la tiraba del pelo y la leche caliente del chico empezó a bajar por su garganta.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh, tomaaaaaaaaaaa, tomaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa….

Le echó una corrida caliente, espesa y abundante, como a ella le gustaba, luego se la estuvo chupando un rato para dejársela bien limpia. Cuando terminó se puso de pies colocándose la falda y le dio unos golpes a Aitor en el pecho.

– Me ha encantado, le dijo al chico dejándole apoyado contra la pared todavía relamiéndose de la mamada que le acababan de hacer.

Cristina salió del baño y cogió la cazadora que estaba en una percha, luego fue donde el grupo de chicos y le dio un beso a su marido en la boca delante de ellos.

– Nos vamos para casa…

– Bueno chicos nos vamos, hasta otra vez, lo hemos pasado muy bien, les dijo Cristina al resto del grupo que alucinaban con aquella mujer.

Teo les hizo un gesto de despedida con la mano a los chicos y salió del bar agarrando de la cintura a su escultural mujer. Le temblaban las piernas y tenía la polla a punto de reventar, sobre todo cuando le llegó el aliento a lefa de la boca de su mujer.

Nunca iba a olvidar su 52 cumpleaños.

27

Estuvo una temporada evitando a Don Pedro en el instituto, después de lo que había pasado con él pensó que era mejor dejar pasar algo de tiempo. Por la noche viajaba a Madrid para verse otra vez a solas con Víctor, lo que la tenía nerviosa y excitada. Dejó las cosas recogidas en su despacho y se fue a dar la última clase de la semana. Le tocaba con el grupo donde estaba Lucas.

Le gustaba ir con pantalones vaqueros muy ajustados, marcando culo y el coño a lo bestia, se ponía camisetas que no la taparan nada, quería que sus alumnos se lo vieran bien, que vieran ese pequeño culo duro y redondo, llevaba el vaquero tan ceñido que incluso se la metían un poco entre los glúteos y estaba segura que se le notaba la rajita perfectamente.

No era tonta, a su paso los alumnos la miraban, podía sentirlo, escuchaba los cuchicheos, incluso alguna frase tipo “joder que buena está” y ella reafirmaba sus andares, clavaba más fuerte los tacones en el suelo. Se sentía poderosa poniendo cachondos a esos jovencitos en el instituto.

El que cada vez la miraba más libidinosamente era Lucas, siempre lo había hecho, pero desde que se follaba a su amiga Mariola era todavía más descarado. Ella intentaba concentrarse en dar la clase, pero cuando cruzaba la mirada con Lucas éste la tenía fija en ella con una media sonrisa en la boca. Le inquietaba su comportamiento, pero tampoco podía decírselo, al fin y al cabo, no hacía nada fuera de lugar o que notaran el resto de alumnos.

Pero ese día cuando terminó la clase esperó a que salieran todos y Lucas se quedó el último en salir. Se acercó a su mesa y le dijo.

– Que tenga usted un buen fin de semana Claudia.

– Gracias, lo mismo digo.

Fue una contestación educada y normal por parte de la profesora que no se esperó a que Lucas se quedara parado allí, ya que no le había dado conversación, solo fue una mera formalidad.

– Espero que sí, bueno usted ya lo sabrá, dijo él.

Claudia le miró sorprendida, pues no sabía a qué se refería, pero no le gustó por donde iba la conversación.

– No sé a qué te refieres Lucas, dijo con cara de extrañeza.

– Ahhh, perdón, pensé que lo sabría, que esta noche he quedado con Mariola, como son amigas…

Las pulsaciones de Claudia se pusieron a mil. Esa era la clase de problemas que la relación de Mariola con un alumno le podían acarrear, no quería que todo eso la explotara en la cara.

– No, no sé nada, eso es una cosa vuestra de la que yo no estoy, ni quiero estar informada, ¿de acuerdo?, no quiero que me vuelva a mencionar esto, tú y yo solo hablaremos de temas académicos o escolares, le cortó Claudia.

– Si, perdón, no la quería molestar…disculpe, dijo Lucas saliendo cortado del aula.

Esperaba haber sido lo suficientemente clara con él, pero no le gustó nada que Lucas tuviera la confianza de acercarse hasta ella para decirle que había quedado con Mariola. Lo bueno al menos es que su amiga si estaba cumpliendo su palabra y no le había informado de ese nuevo encuentro con Lucas. De todas formas, tendría que volver a hablar con ella. Cada vez la preocupaba más esa relación.

Salió del banco sobre las tres de la tarde, llamó a su ex para asegurarse que había pasado a recoger a Alba por el colegio y cuando lo hizo se fue a comer sola a un restaurante. Le gustaba desconectar así. Mariola tenía el fin de semana para ella sola.

Por la noche había quedado con Lucas, se habían visto entre semana para jugar un partido de pádel, pero no habían podido hacer nada sexual, así que ahora tenía todavía más ganas de estar con él. Desde el fin de semana de su cumple no habían vuelto a tener sexo, aunque si se habían intercambiado mensajes subidos de tono por el WhatsApp.

Intentó tener la casa perfecta como siempre y cuidar todos los detalles, otra vez le iba a preparar la cena y unos dulces de postre, aunque luego el joven no se fijara en nada de eso y solo fuera allí para follársela. Se había comprado un conjunto de lencería para sorprender al chaval, con sujetador, tanguita, medias, liguero y ligas. Quería estar espectacular.

Quedó con él un poquito antes de la cena. A esa misma hora Claudia se estaba subiendo en un AVE dirección Madrid para verse con Víctor, momento que aprovechó para llamar a Mariola.

– Hola Claudia, ¿qué tal?

– Pues mira, de camino a Madrid.

– Mmmmmmmmmmmm…no paras, ¿eh?…le estás cogiendo el gustillo a esto, jajajaja.

– Si, eso parece.

– Bueno, yo también tengo planes para este fin de semana, no te he dicho nada, como sé que no te gusta…

– Prefiero no saberlo, de verdad, de eso precisamente quería hablarte.

– Tranquila Claudia, ¿ya estás otra vez con eso?, no tienes que preocuparte, ya lo sabes…

– Es que esta mañana ha venido Lucas a hablar conmigo…

– ¿Lucas?, ¿y eso?

– Pues no sé, eso quería comentarte, que ha venido a hablarme, en plan como si fuéramos colegas o algo así, diciéndome que había quedado contigo este fin de semana.

– ¡No me digas!

– Si, me ha sentado fatal, esto es precisamente lo que no quería que pasara Mariola.

– Lo siento mucho de verdad, no sé por qué ha ido a decirte eso, no lo entiendo, déjame hablar con él, me parece muy raro, ¿y qué te ha dicho exactamente?

– Tampoco mucho, pues que había quedado contigo y me dijo, bueno usted ya lo sabrá, me ha dejado descolocada, ha sido una situación bastante incómoda la verdad.

– Ya, me imagino, lo siento mucho Claudia, sé que esto es importante para ti, déjame que hable con él, te prometo que no va a volver a pasar…

– Eso espero…

– Tu pásatelo bien en Madrid y hablamos la semana que viene de estas cosas…

– Vale, lo mismo digo, buen fin de semana.

– Ciao

En cuanto colgó a su amiga sonó el timbre del portal. Lucas estaba esperando abajo.

Acosté a las niñas y después de cenar me conecté al chat, había quedado con Toni para morbosear un poco en mi cuenta privada. Claudia me había dejado solo esa noche, estaba con Víctor en Madrid y posiblemente a esa hora ya tuviera su polla dentro.

– ¿Qué tal David?

– Pues bien, más o menos.

– Está Claudia en Madrid, ¿no?

– Si, ha ido solo una noche, en principio mañana a mediodía está aquí…

– El otro día lo pasé muy bien, me encanta conectarme con vosotros, fue muy morboso lo que me contasteis de cómo se la folló Víctor delante de ti.

– Nosotros también lo pasamos muy bien contigo.

– Te están haciendo un buen cornudo.

– Si. Oyes Toni, me gustaría contarte una cosa que me pasó con Víctor cuando nos quedamos a solas, lo que pasa es que Claudia no sabe nada de esto.

– Cuenta, cuenta.

– Pues el otro día, cuando follaron la primera vez, luego nos quedamos solos él y yo en el hall del hotel esperando a Claudia.

– Si.

– Se me puso en plan chulo, diciendo que solo quería a Claudia para follar porque estaba casada, que estuviera tranquilo que no se iba a enamorar de ella, cosas así que no venía mucho a cuento, supongo que lo hizo para humillarme.

– Entiendo, ¿y tú que le dijiste?

– Pues nada, me quedé paralizado, se me puso dura que me hablara así de Claudia.

– Joder, que cornudo eres, jajajaja.

– Y eso no fue lo peor.

– Ah, ¿no?, ¿qué más te pasó con él?

– Claudia le había contado muchas cosas de nuestra intimidad, lo que hacíamos en privado, que hablamos contigo por cam, lo de los arneses, cosas así, incluso de nuestros problemas de fertilidad.

– Joder.

– Lo puedo ver medio normal, están muchas horas juntos y entre polvo y polvo hablarán de esas cosas, lo que me fastidió fue lo que pasó luego.

– ¿Qué pasó?

– Pues se puso todavía más chulo y me dijo que si quería probar una polla que él estaba dispuesto a dejar que se la chupara.

– No me jodas que te dijo eso.

– Si, cada vez que hablaba me caía peor, pero estaba más cachondo.

– Y le dijiste que si…

– Si, fui un estúpido, fuimos andando hasta unos baños del hotel, nos metimos dentro.

– No me digas que lo hiciste.

– Entramos en un privado y se me puso delante, me sacó la polla, joder que, si lo hizo, imagínate como estaba yo, aunque me había corrido, acababa de ver como se follaba a mi mujer y aun así me puse de rodillas.

– ¿Y se la chupaste?

– No, el cabrón comenzó a reírse y me dijo de todo, se guardó la polla y me dejó humillado, lo hizo para jugar conmigo.

– ¡Que hijo de puta!, ¿y qué hiciste luego?

– Salí como si nada, él estaba hablando con Claudia que acababa de bajar.

– Ese tío no es de fiar.

– Ya lo sé.

– Tienes que decirla a Claudia que tenga cuidado con él.

– Ya lo sabe, lo hemos comentado, es un cabrón, pero folla de maravilla…yo tengo cuidado con él…

– Pero estabas dispuesto a comérsela.

– Si, me dio mucho morbo la situación, no sé por qué.

– ¡Pues porque eres un cornudo que tiene muchas ganas de comerse una buena polla!

– Mmmmmmmmmmmmmmmmm…

– Solo de pensarlo ya se te pone dura.

– La verdad es que sí.

– Yo te dejaría hacerlo.

– Lo sé.

– Me encantaría quedar con vosotros. Te dejaría que me hicieras una mamada delante de Claudia mientras ella se masturba viéndonos, ¿te gustaría?

– Joder, siiiiiiiiiii…

– Y luego me la follaría para que lo vieras tú…

– Ufffffffffffffffff…me estás poniendo muy burro.

– ¿Te estás pajeando ya, cornudo?

– Mmmmmmmmmmmmmmm, siiiii.

– ¡Cornudo de mierda!, tu mujer follando con otro y tu haciéndote pajas.

– Mmmmmmmmmm…

– Mañana va a venir bien folladita, va a dejar a Claudia destrozada, Víctor se va a correr dentro de ella, en su cara, le va a llenar la cara de leche calentita, se la va a follar a cuatro patas, como a una guarra y con un poco de suerte te viene hasta con el culo abierto. ¿Quieres que Víctor de por el culo a tu mujercita?

– Joder Toni.

– Vamos pajéate y córrete…y dime que siiii

– Ahhhhhhhhhhh siiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiii, me corroooooooooo, me corroooooooooooooooooooooooooo.

– ¿Estás ahí?

– Si, perdona, estaba limpiando esto, lo he dejado todo perdido.

– Bueno David, voy a dejarte, oyes lo de quedar en persona con vosotros lo digo en serio, me encantaría…

– Lo sé, a mí también, no te conozco, pero sé que eres buena gente y se puede confiar en ti.

– Gracias.

– Y tienes una polla enorme que me gustaría ver dentro de Claudia.

– Mmmmmmmmmmmmmmm.

– Hablaré con ella, tenemos que empezar a plantearlo en serio lo de quedar contigo.

– Gracias David.

– Esta semana quedamos el miércoles para conectarnos, ¿no?

– Si.

– ¿Alguna sugerencia?

– No, le pediré a Claudia que me cuente que tal le ha ido con Víctor este finde, así conoces tú también todos los detalles, ¿te parece bien cornudo?

– De acuerdo.

– Hablamos. Un saludo.

– Igual.

Mariola cabalgaba furiosamente sobre la polla del jovencito que no dejaba de apretarle el culo y acariciar sus tetas. Se inclinó sobre él para incrementar la velocidad hasta que Lucas terminó corriéndose dentro.

– Buffffffffff, que bueno, joder, no me canso de follar contigo, dijo Lucas mientras Mariola se dejaba caer hacia un lado.

– Me vas a matar, joder que buenoooo…

El chico se quitó el preservativo y lo lanzó al suelo, cayendo encima del conjuntito arrugado que horas antes ella llevaba puesto. Había sido una sesión intensa de sexo. Antes de cenar ya empezaron a morrearse en el sofá y Mariola terminó haciéndole una paja y después una mamada hasta que el chico se corrió en su cara.

Tuvo que ducharse de nuevo en lo que se acababa de hacer la cena en el horno y volverse a maquillar. Luego se puso un conjunto de lencería que se había comprado especialmente para la ocasión y después una faldita roja y una camiseta blanca con zapatos de tacón. Debajo llevaba la sorpresa. Después de cenar volvieron al sofá y estuvieron un rato enrollándose hasta que Mariola se fue desvistiendo quedando tan solo en ropa interior y zapatos.

Lucas la miraba absorto, en su vida había visto a una mujer así vestida, solo en las películas porno, le encantaban las ligas, las medias, el sujetador de encaje, las braguitas, se puso tan cachondo que la puso a cuatro patas en el sofá y se la metió por el culo. No aguantó más de un par de minutos.

Luego estuvieron follando en la cama, otros dos polvos más. El chico era incansable, se volvía a empalmar casi instantáneamente. No podía dejar de follarse a Mariola, le parecía que estaba buenísima, le encantaba especialmente el pelo y su culo. Sobre todo, su culo. Tenía un buen trasero redondo, potente, no es la típica que nace con uno bueno, se lo había tenido que currar muchas horas en el gimnasio y ahora tras años de trabajo tenía un culazo mil veces mejor que cuando iba a la universidad. Lucas no se cansaba de tocárselo, de lamérselo, se lo había visto tantas veces jugando al pádel en faldita, en mallas y ahora por fin lo tenía para él. Pero no se había quedado satisfecho todavía, quería metérsela por detrás una vez más antes de irse para casa, aunque antes Mariola comenzó a hablar.

– Me ha llamado esta tarde Claudia.

– ¿Claudia?

– Si, Claudia, tu profe de inglés…

– Si, ya, ¿qué quería?

– Nada, estaba un poco enfadada, al parecer has ido a hablar con ella esta mañana al terminar la clase.

– Si, he metido la pata, no tenía que haberla dicho nada, he pensado que como sois amigas que…

– ¿Que como somos amigas, que…

– Pues no sé, supongo que he buscado un acercamiento con ella, así en plan amigos, o no sé…

– Mira Lucas, Claudia está muy al margen de nuestra relación, lo sabe, pero nada más, no quiere saber ni que nos vemos, ni cuando quedamos, nada de nada…

– Creí que como sois amigas…

– Le contaba cuando quedo contigo para follar, ¿no?

– Si.

– Pues no, no hablamos de eso, no quiero darte sermones ni nada de eso, solo te pido eso sí, que como creo que vamos a seguir viéndonos nunca le comentes nada a Claudia de mi ni nada por el estilo, como si ella y yo no nos conociéramos.

– Vale, no te preocupes, dijo Lucas.

– Yo entiendo que Claudia te guste, está muy buena y es tu profesora, pero de puertas para fuera ella y yo no nos conocemos de nada, ni ella sabe nada de que tú y yo estamos juntos, solo somos dos amigos que jugamos al pádel.

– Si, si, perfecto, no volveré a decirla nada, he metido la pata y si, Claudia me gusta, pero tú me gustas más.

– Jajajajaja, que mono, dijo Mariola acariciándole la cara, – Tranquilo, no me voy a enfadar porque me digas que Claudia te pone, es normal, los profesores y profesoras siempre nos dan morbo y Claudia supongo que a vosotros más…

– Bueno si, dijo Lucas temeroso.

– ¿No te la follarías?, dijo Mariola de repente.

Lucas se quedó sorprendido ante la pregunta de su amiga. Le acababa de echar una pequeña bronca por haber ido a hablar con ella por la mañana y ahora le preguntaba si se follaría a su amiga. Se dio cuenta de que a Mariola le excitaba ese tema. Había dicho que no quería comentar nada de eso de puertas para fuera, pero no había dicho nada de hacerlo de puertas para dentro.

– ¿Tú que crees?, dijo Lucas.

– Que sí, claro que te la follarías, la elegirías antes que, a mí, no soy tonta, ella te da mucho más morbo, es tu profesora, ¿qué cosa hay más morbosa que follarte a una profesora?

– Tú me pones mucho también.

Este tema le excitaba sobremanera a Lucas, en cuanto empezaron a hablar de Claudia él se había empalmado y ella le ayudaba también meneándosela despacio mientras charlaban.

– ¿Te haces muchas pajas pensando en ella?

– Si y pensando en ti, también…

– Mmmmmmmmmmmmmm, ¿qué te gustaría hacerla?

– ¿A Claudia?

– Si, claro, que te gustaría hacer con ella.

– Pues de todo, lo mismo que contigo, haría de todo con ella.

– Una cosa, si solo pudieras elegir una cosa…

– Me gustaría follármela por el culo, pero si solo pudiera elegir una cosa, seguramente sería una mamada, sí, eso, que me hiciera una buena mamada…y correrme en su boca.

– Mmmmmmmmmmmmmm, me estás poniendo cachonda…

– Y tú a mi…

– ¿Qué es lo que más te excita de ella?, preguntó Mariola sin parar de menearle la polla.

– Pues está muy buena, pero lo que más me gusta es su carácter, que sea así tan seria es lo que nos da más morbo de ella, sé que a muchos compañeros les pasa como a mí…

– Si, está muy buena, tiene buenas tetas, buen culo…

– ¿Sabes si Claudia lo ha hecho alguna vez por detrás?

– ¿Quieres detalles eh?, una cosa es que fantaseemos con ella y otra que te cuente intimidades, eso no lo voy a hacer cariño, aunque sé muchas cosas de ella, dijo Mariola incrementando el ritmo de la paja.

– Ahhhhhhhhhhhhhh, si, cuéntamelo…

– No, no…

– ¡Date la vuelta!

– Mmmmmmmmmmmmmmm, ¿me vas a follar otra vez?…

– No, no te voy a follar, ¡te voy a dar por el culo!, es lo que más me gusta hacer contigo, ponte de lado, ¡me encanta así!

Mariola le hizo caso y le ofreció el culo sacándolo hacia atrás, no tuvo Lucas ningún problema en metérsela en esa posición típica de medio lado. Le encantaba hacérselo así y después de haberse corrido cuatro veces sabía que aquello iba a durar. Estuvo sodomizándola despacio, con calma, disfrutando cada embestida, sujetándola por la cintura y acariciándola los pechos de vez en cuando. Llevó a Mariola a un nuevo orgasmo y él 40 minutos después terminó corriéndose dentro de su culo.

Cuando terminó se quedaron dormidos y luego por la mañana volvieron a follar una vez más, antes de que el chico se fuera a su casa. Por la noche, el sábado antes de salir de fiesta con sus colegas se pasó a visitarla y lo hicieron otra vez y el domingo Mariola le invitó a comer a su casa y estuvieron toda la tarde follando. A última hora estaban desnudos en la cama, charlando.

– Me encantaría follarte donde trabajas, dijo Lucas

– ¿En el banco?

– Si, ¿no te gustaría?, entro en tu despacho, bajas las persianas y follamos en la mesa.

– Tú has visto muchas películas, jajajajaja.

– Jajajajajaaja, te lo digo en serio, quiero hacerlo…

– Está prohibido, no puedo hacer eso…si nos pillaran…me echarían…

– Eso le da más morbo, ¿te lo imaginas?, me sentaría en tu silla y me harías una mamada…luego te la metería por el culo contra tu mesa…habría clientes fuera esperando…

– Tu lo ves muy fácil, no te estás jugando el puesto de trabajo…no pensáis en esas cosas, bendita juventud…

– ¿Te gustaría o no?

– Claro que me gustaría, pero no podemos…

– ¿Puedo pasar un día a verte?, me daría morbo…

– Si, claro, ven un día a verme…

– ¿En serio?, dijo Lucas emocionado.

– No he dicho que vayamos a hacer nada, solo te he dicho que vengas a verme…

A las 12:30 del sábado llegó Claudia a casa después de su encuentro con Víctor de una sola noche, no tuvimos tiempo de hablar porque enseguida nos empezamos a preparar para ir a una pequeña bodega propiedad de sus padres. Teníamos comida familiar, con los suegros, Pablo, Marina, Carlota y los niños. Le pregunté qué tal lo había pasado y me contesto con un escueto “muy bien, luego hablamos”.

Cuando llegamos a la bodega ya estaban todos allí, me puse a hablar con Marina que llevaba vaqueros, zapatillas blancas y camiseta blanca metida por dentro del pantalón, estuvimos comentando sobre su programa de televisión, al parecer le iban muy bien las cosas, tanto que según nos dijo Pablo había un productor de una cadena privada interesado en tener una reunión con ella.

– ¡Menuda basura de canal!, dijo Carlota en tono despectivo, precisamente ella que se pasaba las tardes viendo los programas de cotilleo junto con mi suegra.

No hicimos caso del comentario sabiendo el carácter de Carlota, que al parecer se estaba preparando un pequeño y lujoso piso de dos habitaciones para empezar vida nueva de soltera, no quería saber nada de donde había estado viviendo con Gonzalo y esa casa la habían puesto en venta. Nosotros no teníamos ninguna novedad al respecto para informar a la familia, ya sabían del futuro nombramiento de Claudia como directora del instituto y yo seguía encargado de la fábrica de zapatos con un buen volumen de ventas.

Después de comer salimos a unos jardines y tuvieron una pequeña reunión familiar los Álvarez, como solía ser costumbre y yo para no perder la mía estuve jugando un rato con los niños acompañado de Marina. Le estuve preguntando cosas sobre la televisión y su programa y ella muy amable me contestaba. Guapa, simpática, amable y educada. Lo tenía todo.

Nos llamaron a la mesa de la reunión, parece ser que estaban quedando para alquilar una casa rural en verano, como otros años, a mí la idea me pareció estupenda, así podía ver a mis cuñadas en biquini y podía hacer unas buenas fotos para incrementar mi colección privada con la que disfrutar a solas y con Toni.

Claudia llevaba un poco la voz cantante en la búsqueda de la casa rural, le gustaba ser el centro de atención, que poco se imaginaban en su familia que la noche anterior había estado con otro tío en Madrid, follando con él y además con mi consentimiento. Su hijita perfecta, la futura directora del instituto nos había dejado en casa a las niñas y a mí para que un chulo se la follara a cuatro patas en su cama y luego le diera unos buenos azotes con la polla en la cara.

Me encantaba imaginarme esas cosas mientras Claudia seguía buscando la casa rural, miraba sus labios pintados de rojo mientras bebía de una pequeña botella de agua fría, labios con los que seguramente se la habría chupado a Víctor unas horas antes. Finalmente, entre ella y Carlota eligieron una casa grande con piscina para pasar un fin de semana de Julio. Lo dejaron reservado.

Por la noche volvimos a casa, cansados después de un largo día, sobre todo para Claudia, que había viajado desde Madrid y sin tiempo de descansar nos habíamos preparado para ir a la bodega de sus padres. Estuvimos un rato en el sofá, pero no nos dio tiempo a nada, Claudia se quedó dormida en cuanto se tumbó.

Tuve que esperar a la noche del domingo para poder hablar con ella del día que había pasado con Víctor, cuando acostamos a las niñas antes de cenar le pregunté otra vez que tal le había ido.

– Bien, ya lo sabes, como siempre, me dijo Claudia que parecía que no tenía muchas ganas de hablar.

– ¿Habéis vuelto a quedar?

– No hemos quedado en nada, pero si, en dos o tres semanas le he dicho que iríamos tú y yo, quiero que estés presente para la siguiente vez.

– Mmmmmmmmmmmmm…estoy deseándolo.

Andábamos por la cocina, de un lado para otro, preparando unas pequeñas cosas para cenar, Claudia se puso detrás de mí y por sorpresa me agarró la polla sobre el pijama. Enseguida me di cuenta de sus intenciones, quería hacer que me corriera para que no siguiéramos hablando del tema. Me bajó el pantalón y de espaldas a mí se puso a hacerme una paja.

– Ahhhhhhhhhhhhh, ¿habéis follado mucho el viernes?, dije yo.

– Shhhhhhhhhhhhhhiiii…dos veces por la noche y otra por la mañana…

– Mmmmmmmmmmmmmmm, joder Claudia…¿que habéis hecho?, dímelo…

– Hemos hecho de todo, como tú querías…

– Mmmmmmmmmmmmm, ¿y se la has chupado también?

– Claro, eso te gusta, ¿no?, le he hecho unas buenas mamadas, me encanta meterme esa polla tan grande en la boca.

– Joderrrrrr, ¿tan grande la tiene?

– Siiiiiiiii, la tiene muy grande.

– ¿Mas que la mía?

– Jajajajaja, vaya pregunta, pues claro, es mucho más grande que la tuya.

– ¿Y la tiene más dura?

– También, ya lo sabes, se la has visto, la tiene mucho más grande y mucho más dura que tu cosita, ¡cornudo!

– Claudia voy a correrme…

– Córrete cornudo…déjalo salir, asssiiiiii, muy biennnn, mmmmmmmmmmmmmmmm….

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh…

Eyaculé sobre la lavadora y luego Claudia se lavó las manos en el fregadero, como si nada, me dijo que limpiara lo que había manchado y siguió preparando la cena. Yo estaba con los pantalones a medio bajar y las manos apoyadas en la encimera recuperándome de la paja de menos de un minuto que me acababa de hacer.

Llegué al salón y Claudia estaba en el sofá encendiendo el Netflix para ver un capítulo de Hijos de la Anarquía. No se la veía ni incómoda, ni preocupada, o con alguna preocupación. Había aceptado y asumido perfectamente lo de Víctor. Desconectaba ese paréntesis en el que se veía con él y luego volvía a su vida cotidiana con toda la naturalidad del mundo.

No tuvimos que esperar mucho para un nuevo encuentro con él, veinte días más tarde volvimos a quedar con Víctor, esta vez conmigo en la habitación del hotel. Iba a ser la segunda vez que los viera follar.

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