ANDER MAIS

Capítulo 17

El pinar

A la mañana siguiente, se volvió a repetir lo del día anterior: el tío de Natalia salió temprano en su coche al trabajo y, rato después, oí a Erika levantarse a ducharse. Luego se fue hacía su habitación como el día anterior, supuse que a vestirse para bajar a desayunar…

Natalia estaba en la cama igual de perezosa que ayer. Hoy me levanté yo solo, directamente, sin avisarla. Ni me molesté en ofrecerle bajar conmigo a desayunar.

Al salir, vi cerrada la puerta de la habitación de Erika. Me supuse que estaría ya abajo. Oí ruido en la cocina.

Bajé y, al entrar en la cocina, me llevé una sorpresa: la que estaba allí no era Erika, era Luisa, su madre. Hoy no debió de haber ido a trabajar o entraría más tarde…

Al verme, fue todo amabilidad… Me obligó a tomar café con ella y me empezó a soltar una de sus “chapas”. ¡Cómo le gustaba charlar a la tía!

Me tomé el café, todo lo rápido que pude, y me marché de allí con la excusa de que tenía que ir al lavabo. Al llegar al piso de arriba, vi que ahora Erika tenía la puerta de su habitación abierta. Al pasar, no pude evitar mirar hacia dentro. Ella estaba allí, tumbada sobre la cama, sólo vestida con una camiseta y unas bragas tipo culotte del mismo tipo que las del bikini que llevaba ayer en la piscina; boca arriba, a la larga, mirando tan tranquila su móvil… Me detuve un rato a observarla desde el pasillo. Tuve que ojear bien aquellas nalgas…

¡¡Buffff!! ¡Qué culo!

Al instante, Erika se dio cuenta de mi presencia, se dio la vuelta y, tan tranquila al descubrirme, me dijo:

—Pasa, Luis, ven… que te enseño una cosa….

Entré tímido en la habitación. El verla allí, en bragas y tirada encima de la cama, como si nada, me hizo ponerme nervioso pero a la vez ansioso por saber qué querría. Me acerqué a ella despacio y vi cómo buscaba algo en su móvil, con intención de mostrármelo.

Ya estando a su lado, me hizo un gesto, invitándome a sentarme junto a ella al borde de la cama. Le hice caso y me senté. Ella, con un rápido movimiento de caderas, dejó más sitio libre para mí en la cama. No pude evitar echarle un nuevo y disimulado vistazo a su trasero.¡Qué culo le hacían aquellas bragas estampadas!

En ese momento, se me vinieron los recuerdos del pasado, y sólo pude arrepentirme por no haber intentado, con más decisión, follármela cuando la conocí años atrás. En aquella época, seguro me la podría haber tirado fácilmente…

Erika seguía sin quitar ojo a su móvil. Parecía estar buscando algo entre sus fotos para enseñarme. Yo, la verdad, me estaba poniendo cada vez más nervioso. ¿Que diría Natalia si me pillase allí, sentado en la cama, con su prima en bragas…? No quería ni pensarlo.

—Mira, Luis, ¿has visto alguna vez una foto de Natalia cuando tenía 19 o 20 años? —me preguntó Erika, mientras acercaba su móvil a mi cara, mostrándome lo que parecía una foto de mi chica en bikini…

—No, la verdad… Sólo he visto algunas de niña que me enseñó un día en casa de sus padres. Y bueno, luego… pues ya más recientes… de cuando empezábamos… De esa época creo que no… —le dije deseando ver aquella foto.

La observé bien. En ella, salía Natalia sola, como posando para quien se la hacía. Supuse que sería su prima. Llevaba un bikini rojo y esbozaba una alegre sonrisa de oreja a oreja.

Me fijé en su cuerpo. No había cambiado mucho a día de hoy. Sólo, quizá en la foto estaba un pelín más delgada que ahora, no mucho, y sus tetas eran un poco más pequeñas. Pero bueno, eran unas tetazas tremendas igual. Y con aquel bikini lucían genial. Parecía incluso que intentaba acentuar más su escote con él. Yo pensé: “¡joder, cómo le gustaba provocar de aquella!”.

Hoy en día, parecía que se iba soltando poco a poco, pero yo tenía una idea mas tímida de ella cuando la conocí.

—¿Qué tal? ¿Qué te parece? ¿Te la imaginabas así?, ¿o ha cambiado? —me volvió a preguntar Erika, esbozando una sonrisa.

—De cuerpo no ha cambiado tanto… Pero bueno, aquí la noto distinta a cómo era cuando la conocí… No sé cómo explicarlo —le contesté, sin poder parar de ojear la foto en detalle.

—¡Sí, anda dilo!: que aquí en esta foto parece más cachonda. Jejeje…. —añadió Erika riendo—. Bueno… y lo era. ¡Te lo digo yo! Jejeje…

—Tal vez… Quizás… —le dije ahora, cada vez más cortado.

—¡Trae el móvil… que te enseño otras! —replicó ella, quitándome su móvil de la mano y en voz baja—. Espero que no se despierte tu chica. ¡Si me pilla enseñándote esto… me mata!

Buscó más fotos en otra carpeta del teléfono y me las fue enseñando. Se sentó en la cama, a mi lado, y fue pasándome fotos una a una, lentamente…

Cada foto que me enseñaba era más sensual si cabe que la anterior. Parecía que hubiese elegido a propósito las mejores fotos que tendría de Natalia para enseñarme. No entendía porque razón me mostraba aquello…

Muchas eran en bikini; unas ella sola, otras con Erika, y las demás con otras chicas y chicos… En unas iba con vestidos en otras con ropa corta de verano. Pero en todas luciendo escote… Las fui ojeando con detenimiento, pero rápidamente a la vez. Al ritmo que Erika me las iba pasando.

Y así las fuimos viendo, hasta que llegué a una que no pude evitar pedirle a Erika que me dejase verla con detalle. En ella, aparecía Natalia con un pantalón cortito y unas sandalias de tacón. Estaban en una fiesta, de noche. Llevaba también una camiseta de tirantes, bastante ajustada, con sus tetas apretadísimas y luciendo un excitante escotazo. Portaba una cerveza en la mano. A su lado, un tío la agarraba por los hombros y le besaba una de sus mejillas mientras sus ojos se dirigían con lujuria a su escote…

—Por favor, Erika, ¡déjame ver bien esta última foto!… ¡Déjame el móvil! —le pedí, y ella me lo entregó gustosa.

—¡Por favor, Luis…! No le digas a tu novia nada de esto. ¡Que me mata! ¡Por diosss! —me suplicó, en voz muy baja, y al tener yo su móvil ya en mi mano.

Miré la imagen con detenimiento. Me paré a observar sobre todo la pinta del tío. Era alto, de 1,85 o más. En esa foto parecía mas mayor que mi chica. Le calcularía unos 29 o 30 años. Bastante guapo. Parecía el típico guaperas ligón. Mi chica parecía encantada de su presencía. No pude evitar preguntarle a Erika por él:

—¿Quién es este tío?

Ella me miró con cara dubitativa, como no sabiendo si decirme la verdad o no. Pero me contestó:

—Es Alberto. Un chico del pueblo. Y bueno… —Erika cortó en seco la respuesta, parecía no atreverse a contarme lo que tenía que confirmarme.

—Dime… No pasa nada. ¿Qué es un antiguo novio de Natalia? —le pregunté.

—Bueno… No sé si novio novio…. Pero bueno. Se liaron varias veces durante dos o tres veranos que pasó ella aquí —me respondió Erika, tímida y nerviosa, aunque en sus ojos vi que estaba deseando contarme aquello, por alguna razón que no lograba entender. Sólo parecía preocupada por si mi chica se enteraba y pudiese enfadarse con ella al contármelo.

En esto, comenzamos a oír ruido en la habitación donde Natalia supuestamente aún dormía. Erika, con voz inquieta y sin alzar la voz, me suplicó:

—¡Vete con ella, Luis! ¡Por dios! ¡Que no te vea aquí! ¡Cómo se entere que estas aquí y que te he enseñado esto… no me habla más en la vida!

—Vale, tranquila… Pero por favor, luego mándame al whatsapp esta ultima foto… Y alguna de las otras en que sale ella tan guapa. Porfa… Yo no le voy a decir nada. No te preocupes —le dije, también en voz baja, saliendo de allí y yéndome para con Natalia.

Volví a la habitación, y Natalia estaba sentada en la cama, mirando el móvil. Al entrar yo a la habitación, de repente, ella lo posó en la mesita, como apurada, como si estuviese haciendo algo que no quisiese que viera. No dije nada… Pero temí que hubiese vuelto a charlar por whastsapp con Riqui.

Se fue levantando y, aun con el pijama corto de dormir que llevaba puesto, se fue al baño.

—Me voy a duchar… Y bajo luego a desayunar. —Fue lo único que me dijo mientras salía del cuarto.

Se metió en el cuarto de baño y rápido encendió la ducha. Yo, al comenzar a oír el fuerte chorro del grifo de la ducha, volví raudo hacia la habitación de Erika, con mi móvil en la mano. Esperaba que ella aún estuviese allí y me enviase ahora todas las fotos que me acababa de enseñar.

Al entrar, la volví a ver de espaldas, colocándose un short ajustado y marcando su trasero. Le gustaba lucir su culazo y se notaba.

Entré y le dije:

—Oye… Mándame ahora esas fotos, que Natalia está en la ducha y no se va a enterar.

—Ok… Ahí te van… —dijo Erika, e inmediatamente se dispuso a enviármelas. Me dio la impresión, como si ya las tuviese preparadas para ello.

Me envió cinco en un momentito. Dos de ella sola. Una, la del bikini de antes, y luego otra también en bikini y marcando tetazas.

Después, me envió también tres más. Pero en estas ya salía Natalia con ese tal Alberto. Una era la misma que había visto antes. Las otras dos, también parecían ser de aquella misma noche. Esta vez, sobre todo, me sorprendió una de ellas: en esa Natalia y ese tío se estaban besando…

La verdad, que verla me dejo algo perplejo. Yo le había pedido esa foto que me había mostrado con el tal Alberto, pero que me enviase de motu proprio una de ellos dos besándose, me pareció extraño. ¿Qué intención había en todo aquello? ¿Por qué razón tendría ahora en su móvil esas fotos de hace tantos años? No tenía mucho sentido. Tendría que haber alguna otra razón, no casual, para todo aquello. Y tenía que descubrir cuál sería…

Seguí frente a Erika, unos instantes, mirando sorprendido las fotos que me había mandado. Ella me lanzaba pequeñas y tímidas miradas mientras ojeaba también su móvil, como siguiendo ella una conversación de whatssapp con alguien. Luego, posó un momento su móvil sobre la cama para calzarse. En ese momento, se escuchó a su madre llamarla desde la cocina:

—¡Erika, baja un momento!… ¡¡Ven rápido!! No encuentro una cosa. ¿La habrás cogido tú?

En esto, Erika obedeció a su madre y bajó a la cocina, como sin ganas, como resignada…

—Ahora vuelvo… ¡A ver qué coño le pasa a ésta! —exclamó ella mientras se iba abajo, dejando su móvil encendido sobre la cama…

Yo lo miré con maliciosa curiosidad. Podría tener la oportunidad de descubrir algo. Dudé por un segundo… Pero parecía que Erika y su madre habían salido fuera. Así que, cogí ese móvil en mi mano y me atreví a cuchicheárselo. Mientras, seguía oyendo sonido del agua en el baño. Natalia aún continuaba duchándose.

Fui al instante a abrir la aplicación de Whatssapp. Abrí las conversaciones. La primera que vi, fue la de Juanjo, el tío casado con el que, según Natalia, su prima se estaba viendo. Era la última, la que parecía estar teniendo justo cuando se fue abajo…

La leí por encima, rápido y nervioso. Pude llegar a leer, que ella le decía, que hoy hasta la 1 no se podrían ver, que su madre no trabajaba en todo el día y hasta las 12:30 no saldría de casa; hora en la que supuestamente su madre se iba a casa de una amiga… o algo así. Él luego le contestaba con un “OK”,que se verían un ratito, a esa hora, en el pinar. En ese momento, no caí dónde era ese sitio: el pinar. No me sonaba del año pasado.

De seguido, llevado aun más por la curiosidad, descendí por el whatssapp mirando las otras conversaciones. La adrenalina estaba a mil. Pero no podía evitar hacerlo. Era mucha la curiosidad. Y bueno, si me pillaba Erika, también podría decirle que estaba intentando volver a ver las fotos que me enseñó.

Después de varias conversaciones en las que una parecía ser con su madre y otras parecían ser de chicas, supuse amigas suyas, vi que tenía una con Natalia…

Iba a abrirla… Pero, de repente, debajo de ésta, vi otra que ponía: Alberto. Decidí abrir mejor esta última…

El último comentario que había era de Erika.

Esta le ponía:

Erika: Ni sé tío, va a estar dificil, la veo muy contenta con su novio a pesar de eso..ya te comento mañana 23:21

Seguí leyendo la conversación hacia arriba…

Alberto : Pero, con eso que me cuentas del rollo con el tío ese… No ves más posibilidades? 23:21

Erika:Intentaré hacer algo, a ver… Sí, ella parece haber recuperado algo de la forma de ser de antes… Pero no sé, a ver si funciona esto que te dije y por ahí podemos hacer algo… 23:20

Alberto: Joder, a mí me parece que la vi como en aquellos años. La vi cambiada de nuevo y, bufff, con esto que me dices me han entrado más ganas de volver a estar con ella 23:20

Erika:No, no se lo llegó a follar, creo que no…, pero me dijo que se la chupó en un coche o algo así… 23:19

Alberto : Pero, ha follado con él…? 23:18

Erika:Me contó que se lió con un tío la otra noche en una fiesta, a espaldas de su novio Luis 23:17

Alberto: Qué me decías, sobre algo que te había contado ella que hizo en una fiesta…? 23:17

Erika:Ok, estas son las fotos que quería me enviases… A ver si me sirven para lo que las quiero… A ver si con ellas puedo ayudarte… 23:16

Alberto: Estas son las fotos que tengo yo de esa época… Júntalas con las que tienes tú.. .23:09

Después de esto, ya se veían un montón fotos que ella le enviaba. Parecían ser parte de las que me enseñó Erika hacía un momento: las que salía mi chica con el tal Alberto este, liándose en aquella fiesta…

Me puse a leer de nuevo la conversación, en el sentido correcto, para entenderla bien…

(**Nota al lector: la conversación de whatsapp, que se narraba ahora, está escrita recreando cómo la iría descubriendo Luis, en ese momento, y llevado por la curiosidad y las prisas por no ser descubierto. Para entenderla bien, en su lógico sentido, se debería volver a leer en orden inverso a cómo está redactada, igual que el propio protagonista hace luego).

Casi sin terminar de releer, escuché a mi chica llamarme desde el baño. Dejé el móvil en su sitio, y me fui con ella…

Entré y me la encontré fuera de la ducha, secándose sus pechos. Nada más verme, me dijo:

—Luis, ve a la habitación, cógeme un tanga de la maleta y traemelo…

Obediente, fui, lo cogí y se lo llevé. Me quedé a observarla cómo se ponía una blusa de tirantes y una faldita corta.

Esperé a que terminase y bajamos los dos a desayunar.

Eran las once y media de la mañana, y ni Erika ni su madre estaban en la cocina. Miré hacia fuera y las vi por el jardín, regresando de nuevo hacia la casa. Se vinieron con nosotros a la cocina y, Luisa, la tía de Natalia, nos ofreció de todo para desayunar. Luego se puso a charlar con mi chica.

Vi que Erika subía arriba, de nuevo a su habitación. Al rato, disimuladamente, subí tras ella. Aprovechando que Natalia y su tía hablaban como cotorras sobre un tema trivial, fingí haberme olvidado algo en la habitación.

Pasé al lado de la habitación de Erika, y la vi que estaba muy apresurada, leyendo y enviando unos whatssapp…

Desde la puerta, le pregunté:

—¿Hoy no vas a las clases?

Me contestó en voz baja, un poco nerviosa:

—No voy a clase alguna. Las clases son solo una excusa. Me apunté a un curso de verano de ingles, pero no he ido mas que un par de días… Tú no le digas nada a mi madre. Ella se cree que voy tres veces por semana.

—Tranquila, no diré nada, claro está. Puedes confiar en mí…

Erika se quedó callada, mirando al suelo, como pensativa. Al segundo, comprobando si nos oían, me pidió que me acercara y me dijo:

—Sé que ayer me tuviste que haber visto bajarme del todoterreno de un tío, ¿a que sí?

—Sí…, pero bueno, no le di importancia, creí que sería algún compañero o amigo tuyo que te acercaba a casa.

—¿No me viste hacer nada más? —insistió.

—No, ¿por?

—Me besé con él antes de bajarme. Creí que seguro nos tendrías que haber visto… Pero, bueno, a lo que iba: que me estoy viendo con ese tío. Se llama Juanjo y, aunque está casado, se va a separar… Me gusta mucho de siempre. ¡No digas nada por favor! Natalia lo sabe, se lo he contado. Pero prefiero que no sepa que te lo he contado a ti también… ¿Vale?

Ella me contó todo esto sincerándose de pronto. Me volvió a parecer extraño, como con alguna intención oculta.

—Tranquila, sabes que puedes confiar en mí; nos conocemos de hace muchos años, Erika —le dije con tono tranquilo, intentando demostrarle mi discreción…

—Vale, ya lo sé. Sólo quería pedirte ahora una pequeña cosa más…

—A ver, dime —asentí ligeramente.

—Pues… que…. si no te molesta… ¿podrías dejar venir a Natalia conmigo, a solas, esta tarde a las piscinas?

Fruncí el ceño al escucharle esa proposición tan extraña.

—No es por nada raro, tranquilo —prosiguió Erika—, sólo es que tenía pensado verme con Juanjo, y quisiera estar segura de que mi madre está en casa todo el rato y que no sale en toda la tarde. La ideas es, que tú te quedases aquí, en casa, y que me fueses contando si sale de casa o no. A Natalia le podemos poner la excusa de que te encuentras mal, y que prefieres quedarte a dormir una siesta, igual que el día que llegasteis… ¿Qué me dices? —Erika me proponía todo esto en voz baja, con tono tímido, pero con decisión.

—¿Y no sospechará nada tu madre?—le pregunté, con suspicacia, por lo raro de todo este asunto que me planteaba.

—No. Si yo voy con Natalia y tú finges quedarte en casa porque estás enfermo, no. Yo sólo quiero tomar algo con él, vernos y ya… nada más. Tranquilo, que no os voy a meter en líos; ni a Natalia ni a ti.

—A ver, está bien… Vamos a ver si Natalia se traga lo de que me encuentro mal… que lo dudo.

En ese instante, se escuchó a mi chica llamarnos desde abajo.

Bajé solo; Erika se quedó en su habitación chateando por el whatsapp…

Al llegar abajo, me senté al lado de mi novia. Ya había terminado de desayunar. Me miró extrañada; como si hubiese notado algo raro en este comportamiento mio de subir arriba y tardar un rato en volver a bajar.

Terminamos el desayuno, y salimos Natalia y yo a la calle, a dar un paseo por los alrededores de la casa.

No le comenté nada sobre lo que me había contado Erika, aunque estuve tentado de enseñarle alguna de las fotos que me había enviado… Pero decidí que sería mejor que no. Guardármelas de momento para mí mismo, esperando el momento idóneo para mostrárselas.

Mientras dábamos el paseo y charlábamos de algo sin importancia. Yo no paraba de darle vueltas en mi cabeza a todo lo de esta mañana: ¿qué intención tendría Erika enseñándome las fotos de Natalia varios años atrás y, encima, morreándose con ese tío?

Al leer esa conversación de whatsapp con Alberto, había podido entender, claramente, que ese tío pretendía volver a enrollarse con Natalia. Además, pretendía encontrar en Erika una cómplice de sus propósitos, y ella parecía estar dispuesta a serlo. Pero aun así, no entendía: si Erika deseaba ayudar al amigo de su amante casado a follarse a mi chica, ¿porqué me enseñaba a mí fotos de él con mi chica en el pasado? ¿No sería lógico pensar, que eso podría hacerme sentir celoso y ser así más difícil que dejase sola a mi chica, para que pudieran tener un encuentro? ¿O acaso podría haber alguna extraña razón, por la que ella sospechaba de mis posibles deseos morbosos por ver a mi chica tonteando con otros, y los quería aprovechar? Me parecía totalmente increíble pensar esto último. Así que, pensé más bien, que para lo que querría esas fotos sería para enseñárselas a Natalia, y ver si ella al verlas le volvían a entrar las ganas de estar con él de nuevo. Bueno, la verdad, estaba hecho un lío. No sabía qué pensar…. Nada me encajaba. Pero un intenso morbo por descubrir la verdad de lo que pasaba estaba volviendo a invadir mis pensamientos.

Volvimos para casa, y vimos salir a Luisa con su coche. Nada más llegar por la puerta, nos encontramos a Erika muy apresurada, disponiéndose a salir de casa.

—Erika, ¿ya te vas?… ¿Pero hoy tienes clase? —le preguntó Natalia, haciéndose la inocente.

—No, pero voy a dar una vuelta. A las 2 o así vuelvo… ¡Nos vemos! —contestó Erika, antes de marcharse toda apresurada.

Nosotros nos dirigimos hacía el jardín, y nos echamos en unas tumbonas. Estuvimos un rato allí, sin hablarnos. Yo no podía dejar de pensar, ni por un solo segundo, en lo que habría ido a hacer Erika, yendo a verse con ese tal Juanjo.

Al momento, le pregunté a Natalia:

—Oye, amor, una pregunta: llevo un rato pensando, y me acordé de un pinar o algo así al que fuimos, creo, el año pasado cuando estuvimos aquí con Erika y Sergio, una tarde nublada. ¿Te acuerdas dónde era? Recuerdo que me encantó el paisaje. ¿Podríamos ir ahora hasta allí a dar una vuelta?

—Bufff….que va tío, yo no voy… No está tan lejos, pero no me apetece —respondió ella, claramente negada a levantarse de allí—. Luis, si te digo la verdad, este año no me está gustando nada estar aquí. Mi prima esta muy tonta y sólo piensa en verse con ese tío. ¡Si lo sé no venimos! Hubiésemos hecho mejor habernos quedado otra semana más en la playa, en aquel sitio. Allí sí que lo pasé muy bien. ¡Pero este pueblo es un coñazo!

—Ya, cariño, pero ahora estamos aquí; no podemos hacerles el feo de irnos. Intenta pasarlo bien —quise animarla, antes de insistirle en lo del pinar—: Recuérdame dónde está el pinar ese. A mí me apetece ir hasta allí. Pasear y ver naturaleza, me relaja. Tú, si no quieres venir, quédate aquí, no pasa nada —añadí.

—Bufff —Ella resopló, totalmente desganada—. Vete tú si quieres. Sigue el camino este —me indicó, incorporándose un poco hacía arriba en la tumbona—, hacia la izquierda, y luego a un kilómetro o así, vas a ver un cruce que viene del pueblo y que pone Área El Pinar o algo parecido. Después aún hay que subir otro kilómetro y medio o dos. Es hacía arriba y empinado… ¿Seguro que quieres ir andando?

—Bueno, me viene bien algo de ejercicio… Son las doce y media. ¿Para las 2 llego bien de vuelta, no?

—Sí, claro, si no te entretienes mucho… ¡Qué ganas de caminar tienes, tío! ¡Con lo bien que se está aquí, tumbada al sol! —me replicó Natalia, casi burlándose de mí por pretender pegarme esa caminata.

Aun así, me fui. Ella se quedó allí, tumbada tranquilamente en el jardín, tomando el sol, con su móvil en la mano.

Nada mas comenzar el trayecto, me volví a acordar de Riqui y de las fotos de su polla. Y claro, al dejar a mi chica allí, sola, y encima con su móvil, pensé que quizás volvería a mirarlas. Por supuesto, en mi mente calenturienta, me la imaginé allí tumbada, tocándose con ellas…

Durante el trayecto, me entretuve a ratos mirando mi móvil. Releyendo de nuevo los mensajes de ayer con Víctor. Otra vez las ganas de morbo me llevaron a querer mandarle un nuevo mensaje. Tal vez no hacía bien continuando con aquello. Es más, después de ayer haber pillado a Natalia con Riqui de ese modo, comenzaba a notar que seguir con aquello, sin hablarlo todo claro con ella, podría desencadenar en un ruptura. Quizás estaba a tiempo de detenerlo todo.

Pero el morbo hizo que le enviase a Víctor un nuevo mensaje:

—Cómo va, tío? Yo aquí, aburrido, la verdad… con ganas de tus morbos.

Creí estar loco al ponerle eso de un modo tan directo. Pero me salió así. Una parte de mí me decía que me arrepentiría, que estaba haciendo algo de lo que me arrepentiría más pronto que tarde. Pero a la vez me daba un morbo enorme. No lo podía evitar…

Seguí caminando un rato más, y llegué al cruce que me había dicho Natalia. Noté que Víctor tardaba hoy más que las otras veces en contestarme. Normalmente, en estos días, siempre me había respondido al segundo. Pero hoy habían pasado ya unos cuantos minutos y ni siquiera había leído mi mensaje…

Comencé a subir la cuesta hacia el pinar, y Víctor seguía sin contestarme. Pensé: “estará ocupado”.

Pero, al rato, cuando ya casi me estaba olvidando de él, me sonó el tono del whatsapp…

—Qué tal tío…? me alegro tener hoy, otra vez, noticias tuyas. Te iba mandar yo un mensaje enseguida… Estaba en la ducha… Ayer fue una noche movida…

Me detuve, y le contesté rápido al mensaje. Luego estuvimos charlamos un rato, mientras avanzaba caminando por la cuesta que llevaba al pinar.

—Sí dime, yo estoy solo fuera. Natalia se quedó en casa, sola también… ¿Que pasó anoche? —le puse.

—Bufff, mejor te mando dos fotos de la velada y lo descubres tú mismo… A ver qué te parecen…

Al momento, me llegaron dos fotos.

En una, se veía a una tía morena. Parecía madurita. Miré bien y vi que, sin duda, era Sandra. Estaba haciendo un trío. Uno de los tíos la follaba por atrás, mientras ella se la chupaba al otro que la agarraba de las tetas. Los rostros de ellos no se veían bien en la foto. Pero la polla que chupaba supe al segundo que era la de Riqui; no había duda ninguna… El que la follaba, supuse que sería Víctor, era inconfundible también su pollón..

En la otra foto, se la veía cabalgando la polla de Riqui, sentado éste en un sofá, y a Víctor de pie, metiéndole la polla a Sandra en la boca. Ella llevaba unas medias blancas, con liguero, y los tacones aún puestos. La escena era muy morbosa. Le comenté a Víctor:

—Joder, vaya follada le metéis a la muy guarra… Ya me parecía que debía follar de vicio… Y las fotos… quién os las hacía?

—JEJEJE, ya sabía ibas a preguntar eso… Joder, su marido!! Ya te dije que le gustaba que la follemos delante de él. ¿Te gustaría a ti hacer lo mismo con tu chica? No me quiero imaginar el morbo de follarme a tu tetona así… y delante tuyo… buffff…

—Pfff la verdad, que sería muy morboso, pero no sé… Todavía recuerdo lo que pasó el otro día y me arrepiento un poco. Ahora no tengo tan claro que eso me guste —le escribí.

—Bueno… Espera, te voy a mandar una cosa que igual te hace no sentirte tan mal por tu chica. Espera…

Al momento, me llegó otra foto. Ésta me sorprendió mucho más. Me puso totalmente nervioso. Pero, por extraño que pudiese parece, excitado al mismo tiempo. ¡Era una foto de las tetas de mi chica! Estaba seguro que era ella. Esos pechos eran inconfundibles. Sólo me extrañaba cómo podría tener él esa foto. Aunque, viendo que estaba tomada como en un baño, supe al instante de dónde podrían haber salido…

—De dónde has sacado eso? Son las tetas de mi novia!! —le escribí alterado.

—Me ha pasado Riqui esta foto, hace un rato. Parece que ya se han desquitado ayer, un poco, del interruptus del aparcamiento… jejeje

Yo me hice el despistado y, no contándole que lo sabía, que la había espiado mientras se masturbaba por el móvil con Riqui, le pregunté:

—Pues, qué ha pasado? qué han hecho…? Cómo tienes esta foto?

—Creo que ayer se han dado un buen homenaje por teléfono. Tu chica apunta maneras… ya te lo dije yo… jejeje… Le envió esta foto a Riqui, creo esta mañana, después de ducharse… Ah, y si puedes, deberías revisar con disimulo el móvil de tu chica, hay varios regalitos de Riqui en forma de fotos de su polla… jejeje…

¡Joder! ¡No me lo podía creer! Yo pensaba, que lo de mi novia con Riqui habría terminado ayer, después del polvo por teléfono. Pero parecía que no… Esta mañana, debieron de haber chateado de nuevo, supongo cuando estuvo ella sola en la habitación, e incluso le había enviado una foto de sus tetas desde el baño.

Todo esto, me excitaba. Pero me ponía atacado de los nervios al mismo tiempo. Tenía miedo que se me fuese totalmente de las manos. Le contesté a Víctor de nuevo:

—OK está bien… me da morbo todo esto. Pero las fotos para nosotros tres, eh!!! No las pases a nadie más!!

—Claro, claro… eso por supuesto. Y tú tampoco enseñes a nadie las de Sandra con nosotros, OK?

—Claro, eso ni dudarlo. Te dejo, que voy a pasear un rato…. Tengo que pensar bien sobre todo esto…

—Ok, hablamos…

Seguí caminando hacia arriba, dirigiéndome tranquilo pero pensativo hasta el área esa del pinar. Me faltaba ya poco. Recordaba que era una zona de arboleda, con un pequeño aparcamiento, donde solían ir parejas a pasar una tarde tranquila y romántica, disfrutando de la naturaleza. Y bueno, también tenía cierta de pinta de picadero, la verdad. Y, sobre todo, a esas horas de la mañana, debería estar tranquilo. Estaba deseoso de llegar y ver si, escondido, podría descubrir a la prima de Natalia con Juanjo, su amante madurito…

Pensando en todo esto, visiblemente nervioso y sin poder sacar de mi cabeza lo de Riqui y Natalia, fui llegando a la zona del pinar. Al llegar, me encontré un lugar solitario. Sólo me crucé con un hombre que se marchaba: un tío de unos 50 años o así; gordo, con pinta de salido. Enseguida me imaginé, si sería un mirón que frecuentaría aquella zona para pajearse espiando a las parejas…

Seguí caminando, y me adentré en el prado segado del pinar. Era grande, más o menos como un campo de fútbol, todo lleno de pinos y con un camino en su lado izquierdo que daba a un aparcamiento, en lo que era una especie de mirador. Desde allí, las vistas eran impresionantes. Se veía abajo el pueblo. También me fijé y pude distinguir, a lo lejos, la casa de los tíos de Natalia.

El sitió era solitario. No había nadie más en aquel momento. Disfruté por unos instantes del sonido de la soledad en la naturaleza… Pero, de pronto, aproximándose por el principio del camino que daba al aparcamiento, vi llegar un coche: un todoterreno. Me escondí rápido, entre unos setos, fuera del aparcamiento. ¿Serían Erika y Juanjo?

El coche se fue acercando más y vi que, seguro, no había duda alguna, era el mismo del que había visto bajarse ayer a Erika…

Ese todoterreno se detuvo en el aparcamiento y se colocó en una zona de sombra, semi escondido entre unos arboles…

Desde donde me encontraba lo veía bien. Yo estaba detrás de unos matorrales, a unos 25 o 30 metros de ellos…

Me agaché y, desde esa posición, en cuclillas, los veía perfecto, camuflado entre las ramas del seto. Hasta me encontré con la ayuda de un pedrusco grande que había allí para sentarme.

¡Dios, en qué me estaba convirtiendo! Cada vez me estaba enganchando más a esto de ser un voyeur y observar a los demás montándoselo. Disfrutaba con ello, casi tanto como follando yo mismo. Ya no podía ni quería evitarlo…

Pasaron unos cuantos, para mí, expectantes minutos, en los que sólo veía la silueta de una pareja moviéndose y hablando dentro del coche. Tenían las puertas cerradas y no les podía ver bien. Pero pude distinguir igualmente que eran una chica rubia y un hombre calvo. Estaba claro que tenían que ser Erika y ese tal Juanjo.

Al momento, vi como se empezaban a besar. Él la apoyó contra la ventanilla, empezando también un fuerte magreo de tetas a la vez que le comía los labios. Estuvieron así un buen rato…

Yo me empecé a poner cachondo. Pero mi calentura era más por la imaginación y el morbo de lo que sabía de ellos y lo que intuía que podría llegar a pasar, que por lo que hacían en aquel preciso momento… Lo que estaban haciendo, hasta ahora, no pasaba de un morreo y toqueteo propio de cualquier pareja normal.

Seguí observando la escena y, al momento, pude ver cómo Juanjo le comenzaba a quitar a Erika la camiseta. Desde allí, pude distinguir el sujetador que llevaba: era azul y, con él, resaltaba mucho más el tono bronceado de su piel y el color rubio platino de su pelo.

Le comenzó a sobar las tetas, por encima del sujetador, mientras la seguía morreando…

Ella parecía entregada…. Yo siempre la había tenido, desde que la conocí, por una tía bastante cachonda y de polvo fácil, y ahora, al verla allí, así, me dí cuenta que estaba en lo cierto: era toda una viciosilla.

Instantes después, se vio a Juanjo bajar la ventanilla donde Erika estaba apoyada y, mientras ella seguía de espaldas a mí, centrada en besarle el cuello, él echó un vistazo rápido hacia afuera, todo alrededor, como cerciorándose de la presencia o no de alguien.

Rápido, desde esa misma postura, comenzó a quitarle el sujetador. Yo estaba ansioso por vérselas… Aunque sabía que nada tenían que ver con las de mi chica, tenia curiosidad por ojear sus tetas. Me estaba empezando a empalmar.

Sin perder tiempo, ese tío le quitó el sujetador y se inclinó raudo hacia sus pechos para lamerlos. Ella seguía de espaldas a mí. Aún no podía verle los pechos…

—¡Joder, gírala y enséñame sus tetas! —exclamé para mí, de una forma, como si estuviese pidiéndoselo a aquel tipo.

En esto, Juanjo abrió levemente la puerta del coche, y Erika hizo un gesto rápido, como de vergüenza, impidiéndole abrirla del todo. Al segundo, él volvió a mirar fuera, todo alrededor del coche. No entendí ese gesto. Daba la autentica impresión de buscar la presencia de alguien…

Erika, viendo que Juanjo miraba afuera, se giró un segundo, también mirando si había alguien por allí…

Ahí, por fin pude ver sus tetas; eran pequeñas, redonditas, con los pezones pequeñitos; muy diferentes a los de Natalia, que eran grandes como galletas María. Eso sí, los de Erika eran puntiagudos y se apreciaban duros. No estaban mal sus tetas. Pero su punto fuerte seguía siendo su enorme culo…

Instantes después, Juanjo salió del coche y se fue hacia la parte delantera. Desde allí, y de pie, le hizo gestos a Erika pidiéndole que saliese y fuese junto a él.

Erika, en un gesto de pudor, miró alrededor y se volvió a colocar el sujetador. Seguidamente, salió despacio del coche, acercándose a Juanjo, que la esperaba de pie delante del coche y tocándose el miembro por encima del pantalón. Parecía estar ya completamente empalmado…

Ahora, pude fijarme bien en él. No me pareció tan maduro como el día anterior; de unos cuarenta y pocos y con bastante buen cuerpo. Quizá su cabeza totalmente afeitada me hizo verle más mayor.

Erika llegó a su lado y, algo nerviosa, supuse por estar allí al aire libre, comenzó a besarle y sobarle todo el torso. Supuestamente estaban solos allí, pero en los gestos de ella se apreciaba el miedo a que alguien pudiese aparecer de repente.

Juanjo seguía tocándose su miembro mientras ella le morreaba. Le retiró la boca de sus labios y, agarrándola de la cabeza, le fue insinuando que bajase hacia su polla. Erika miró alrededor, como si sintiese la presencia de alguien, pero no oteó hacia donde yo estaba. Luego, se fue agachando, hasta quedarse de cuclillas frente a la entrepierna de ese tío. Él miro otra vez alrededor, y se bajó un poco sus pantalones hasta descubrir su polla. La prima de mi novia esperaba expectante…

Al verla, toda empalmadísima, Erika esbozó una cara de entusiasmo y excitación… Sin perder un segundo, se la metió decidida en la boca…

Yo me recreé en la escena y me excité enormemente. No era la misma sensación que sentí cuando vi a Natalia chupándosela a Riqui. Esto era otra cosa. Pero la excitación volvió a dominarme. No pude evitar sacarme la polla. Comencé a pajearme allí mismo, sentado en aquella piedra… ¡Me estaba volviendo loco!

Seguí divisando la escena, escondido, y no me preocupé de nada más. Lo estaba disfrutando, y me encontraba en una zona en la que era imposible me viesen, a no ser que ellos se acercasen o yo hiciese ruido.

Al rato de estar divisando aquello, mientras Erika continuaba con el pene de aquel tal Juanjo en la boca, tragándose todo el trozo que podía, vi que ella giraba la vista hacia donde yo estaba, sin sacar la polla de su boca… Entonces, al instante, oí una voz detrás de mí, justo a mi lado:

—¡Hola, tío! ¡Bufff, cómo la come la tía!, ¿eh…? —me dijo un tipo tras de mí…

¡QUÉ APURO! A mi lado, apareció el mismo tipo que me había encontrado antes. Supuse habría venido escondido por entre los arboles y la maleza, y había llegado hasta allí para espiarles.

—¡Hola, chaval! —prosiguió aquel hombre—. Nunca te he visto por aquí… ¿A ti también te ha avisado Juanjo que se venía con una tía hoy, no? ¿Eres amigo suyo? —siguió preguntándome aquel tipo gordo, mientras comenzaba a tocarse, y como amenazando sacarse también la polla.

Yo, sorprendido por la situación, no supe qué decir. Sólo dije un tímido, «sí».

—Tranquilo, tú sigue pajeándote; yo voy a hacerlo también. ¡Por mí no te cortes! —añadió, mientras ya comenzaba a desabrocharese la bragueta. Se sacó de allí un pene pequeño, peludo, debajo de una gran barriga…

Yo no sabía qué hacer. Aquello no me lo esperaba. Y me estaba dando bastante asco y apuro. La verdad, tener a aquel baboso a mi lado, con la polla en la mano, era de lo más desagradable que había vivido en mi vida. Pero no tenía elección. No podía irme de allí. Si me movía, quizás Erika y su amante me descubrirían. Y también, por qué negarlo, me estaba encantado ver a la prima de Natalia chupándosela a aquel tío…

Intenté hacer como si no estuviese. No miré más hacia él, y seguí atento a la escena. No me guardé la polla, pero intenté evitar que ese tío me la viese.

—¡Bufff, tío, qué culazo tiene! ¿A que sí? Es de este pueblo. ¿Tú la conoces?… —Ese tipo continuaba hablándome, mientras yo intentaba seguir la escena sin hacerle ningún tipo de caso. Cada vez me estaba encontrando más incómodo—. Yo me acerco hasta aquí muchas veces, para ver si me encuentro algo de esto. Juanjo ya es la cuarta vez que se trae a ésta en este mes…

Aún así, le contesté:

—Yo no soy de aquí. Pero soy conocido de Juanjo. Y sí, supe que vendría hoy hasta aquí con una tía, y bueno… aquí estoy. Pero tú no hagas ruido. ¡No quiero que me vean! —le dije, sin mirarle ni nada.

—Claro, tú tranquilo… Para estas cosas lo importante es la discreción. Por eso a mí me permiten venir y mirarles; saben que no les molesto. Estoy a lo mio y me voy… Por cierto, soy Juanma…

—Yo, Luis —le contesté, nuevamente sin mirarle.

Él por fin se quedó callado, como yo, y siguió mirando la escena sin decir nada.

Al momento, Juanjo se subió de nuevo los pantalones, y levantó a Erika empujándola suavemente sobre el capó delantero del coche. Se colocó tras ella y le alzó un poco los shorts vaqueros que llevaba, descubriendo algo más de sus nalgas. Le dio un par de azotes leves, y se agachó a darle unos lametones en su trasero. Erika se estiró sobre el capó, ahogando sus gemidos, deseando ser follada.

Él, al segundo, dejó de lamerle y sobarle el trasero, y los dos se fueron hacia la parte trasera del coche. Juanjo abrió el capó trasero. Se colocó tras Erika y le comenzó a desabrochar su pantalón corto. Se lo bajó del todo, casi de un golpe, y agarrándola de la mano la metió dentro del gran maletero de su todoterreno.

Juanjo se desnudó por completo. Parecía ser un auténtico exhibicionista. Seguro que sabía que aquel tío estaba allí observándoles. Se sentó en el borde del maletero, y le ofreció de nuevo su miembro a Erika para que se lo mamase. Ella accedió al instante…

A cuatro patas, dentro del maletero, se dispuso a comerle la polla, colocando su culo en pompa todo lo que podía. Él comenzó a sobárselo desde esa postura, mientras ella continuaba la mamada…

Yo no podía entender lo que Juanjo le decía. Pero seguro estaba lanzándole todo tipo de guarradas, mientras ella solo gemía y chupaba… Aquella postura, parecía que la tenían estudiada: si alguien llegase que pudiera incomodarles, sería muy fácil cerrar ese portón grande del maletero, y quedarse dentro a vestirse con los cristales tintados que tenía… Continuaron un buen rato más de mamada, mientras yo seguía observándoles…

Al momento, y de forma morbosa, él agarró a Erika de las caderas hasta situarla a cuatro patas sobre el piso del maletero. Medio de costado, la penetró de golpe. Esta vez sí, pude escuchar de su labios un claro «toma puta» y una fuerte cachetada en su culazo. Los fuertes gemidos de ella se comenzaron a hacer más audible.

En esa postura, follando sin pudor alguno, continuaron unos instantes…

Ese tío parecía ser toda una bestia. Empezaba a entender por qué Erika estaba loca por verse con él. En ese momento, se me vino a la mente si Alberto, el ex-ligue de Natalia, sería así también.

No quería hacerlo, pero los gemidos ahogados pero constantes de mi improvisado “compañero de paja”, me hicieron volver a mirar hacia él…

Al notar que me giraba, me dijo…:

—¡Dios, tío! ¡Vaya follada le está pegando! Me encanta ver como se lo hacen… ¡Parece que estuvieses viendo una peli porno en directo!

Yo, viendo que me hablaba sobre el tema, me animé y le pregunté:

—Entonces, ¿qué vienes mucho por aquí a ver a Juanjo con sus ligues?

—Sí, ya te dije, que cada vez que puedo. A veces, cuando va a venir con alguna tía, ya planeado como hoy, incluso me avisa. Llevo años haciendo esto. Lo paso de puta madre espiando a las parejas. Todas las que vienen por aquí saben a lo que vienen… —me volvió a comentar, cada vez más excitado…

—Sí, bueno, parece genial. Vendré mas a menudo entonces también, si puedo… ¿Vienen muchas parejas?— le pregunté, curioso.

Sentí curiosidad, pero a la vez un cierto mal estar por encontrarme haciendo aquello. En algún modo, hasta sentí cierta pena por aquel tío. Se notaba, por su aspecto, que no tendría ningún éxito entre las mujeres y se “contentaba” con pajearse viendo a otras parejas.

—La verdad, que ahora mucho menos que antes —me dijo—. Últimamente, sólo Juanjo suele venir bastante. Cuando puede, se trae aquí algún ligue ahora que se está separando. Y bueno… también viene de vez en cuando un amigo suyo, Alberto, ¿le conoces?…

Yo me hice el despistado y le dije:

—No, ya te dije no soy de aquí. Sólo conozco a Juanjo, y de hace poco. —Comencé a temer que me iba a pillar en mis mentiras. Cada vez me encontraba más incómodo.

—¡Bufff! ¡No veas qué pajas me tengo hecho viendo a Alberto con sus ligues! Bufff…. Sobre todo hace años… Cuando se traía los veranos a una tetona, que buuuufff…. ¡cómo se la follaba!

Yo, ahí sí, ya me quedé perplejo y tuve que guardarme la polla. Le mire, preguntándole:

—¿Una tetona dices…?

—Sí, ¿la conoces? —contestó como entusiasmado—. Creo que era prima de esta rubia, si no recuerdo mal… Pero hace ya varios años que no la veo… ¡Qué buena estaba! ¡Madre mía, aún la recuerdo! ¡¡Aquellas tetas!! Buffff….. —Aquel tipo, comenzó a menearse más fuerte la polla mientras intentaba recordar…

Yo me quede estupefacto. ¡Dios, todo lo que estaba descubriendo! ¡JODER!

No quise seguir ni un segundo más allí. Me largué diciéndole a aquel tipo que se me hacía tardísimo.

—¡Espera!… ¿Pero no te corres? ¡Están en lo mejor!

Sin contestarle, me fui, echando un último vistazo hacia el coche y viendo a Erika tocándose el coño, toda espatarrada sobre el maletero, esperando ser de nuevo penetrada por Juanjo. Intenté salir sigiloso, escondido entre la maleza, esperando poder escaparme de allí sin que me viese Erika.

La maleza era densa por un lateral del pinar. Conseguí ir saliendo de allí sin ser visto. Lo que sí me iba a ser muy difícil, sería olvidar lo allí descubierto…

Lo ocurrido en todos aquellos días de vacaciones, en cierto modo, para mí había sido excitante. Había descubierto situaciones y facetas de Natalia y de mí que me me daban mucho morbo, pero aquella revelación por parte de aquel “baboso mirón” era demasiado; me había dolido realmente. Aquel tipo se había masturbado viendo a mi chica en el pasado, como si fuese una puta. ¡Follando con otro, u otros! ¡¡Vete a saber!!

La verdad, todo eso me hizo arrepentirme de haber llevado el asunto tan lejos. En aquel momento, no quería saber nada más. Quería volver atrás y retomar la relación preciosa y sincera que tenía con Natalia hasta hacía sólo una semana. En solo seis días, habían ocurrido tantas cosas, que me parecían muchos más. ¡Tenía que frenar!

En aquel instante, estaba prácticamente decidido a terminar con ello. Por un lado, el tema de Erika y su extraño comportamiento con el tema de las fotos no me preocupaba demasiado. Al fin y al cabo, íbamos a estar en su casa solo cuatro días más. Era sólo cuestión de atar en corto sus enredos. Esa tarde, tenía claro que no las permitiría ir solas a las piscinas. No, por lo menos hasta que llegase de una vez a conocer en persona al tal Alberto ese…

Por otro lado, el tema de Víctor creía tener fácil solución también: sólo tendría que borrar su contacto del móvil y bloquearle el whatsapp. Al fin y al cabo, él no sabía donde vivíamos. Le habíamos contado, a él y a Sandra, de qué ciudad eramos, pero no sabía ningún dato personal más. Era imposible que nos localizase…

Pero luego, pensé en Riqui. Y, aquí sí, me entraron de nuevo las dudas. La “historia” de mi chica con Riqui me rompía todos estos planes. Era el nexo de unión con todo este enredo que ya no podía romper. Natalia tenía su teléfono, y estaba claro que habían tenido, por lo menos, un par de encuentros íntimos a través de él: la llamada que les escuché, y otro chat de whatsapp donde mi novia le habría mandado una foto de sus tetas. ¿Quién sabe si alguna más? ¿Qué habría quedado ahora haciendo en el jardín? Ya no podía quedarme tranquilo dejándola sola. ¡¿Qué había hecho?!

Estaba claro, que todo esto no se podría cortar tan fácil, de un plumazo. Decidí que, al menos, tendría que cambiar de estrategia. Iba a dejarme de esperar a que los demás preparasen todo y yo sólo me limitase a observar cómo iban ocurriendo las cosas, a veces casi por casualidad. Ahora tenía que llevar yo la iniciativa…

Pensando en todo esto, fui recorriendo apurado la cuesta que bajaba del pinar. Sabía que el coche de Juanjo tendría que estar a punto de pasar pero, en aquel momento, no me importaba que me viesen. Seguí bajando la cuesta, medio corriendo y, al momento, oí sonar mi móvil. Lo miré y era Natalia. Lo cogí:

—Dime, cariño…

—Amor, ¿qué…?, ¿dónde andas? Deben de estar al llegar ya Erika y mi tía. ¿Al final has llegado hasta el pinar?—dijo ella, nada más contestarle el móvil. La noté algo nerviosa por mi tardanza.

—No, vida… Al final me entró la pereza. Me pareció muy empinado y no subí hasta arriba del todo… Di un paseo largo por la carretera. Llegué casi hasta el pueblo. Me entretuve mirando el paisaje. Pero ya estoy dando la vuelta. No tardo —le contesté, mintiéndole. No quería que sospechase que podría haber visto a Erika, ni que pudiese llegar a intuir que yo sabía que ella también iba allí en el pasado.

—Oye, por casualidad, ¿has visto pasar por ahí a Erika? Seguro que ha tenido que ir a verse con Juanjo. Ya viste como se marchó apurada. Me pregunto yo… ¿dónde se verán?

—No sé cariño… en cualquier sitio… ¡Olvida las movidas de tu prima! Tú y yo vamos a pasar estos días lo mejor posible y punto. ¡Ella sabrá!

—Sí, Luis, tienes razón… ¡Anda cielo, ven pronto! Te hecho de menos. Llevamos aquí tres días un poco extraños tú y yo… Y tengo ganas de que estemos juntos.

—Sí, cariño, estoy ahí enseguida —le contesté, con voz amorosa, como si sus palabras me tranquilizasen. Aunque sólo un poco.

Dicho esto ultimo, colgamos.

Al haber tenido esta conversación de ahora con Natalia, ya no me interesaba que Erika me viese al pasar en el coche con su amante. Y tenían que estar al aparecer. Me apresuré, intentando bajar lo mas rápido posible, con un oído atento a la carretera por si pudiese escuchar venir su coche. Si les oía, tendría que esconderme lo más rápido que me fuese posible…

Y, efectivamente, escasos minutos después, escuché a lo lejos el sonido de ese todoterreno aproximándose a gran velocidad. Nervioso, miré alrededor, buscando algo para ocultarme. La verdad, que no vi nada propicio.

Apresurado, pues ya parecían a punto de llegar, me tiré a la larga tras un matorral, en el margen derecho de la carretera. Me tapé la cabeza, como si de un prófugo que escapase de la Guardia Civil se tratase, y esperé a que pasase el vehículo por mi lado. No sabía seguro si me habrían visto, pero, si lo hicieron, debió ser algo ridículo…

Cuando pasaron totalmente, me levanté. Nervioso y apresurado volví para la casa. Conseguí llegar unos minutos después.

Entré para dentro. En la cocina estaba Erika sola, muy apurada preparando cosas para la comida. Entendí, que se le tuvo que haber hecho tarde en el pinar, y estaría al llegar su madre…

—Hola, Eri… ¿Natalia, está arriba? —le pregunté. Ella, asustada por mi sorpresiva presencia, se dio la vuelta de un salto.

—Hola, Luis… Sí, Natalia ha subido a cambiarse. La encontré sola, tomando el sol en el jardín cuando llegué. ¿Tú a dónde has ido? —A Erika no se le quitaba la cara de sorpresa.

—Na… sólo a dar un pequeño paseo por la carretera que lleva al pueblo. Me subo arriba con ella, entonces —le comenté, sin querer darle más detalles de mi paseo y yéndome arriba.

Subí, y me encontré a Natalia en la habitación, poniéndose otra vez el vestido playero que había llevado el día anterior a las piscinas. Parecía que tendía la clara intención de volver esta tarde.

—Hola cariño, ¿preparándote para ir a las piscinas? —le pregunté.

—Sí… pufff. ¡Qué pesada está mi prima con ir esta tarde… otra vez! A mí, la verdad, no me apetece nada de nada. Es un rollo y un aburrimiento las piscinas. ¡Donde esté la playa!…

—Sí, amor… Mira, te propongo una cosa. Si no quieres, no vamos. ¡Que vaya ella sola si tanto interés tiene! Tú y yo nos quedamos en casa o salimos a dar juntos un romántico paseo por aquí. ¡Me apetece estar contigo a solas, cariño! —le comenté, dándole seguidamente un beso apasionado; como el que un novio le daría a su chica, después de tiempo sin verla.

—Sí, eso también es lo que yo quiero. ¡Pero a ver quién le dice a mi prima que no queremos acompañarla a las piscinas! —me replicó, preocupada y mirándome a los ojos.

—Tú tranqui, vida… Déjamela a mí. Yo se lo digo.

—Vale —susurró ella, devolviéndome el beso apasionado de antes.

Mientras estábamos arriba, Luisa, la madre de Erika, apareció ya en casa. Nada más llegar, nos llamó para que fuésemos a comer. Bajamos y almorzamos los cuatro juntos en la cocina.

Al rato, ya en la sobremesa, Natalia le comentó a su tía:

—¡Qué bonita tiene Erika la melena… tan lisa y tan rubia! ¡Qué suerte tiene de tener una peluquera en casa! Yo, después de todos estos días en la playa, ya tengo el pelo algo reseco… ¿Me lo podías peinar un poco, tía?

—Sí, claro, Natalia, ya te lo iba a proponer yo. Tú también tienes una buena melena morena. Sólo necesitas un poco de alisado y cepillado…. ¡Ahora te lo preparo! —le contestó Luisa, mientras acariciaba la melena de Natalia, como comprobando su estado.

—Pero… ¿eso mejor luego, no, Natalia…? Se te va a estropear si te bañas esta tarde en las piscinas. ¿No es mejor que te esperes a la vuelta? —intervino Erika, mirando de reojo hacía mí, como buscando la complicidad que yo antes le había prometido.

—Bueno, Erika, no sé si me apetece ir esta tarde a la piscina —le dijo Natalia, mientras se iba con su tía hacia el baño del piso de abajo para peinarla.

Le devolví la mirada a Erika, y también me levanté. Pero luego me fui arriba, a la habitación, a descansar mientras mi novia se peinaba.

Al rato de estar allí, tumbado en la cama y con los ojos cerrados, relajado, escuchando el sonido del secador de la tía preparando la melena de Natalia, Erika,apareció en la puerta por sorpresa…

—Hola, Luis. ¿Cuándo le vas a decir a tu chica que te encuentras mal y no vienes con nosotras? ¿Porque vas a hacer lo que me prometiste, no? —me preguntó ella, acercándose hacia la cama.

—Mira, Erika, creo que lo he pensado mejor, y no voy a hacer eso que me pides. Natalia y yo hemos estado muy poco juntos desde que llegamos aquí, y no era para eso para lo que salimos de vacaciones. Ella se está aburriendo mucho y me lo confesó hace un rato… Hemos hablado, y referimos quedarnos en casa juntos, o salir a dar un paseo solos. Ve tú sola a las piscinas si quieres… Yo te avisaré igualmente si sale tu madre, como quedamos. Pero yo sin Natalia no me quedo solo en casa —le respondí, con tono enérgico, y como demostrando que no quería dejarme llevar por sus rollos.

—Bueno… ¡pues iré yo sola! ¡Vosotros quedaros aquí, PAREJITA!!—replicó ella, visiblemente enfadada mientras se iba.

Cerró de un golpe la puerta, queriendo demostrar así el enojo que llevaba por yo haberle chafado sus planes.

Al salir de la habitación, pude escucharla murmurar algo en bajo para sí misma. Seguro debió creerse que yo no la oiría, camuflada por el ruido del secador, pero más o menos pude enterderle algo así:

—¡Vaya ataque de celos que le ha entrado ahora al cornudito este!

Yo sólo esboce una sonrisa, y volví a cerrar los ojos esperando a que terminase Natalia de peinarse. Ya se había dejado de oír el sonido del secador…

A Erika, al rato, la oí entrar al baño. Pude sentirla bajarse los pantalones cortos que llevaba y después las bragas. Luego, escuché perfectamente cómo orinaba y tiraba de la cadena. Al instante, supuse debió comenzar a lavarse y cambiarse de ropa…

Salió del baño, y bajó abajo en busca de Natalia. Desde arriba, entendí que le preguntaba, delante de su madre, si era verdad que no le apetecía ir esta tarde a las piscinas. Natalia le dio la misma excusa que yo, y Luisa le dio la razón a mi novia. Instó a Erika a dejarnos un poco tranquilos e irse ella sola, si tanto interés tenía en ir a las piscinas…

Mientras todo esto pasaba, yo entré al baño de al lado de nuestra habitación, y me senté en la taza del retrete mientras hurgaba en el centro de ropa sucia. Allí, encontré la braga que llevaba esta mañana Erika. No había duda, eran la misma que tenía puesta en el pinar, la que con tanto ímpetu le quitó Juanjo de un solo tirón. Busqué la zona que estaba en contacto con su vagina. Y allí estaba, con muestras evidentes de flujo e incluso puede que de corrida. Me la llevé a la nariz y inhale hasta lo más profundo de su esencia. «¡Vaya guarra!», pensé para mis adentros.

Justo después de posar esas bragas de vuelta en el cubo, oí a Natalia entrar de regreso en nuestra habitación. Rápido fui con ella, y me la encontré de pie, en el centro de la habitación, mirándose en un espejo del armario. ¡Estaba preciosa con aquel peinado que le había hecho su tía! Le había dejado un alisado y un flequillo que resaltaba aun más la ingenuidad de su lindo rostro.

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