NÚRIA MASIP

Una semana más tarde, estaba loca por volver a su tiempo.

Podía parecer un chollo poder repetir la historia, pero, hay veces, que repetir lo que siempre harías igual, no cambia nada.

Ese era al punto donde había llegado ella, aunque, estaba visto que, salvo ir viviendo los días, poca cosa podía hacer.

Su relación con Álex era lo único que se salvaba de todo lo anterior.

Se convencía que su mente la había enviado allí con algo que tenía que ver con él, pero, aún no sabía el qué.

Por otro lado, se dio cuenta que ver los acontecimientos por segunda vez, tenía una parte buena: podía analizar mejor lo que pasaba entre ellos, así como, descubrir nuevas facetas de él, que antes quizás, no se había molestado en ver.

-Podríamos ir a cenar a la hamburguesería -dijo él girándose con la silla del escritorio para mirarla-.

-Preferiría ir a la brasería de Mauro.

-¿Quieres que vayamos con los cien euros que nos quedan en el banco?

Cierto, eran jóvenes y pobres.

-Entonces, prefiero que cenemos en casa y luego, veamos una peli -sacó el pie de la pantufla y le acarició el muslo subiendo hasta la bragueta del pantalón- podría ser una de esas pelis ñoñas que me gustan y tú detestas.

Sofía se levantó de la cama y abrió su camisa mostrando el sujetador azul con brocados que le levantaba los pechos. Fue despacio hacía Álex y sentó en su regazo levantando la minifalda tejana que llevaba puesta y poniendo una pierna en cada lado.

-Si me lo pides así -dijo él desabrochando los broches del sujetador- nos tendremos que quedar.

Liberó sus pechos y ella le besó todo el cuello. Luego, la puso en pie e hizo que se sentara sobre el escritorio.

Sofía le quitó la camiseta por el cuello para acariciar cada músculo. Era perfecto para ella.

Álex se bajó el pantalón y apartándole la ropa interior, la penetró fuertemente.

En ese momento, Yolanda llamó a su móvil y Sofía hizo ademán de apagarlo.

-No, cógelo -dijo él clavándose más en su interior-.

-Yolanda -contestó con un medio gemido- vale, mañana…

Tuvo que interrumpirse porque Álex comenzó a succionarle uno de los pezones.

-Sí, tomamos un café -se movió dentro de ella y tuvo que reprimir el chillido de placer- a las cinco, perfecto.

Colgó y se pusieron a reír. Entonces, él procedió la velocidad de las embestidas hasta que terminaron uno apoyado en el otro totalmente satisfechos.

-Estás irreconocible Sofía.

-¿Por qué lo dices? -dijo extrañada-.

-Antes eras más cometida, pero, ahora te veo liberada -se ajustó el cinturón del pantalón- espero que no sea por algún amante que tengas por ahí.

Sofía se acercó a él, le cogió la cara con la mano y lo besó.

-No hay nadie más -le acarició la entrepierna con los dedos- esto que compartimos es muy difícil de encontrar, ningún otro hombre podría entenderme más.

-Es decir, estás conmigo por el sexo.

-Claro, sólo por eso -rio- ¿No piensas que puedo estar fingiendo?

Álex puso cara de horror.

-Voy a hacer la cena.

Mientras cocinaba, sintió como unos brazos la abrazaron por detrás.

-No finges, ¿verdad? -le apoyo su cara en el hombro-.

-Claro que no -dijo mientras removía los espaguetis-.

-Sabes que te quiero.

Sofía asintió.

-Espero estar así siempre y que no te vayas nunca.

No pudo evitarlo; empezó a llorar, lo apartó y corrió a encerrarse en la habitación.

-¿Qué te pasa? ¿He dicho algo que no debiera? -Álex golpeó la puerta- abre.

-Déjame cinco minutos a solas, por favor.

Se agarró a un cojín y lloró todo lo que pudo.

Había estado a segundos de confesarle que sabía lo que pasaría entre ellos, esto sólo era la luna de miel.

Respiró hondo, se secó las lágrimas y salió.

-¿Se puede saber qué te ha pasado?

-Un bajón, perdona -vio la olla hirviendo y corrió hacía ella- que se pasan.

Cenaron en silencio, luego, abrazados vieron una película.

Él se quedó dormido y Sofía aprovechó para escribir en su cuaderno.

Pensó que era peligroso tenerlo a la vista, él podría leerlo y creer que estaba loca.

Lo escondió debajo del azulejo suelto del baño.


Álex observaba el piso mientras comía, esas paredes habían visto florecer el amor de ambos.

Era difícil estar allí sin ella, sin oír su voz ni que le contara como iba el día.

Decidió bañarse, siempre lo habían hecho juntos, la bañera era lo único bueno de aquél viejo lugar.

Fue a meterse en el agua, pero, al levantar el pie, se dio con el dedo en una baldosa que se movía. La tocó y vio que estaba completamente suelta. Así que, la levantó.

Debajo encontró lo que parecía un cuadernillo con flores lleno de polvo, lo cogió con las manos y limpió sus tapas. En la portada estaba escrito “Atrás en el tiempo” por Sofía Milán.

Abrió las páginas y empezó a leer.

Lo último que recuerdo es el sabor del Valium con el vodka y un enfermero preguntándome cuántas pastillas me había tomado.

No debí haberlo hecho, pero, quería dejar de sentir que Álex se hubiera ido.

Ahora, mi mente me ha llevado con mi actual consciencia al 2016. Repito cada día que he vivido estos cinco últimos años…

Esto era muy extraño, estaba hablando de su intento de suicidio como si fuera consciente de lo ocurrido.

¿Había hablado con un enfermero? ¿Qué estaba pasando aquí?

Sabía que a ella le gustaba escribir, pero, no podía haber inventado todo eso estando en coma.

Cuando acabó de leer las diez páginas, no podía creerlo.

Debía ir a ver al enfermero, quería saber si era verdad que Sofía estaba consciente en la ambulancia.

Por seguridad, volvió a dejar el cuaderno debajo del azulejo.


Llegó al hospital en veinte minutos.

Todas las enfermeras le conocían, así que fue fácil que una le dijera quién había traído a Sofía.

Se llamaba Mario y estaba de guardia, pero, que volvería en una media hora porque acababa de salir por un servicio.

Se sentó a esperar mientras se peinaba el pelo con las manos, seguía sin creer que nada de lo escrito, pudiera ser real.

Al cabo de un rato, aparecieron por la puerta un par de hombres portando una camilla con una mujer mayor.

La enfermera le indicó que era el rubio.

Esperó hasta que Mario salió afuera y vio como atravesaba la calle del hospital para encenderse un cigarrillo.

-Buenas noches.

-Hola -él le miró extrañado-.

-¿Eres Mario? -el hombre asintió con la cabeza- ¿Puedes recordar a una chica joven que trajiste hará unos dos meses?

-No, lo siento. Traigo mucha gente.

-Se había intentado suicidar. Sigue ingresada.

-Espera ¿Es morena y llevaba un tatuaje en el brazo?

Álex asintió con la cabeza.

-Se llama Sofía y quería agradecerte los primeros auxilios que le diste, pero, también, necesitaba saber si ella volvió a la consciencia en el viaje en la ambulancia.

-Sí, brevemente. Le pregunté cuántas pastillas había tomado, aunque, no me llegó a responder.

No le contestó, se fue corriendo al piso.

Cuando llegó, levantó el azulejo y respiró al ver que el cuaderno seguía allí.

Sofía había escrito dos hojas más.

Era una auténtica locura, pero, tenía que intentarlo.

Cogió un papel de notas del escritorio y anotó “Te quiero”.

Lo guardó en la última hoja escrita y volvió a poner el cuaderno en su sitio.

Ahora, sólo podía esperar.

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