ECONOMISTA

23

Llegamos andando a una pequeña tasquita donde tenían toda clase de pinchos en la barra. Pedimos un poco de cada cosa a modo de degustación. Esta vez me quedé con ellos, estábamos los tres de pie en la barra juntos y Víctor le hablaba a mi mujer al oído, luego ella le decía que sí y se echaban una mirada de complicidad. Ese pequeño coqueteo me daba mucho morbo, verlo así delante de mis narices, un par de veces me miró Víctor y se le escapó una medio sonrisa, sin duda alguna recordando lo que me había hecho en el hotel.

El tonteo entre ellos siguió toda la cena, no solo eran conversaciones al oído y miraditas entre ellos, Víctor pasaba de vez en cuando la mano por la cintura a Claudia, incluso se permitía el lujo de darle alguna pequeña palmadita en las nalgas mientras hablaban.

Sin querer se me iba la vista abajo siguiendo la mano de Víctor, que por supuesto se dio cuenta de donde estaba mirando. Lo que más me llamaba la atención era como Claudia no le daba ninguna importancia, incluso parecía que se hacía la tonta dejando que él la tocara.

– Ummmmmmmm que bueno está este, dijo ella probando un canapé mientras Víctor ya la sobaba el culo descaradamente.

Tuvo que sacar la mano de donde la tenía para poder cenar y beber de la caña que estaba en la barra, pero después la volvía a poner sobre el culo de mi mujer. Luego él me miraba otra vez y le decía una frase al oído a Claudia. Se estaba lanzando cada vez más e incluso se permitió intentar besarla, aunque ella no le dejó y le detuvo poniéndole una mano en el pecho.

– Víctor, sabes que en público no…

– Venga, solo un beso, aquí no te conoce nadie.

– Nunca se sabe, dijo Claudia mirando por todo el bar a ver si había alguna cara medianamente conocida, cosa muy poco probable.

– A David no le importa, ¿verdad que no?, dijo Víctor en plan chulo.

Claudia me miró fijamente a ver que contestaba y se quedó expectante, yo no sabía ni que decir.

– Te ha dicho que aquí no, dije en tono serio.

No me contestó, pero por la cara que puso supe que esa me la iba a guardar. Cogió la caña y le dio un trago sin dejar de mirarme. Luego se rio y abrió los brazos en son de paz.

– Como queráis.

Me gustó sacar la cara por mi mujer y que al menos en ese momento Claudia y yo hiciéramos algo de frente común contra Víctor. No tardamos mucho en cenar, que hubieran follado un rato antes les había mitigado en parte el deseo que se tenían, pero no mucho, estaba claro que tenían prisa por volver al hotel. Víctor pagó la cena y cuando salimos del bar, ahora sí que me quedé al margen, dejándoles su espacio. Echaron a andar y yo me puse detrás de ellos como a unos tres o cuatro metros. Esta vez ninguno de los dos me buscó con la mirada.

Era como si no existiera.

Llegamos al hotel y subimos juntos en el ascensor, Víctor se puso delante de Claudia y se dieron un primer morreo en lo que llegábamos hasta nuestra habitación. No fue como un par de horas antes, estaban más calmados, pero se notaba que se seguían teniendo muchas ganas. Llegamos a la habitación y entramos dentro, yo observaba la escena en silencio, sin hacer, ni decir nada, no quería molestar y me encantaba observar todos los detalles. Como se tocaban, como se miraban, los gestos.

Me senté en una especie de butaca que estaba situada en diagonal a la cama, a los pies de ésta se quedaron frente a frente Víctor y Claudia besándose despacio, jugueteando con sus lenguas, mi mujer le miraba con desesperación, mordiéndose los labios, pero Víctor quería ir con calma, estaba claro quién era el que marcaba los tiempos.

Lentamente fue desabrochando la camisa de Claudia, una vez que abrió todos los botones metió la mano por su espalda y le quitó el sujetador para luego dejarlo caer al suelo. Con suavidad apartó la camisa blanca de mi mujer y se quedó mirando sus preciosas tetas. Desde mi posición la imagen era muy erótica, los pechos de mi mujer lucían grandes y tersos, tenía los pezones duros y parecían reclamar las caricias de Víctor que no llegaban.

– Me encantan, dijo Víctor por fin tocándoselas despacio, como si se fueran de cristal.

Se sentó en la cama y cuando Claudia le iba a acompañar dijo.

– No, quédate de pies, quiero comértelas así… ¿quieres quitarle tú la camisa?, me dijo a mí de repente.

Me quedé sorprendido porque no pensé que me iban a hacer participar, o no al menos tan pronto, todavía me estaba acomodando y asimilando todo lo que estaba viendo y sintiendo. Claudia se me quedó mirando y no me dijo nada, pero con un gesto cariñoso movió la cabeza afirmativamente dándome su consentimiento. Me levanté rápido y me puse detrás de mi mujer, le aparté la camisa desde los hombros bajando hacia abajo, desnudando sus pechos para Víctor y cuando se la acabé de quitar acaricié ligeramente la parte baja de su espalda.

Fue muy placentero sentir la piel de mi mujer.

Con la camisa en la mano regresé a mi asiento, cuando lo hice Víctor ya estaba manoseando y estrujando vulgarmente sus tetas mientras sonreía. Claudia se había quitado los zapatos para bajarse y que los pechos le quedaran a la altura de la boca de él, ya solo tenía los pantalones puestos y allí de pies gimió por primera vez cuando Víctor se lanzó contra sus pechos metiéndose los pezones en la boca. Las manos de Víctor iban delante y atrás sin parar, le juntaba los pechos, luego las ponía en su culo, en la espalda, volvía a sus pechos.

No se cansaba de mamar, una de las veces que se sacó un pezón de la boca me miró a mi mientras jugueteaba con su lengua en ellos.

– Me encantan las tetas de tu mujer, me dijo provocando que mi polla palpitara bajo los pantalones.

Estaba claro que a Víctor le gustaba lo de incluirme un poco en el juego, diciéndome ese tipo de cosas, humillándome delante de Claudia. Quería demostrar quién era el corneador, quien era el macho alfa, quien era el que mandaba allí.

Lo siguiente fue desabrocharla el pantalón, pensé que iban a volver a llamarme para que yo le quitara los vaqueros, pero no fue así, lo hizo él mismo, poco a poco fue bajando el pantalón a mi mujer dejándola solo con un pequeño tanguita negro. Apretó el cuerpo de ella contra su cabeza y con las dos manos tocó con fuerza el culo de Claudia. Yo estaba cachondísimo y tenía unas ganas locas de sacarme la polla, pero todavía consideré que no era el momento adecuado ponerme a hacerme una paja, cuando ellos seguían por los previos.

– Ponte los zapatos, dijo Víctor.

Claudia se quedó de pie delante de él, solo llevaba puestos los zapatos de tacón y un tanguita. Tenía los brazos en forma de jarra y esperaba la siguiente orden de Víctor que se incorporó lentamente y me miró, luego le cogió bruscamente a mi mujer por el brazo sin que ella se lo esperase, los tacones sonaron al caminar y las tetas le bambolearon con el pequeño zarandeo y así cogida la hizo avanzar dos metros sobre su espalda para apoyarla contra una mesa.

– ¡No te muevas!, dijo poniéndose detrás de ella.

De un tirón le bajó el tanguita dejándoselo por la mitad de los muslos, luego le soltó un azote duro en la nalga derecha y se puso de rodillas para meter la cabeza en aquel manjar. El muy cabrón le iba a comer el ojete a mi mujer.

Apartó los glúteos con las manos abriéndoselo hacia fuera y le pegó un primer lametazo que hizo estremecer a Claudia. Esta vez no lo hizo con delicadeza, parecía que estaba hambriento, desesperado y es que un culo como el de Claudia no puede comerse de otra manera. Se lo lamía, le mordía los cachetes, volvía a meter la cabeza entre sus nalgas, le pasaba la lengua de arriba a abajo y de abajo a arriba, salivándolo, empapándolo por completo, luego jugueteó con un dedo en él, esperando que mi mujer lo retirara, pero no lo hizo, dejó que Víctor la fuera incrustando poco a poco el dedo en su ano. Claudia abría la boca jadeante, buscando un poco de aire para poder respirar. No le dejó mucho tiempo que la sodomizara con el dedo, ella misma le apartó la mano y movió las caderas con evidente cara de dolor.

Pero a Víctor le dio igual, se puso de pies y llevó el dedo que acababa de tener en el intestino de Claudia directo a su boca. Mi mujer giró la cabeza y deseosa atrapó el dedo lamiéndolo con la lengua y luego se lo metió en la boca como si se la estuviera mamando. Me apreté el paquete al ver aquello.

Aquel sinvergüenza tenía a mi mujer a su merced.

Bajó la mano y se la metió entre las piernas con la palma hacia arriba, introdujo los dos dedos centrales en el coño a Claudia y comenzó a moverlos con mucha velocidad. Fue como si hiciera magia. Aquello empezó a chapotear salpicando los jugos de mi mujer en todas las direcciones. Claudia gimió en alto descontroladamente al ritmo que la masturbaban, Víctor hizo que se corriera o algo parecido en apenas unos segundos. Cuando retiró la mano todavía cayó un chorro de flujo de su coño y pude ver la cara interna de sus muslos que estaban mojados.

Apenas tuvo tiempo de recuperarse, Claudia notó a Víctor limpiarse la mano en una de sus nalgas y de repente escuchó como se abría el pantalón de Víctor.

– ¿Quieres que te folle?, dijo cogiéndola por la cintura.

– Si, dijo mi mujer todavía jadeando.

– Antes tendrás que sacarme la polla, ¿no?

Claudia hizo el gesto de girarse, pero Víctor no la dejó.

– Shhhhhhhhhh, sin mirar…hazlo desde ahí…

Entonces mi mujer estiró el brazo hacia atrás y consiguió liberarla del pantalón como éste le había pedido. Se encontró con aquella enorme polla en la mano y comenzó a meneársela.

La imagen era brutal.

Mi mujer parecía una puta, completamente desnuda, de espaldas a Víctor, ofreciéndole el culo, con el tanga a medio bajar y los zapatos de tacón puestos le hacía una paja, rozando aquella verga entre sus dos glúteos, sin parar de gemir.

Entonces me miró. Tenía la cara desencajada de placer y aquel rostro me pareció desconocido. Si me dicen que es Claudia no me lo hubiera creído. No pude más y mientras cruzaba la mirada con ella me saqué la polla. Mi pequeña y patética polla. Aunque la tenía dura me la sujeté con dos dedos, en un gesto sumiso hacia ella, Víctor interrumpió ese instante “romántico” entre mi mujer y yo.

– ¿Me pongo condón?, dijo restregando la polla entre los labios vaginales de Claudia que jadeaba cada vez que la sentía entre sus piernas.

Aquella pregunta era ridícula, más que nada porque se había corrido dos horas antes dentro de ella, lo que buscaba con ese pregunta era consolidar su posición de dominio hacia Claudia. Quería que ella se lo pidiera, más bien que se lo rogara.

– ¡Métemela!, vamos, suplicó mi mujer.

Víctor me miró sonriendo.

– Cornudo, que hago, ¿se la meto o no?, has dicho que no querías que lo hiciéramos así…

– Vamos métemela, vas a hacerme correr como sigas así, dijo Claudia.

– Siiii, da igual, hazlo, dije yo pajeándome con dos dedos.

– Jajajajaja, pero ¿con condón o sin él?, me preguntó.

– Vamossss, ahhhhhhhhhhh, vamossssssssss, dijo Claudia desesperada.

El muy cabrón estaba jugando con los dos. Nos tenía cachondos y excitados y ambos le suplicábamos que metiera ya su enorme polla en el coño de Claudia.

– Shhhhhhhhh, todavía no, dijo retirándose.

Me sentí decepcionado, ¿que estaba haciendo ahora? y a Claudia le debió pasar lo mismo, sin cambiar de postura se giró para ver que estaba pasando. Víctor caminó hacia atrás y se sentó en la cama, apoyó los codos quedando recostado y de forma chulesca se sujetó el pollón con la mano.

– Antes tienes que chupármela…

Claudia se subió el tanga y tiró tan fuerte hacia arriba que se lo incrustó entre los labios vaginales. Estaba muy sensible, incluso gimió al sentir el trozo de tela acariciándola. Se dio la vuelta y sin titubeos echó a andar con decisión hacia Víctor. Se puso de rodillas ante él, parecía que estaba contrariada.

– No, así no, súbete a la cama por este lado y ponte mirando hacia tu marido, quiero que vea bien como lo haces ahora…como te he enseñado…

Se subió a la cama quedando a cuatro patas y de frente a mí, como había dicho Víctor y le agarró la polla mientras me miraba, me sentí ridículo sujetándome mi cosita con dos dedos, más si cabe porque Claudia apenas podía cerrar su pequeña mano sobre la verga de Víctor cuando empezó a pajearle. Fue acercando la cara despacio mirándome fijamente y primero pegó un pequeño lametazo, como solía hacerme a mi cuando éramos jóvenes, fue una primera toma de contacto, porque luego le dio un muerdo guarro sobre el capullo lanzándose a devorar aquella polla.

Intentaba metérsela en la boca, pero casi no le cabía, eso me daba más morbo si cabe, además no dejaba de menearle la polla a buena velocidad mientras se la mamaba.

– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, que buenooo, ¡¡¡los huevos, no te olvides de los huevos!!!

Entonces Claudia pasó la lengua de arriba hasta abajo, le apoyó la polla contra el estómago y se metió los cojones de Víctor en la boca. Luego me miró con cara de puta. No le puedes mirar a tu marido de otra forma si le estás comiendo los huevos a tu corneador. Eso fue el detonante de mi segunda corrida. Gemí en alto para que se dieran cuenta de lo que pasaba.

– ¡¡Ahhhhhhhhh, me corrooooo, me corrooooo!!

Con dos dedos seguí masturbándome hasta que terminé con la pollita flácida entre ellos. Claudia siguió a lo suyo como si no hubiera pasado nada, pero Víctor me miró socarronamente.

– Creo que el cornudo ya ha terminado, dijo sujetándose la polla para dar unos pequeños golpecitos en el rostro de Claudia que recibía sacando la lengua ansiosa.

Ella me miró y de repente se quedó quieta, como si con mi corrida todo se hubiera terminado.

– ¿Qué haces?, ¡venga sigue chupando!, dijo Víctor en alto.

Entonces Claudia le reanudó el pajote haciéndoselo más duro todavía, luego abrió la boca todo lo que pudo consiguiendo meterse el hinchado capullo de Víctor en ella y chupó con fuerza subiendo y bajando la cabeza a buen ritmo. ¡Era impresionante, que manera de mamar!. Y Víctor aguantaba como si nada. Pero a él le gustaba mandar, llevar la iniciativa, así que comenzó a mover levemente las caderas, incrementando progresivamente la velocidad, Claudia le soltó la polla cuando sintió las manos de Víctor sobre su cabeza. En la habitación ya solo se escuchaba el glup de la boca de mi mujer.

Víctor le estaba follando la boca.

Me parecía increíble que la pudiera caber semejante trozo de carne, de hecho, solo la entraba el capullo, pero seguro que en esa postura Claudia apenas podía respirar. Eso no fue impedimento para que mi mujer se metiera la mano entre las piernas y comenzara a tocarse con los ojos cerrados, seguro que el verse así sometida delante de mí la puso más caliente todavía.

Cuando se sacó la polla de Víctor para poder respirar tenía un reguero de saliva que la colgaba de la barbilla y le caía por los pechos. En cuanto cogió un poco de aire volvió a la carga lanzándose de nuevo sobre la polla de él sin dejar de masturbarse. El ver aquello hizo que se me volviera a poner dura, me volvían loco los gemidos ahogados de mi mujer y Víctor ahora la guiaba con una sola mano en la cabeza. Me miró sonriendo cuando vio que me empezaba a masturbar otra vez.

– ¿Qué te parece cornudo?. está bien enseñada, ¿no?, jajajaja.

Entonces Claudia se incorporó, le agarró la polla pegándole un par de sacudidas y con la respiración agitada se acercó a él para intentar besarle, Víctor se lo impidió poniendo su mano sobre el pecho de Claudia.

– Ahora no quiero tus besos joder, te apesta la boca a polla…

Entonces Claudia le suplicó mientras ella misma se quitaba el tanguita.

– ¡Pues métemela ya, por favor, fóllame!, ¡no puedo más!

– ¿Has visto cómo está?, me dijo a mí.

– Si, dije yo volviendo a pajearme despacio.

– Seguro que no la habías visto tan cachonda en la vida.

– ¡¡¡Venga déjale, hazme caso a mí, métemela, vamossssss!!!!, dijo Claudia agarrándole la polla para pegarle otro par de sacudidas.

– ¡Súbete en la cama y ponte a cuatro patas, zorra!, dijo Víctor apartando su mano.

Claudia se descalzó y le obedeció poniéndose en el centro de la cama como le habían pedido. Luego se metió la mano entre las piernas acariciándose de nuevo y miró hacia atrás abriéndose el coño.

– ¡Métemela, métemela!, vamossss, dijo moviendo las caderas.

Con toda la tranquilidad del mundo Víctor acabó de desnudarse, se quitó la camisa y se quedó de pie sujetándose la verga mientras miraba a mi mujer suplicarle porque se la follara. Yo me seguía pajeando deseando que lo hiciera, pero Víctor seguía marcando los tiempos, haciendo que se acumulara una tensión sexual que se empezaba a hacer insoportable.

Se subió a la cama y se puso de rodillas detrás de mi mujer, lo primero que hizo fue soltarle un buen azote, ¡PLAS!, Claudia nerviosa gimió, expectante ante lo que se le venía encima. No podía aguantarse más. Todavía el muy cabrón se lo hizo desear un poco, metió la polla entre los labios vaginales de mi mujer y se la estuvo restregando un buen rato. Claudia movía la cadera delante y atrás, aquella fricción la estaba volviendo loca, por un momento pensé que se iba a correr así.

Pero Víctor también se dio cuenta y no la iba a dejar. Se detuvo y cogiéndose la polla le dio varios golpecitos en el coño de abajo a arriba.

– ¿La quieres?, se regodeó un poquito más.

– Siiii, siiiii, métemela, métemela, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh, voy a correrme, voy a corrermeeee si sigues haciéndome eso, dijo Claudia en un tono ahogado.

– ¿Tú qué dices, se la meto ya?, me dijo a mí, – ¿Pero me pongo el condón o no?, jejejeje, dijo volviendo a golpear el coño de Claudia.

– ¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhgggggggg!!

Tenía la polla durísima e hinchada, con el capullo húmedo y morado, además las venas se le marcaban por todo el tronco lo que le daba un aspecto imponente a semejante verga. Claudia no podía esperar más y yo tampoco, deseaba verla empalada por Víctor y ya me daba igual que lo hiciera a pelo o que se la follara con condón. Bueno, a decir verdad, estaba tan cerdo que prefería que lo hiciera sin protección.

– Da igual, como quieras, dije yo.

– Dile a tu marido que me pida por favor que te la meta y llámale cornudo, dijo Víctor que continuaba con los golpecitos en su coño.

– ¡Por favor, hazlo ya!, suplicó mi mujer.

– ¡¡Díselo!!

Entonces Claudia miró donde estaba y me ordenó.

– ¡Pídele por favor que me la meta, vamos!

– Te falta lo de cornudo, jejejejeje…

– ¡¡Vamos cornudo, pídeselo!!, pídele que me folle, ¡¡vamos!!, repitió Claudia gimiendo.

Me puse de pies acelerando el ritmo de la paja y me acerqué a ellos.

– ¡Por favor, métesela, por favor!, ¡¡FÓLLATE A MI MUJER!!, ¡¡¡MÉTESELA YA!!

Ya había conseguido su objetivo. Hacer con nosotros lo que le daba la gana. Yo de pie pajeándome pidiéndole por favor que se la clavara y Claudia a cuatro patas gimiendo a cada contacto suplicándoselo también.

No la hizo esperar más.

– Está bien, dijo poniendo una mano sobre el hombro de Claudia y la otra guiando su polla para metérsela.

Inmediatamente Claudia comenzó a correrse. Lo juro. En cuanto la sintió dentro el cuerpo de mi mujer tembló y pegó un gemido que retumbó por toda la habitación. Se estaba corriendo a la vez que Víctor empezaba a follársela con golpes secos.

– ¡¡¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGGG AHHHHHHHHHHHHGGGGGGG!!!, AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH…DIOSSSSSSSSSSSSSSSSS, AHHHHHHHHHHHHHH….SIIIIIIIIIIIIII, AHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHH…

No por ello se detuvo Víctor, los siguientes 20 minutos destrozó sin piedad a Claudia, la azotó las nalgas, tiró de su pelo y la embistió duro sin dejar que pudiera tan siquiera recuperar el aliento. Cuando le falló la fuerza en los brazos Claudia pegó la cara contra el colchón, luego fueros las piernas las que cedieron haciendo que mi mujer quedara tumbada completamente boca abajo. Estaba rota.

Pero Víctor todavía siguió follándosela en esa posición. Claudia ya se dejaba hacer cualquier cosa. Como una muñeca inerte Víctor la giró y abriendo sus piernas se la volvió a meter en el típico misionero. Mientras la embestía le acarició las tetas y luego se fundieron en un morreo final antes de que Víctor se pusiera a gruñir como un animal salvaje.

– OHHHHHHHH, OHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, OHHHHHHHHHHHHHHHHHH, JODERRRRRRRRR, JODERRRRRRRRRRRRRRRRRR….

Se puso de rodillas y rápidamente sacó la polla para meneársela sobre el cuerpo de mi mujer. Salieron un par de lefazos que cayeron sobre las tetas, el ombligo y el coño de Claudia que cerró los ojos de placer al sentir la eyaculación de su amante sobre su piel. Pero Víctor no se conformó con eso, se la volvió a meter y juntándose con Claudia terminó de descargar dentro de ella.

Estuvieron un par de minutos más quietos, con la polla de Víctor palpitando dentro de Claudia, recuperando la respiración y dándose tiernos besitos. Cuando Víctor sacó la polla se tumbó a su lado. Mi mujer se quedó desnuda, con las piernas abiertas, mostrándome el coño del que emanaba el semen de su amante.

– ¡Ha sido la hostia!, dijo Víctor eufórico, pero cansado.

Me habían dado el mejor espectáculo posible. Supe que lo de esa noche se iba a repetir más veces, pero era casi imposible mejorarlo. No se podía follar mejor que Víctor. Desde luego que aquel cabrón sabía cómo dejarla satisfecha. En tres veces que se habían visto había conseguido hacer con ella lo que le daba la gana.

No podía dejar de mirar el coño de mi mujer tan abierto y enrojecido, del que no paraba de salir semen.

– Te gusta ¿eh?, ¿quieres chupárselo?, creo que eso os gusta mucho a los cornudos, jajajajaja, me dijo Víctor adivinando donde tenía puesta la mirada.

Ya era lo que me faltaba para la humillación completa, lamer su corrida mientras salía del coño de mi mujer. Y con la polla en la mano, otra vez caliente, la verdad es estaba dispuesto a hacerlo, me acerqué a la cama y me puse de rodillas delante de Claudia. Me llegó el olor a semen que salía entre sus piernas. Era tremendo ver aquella imagen tan de cerca acompañada además por ese aroma a sexo que desprendía mi mujer. Entonces Claudia estiró el brazo poniéndolo sobre mi frente para detenerme.

– Nooooo David, estoy muy sensible, no hagas eso …

– Ohhhhhhhhh, que pena, si lo estaba deseando el cornudo, jajajajaja, bueno para otro día, dijo Víctor.

Me quedé de rodillas delante de mi mujer, con la polla en la mano sin poder correrme de nuevo, así que preferí no humillarme más y guardármela en los pantalones, esperando que iba a ocurrir a continuación, entonces Claudia me dijo.

– ¿David, puedes dejarnos un momento a solas?

Hice caso a mi mujer, pensé que seguramente querrían pasar el resto de la noche juntos, sin mí. Era la contraprestación por haberme dejado verlos follando.

– Vale, me espero fuera.

Salí al pasillo con el móvil sin saber que hacer, 10 minutos más tardé el que salía de la habitación era Víctor, ya vestido. Me dijo un “hasta luego” y se perdió dirección al ascensor. Cuando entré en la habitación Claudia estaba recostada en la cama con una camiseta blanca de tirantes y el tanguita negro puesto.

Su cara era una mezcla de cansancio y satisfacción a partes iguales. Me miró con ternura y me dijo que me tumbara a su lado. Sin decirnos nada nos quedamos un rato así.

– Gracias, dije yo

– ¿Estás bien?

– ¿Bromeas?, ¡ha sido increíble!, te lo juro…a parte de las niñas no puedo imaginarme un regalo mejor que puedas hacerme.

– A mí también me ha gustado…

– Dime la verdad Claudia, ¿te ha gustado que yo estuviera delante?

– Al principio me he cortado un poco, pero cuando te he visto ahí tocándote…mmmmmmm, reconozco que me ha dado mucho morbo…

– Calla, calla, no me digas eso…

– ¿Porqué, te excita?

– Si, acabo de ver cosas que ni soñaba que ibas a hacer.

– ¿Si, por ejemplo?

– Joder, no sé, ehhhhh, todo, te ha hecho lo que ha querido, te ha metido un dedo en el culo, te lo ha comido, te ha follado la boca, te ha insultado, te ha dado azotes, se te ha corrido dentro, por el cuerpo, pufffffff…. es que es volverlo a recordar y joder… eso sí, aunque sigo pensando que Víctor es un chulo y un payaso, pero hay que reconocer que es bueno en la cama…

– Pienso igual que tú…jajajaja, sé perfectamente como es Víctor, no soy tonta, pero esto es algo nuestro, es nuestro juego, a él solo “le queremos” para follar, es bueno en la cama sí, pero tú eres mejor en otras cosas.

– ¿Mejor en otras cosas?

– Pues claro, no me imagino un marido mejor que tú, educado, culto, trabajador, bueno con las niñas y además cornudo… ¿te crees que no me doy cuenta de cómo es Víctor?, es un puto cerdo, machista, no le cambiaría por ti en la vida…puedes estar tranquilo en ese aspecto, le estamos utilizando igual que él nos utiliza a nosotros.

– Me sorprende oírte hablar así, que tengas las cosas tan claras.

– Mira David, acabas de ver lo que acabas de ver, ya no hay trampa ni cartón, ni medias tintas, te reconozco que quiero seguir haciéndolo más días y cuando nos cansemos, pues adiós Víctor, pero no me voy a encoñar con él, ni él conmigo tampoco, puedes estar tranquilo, por si lo estás pensando.

– Joder Claudia, me estás poniendo cachondo diciendo estas cosas…me ha sorprendido que no sigas con él esta noche.

– Esta noche me apetecía estar contigo, ya no tenía sentido que Víctor siguiera aquí, hemos follado y punto, eso sí, tengo que decirte que ya hemos quedado, dentro de dos semanas voy a venir a verle otra vez a solas, el viernes por la noche, vengo en el AVE, follamos y por la mañana estoy de vuelta en casa…quiero alternar los encuentros, algún día contigo delante y otros estar a solas con él y también quiero que nos veamos con más frecuencia, un par de veces al mes…

– ¿Tanto te gusta follar con él?

– Me encanta.

– Estoy cachondo de escuchar estas cosas..

– Lo sé, yo también de decírtelas, mmmmmmmmmmmm, por cierto ¿quieres otro regalo?

– ¿Otro regalo?, a ver, ¿en qué más habéis quedado?

– No, no me refiero a eso, quiero decir que eh…..no me he duchado.

– ¿Que no te has duchado?, no te entiendo.

– Me entiendes perfectamente, dijo Claudia cogiéndome la mano y llevándola por dentro de sus braguitas.

No podía creerlo. ¿Claudia me estaba insinuando que…?

– ¡Cómemelo!, me apetece correrme ahora con tu lengua, te he visto antes como deseabas hacerlo, pero no quería que lo viera Víctor, que te humillaras así ante él, dijo quitándose el tanguita sin tiempo a que pudiera pensar más.

– ¡Joder Claudia, joder!, dije tumbándome boca arriba.

Pasó la pierna por encima de la cabeza y según se agachaba ya me vino el olor de su coño. Otra vez ese olor tan fuerte a sexo, semen y polla. Un olor perturbador que me volvió loco.

Era la fragancia del cornudo.

Apenas quedaban restos de semen de Víctor, pero el aroma a recién follada lo inundaba todo. Se agachó hasta que me puso el coño en la boca, se inclinó echando el peso hacia delante y comenzó a moverse delante y atrás. Ahora era mi mujer la que me cabalgaba, la que en definitiva me follaba la boca. Golpes secos y rápidos, delante y atrás, delante y atrás.

– Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, asíiiii, asiiiiiii, saca la lengua, saca la lengua, cornudo, ¿te gusta comérmelo ahora?, ¿te gusta así? ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH, asíiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh,siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

La sujeté por el culo para devorar mejor aquel coño que sabía mejor que nunca. Cuando Claudia sintió mis manos en sus glúteos gimió más alto.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, voy a correrme, ahhhhhhhhhhh, ¡méteme un dedo en el culo, métemelo!

Nunca me había pedido eso, aquel lugar era una zona prohibida para mí, pero lo escuché perfectamente lo que me estaba pidiendo. Aun así, no le hice caso y esperé a que me lo volviera a pedir.

– Vamos que voy a terminar, hazlo, ahhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhh, ¡méteme el dedo por el culo!

Pues sí. Me lo había pedido. Cogí el dedo anular de la mano derecha y se lo pasé por el coño unos segundos para lubricarlo bien, luego se lo acerqué al ano y con dificultad conseguí meter un poco en él. ¡Le estaba metiendo el dedo por el culo a Claudia!. No tuve que hacer más, eso y poner la lengua dura para que se frotara contra ella.

– ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!

Se corrió muy rápido en un orgasmo sencillo, pero eficaz. Mientras se quitaba de encima me dio un par de golpes en el pecho.

– Muy bien cornudito…

Pero yo no había terminado. Tenía una buena empalmada y parecía que Claudia estaba abierta a cualquier petición así que se lo pedí.

– Espera Claudia, ¡quiero follarte!, ahora.

– ¿Ah sí?

– Si, quiero hacerlo, me da mucho morbo metértela sabiendo que otro te acaba de follar y tienes su corrida dentro.

No me puso ninguna pega, solo se tumbó boca arriba y me dijo.

– Vale, pero con cuidado, lo tengo muy sensible.

– Shhhh, tranquila, dije impaciente poniéndome sobre ella.

Se la metí sin ninguna dificultad y me encantó estar dentro de mi mujer después de que se la hubiera follado su amante. A pesar de que Claudia estaba sensible, como me había dicho, apenas me sintió dentro, no tenía nada que ver mi tamaño con el de la enorme polla de Víctor. No hablamos más, estuve un rato follando despacio hasta que me corrí en un polvo vulgar, en el que dudo que dejara algo de semen dentro de ella, pero que también a mí me dejó tremendamente satisfecho.

– Vamos a dormir un poco, dijo Claudia apartándome de ella.

– Oyes Claudia, quería preguntarte una cosa.

– Dime.

– Antes, cuando te me pusiste encima y me dijiste que te tocara el culo, bueno…eso, que te metiera el dedo, tú nunca me has dejado tocarte ahí.

– Es algo nuevo, solo quería probar…

Entonces me acordé de la conversación que tuve con Víctor y lo que me dijo en el hall del hotel, de que tenía en mente dar por el culo a mi mujer, seguro que ya estaba trabajando en ese aspecto, de hecho, lo confirmé cuando la metió el dedo y Claudia le dejó.

-Vale, no tranquila, era una tontería, olvídalo…

Aquella noche terminó así. Nos quedamos dormidos abrazados y cansados de la tensión previa acumulada. Pero estaba seguro que Víctor iba a cumplir su palabra y viendo la sumisión de Claudia hacia él ya debía estar pensando en satisfacerle también en ese aspecto y tenía que irse preparando al respecto.

Yo no tenía ninguna duda. Me dormí sabiendo que Víctor no iba a tardar mucho tiempo en dar por el culo a mi mujer, quien sabe si dentro de dos semanas, cuando volvieran a quedar a solas…

 24

– ¿Y ayer volvisteis a quedar?, preguntó Mario.

– Si, tío, me llamó por la mañana que me invitaba a comer a su casa, todavía tenía ganas después del viernes y del sábado.

– ¿Y qué tal?

– Pues increíble, follamos antes de comer, después me hizo una mamada y volví a metérsela por el culo…estuvimos toda la tarde…y no me quedé más tiempo porque volvía su hija, si no…

– ¡Joder!, sí que os teníais ganas.

– Ya te digo, nos conocemos desde hace tiempo, pero Mariola ha estado esperando a que cumpliera los 18.

– Me lo tienes que contar bien, que el sábado casi no hablamos…

– ¿Y qué más quieres saber?

– Pues todo, dijo Mario.

– Vaya, jajajaja, para eso nos tendríamos que pirar una clase, en 5 minutos no nos da tiempo.

– Pues cuéntame lo del viernes otra vez, lo de…

– Te gustó eso, ¿eh?

– Si.

– ¿También te pone Mariola?, preguntó Lucas.

– Si, está muy buena, claro, no tanto como Claudia, pero también me gusta mucho.

– Bueeeeeeeno, te cuento lo del viernes otra vez, pues ya te dije que nada más que nos dieron las doce me la chupó y luego estuvimos follando en su cama, estábamos de lado, frente a frente, yo la estaba tocando el culo mientras hablábamos, entonces la recordé “antes me dijiste que hoy podía hacerte lo que quisiera”, la verdad es que me daba vergüenza pedírselo.

– ¿Y qué te dijo ella?

– No es tonta, sabía más o menos a lo que me refería, entonces me puso un dedo en la boca y me dijo “shhhhhhhhhhh, ya sé lo que quieres” y se me da la vuelta y me pone el culo hacia atrás, te lo juro tío que alucinaba, no podía ser tan fácil, ¡me estaba poniendo el culo contra la polla!

– ¡Que guarra!, dijo Mario.

– Y me salta, “esto es lo que quieres, ¿no?”

– ¿Y tú que dijiste?

– Yo nada, bueno creo que dije que sí y enseguida se la intenté meter, ella se apartó y me dijo “shhhhh, tranquilo, mete un dedo primero, juega con él, no vayas tan rápido”

– ¿Y lo hiciste?

– Si, tío, la metí un dedo por el culo, no veas que morbo…

– ¿Le gustó?

– Ya lo creo, se puso más cachonda, me dijo que se lo mojara bien, no tardé mucho en preparárselo, fue ella la que me lo pidió…

– ¿Que te dijo?

– Lo que conté el sábado, esa frase que no se me va a olvidar en la vida.

– Dímela otra vez.

– Al final te vas a poner cachondo Mario, jajajaja.

– Jajajaja, puede que sí, venga dime la frase que te dijo.

– Pues me dijo “ya está listo nene, venga, dame por el culo”, te lo juro que oírla decir eso fue la hostia, me puso cerdísimo y eso que ya me había corrido dos veces.

– Y se la metiste.

– Si, pensé que iba a costar más, pero más o menos entró bien, tiene pinta de que han entrado unas cuantas pollas por ahí…

– Seguro, pero no le pega nada, tan pija, directora de banco…

– ¿Y que tendrá que ver eso?, a veces las apariencias engañan, a Mariola le vuelve loca una buena polla en el culo, me la follé así, de lado, me encantó, no me dejó salirme hasta que me corrí dentro…el sábado también me la follé por detrás, pero a cuatro patas, es distinto, no sé si es porque fue mi primera vez o qué, pero me gustó casi más de lado y el domingo la pedí hacerlo así otra vez y otra vez que me corrí en su culo, jajajaja

– Jajajajaja, vaya historia, ufffffff…

– Pues sí, no me imaginé este finde ni de coña…vaya regalo de cumpleaños, jajajaja…

– El mejor regalo que te pudo hacer, venga te dejo que viene el profe para la siguiente clase, luego seguimos hablando.

– Vale, a última hora tengo clase con Claudia, ¿tú crees que Mariola le habrá contado algo de lo que pasó conmigo?, dijo Lucas.

– Pues no lo sé, posiblemente si…no lo sé, supongo que para ella será raro, que un alumno se está follando a una amiga suya, bueno pensándolo bien no creo que sepa nada, yo creo que Mariola lo tiene que hacer sin que se entere Claudia…no sé…

– ¿Pero da morbo si lo piensas bien, ehh?, me estoy follando a la amiga de la profe…

– Desde luego, luego seguimos hablando…

Cuando llegó a su despacho después de dar clase las dos primeras horas tenía una llamada perdida de su amiga Mariola y un mensaje.

– Llámame cuando tengas un ratito. 9:54.

Se imaginó a su amiga impaciente en su oficina del banco deseando contarle como le había ido el fin de semana. No se hizo de rogar y Claudia la llamó por teléfono, podía hablar tranquilamente un rato pues tenía una hora libre.

– Buenos días, ¿qué tal ?

– Bien, ¿y tú?

– Bufffff, yo estupenda, menudo fin de semana he tenido tía…

– ¡No me cuentes nada!, no quiero saberlo, dijo Claudia.

– Que siiiiii, tranquila, jajajajaja.

– Jajajajajaja.

– Pues cuéntame tú, ¿qué tal por Madrid con Víctor?

– Ha sido un fin de semana muy intenso.

– Mmmmmmmmmmm, me imagino, ¿hicisteis lo que teníais pensado más o menos?

– Si.

– O sea que David estuvo presente.

– Si, me vió con Víctor.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm ¿y qué tal?, ¿te gustó que él estuviera delante?

– No estuvo nada mal.

– ¡Que cabrona!, jajajajaja, me lo tienes que contar todo con detalles, ehhh, jajajajajaja.

– Jajajajajaja, ya veremos, dijo Claudia.

– Yo te contaría lo mío, pero como no quieres saber nada, no puedo decirte que tu chico me ha follado el viernes, el sábado y el domingo también.

– ¡¡Mariola!!

– ¡Que no te cuento naaaaaada!, jajajajaja.

– Que esto te lo digo en serio.

– Ya, ya lo sé, oyes, por cierto, me dijo Lucas que hoy tenías clase con él a última hora, no te pases mucho con él que estará cansadito, jajajaja.

– ¡¡¡De verdad Mariola, no puedo contigo!!!, por favor que esto es serio, mira esto es importante, si alguna vez pasara algo con Lucas, lo que sea…

– Pero ¿qué va a pasar?

– Déjame terminar, escucha, si alguna vez pasara algo, yo de esto no sé nada, ¿entendido?, esto es muy importante, ¡no sé nada de lo vuestro!, solo sé que os conocéis y jugáis al pádel juntos, pero yo no estoy enterada de lo vuestro, es muy importante, cuidado con los mensajes que le mandes a Lucas y todas esas cosas…¿lo entiendes?

– Que siiiiiii, Claudia.

– Intenta no hablar nada de mi con él y menos mandar mensajes donde salga mi nombre o me puedas comprometer…

– Vale Claudia, lo entiendo, de verdad que no te preocupes tanto con ese tema, no te pongas tan paranoica…

– Es que nunca se sabe lo que puede pasar, hay que ponerse en el peor de los casos.

– Valeeeeee, no vuelvo a decirte nada, ¡como si no supieras nada!

– Mejor Mariola, por favor respeta esto…

– Ya veo que esto es muy importante, no te preocupes, ¿mañana te vienes a casa por la tarde y nos ponemos al día?, por lo menos me cuentas lo de Víctor.

– A ver si puedo, sino el jueves o el viernes quedamos para jugar un partido de pádel.

– Vale hecho.

– Bueno, vamos hablando.

– Adiós Claudia, un besito, jajajaja.

– Ciaooo.

Colgó el teléfono y le vino de nuevo esa preocupación por el asunto de Mariola. No era ninguna tontería. Su mejor amiga se estaba follando a uno de sus alumnos. Nunca se sabe lo que podía pasar, Claudia pensaba que, si por algún motivo por ejemplo Lucas y Mariola terminaban mal su relación, luego el chico podría contarlo e incluso decir que su profesora de inglés le ha suspendido porque ha cortado con su amiga, o algo por el estilo.

Aunque al final el asunto terminara en nada Claudia podría verse seriamente comprometida si saliera a la luz que ella conocía la relación sentimental de Lucas con su mejor amiga.

Intentó pensar en otra cosa, es verdad que en cierto modo le preocupaba lo de Lucas y Mariola, pero por otro lado se apoderaba el morbo de ella y de vez en cuando le venía a la cabeza flashes de su alumno follándose a Mariola. Y eso le preocupaba más, lo cachonda que se ponía solo de imaginarlo, su jovencito alumno comiéndola el coño a Mariola, con su tierna polla dentro de ella, follándosela y luego corriéndose por toda su cara. Mmmmmmmmmmmmmmm.

Ya estaba mojada.

Solo podía pensar en sexo a todas horas, en Víctor, había tenido un fin de semana muy intenso, se había dejado follar varias veces por él delante de su marido y lo había disfrutado más de que lo se imaginaba. Se puso muy caliente cuando le vió a David pajeándose la pollita mientras ella se la mamaba a Víctor, luego él la había llevado al límite haciéndola desear que se la metiera, al final hasta se lo tuvo que pedir el cornudito.

“¡Por favor, métesela, por favor!, ¡¡FÓLLATE A MI MUJER!!”. Esas palabras de David no podía olvidarlas, se puso tan cachonda que en cuanto Víctor se la metió se corrió. Se había dejado hacer de todo con su marido mirando. El fin de semana no fue como ella y David lo habían planeado, primero iban a ir a cenar, pero al ver a Víctor se excitaron mucho, llevaban un mes sin follar y se tenían ganas. Una pasión animal que debían satisfacer inmediatamente. Subieron a la habitación y follaron vestidos, con prisas, se la metió desde atrás y se corrió dentro de ella.

Una corrida espesa, caliente y abundante.

Cuando se quedó a solas en la habitación después de ese primer polvo se pegó una ducha mientras en el hall la esperaban David y Víctor, pero estaba tan caliente de sentir el semen en su interior y como le escurría por las piernas que se tuvo que masturbar bajo el agua. El follar con él no solo no había bajado su calentura, sino que la había incrementado.

Tenía el pantalón vaquero desabrochado y estaba a punto de meterse la mano dentro. Faltaba un rato para la siguiente clase y Claudia no podía aguantarse. “No lo hagas, no lo hagas”, dijo una voz en su cabeza, pero la Jefa de estudios ya se estaba acariciando el coño con suavidad.

Sacó la mano y abrochándose el pantalón sacó la Tablet del bolso. Era la hora de volver a visitar el despacho de Don Pedro. Tocó con la mano en la puerta y se escuchó la voz del viejo al otro lado.

– ¡Si, adelante!

Claudia pasó dentro y Don Pedro al verla se puso rápidamente de pie.

– Buenos días, ¿qué tal el fin de semana?

– Muy bien, ¿y usted qué tal?, dijo Claudia en tono muy amable.

– Pues poca cosa hija, uno ya tiene una edad y tampoco podemos hacer mucho, pero bueno, bien…no me quejo, pero pasa y siéntate.

– No, no se preocupe, solo era para concertar una reunión, a ver cuándo le viene bien y me sigue poniendo un poco al día con el tema de la dirección.

– Si, sí, claro, cuando a ti te venga bien, ¿cuándo puedes?

– Pues había pensado en pasarme mañana por la mañana, pero no sé si voy a poder, ¿por la tarde podría usted quedar como el otro día?, sobre las 16:00 o así, no sé si es mucho trastorno para usted…

– No, está bien, hija, voy a mirar la agenda, dijo el viejo, – ¿Mañana a las cuatro?

– Si, vale.

– Pues lo dejamos ya acordado.

– Venga hasta mañana.

Como vino se fue, dejando su perfume impregnado por todo el despacho. Don Pedro se sentó en la silla confundido, sin dejar de mirar la anotación que acababa de hacer en su agenda.

– 16:00. Reunión con Claudia.

Era una mera apariencia delante de ella, pues el resto de la agenda, tanto los días anteriores como posteriores estaba en blanco. Claudia se había mostrado muy amable y cordial, no tenía nada que ver con la última vez que había estado en su despacho en la que le reprochó que pusiera una mano en su pierna. No sabía que hacer ni que esperar de Claudia.

Decidió que era mejor que fuera ella la que viniera a él, quizás el otro día se lanzó mucho cuando tomó la iniciativa, pero claro, después de lo que había pasado entre ellos como no iba a hacerlo. Un día le ponía la pierna en el regazo, se apartaba el tanga y se dejaba masturbar y al día siguiente se hacía la indignada porque le ponía una mano en la pierna.

Pero que hubieran quedado a solas otra vez por la tarde en el instituto era muy buena señal. Se le puso dura ante la idea de volver a estar con ella. Solo tenía que esperar que fuera Claudia la que diera el paso. Él estaría preparado.

25

El martes después de comer Claudia me dijo que tenía una nueva reunión con Don Pedro. No quise preguntar ni decir nada, ya me había dejado claro que no quería fantasear con eso. Bastante teníamos con lo de Víctor, solo habían pasado 48 horas desde el fin de semana y ya estaba contando los días para que Claudia volviera a Madrid a follar con él. Me daba igual que se vieran a solas el viernes, en apenas 10 días.

Un viaje exprés. Mi mujer cogería el ave el viernes por la tarde/noche para estar con Víctor y el sábado antes de comer ya habría regresado a casa. No iban a tener tiempo para nada. Solo para follar.

Todavía estaba asimilando lo que había pasado el fin de semana. Ver a tu mujer follar con otro es un recuerdo para toda la vida. Y Víctor había estado de 10, nos había llevado al límite a los dos, a mí me había dejado participar a su manera y había conseguido que Claudia se desinhibiera por completo, aunque yo estuviera delante. Quizás lo único malo fue la humillación previa hacia mi antes de ir a cenar, me dijo unas cosas que como buen cornudo me excitaron mucho e incluso estuve dispuesto a hacerle una mamada en el baño. De momento ese incidente decidí reservármelo para mí y no se lo conté a Claudia.

Comimos rápido y me quedé recogiendo la cocina mientras Claudia subía a cambiarse. Terminé y dejé a las niñas viendo una película en el salón, al entrar en la habitación mi mujer se estaba maquillando frente al espejo. Se había puesto una minifalda de cuero negra, no excesivamente corta junto con unos botines de tacón y unas medias tipo panty con unos puntos negros que eran de sus favoritas, en la parte de arriba llevaba una camiseta blanca de dibujos que le daba un aire elegante, pero juvenil.

Me parecía que iba muy guapa para una simple reunión informal con el director del instituto, pero no quise decir nada, sin embargo, fue Claudia la que mientras se terminaba de pintar los labios me soltó.

– ¿Le gustará a Don Pedro como voy vestida?

No supe ni que contestar, la última vez que había insinuado fantasear con su director Claudia se mostró muy molesta y me dijo que no quería volver a hacerlo, que no estaba bien y ahora me estaba preguntando si le iba a gustar como iba vestida. Por si acaso, fui moderado en la respuesta.

– Si, claro, te has puesto muy guapa.

Claudia se alisó la falda y se miró el culo, luego cogió unas gafas de pasta y se las puso, le daban un aire más morboso todavía y ella lo sabía perfectamente.

– Perfecto, yo creo que le va a encantar mi look, dijo Claudia mirándose por última vez frente al espejo.

Yo me puse detrás de ella y pasé las manos por sus costados.

– ¿Me vas a contar luego que tal la reunión?

– Ya veremos, dijo Claudia.

Por lo menos no se negaba en rotundo, como me dijo semanas atrás. Se abría de nuevo la posibilidad de fantasear con Don Pedro. Y si lo de Víctor y Toni me encantaba, lo de Don Pedro tenía un morbo añadido, primero por la edad que tenía y luego porque era el jefe de mi mujer. Me quedé terriblemente excitado cuando vi salir a Claudia así vestida así para reunirse con el viejo.

Ni de lejos me imaginaba lo que iba a contarme por la noche.

Llegó 5 minutos antes de la hora a la que habían quedado. Sin bajarse del coche se echó un último vistazo por el espejo retrovisor. Por el camino se había ido poniendo caliente, la excitaba mucho pensar que iba a quedarse a solas con el viejo en su despacho y que se había vestido provocativa para él, pero no solo era eso, también su marido, el muy cornudo la estaba esperando impaciente en casa, no se había atrevido a preguntar nada, le tenía bien enseñado, pero se lo podía ver en la cara, estaba como loco porque pasara algo con Don Pedro y luego se lo contara con detalle.

Llevaba con el calentón acumulado desde primera hora de la mañana, o más bien ya era algo continuo, se levantaba por las mañanas excitada, con ganas de masturbarse. Solo pensaba en sexo. En Toni, en Víctor, en Don Pedro, en Lucas con Mariola. Se ponía a propósito unos pantalones ajustados para que los alumnos la miraran el culo en clase, desde que se vestía así terminaba las jornadas de instituto cachonda. Esa era la palabra.

Cachonda.

Todos los días se masturbaba o bien en su despacho, o en el baño, o en el coche. Y ya no le valía con hacerlo una vez. Eran dos o incluso tres veces diarias.

Esa tarde le palpitaba el coño, tenía las braguitas húmedas, la cara interna de los muslos desprendían calor y los pechos estaban muy duros y sensibles. Antes de bajarse del coche decidió quitarse el sujetador, no quiso hacerlo delante de su marido para que no fuera tan evidente que iba en plan buscona, pero en ese momento le pareció buena idea.

A cada paso hasta la puerta del instituto notó sus tetas libres botando bajo la camiseta y el roce con la tela hizo que se le marcaran los pezones. En apenas 20 metros caminando se le pusieron más sensibles si cabe. La puerta del instituto estaba cerrada y utilizó su llave para poder entrar. No había nadie, pero el instituto no estaba a oscuras, a primeros de Abril y a esa hora ya había suficiente claridad por los pasillos. Vió luz en el despacho de Don Pedro y fue allí directa sin pasar por el suyo. La puerta estaba abierta y el viejo estaba esperándola en su silla con el ordenador encendido.

– Te he oído llegar, los tacones suenan mucho por el pasillo, dijo Don Pedro a modo de saludo.

– Buenas tardes, dijo Claudia dejando la cazadora y el bolso en el perchero.

Don Pedro se quedó mirando al detalle su vestuario. Otra vez se había vestido provocativamente, quizás no tanto como la otra vez, pero con esa faldita de cuero parecía ir pidiendo guerra. Le volvían loco las medias de puntos negros, los botines con el tacón alto y que decir de esa camiseta, le hacían las tetas más grandes y gordas todavía e incluso parecía que no llevaba sujetador, le bailaban mucho al andar. De momento tenía que ir con cuidado, pero no pudo evitar empalmarse. Eso era ya una costumbre cuando se jefa de estudios entraba en su despacho.

Claudia cogió una silla y se puso a su lado. Fue directa a él. Eso era muy buena señal.

– ¿Le parece si hoy hablamos un poco del presupuesto anual y temas contables?, es lo que peor llevo, preguntó ella.

– Me parece bien, espera que abro aquí…ehhhh, si, aquí es…

Durante 45 minutos le estuvo poniendo un poco al corriente en temas administrativos, los gastos, amortizaciones, etc…Claudia con su Tablet no dejaba de tomar apuntes. De momento no era más que una reunión profesional entre el director y la futura directora. Nada más.

En el fondo Don Pedro estaba decepcionado, veía que pasaba el tiempo y Claudia no tenía ningún acercamiento, es verdad que estaba a su lado, casi pegados, pero ella mantenía la distancia y estaba muy concentrada en las explicaciones que iba recibiendo, incluso se le había bajado la erección. Cuando ella miró el reloj Don Pedro pensó que aquello había terminado, que se iba a ir, sin embargo y con un gesto natural Claudia lo hizo. Otra vez.

Se cogió el pie izquierdo para ponerlo sobre su propio muslo derecho en un cruce de piernas con el que dejaba la rodilla izquierda sobre el regazo de Don Pedro. Disimulando como que miraba la pantalla del ordenador aprovechó para acercar la silla más si cabe a la del viejo, que al mirar hacia abajo y encontrarse el muslo de Claudia le entraron los calores y se le volvió a poner dura.

No podía creérselo.

La tentación de bajar la mano era muy fuerte, pero no quería precipitarse, si Claudia estaba caliente y quería jugar, ella misma le iba a facilitar el trabajo. Solo tenía que ser paciente.

En cuanto se apoyó en las piernas de Don Pedro entró en erupción. El mero contacto con el viejo hizo que Claudia se pusiera fuera de sí, sin embargo, la última vez le había pegado un buen corte y él estaba muy pasivo, no se atrevía a tocarla, seguía con sus explicaciones como si nada. Entonces se acabaron las sutilezas, Claudia empezó a mover la rodilla sobre el paquete del viejo, lo hacía despacio, suave, con disimulo le preguntaba alguna cosa, pero lo que estaba haciendo había que llamarlo por su nombre.

Le estaba calentando la polla con su pierna.

Como él no daba el paso entonces fue Claudia la que puso una de sus manos en los huesudos muslos de Don Pedro, no había pensado hacerle nada, solo quería que el viejo la imitara y él hiciera lo mismo. Sin embargo, el director se mantenía firme, no soltaba el ratón del ordenador y seguía con sus explicaciones.

– Lo explica usted todo muy bien.

– Gracias Claudia, aunque no creo que le haga mucha falta, vas a ser una gran directora.

– ¿Tú crees?, dijo ella acercando la mano al paquete de Don Pedro.

– Seguro que sí.

– Tengo un buen maestro, dijo ella poniendo la mano casi sobre su bragueta.

“Venga cabronazo, baja la mano”, pensó Claudia que ya no sabía que más hacer para que el viejo se animara. Si seguían así no le iba a quedar más remedio que dar el siguiente paso. Directamente dejarse de tonterías y sobarle la polla, pero eso era demasiado, no quería llegar tan lejos. Le pareció ver que el viejo sonreía, quizás no estaban saliendo las cosas como ella había pensado y en ese momento se llegó a un punto de inflexión. Sabía que si cruzaba esa línea no iba a haber vuelta atrás. Pero Claudia no estaba dispuesta a irse del despacho sin un nuevo orgasmo, si lo hacía tal y como estaba sería humillante, se le estaba ofreciendo para que la sobara y el viejo la estaba rechazando.

Don Pedro era amable y educado, pero también tenía su orgullo, por unos instantes pensó en bajar la mirada a la mano de ella y decir “pero ¿qué haces?”, devolviéndola el corte que ella le había pegado en la anterior reunión, pero sabía que, si hacía eso, por muy cachonda que estuviera Claudia, ella se levantaría y terminaría con aquel juego. Para siempre.

Se recostó en la silla sin soltar el ratón y se dejó hacer, Claudia parecía dispuesta a todo, estaba cachondísima y ya no pudo aguantarse más, decidió poner la mano encima de su paquete y acariciarle con delicadeza. Luego le agarró la pollita por encima del pantalón y se la apretó haciendo que rodara por su mano, dejó de hacer presión y se la volvió a apretar, paró y volvió a hacérselo de nuevo. Don Pedro cerró los ojos y sonrió a la vez que se le escapaba un pequeño bufido. Ella lo estaba haciendo. No era un sueño.

¡La muy puta le estaba pajeando por encima del pantalón!

Entonces Don Pedro soltó el ratón para bajar la mano. “¡¡Por fin, vamos!!, ¡méteme la mano en el coño!”, pensó Claudia terriblemente excitada sin dejar de frotarle el paquete. Pero el viejo no puso la mano sobre su pierna. Que va. Con toda la tranquilidad del mundo se soltó el botón del pantalón de su traje.

– Esta parte la entiendes bien, ¿no?, dijo él.

– Si, creo que sí.

Cuando escuchó ese ruido característico de cremallera Claudia miró hacia abajo. No podía creérselo. Don Pedro iba a sacarse el pito delante de ella.

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