ROSA BURGADA

Lo cierto es que a mis 53 años la gente me sigue mirando extrañada cuando me voy de la lengua y cuento mis aventuras y desventuras sexuales abiertamente. Podría ser que me rodeo de gente recatada que sencillamente se escandaliza por todo, pero no es el caso. Las personas hablan de sus aventuras como algo natural como ir a la frutería a por peras y a ellas nadie las mira con los ojos como platos. Es a mí y solo a mí a la que observan con la mandíbula desencajada cuando cuento que ayer dormí con fulanito en su casa o en un hotel. Odio la compasión que habitualmente implica esto de la vida sobre ruedas, sobre todo si la persona que no camina es sexualmente activa o está en edad de estarlo. Odio las miradas y los cuchicheos de ‘pobrecita’ y que la gente de por hecho que por ir en silla no hago una vida normal. Sé que hay lesiones que no lo permiten, pero cada caso es un mundo y yo tengo orgasmos como cualquier hijo de vecino y me gusta follar cosa loca… ¡y no siempre con el mismo!

Salgo de fiesta, a veces ligo y a veces no. No es fácil pillar cacho ni para mis amigas maduritas sin discapacidad, así que tampoco lo es para mí, pero digamos que no hay especial diferencia entre ellas y yo. Sí es cierto que antiguamente, cuando no me quería nada y creía que mi discapacidad era un impedimento para ser feliz, me costaba más relacionarme con la gente. Yo le echaba la culpa a los demás, pero ahora me doy cuenta de que gran parte de los rechazos que recibía eran en respuesta a una mala actitud y mi cara de acritud constante. Ahora he aprendido a verle el lado bueno y me gusta tomármelo con humor, y es que ir en silla tiene hasta cosas buenas…. ¡puedo beber sin miedo a perder el equilibro! Y   llevar tacones toda una noche sin que me duelan los pies 😉

El caso es que en el 2020 -21 todavía hay gente que piensa que una discapacidad de este tipo convierte a la peña en asexual o en un bicho raro al cual nadie quiere acercarse Y no digo que no existan todavía muchos prejuicios al respecto (los hay, rediós que si los hay) y que no haya personas que huyan al vernos como si la silla fuera a morderles (desgraciadamente también las hay), pero yo me propuse llevar una vida lo más normal posible y eso es lo que hago. Con mis follamigos, mis polvos de una noche, mi perfil en Tinder y mi colección de rechazos y relaciones fallidas. Vamos, el historial de cualquier mujer de mi edad single.

También me he topado con un sinfín de situaciones graciosas con chicos que no sabían cómo tratarme, cómo moverse y alguno que hasta tenía miedo a romperme. Pero eso ya da para otro artículo…

Soy sincera con la gente que conozco online y excepto algún maleducado, todos reaccionan con naturalidad. He llegado a dar calabazas a algún que otro galán, y es que los que vamos en silla también rechazamos a la gente y no nos quedamos con la primera persona que se compadece de nosotros… ¡sorpresa! Quizás no tengamos la misma movilidad que la mayoría, pero sí tenemos los mismos sentimientos, el mismo sentido del humor y ganas de acumular experiencias. Y deseos que satisfacer.

COJONUDA.WORDPRESS.COM

RGPI.   B-2285-20

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s