ANDER MAIS

Capítulo 16

Las Piscinas

Y así, decidí marcharme otra vez por la carretera, recorriendo de nuevo el camino que me llevaba a las piscinas. Tenía la intención de llegar hasta ellas y, una vez allí volver, para así regresar a la hora “normal” que debería haberlo hecho antes.

También, al retomar ese largo paseo, quise intentar recapacitar un poco y recomponerme la mente después de lo que acababa de presenciar y descubrir. ¡Estaba completamente perdido!

Una vez en las piscinas, me volví a fijar en el ambiente desde afuera. Había ya mucha más gente que antes. En una zona, familias con niños; luego, en otra zona más “adulta”, vi que coincidían jovencitos y jovencitas con chavales y chicas más de nuestra edad y gente también más madura. Me gustó el ambiente. Me volvieron a entrar unas ganas locas de venir esta tarde con ellas hasta allí.

No había chicas en topless, como era de suponer, pero aún así, me parecía un sitio idóneo para continuar con mis morbos y poder descubrir quién era aquel tal Alberto, y qué tipo de cosas hacía mi chica, años atrás, en aquel pueblo. Además, como allí conocían a mi chica pero hacía años que no la veían, el morbo de ella reaparecer por allí en bikini y luciendo sus pechos, como ahora le gustaba hacer, aumentaban mis ganas por ver las reacciones de los tíos…

Me entretuve allí más de la cuenta y, al mirar la hora, vi que ya faltaba poco para las 2 de la tarde: la hora en la que supuestamente me había dicho Erika que regresaría. Volví apresurado, pues me pareció que, lo ideal, sería llegar a la vez que la prima de mi novia. De ese modo, Natalia seguro que no sospecharía lo más mínimo sobre que pude espiarla en su charla telefónica con su “jodido nuevo amiguito” Riqui. Tenía que saber más al respecto. Me estaba entrando una ansiedad inmensa y malsana por descubrir qué más se podría traer entre manos con él.

Había recorrido ya la mayor parte del trayecto de vuelta, y me faltarían sólo unos doscientos o trescientos metros para llegar a la casa, cuando unas ganas locas de orinar que traía desde que salí de la zona de las piscinas, me obligaron a detenerme escondido detrás de un seto, en un descampado que había allí mismo…

A los pocos instantes, terminando ya de mear, vi llegar y detenerse un coche. Un todoterreno grande, conducido por un hombre calvo, cuarentón, con la cabeza totalmente afeitada. No le habría dado mayor aprecio a eso, y sólo estaría aguardando a que se marchase para salir de mi escondite, si no fuese por que observé y vi cómo se morreaba efusivamente con una rubia que lo acompañaba. Me fijé bien… Pues no me podía creer lo que estaba viendo. ¡Esa chica era Erika!

Se dieron un buen “repaso”, y la prima de Natalia se bajó del coche y se despidió de él, comenzando un disimulado trayecto de vuelta a su casa, caminando. El tío dio la vuelta con su coche en el descampado y se fue. Yo lo pude observar bien, mientras a su vez él me descubría en mi escondite y se iba sin inmutarse. Calculé que, por lo menos, tendría unos 15 años más que Erika. No sabía de qué podrían ser esas clases intensivas que estaba dando en el pueblo, pero, si ese era el profesor, ¡sí que eran intensivas, sí! Empezaba a sospechar, con aquel fortuito descubrimiento, por dónde podría haber venido lo de la ruptura con Sergio…

Me quedé unos segundos mirado el paso de Erika, fijándome en su enorme y redondo culo, hasta que decidí salir tras ella para regresar juntos a casa. A los pocos pasos, y desde unos cuantos metros detrás de ella, comencé a gritarle, llamándola:

—¡¡ERI… ERI…. ESPÉRAME…. SOY LUIS!!

Ella, totalmente sorprendida, se dio la vuelta, me miró, y se detuvo a esperarme…

Llegué a su lado y me comentó:

—¿Qué haces aquí? ¿A dónde has ido? ¿Y Natalia…? —me preguntó extrañada y visiblemente nerviosa.

—He ido hasta el área recreativa y he pasado al lado de las piscinas —respondí..

—¿¡Tan lejos!? Pues te habrá llevado un buen rato. ¿Has dejado a Natalia sola en casa? —volvió a preguntarme.

—Sí… Ella estaba muy perezosa en la cama. No hubo forma de levantarla.

Dicho yo esto ultimo, se quedó callada, como sin saber qué más decir. Seguimos caminando…

Cuando ya íbamos casi llegando, faltarían menos de 100 metros, vimos cómo tres hombres de supuse más de 60 años, seguro jubilados y que iban dando un paseo, se detenían frente a la casa de Erika, permaneciéndo unos instantes mirando hacia el jardín. Noté que esbozaban unas rizas y chascarrillos entre ellos. Al vernos aparecer, se fueron. Nosotros llegamos a la entrada, y luego fuimos hacia la parte de la barbacoa…

Allí, nos encontramos a mi novia estirada en una tumbona; con los ojos cerrados y tomando el sol en bikini. La parte de arriba la tenía desabrochada, únicamente tapándose poco más que los pezones.

—¡Natalia, tía! ¿Pero qué haces…? ¡Qué te están viendo los vecinos! —exclamó Erika, en una mezcla de vergüenza, extrañeza y también risas…

Natalia abrió los ojos y, al vernos allí, se colocó las manos sobre sus pechos y se levantó…

—¿Qué pasa…? Tampoco estoy desnuda. Sólo estaba tomando un poco el sol —replicó.

—Ya… Pero esto es un pueblo, primita… ¿Y si te llega a ver mi padre así, qué? —pareció querer recriminarla Erika, mirando hacia mí de reojo.

—No pasa nada. Si sé que tu padre no llega hasta la tarde, Eri —se defendió Natalia.

—Anda… ¡Colócate bien el bikini! —le pidió Erika.

Dicho esto, Natalia soltó el sujetador, quedándose por un segundo con sus pechos al aire. Como en un acto reflejo, su prima lanzó sus manos sobre ellos para taparlos…

—¡Pero tápate, tía!… ¡Que andan por ahí rondando los vecinos! —exclamó Erika, como avergonzada…

Yo me quedé de piedra. Contemplando la escena. Excitadísimo y con enorme morbo. Era la primera vez que veía a una chica tocarle las tetas a mi novia. Bueno, aparte de mí, sólo había visto hacerlo a Riqui, la otra noche.

—¿Pero qué haces, Erika…? ¿Me has agarrado las tetas? —dijo Natalia, sorprendida, mientras apartaba las manos de su prima para colocarse bien el sujetador del bikini.

—¡Joder, tía! ¡Pero qué pedazo de melones tienes ahora! Hacía años que no te las veía desnudas… Siempre has sido bastante tetona… Pero ahora…. Bufff, tía. ¡Eso es tremendo! —comentó la prima, al ver de lleno las tetas de Natalia, y mirando hacia mí de nuevo, como avergonzada.

—¡Vamos, vida! Colócate bien el bikini y vamos para dentro de casa, que va a llegar tu tía. Erika tiene razón. Este no es sitio para que estés así —añadí yo, dándole la razón a su prima, pero con una sonrisa maléfica, encantado del morbo que me provocó aquella situación.

Entramos dentro. Natalia y yo subimos un momento a nuestra habitación para ponerse ella algo, mientras su prima entraba para la cocina para ir comenzando a preparar la comida. Estaría al llegar ya su madre.

Una vez arriba, mi chica comenzó a ponerse un vestidito corto playero encima del bikini. Supuse con la intención de llevarlo luego puesto a la piscina. Yo me quedé mirándola, sentado al borde de la cama. Con una mirada fija e intrigante, le dije:

—Natalia, tengo que preguntarte sobre una cosa que acabo de descubrir hace un rato y me ha dejado muy sorprendido, la verdad… ¡No me lo esperaba para nada!

Natalia levantó rápido la vista hacia mí y, con una mirada de visible miedo y palideciendo de golpe, me preguntó con voz entrecortada y nerviosa:

—¿Qué has visto amor? ¿Qué pasa?

Yo me quedé callado, mirándola fijamente. Quería que por un momento sintiese la angustia de pensar que yo podría haber descubierto lo que estuvo haciendo con Riqui; que la podía haber pillado en la llamada de hace un rato.

Al segundo, noté que se estaba poniendo cada vez más pálida, y sentí verdadero temor porque se pudiese sentirse apurada y confesase lo que yo no quería aún que hiciese. Así que, no la hice sufrir más…

—A ver, cariño… ¿Tú sabes de qué serán esas clases que tiene tu prima en el pueblo… supuestamente?

Natalia cambiando su semblante y como aliviada de golpe, me contestó:

—La verdad es que no. ¿Porqué me lo preguntas?

—Es que… acabo de pillar a Erika bajándose del coche de un tío bastante mayor que ella, a unos metros de casa… Y no solo eso… también dándose un buen lote con él.

Natalia volvió a endurecer el gesto y, sugiriéndome hablar en un tono más bajo y un tanto incómoda por tratar este tema, me fue respondiendo:

—Pero… ¿cómo era el tipo?

—Calvo, con la cabeza totalmente afeitada. Pienso que, casi casi, por la edad, podría ser hasta su padre… —respondí, intentando describir cómo pude a aquel tipo.

—¡Ah sí, ya sé! ¡Que va! Tampoco es tan mayor… O quizás habrá envejecido mucho… no sé.

—Ah… ¿Pero tú le conoces? —añadí sorprendido, al entender que insinuaba saber quién podría ser.

—Bueno, un poco. Tendrá unos doce años más que mi prima. Calculo que unos 42 ahora… más o menos —contestó Natalia, como queriendo evitar hablar más del tema, y haciéndome un gesto de silencio con el dedo.

Había llegado su tía, y se la oía a ella y a Erikacacharrear por la cocina.

—¡Tranquila, que no nos oye! Cuéntame más, anda… —le dije insistente.

—¡Joder… no puedo! ¡Me mata mi prima si se entera que te lo cuento! Creo que no lo sabe nadie… Sólo yo. —Natalia parecía reticente a contarme nada sobre ese asunto.

—¡Venga, coño… no me jodas! Soy tu novio. Sabes que soy una tumba… —insistí—. Todo esto sólo me da pena por Sergio. Pero no voy a decir nada. Lo sabes de sobra.

—Vale, te lo cuento rápido… que tenemos que bajar a comer y no quiero que sospeche que te lo estoy contando. —Natalia parecía que por fin se decidía.

Cerró un poco la puerta, y comenzó a relatarme:

—El tío se llama Juanjo… Y le conozco de hace unos 7 u 8 años. De cuando venía yo antes a pasar épocas de veraneo aquí… Bueno, Erika siempre estuvo enchochada por él. Ahora está casado.

—¿Y anda viéndose con él? ¿Estando casado? No creí que fuera así tu prima, la verdad —le pregunté, haciéndome el sorprendido.

—Sí. Y yo le digo que está loca… ¡Pero déjala! Que haga lo que le dé la gana. Yo lo que quiero es que no me meta en sus líos. Ya se lo dije: que para una semana que vamos a estar aquí, no estoy para sus rollos. Antes, hace años, igual era divertido, de más jovencita. Pero ahora ya somos mayorcitas… —añadió, de una forma, como si no le hiciese ninguna gracia el tema, pero como si estuviese obligada a tapar de alguna forma a su prima.

—Pero… ¿Qué rollos teníais antes? ¡Cuéntame, vida, que no me enfado!… Ya lo sabes —le pregunté, entre susurros.

—¡Vale, pesado! —respondió, también susurrando y con una sónrisa, antes de comenzar a contarme más detalles—. Ella ya estuvo liada con este Juanjo hace unos años. Se enrollaban a menudo. Él era el típico chico mayor que nosotras que llamaba la atención y era bastante ligón y mujeriego. Erika estaba loca por él… Pero él solo la quería para divertirse. Y bueno… a mí, Erika también me convenció para enrollarme con otro chico de su pandilla…

—Pero… ¿también te enrollaste con un tío cuarentón? —la interrumpí, extrañado, y no entendiendo muy bien lo que me contaba.

—¡Veo que no te enteras de nada! —me replicó, algo cansada ya de hablar del tema—. Te digo que de esto hace 7 u 8 años… o así. Yo tendría diecinueve o veinte, como mucho. Y el tío con el que me enrollaba era mayor que yo, pero menor que Juanjo. Tendría por aquella época unos 27 o 28 años, no más. Calculo que hoy andará por los 36 o así… Algo mayor que tú, pero no mucho —me volvió a comentar, recalcándome el tema de las edades.

—¿Y cómo se llamaba? Si se puede saber… —pregunté.

—Alberto —dijo de forma algo cortante—. Pero yo todo esto ya lo tenía por completo olvidado. Eso es cosa del pasado. Si no fuese por lo de mi prima ahora con Juanjo de nuevo, yo ni me acordaba. ¡Venga, vámonos para abajo! —me contestó, ahora ya sí, queriendo dejar aparcado del todo el tema.

—Vale, tranquila… que yo no le voy a comentar nada —le repliqué, mientras nos dirigíamos abajo, al oír a Erika llamarnos a voces para comer.

Bajamos a la cocina y, la prima de Natalia la miró con una cara como preguntándose qué haríamos allí arriba tanto tiempo.

Natalia, de modo socarrón, y viendo que su tía estaba todavía despistada, terminando de preparar la comida, le dijo a su prima:

—Luis estuvo recreando lo que me hiciste tú antes en el jardín… Jejeje…

—Ya, claro…Jejeje… —contestó Erika con otra sonrisa pícara.

Nos pusimos a comer los cuatro y, Luisa, la madre de Érika, no paraba de hablarnos. ¡La tía charlaba como una cotorra!

Yo no le hacía mucho caso a su conversación. En esos momentos, lo único que hacía era darle vueltas en mi cabeza a todo lo que me había contado mi novia. Por un momento, creí entenderlo todo: Natalia le debió haber contado a su prima lo de su incidente con Riqui, y ésta, a su vez, debió ver la oportunidad de confesarle lo de su lío con Juanjo, el madurito casado. Las dos estaban atrapadas en un secreto mutuo que ninguna podría desvelar de la otra. Mi chica me lo había contado a mí, pero en sumo secreto, sabiendo que yo no iba a decir nada y porque los descubrí en el coche, si no, seguro que ni me lo contaba tampoco…

Nos levantamos de la mesa, después de una pesada y larga sobremesa aguantando la chapa de la tía de mi novia, y subimos otra vez arriba a recoger las mochilas y las toallas para irnos luego hacia las piscinas.

Cuando estábamos Natalia y yo de nuevo a solas en la habitación, y hablándole en tono bajito para que Erika no nos oyese, le propuse a Natalia:

—Estuve pensando, durante toda la comida, en lo que me contaste del tal Juanjo y toda esa historia. No pienso decir nada, claro está, pero sólo te pido una cosa… —me quedé un segundo en silencio mirando a Natalia antes de seguir—: que me presentes al tal Alberto ése… si nos lo encontramos.

—Pero… ¿para qué coño quieres conocerle? ¿Qué más te da quién sea? Yo le tenía olvidado totalmente… ¡Joder, entre mi prima y tú me vais a meter en un lío!… ¡Ya veréis! —replicó con pereza y algo nerviosa.

—Tranquila, vida… Sólo es por ver cómo es. Nada más. Tengo cierta curiosidad… ¿Irá esta tarde a las piscinas? —insistí.

—No sé… No creo… No suele ir —contestó una pasota y molesta Natalia, mintiéndome claramente, pues yo les había oído el día anterior cómo hablaban ella y su prima de habérselo encontrado por las piscinas.

La tarde se presentaba interesante…

Así pues, con todo esto, sin yo esperarlo, me estaba viendo en el medio de una historia de enredo entre mi novia, su prima y unos ligues del pasado que volvían a encontrarse de nuevo. Ya no sólo estaba el asunto de Riqui. Ahora había otra historia que también me intrigaba descubrir: ¿quiénes serían aquellos tal Juanjo y Alberto? ¿Qué habrían tenido con ellos en el pasado? Me daba un morbo enorme el poder llegar a descubrir algo.

Al momento, salimos los tres hacia las piscinas…

Llegamos y nos colocamos por allí.

Al principio, la cosa no fue todo lo excitante que se presumía. El ambiente que encontré no era como esperaba. No vi a los tíos fijarse mucho en mi chica, ni en su prima. Aunque Natalia estaba realmente llamativa. El bikini que se había traído era el mismo que llevaba el día que hizo el segundo topless, el día que Víctor la vio por primera vez en la playa. Supuse que, a lo mejor, el hecho de estar yo allí presente haría cortarse algo a los chicos. Sólo noté a un grupo de tres que pasaron a nuestro lado, mirar disimuladamente y comentar luego algo entre risas. Pero nada muy claro ni morboso. Una simple anécdota. No era lo que me esperaba.

Las chicas, al rato de estar allí tomando el sol, se levantaron las dos a la vez y se fueron hacia los servicios. Natalia dejó su móvil encendido y posado casi a mi lado…

Al verlo, una curiosidad inmensa me hizo hacer algo que hasta ahora no había hecho jamás: espiarle el teléfono…

Lo cogí, rápido y disimulado en mi mano, y me fui directo a su whatsapp. Quería intentar leerle sus conversaciones guardadas.

Pero no encontré ni rastro del posiblechat con Riqui. Seguro lo habría borrado. Era lo lógico.

Inmediatamente, fui a la galería de imágenes. Allí, sí me encontré lo que buscaba; en la carpeta del whatsapp, eran tres las fotos recibidas…

En la primera, se veía en primerísimo plano una polla grande y gorda, totalmente empalmada y descapullada; fotografiada desde arriba; dejando también entrever unos bastante marcados abdominales. Esa era seguro la polla de Riqui.

En la segunda, se veía la misma polla, pero esta vez empujada un poco hacia abajo con dos dedos, como queriendo hacer resaltar así claramente toda su longitud y grosor. La tenía casi toda depilada; lo que aumentaba una sensación de largura.

Yo no tenía ningún tipo de curiosidad ni gusto por los penes ni por los tíos, pero, la verdad, ver la foto de aquella polla que no era la mía, en el móvil de mi novia, me hacía plantearme la enorme calentura que sentiría Natalia al mirarla. Estaba claro que le encantaba. Pues, a parte de lo cachonda que se había puesto por teléfono nada más recibirla, no la había borrado, cuando sí lo había hecho con las conversaciones.

Y en una la tercera, se veía esa polla ya más morcillona y hacia un lado; como si estuviese el tío tumbado en una cama; toda cubierta alrededor de chorreones de semen. Ésta debió mandársela después de correrse. No me recreé mucho más en ella. Rápidamente me dispuse a enviarlas a mi móvil desde el whatsapp de Natalia. Lo hice en un movimiento rápido y nervioso, y con la adrenalina por las nubes…

Casi no me dio tiempo a borrar elchat de whatsapp hacia mi móvil antes de que regresasen. Por suerte, lo conseguí, y logré dejar el móvil donde estaba, antes de que las chicas me viesen con él en la mano.

Llegaron, y me propusieron bañarme con ellas. Me apetecía ese baño, la verdad, pero preferí mejor quedarme allí y verlas a ella bañarse juntas. Así podría observar, desde mi posición, si las miraban los otros tíos que había por allí. Sobre todo a mi novia…

Desde donde estaba, las divisé mientras se acercaban caminando a la piscina. Esta vez me fijé más en Erika. Llevaba unas braguitas de bikini tipo culotte. La prima de Natalia sabía lucir lo que de verdad tenía bonito. Sus tetas eran más bien pequeñas, al lado de las de Natalia eran poca cosa, pero tenía un culazo grande impresionante. Ahora era mucho más ancho que en los tiempos en que la conocí. Pero esos pocos kilitos de más que tenía ahora, lo hacían a mi gusto incluso más sexy. Con aquella braguita ajustada, lucía un culazo nalgudo y respingón, que daban ganas de azotar con cada paso que daba.

Además, cada vez me daba más la impresión que debía ser una cachonda y guarrilla follando. Pues, si no, ¿cómo este tío casado andaría viéndose con ella, a escondidas de su mujer, para tirársela? Debía tener algo que lo volvería loco. Al mirarla doblarse para introducirse en la piscina, supuse que le molaría poner ese culazo a cuatro patas. Hacer todo tipo de guarradas con ella y follársela como una buena putita. Me estaba poniendo cachondo imaginándolo…

Se metieron las dos en la piscina y comenzaron a nadar. Yo seguí observándolas. Al segundo agarré mi móvil para mirar de nuevo esas fotos que Natalia guardaba de la polla de Riqui. Estuve un rato mirándolas. Sin poder evitarlo, me vi imaginando aquel rabo dentro del coño o entre las tetas de mi novia.

De repente, me llegó un whastsapp de Víctor:

—Qué pasa tío? Me tienes algo abandonado… ¿Qué tal nuestra zorrita?

El tío ya trataba conmigo a Natalia como si también fuese de su pertenencia. A mí, esa idea de compartirla, sabiendo que sería sólo ficticiamente, en cierta forma me excitaba. Pero también me fastidiaba un poco por dentro. Pero el morbo por mostrarle a mi chica era muy fuerte. Además, tenía que saber qué seguía pasando entre ella y Riqui…

En lugar de contestarle sólo con texto, encendí la cámara del móvil y les hice unas cuantas fotos a mi chica y a su prima mientras se bañaban. Ellas me vieron hacerlas. Pero no creo que sospechasen para nada de mis intenciones. Me salieron bastante bien. Sobre todo en una, en la que pillé en el mismo plano, de forma genial, las tetazas de Natalia y el culazo de Erika. Conseguí cazarlas una vez que pillé a la prima dada la vuelta y saltando, mientras bromeaba con mi novia…

Pues ésta misma, se la envié a Víctor acompañada del texto:

—Mira… es de ahora mismo. Son Natalia y su prima en la piscina. Qué te parecen?

—Uufff, tío… que pena estéis ahí, tan lejos. Me pone más tu chica, pero la prima tiene un buen polvazo también. Pedazo culo! Te imaginas nos follásemos a las dos… Intercambiándolas… Uffff me pongo malo de pensarlo!! Te gustaría? —me contestó. —Sí, claro. Ufff…. qué morbo sería. Su prima, además, descubrí hoy que se está tirando a un tío maduro, de unos 43 creo.

Decidí contarle todo esto llevado por el morbo. En el fondo sabía que no estaba haciendo lo correcto, contándole todos estos detalles, pero me excitaba enormemente hacerlo y no lo podía evitar. Además, quería ganarme su confianza para que me contase la verdad de lo que podría estar pasando entre Natalia y Riqui.

Al instante, Víctor me contestó de nuevo:

—Entonces es de las mías… Una buena zorrita que sabe lo que son las buenas pollas veteranas. Cada vez me está dando más morbo poder follármela.

Hubiese deseado seguir un rato más con este morbo con Víctor, pero las chicas salían ya de la piscina y regresaban a mi lado. Apurado, le mandé un último mensaje a Víctor, avisándole que debía cortar ya…

Permanecimos aun un buen rato más por las piscinas. Incluso llegué a bañarme yo con ellas. Luego, más tarde, nos fuimos a tomar algo al bar.

Acercándose la hora de marcharnos de allí, yo me estaba impacientando. Parecía que hoy no iba tener suerte. Alberto no aparecía…

Acabamos marchándonos para casa. Yo con una calentura importante después de todo lo vivido.

Entre lo de encontrarme la foto de la polla de Riqui en el móvil de mi novia; lo de Erika con el tío casado ese; el morbo de los whatsapp con Víctor; y el deseo de conocer al antiguo liguede Natalia, no creía que fuese capaz de aguantar otra noche más sin follar con mi chica.

¡Estaba cachondo perdido!

Pasé el resto de aquella tarde-noche en casa, deseando irnos ya a la cama. Hoy tenía que hacer algo con Natalia.

SÍ o SÍ.

Cenamos y, como el día anterior, vimos un rato la tele. Después de un par de horas más, por fin subimos para la cama y yo fingí estar rendido de sueño.

Una vez arriba, dentro de la habitación, Natalia se comenzó a desvestir. Yo no aguanté más la visión de su cuerpo semi desnudo, y me abalancé sobre ella como un bestia, moreándola y sobándola como si me fuese la vida en ello. Era ya mucha la excitación que tenía acumulada por tanto morbo junto… Estaba casi empalmado y deseaba ya un poco acción sexual.

—¡Para cariño! ¡Por dios! —comentó Natalia entre risas y ruegos—. Ya te dije ayer… que aquí no puede ser…

—¡Venga! Por favor, amor. ¡No puedo más! Entre el morbo de verte la otra noche bailar con aquel tío, y lo de hoy en la piscina, estoy que no puedo más. ¡Déjame follarte! —le insistí, magreándola por todo el cuerpo.

Ella puso una sonrisa de maldad y me dijo:

—Yo también tengo ganas de que me des polla. ¡¿Qué te crees?! ¡¿Que no estoy también cachondísima?! Pero mi prima y mis tíos nos pueden oír… —Parecía querer excusarse en eso de no hacer ruido.

Yo, viendo que ella sólo parecía preocupada por que nos oyesen, decidí tirarla de golpe sobre la cama. Sin mediar ni palabra, me dispuse a bajarle las braguitas sin darle casi tiempo ni a reaccionar.

Al quitárselas, me quedé observando su coñocon entusiasmo. Lo tenía allí, sobre la cama, con las piernas ligeramente abiertas. Ahora pude recrearme bien es su espléndida visión. Era espectacular. Totalmente rasurado. Con unos labios carnosos que parecían pedir una lengua juguetona sobre ellos.

Me agaché hasta situarme de rodillas, al borde de la cama. Le abrí todo lo que pude sus piernas de golpe, en un único y rápido movimiento de mis manos. Quería tener una visión completa de su sexo…

Rápido, a mi mente volvieron las escenas de ella con Riqui mientras me iba deslizando con mi lengua por sus suaves muslos, en dirección a su coño. Las ansias de probar de nuevo su sabor me excitaron tanto, que no pude esperar más y comencé a lamerlo…

Su gusto era el de siempre, el que recordaba. Me embriagaba el sabor de la vagina de Natalia. Para mí, tan saladita y dulce al mismo tiempo. Tenía un coño delicioso…

Mientras mi lengua se recreaba con aquel clítoris y aquellos labios, Natalia se comenzaba a retorcer de gusto. Poco a poco. Cerrando los ojos, sigilosa y disfrutando en silencio de las dedicaciones de mi boca.

Mataría por saber que estaría imaginando en aquel momento. ¿Estaría pensando en mí? ¿O su cabeza estaría pensando en Riqui, recreando de nuevo lo de antes? ¿O bien estaría pensando en su polla, que la tenía guardada en su móvil?

Aumenté el ritmo de mi cunnilingus, y le pegué un par de salivazos para aumentar su lubricación. Miré de nuevo hacia ella. Vi que seguía silenciosa, ahogando claramente sus gemidos. Apretando fuerte sus tetas mientras se mordía los labios con los ojos cerrados.

Se comenzaba a retorcer ya. Noté cómo lo estaba disfrutando a tope. Con su mano, apretó hacia bajo mi cabeza, obligándome a continuar con aquello. Yo comencé a aumentar el ritmo de mis lametones, y agarré mi polla para pajearme a la vez; en un acto que me recordaba de nuevo a lo que Riqui hizo con ella en aquel aparcamiento.

Yo estaba deseando hablarle de ello. Mataría por poder preguntarle quién creía que le comería mejor el coño, si Riqui o si yo. Pero no podía. Mi interior me pedía continuar con este juego de excitación e imaginación, que me volvía loco…

Ella parecía a punto de correrse. Apretaba mi cabeza muy fuerte, insinuándome así que no parase, que ya le faltaba poco…

Al momento, sentí un suspiro ahogado por una de sus manos, colocadas sobre su boca. Entonces, sentí mi cabeza presionada de golpe entre sus piernas. Natalia estaba teniendo un orgasmo… Yo seguí pajeándome mientras ella se retorcía, disfrutando aún de ese éxtasis reciente.

Nada más sentir que sus piernas se relajaban un poco, Natalia separó su mano de su boca, y en un susurro ahogado, casi inaudible, pude escucharla decir,:

—Mmmm… ¡¡Qué gusto Ri…… Luiiis!!

No dije nada, me hice el despistado, pero lo oí perfectamente. Su subconsciente casi le traiciona. Estuvo a punto de nombrar a Riqui. La muy cabrona seguía recordando cómo se lo había montado con él. Ese detalle la delató. Le había gustado… Ella lo sabía y su inconsciente se lo recordó.

Me levanté y la miré con cara de que quería“mi parte”.Ella se había corrido y yo quería hacerlo también.

Se incorporó. Se colocó despacio. Intentando no hacer ruido y con el culo en pompa sobre la cama, ofreciéndome su trasero para que la follase en un rápido mete saca que me hiciese correrme.

Yo, inmediatamente, me estiré hacia su bolso, que lo tenía al lado de la mesita, y cogí uno de los condones que siempre suele llevar ella, por si follamos cuando estamos fuera de casa. Me lo puse. Quería correrme dentro de su coño. Pero no arriesgarme a dejarla embarazada. En ese momento, no sabía si aún seguía tomando la píldora.

La observé sobre la cama. Estaba a cuatro patas y con la camiseta de tirantes aún puesta. Debajo, llevaba un sujetador negro que se había puesto al llegar de vuelta de la piscina. Me acerqué a ella. Sobé suavemente su culo y fui resbalando mis manos hacia sus caderas. Le subí hasta el cuello esa camiseta, dejando al descubierto su sujetador. Luego, apoyado tras ella, se lo desabroché. Acaricié toda su espalda desnuda desde el cuello hasta su culo. De seguido, liberé sus dostremendas tetas de las copas de su sostén, que quedaron colgando hacia abajo en una visión que me volvió más cachondo si cabe.

Yo la polla la tenía durísima. La idea de follármela allí, de forma sigilosa y discreta, sin hacer ruido, al lado de la habitación de su prima, me estaba excitando aún más todavía. Me daba la sensación de estar haciendo algo prohibido. Algo similar a lo de Natalia con Riqui en aquel aparcamiento, o a lo de su prima con el maduro ese…

Agarré a Natalia de sus rotundas caderas y se la fui metiendo. Poco a poco, despacio, sintiendo cada centímetro de mi polla penetrar su sexo.

Ella ahogaba sus ganas de gemir, apoyando su boca contra la almohada, mientras yo la follaba todo lo fuerte que podía sin llegar a hacer rechinar la cama. Mi chica parecía disfrutar. Pero creo que estaba deseando que me corriese lo antes posible. Se notaba su miedo y corte por que nos oyesen follar…

Continué con un mete saca entrecortado, pero excitante. La visión de su ojete así, en esa postura, me estaba volviendo loco. Quería correrme ya. Así qué, lo mejor que se me ocurrió, fue imaginarme estar en el papel de Riqui y recrear en mi mente como si yo fuese él…

El imaginarme a Riqui teniéndola allí, a cuatro patas, ofrecida toda para él, con ese ojete a su vista y con la visión de esas tetazas colgando, me hicieron correrme al instante como un loco. Apreté fuerte el culo de mi chica mientras descargaba dentro de ella…

Exhausto, me acosté sobre ella, rendido por el orgasmo. Sobé sus tetas desde esa posición y permanecí así unos segundos, hasta que me levanté discretamente al baño a tirar el condón. Al regresar, ella ya estaba en posición de dormir. Me coloqué a su lado para hacer lo mismo…

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