ESRUZA

Me gustaba soñar,

pero los sueños se rompieron.

Así, de repente, la realidad se hizo presente,

y cayó sobre mí como un balde de agua fría.

Soñar ilusiona, da vida, aunque sea inventada,

pero llega el momento de parar,

dejar de soñar; no veo caso alguno en hacerlo;

los sueños casi nunca se hacen realidad.

Aceptar las realidades es decepcionante,

y más cuando las heridas llegan

de quien menos se espera,

de quien más se ama.

Los sueños son irrealidades,

cuando no son compartidos,

qué caso tiene soñar,

es mejor seguir la vida como venga,

¡Hasta el final!

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