ALMUTAMID

Cuando terminamos de recoger Claudia se sentía algo mejor y nos ayudó aterminar de limpiar. Estaba pálida a pesar del color tan bonito que había ganado su piel esos días de playa, pero la ducha y un par de horas de sueño la habían mejorado bastante.

De camino a la ciudad para coger los trasnportes a nuestras ciudades y pueblos concretamos los planes para volvernos a juntar. Intentaríamos una escapada de montaña.

La despedida fue triste. En nuestras mentes las experiencias vividas y en particular las ocurrencias de mi chica como la noche en que nos dimos amistad eterna en la playa. Son recuerdos imborrables. Víctor y Lourdes no sabían cuanto tiempo tardarían en volverse a ver, pues ella regresaba al día siguiente al apartamento con sus padres para quedarse una temporada. Tras comprobar los horarios nos fuimos a la estación de autobuses. Comimos allí unos bocadillos. La primera que se subió a su autobus fue Claudia. Nosotros nos veríamos en menos de una semana pero no sabíamos en qué condiciones. Seguramente no ibamos a poder dormir juntos. La despedia fue sencilla. Un larguísimo abrazo y un beso muy sentido para ver como mi chica con sus minishorts vaqueros se subía al autobús que la llevaría a su casa.

Despúes se fue Víctor. Yo les dejé su intimidad y cuando mi amigo se subió a su autobís Lourdes no pudo reprimir lágrimas. Ellos tampoco olvidarían sus experiencias de aquellos días, que yo supiera, su primer topless, su primera mamada y su primera mamada con final feliz. Para mi tren faltaba más de una hora. Lourdes me acercó con el coche a la estación de ferrocarril. Allí nos despedimos con un abrazo y dos besos y la promesa de volvernos a reunir antes del inicio del curso.

Así 3 horas y media después y habiendo dormido casi todo el camino llegué a mi ciudad a última hora de la tarde recibiéndome con su calor habitual del verano. Mientras iba en autobús a mi casa intentaba ordenar mis sentimientos y pensamientos. Claudia era una montaña rusa de subidas y bajadas y estar con ella lejos de tranquilizar mi vida la llenaba de más emociones. No podía quejarme. Con 19 años tenía los estudios encarrilados, una novia preciosa e inteligente y cuando estaba con ella me hartaba de follar. Llamadme simple, pero hasta entonces tampoco tenía más aspiraciones.

Pero yo era joven e inquieto. Así que aquel fin de semana avisé a mis amigos para salir de fiesta o apuntarme a lo me propusieran. Aquel mismo viernes estaba de botellón con ellos. Una de las veces que fui a mear vino Pablo conmigo.

-No te he preguntado por Leyre. ¿Ya habéis cortado?-le pregunté mientras vaciábamos nuestra vegiga en unos setos.
-Que va…está en la playa con los padres. Se ha ido hoy…
-¿Y que tal con ella?
-Bufff. Es una bomba…
-¿Pero tú la quieres?

Me miró con cara rara y me dijo:

-No sé. No me lo he planteado. Está buena, me tiene reventada la polla de tanto follar, pero, no sé que decirte…

Yo guardé silencio y mi amigo tras guardarse la polla y cerrarse el pantalón me dijo:

-Estás muy pillado por Claudia, ¿no?. Bueno. Estás con ella. Eso es bueno. Pero cuando se acaban, esas relaciones son las que más daño hacen…yo no sé si después del verano estaré con Leyre, si me pondrá los cuernos en la playa, si se los pondré yo a ella o si pasaremos toda la vida juntos. Vivo el momento…
-Ya, pero lo de Claudia y mío es diferente…
-¿Es que no folláis?
-Sí, claro. Y mucho…
-Pues si un día a uno de los dos se le mete en los ojos follarse a otro se acabó sin más…pero si te implicas demasiado lo vas apasar mal…
-Mis padres llevan juntos toda la vida…-le dije.
-Hay quien tiene suerte…o aguanta mucho o no tiene ya ganas de ir picando…
-¿Tú engañarías a Leyre?
-Ahora no. No me gustas, tío, jajajaja. Es broma. En serio, que no lo sé. Tampoco voy picoteando pero yo no sé que pasaría si me viene una tía de frente. Por cierto. ¿Te acuerdas de Nieves?
-Sí, claro.
-Pues te la zumbas cuando quieras…me lo ha dicho Leyre…
-Tengo novia.
-Tu mismo, Luis. Pero si es como Leyre te vas a poner las botas. No dice no a nada…y además inventa, jajaja.
-Estoy muy satisfecho con mis relaciones…

Tras aquella conversación el grupo se fue a las terrazas de verano pero yo que casi no había dormido la noche anterior me fui a descansar. La verdad es quesi no estuviera con Claudia ni me pensaba tener algo con Nieves, es una niña muy guapa y tras nuestras conversaciones bastante morbosa. Pero yo ya estaba pillado…

El resto del fin de semana lo de dediqué a preparar el resto de mi verano. Como muchos estudiantes quería no desperdiciar el tiempo y durante el sábado y el domingo preparé carteles con mi teléfono para promocionar me para dar clases particulares a estudiantes de secundaria y bachillerato con asignaturas pendientes para los exámenes de septiembre. Me permitiría sacarme un dinerillo, aprovechar las mañanas y así hacer alguna escapadilla a primeros de septiembre e inclso ver la manera de reunirme con Claudia. Lo preparé para empezar las “clases” a mi vuelta del torneo de fútbol sala. Lo tenía hablado con mis padres, que me cedían el salón si me hacía falta.

Con la ayuda de mi hermana me salieron varios clientes de modo que conseguí agrupar a 3 chicas y un chico de Latín de 2º de Bachillerato lunes, miércoles y viernes a las 11:00 en casa y otro grupo de repaso de Lengua a las 12:30 con una chica y u chico de 1º de bachillerato. Estaba encantado, pues si aguantaban todo el verano me sacaría 180 € semanales. Además una amiga de mi madre se enteró de mis clases particulares y me contrató para que fuera dos tardes en semana a darle clases a su hija de varias asignaturas que tenía pendientes pues la niña era bastante zoquete. Pero c0mo hacía tanto calor al final quedamos en que yo iría a dar las clases martes y jueves por la mañana aunque la niña estuviera sola en la casa pues había confianza.

Así que según mis cálculos me sacaría más de de 200€ semanales para poder escaparme los fines de semana especialmente a ver a mi chica. Cuando se lo conté a Claudia se puso muy contenta.

Con los preparativos para la semana siguiente se pasaron los días hasta mi partida al torneo volando. Por fin llegó el día. El equipo de la facultad había quedado directamente en la residencia donde nos alojaríamos. Yo salí por la mañana pues aquella misma tarde empezaban los partidos. Tras llegar en autobús desde mi ciudad en algo menos de dos horas me indicaron como llegar al campus que estaba en las afueras de la ciudad en la antigua carretera de Madrid. El torneo se celebraba en un campus bastante grande y allí mismo estaba la residencia donde nos alojábamos. Estaba retirado del centro de la ciudad pero tenía conexión con autobús.

En la misma entrada de la residencia me encontré ya con compañeros del equipo. Nos abrazamos y contamos peripecias mientras nos daban las llaves de las habitaciones. Aquello no tenía nada que ver con nuestra residencia. Teníamos habitaciones individuales con aire acondicionado y baño propio. Bastante renovada y más funcional. Jugábamos a las 7 de la tarde. Mala hora, pues hacía bastante calor. El torneo era eliminatorio pero todos los equipos se quedaban hasta la final en la que hacía una entrega de trofeos y una recepción-cena con el rector y algunas autoridades. Una vez que nos acomodamos llamé a Claudia para organizarnos. Esa tarde vería a mi chica.

Almorzamos en el comedor de la residencia y nos fuimos a descansar a los dormitorios porque a las 6 nos reuníamos para el calentamiento. No hacía falta. Qué calor. Menos mal que la organización había traído neveras con agua abundante. Tuvimos suerte en el sorteo pues el primer partido lo jugábamos con una universidad pequeña que no tenía palmarés. De hecho a pesar del calor ganamos con facilidad e incluso hasta metí un gol. Así que el viernes jugaríamos nuestro segundo partido.

Al terminar ví a mi chica en la grada saludándome. Tan bonita como siempre. Se había puesto un vestidito suelto de verano muy discreto de florecitas. No había mucho público. Sólo familares y jugadores de otros equipos. Quería apretarla contra mí pero estaba empapado en sudor. La besé suave. Los chicos del equipo me dijeron que las duchas eran en la misma residencia. Claudia se vino con nosotros. Pregunté si podía acompañarme en la recepción y me dijeron que hasta la hora de la cena el acceso era libre a las habitaciones así que Claudia entró conmigo.

-Me ducho corriendo y ya estamos…-le dije mientras echaba la equipación sudada al suelo.
-Venga…jajaja.

Me duché rápido y salí con una toalla en la cintura. Me senté en la cama al lado de ella y le pregunté:

-¿Qué hacemos? Tenemos media hora hasta la cena…
-En media hora se me ocurre alguna cosilla que hacer….

Os podéis imaginar qué ocurrió durante esa media hora. El vestido y la toalla volaron. Sus bragas también. Y tal y como ocurrió en la playa nuestra última noche en menos de dos minutos mi polla estaba dentro de ella. Nuestros polvos rápidos se estaban convirtiendo en costumbre y ya ni nos planteábamos el uso del condón. Después de mi mala experiencia con Viqui podría pensarse que era una temeridad pero yo estaba seguro de controlar y además eso permitía otros juegos una vez que se acercaba mi orgasmo. La ventaja de aquel dormitorio de la residencia es que podíamos usar la cama. De modo que en esos dos minutos que transcurrieron desde que mi toalla voló y empezamos a besarnos hasta que la penetré tumbados en la cama dio tiempo a desnudarla y tumbarla sobre la cama.

Sin embargo, una de las ventajas de la postura del misionero es que aunque la penetración no es tan profunda los rostros están enfrentados. Y nuestra urgencia de ese momento no era tanto el sexo en sí mismo como la necesidad de contacto con el otro. De modo que pese a la rapidez en que me metí en su cuerpo el polvo se fue sosegando entre besos y abrazos. Nos pasamos casi la media hora completa así con palabras tiernas y ligeros golpes mios de cadera. La verdad es que es un verdadero placer hacer planes con tu chica mientras estás clavado en ella. De no ser porque teníamos que salir de la residencia me habría quedado horas ensartado en ella. Pero ya que estábamos había que terminar. Así que empecé a bombear poco a poco ganando velocidad. Me apoyé en los brazos para poder empujar mejor con las piernas y miraba a mi chica a los ojos mientras follábamos. Como se contraía su carita a cada envestida mía ayudadas por sus manos que apretaban mi culo para profundizar la penetración.

Me habría gustado durar más pero la visión de las muecas de placer de mi chica y una semana sin correrme me estaban conduciendo rápidamente al orgasmo. Aunque la chispa definitiva fueron las convulsiones de Claudia reprimiendose los gemidos con su propia mano mientras con la otra empujaba mi culo contra ella para sentir mi nabo totalmente clavado mientras ella se corría. A pesar de haber dejado de moverme podía sentir las contracciones de su orgasmo en mi polla y su cara contraída. Otras veces habría aguantado más pero corríe el riesgo de venirme dentro de ella así que a pesar de que su orgasmo se prolongaba tuve que sacarsela con disgusto suyo y menos mal que lo hice porque casi sin tiempo a agarrarmela empecé a soltar lefazos sobre su barriga y sus pechitos de semen espeso. Terminé de sacudírmela y dije:

-Ufff, voy a tener que ducharme otra vez…

Su orgasmo no había sido tan intenso como otras veces pues no se quedó en trance como hacía a veces y rápidamente se levantó para ir al baño a limpiarse mi corrida. Pero al levantarse me dijo:

-No tenemos tiempo…
-Es que estoy manchado…

Mi chica se agachó y se metió mi polla en la boca pasándole la lengua para recoger los restillos de semen y se fue para el baño mirándome con picardía a la vez que decía:

-Limpio…vorre vístete…

Me puse un pantalón corto y un polo y ella salió ya limpia del baño y se vistió ligera. Bajamos de la mano a recepción y pregunté los horarios de la residencia. No se cerraba por la noche, pero entre semana el último autobus al campus era a las 12. Claudia y yo nos fuimos en autobus al centro de la ciudad. Cenamos en un burguer barato y mi chica me enseñó su ciudad paseando juntos a ratos de la mano, a ratos abrazado. Como yo tenía libre la mañana quedamos en que echaríamos la mañana juntos y ella me recogería después del partido como ese día. Así me acompañó a coger el autobús pues ella iba en otra dirección.

A la mañana siguiente desayuné con los compañeros del equipo pero cuando dije que había quedado con Claudia me montaron un cachondeo preguntándome que si yo había ido a jugar o a que. Evidentemente les guiñé un ojo. Cogí el autobús siguiendo las indicaciones que me había dado mi novia que me esperaba en una para cerca de su barrio.

La verdad es que mi admiración por ella aumentó al ver el barrio tan humilde donde se había criado y suponer por lo que me había contado como serían sus amistades. Entendí que su madre la mandara a vivir con su tía fuera de allí para alejarla de las malas compañías. Me enseñó su intituto, el parque donde solía ir con sus amigos y hasta el descampado donde follaba con sus ex. Lo que no me esperaba es que me dijera que me invitaba a comer con su familia. Me quedé muy cortado, pero para tranquilizarme me dijo que no había dicho que era su novio sino un amigo de la residencia que estaba jugando un torneo en la ciudad. Ya habría tiempo de formalizar lo nuestro.

Claudia se había criado en un piso pequeño de 3 dormitorios con sus padres y sus 4 hermanos. Por ser la única chica su madre la mandó a vivir con su tía pues como me contó ella los bombos eran muy habituales en el barrio y había muchas madres solteras. La madre de Claudia era como ella pero evidentemente con casi 30 años más y algo más rellena. Pero tenía gestos muy parecidos. Yo le hablé d elo buena compañersa que era su hija y lo musho que me había ayudado a estudiar. Su madre estaba muy orgullosa de ella pues a pesar de no pode permitirse pagarle los estudios había conseguido las dos becas y que estaba aprovechando muy bien.

De los hermanos solo estaban los más pequeños y el padre no venía hasta la noche pues trabajaba con los dos hermanos mayores en un negocio que tenían que no debía ser muy boyante. Superado mi corte inicial ne relajé alegrándome de conocer aun más a mi chica. Ahora entendía el escudo que ella había puesto durante el curso y como le pesaba la responsabilidad. Yo no podía ser un obstáculo sino su compañero de andanzas.

Cuando me acompañó al autobús después de comer aunque nos ibamos a ver unas horas después la abracé con sentimiento. No sé si ella entendía por qué pero también se aferró a mi confuerza hasta que llegó el autobús.

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