ANDER MAIS

Capítulo 15

Una Llamada Caliente

A la mañana siguiente, me desperté al oír salir el coche del tío de Natalia. Se iba hacia su trabajo en una fabrica. Me había parecido escucharle anoche, que hasta las 6 de la tarde o más no regresaba. Miré el reloj, y vi que faltaban veinte minutos para las 9 de la mañana. Mi chica estaba profundamente dormida.

En el piso de abajo, se oía ruido. Supuse que sería la madre de Erika que estaría preparándose también para irse a su trabajo, en una peluquería del pueblo. Intenté dormirme un rato más. Era temprano. Y lo conseguí…. aunque a medias.

Un rato después, de nuevo comencé a escuchar ruidos. Pero esta vez, provenían del baño que había al lado de nuestra habitación. Todo indicaba que Erika se estaba dando una ducha. Volví a mirar la hora: eran las 10:30. Natalia seguía dormida como un tronco.

Me quedé un rato escuchando el ruido del agua mientras la prima de mi novia se duchaba. Con maldad, no pude evitar imaginármela con su cuerpo lleno de jabón y frotándose su enorme culo con la esponja…

Al momento, la oí salir del baño e irse, supuse que a vestirse a su habitación. Luego, escuché sus pasos escaleras abajo, seguramente yéndose a desayunar. Observé de nuevo a Natalia y vi que estaba aún muy dormida. La intenté despertar, diciéndole:

—Amor, ¿bajamos a desayunar? Son casi las once ya.

Ella, muy perezosa, sin abrir los ojos y todavía medio dormida, me contestó:

—Espera un poquito más… Tengo mucho sueño. Baja tú si quieres…

Le hice caso. Me levanté decidido de la cama y me vestí apurado, para entrar luego al baño a lavarme un poco antes de bajar. Quería tomarme el desayuno con Erika.

Cuando llegué abajo y entré en la cocina, me la topé de pie, de espaldas, vestida con un short vaquero cortito, y preparándose un café. Me fijé en su culo. Su trasero no era como en sus tiempos más juveniles. Ahora era más ancho y grande, con algún que otro kilito de más, pero aún se le veía rotundo y hermoso. No pude evitar imaginarme cómo debió disfrutar Sergio poniendo aquel enorme culazo a cuatro patas. ¡Debía ser una visión genial! En aquel momento, no entendí cómo podría haberla dejado y desaprovechar aquello. Yo, si no estuviese con Natalia, estaría encantado de follarme aquel culo.

—Hola, Luis… ¿Ya te has despertado? ¿No baja Natalia contigo? —me preguntó Erika, sorprendida al verme aparecer allí en la cocina, solo.

—No. Dice que tiene mucho sueño. Estos días de atrás fueron bastante duros.Jejeje—le comenté yo, con una sonrisa sarcástica en mi rostro.

—¡Ya, ya…! Ya me ha informado tu chica… ¡Creo que no lo habéis pasado mal, no! Jejeje… —me contestó ella al instante, mirándome con cara de picardía.

—Sí… La verdad que nos hemos divertido mucho, sí —asentí, aún casi desde la puerta.

Erika me miró con una cara un tanto rara, de arriba abajo, y me dijo:

—Siéntate. ¿Quieres café y algo más…? ¿Unas magdalenas, tostada o algo…? —me preguntó, mientras se daba nuevamente la vuelta hacia la cafetera.

—Bueno… Un café con leche… —contesté.

Me lo preparó, y se sentó conmigo en la mesa a tomarlo, en frente de mí. Estuvimos un rato sin decirnos nada, como tímidos los dos. Fue ella la que rompió el hielo:

—Me encanta cómo veo a mi prima desde que está contigo. La veo feliz y mucho más alegre y decidida. La has cambiado para bien. Vuelvo a ver la Natalia de hace 6… 7 años…

Me quedé un segundo mirándola, terminando el trago de café que tenía en la boca, mientras flotaba en mi mente la charla que ayer les escuche a las dos.

Le contesté:

—Ya, bueno… Yo tampoco hago nada especial. Sólo tratarla con cariño. Vamos… Como se merece. Y bueno, sí, la verdad, que cuando empezamos era muy desconfiada y tímida. Supongo que la culpa la tendría… —interrumpí un segundo mis palabras para dar otro sorbo a mi café, dando a entender que me refería a su ex—, bueno, ya sabemos quién… Nosotros nunca hablamos de eso —añadí.

Yo, a su anterior novio, casi ni le conocía; más allá de toparnos con él por la calle un par de veces. Pero, por boca de Natalia, había escuchado lo suficiente para saber que le había hecho bastante daño.

—Sí… Pero contigo es distinto. Eres un cielo —dijo Erika, levantándose y dándome un beso de amiga en una de mis mejillas.

Recogió todo lo de su desayuno y, mientras se marchaba con algo de prisa, me comentó de nuevo:

—Bueno, yo me voy, que llegó tarde a unas clases intensivas que tengo en el pueblo. ¡Hasta las 2 no llegaré! Dile a Natalia que coja café, bollos o fruta de ahí, si quiere desayunar algo —dijo apuntando a una cesta de fruta—. Mi madre llegará también sobre las 2… y preparamos la comida para los cuatro. —Dicho esto, la vi coger su bolso para marcharse.

—¡OK! Nos vemos Erika —le dije, quedándome allí para terminarme el café, despidiéndome de ella.

Minutos después de irse la prima, subí arriba para ver si Natalia se levantaba ya de una vez. Pero me la encontré aún durmiendo. Sólo me extrañó, que sobre su mesita de noche estaba ahora su móvil, como encendido, como si acabase de mirarlo no hacía mucho, así como unos segundos antes. No le dije nada, y me fui en silencio al baño para ducharme…

Acabé bastante rápido la ducha y volví a la habitación con ella. Ahora, por fin se había despertado. Pero se encontraba aún muy perezosa en la cama.

Sin hablarle, comencé a vestirme. Cuando terminé, le pregunté:

—¿Qué… amor? ¿No te piensas levantar a desayunar hoy o qué? Tu prima ya se ha ido. Estamos tú y yo solos.

—Pfff ¡Estoy muy perezosa hoy! —comentó levantando los brazos y desperezándose—, no me apetece salir de la cama, la verdad… Buufffffff

—Bueno, mira, como quieras… ¡Quédate ahí si quieres! Yo voy a darme una vuelta hasta ese área recreativa a la que fuimos el año pasado con Sergio y Erika… así hago algo de ejercicio. Recuerdo que me encantó el paisaje —le comenté, decidido a irme solo—. Viendo cómo estas… ya ni te voy a pedir que te vengas conmigo —terminé de decirle, presintiendo que casi seguro no querría levantarse y acompañarme.

—Pfff…. ¡Qué va cariño! Yo ahora hasta allí no voy. Hay más de hora y media entre ida y vuelta andando. Ve tú solo si quieres… —me contestó, haciéndome realmente poco caso, la verdad.

—¡Hala! Pues venga… ¡Quédate ahí! Si te apetece desayunar algo, te dejó tu prima de todo en la cocina —le dije mientras iba saliendo por la puerta de la habitación.

Sinceramente, pensaba que al final ella me frenaría y me pediría que me quedase en casa o que la esperase para venirse conmigo. Pero no…

—Vale, amor… ¡No te canses mucho, eh! —Fueron las palabras con las que se despidió de mí, con tono socarrón.

Sin más, salí de casa en dirección a ese área recreativa. La razón verdadera para ir hasta ese sitio, era simplemente tener una excusa para pasar por al lado de las piscinas del pueblo. Quería ver cómo era el ambiente allí, y así poder recrear en mi mente, de qué modo Natalia ayer podría haber puesto cachondos a los chicos del pueblo. Me hacía una fácil idea de cómo podría haber sido todo: seguro algunos podrían haberse quedado impresionados, al ver de nuevo aparecer, después de tantos años, a Natalia, la tetona forastera, luciendo ahora esos melones suyos sin pudor. En mi interior, en aquel momento, pensaba que allí tendrían la misma impresión de ella que yo tuve al conocerla: que era un poco tímida y cortada.

Después de unos minutos de caminata, por fin llegué junto a las piscinas. Desde la carretera, pude observar un poco el ambiente: había ya varias chicas y mujeres, pero muy pocas que llamasen la atención verdaderamente. Había también varios chicos y, junto a mí, pasaron un grupo de chavales más o menos de mi edad… O quizás algo más jóvenes. Me imaginé si alguno de ellos sería el tal Alberto ese…

El morbo volvió a excitarme. Está tarde tenía que venir con ellas a las piscinas. Sí o sí. ¡Tenía que intentar conocer a ese antiguo liguede verano de mi novia!

Al momento, y llevado ya un poco por el morbo de todo que me estaba ocurriendo, recordé que ahora mismo teníamos la ocasión de estar Natalia y yo a solas en casa toda la mañana. Unas ganas locas de follármela me inundaron. Decidí regresar, y darle una sorpresa, llegando antes de lo que ella se esperaría… Para luego follar como locos…

Volví todo lo apresurado que pude, y llegué a la casa hora y pico antes de lo que debería haberlo hecho si hubiese llegado hasta dónde le dije me proponía llegar.

Sigiloso, subí al piso de arriba y, al pasar, miré hacia dentro de nuestra habitación. Ella no estaba dentro. Vi que tenía sobre la mesita un tazón con los restos del café que se debió haber tomado, dos envoltorios de magdalenas vacíos, un plátano sin tocar y media naranja comida. Escuché el ruido del agua dentro del baño. Se estaba duchando…

Me situé sin hacer ruido tras la puerta, esperando que saliese de la ducha. Mi intención era entrar luego de golpe y sorprenderla. Quería follármela como un loco. ¡Estaba cachondísimo!

Así pues, al segundo de estar yo allí, dejó de sonar la ducha. La oí salir de ella para coger una toalla y secarse. Podía escuchar perfectamente el sonido del roce de ésta contra su cuerpo. Yo cada vez iba estando más excitado. Mi polla ya iba dando punzadas, deseando de una vez disfrutar del morbo y del cuerpazo de mi chica.

Con una mano, ya tenía agarrada la manilla de la puerta para abrirla, cuando oí el ruido de un móvil sonando. Era el de Natalia. Lo tenía con ella dentro del baño. Aparqué mi intención de abrir la puerta, y noté cómo a los tres tonos ella contestó esa llamada…

—¿A ver, dime? ¿Qué coño quieres más? —Mi chica contestó aquella llamada con un claro tono de enfado—. ¡Ya te acabo de contestar al whatsapp, y te dije que me dejases en paz! Por favor… ¡No me obligues a tener que bloquearte!

Yo no podía escuchar lo que le respondía quien la llamaba. Pero por las formas y la respuesta de Natalia, me podía imaginar quién sería. ¡Casi fijo que era Riqui!

Seguí sigilosamente escuchando tras la puerta, sin decir ni palabra. Sólo escuchaba:

—¡Que sí, tío, que sí! ¡Ya sé que te calentaste mucho conmigo la otra noche, y que te dejé con las ganas! ¡Ya me lo repetiste tres veces! Pero ya te dije… que no quiero nada más contigo. ¡Que tengo novio!

—(….*contestación del otro, inaudible para Luis.)

—¡Que no, tío! ¡Que no soy ninguna calienta pollas como dices! Tú fuiste el que la cagaste, presumiendo con tus amigos que ibas a follar conmigo. ¡Y sin conocerme de nada siquiera! ¿Que esperabas, tío?

—(…….)

—¡Que no insistas! Ahora yo estoy a muchos kilómetros de Rocablanca del Mar. Y ni te pienso decir en dónde. No nos vamos a volver a ver nunca más en la vida. ¡Olvídame…. y déjame en paz! ¡Por favor! Podríamos ser amigos, sí… Pero si no eres tan pesado. ¡No me molestes más con tu insistencia! ¡Y menos diciéndome estas cosas, tío!

—(…….)

—Bueno. Pues, sí… haz eso. Una buena solución. ¡Hazte una paja y alíviate! Puedes recordar, si quieres, mientras te la haces, cómo te la chupé en el aparcamiento…. ¡Venga, sí…! ¡Córrete de una vez y déjame en paz!

—(…….)

—Sí, sí…. estoy desnuda y recién duchadita… Y sola en casa. No, está mi novio, no. ¡Venga, córrete y déjame en paz ya!

Yo seguía escuchando todo ésto tras la puerta, sin hacer ningún tipo de ruido. No podía apreciar lo que Riqui le decía, pero quise entender que mi novia estaba intentando que él se corriese, y que así dejase de darle la vara con eso de que le dejó a medias en aquel aparcamiento. Yo, la verdad, después de cómo había terminado allí la cosa, no entendía por qué no le colgaba la llamada directamente y pasaba de él, sin tener que dar tantas explicaciones. Estaba empezando a temer que ella no estaba tan segura de no querer saber nada más de aquel chico… Igual ella se había quedado también con las ganas. Aunque quería aparentar cierto orgullo.

Decidí seguir espiando y descubrir cómo terminaba aquella charla:

—Sí… ¡claro que me gustó tu polla! Ummm, ¡es tan grande! Ufff!… Casi no me entraba en la boca! ¡Qué pollón! ¡Córrete, venga!Mmmmmmmm…

Supuse que mi chica intentaba provocarlo y calentarlo más; que pretendía que se corriese y acabase rápido todo aquello. Aunque, por otro lado, una parte de mí me decía que igual a ella en el fondo también le apetecía seguirle un poco el rollo. Tal vez le excitaba sentirse tan tremendamente deseada por ese tío.

Sin embargo, yo no me podía creer lo que escuchaba. Hace sólo una semana, si alguien me lo hubiese contado, juraría aunque me matasen, que eso que ahora estaba escuchando no era posible. No en Natalia. Pero ahora lo estaba escuchando con mis propios oídos… Y en directo:

—Sí, mmmmmmm… ¡claro que me estoy tocando el chochito! Depiladito, sí, como tú te lo encontraste.

—(…….)

—Nooo… No he follado todavía con mi novio… ¡Sí…! ¡tú eres el último que ha probado este chocho! ¡Venga, córrete ya, tío!

—(…….)

—¡Sí… claro que me estoy sobando las tetas! Mis grandes y gordas tetazas. ¿No era así como te gustaban? ¿No me dijiste anoche eso? ¡Vamos, dame esa leche!… ¡Échala toda!

Mi chica lo seguía provocando. Cada vez con comentarios más calientes y obscenos. Si no supiese cómo al final terminó la cosa entre ellos, hace escasamente dos noches, creería que lo estaba haciendo con gusto. O bueno, quizás así lo hacía…

—¡Sí, dios!…. ¡Por favor, córrete! Y no me digas más estas cosas… ¡Sí…. sí, dios! ¡Claro que estoy empapada! Cómo no voy a estarlo… ¡si acabo de salir de la ducha!

─(…….)

—¡Dios, Riqui… joder! ¡Para de decirme estas cosas! Uummmm ¡Sí, dios…! ¡No seas tan cabrón! ¡Me estás poniendo cachonda otra vez, tío!

—(…….)

—¡Eres un cabronazo, tío!… ¿Ahora, qué? ¿Para qué quieres que cuelgue? ¿Para qué…? Uffffff…. Vale sí, mándame eso. ¡Pero te corres rápido, eh!… ¡No me hagas más esto! Y luego, como quedamos, me dejas en paz ya para siempre. ¡Por favor! Me vas a meter en un lío si en algún momento me pilla Luis.

En esto, creí notar cómo Natalia colgaba el teléfono. Oí un ruido, como de posarlo sobre el lavabo o sobre otra pieza del baño. Luego, pude escuchar unos pequeños sonidos de fricción. Lo que imaginé que podrían ser sus dedos frotándose el coño…. o las tetas…

Al momento, oí de nuevo el sonido de su móvil. Los pitidos de entrarle dos whatsapps casi seguidos. Noté que lo cogía en la mano y, al segundo, escuché un profundo y largo suspiro. Luego, pude oír su voz de nuevo. Ahora, parecía que había sido Natalia quien estaba llamando a Riqui:

—¡BUFFF, tío…! ¡Eres un pedazo de cabronazo! ¡Cómo puedes mandarme esto! Bufff,tío…¡Que no soy de piedra, joder!

—(…….)

—¡Vale!… Te hago caso. Lo hacemos un rato por el teléfono y recreamos como si terminásemos lo que empezamos en tu coche. Sí. ¡Pero luego me dejas en paz! ¿Eh, Riqui? De verdad… ¡No puedo seguir con esto!

—(…….)

—¡Que sí, joder! ¡Ya lo he visto en la foto! Sí. ¡Menudo pollón que tienes! Ya te lo digo… ¡Me encanta! Venga, voy a mi habitación y seguimos desde allí.

Yo, presintiendo que Natalia iba a salir del baño, corrí rápido pero sin hacer ruido hasta la habitación de Erika. Me escondí dentro, esperando que Natalia se fuese hacia la nuestra.

En efecto, al segundo, Natalia salió del baño, imaginé que totalmente desnuda, ya que no llegué a verla, y se fue hasta nuestra habitación. Yo, metido ya dentro de la de su prima, no escuché que cerrase del todo la puerta, seguro tranquila al creerse sola en casa. Esperé unos segundos más, y pude escuchar cómo, ya metida en nuestra habitación, Natalia continuaba la conversación con Riqui:

—¡Venga tío!… Vamos a acabar con todo ésto de una vez. A ver… Estoy en la habitación sola… Sí, Riqui, ¡totalmente desnuda! A ver… ¿qué quieres que haga?

—(…….)

—¡Vale, ya estoy! Así… Estoy sentada en la cama…. Sí… me chupo una teta. Uuuuummm…. ¿Lo escuchas…?

De seguido, escuché los ruidos que hacía mi chica, supuse chupándose el pezón de una de sus tetas. En esto, lenta pero decididamente, fui saliendo de la habitación en que me encontraba y me dirigí hacia donde ella estaba. En el trayecto, que hice casi de puntillas y sin hacer ningún tipo de ruido, seguía oyendo lo que hablaba Natalia con aquel tío:

—¡Sí, joder…. me estoy tocando! Sí. ¡Estoy totalmente abierta de piernas en el borde de la cama! Me toco, sí… Ummmm… Me acaricio mi coño, sí. —A Natalia cada vez se le escuchaban más su jadeos—. ¿Me escuchas…?

Yo ya conocía que ella tenía bastante experiencia en esto del sexo por teléfono. Aquello me recordó cómo, en nuestros primeros tiempos saliendo, cuando aún no vivíamos juntos, muchas veces nos habíamos masturbado los dos por teléfono, en días que no podíamos vernos.

Así, poco a poco, fui llegando al borde de la puerta. Vi que estaba entreabierta. Natalia la había dejado varios centímetros sin cerrar. Si el angulo me lo permitía, me parecía que la rendija podría ser suficiente para verla sobre la cama.

En esto, la escuché de nuevo:

—¡Sí… ummm,sí! ¡Pajéate esa pollaza, sí! Imagina que me sobas el coño como en el aparcamiento… ¡Sííí, vamos! ¡Yo estoy ya toda cachonda como allí!

—(…….)

—¡¡Eso no, tío!! Eso no puedo hacerlo sujetando a la vez el móvil en una mano…

—(…….)

—Vale, sí… ¡pongo el altavoz! Espero que no venga nadie… ¡Creo que me estoy volviendo loca! Pero, Riqui… ¡me tienes otra vez cachonda perdida! ¡No sé qué me pasa!

En esto, Natalia paró de hablar y, al instante, pude por fin oír la voz de Riqui. ¡Mi chica había activado el manos libres!

—¡Sí… eso, tía!, ¡ponte a cuatro patas sobre la cama! ¡Como yo te pedí que te pusieses en el asiento de atrás de mi coche!

Al instante, sentí el sonido de los muelles de la cama. Supuse que Natalia se habría colocado a cuatro patas sobre ella. La curiosidad en mí ya no podía ser mayor, y fui poco a poco acercándome al filo de la puerta, para intentar ver algo…

Lo que me encontré me erizó el vello al instante. Para mí aquello era algo humillante pero, sin poder remediarlo, excitante a la vez. Natalia estaba completamente desnuda, a cuatro patas, sobre la cama, con todo su culo en pompa y con las piernas muy abiertas. Con una de sus manos acariciaba con ansias su sexo. Con la otra, se frotaba sin parar las tetas.

Su móvil lo tenía sobre la almohada, y su cabeza al lado de él, hablándole. El angulo de visión que me quedaba a través del pequeño trozo de puerta que ella se había dejado abierto, me permitía casi verla por completo. Desde mi posición, viéndola desde atrás, sus tetas colgaban enormemente, como dos campanas, y podía verlas asomar entre sus piernas. Me quedé callado, observando la escena. No intenté sorprenderla. Deseaba ver qué más hacía. Todavía no entendía qué le hacía llegar a tanto con ese Riqui… ¿Qué habría visto en él?

—Sí, Riqui… ¡Cómeme, cómeme el chocho! —Sus jadeos era cada vez mas incesantes.

—Así, preciosa… ¡Vaya coñito que tienes! ¡Cómo te lo traes ya preparado para mí! ¡Qué rico, dios…! ¡Me encanta! —A través del teléfono, se podía escuchar perfectamente a Riqui. A la vez que hablaba, iba haciendo ruiditos con su boca, imitando comerle el coño a mi chica.

—¡Sí….! ¡Cómemelo más, sí! —Natalia continuaba con sus jadeos, ya totalmente entregada a gozar con aquel tío por teléfono.

—¡Date un azote… ZORRA! ¡¡Lo quiero oír bien!!

Aquel tío, al ver qué mi novia le entraba al trapo en casi todo, estaba cada vez más fuera de sí.

Y no era para menos…

¡¡¡Zassss!!! Natalia, obedientemente, se dio un azote en su nalga derecha…

—¡¡Más fuerte, zorrraaa!! ¡¡Quiero oírlo mejor!! —repitió Riqui, en otro grito cachondo. Parecía poseído y fuera de sí.

Sorprendentemente, Natalia le obedecía y se dejaba llevar… ¡Aquella no era la chica que yo creía conocer!

¡¡¡¡Zassss!!!! ¡¡¡¡Zassss!!!! Mi novia se dio dos nuevas cachetadas seguidas, aun más fuertes que la anterior, y que casi le dejaron marcados sus lindos dedos.

—¡¡Eso es, joder…!! ¡Así me gusta! ¡Qué rico culo! ¡¡Ábretelo para mí!! ¡Que te lo como todo!

Natalia, sin rechistar, se abrió con sus manos las nalgas, y comenzó a frotarse el coño, empezando a introducirse levemente un dedo dentro… Sus tímidos jadeos del principio, ahora se fueron convirtiendo cada vez más en pequeños gritos ahogados:

—¡¡Sí, cómeme, cómeme, Riqui!! ¡Dios!…. ¡¡Me tienes toda caliente!!

—¡¡Qué culooooo tieeneeessss!! ¿Oyes cómo te lo como…? ¡Tócate, tócate! ¡Seguro que debes estar tan mojada como en mi coche! —exclamaba Riqui, aún fuera de sí, mientras seguía haciendo esos sonidos con la boca, fingiendo chupar su coño.

De Natalia sólo escuchaba sus jadeos, gimiendo ya como una fiera…

—¡¡Levántate!! ¡Ponte toda espatarrada sobre la cama! ¡Y quiero que te sobes esas tetazas para mí!

Como un resorte, claramente excitada ya por completo, mi chica se levantó. Yo me aparté de la puerta por si pudiese verme. Al momento, arrastrado por una curiosidad incontrolable, volví a asomarme lentamente…

La encontré al borde de la cama; ahora totalmente espatarrada, con el móvil posado a su lado, y magreándose las dos tetas como una loca, con la cara desencajada por el vicio…

—¡Sí!… ¡Me froto las tetas, Riqui! ¡Míralas!… ¿Las oyes? ¡Las agito para ti! ¡¡Menéate esa polla!! ¡¡Córrete! ¡Dame esa leche…!

—Bufff… ¡¡Vaya si me las puedo imaginar!! ¡Qué ganas pasé de hacerte una buena cubana! ¡Sería precioso ver mi pollón entre ellas! ¿Te gustaría? ¿Te gustaría que metiese mi polla entre tus tetas?

Al instante, Natalia se estiró hacia la mesita y cogió el plátano sin comer que tenía posado sobre ella. Se lo colocó entre las tetas, fingiendo así hacerse una cubana con él, mientras le describía a Riqui lo que estaba haciendo.

—¡Así me gusta! ¡Imagina que es mi polla que la tienes entre ellas!

Aquella palabras con las que Riqui se dirigía a mi chica me parecían una ofensa enorme. Yo me sentí muy mal al escucharle. Pero, sobre todo, me sentí así al notar cómo el hecho de ver aquello incluso me estaban dando bastante morbo; hasta excitándome ¿En qué clase de novio me estaba convirtiendo?

Pero no me dio tiempo a meditar ni un segundo más sobre si era correcto o no lo que yo estaba haciendo, pues, por sorpresa, sonó el timbre de casa.

Natalia, como en un espasmo, al instante y de forma totalmente desesperada, se levantó de la cama dando un tremendo salto, sobresaltada.

—¡¡Dios Riqui!! ¡Tengo que colgar que alguien está picando a la puerta…!

Natalia, nerviosa, comenzó a vestirse después de tirar su móvil sobre la cama.

Yo, nervioso y sin saber qué hacer, intenté bajar las escaleras de forma desesperada, haciendo el menor ruido posible, intentando que Natalia no me oyese, camuflado entre los sonidos del timbre. Quién fuese el que llamase, lo tocaba de forma incesante.

—¡¡¡VOY, VOY…. VOY….!!! ¡¡¡UN SEGUNDO!!! —escuché gritar a Natalia, casi llegando yo abajo.

No sabía qué hacer. No podía dejarme pillar por Natalia. No quería que descubriese que yo la había estado espiando.

Mientras el timbre sonaba incesante, y sin abrir la puerta principal y recibir a quién fuese que llamaba, me fui para la cocina. Rezaba para que la puerta trasera que daba al jardín de la casa estuviese sin cerrar de llave.

Llegué junto a ella y conseguí abrirla para salir al jardín trasero, justo cuando ya oía a Natalia comenzar a bajar por las escaleras. ¡Me salvé por muy poco! Me conformé con intentar camuflarme por el jardín.

Quién llamaba era un mensajero. Traía un paquete a nombre de Erika. Escuché a Natalia decirle que no estaba. No quise tentar más la suerte. Decidí escaparme de casa en cuanto noté que Natalia entraba de nuevo para dentro.

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