Mª DEL CARMEN MÚRTULA

Yo oigo que, en esta sociedad vuestra, la competencia profesional y la intelectual hace mucha presión a los jóvenes —dije a Andrés esta tarde, cuando estábamos en su despacho del club.

—Es verdad. Esta juventud está muy presionada por la competitividad. Es un problema difícil de resolver, y cada vez se va extendiendo con más fuerza en nuestra civilización, por la falta de puestos de trabajo. Esto hace que la demanda sea muy limitada y sólo los más brillantes pueden aspirar a tener un futuro aceptable.   

—¿Y qué hacéis para esto?

—Creo que el reto está en buscar nuevas fuentes de producción o nuevos medios de dar salida profesional a tantas generaciones que terminan sus estudios sin un futuro inmediato. Con esto se les estimularía para seguir empeñados en el esfuerzo cotidiano de su preparación profesional.

—Y ¿cómo ayudáis vosotros esto?

—Pues verás. Nos preocupamos de buscar la manera de acompañar a los jóvenes a que descubran y valoren sus propias capacidades y se vuelquen en la conquista del desarrollo personal, que aprendan a tomar sus propias decisiones de una manera digna y responsable. Sólo así se librarán de las manipulaciones y engaños de la sociedad consumista que despersonaliza y crea necesidades, haciéndolos ambiciosos, rivales e insolidarios, como frutos de este mundo competitivo.

—¿Tú crees que vuestra sociedad es así?

—No me gusta generalizar, pues hay que reconocer que estamos en una era de todos los signos y colores.

—Perdona, creo que no entiendo.

 —¡Ah claro! Perdóname tú. Quiero decir, que puedes encontrar toda clase de propuestas. Pero la que puede resultar más llamativa, y yo diría peligrosa, es la de un sector muy influyente que está muy interesado por apoyar la despersonalización y la instrumentalización del individuo y así no sólo nos cargamos a la persona, sino que podemos ir acelerando el final de la destrucción de la sociedad que pretendemos salvar. Me temo que puede ser una confabulación de los poderosos para mantener a raya a los de abajo, cosa que no es nada positiva.

—¿Y dónde están los positivos?

—Pues también los hay. Gracias a Dios, existe otro sector, que empieza a ser influyente y a hacerse oír, en el que sus intereses son los de ayudar a crear otra alternativa social, donde toda persona pueda disfrutar de un lugar digno donde se pueda convivir en libertad y en justicia, un colectivo de personas que puedan crecer en una convivencia solidaria.

—Yo veo. ¿Y dónde está lo más peligroso?

—A mí me parece que, se ha de empezar por intentar eliminar cuanto antes el poco interés por desarrollar el nivel cultural de la persona en todas sus dimensiones, atendiendo a la integridad humana de cada individuo.

—¿Puedes explicar esto más?

—Verás, los ciudadanos poco preparados intelectualmente, los que arrastran una falta de conocimientos culturales, son los más fáciles de manejar y engañar, de ahí que esto se puede usar como estrategia política muy poco honesta. Bien saben esto los manipuladores de turno. Es la masa débil que no se rebela contra nada y se cree todo lo que los medios de comunicación les dice como si fuera palabra sagrada, así no hay problema de oposición ni de disminución de votos.

—Ya entiendo

—Una ciudadanía ignorante es fácil de manipular, deslumbrar y engañar. De ahí la urgencia de procurar estar bien informados para no caer en sus redes como marionetas movidas por sus intereses particulares sin tener en cuenta los bienes de la sociedad.

—¿En este país así pasa?

—Bueno, no todas las personas que están en la cumbre del poder son honestas. Por esto, cuando alguien va con buenas intenciones, siempre tiene que ir prevenido, pues puede encontrarse frente a otro que no actúe con tan buenas pretensiones y trate de engañarle aprovechándose de su integridad de corazón.

—Ya comprendo.

—Tenemos que enseñar a nuestros jóvenes a ir con cautela ante lo desconocido, pues siempre puede haber el peligro de fiarse más de la cuenta y ser víctima de esos avispados. Por eso hay que tratar de mantenerse siempre lo más capacitado y cualificado posible, con un nivel de reflexión y estudio permanente que les habilite para sostenerse con criterios maduros y comprometidos.

—Entonces, ¿cómo hacen esto con los jóvenes?

—Este es el último objetivo de nuestra tarea como educadores. Nos proponemos formar ciudadanos capaces de enfrentarse a la realidad, sin caer en sus redes, sino con capacidad de ir modificando el propio ambiente.

—Y ¿qué camino seguís para eso?

Pues veras. Se trata de planificar una educación integral para cada joven según sus capacidades personales, ayudándoles a ser ellos mismos, desarrollando su autonomía al tiempo que progresan en su capacidad crítica y avanzan en el análisis reflexivo ante las situaciones puntuales. Todo esto va encaminado a conquistar la identidad personal y social de su madurez humana, conduciéndoles al descubrimiento de su misión histórica, a la vez que les ayuda a saber responder ante ella. Nos interesa pues, ir formando ciudadanos capaces de enfrentarse con el entorno, sin caer en sus redes manipuladoras, sino con capacidad de modificarlo si viene el caso.

—Entonces, ¿esta es la meta de vuestro funcionamiento educador?

—Sí. Todos los programas que aquí se imparten conducen a este fin. El fomento de buenas lecturas informativas y recreativas, las visitas a museos, fábricas, empresas, exposiciones, conferencias, acampadas… el cultivo de nuestra herencia folklórica… en fin, todos los departamentos del centro tienen como meta el despertar la inquietud cultural de nuestros jóvenes, dándoles una formación integral, haciéndoles conscientes de su responsabilidad ante una sociedad que ellos tienen que ir construyendo.

—Siempre oigo decir eso de educación integral y no sé si comprendo.

—Pues se trata de dar una formación completa atendiendo a todas las dimensiones de la persona. Pensamos que en nuestros programas educativos en el ámbito oficial existe un desequilibrio intelectual, donde se valora más los aspectos técnicos-científicos y se tiende a olvidar otras riquezas como son las ciencias que desarrollan el pensamiento, lo estético, incluso lo ético y si me apuras también está poco valorada la dimensión espiritual, por eso aquí tratamos de rellenar los huecos de los programas de educación oficiales, para completar la formación de nuestros jóvenes cubriendo esas lagunas.

—Y ¿esto no trae complicaciones? ¿Qué pasa si descubren que enseñáis otras cosas que las oficiales?

—Nuestro gobierno no es tan estricto, mientras en los colegios cumplamos con los programas oficiales, nada pueden decirnos si a otros niveles queremos enseñar otras cosas a los jóvenes, siempre que nos movamos dentro de unos comportamientos que ellos consideren éticos, y respetemos los valores más genuinos de nuestro pueblo.

—¿Os dejan enseñar cualquiera cosa?

—Bueno, lo más problemático sería si sospecharan que vamos contra el régimen político o les sonara ética o moralmente dudoso.

—¡Ah! ¿Y nunca han sospechado?

—Pues sí, en ocasiones hemos tenido alguna inspección, pero hasta ahora hemos salido bien parados. Ten en cuenta que vivimos en un país de régimen democrático por lo que el gobierno debe respetar la manera de pensar y actuar de los ciudadanos, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales, que recoge la constitución del Estado aceptada por sufragio universal.

—Ya.

—Mira, aunque nos quejamos de no tener un gobierno perfecto, hay que reconocer que gozamos de una discreta libertad democrática. Pero siempre hay que tener en cuenta que vivimos en un mundo que está desarrollado las ciencias tecnológicas como si fueran algo absoluto e irrefutable y con ello estamos perdiendo otras dimensiones tan humanas que merecen también nuestra atención a la hora de valorar el desarrollo de la persona.

Relato sacado de la novela “S.H. El Señor de la Historia”

http://minovela.home.blog

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