ECONOMISTA


Abrió los ojos un rato antes de que sonara el despertador, estaba intranquila y tenía una sensación extraña. Todavía podía recordar lo que había pasado la tarde anterior, se había dejado masturbar por Don Pedro hasta alcanzar un formidable orgasmo. Le encantaba ese juego que se traía con el viejo, era algo morboso, discreto, tenía poco peligro de que los pillaran por lo que podía disfrutar y dejarse llevar en su despacho sin temor a ninguna consecuencia.

Sin embargo, lo que le hacía estar intranquila era la actitud del viejo, estaba claro que había cambiado, cuando empezó a jugar con él se mostraba dócil y manejable, sin embargo, ahora se estaba desatando e incluso se atrevía a tomar la iniciativa. Y lo peor fue la despedida cuando se puso de pies mostrando orgulloso su erección bajo los pantalones. Eso se la quedó grabado en la cabeza.

Tenía que quitarse esa extraña sensación cuanto antes y borrar la sonrisa de la cara del viejo. Enseñarle quien tenía el mando del juego.

Se levantó a desayunar mientras ojeaba la Tablet y luego subió a despertar a su marido y a las niñas. Una vez las dejó vestidas y preparadas para que David las llevara al cole, se arregló maquillándose y se puso un vaquero ajustado, zapatos de tacón y un jersey marrón de cuello alto.

A media mañana en la hora libre que tenía en el instituto se pasó por su despacho a coger la Tablet y se dirigió a ver al director. Le picó en la puerta.

– Si, pasa, ¡oh Claudia, que sorpresa!, hoy no te esperaba, dijo Don Pedro visiblemente emocionado pensando “ésta zorra viene a por más”.

Bajo esos jerséis y camisas que llevaba Claudia siempre estuvo convencido de que había un par de buenas tetas, pero ahora estaba seguro, lo había comprobado de primera mano en la tarde de ayer, sobando esos pechos por dentro de la camisa. Lo mejor había sido tenerla abierta de piernas a su lado, con esa falda de quinceañera y luego ella se le había espatarrado para dejarse meter los dedos en el coño hasta que se corrió. Estaba orgulloso de eso, había conseguido hacerla llegar hasta el orgasmo a su Jefa de estudios.

Pero quería más. Mucho más, ayer por la tarde ella se fue y le dejó solo y excitado. Eso tenía que cambiar. Había estado muy bien poderla sobar, pero él también quería disfrutar y si podía, ¿porque no correrse?. No podía desaprovechar esa oportunidad. En cuanto la vio marcando culazo con esos pantalones volvió a tener una erección. Era increíble la facilidad con la que se le ponía dura con la mera presencia de Claudia. Iba impecablemente vestida, peinada, maquilla y perfumada.

Delicioso.

Se frotó las manos cuando ella cogió una silla para ponerse a su lado.

– Ayer no me quedaron claras unas cuantas cosas de los temas administrativos y quería solucionarlo cuanto antes, para no estar dándole vueltas, dijo Claudia sentándose.

Le pareció ver que el viejo se mojaba los labios con la lengua cuando se agachó a encender el ordenador.

– A mí me pasa lo mismo, las dudas cuanto antes se solucionen mejor…

Claudia cruzó las piernas y luego puso la Tablet en la mesa. Se inclinó hacia ella y abrió un par de carpetas.

– Si, esto es…el tema de la financiación en material deportivo, me dijo que de momento se había gastado…

– Ah sí, espera que lo busque…emmmmmm…aquí está…

En cuanto abrió el Excel en el ordenador Don Pedro soltó el ratón, bajó la mano y la puso sobre el muslo de Claudia. Demasiado cerca de su coño. Demasiado directo. Claudia bajó la cabeza y puso cara de desprecio, como si le diera asco, le cogió la mano al viejo y se la apartó llevándola hasta el ratón.

– ¿Qué hace?, le recriminó.

– Ahhh, nada hija, lo siento, perdona, no quería molestar…

– Tiene usted la mano un poco larga, he venido para trabajar, no se equivoque, le advirtió Claudia.

– Si, si claro…perdona de verdad…yo no quería…

No le gustó el tono amenazante de Claudia y se le bajó la erección casi de repente, no estaban las cosas para andarse con tonterías, veía a su Jefa de Estudios perfectamente capaz de denunciarle por acoso laboral y lo último que le gustaría era un escándalo de ese tipo en el instituto antes de jubilarse. Confundido por lo que acababa de pasar le explicó a Claudia lo que le había pedido.

Y como vino se fue, sin apenas despedirse y quedando en el aire futuras reuniones. ¿Qué había pasado?, se preguntó Don Pedro, ¿qué habré hecho mal?, “ayer se me abre de piernas, se aparta las bragas para que la sobe el coño y hoy me recrimina que ponga la mano sobre su muslo, no entiendo nada”.

Cuando salió de su despacho Claudia ya no tenía ese sentimiento con el que se había levantado, había desaparecido, sentía que volvía a tener el control del juego y el dominio sobre el viejo. Se sentía poderosa otra vez y se metió en su despacho, pero en cuanto se sentó se desabrochó el pantalón y se metió la mano en el coño, los 20 minutos que estuvo con Don Pedro se mostró fría y distante, pero al estar en su despacho se le vinieron a la cabeza todos los recuerdos de lo que había pasado la tarde anterior. Con solo sentir la mano del director en su muslo mojó el tanguita.

Durante la explicación administrativa de Don Pedro no pudo dejar de fantasear con volver a desabrocharse el pantalón, abrirse de piernas y dejar que el viejo la volviera a hacer un dedo. Pero no había ido allí para eso, había ido para volver a retomar el control del juego y lo había conseguido. Al final se lo tuvo que hacer ella sola en su despacho.

Las tres semanas siguientes transcurrieron con normalidad, una vez a la semana nos conectábamos con Toni y Claudia seguía hablando por teléfono con Víctor. El siguiente encuentro con él era inminente, apenas faltaba una semana y esta vez ya no había excusas.

Por fin iba a estar delante cuando ese cabrón se follará a mi mujer.

En lo que si cambió Claudia fue en lo de fantasear con Don Pedro, cuando volví a sacar el tema me cortó tajantemente y me dijo que no siguiera por ahí, que eso no la excitaba y que no la parecía muy correcto lo de fantasear con un señor mayor, que además era su jefe. De momento preferí dejarlo correr.

El viernes por la noche quedamos en casa de mis suegros toda la familia, Carlota, nosotros y los 6 nietos, solo faltaban Pablo y Marina. El motivo no era otro que el estreno en directo del programa de magacines en la televisión que iba a presentar Marina, Pablo estaba acompañándola en el estudio. Los niños se quedaron muy sorprendidos cuando vieron a su madre en la tele y la verdad es que Marina lo hacía muy bien, aunque se notaba un poco que llevaba años desentrenada. El programa duró una hora y cuarto así de reportajes por pueblos de la provincia y un par de entrevistas en el plató. Estuvo muy entretenido.

Me di cuenta que lo que decían eso de que la tele engorda era verdad, no mucho, pero algo sí, Marina que ya era muy guapa al natural, con la ropa que la pusieron y el maquillaje estaba para follársela. La que hizo un par de comentarios fuera de lugar fue mi cuñada Carlota, refiriéndose despectivamente a Marina por “la famosilla de la familia”, destilaba odio y envidia por cada poro de su piel. Seguía igual de amargada y cada vez estaba más claro que necesitaba un buen polvo.

Aprovechando que estaba toda la familia dijimos que Claudia y yo teníamos un plan el fin de semana que viene en Madrid para dejar a los niños en casa de mis suegros.

– ¿Últimamente vosotros viajáis mucho a Madrid, ¿no?, dijo Carlota, como si fuera ella la que se tuviera que quedar con nuestras hijas.

Yo me puse rojo de la vergüenza con la pregunta, ¿es que acaso sabía algo mi cuñada o es que era igual de estúpida que su ex marido y siempre tenía que abrir la bocaza?. Finalmente quedamos con mis suegros para llevar a las niñas el sábado siguiente y nosotros poder viajar tranquilamente a Madrid.

 21

– Que te lo digo en serio, el viernes me ha invitado a su casa a cenar, dijo Lucas emocionado.

Estaban en el descanso entre clase y clase y sacó el móvil para enseñarle los mensajes a Mario.

– Pues sí, es verdad, eso parece.

– Me ha dicho que es para celebrar mi cumpleaños, me ha estado preguntando mucho.

– Pero tu cumple es el sábado, ¿no?, hemos quedado todos para salir y celebrar tus 18, acuérdate.

– Si, ya se lo he dicho y me dijo, “pues si ya has quedado el sábado te vienes a cenar a mi casa el viernes, estoy sola”, esta tía quiere follar, joder estoy muy nervioso, me saca 20 años, pero está buenísima…

– Bueno tranquilo, de momento solo te ha invitado a cenar, aunque viendo los mensajes, si parece que quiere algo…

– Joder tío, me ha invitado a su casa y me ha dicho que está sola, no sé qué más quieres que me diga…

– Que sí, que parece que algo quiere, bueno, tú por si acaso lleva condones, jajajajaja.

– Hombre eso por supuesto…los condones no van a faltar…bueno te dejo que por ahí viene Claudia, ¡¡mira, mira que faldita trae, mmmmmmmmmmmmmmmmm, joder!!

– ¡Cállate que te va a escuchar!

Lucas se acercó al oído de Mario cuando Claudia ya estaba delante de ellos.

– Este fin de semana me pienso tirar a la amiga de la profe, no me digas que no es morboso…

El viernes por la mañana Mariola estaba hablando con Claudia desde su despacho en el banco.

– Ayer estuve comprando, voy a prepararle un pescado al horno y le he hecho una de mis tartas, dijo Mariola.

– Seguro que le encanta, haces unas tartas de muerte…

– Espero que le guste más el otro postre, jajajajajaja.

– Jajajajajaja, ¡no quiero saber nada!, jajajaja

– Ya, ya, jajajaja, se presenta una noche movida, tendré que echarme un rato la siesta, luego voy a recoger un poco el piso.

– No creo que se fije mucho en eso, además siempre le tienes impecable.

– Ya sabes que me gusta que esté todo perfecto y más un día como hoy, no quiero que se le olvide su 18 cumpleaños.

– Seguro que no lo olvida.

– Bueno y tú ¿qué tal?, ¿cuándo salís para Madrid?

– Hemos quedado con Víctor mañana para cenar…

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, tenemos un finde interesante las dos, ¿nos vemos el lunes para ponernos al día y después partidito de pádel?

– ¿El martes mejor?, así el lunes puedo descansar un poco que si no se me hace muy pesada la semana…

– Como tú digas Claudia, pues el martes organizamos partido y antes te pasas por mi casa un rato para hablar.

– Hecho, venga pásalo bien.

– Igual, un beso.

A las tres salió del banco y se fue sola a un restaurante cercano a comer. Iba habitualmente allí, buena comida, servicio rápido y precio medio. Como le había dicho a Claudia comió rápido y se fue a casa a descansar. A media tarde ya tenía la casa sin una mota de polvo, la cocina reluciente y los adornos preparados en la mesa en la que iban a cenar con el jovencito.

Le mandó un WhatsApp a Lucas con su dirección y hora. 22:30.

Se metió en la cocina a las 20:00 y estuvo preparando unas canapés elaborados de entrantes y luego preparó la patata y la cebolla que iban a acompañar el pescado. Cuando lo tuvo todo listo se pegó una ducha y comenzó a vestirse.

No sabía que ponerse, quería estar guapa, arreglada, pero informal, tenía que ponerse algo sexy, pero sin parecer una buscona. Registró a fondo el armario, eran todo dudas, falda, vestido, pantalón, o unos shorts, botas, zapatos de tacón, zapato plano. Le costó decidirse. Mariola quería estar perfecta para Lucas.

Lo dejó en la cama y lo primero que eligió fue la ropa interior. Tanguita negro elegante con sujetador a juego. Después una camiseta gris de manga corta con letras grandes en negro, minifalda de cuero negro y zapatos de tacón blanco, junto con un reloj plateado. Se miró varias veces al espejo y le gustó mucho su look.

Eran las 22:15 y se sentó en el sofá a esperar. Estaba muy nerviosa, no se podía estar quieta, tantos meses tonteando con Lucas y esperando este momento y por fin había llegado, encendió la tele, pero la apagó a los pocos segundos, se fue a la cocina y se sirvió una copa de vino. Luego llevó los canapés hasta la mesa del salón y esperó a que llegara el chico.

Apareció con unos 10 minutos de retraso, cazadora de cuero, con zapatillas blancas, vaqueros y una camiseta. No se había preocupado mucho en su vestuario.

– Hola, le dijo Mariola dándole un par de besos en la mejilla.

– Creo que llego un poco tarde.

– Si, no te preocupes, pasa y siéntate he preparado unos canapés…

– Mmmmmmm, que buena pinta tienen, tengo mucho hambre, dijo cogiendo uno y metiéndoselo entero en la boca sin preguntar tan siquiera de que era.

– ¿Que te pongo de beber?, nada de alcohol, que eres menor todavía, jajajaja

– Ohhhhh, me falta un poquito más de una hora…bueno, pues una coca cola…

Mariola le trajo el refresco y se sentó con él a la mesa, le dio un trago a la copa de vino y se pusieron a comer los canapés.

– Tienes una casa muy bonita, dijo Lucas.

– Muchas gracias, antes de cenar te la enseño…si quieres…

– Si, vale, dijo en un tono que quería decir que no le importaba si lo hacía o no.

– ¿Ponemos un poco de música?, preguntó Mariola.

– Si, ¿que tienes?

– Lo que te guste, podemos poner cualquier cosa con el Spotify…algo tranquilo para cenar…

– Elige tú la música que estamos en tu casa…

– ¿Love of Lesbian?

– Bien, no sé quiénes son, pero vale, jajajaja.

– Jajajajajaja.

Mariola se levantó a encender el altavoz de música y luego puso el horno en la cocina. No podía retrasarlo mucho más para el plan que tenía en mente. Estuvieron hablando un rato mientras se acababa de hacer el pescado y cuando sonó el aviso volvió a acercarse a la cocina. Apareció con una fuente de barro y una estupenda lubina al horno que olía de maravilla.

– Mmmmmm, pescado, dijo Lucas en tono bajito.

– ¿No te gusta?

– Prefiero carne…pero vamos como pescado también, además huele muy bien…

– Tú prueba esto y me dices, dijo Mariola empezando a servirle.

Terminaron de cenar a las 23:50, apenas quedaban 10 minutos para que Lucas cumpliera la mayoría de edad y Mariola ya llevaba tres copas de vino encima y un buen calentón pensando en lo que venía después.

– Estaba buenísimo todo lo que has puesto, ¿cómo se llama este pescado?

– Lubina y me alegro que te haya gustado, voy recogiendo cosas de la mesa…

– Espera deja que te ayude…

Lucas se ofreció y juntos llevaron los platos y cubiertos sucios hasta el lavavajillas.

– Te he preparado una tarta, dijo Mariola poniéndole dos velas con los números 1 y 8.

Sacó unos platitos pequeños y cortó un par de buenos trozos de la tarta de chocolate que había hecho.

– ¡Chocolate, me encanta!, dijo Lucas acercándose por detrás.

De repente Mariola notó como Lucas estaba pegado a ella y le había puesto las manos sobre la cintura.

– ¡Muchas gracias!, nunca me habían preparado una tarta en mi cumpleaños.

Mariola sintió la polla dura del chico pegada a su culo y miró el reloj. Joder quedaban todavía 4 minutos para que cumpliera la mayoría de edad. Se giró y quedó frente a Lucas que ahora la miraba fijamente de frente. Intentó besarla, pero Mariola se echó hacia atrás esquivándole.

– Vamos a comer la tarta, dijo ella.

– ¿No te gusto?, ¿qué pasa?, dijo Lucas decepcionado.

– No, no es eso…solo es que…faltan unos minutos para que tengas los 18…

– Ahhhhh, que es porque soy menor de edad todavía, entiendo…

Seguían frente a frente mirándose y Lucas no había quitado las manos de la cintura de Mariola.

– Estás esperando a que cumpla los 18, es eso, ¿verdad?

– Si.

– Pues no pienso moverme de aquí hasta las doce, dijo Lucas mirando el reloj.

Quedaban 3 minutos y seguían en la misma posición sin moverse. Estaban de pie casi pegados y se notaban la respiración agitada del uno en la boca del otro.

– Dos minutos, dijo él.

Mariola se mordió los labios y los dos bajaron las manos entrelazando los dedos acompañado de un ligero movimiento de pies como si estuvieran bailando.

– Me pones mucho, tengo muchas ganas de besarte, dijo Lucas.

– Tú a mí también…

– Un minuto.

– ¿Quieres que encienda las velas?

– Ni te muevas…creo que la tarta se va a quedar en el plato…30 segundos…

– Mmmmmmmmmmmmmmm…

Lucas se acercó todavía más, tenían las bocas a un par de centímetros escasos.

– 10, 9, 8, 7…2, 1, ¿quieres comprobar que ya son las doce?

Mariola se lanzó a la boca de Lucas y comenzaron a morrearse salvajemente en la cocina. Las manos del chico no tardaron en meterse bajo su falda y le apretó las nalgas con fuerza. Llevaba muchos meses queriendo sobar ese culo y ahora lo tenía a su disposición. Tiró de la falda hacia arriba y luego le quitó la camiseta dejando a Mariola en sujetador. Comenzaron a desnudarse mientras iban hacia el salón, sin dejar de abrazarse y besarse.

Cuando llegaron al sofá Mariola ya solo llevaba la ropa interior puesta y Lucas los pantalones. Le sobó la polla por encima y rápidamente se los desabrochó. Se moría de ganas de tenerla entre las manos, aunque antes sintió los torpes dedos de él sobándola el coño y luego intentándola soltar el sujetador. Por fin le liberó la polla y comenzó a pajearle, no era la más grande del mundo, pero le dio mucho morbo lo dura que estaba. Jadeando volvieron a morrearse, pero Mariola quería otra cosa.

– Déjame, dijo besándole el cuello y luego agachándose sobre su regazo para meterse la polla del chico en la boca.

Lucas estaba sorprendido, Mariola se la mamaba con fuerza, succionando duro y subiendo y bajando sobre su polla, se notaba que tenía muchas ganas de hacerlo, se dejó hacer acariciando el pelo de Mariola y echó la cabeza hacia atrás. No se la habían chupado así en la vida, bueno de hecho era la segunda vez que una chica se la comía. No iba a durar nada. Mariola no le daba tregua y con la mano además le pajeaba.

– ¡Para, para!, dijo poniendo la mano entre su polla y la boca de Mariola.

– ¿Qué pasa?, dijo ella conectada todavía a él con un reguero de saliva que recogió con un dedo.

– Si sigues así voy a terminar muy rápido, dijo Lucas mirando el reloj. No eran ni las 00:04.

Mariola le apartó la mano y se puso de rodillas frente a él, sacó la lengua para pasársela por toda la polla sin dejar de mirarle a los ojos. Luego rodeó con la lengua el capullo y le dedicó una mirada viciosa.

– No te preocupes, tenemos toda la noche, ¡¡hoy puedes hacerme lo que quieras!!, dijo antes de reanudar la mamada y comenzando ella misma a acariciarse el coño.

Se la metió otra vez en la boca y como antes chupó y aspiró con fuerza y cuando le acarició los huevos con los dedos sintió como se le ponía más dura en apenas unos segundos.

– ¡Mariola, Mariola!, ohhhhhhhhhh…no puedo mássss, ahhhhhhhhhhhhhhh, gimió Lucas revolviéndose en el sofá.

Ella sabía lo que iba a pasar, notó las contracciones de su polla y lo siguiente que sintió fue la caliente leche del chico golpeando con violencia contra su garganta. Eran las 00:05.

 22

El sábado después de comer dejamos a las niñas en casa de mis suegros para viajar a Madrid. Nuestro cuarto encuentro con Víctor, solo que esta vez iba a ser diferente, habíamos ido dando los pasos previos pertinentes y ahora era el momento adecuado. Aunque realmente uno nunca acabar de estar preparado para estas cosas y no sabía cómo íbamos a reaccionar, ni mi mujer, ni yo.

Por fin iba a estar delante cuando Víctor se follara a Claudia.

Mientras iba conduciendo camino a Madrid ella recibió un mensaje en el móvil y luego se echó a reír. (“Acabo de levantarme, menuda nochecita con tu chico” 15:24)

– ¿Quién es?

– Nada es de Mariola, no es nada, una tontería.

No me quiso contar de que se trataba, así que estuvimos hablando un poco sobre Víctor y el nuevo encuentro con él. Había quedado bien claro que yo iba a estar presente. Esta vez sí que iba nervioso, Claudia por el contrario estaba como ansiosa o expectante por volver a estar con Víctor. Cuando estábamos llegando a Madrid me dijo que tenía que decirme una cosa, que era muy importante.

Todavía me puse más nervioso.

– Pues es que…la otra vez que estuve a solas con él, estuvimos hablando Víctor y yo…bueno y le conté lo de la píldora y eso, que había empezado a tomarla, dijo Claudia titubeante.

Yo me empecé a oler por donde iban los tiros.

– ¡Claudia, eso no!

– Me dijo que iba a traer una analítica de esta misma semana para que viera que todo estaba bien, para…

– ¿Qué quieres, follar con ese tío que casi no conocemos de nada a pelo, así sin condón?

– Ahhh…que ahora no le conocemos, llevamos tres meses con esto y ahora…

– O sea que tú quieres hacerlo, ¿no?

– Deja de interrumpirme, además tampoco creo que sea para tanto, ya lo he hecho, no sería una novedad.

– Si y mira cómo te pusiste, tuviste que tomarte la pastilla del día después, estuviste nerviosa y preocupada toda la noche por eso…

– Pero ahora es distinto, estoy tomando la píldora y Víctor me ha dicho que me iba a traer una analítica de su hospital, no veo que sea tanta locura, pero vamos que, si no quieres pues nada, no es para que te pongas así…

– No es que me ponga así, no deja de ser casi un desconocido, no me gusta que folles con ese tío sin protección, pero vamos, haz lo que quieras, como siempre, dije enfadado.

– ¿Y eso a qué coño viene ahora?

– A nada, mira Claudia no quiero discutir, si quieres hacerlo sin preservativo, tú misma, ¿qué te va a traer una analítica cada vez que vayáis a follar?

Esa pregunta no se la esperaba mi mujer que se puso a la defensiva.

– Que te he dicho que si no quieres pues nada…ya está, si empezamos así lo dejamos y nos damos media vuelta, joder…

– Mira Claudia yo solo quiero lo mejor para ti, quiero que estés bien…que disfrutemos de esta experiencia, pero con seguridad y sabiendo lo que hacemos…que esta vez no quieres utilizar el preservativo pues adelante, pero mira bien esos análisis…asegúrate y si estás bien y tranquila vas a disfrutar mucho mas de estar con Víctor.

– Bueno, ya veremos, ya me he enfadado, no quiero seguir hablando de este tema, dijo la niña pequeña que Claudia llevaba dentro.

Llegamos al hotel y comenzamos a prepararnos pronto, habíamos quedado con Víctor antes de la normal, sobre las 20.00 en el hall del hotel para ir de tapeo por el centro. Claudia se puso un vestido corto de tirantes con rayas azules en horizontal, medias negras con dibujos de rombos, botines con tacón alto y una chaquetilla azul para taparse los brazos. No me quiso enseñar la ropa interior que llevaba debajo, era una sorpresa.

A las 20,00 en punto bajamos y Víctor estaba en la recepción. La relación entre él y mi mujer era evidente que había cambiado, empezando por el saludo, donde se dieron un pequeño beso en los labios. Me estrechó la mano sin decir nada y volvió a girarse hacia mi mujer para empezar a hablar con ella en bajito. La tensión sexual entre ellos era más que evidente. No sé qué se decían, le entendí a Claudia que dijo “si, algo hemos hablado”, Víctor le enseño el móvil y mi mujer asintió con la cabeza, no sé de qué se trataba, pero después él intentó besarla y Claudia le dijo “aquí, no”.

Parecía que Víctor le estaba pidiendo algo y mi mujer no quería, finalmente Víctor dijo “pues que venga, me da igual”, entonces entendí sin duda alguna que se estaban refiriendo a mí. Claudia se acercó a mi lado y me dijo.

– Víctor quiere subir a la habitación antes de ir a cenar…

– ¿Ahora?, ¿no íbamos a ir a cenar?

– Déjate de preguntas, nos vamos arriba… ¿vienes o no?

Entonces comprendí lo que pasaba. No había que ser muy listo. Llevaban un mes sin follar y estaban los dos con un calentón tremendo. Solo había que ver la cara de mi mujer. Yo no me lo esperaba, al menos tan pronto, hubiera preferido irnos a cenar, luego tomar algo y poco a poco irnos poniendo en situación, pero eso no iba a pasar. El momento había llegado, de repente, casi no me había dado tiempo ni a excitarme.

Estaba a punto de ver como se iban a follar a mi mujer.

– Si, sí, claro, dije yo, en un tono en el que intenté disimular los nervios que me comían por dentro.

Claudia echó a andar en dirección a Víctor y yo fui detrás de ella, le dijo algo y él asintió con la cabeza, luego cogió por la cintura a mi mujer y caminaron hacia los ascensores. Yo iba un par de metros por detrás y ver como él tenía la mano cerca de su culo ya hizo que me empalmara. Mientras esperábamos que bajara el ascensor Víctor intentó besar otra vez a Claudia y ahora sí, ella le correspondió tímidamente, no sin antes echarme una ligera mirada de reojo.

Cuando entramos en el ascensor Víctor apoyó la espalda y tiró de mi mujer hacia él, ahora el beso entre ambos fue más intenso, yo me quedé detrás de Claudia y vi como las manos de él bajaban a su culo. Con toda la naturalidad del mundo las metió bajo su falda levantándosela y desde mi posición le vi perfectamente las nalgas a Claudia cubiertas tan solo por unas finas medias y las braguitas negras tipo brasileñas. El muy cerdo lo hizo para demostrarme que podía manejar a mi mujer como le daba la gana. Claudia tiró del vestido hacia abajo y le apartó la mano recriminándole el comportamiento, pero Víctor dijo con tono burlón.

– ¿No quería mirar?, pues que mire…

Y después volvió a levantarle la falda para soltarle un pequeño azote que hizo bambolear sus glúteos.

– Me encanta tu culo, podría estar todo el día haciendo esto, dijo apretándoselo con fuerza hacia arriba para luego soltarlo y volver a repetir lo mismo varias veces.

Yo estaba hipnotizado mirando las manos de aquel tipo jugando con el culo de mi mujer. Llegamos a la planta donde nos hospedábamos y salieron del ascensor agarrados de la cintura. Otra vez ellos iban caminando delante de mí y cuando llegamos a la puerta Víctor me dijo.

– Abre…

Reconozco que me daba mucho morbo obedecer las órdenes que me daba el macho que se iba a follar a mi mujer, así que le hice caso. Pasaron dentro y se quedaron de pies mirándose con deseo. Claudia tenía el culo apoyado en una mesita frente a la cama y Víctor se lanzó a devorar su boca. Yo todavía estaba en estado de shock, iba todo demasiado deprisa, estaba empalmado, pero no muy excitado y sin embargo ellos parecían una olla a punto de explotar.

Por unos segundos empezaron a juguetear con la lengua y a Claudia se le escapó una risa nerviosa, no tardaron las manos de Víctor en subir a acariciar los pechos de mi mujer y tras unos primeros momentos contenidos se desató la tormenta. Volvieron a besarse con intensidad y pasados un par de minutos así Víctor giró a Claudia haciendo que apoyara las manos contra la mesa.

Mi mujer sacó el culo hacia atrás rozando el paquete de Víctor que se había pegado a ella sobándole las tetas y comiendo su cuello. Claudia jadeaba echando las manos hacia atrás para tocar el cuerpo de su amante, pero en un golpe de caderas Víctor lanzó a mi mujer hacia delante haciendo que quedara apoyada contra la mesa ofreciéndole el culo.

Entonces con mucha tranquilidad Víctor se quitó la americana y la tiró sobre la cama, me miró un instante cuando comenzó a desabrocharse el cinturón, pero enseguida volvió a poner las manos sobre la cintura de Claudia que le esperaba con la respiración agitada.

– ¡No te muevas zorra!, ¡PLASSS!, dijo soltando un sonoro azote sobre las medias en la nalga derecha de mi mujer, que ni tan siquiera se inmutó. Parecía que estaba acostumbrada a que se lo hiciera.

Escuchar estas palabras y el cachetazo hizo que el calentón me viniera de golpe. Víctor se abalanzó sobre Claudia desabrochándose los tres botones del pantalón y se pegaron tanto que desde mi posición no pude verle la polla, lo que sí que pude ver fue como metió la mano bajo la falda de mi mujer bajando sus medias y braguitas hasta medio muslo. Le subió el vestido y el corazón se me puso a mil cuando vi como Claudia con la respiración jadeante le ofrecía el culo para que se la metiera desde atrás.

Víctor bajó la mano en una operación en la que parecía que estaba colocando la polla a la entrada del coño de Claudia y la respiración de ella se volvió todavía más agitada. En ningún momento me pareció que se pusiera el condón. O ya lo tenían hablado para follar sin preservativo o le había convencido a mi mujer en unos segundos para hacerlo cuando estuvieron a solas en el hall del hotel.

– ¡Que ganas tenía de volver a follarte!

Y lo siguiente que escuché fue un tremendo gemido de Claudia que retumbó en la habitación, se la acababa de meter delante de mí. Me temblaron las piernas y tuve que retroceder un paso buscando apoyarme contra una pared sino me hubiera caído al suelo de la impresión que me dio. La imagen era mejor de lo esperado, parecía una película erótica de los años 90, los dos a medio vestir entregándose el uno al otro en un polvo rápido, salvaje y desenfrenado.

Estaba tan absorto en la escena, que no podía pensar en nada más. De repente me entraron unas ganas locas de pajearme, ¿qué hacía, me la sacaba?, ¿era apropiado hacerlo mirando como follaban?, me parecía muy humillante, pero a la vez súper morboso y tampoco es que me estuvieran prestando mucha atención, Claudia ni tan siquiera me había mirado y Víctor solo una vez. Me saqué la polla y muy despacio me pegué varias sacudidas. No quería correrme inmediatamente.

Víctor seguía follándose a Claudia desde atrás, de vez en cuando la sobaba las tetas y luego volvía a poner las manos sobre su cintura embistiéndola seco y duro. Mi mujer estaba disfrutando como una loca, me gustaba mucho como se la habían quedado las braguitas a medio bajar sobre sus muslos, parecía que la daba igual que se la follaran así, como a una cualquiera, solo quería disfrutar del polvo que le estaban pegando.

Entonces Víctor aceleró el ritmo y los gemidos de Claudia se volvieron más agudos.

– ¡Ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh, que bien, que biennnnn!, ¡¡sigue, sigueeee!!, ahhhhhhhhhhhhhhh, fue lo único que dijo mi mujer.

Y de repente Víctor sin previo aviso comenzó a correrse. Desde luego que no me esperaba que lo hiciera tan rápido, apenas habían estado tres minutos follando y en su casa había demostrado tener un aguante incluso de horas. Claudia se corrió prácticamente a la vez que él y yo no quise ser menos y con un par de sacudidas más eyaculé sobre el suelo de la habitación.

No me imaginaba que esa primera vez que les viera follar iba a ser así. Ni mejor, ni peor, solo algo distinto, más pornográfico, con los cuerpos de ambos desnudos, algo más mecánico, sin embargo, había sido un polvo rápido, desesperado, no querían ni perder tiempo en quitarse la ropa. Lo que más me impactó de esa primera vez no fue el acto en sí, fue cuando Víctor sacó la polla del coño de Claudia.

Esa imagen se me quedó en la cabeza. La enorme verga de Víctor salió mojada de dentro mi mujer y al momento su abundante corrida escurrió hacia abajo cayendo en parte sobre las braguitas de Claudia, que seguía inclinada abierta de piernas y el culo hacia fuera. Tras unos segundos mirando detenidamente el coño de Claudia, luego me fijé en Víctor, tenía una polla perfecta, grande, hinchada y a pesar de haberse corrido todavía tenía un buen tamaño y había perdido muy poco de su dureza.

Me miró altivo y soberbio, yo me sujetaba la polla flácida con dos dedos y en ese momento me pareció ridícula la situación y más aún cuando quiso demostrar quién era el macho de la habitación y restregó su pringosa verga entre los labios vaginales de Claudia que comenzó a gemir al sentir el contacto con Víctor, sacando más el culo hacia atrás.

Con una habilidad sorprendente se la volvió a meter y Claudia se incorporó un poco girando la cabeza para besarse con él, Víctor le dio tres o cuatro embestidas más y luego sacó la polla dando por finalizado ese primer polvo, dejando a mi mujer con ganas de más.

– Tranquila zorra, vístete, luego volveré a follarte…joder que ganas de polla tienes…

Con toda la tranquilidad del mundo comenzó a vestirse y Claudia al fin se puso de pies colocándose las braguitas, las medias y bajándose el vestido. Por primera vez me miró, estaba en parte avergonzada, pero su cara era más de satisfacción que otra cosa. Supongo lo que pensaría al verme allí tocándome mi pequeño miembro que no me había guardado en los pantalones todavía.

– Esperarme un momento abajo, ahora voy, nos dijo Claudia.

– De acuerdo, ¿tú has terminado ya?, me dijo Víctor a mí en tono chulesco.

– Ehhhhh…si…ehhhhhh, si, si, dije yo guardándome el pito en los pantalones.

Salimos de la habitación y nos bajamos al hall del hotel. Me imaginé que Claudia se querría pegar una ducha e incluso cambiarse de ropa después de lo que acababa de pasar, no iba a venir a cenar con la corrida de él entre sus piernas. Entonces nos sentamos en un sofá a esperarla y fue cuando Víctor me mostró su verdadera cara.

– ¿Bueno, que tal, te ha gustado lo que has visto?

– La verdad es que si, ha sido increíble.

– Bien, sé que llevabas tiempo con la idea de vernos, no lo teníamos pensado así, íbamos a ir a cenar, pero ha sido ver a tu mujer y apetecerme estar con ella, hacía un mes desde la última vez, no sé qué me ha pasado, no suelo terminar tan rápido, pero, mmmmmmm…tenía tantas ganas y además saber que me podía correr dentro de ella, ufffff…

– No pasa nada, algo me había comentado Claudia al venir, aunque no estoy muy de acuerdo con eso, pero si Claudia quiere, pues lo acepto.

– Puedes estar tranquilo, Claudia me ha dicho que está tomando la píldora y yo me he hecho una analítica esta semana en el hospital, se la he enseñado para que viera que estaba todo bien…a mí también me gusta el sexo seguro, no soy un imbécil…

– Supongo…

– Me alegra tener esta conversación contigo, yo creo que era algo necesario y ya que estamos tengo muchas cosas que decirte…

¿Muchas cosas que decirme?. No sabía a qué se refería Víctor. Pero enseguida lo averigüé, la cara amable de Víctor se terminó y en los siguientes 10 minutos me dijo cosas que consiguieron humillarme y excitarme a partes iguales, en unos límites que no había alcanzado ni con Cristina. Se puso serio, se acercó a mi abriéndose el cuello de la camisa y comenzó a hablar.

– Si te soy sincero, tenía serias dudas de esto, de que estuvieras delante y tal, pensé que Claudia se iba a cortar, pero parece que le ha gustado y reconozco que a mí también, ¡ME HA ENCANTADO FOLLARME A TU MUJER EN TUS NARICES!, me he acostado con muchas tías, la mayoría casadas o con novio, eso es lo que me gusta, es…mi fetiche, por eso cuando conocí a Claudia y supe que estaba casada seguí insistiendo con ella, es muy guapa y está muy buena, posiblemente me la hubiera follado también si estuviera soltera, pero si la noche que las conocimos a ella y a su amiga me dicen que la que está casada es Mariola hubiera ido a por ella en vez de a por tu mujer, así de claro, si, ya sé que suena a que soy un cabrón, pero eso es lo que me da morbo, no sé por qué, solo quería que lo supieras…y para que estés tranquilo, no me voy a encoñar con Claudia ni nada por el estilo, ¡a tu mujer solo la quiero para follar!

Aquella frase me provocó una erección increíble. Me estaba reconociendo que solo quería a Claudia para el sexo y que cuando la conoció se interesó por ella porque estaba casada. Aquel tío no solo era un cabrón, también era un puto cerdo. En ese momento tenía que haber subido a por mi mujer y salir corriendo de allí. ¿Como había permitido que se acostara con él?, pero cuanto más hablaba más excitado me ponía.

– No me malentiendas, Claudia está tremenda, es pequeñita y tiene un cuerpazo de impresión, buenas tetas y un culito mejor que el de una universitaria de 20 años, redondo, suave y duro, es una pena que la hayas tenido tan mal follada todos estos años, menudo desperdicio, ya me ha contado un poco lo vuestro…que incluso estuviste años que ni se te ponía dura, no sé cómo pudo soportar eso, también me contó lo de vuestras hijas, que no fuiste capaz de embarazarla, oyes no pasa nada, es muy común eso hoy en día, también me ha puesto un poco al corriente de vuestros jueguecitos, jajajajaja, ¿así que te gusta que te follen el culo, eh?, jajajaja. Está claro que Claudia es una mujer muy sexual, le encanta el sexo, pero cuando empezamos juntos no tenía ni puta idea de nada, ni de calentar a un tío, ni de como moverse…no sabía ni chupar una polla, ¿qué pasa que nunca te la comido?

Estaba alucinando mientras escuchaba a Víctor, me parecía increíble que Claudia le hubiera contado todas esas cosas, ese tipo de intimidades y cosas de nuestra vida familiar y ahora tenía la desfachatez de preguntarme si alguna vez me la había mamado. Aquel tipo era un impresentable. Yo tartamudee.

– Ehhh…siii…alguna vez, no mucho…pero ehhhh…si, alguna…

– No se nota, yo creo que no te la había chupado en la vida, la he tenido que enseñar, en un par de días ha mejorado mucho, aprende deprisa tu mujercita, jajajaja, luego lo comprobarás…si te apetece también puedo follarme su boca, ¿quieres verlo?

Me revolví incómodo en el sofá, necesitaba un trago o algo similar, Víctor me estaba humillando y yo cada vez la tenía más dura.

– Lo que vosotros queráis…

– Esto te lo estoy preguntando a ti, que quede entre nosotros, ¿quieres ver cómo le follo la boca a Claudia?

– Si…

– Lo sabía…y por cierto no pienso parar, tu mujer se pone muy cerda cuando le hago eso, el otro día ya me dejó que me corriera en su boca y el último día en su cara también, cada vez va follando mejor, antes no sabía ni ponerse a cuatro patas, ahora tienes que verla, se abre bien de piernas, saca el culo hacia fuera, arquea la espalda, mira hacia atrás con cara de guarra y se abre el coño ella misma con la mano…se me pone dura solo de pensarlo, ¿también quieres ver cómo me la jodo a cuatro patas?, dijo tocándose el paquete.

– Víctor…no deberíam…

– Contéstame, sé que estás excitado, llevas un rato empalmado, ¿verdad?…tranquilo yo también lo estoy.

– Ehhhh…si…

– Contesta, ¿quieres ver cómo me la follo a cuatro patas o no?

– Si.

– ¿Te ha gustado cuando me he corrido antes dentro de tu mujer?

– Eso no tanto, no creo que sea una buena id…

– No te gusta, pero cuando has visto como salía mi corrida de dentro de tu mujer te has corrido, ¿verdad?

– Víctor…

– Ya sé las respuestas, pero te lo pregunto porque quiero oírlo de tu boca, quiero que me lo digas como un buen cornudo…

– ¡Oyes, no me faltas al respeto!, eso sí que no, dije poniendo el dedo delante de su cara en tono amenazante.

Víctor se rio y me dio unos golpecitos en la espalda.

– Tranquilo, no quería faltarte al respeto, pensé que te gustaba que te llamaran eso, Claudia me lo dijo…

– Te estás pasando…

– Y todavía me queda una cosa…

– ¿Una cosa?, ¿de qué hablas?

– Su culo, me ha dicho que es virgen…

La polla me palpitó bajo los pantalones, quería que siguiera hablando, cerré los ojos y agaché la cabeza, aquello era demasiado humillante.

– Pues pienso estrenárselo, ya la he metido un dedo y lo tiene muy estrecho, demasiado, pero parece que le gusta, cuando la tenga muy cachonda voy a intentar metérsela por el culo, ¿me has oído, cornudo?

– Si, dije en bajito.

– Voy a dar por el culo a tu mujercita, le va a doler unos cuantos días cuando lo haga, tendrás que cuidarla bien, jajajajajaja…ya habrás comprobado que tu polla no es como la mía…

– Déjalo ya por favor, le rogué para que no siguiera hablando, sino iba a correrme en los pantalones.

– Tranquilo ya lo dejo, ahhhhh, solo una cosa más…Claudia me ha contado todo, también lo del tío de la cam, lo de los arneses que usáis, incluso me ha dicho que te pone la idea de tocar o chupar una polla, ¿verdad?

– No te voy a contestar a eso, dije poniéndome de pies para irme de esa situación que se me empezaba a hacer muy incómoda.

– Puedes mirar, pajearte o hacer lo que quieras mientras me follo a Claudia, pero de tocarme ni se te ocurra, eso sí que no me pone nada, dijo Víctor poniéndose de pies a mi lado.

– No tenía intención de hacerlo.

– Ah, ¿no?, eso no es lo que me decía Claudia…

– Eso son cosas nuestras…

– Sé que ahora estás muy cachondo y puede que tu mujer tarde en bajar un poco todavía, me dijo al oído en bajito acercándose a mí y pasándome un brazo por el hombro.

– ¿Y qué quieres decir?

– Te acabo de decir que no me pone nada que me toque un tío, pero te reconozco que yo también estoy muy caliente y lo mismo ahora si me apetece probar, ¿nos metemos al baño y cumples tu fantasía?, me dijo en plan socarrón.

– Deja de decir tonterías…

– Piénsalo, nos metemos al baño de aquí del hotel y si quieres me la puedes chupar unos segundos, ¿no te gustaría?, la acabo de tener dentro del coño de tu mujer…tiene que saber a ella, mmmmmmmmm….¿no te gustaría, cornudo?

– No voy a hacer eso…

Víctor me pasó la mano por el hombro casi empujándome a andar, como si fuéramos dos buenos amigos, a unos 30 metros se veían los baños del hall del hotel y me llevó caminando en esa dirección.

– Allí están los baños, venga algo rápido, nos metemos, te pones de rodillas y me saco la polla delante de tu cara, luego haces con ella lo que te dé la gana…

Yo seguía andando hacia allí como un autómata, parecía que Víctor lo decía en serio y sinceramente empecé a ponerme muy cachondo ante la posibilidad de hacerle una mamada al tío que se acababa de follar a mi mujer.

– Quieres hacerlo, ¿verdad?

– Víctor…para, dije sin dejar de andar hacia los baños.

– Vamos cornudo, yo también la tengo muy dura, ¿no te apetece por fin chupar una buena polla?, llevas tiempo deseando probar una…

– Víctor, no, dije sin mucha convicción.

– No le diremos nada a Claudia, será algo entre tú y yo, nuestro secreto, ¿no tienes ganas de hacerlo?, me dijo sin soltarme el hombro.

Llegamos a la puerta de los baños y entramos despacio. Víctor le echó una ojeada.

– No hay nadie, ¿quieres o no?, dijo haciendo el gesto de empezar a desabrocharse el pantalón.

Instintivamente me sobé la polla por encima. La idea de comérsela a aquel tío me puso muy cerdo. Ya me daba todo igual. Me volvió a palpitar la polla cuando escuché uno a uno los botones de su pantalón desabrochándose.

Entré en una cabina privada y apoyé la espalda sin dejar de mirarle. Víctor se acercó y puso las manos a cada lado de la puerta impidiéndome salir de allí, yo me fijé en su bragueta abierta y volvió a preguntarme.

– ¿Quieres o no?, dijo sacándose la polla delante de mí sin ningún pudor.

Su enorme verga estaba durísima y yo no podía dejar de mirarla, entonces le contesté en bajito, casi en un susurro.

– Si.

– ¡Jajajajajaja, lo sabía …venga agáchate cornudo!, ¿a qué estás esperando?, dijo dándose golpecitos con la polla en la mano.

Le obedecí y me puse de rodillas, acercándome a su bragueta, entonces Víctor comenzó a reírse más, no entendía nada.

– Eres más patético y cornudo de lo que pensaba, no sé qué hace una mujer como Claudia con un personaje como tú, cornudo, flojo y maricón. Normal que no se te ponga dura con ella, a ti lo que te van son las pollas, tranquilo que te vas a cansar de ver la mía, pero no en tu boca, sino en el coño de tu mujer y vamos para fuera anda, que antes vi a Claudia que ya venía y no quiero que se piense cosas raras de mí, dijo guardándose con velocidad la polla en los pantalones y dándose media vuelta.

Salió del baño y me dejó terriblemente confundido, pisoteado y excitado a partes iguales. Tardé un par de minutos en sacar el valor para salir de allí. Cuando lo hice Víctor estaba de pies hablando con mi mujer que se había duchado y cambiado de ropa. Ahora llevaba unos vaqueros blancos y camisa de rayas azules con zapatos de tacón marrones.

Nos miramos a la cara, era la primera vez que lo hacíamos después de haberla visto follar. Claudia parecía avergonzada en parte, pero decidida a seguir adelante con todo aquello. Víctor se transformó en un médico, educado, amable y con clase. Nada que ver con el personaje con el que acababa de estar. Me echó de nuevo la mano al hombro, parecíamos amigos de toda la vida.

– Le decía a Claudia que hay aquí cerca un bar que se tapea muy bien, ¿te apetece que vayamos allí David?

– Ehh, si, si, por mi bien…

– Está cerquita, así luego podemos volver en pocos minutos…

– Vale de acuerdo.

Echó a andar junto a mi mujer agarrándola por la cintura, yo me quedé un par de metros detrás para ver la escena. Me pareció cuanto menos sorprendente que Claudia ya no le reprochara ese comportamiento, porque para ella la discreción era lo más importante, parecía que empezaba a aceptar ese tipo de acercamiento en público, aunque fuera leve. Luego Víctor se giró y me echó una mirada en la que me pareció el mismísimo diablo.

Supe que esa noche no la íbamos a olvidar en la vida. Ni Claudia, ni yo.

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