ANDER MAIS

Capítulo 14

La Casa de los Tíos

Al cabo de algo más de una hora de carretera, llegamos por fin a casa de sus tíos. Nos estaban esperando para comer, ya inquietos por nuestra tardanza. Al llegar, nos recibieron los tres en la puerta…

A Erika la noté exactamente igual de aspecto a cómo me la encontré el año pasado. Sus padres, muy amablemente nos estuvieron hablando durante toda la comida. Al terminar, mi novia le preguntó a su tía si podríamos subir a dejar nuestras cosas a la habitación en la que íbamos a dormir.

Y hasta allí nos fuimos.

La casa de sus tíos era un precioso chalet de dos plantas, con jardín, a las afueras de ese pequeño pueblo. Nuestra habitación era una de las que quedaban en el piso de arriba. Se encontraba separada de la habitación de Erika, sólo por un baño que quedaba en medio de las dos. Abajo, dormían los tíos de Natalia, donde también estaba un gran salón y la enorme cocina que daba también acceso al jardín trasero. En ese piso de abajo había también otro baño.

Al entrar a la habitación, para posar nuestras cosas, me tumbé en la cama y le dije a mi chica:

—Pufffs… ¡Estoy molido, cariño! De buena gana me echaba una buena siesta. —Miré hacia ella mientras abría una de sus maletas.

—Ya… Pero mi prima está loca porque la acompañe a las piscina del pueblo. —Me iba comentando Natalia mientras rebuscaba en esa maleta—. Buaahh…¡De buena gana me quedaba a pegarnos una siesta aquí los dos!

—Ya… ¿Y por qué no vais mejor las dos solas? —le sugerí, de forma tímida. En aquel instante pensaba que ni de coña iba a permitirme quedarme allí solo—. Yo estoy muy cansado… Tú viniste todo el camino durmiendo mientras yo conducía —le recordé, mientras observaba cómo se iba quitando el pantalón vaquero.

—¡Ya!… Tienes razón. La verdad, me da palo que tengas que venir… —Parecía sincera—. ¡Iré yo, anda! Pero porque quiere ella… ¡De buena gana me quedaba mejor aquí contigo! —contestó, a la vez que se quitaba de un tirón la camiseta, quedándose en sujetador. Luego se agachó solo con el tanga para alcanzar un bikini de la maleta.

De entre los que se trajo, cogió seguramente uno de mis preferidos: uno rojo y azul, con la parte superior tipo palabra de honor, que la verdad, al quedarle un tanto pequeña esa parte de arriba, iba casi enseñando todo. Sólo le tapaba el pezón y poco más…

Se quitó de golpe el sujetador, y descubrió sus monumentales pechos, dejando a la vista esos grandes y redondos pezones como galletas que me vuelven loco. Me tuve que sacar la polla nada más verla. Comencé a hacerme una paja…

—¿Pero qué haces, tío…? ¿Ya estás? ¡Qué acabamos de llegar a casa de mis tíos!—exclamó ella, al verme menearme la polla, ya empalmado.

—Dios… ¡Es que me has puesto todo cachondo viéndote esas tetas otra vez y sabiendo que te vas a poner ese bikini!…. Ummmm… ¡Déjame correrme! Ayer no pudimos hacer nada al llegar al hotel, por la borrachera. —En verdad estaba todo cachondo. Aunque en mi interior todavía flotaba todo lo de anoche y, lo ocurrido aún me intrigaba y atormentaba en parte, no me podía reprimir. Todo lo que estaba pasando despertaba en mí un enorme morbo. Además, ahora me sentía seguro, a muchos kilómetros de distancia de aquel tal Riqui.

Ella, creo que como sintiéndose culpable por ayer no haber “cumplido” conmigo en la cama, se apoyó hacia delante mostrándome sus tetas colgando. Luego, se dio la vuelta y, apoyada contra el armario, de espaldas a mí, se fue bajando lentamente el tanga mientras susurraba:

—¡Venga! ¡Hazte esa paja, amor! ¡Córrete, cariño! Imagina que me lo quitas así… con la boca…

Yo, inmediatamente, me acordé del camionero y de sus comentarios sobre ella en la gasolinera, y me empecé a menear la polla más fuerte; loco de morbo y con ganas de correrme. Ahora, no paraba de imaginarme qué haría aquel hombre con ella, si la tuviese de esta forma, para él, dentro de la cabina de su camión… Por momentos, creí notar que me estaba convirtiendo en un autentico pervertido. Pero no lo podía evitar. ¡Me excitaba muchísimo!

—¿De verdad te quieres quedar aquí, mi amor? ¿Te vas a perder el poder ver cómo van a mirarme las tetas en la piscina? ¿De verdad…? —seguía ella susurrándome así, provocándome y poniéndome más cachondo todavía.

—Sí… Bufff…¡Cómo se van a poner los que te vean! —volví a decirle, mientras ella amasaba sus tetas y se agachaba hacia adelante, sacando más hacia atrás su culo…

—¡Córrete, amor… vamos! ¡Mira que culazo tienes para ti! ¿Te gustas? ¿Te gusta, dime?… ¿Te gustaría comértelo ahora?… Así, a cuatro patitas… —prosiguió, dándose al instante una tímida cachetada en el trasero, para luego abrírselo con las dos manos.

Dicho esto, instantáneamente y sin poder evitarlo, volvieron a mí las escenas de Riqui magreándola y sobándoselo todo, mientras la tenía apoyada contra aquel coche…

Me corrí como un loco echando varias “lechadas” sobre mi torso desnudo. Algunas creo que salpicaron hasta el cabecero de la cama.

—¡Dios…. cariño, así! ¡Qué corridón! —comentó mi chica, mirándome, con la intención de ir poniéndose ya el bikini, al ver que había conseguido su objetivo de que me corriese lo antes posible.

Mientras yo me limpiaba mi propio semen, ella se terminó de colocar el bikini. Luego, se puso una camiseta de tirantes encima y unos pantaloncitos cortos.

A los pocos segundos, Erika toco en la puerta. Natalia le respondió:

—¡Que sí… pesada! ¡Que ya voy, tía! —Natalia agitó su cabeza hacia los lados acompasando esas palabras.

Abrió la puerta y allí apareció Erika; también vestida con camiseta de tirantes y un pantalón corto. Se fueron juntas después de que mi chica le dijese que yo prefería quedarme a dormir un poco la siesta, que estaba muy cansado del viaje…

Yo, al poco rato, me quedé dormido profundamente… Pero antes, intenté centrar un poco mi mente sobre el “asunto Riqui” de anoche, y esa misteriosa llamada en el aparcamiento de la gasolinera. Pero el sueño me venció. La paja acabó de dejarme matado.

Al rato, no sabría indicar cuánto tiempo habría pasado, me desperté algo sobresaltado por el sonido de un whatssapp entrándome al móvil. Lo miré, un poco atontado aún, y descubrí que era de Víctor. Tardé unos instantes más en recomponerme del todo y leerlo:

—Entonces que tal todo, tío? No te habrás enfadado?

Vi, por la hora, que debían haber pasado ya al menos unas 2 horas desde que se fueron las chicas. Cogí el teléfono en mi mano, e iba a contestarle al mensaje, cuando las oí llegar a las dos de vuelta, como regresando directamente de las piscinas. Decidí volver a hacerme el dormido, mientras las escuchaba venir muy alegres y cachondeando la una con la otra.

Pude, más o menos, llegar entender lo que le venía diciendo Erika a mi novia:

—¡Joder, tía…! —Erika reía de forma bastante maliciosa—. ¡No vuelvo contigo a la piscina del pueblo! ¡La que has armado! Después de tantos años sin que te viesen, y con estas perolas que tienes…

—Anda tía, ¡que tampoco ha sido para tanto! ¿Qué culpa tendré yo de tener estos pechos? —le replicaba Natalia, también muy alegre y riendo.

—Ya sí, pero… ¡no sé!, hubo un momento en que incluso creí que te ibas a quedar en topless y todo… —añadió Erika, al instante, llegando ya juntas a la puerta de su habitación.

Entraron dentro, y desde allí continuaron hablando:

—Bueno…. sí… ¡faltó poco! —contestó mi chica, que volvía a salir de esa habitación y parecía dirigirse hacía la nuestra, donde yo estaba.

Yo me hice totalmente el dormido, y pude sentir cómo se abría la puerta y se asomaba Natalia. Rápido, la cerró de nuevo, volviéndose con Erika para seguir hablándole entre leves susurros:

—Luis está muy dormido aún, tía. ¡Pobre! Estará cansadísimo del viaje y de la noche de ayer. ¡Menuda juerga nos pegamos!

—Ya, ya… Me tienes que contar con todo lujo de detalles qué estuvisteis haciendo por ahí. ¡Yo a ti te noto muy cambiada! Más alegre… No sé… —le decía Erika, con tono sarcástico, nada más regresar Natalia junto a ella a su habitación.

Yo, desde donde estaba tumbado, más o menos podía oírlas, aunque muy débilmente. Me levanté de la cama, y pegué el oído todo lo que pude a la pared para así escucharlas algo mejor. Desde mi nueva posición, aunque no nitidamente, podía entender casi todo lo que hablaban:

—No sé cómo decirte… Lo pasamos muy bien. Con Luis ahora todo es genial… Me hace recuperar esa alegría por sentirme sexy y guapa que tenía antes. No sé explicarlo… Pero me hace soltarme y perder la vergüenza a que me miren. No como con quien tu sabes…

—¡Pues menos mal, Natalia! Porque el cabrón ése con el que estuviste todos aquellos años te tenía amargada —pareció contestarle Erika.

—Ya… bueno… No me gusta hablar de eso. ¡Ya lo sabes! —le replicó Natalia, algo molesta.

—Ya lo sé, prima. Pero alguna vez tendremos que hablarlo, ¿no? Nos pasamos casi cuatro años sin tratarnos por eso —añadió Erika—. ¿Luis está dormido, no? ¿No nos oye, no? —preguntó ahora, con tono insistente.

—Sí… Pero no hables muy alto —balbuceó mi chica, pidiéndole bajar la voz—. Ya sabes cómo era el capullo de Kike. No me dejaba vestir sexy ni nada… Era súper celoso y teníamos bronca cada vez que intentaba ponerme escote o algo un poco llamativo. ¡Me hizo avergonzarme hasta de mi cuerpo! —prosiguió Natalia, hablando en bajo y un tanto avergonzada.

Con estas últimas palabras, claramente se estaba refiriendo a su ex.

—Eso ya lo sabía… —intercedió Erika—. ¡¿No sé cómo coño pudiste aguantar tanto con él?! ¡Menos mal que ahora estás con Luis! ¡Menudo cambio! Él es un encanto.

—Sí… Él es todo lo contrario: me regaña si no me visto sexy, jejeje…—Natalia rió de forma tímida—. Está loco por mis tetas. Es verlas y se pone cardíaco… ¡Como loco! ¡Lo tengo como hipnotizado cada vez que me las saco! —Una risa floja volvió a escapársele a Natalia, pronunciando aquellas palabras—. Y yo estoy loca por él. No sé como explicarlo, pero no soy capaz de decirle que no a nada. ¡Me derrite…! Y hace que disfrute haciendo cada cosa que me pide —añadió, antes de que su prima la cortase…

—¡Ya te digo! ¡Menos mal que pasaste del otro tío ése! Pero te costó, ¿eh? Yo por eso dejé de hablarte: para ver si así te dabas cuenta de la clase de tío que tenías al lado y lo dejabas… ¡Pero aún así aguantaste la hostia! No sé cómo hiciste… —le iba diciendo Erika, ahora en un tono mucho más serio.

—Ya, Eri… Al final fue duro y estaba deseando dejarle. Pero no me atrevía. Y encima no te tenía a ti para aconsejarme y ayudarme… Bueno, al final llegué a cansarme por completo y saqué valor para dejarle. Y ya… ahora que apareció Luis, pues estoy encantada… He vuelto un poco a ser la de antes.

Oír aquellas palabras de la boca de mi novia era una satisfacción para mí. Aunque no me podía olvidar de lo que había hecho ayer.

Natalia aún continuó hablando:

—Bueno, Erika… Pero ahora olvidemos eso ya. No quiero hablar más de ese tío… Para mí es cosa del pasado y no quiero recordarlo. —Con aquellas palabras, parecía querer zanjar ahí el tema.

—Sí, ya, jejeje… —Erika volvió a intervenir, riendo—. Pero, hablando del pasado, ¿qué?… ¿viste a Alberto?, no te quitaba ojo en la piscina. ¿Cuantos años hace que no os veíais? Por lo menos 6 o 7, ¿no? ¡Pobre!… Se quedó embobado cuando te vio llegar y luego al ponerte a tomar el sol y bañarte —Erika intentaba bajar aun más el tono de voz. Llegué a poder escucharla, aunque no con mucha nitidez. El nombre del chico no lo entendí del todo bien, pero creí oír que Alberto… o ¿Roberto?…

—Sí… ¡Ssshhhh…! —le contestó Natalia haciendo un claro sonido de dientes, pidiéndole no levantar la voz—.Yo creí que no me reconocería después de tantos años sin venir por aquí… Pero sí, sí que se acordaba, sí…jejeje. Bueno, lo nuestro fueron solo unos rolletes de veraneo… Sin más… —precisó Natalia entre risas.

—¿Y por qué no fuiste a hablarle? —le preguntó Erika. Parecían ir ya saliendo de la habitación, para dirigirse abajo, por las escaleras—. Por saludarle y charlar un rato con él no pasaba nada…

—¡No, no! ¡Paso, Erika! ¡No quiero más líos! Estoy muy bien con Luis ahora. —Mi chica parecía querer desviar ese tema—. Le saludé con la mano y punto. Ya sabes cómo es. No quiero que se piense que puede tener algo que hacer conmigo…

—Ya. Eso está claro… Ahora tú estás de puta madre con Luis. ¡No la cagues! Pero te lo decía, porque sin embargo él parece que no te olvidó. ¡Anda!… Y no digas que no te moló que te viese. Que bien que lo provocaste a lo disimulado, a él y a sus amigos, cuando saliste de la piscina. Y luego cuando casi amenazaste con quitarte la parte de arriba del bikini —Su prima levantó algo la voz al ir descendiendo por las escaleras.

—Ya, jejeje… —Natalia sólo rió ante el comentario de Erika—.Es lo que te dije, con Luis he vuelto a recuperar esas ganas de sentirme guapa y deseada. No sé… Quizá si estuviese él allí con nosotras, incluso me atreviese a quedarme en topless. ¡Mira lo que te digo!

—¡Anda, guarrona! ¡Estás loca! Jejeje…¡¿Con esas tetas que tienes?! ¿Qué querías volver loco a medio pueblo?

—¿Por qué? —Mi chica detuvo el paso, y yo me levanté hasta cerca de la puerta para poder seguir escuchándolas. Abrí un poco el filo de la puerta para oírlas mejor—: Lo he estado haciendo estos días en la playa y no pasó nada… Bueno, casi nada… Y me encantó. ¡No veas lo feliz que estaba Luis viéndome con las perolas al aire!

Las dos rieron de nuevo.

¡Yo no daba crédito a lo que escuchaba! Sabía que se llevaban muy bien, pero tampoco pensaba que se contarían tantas cosas ni con tanto desparpajo. Aunque, oír aquello me gustaba. Me excitaba escuchar a las dos primas contarse “sus cosillas”.

—¡Ufffsss,tía! Tienes que contarme con más detalles esas cosas que dices que hiciste con Luis por ahí, ¿eh…? —insistió Erika y continuaron sus pasos hacia abajo por las escaleras—. ¡Vamos!… No seas mala y ¡cuéntamelo!… —El tono de su prima era ya casi de súplica.

—Sí… —contestó Natalia casi en un susurro—, ya te lo iré contando poco a poco… Mismamente, ayer pasó algo en una fiesta a la que fuimos. Ahora mismo no puedo contarte nada… Pero luego necesito hablarlo contigo… —prosiguió mi chica, bajando notablemente más el tono.

—¡Pero dime, tía…! ¡Cuánto misterio! ¿No habrás hecho nada malo, no?… ¡Guarrilla!—Erika parecía muy intrigada, y no cesaba de intentar tirarle de la lengua a Natalia. Claramente estaba intuyendo que le tendría algo comprometido que contar.

—No… No es tan grave. Pero vamos mejor abajo, al jardín a hablar. Allí te lo cuento todo más tranquilamente. —Por la forma en la que mi novia pronunciaba aquello, por su tono de voz, se adivinaba fácilmente que lo que fuese le iba a contar no quería que yo pudiese llegar a escucharlo.

Bajaron las escaleras y salieron al jardín; seguro que a sentarse en los bancos y tumbonas que tenían sus tíos allí, al lado de una barbacoa con mesas. Yo me quedé en la habitación, un poco extrañado, nervioso y, como no, con enorme curiosidad por saber qué coño le querría contar Natalia a su prima. Seguro sería algo sobre ese “encuentro” que había tenido con Riqui en aquel aparcamiento. La incertidumbre y las ganas por escucharlas me carcomía por dentro. Pero no podía salir al jardín a espiarlas. Seguro me descubrirían. O ellas o sus tíos. Y, o bien no podría oírles nada, o bien así Natalia no le podría contar nada a Erika de lo sucedido. Decidí quedarme un rato más en la habitación y contestarle el whatsapp a Víctor. Quizás así descubriese algo más sobre que Riqui y Natalia habían intercambiado sus números. Él seguro que sabría algo…

—No, no estoy enfadado. Estamos en casa de unos tíos de ella. Aún no me comentó nada de lo que pasó ayer. Así que no creo que sospeche que la espiamos

Víctor tardó unos cinco minutos en responderme. Yo ya iba a salir hacia el baño cuando me contestó.

Chateamos un pequeño rato:

—Genial. Tú ahora no te eches atrás, que la tienes en camino. Sigue dando pasitos, que tu novia es una hotwife en potencia. Ya lo he notado… ¿No viste como se la chupaba a Riqui en el aparcamiento? Por borracha que estuviese, lo estaba desando y tú lo notaste igual que yo.

Este mensaje de Víctor me parecía increíble. Después del apuro pasado ayer noche, este tipo parecía pretender que lo viese todo como algo normal, y me dejase llevar nuevamente por sus rollos. Yo no estaba muy dispuesto a eso. Pero me parecía, que seguir dándole algo de coba era la única opción que tenía yo para descubrir más acerca de lo que podría seguir pasando entre mi novia y aquel tal Riqui.

—Bueno, ya… pero me sentí muy mal por ella. Se forzamos demasiado las cosas. Ya viste luego como se arrepintió al pillarla esos chicos y enterarse que Riqui andaba vacilando por ahí que se la iba a follar. Yo sólo quería morbosear un poco contigo. Ni por asomo llegar a tanto… —le escribí.

—Ya tío, lo sé… Es que Riqui no es como yo. Todavía es un joven fanfarrón y la cagó al ir por ahí presumiendo que se la quería tirar. Aún debe aprender a ser más discreto y respetar más.

—Ya lo sabía yo!! O sea, ¿qué lo habíais preparado todo los dos? Llevarla al aparcamiento y que luego tú y yo los espiásemos, eh? … —Fue el siguiente mensaje que le puse.

—Sí, claro… No era lo que querías? Lo que me dijiste mientras ella bailaba con él?

—No exactamente, pero bueno…Eso ya pasó.

—Ah.., y bueno, también con la inestimable colaboración de Sandra… —me escribió ahora Víctor.

—Ya, claro.

Yo no sabía qué hacer. No me agradaba del todo aquella charla, pero en el fondo, a una parte de mí le seguía dando cierto morbo. Mi chica y su prima estaban abajo, en el jardín, seguramente con Natalia contándole ese fugaz rollo con Riqui. Y yo quería saber más. Pero el único que podría contarme algo era Víctor, debía seguirle un poco más el rollo.

—Ya verás… poco a poco, iremos convirtiendo a tu chica en una zorrita, como hice con Sandra, también ayudado por su marido —me escribió.

Nada más llegarme este ultimo mensaje de Víctor, oí los pasos de alguien subiendo las escaleras y que se dirigía hacía la habitación. Borré rápido todos estos últimos whatsappy me guardé el móvil en el bolsillo. Se abrió la puerta y apareció Natalia. Se acercó a mí dándome un beso…

—Hola, amor… ¡Vaya siestón te has echado!, ¿eh?

—Sí, bufff, estaba rendido. Me ha sentado genial la siesta. ¿Vosotras qué tal en la piscina? —le comenté, mientras me hacía el perezoso, fingiendo me hubiese despertado en ese mismo instante.

—Bueno… bien… Pero no es lo mismo si tú no estas… —me dijo ella, dándome otro beso, y como queriendo comportarse muy cariñosa conmigo. Después de lo de ayer, su forma de actuar me resultaba extraña, pero a la vez entendible; supuse que querría camuflar así lo sucedido.

—Bueno, ya mañana vamos los tres. Y voy yo también —contesté seco.

—Sí. Pero venga, levántate y baja… que va preparar mi tío una barbacoa para cenar los cinco. ¿No tienes hambre?

—Vale. ¡Ah! y Sergio… ¿Él no viene? Tengo ganas de verle —le pregunté, acordándome del novio de Erika.

Natalia se quedó callada, mirándome dubitativa durante un instante. Después de pensar bien la respuesta, me contestó:

—No, vida, no va a venir. Mi prima y él lo han dejado… Me lo acaba de contar todo ahora mismo, mientras charlábamos en el jardín. Yo también me quedé de piedra. No me lo esperaba. —Natalia me contaba eso algo apenada, con una extraña cara de rabia hacia su prima por habérselo ocultado.

—¿Y desde cuándo…? ¿Y cómo es que no nos dijo nada tu prima sobre esto? ¿Tú en serio no sabías nada hasta ahora? ¿No te lo contó? —pregunté sorprendido.

—No… ¡Te lo juro! Me lo acaba de contar ahora. Me dijo que no nos había querido contar nada, por si tú no querrías venir al no estar él… Y bueno, me contó que hace sólo dos meses que lo dejaron…. También luego me lo ha confirmado mi tía. Que le pregunté si era verdad…

—¡Pues vaya una pena, joder! Me caía genial ese chaval.

—Ya…. Pero bueno. Qué se le va hacer.. ¡Venga, levántate! Te espero abajo. ¡No tardes!

Dicho esto, mi chica se fue de vuelta al jardín. Yo me levanté segundos después y me vestí. Mientras lo hacía, no podía dejar de darle vueltas a lo que Natalia le podría haber contado a su prima sobre lo de Riqui. Y también, a todo lo que acababa yo de comentar con Víctor por whatsapp. Parecía como si, a ratos y por momentos, estuviese recobrando el morbo por compartir a mi chica. Como si, en parte, poco a poco, me fuese aliviando de la culpa por el apuro que le había hecho pasar a Natalia, habiéndome dejado llevar así por aquellos dos tipos. Por otro lado, la distancia hacía a todo aquello quedar un poco atrás. Y a ella tampoco se la notaba muy afectada por lo sucedido. Más bien al contrario, parecía haberlo olvidado ya todo un poco…. O eso parecía. Aunque bueno, me quedaban aún las dudas de qué le habría contado a Erika, y qué habría pasado cuando Riqui la llamó en la gasolinera.

Yo, en ese instante, tenía ya medio decidido el seguir mensajeándome con Víctor en cuanto pudiese. Debía preguntarle, claramente, si sabía algo sobre que Riqui y Natalia habían llegado a intercambiarse sus teléfonos. Pero preferí dejarlo para otro momento. Me fui con ellas abajo…

Al llegar al jardín, Natalia estaba sentada en la mesa, charlando con su tía y con su prima. Mientras, Arturo, el padre de Erika, preparaba las brasas para la barbacoa. Yo me senté junto a ellas y me uní a una conversación baladí que tenían. Luego, cenamos todos juntos tranquilamente mientras los padres de Erika charlaban muy amistosos conmigo, como si estuviesen encantados de mi presencia; como si yo fuese algo así como el yerno ideal que les gustaría tener.

Terminamos de cenar, y Erika, Natalia y yo, comentamos de ver una película mientras los tíos se iban a dar un paseo…

Acabamos la peli y nos fuimos a dormir.

Subimos para la habitación, y rápido nos metimos en la cama. Mi novia parecía muy casada y se tumbó dándome la espalda, con intención de dormirse de inmediato. Yo la abracé, y comencé a darle besos por el cuello, mientras recordaba lo que le había escuchado hablar antes con su prima.

Esta tarde, sin esperarlo, había descubierto que aquí en el pueblo tenía un antiguo “rollete de verano”. Desde que comencé a sentir este extraño morbo porque la mirasen o a imaginarla con otros, siempre había deseado poder hablar, morbosear y que me contase detalles sobre sus relaciones sexuales anteriores… Pero sabiendo lo complicada y traumática que había sido para ella su relación anterior, ni a ella ni a mí nos apetecía hablar de ello. Era un tema casi tabú. Aunque ahora, con este inesperado descubrimiento, era distinto. Sabía que aquí había un tal Alberto con el que había tenido algo en el pasado. Tenía que descubrir más del tema. Quizás yendo a la piscina con ellas podría llegar a conocerle.

—¡Para, cariño… que estoy muy cansada! Mi prima duerme aquí al lado y mis tíos justo debajo… ¡De verdad! Mejor mañana. En un ratito que estemos solos, te hago algo —me susurró Natalia, al oído, viendo que las intenciones de mis besos y tocamientos eran querer echar un polvo.

—Está bien… Tienes razón… Aunque,bufffss…¡no sabes las ganas que te tengo desde ayer! —le comenté, sobándole las tetas y agarrando fuerte su culo.

Al final, así, abrazados, nos fuimos quedando dormidos…

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