GILDEROY

– ¿Tú que vas contando por ahí de mi mongolo?- saludó Pablo nada más abrí la puerta. Me quedé un instante sorprendido y no supe qué decir, por lo que él aprovechó para colarse al piso y entrar al salón gritando-. ¿Noemi? Sal un momento.

            – Noemi no está ahora. Qué quieres- dije siguiéndolo.

            – Sabes muy bien qué quiero. ¿Qué coño le has contado a Paco de mí?

            – Yo nada.

            – Nada no. Puto envidioso de mierda, eres patético tío. Que no follo bien ¿no? ¿Eso tienes que ir diciendo por ahí para sentirte bien contigo mismo? ¿Para consolarte de que hace años que no mojas? Me das asco.

            – Bueno, si tanto te molesta que lo diga, será por algo- uhhhh.

            – Tú, no me toques los cojones que te reviento aquí mismo ¿eh?- dijo Pablo cabreado porque me había envalentonado, poniéndose enfrente de mí, y apretando el puño, acercándolo a mi cara. Me estaba empezando a enfadar.       – ¿Se puede saber qué quieres exactamente?

            – Ya sabes lo que quiero. Que te vayas de esta casa de una puta vez. Y le digas a Paco y los demás la verdad. Porque todas las chorradas que te has inventado son falsas, no creo ni que hayas hablado con Noemi, ella está encantada conmigo. Pienso quedarme aquí hasta que llegue para contarle las cosas que vas diciendo por ahí de su novio. A ver el tiempo que tarda en echarte de su casa – ¿su novio? Bueno mira, se acabó.

            – Pues no, no me voy a ir a ningún lado. Voy a seguir viviendo aquí. Es más, el que se va a ir eres tú. Y no vas a esperar a que llegue Noemi. Te vas ahora mismo.

            – ¿Cómo dices?

            – Que te largues de aquí, eso digo. Esta es mi casa, en el contrato pone mi nombre y te digo que te vayas o llamo a la policía.

            – Jaja, llámala si quieres. Que tonto eres. Me ha llamado Noemi listillo, ella me ha dicho que viniera. Si ella me ha invitado, desde luego tú no me vas a echar- ¿sería verdad? Noemi no me había comentado nada. Aunque podía ser cierto, no teníamos planes para esa noche y teniendo en cuenta que la cita del día anterior no fue bien quizá hubiera quedado con Pablo esa mañana al levantarse. Mi amenaza de llamar a la policía perdía fuerzas, aunque ante cualquier problema sabía que ella me daría la razón a mí. Pero lo mejor sería esperar a que llegara.

            – Como quieras, si prefieres que sea ella la que te la patada y encima lo haga delante mía, yo encantado de verlo.

            – Si, la patada. Una patada en los cojones te voy a dar yo. Verás cuando llegue, le voy a decir que o te echa, o la dejo, verás lo pronto que te manda a chuparla. Puto pervertido, no sé cómo ha terminado compartiendo piso con un cerdo como tú, no me lo explico.

            Siguió relatando un rato, murmurando y refunfuñando en el salón, gritando de vez en cuando algún insulto mientras yo me terminaba el café en la cocina. Me sentía mucho más tranquilo y confiado de lo que me esperaba. Normalmente siempre me ponía nervioso en ese tipo de confrontaciones, pero en ese instante me sorprendí a mí mismo. También es cierto que las tenía todas conmigo. La hostia que se iba a dar Pablo cuando regresara Noemi iba a ser épica. No podía esperar a verlo. Aunque realmente si era cierto que Noemi había invitado a Pablo a casa… ¿para qué sería? Le había dicho que actuara con normalidad, así que puede ser que quisiera simplemente acostarse con él y ya está. ¿O habría algo más? ¿Le habría contado Pablo lo sucedido la noche anterior? Ya empezaban a surgirme preguntas y a temblarme las rodillas. Era mentira todo lo yo había contado, Noemi misma lo decía, Pablo era un semental en la cama y yo un triste voyeur. ¿Y si no quería dejar de verlo? ¿Y si lo prefería a él, y era yo quién me llevaba la hostia allí en mi propia casa delante de Pablo? Me daba algo. Como tuviera que irme yo, Pablo iba a estar llamándome todos los días durante el resto de su vida para reirse de mí. Agité la cabeza para alejar de mí todos esos pensamientos, y pensé en otra cosa. Intenté terminarme el café pero ya se me había cortado el apetito pensando tanta mierda. Maldije y tiré el resto al fregadero.

            Por suerte la tortuosa espera no duró mucho, Noemi llegó al cabo de 10 minutos. Me dio un vuelco el corazón, cuando la oí abrir la puerta. Salí al recibidor desde la cocina al tiempo que Pablo lo hacía desde el salón y nos encontramos en el pasillo de entrada. Noemi cerró la puerta tras de sí y al volverse nos encontró a los dos allí, mirándola uno desde cada lado.

            – Eh… ¿hola?- dijo un poco insegura, qutándose los cascos del mp3. Me miró, pero como no dije nada, se dirigió a Pablo-. ¿Qué haces aquí? Habíamos quedado más tarde ¿no?- o sea que era cierto que habían quedado. Empecé notar calores por todo mi interior.

            – Sí, pero he venido antes para hablar aquí con tu compañero. Al parecer va contando mentiras por ahí de mí en tu nombre- Noemi se mordió el labio y me miró reprobatoriamente, como diciendo: “Ya se lio, ¿ves que te lo dije?”. Esa mirada de complicidad me dio fuerzas de nuevo.

            – Noemi, ¿le puedes decir al imbécil de tu amigo que se vaya de nuestro piso? A mí no me hace caso.

            – Eh… ¿cómo?- dijo ella confusa. Siempre que nos había visto a Pablo y a mí estábamos de buen rollo. Nunca nos había visto enfadados.

            – Que le he dicho que se vaya, pero no lo va a hacer hasta que se lo digas tú, así que échalo ya.

            – A ver capullo, que me ha invitado ella, ¿que no te enteras o qué? Lo acaba de decir.

– Pero…- Noemi la pobre miraba confundida de uno a otro, sin saber qué papel adoptar. Por defecto, cuando estábamos los tres juntos, llevaba el papel de mi compañera y el lío de Pablo, por lo que en un primer momento le salió la vena de defender a Pablo-. A ver vamos a- hizo un amago de conciliar posturas, pero me miró a los ojos, que chispeaban y como tantas otras veces me leyó perfectamente la mente-. Eh… Pablo, será mejor que te vayas- Pablo sonrió, pero se le cortó la sonrisa tan rápido que se atraganto.

– ¿C- Cómo dices?- yo sonreí triunfal y me volví para mirar a Pablo, con la sonrisa más arrogante y recochineante que pude sacar. Como un niño de 5 años al que su madre ha dado la razón frente a su hermano mayor. Iba a disfrutar cada segundo de ese enorme placer que me invadía al tiempo que buscaba la mirada de Pablo para que viera que me reía de él.

            – Que te vayas- cada palabra de Noemi era como un orgasmo. No habría cambiado eso ni por todas las pajas del mundo.

            – Pero si me has invitado tú.

            – Si, te invité antes, y ahora te digo que te vayas. No empeores las cosas en serio, vete. Ya hablaremos- Noemi era demasiado buena persona, intentaba hacer un poco de control de daños, para no destruir por completo a Pablo como persona.

            – Pe– eh- … m…. No- no sé qué cojones pasa aquí, la verdad- consiguió finalmente Pablo decir entre balbuceos-. Álex va contando mentiras por ahí de mí, y dice que eres tú quien las cuenta. Que soy malo en la cama, y más tonterías. Te está dejando por mentirosa delante de todos sus amigos y además-

            – Pablo, para ya. Lo que sea lo hablaré con Álex, tú ahora tienes que irte. Ya te llamaré ¿vale?

            – Pero no me escuchas-

            – ¿Tío además de sordo eres memo? – interrumpí. Vi de reojo la mueca que hizo Noemi. Estaba claro que no le gustaba que humillara tanto a Pablo, pero se calló-. Yo te he dicho que te vayas, ella te ha dicho que te vayas. ¿Quién más hace falta que te lo diga? ¿Quieres que venga la casera también a echarte? Que te vayas de una vez de mi casa, coño.

            Ahí ya Pablo se vio totalmente sin palabras, acorralado. Miraba desesperado a Noemi, y luego a mí, y luego a Noemi otra vez. No hacía falta que le amenazara con la policía de nuevo, podía ver en su cara que él ya pensaba en eso. Habíamos estado hablando a semi gritos, un sábado por la mañana estaba todo el mundo en casa, los vecinos habrían escuchado las voces y demás. Si encima yo llamaba a la policía, él era el único extraño allí, y Noemi estaba claro que me respaldaría a mí, en ese instante su cerebro no llegaba a entender por qué, pero estaba claro que ella estaba de mi lado. Tardó un minuto en analizar la situación, pero por fin comprendió que ya no pintaba nada en el piso.

            – Esto no acaba aquí, no te pongas tan contento- me dijo mirándome con odio intentando salvar un poquitín de orgullo. Abrió la puerta buscando los ojos de Noemi, pero esta miró hacia otro lado, así que salió y dio un portazo.

            Nada más cerrarse la puerta, Noemi se volvió hacia mí con cara de pocos amigos. Había ganado una batalla con Pablo, y había sido muy gratificante, pero ahora me tocaba la parte mala. Noemi no iba a dejar pasar aquello sin más, seguro que me caía bronca. No le gustaba discutir o hacer sentir mal a la gente, por muy mal que le cayeran. Como no dije nada, empezó ella.  

            – ¿Y bien? ¿A qué viene el numerito?

            – Numerito yo no, él – Noemi arqueó las cejas. No se iba a conformar con un argumento tan infantil-. A ver, él es el que ha venido aquí esta mañana en plan tipo duro. ¿Lo has invitado tú?

            – Si.

            – Por qué no me dijiste nada.

            – Estabas dormido, me habló esta mañana antes de salir a correr, y me dijo que le apetecía quedar hoy, que si podía venir. Había quedado con él mucho más tarde, pensaba contártelo cuando volviera.

            – Bueno pues se ha presentado temprano, llama a la puerta, y se cuela dentro, insultando y vacilando. Le dije que se fuera y no quería.

            – ¿Y por qué?

            – Pues…- ahora venía la parte mala-. Porque anoche salió con Paco y esa gente y siguió metiéndose conmigo, que si yo espiaba, que si era un pringado y no sé qué. Y Paco le dijo que se callara, que era un fantasma, le dijo todo lo que yo le había dicho y todos empezaron con el cachondeo, que sabían que era malo, que la tenía pequeña y tal, de broma. Pero se cogió un rebote, empezó a insultarme, se largó del bar, y esta mañana se ha presentado aquí.

            – Ay Álex, mira que te lo dije, en qué líos me metes…

            – Joder, yo sólo se lo comenté a Paco, le dije que no fuera a decir nada de mi o de ti.

            – Pero se veía venir, y ahora quedo yo como la mala, que va criticando por la espalda.

            – Joder, pero es que ha sido él quien empezó, que no paraba de joderme.

            – Si, ya lo sé, Pablo es un capullo, qué sorpresa. Te dije hace tiempo que tenía que haberlo dejado de ver.

            – A ver, tú también has seguido quedando porque querías ¿eh?

            – Sí, pero más por ti que por mí, yo no tengo ninguna necesidad de quedar con un tío así.

            – Bueno pues entonces no deberías haberle hecho tanto la pelota cuando estabais juntos, y haberlo alabado tanto.  

            – Eso no pinta nada en esta discusión, ya hemos hablado de ello y sabes que lo hago para calentarte. Si se le sube, pues no se queda más, y ya está, pero por las buenas. Ahora hemos terminado mal y ya sabes lo poco que me gustan estas situaciones y los malos rollos.

            – En fin da igual, ya ha terminado.

            – No, no te creas que ha terminado. ¿Tal como lo has tratado? A éste no se le olvida, te la va a guardar, y va a estar detrás de ti.

            – ¿Cómo lo he tratado? Peor tendría que haber sido, después de todo lo que me ha dicho.

            – Que sí, que se lo merece, pero con la gente así no merece la pena llevarse mal. Es mejor ignorarlos, ahora enfadado quién sabe lo que puede hacer. La gente así no tiene nada que perder, tú sí.

            – Bueno no exageremos. Tampoco es para tanto.

            – Eso está por ver. Él va a creer que tú y yo tenemos algo, y nada que digamos va a hacerle cambiar de opinión. Y va a ir contándolo por ahí, y si algún día se confirma que estamos juntos, arderá Roma.

            – No se enterarán.

            – Y con tus amigos qué, ya no vas a poder quedar más con ellos y tu grupo.

            – De mis amigos paso, siempre me aburro cuando salgo con ellos de fiesta. Y Paco va a estar de mi lado así que.

            – No puedes estar así, pasando de tus amigos siempre, y quedándote en casa mientras yo voy con otros tíos. Tienes que salir también y relacionarte o vas a acabar perdiendo el contacto con todo el mundo.

            – Bueno mira, no me agobies más ¿no? Ya he tenido bastante por hoy- Noemi se calló un instante.

            – Me voy a la ducha- dijo finalmente.

            – Y con Pablo qué- le dije siguiéndola por el salón hasta el pasillo, antes de que entrara al baño.

            – Con Pablo qué de qué.

            – Que no vayas a quedar más con él. Si te llama o algo, lo mandas a paseo. No quiero que sigas viéndolo. Dile que se acabó.

            – Que se acabó.

            – Si- me echó una mirada que no supe descifrar, mezcla de odio, decepción y desgana.

            – Muy bien. Como mande el señor- y se encerró en el baño. Esa coletilla me mató, pero no dije nada. Me quedé un rato allí parado, lamentando gran parte de lo que había dicho, las palabras el tono, la intención y todo. Luego volví al salón, cuando escuché que Noemi salía de baño de nuevo. Iba totalmente desnuda. Brillaba en sudor y tenía los pezones duros como piedras por el frío. Por un instante pensé que se me iba a tirar encima para follar como locos, y hacer las paces, pero pasó por mi lado sin mirarme, fue al balcón cogió la toalla y volvió al baño-. Toma, no me apetece llevar esto ahora mismo- y me dio la cadena con la llave del candado de mi jaula, que normalmente llevaba colgada al cuello. Luego sin decir nada más entró al baño y se duchó.

            Yo tampoco estaba de humor, así que me quité el cinturón y lo guardé en el cuarto en su mesita, con las bolitas. Mi primera reacción ante estar libre de nuevo era masturbarme, pero no tenía ganas. Estaba algo deprimido. Había sido muy satisfactorio joder a Pablo, pero después me encontraba mal por haber discutido con Noemi. Ella tenía razón, Pablo era una persona tóxica, y por mi culpa había pasado demasiado tiempo con nosotros y nos había contaminado. Era demasiado morboso estar viviendo con Noemi y que él viniera como para desaprovechar la oportunidad, pero era cierto que deberían haber terminado en verano, cuando Pablo empezó con la paranoia al enterarse de que me iba a mudar con ella.

            Noemi tenía razón en todo, aquello no había terminado. Pablo no iba a rendirse tan fácilmente, aun le quedaba mucho por culo que dar. Y encima se descartaba por completo contar lo nuestro en una larga temporada, y yo sabía que Noemi llevaba queriendo hacerlo público desde siempre para poder estar conmigo en la calle tranquilamente. Lo procrastinaba únicamente por mí, hasta que yo me sintiese cómodo, pero cuanto más se aplazaba, peor le sentaba.

            El resto del día fue raro. Esperé que Noemi saliera de la ducha, pero no me habló, se fue a su cuarto y se encerró. Me daba coraje que cada vez que discutíamos no gritara o se enfadara. Simplemente adoptaba una actitud sumisa y pasota, mostrando una tremenda decepción que era aún más dolorosa que los gritos. Me hablaba, pero de una forma distante.

Hice el almuerzo, comimos juntos, me dio las gracias, pero sin siquiera mirarme. Luego volvió a su cuarto, y se encerró. Yo no sabía muy bien qué decir para arreglarlo, así que me fui a mi cuarto y me tumbé en la cama.

            A la tarde me llamó Paco y estuvimos hablando. No me había dado cuenta, pero Pablo me había echado del grupo de whatsapp, y había estado contando su versión de lo sucedido. Que yo le había robado a la novia y que juntos nos habíamos puesto en su contra, para contar mentiras y falsedades.

            – Nah, es mentira. Yo no estoy con Noemi. Vivimos juntos, nos hemos hecho amigos, y cuando le conté lo que pasó en el bar anoche se puso de mi lado. Cuando vino Pablo echo una fiera, le dijo que se fuera y que no quería volver a verlo. Pero que yo no estoy con ella ni nada, si ésta sale con varios a la vez.

            – Ya, si Ana me ha contado sobre ella. Al parecer la conoce de vista, y algunas de sus amigas ya han hablado de ella, que es un poco golfa. Que se ha tirado a medio campus dicen, y que no se creyó en ningún momento lo que decía Pablo de que era su novia, así que casi nadie se cree la versión de Pablo. Pero tú sabes, asienten y pasan. En cualquier caso, dice Ana que tengas cuidado con Noemi, que te olvides de intentar algo con ella porque acabará haciéndote daño.

            – Si ya te he dicho que no estamos juntos…

            – Bueno, por si acaso se te ocurría la idea. Ya te dije en verano que cuando terminara con Pablo podrías intentar algo tú, pero ahora creo que ni así. Pablo tiene un rebote bueno, y como os vea liaros le da algo.

            – A mi Pablo me la pela.

            – Ya, pero aun así, vivís juntos, esa tía está cada noche con uno, y no te conviene, hazme caso. Y bueno, creo que deberías venirte el finde que viene con el grupo y salir.

            – ¿Con Pablo? Paso.

            – A ver somos muchos en el grupo, pasa de él y ya está. Pablo es muy suelto, y se va a apoderar del grupo y te conozco y sé que tú eres un pasota y al final no te voy a volver a ver salir con nosotros. Todos te preferimos a ti, Pablo es un pelmazo, pero sabe de fiestas y sitios y eso. Pero esta gente te echa de menos, no seas tonto y sal con nosotros, o te terminarán apartando.

            – Pero me han echado del grupo y todo.

            – Nah, si en el grupo no decían más que tonterías. Te ha echado Pablo, que es el admin. Yo te aviso siempre que salgamos y te vienes- Noemí creía que debía salir más con mis amigos, así que decidí hacerle caso, que ya era hora.

            – Vale. La próxima vez que salgáis avisa y me apunto.

            El resto del día pasó muy lento, cada uno en su cuarto. Yo salía a dar vueltas por el piso continuamente a ver si me la cruzaba en el salón o el pasillo, pero me la encontré sólo una vez en la cocina y sin mirarme volvió al cuarto. Yo seguía sin saber qué decir, así que seguí paseando como un fantasma. En una de las veces que pasé por delante de la puerta de su dormitorio, la oír hablar por teléfono. Pegué la oreja a la puerta. Tendría el manos libres, porque se oía también la voz de la persona con la que hablaba. Era Pablo.

            – No, en serio. No creo que debamos vernos más.

            – Pero ¿por qué? Es el nota ese de tu piso ¿no? Te ha comido la cabeza.

            – No, no tiene nada que ver con él.

            – Sí, seguro que sí. Te lo estás follando, ¿es eso? Estáis juntos.

            – No, no es mi novio. Y tú tampoco lo eres ¿vale? Por mucho que se lo repitas a tus amigos, no soy tu novia, no somos nada. Sólo follamos de vez en cuando, y ahora eso se acabó.

            – No me engañas, seguro que te lo estás tirando.

            – No tiene nada que ver con eso. Ya te he dicho las razones. Álex es mi amigo y no me hace gracia que vayas por ahí diciendo cosas de mi que no son verdad, y tampoco que mientas o trates mal a mis amigos.

            – Pero si es él el que va mintiendo, diciendo que no te gusta cómo follo y no sé qué. Y te juro que el otro día nos estaba espiando.

            – Pablo no voy a discutir más. Se acabó y punto. Terminemos como adultos- se hizo un silencio.

            – En fin, yo flipo. O sea que es verdad lo que dicen ¿no? Que eres una guarra, que te vas follando por ahí a todo el campus.

            – Pues sí, es cierto. Desde que nos conocemos, he follado muchísimas más veces que tú. En cuestión de sexo no me llegas ni a los talones. Comprenderás lo ridículo que resulta que vayas diciendo por ahí que soy tu novia. Sé que te da mucha envidia, pero insultándome no cambiarás nada, lo siento. ¿Quieres acabar mal? Tú mismo. Adiós- y colgó. Ya no se la oyó hablar más.

            A la noche, ella se hizo su propia cena sin yo darme cuenta, así que me hice una tortilla francesa rápida y comí en la cocina. Odiaba estar así. Sin embargo, tras cenar, Noemi no volvió a su cuarto, sino que se sentó en el salón a ver la tele. Esa era una buena señal, y decidí aprovecharla. Me senté en el sofá a su lado, y tras unos minutos conseguí hablar.

            – Lo siento- dije y la escuché respirar profundamente, había estado conteniendo el aliento por la tensión-. Tienes razón en todo, deberíamos haber pasado de Pablo hace tiempo. Pero me pudo el morbo, cometí un error. Y luego me he comportado como un niño chico, quería hacerle daño y humillarlo. Lo siento- nos quedamos unos segundos en silencio, que parecieron eternos. Ella no apartó la mirada de la tele, pero al fin, se tumbó lentamente en el sofá apoyando la cabeza en mis piernas y acurrucando las manos debajo de mi muslo. Respiré aliviado, cuando vi que una lágrima se le deslizaba por la mejilla-. Ay ¿¿pero por qué lloras?? No llores por favor, ¿qué te pasa?

            – Nada, no me hagas caso. Me he puesto moñas. Es que lo he pasado fatal hoy, no me gusta estar enfadada contigo.

            – Ni a mí. Lo siento de veras.

            – Déjalo de verdad. No hace falta decir nada más.

            – Es que la he cagado.

            – Si, tú la has cagado, yo la he cagado, tú lo sientes, yo lo siento más… No perdamos más tiempo con esto, simplemente… volvamos a la normalidad. Intentemos hablar más las cosas y que no pase más.

            – Vale. También siento haberte dicho que no podías ver más a Pablo, fui muy seco. No tengo derecho a-

            – Claro que tienes derecho, no seas tonto. Me dejas acostarme con otra gente, claro que tienes derecho a vetar a quien quieras.

            – Ya, pero me refiero-

            – Sé a qué te refieres. Has sido brusco, estabas enfadado, yo también estaba alterada. No dejemos que un idiota así perturbe nuestras vidas.

            – Vale. Hablaste con él ¿no? Te escuché- Noemi se puso boca arriba y me miró.

            – Cómo no. Siempre espiando- me lo dijo sonriendo, sin mal rollo-. Sí, le he dicho básicamente eso, que se acabó. No se lo ha tomado muy bien.

            – Ya, lo escuché a él también. ¿Tenías el manos libres?

            – No, lo he llamado por Skype. Quería decírselo a la cara, pero no me apetecía quedar en persona. Se ha puesto a llamarme guarra y tal, lo típico, nada nuevo bajo el sol.

            – Bah, pasando. Yo voy a quedar el finde que viene con el grupo, para que no me aparten, como dijiste. Pasaré de él y ya está.

            – Haces bien. Si te alejas tú, es como darle la razón.

            – Ya- quedamos un rato en silencio viendo la tele, mientras yo le acariciaba el pelo-. Y bueno, qué va a pasar ahora. ¿Me vas a castigar por portarme mal?- Noemi volvió a mirarme y le sonreí. Ella me devolvió la sonrisa. Volvíamos a la normalidad.

            – Pues claro que sí. Todo el progreso que has hecho con el Tinder para mí que se va a ir al garete. Voy a meter de nuevo todas las bolitas dentro.

            – No… otra vez 30 no.

            – Oh si, ya lo creo- apagó la tele y se levantó-. Anda, vamos a la cama.

            Allí me puso de nuevo la jaula, y nos acostamos juntos. Noemi se puso con Tinder, a buscar tíos.

            – Uy mira este que bueno esta… uff, lo que le hacía- iba comentando para calentarme, mientras daba algunos likes. Hubo algunos matchs, con los que se puso a hablar, a calentar y a guarrear, y también habló con algunos que le habían hablado de días anteriores, y también estuvo tonteando con ellos. Le dio el whatsapp a dos, y guarrearon un buen rato hasta pasada la madrugada, conmigo delante mirando mientras ella se tocaba hablando con esos tíos-. Esto del Tinder es un invento ¿eh? Cómo no lo conocía antes. Éste me está poniendo un montón- sólo llevaban un rato hablando por whatsapp, pero la conversación se estaba calentando mucho- Anda, baja y cómemelo- Ya no pude ver más la conversación, tuve que meterme entre sus piernas y comerle el coño, mientras ella seguía guarreando. Estuvieron más de una hora, y debió de ir bien la cosa, porque escuché un par de veces el sonido del obturador al hacer fotos, y la luz del flash. Si le estaba pasando fotos, él le habría pasado también. Yo estaba debajo de las sábanas con lo mío, así que no tuve que apartarme para no salir. Cuando por fin se corrió y nos acostamos, me dijo que había quedado con él para el fin de semana siguiente-. Éste obviamente lo he conseguido yo, no tú. No te va a contar. Le he dicho que vivo sola, así que si la cosa sale bien y me lo traigo aquí podemos hacerlo en el salón, y puedes mirar.

            Eso tenía buena pinta. Ojalá se cayeran bien al conocerse y terminaran en casa. Podría ser la primera oportunidad de verla follar en directo. La idea era que lo hicieran en el salón, así yo podría observar detrás de la puerta del pasillo, si se quedaba medio abierta. Con la diferencia de luz no se me vería, o eso esperaba. Si necesitaban usar el baño o cualquier cosa, me escondería en mi cuarto y punto, no sabría que estaba allí. El problema era que no podría quedarse a dormir, y Noemi tendría que inventarse algo para que se fuera, pero eso tampoco es que me viniera mal, porque podría liarme con ella nada más acabar con el otro, lo cual era muy morboso.

            La semana transcurrió con normalidad, conviviendo como cualquier otra pareja, viendo alguna película juntos, también estudiando cada uno por nuestro lado etc. Paco me dijo que habían quedado el sábado. Conforme se acercaba la fecha me apetecía menos y menos salir con ellos. El viernes salí a cenar con Noemi y concretó la cita con el tipo de Tinder (que se llamaba Ángel) para el sábado. Me alegré de tener una excusa para no salir con Paco. Quería verlo, y quedaría con él, pero únicamente si no estaba Pablo.

            Como de costumbre, ayudé a Noemi a bañarse y vestirse. Le elegí un conjunto de ropa interior negro, con tanga muy mono, y un vestido de una pieza con escote. Cenamos temprano y a las nueve y media se fue, había quedado en el centro a las 10 con el tipo para tomar unas copas. Me fue avisando de todo hasta que se encontró con él, y ya no me habló más hasta pasada la medianoche. Habían ido a una discoteca, y estaban bailando, la cosa pintaba bien. Sobre las 2 me avisó desde el baño que se habían liado, y no dejaba de meterle mano, que no tardarían en ir al piso. Me dijo que les dejara un condón preparado en la mesita del salón, frente al sofá. Yo estaba ya acostado, pero obedecí. Cogí un condón del cajón de la mesita de noche y lo dejé en un recipiente que tenemos en la mesa del salón para monedas y demás cosas pequeñas.

            A las 3 ya me avisó de que venían de camino. Me aseguré de que estaba todo en condiciones en el salón, y no había nada que pudiera delatar que vivía allí un tío, y me refugié en la oscuridad del pasillo, con la puerta entreabierta. Tenía un buen ángulo de visión de todo el salón. Al rato escuché la puerta, y las voces. Se reían al entrar.

            – Anda pasa- escuché a Noemi, y la puerta se cerró. Sonidos de besos-. ¿Quieres tomar algo?

            – Ya sabes lo que quiero- sonó la voz de Ángel. Más besos.

            – No quieres perder el tiempo ¿eh?

            – No. Ven aquí- siguieron besándose, y por fin entraron en mi campo de visión. Se estaban liando, Ángel avanzaba toqueteando a Noemi por todo el cuerpo, mientras ésta avanzaba de espaldas, hasta entrar al salón. Pegándome a la pared pude verlos en la entrada, detrás de la mesa de comer. Si avanzaban un poco más podría verlos bien. Siguieron avanzando hasta chocarse contra el borde del sillón, y ya por fin pude verlos de frente. Él era bastante alto y corpulento, Noemi le llegaba al pecho, y tenía que agacharse para poder besarla. Si estaba proporcionado tendría que tener un buen paquete- ¿Y el dormitorio?- preguntó Ángel, mirando a su alrededor y fijándose en la puerta del fondo, detrás de la cual estaba yo escondido. Por suerte yo estaba a una distancia prudente, sin pegar la cara a la apertura para que la luz no me iluminara, y no me vio. Noemi de todas formas enseguida le agarró la cabeza y lo volvió a besar.

            – ¿Al dormitorio para qué? Si tenemos el piso para nosotros. Puedes hacerme gritar todo lo que quieras. Ven- lo llevó hasta el sofá y lo empujó para que se sentase. Después se dio la vuelta, miró en mi dirección sonriendo y se levantó el vestido por detrás, para enseñarle el culo a Ángel.

            – Uf… madre mía que culo- le oí decir. Le acercó la cara y le dio un mordisco.

            – ¡Ay! – se le escapó a Noemi, cerrando los ojos. Luego Ángel le dio una sonora cachetada, y le dio la vuelta. Noemi se puso a horcajadas sobre él, y empezaron a liarse. Sólo veía su espalda, y las enormes manos de él, que la acariciaban de arriba a abajo.

            Se liaron un buen rato, hasta que Ángel empezó a levantarle el vestido y se lo sacó por la cabeza, dejándola en ropa interior y tacones. Yo estaba ya que me subía por las paredes. Le agarró bien las tetas, y luego le bajó los tirantes del sujetador por los hombros. Se lo bajó hasta la barriga, para dejárselas al aire, pero no se lo desabrochó. Empezó a deleitarse con ellas y a chupárselas, mientras le agarraba el culo y ella le acercaba con ambas manos la cabeza a su pecho.

            Después de un rato de besuqueos y lametones, Noemí se separó de él, y se puso de rodillas en el suelo, entre sus piernas. Yo sabía lo que venía. El tío la miró contento, y se dejó hacer. Ella le desabrochó el cinturón y empezó a bajarle los pantalones.

            – ¿Qué haces?- le preguntó él haciéndose el tonto.

            – Voy a chupártela.

            – ¿Si?

            – Si. Por qué, ¿no puedo?

            – Claro que sí niña, chupa todo lo que quieras. Es toda tuya.

            Noemi le bajó los pantalones hasta los tobillos, y luego le quitó los zapatos, tirando cada par hacia atrás sin mirar. Uno casi llega a la puerta donde estaba yo. Luego le quitó los pantalones y los calzoncillos y los tiró también hacia un lateral, aterrizando en el otro sillón. Él la miraba divertido, con las manos detrás de la cabeza. Ella le abrió bien las piernas, para poder acomodarse entre ellas, colocó un cojín en el suelo para ponerse encima y empezó a chupársela. Yo no podía verle la polla desde esa posición, Noemi estaba justo en medio, sólo veía a cachos, según sus movimientos. Empezó a menearla con las manos, y luego bajó la cabeza y se la metió en la boca, empezando a subir y bajar lentamente. El tío cerró los ojos y apoyó la cabeza sobre el respaldo del sillón, disfrutando.

            – ¡Ahh! Joder, sii. Qué bien lo haces- Ángel se quitó la camiseta, y la tiró al suelo. Era enorme el tío, tenía todos los músculos del cuerpo marcados, y un tatuaje de tribales desde el pecho hasta el hombro- No pares joder.

            Noemi no paró. Chupó y chupó. Estuvo allí sin parar más de media hora, probando distintas cosas, con la boca, con las manos, incluso se terminó de quitar el sujetador, y se la restregó por las tetas, haciéndole una cubana. El tío se dejó hacer en todo momento, salvo alguna vez que le agarró la cabeza por el pelo para ayudarla en el sube y baja, generalmente se quedó quieto, dejando trabajar a Noemi. Ella suele continuar hasta que le dicen que pare, o le dicen de follar, pero Ángel no decía nada, así que ella siguió y siguió. Llevaban ya cerca de una hora, y ni siquiera había terminado la mamada. Ya por fin fue Noemi la que intervino.

            – ¿Me vas a follar? ¿O me vas a tener aquí sufriendo toda la noche?- ella lo siguió pajeando con las manos mientras hablaba. Él se rio.

            – Es que lo haces muy bien joder. ¿Serías capaz de seguir así toda la noche?

            – Sí, si tú quieres… Pero es que estoy muy cachonda. Me muero por follarte.

            – ¿Si, eh? Pues venga, métemela. Disfruta.

            No hizo falta decirlo dos veces. Noemi en seguida se volvió y cogió el condón del cuenco donde yo lo había puesto, sin dejar de echar un vistazo a la puerta del pasillo al volverse, sonriendo. Lo abrió con los dientes, tiró el envoltorio al suelo, y se lo puso a Ángel. Se la chupó un poco antes, y luego se puso a horcajadas sobre él. Pude vérsela al fin. Efectivamente estaba proporcionado, tenía una polla enorme, larga y gorda. Noemi se apartó el tanga, y se acomodó la punta de aquel cipote en su coño. Después fue bajando, y metiéndosela lentamente, para ir adaptándose al tamaño. Seguro que algo le estaba doliendo, se quejó un poco mientras se empalaba, pero finalmente quedó sentada en su regazo. Entonces empezó a subir y bajar con más rapidez.

            Ángel siguió con su actitud de pasivo, dejándole a ella todo el trabajo. Le agarraba las tetas y el culo, pero simplemente para tocárselas, no la ayudaba a moverse.

            – Uf… sí joder. Demuéstrame lo que sabes hacer. No pares- le dijo el tío.

            Noemi obedeció y no paró. Alguna vez la vi llevarse la mano a la entrepierna, seguramente para tocarse y correrse, gimiendo y gritando. Siguió así un buen rato, sin parar. Su espalda empezaba a brillar por el sudor. Como Ángel estaba claro que no pensaba decirle que parara y que podía seguir así toda la noche, fue ella la que se levantó y se dio la vuelta. Tendría ya las piernas dormidas, así que se puso mirando hacia a mí, y se sentó sobre su polla, de espaldas a él y apoyando las manos en sus rodillas para ayudarse en el movimiento. Ángel le agarraba las tetas por detrás, o la acariciaba, dándole cachetazos de vez en cuando.

            Llegaban ya dos horas al menos follando, y a mí me empezaban a doler las piernas de estar de pie, pero no quería perder detalle. Noemi debía estar exhausta de tanto moverse, pero no se detuvo. Entonces, sin previo aviso, el tío se puso de pie, empujándola hacia delante. Noemi tuvo que apoyar las manos en la mesita para no caer, quedándose en pompa. El tío aprovechó entonces para ponerse a su lado, bajarle las bragas hasta las rodillas, y darle un fuerte palmazo en las nalgas.

            – ¡Ah!- el golpe resonó en todo el piso.

            Entonces por fin se puso Ángel detrás la agarró por la cintura, y empezó a embestirla. Le agarraba de las tetas para ayudarse en el movimiento, o por el pelo, levantándole la cabeza y permitiendo que mirara sonriente hacia mí. Así no estuvieron más de 10 min, al ser Ángel tan alto, tenía que agacharse mucho para poder metérsela, y se cansaba. La agarró entonces por debajo de los muslos y la levantó como una plumita, poniéndola encima del sofá, de rodillas y con los brazos apoyados en el respaldo para seguir embistiéndola. Puede ver que el tatuaje le continuaba en la espalda, ocupaba todo el homoplato y continuaba espalda abajo. Desde esa postura sólo veía la espalda de Ángel y su culo, de Noemi sólo se veía los tacones que aún no se había quitado. El tío la envolvía entera, como una muñequita. Así estuvieron otro rato, hasta que Ángel paró.

            – Dios, necesito agua- dijo separándose, agotado.

            – Ay mi niño, que se me deshidrata- Noemi se levantó, se quitó por fin los tacones y llevó a Ángel de la mano a la cocina. Me desilusioné un poco, porque pensaba que podrían seguir follando allí después de beber, pero Noemi vino en seguida de la cocina corriendo hacia la puerta, para abrirla y encontrarme al otro lado. Sonrió al verme-. ¿Aun aquí pillín?- al abrir la puerta entró una bocanada de aire caliente del salón, y olor a sexo. A Noemi le colgaba del cuello la llave de mi jaula-. No se cansa el tío. ¿Qué hora es ya?

            – Las 6 y pico serán.

            – Madre mía. A ver si consigo que termine ya- me dio un pico en los labios. Tenía el pelo todo alborotado y estaba salada por el sudor. Tras besarme se fue corriendo a la entrada del comedor. Justo se encontró con Ángel a la altura de la mesa del salón, que salía-. ¿Mejor?

            – Uf, sí. Tenía la boca seca ya, entre el alcohol el baile y tal…

            – ¿Pero puedes seguir o…?

            – Jaja, tú que crees- dijo, señalándose la polla que seguía tiesa, aunque un poco caída apuntando al frente por el peso.

            – Ah, menos mal- dijo Noemi, mirándola y sonriendo. Entonces empezaron a besarse de nuevo.

            Se liaron unos segundos, y entonces Ángel apartó una silla y subió a Noemi a la mesa, le abrió las piernas y empezó a follársela. La embestía con fuerza, provocando el ruido de la  mesa y las sillas al moverse. Noemi apoyaba una mano sobre la tabla detrás de la espalda, y la otra le rodeaba el cuello, para acercarlo a ella y besarlo. Con cada embestida, Ángel movía todo con él y arrastraba consigo también la mesa y todas las sillas. Al cabo de 20 minutos sin darse cuenta, habían cruzado el salón y estaban ya casi pegados a la puerta donde me encontraba yo. Al girarse Noemi y darse cuenta, se rio y le dijo a Ángel que parara. Lo llevó al sofá, y lo tumbó de nuevo, esta vez a lo largo. Este apoyó la cabeza en el reposabrazos, y sacó los pies por el otro extremo. Noemi se puso encima, y lo cabalgó de nuevo. Esta vez tenía una increíble vista de perfil. Noemí se mantenía recta, moviendo sus caderas con gran maestría, metiéndose y sacándose entera la polla de Ángel con cada movimiento. Ángel se relajaba tumbado, y le daba cachetes de vez en cuando, le pellizcaba los pezones, o se incorporaba para besarla.

            Estaba claro que esa era su postura favorita, porque no hacia el más mínimo amago de parar. Así dieron las 7 de la mañana, y los rayos de sol ya empezaban a entrar por la ventana del salón. A mí me dolía todo el cuerpo, no sabía cómo ponerme ya. Me molestaba la espalda, y tenía los pies y las piernas reventados. Había probado todas las posturas posibles, incluso había estado un rato sentado en el suelo. Me faltaba ya traer una silla.

            A las 7 y pico ya Noemi agotada que estaría, dijo sin parar de moverse.

            – ¿No vas a terminar nunca o qué?

            – ¿Tú te has corrido ya?

            – ¿¿Yo?? Yo he perdido la cuenta ya.  

            – Jaja, ¿sí?

            – ¡Sí!- y Noemi se agachó para besarle y lamerle el cuello-. Vamos, córrete tú también.

            – ¿Quieres que me corra?

            – ¡Siii! Córrete dentro, vamos…

            – Es que me cuesta mucho terminar. Si no es con la mano me cuesta mucho correrme.

            – Ah- Noemi meditó unos segundos-. Bueno, ¿y por qué no te pajeas y terminas en mi boca?

            – ¿Si? ¿Me dejas?

            – Claro que si tonto. Ven

            Noemi se levantó con las piernas temblando, y se sentó en la mesita. Ángel se puso de pie, frente a ella, Noemi le quitó el condón lo dejó a un lado. Se la chupó un poco para mojarla y empezó a meneársela con la mano, a toda velocidad. Estuvo así un rato, hasta que Ángel se la cogió y empezó a meneársela así mismo con furia, tensando todos los músculos. Noemi lo esperó pacientemente con la boca abierta y a escasos centímetros. Tras unos minutos por fin Ángel empezó a gemir con fuerza, le metió la punta en la boca, y siguió meneándosela, echándolo todo dentro. Noemi lo agarró de las nalgas, y tragó varias veces. Tuvo que ser una corrida enorme. Noemi esperó y cuando Ángel terminar de descargarlo todo, se la relamió y le limpió bien la cabeza con la lengua.

            – Dios que gusto…- exclamó Ángel tumbándose en el sofá. Noemi se acostó encima, y se acurrucaron-. Perdona por tardar tanto.

            – No pidas perdón tonto, si me ha encantado. Pero es que ya es de día, y he quedado dentro de un ratito para hacer un trabajo con amigas. Otro día quedamos más temprano y estamos más tiempo.

            – Jaja, vale. No te cansas ¿eh?

            – Yo que va.

            – Pues ya somos dos, jeje.

            Se quedaron un rato en silencio tumbados. Empecé a preguntarme si se habían quedado dormidos, cuando por fin Noemi habló.

            – Bueno, vamos a ir recogiendo. Que de verdad no llego. Y sin dormir ni nada, verás que mal…

            – Vale, vale, ya me voy. Pero esto hay que repetirlo ¿eh?

            – Cuando quieras- Ángel hizo el amago de recoger un poco el desorden, el condón, la mesa del comedor etc., pero Noemi lo paró- No te preocupes, de verdad, que…- casi estuvo a punto de decir: que ya lo recoge mi novio en cuanto te vayas, pero se calló-. Ya lo recogeré yo a la tarde.

            Ángel buscó su ropa, se vistió, besó a Noemi una última vez y se marchó. En cuanto oí la puerta cerrarse, intenté entrar al salón, pero la puerta chocó contra una de las sillas del salón, y apenas se podía abrir por la mitad. Noemi llegó en seguida, mirándome y riéndose. Empujó un poco la mesa hasta poder abrir la puerta lo suficiente para pasar y se reunió conmigo en el pasillo. Lo primero que hizo fue besarme, y meterme la lengua en la boca. Pude notar el sabor y el olor a semen en seguida.

            – Vamos a la cama anda, que estoy agotada. Verás mañana las agujetas.

            Fuimos al dormitorio y se tumbó rendida. Le comí el coño un buen rato. Ángel se lo había dejado bastante abierto. En cuanto se corrió una vez, me tumbé a su lado y nos dormimos. Nos pasamos en cama todo el domingo prácticamente. A la hora de comer yo me desperté, porque no había desayunado y tenía hambre. Noemi seguía dormida, así que no la desperté. Salí a comer algo, y después ordené el salón. Recogí la ropa tirada por el suelo de Noemi, tire el condón y puse la mesa en su sitio. Luego volví a dormir.

            Ya a la tarde nos despertamos y estuvimos charlando de la noche anterior.

            – Pues me besó nada más vernos, como saludo. Me sorprendió pero me gustó así que me dejé. Luego fuimos a un pub, estuvimos bebiendo y charlamos, y nos liamos más aún. Luego ya fuimos a bailar.

            – Es enorme el tío.

            – Sii. Está buenísimo. Me ponen muchísimo los brazos y las manos que tiene. Me coge y levanta sólo con un brazo. Me moría de ganas de ver si también tenía grande la polla.

            – Y qué tal

            – Pues no me ha decepcionado. La verdad es que era una pedazo polla, no la conseguía rodear con la mano, y casi no me cabía en la boca. Y puf, que dolor cuando me entró. Luego ya me acostumbré y fue genial. Qué gusto. Yo creo que podría ser la más grande que catado hasta ahora.

            – ¿Vais a quedar más?

            – Seguramente. A ver cómo lo hacemos, porque se supone que vivo sola, y los polvos con este hombre tienen pinta de ser eternos siempre.

            – ¿Y no te gusta?

            – A ver, claro que sí. Pero es para estar toda la noche liados, y contigo aquí sin que se entere es difícil. Además ya te comenté, que lo que quiero es encontrar un follamigo que acabe pronto, con el que pueda quedar y echar uno rapidito. Un tío así ahora con las clases y tal no me viene muy bien. Y en época de exámenes ni te cuento.

            Así terminó octubre y empezó noviembre. Nada especial que contar, Noemi quedó una vez más con Ángel, esa vez se quedó a dormir y tuve que encerrarme en mi cuarto todo el tiempo, pero fue divertido. Tinder no dio ningún ligue más, muchos matches pero ninguna conversación fue a buen puerto, o eran demasiado lentos o demasiado brutos. Respecto al grupo, ya me hice a la idea de que no iba a quedar más con ellos. No había un sólo día que Pablo no fuera, de hecho siempre era él el que organizaba las quedadas. Por suerte, después del primer día, ya no volvió a hablar más de mí ni de Noemi, al menos delante de Paco, que me lo contaba todo. Con él sí que quede un par de veces, fui a su piso a cenar con él y Ana (afortunadamente Eva no salió en la conversación) y vino un día a mi piso a verlo. Aprovechó también para conocer a Noemi, que ya la conocía de antes, pero no como compañera de piso. Hicieron buenas migas, Noemi era muy simpática, y siempre tenía tema de conversación, así que pasamos una buena tarde. Ana en cambio no vino, al parecer Noemi le caía regular, competencia femenina quizás. Me gustaba vivir con Noemi, lo pasaba bien y me encantaba estar con ella, pero echaba de menos salir con Paco y Ana. Apenas nos veíamos, no teníamos clases juntos y ahora que ya no vivíamos en el mismo piso hablábamos poco. Me habría gustado poder decir que Noemi era mi novia, y salir con Paco y Ana en plan parejitas.

            Quizá ese sentimiento fue lo que desencadenó los eventos que ocurrieron a finales de noviembre. Un día entre semana, totalmente inesperado, acababa yo de terminar las clases e iba camino de casa cuando miré el móvil casi llegando ya y vi que tenía un mensaje de Noemi: Estoy con Ángel en casa. No vengas aun, ya te aviso.

            Me quedé parado en mitad de la calle. ¿Con Ángel? ¿A esas horas? Si Noemi debía tener clases. Además Ángel trabajaba. Era de hacía media hora el mensaje, aún debía seguir allí. ¿Qué hacía yo entonces?  Eso podría no tener fin, con Ángel la cosa se alargaba muchísimo. Estaba a 100 metros del piso, me apetecía muchísimo ir y espiar… Pero Ángel seguía sin saber que Noemi no vivía sola, podían estar en el salón, sería muy violento aparecer por allí. Tendría que esperar que me avisara que habían terminado. Volví a la universidad, y me puse a pasear por el campus para hacer tiempo. Decidí pasar la tarde en la biblioteca, tenía todo lo necesario para aprovechar el día trabajando. Me puse en camino, cuando casi llegando alguien de repente me tapó los ojos por detrás.

¿Quién soy?- dijo una voz femenina y familiar. Ana no era, y no se me ocurría ninguna otra mujer que tuviera la confianza para hacerme eso.

            – Eh… no caigo ahora- dije inseguro. La chica me quitó la mano y me di la vuelta. Era Eva-. Hombre Eva, qué sorpresa. ¿Qué haces por aquí?

            – Pues acabo de salir de clase. No hay quien te vea ¿eh?- sí hija, por algo será. De verdad, hay gente que no sabe cuándo parar. Había conseguido evitarla más de dos meses, era de esperar que tarde o temprano nos encontrásemos. Lo que me sorprendía era la confianza y la cercanía con la que me hablaba.

            – Si, desde la fiesta de inicio de curso. Es que estoy tan liado que ni salgo ya con esta gente. Es mi último cursa ya, y están dando una caña- mentiroso.

            – Ya imagino, yo estoy en primero y ya me quiero morir. ¿Qué estás haciendo aquí? Tienes clases por las mañanas ¿no?- ¿se conocía mi horario?

            – Sí, he venido a una tutoría, un proyecto que estoy haciendo en clase. Y ahora… había quedado con un amigo pero no ha venido al final- no podía decirle que iba a la biblioteca, porque yo nunca pisaba la biblioteca a menos que fuera para coger libros, y menos aún solo. Tampoco podía decirle que me iba ya a casa, por si quería acompañarme.

            – Oh vaya. ¿Te apetece tomar algo conmigo?- titubeé-. Vamos, tiempo tendrás, si habías quedado ya – tocado-. Me apetece mucho saber qué es de tu vida y eso.

            – Sí, sí. Claro, vamos.

            Fuimos a la cafetería de la facultad, y nos sentamos a tomar algo y charlar. Me sentía cómodo con ella, estuvo hablando de sus cosas, y yo también le conté sobre mi. Lejos quedaban esos días en los que no era capaz de hablar con las mujeres. Quizá fuera porque como sabía que no tenía ninguna probabilidad sexual con ella, la tensión desaparecía. Pero por lo demás era muy buena persona, simpática y alegre. Estuvimos de buen rollo, ella coqueteando en ciertas ocasiones, preguntándome por mi vida personal etc. Cuando de repente se acercó y me besó. Lo había planeado de antemano, porque llevaba rato acercándose a mi silla hasta estar a distancia para lanzarse. Me agarró la mano, me besó los labios un instante y luego me metió la lengua, pegándose aún más, suspirando. Me pilló desprevenido, me dejé hacer al principio, de hecho me gustó un poco, pero en cuanto empecé a notar la presión de mi polla contra la jaula al empalmarme me di cuenta de lo que hacía y me aparté.

            – ¿Qué haces?

            – Besarte, ¿qué pasa?

            – Pero somos amigos…

            – Ya jolín, pero es que no entiendo por qué no quieres nada conmigo. Llevas huyendo desde que llegué a la ciudad. ¿Te has echado novia este verano?

            – No, novia no tengo.

            – ¿Entonces qué pasa? ¿No te gusto?

            – Sí Eva, claro que me gustas, no digas tonterías.

            – ¿Entonces qué pasa?- joder que agobio.

            – A ver… yo no estoy buscando nada serio, ¿sabes? No quiero tener novia ahora mismo- esperaba que eso funcionara, pero para mi sorpresa Eva se rio.

            – Anda no seas tonto… ¿Te estoy agobiando mucho? Perdona anda… es que me dijo Ana que querías sentar la cabeza con alguien… Pero que a mí no me importa que no quieras algo serio. Podemos ir despacio, ¿vale?- y volvió a acercarse para besarme. Nótese la ironía: yo estaba esquivando sin parar los besos de una chica guapa y sexy, a la que podría tirarme en ese mismo momento si quisiera, porque tenía novia. Sin embargo, mi novia en ese mismo momento, estaba siendo empalada por la polla de otro tío, en el sofá de mi casa. Lo que son las cosas.

            – Que no Eva de verdad…- joder, ¿qué le decía ahora? Ya es que no me quedaban más recursos. Pensé en decirle lo que me comentó Noemi, que era gay, pero el problema habría sido el mismo. Tenía algunos amigos gays en la facultad, y no me apetecía que alguno de ellos se enterase, y tener que estar esquivándolos a ellos también. De verdad, que follón más tonto…

            – Necesito saber qué es, porque no entiendo nada. Te gusto, no estás viendo a nadie, yo tampoco, pero sin embargo, no quieres ni besarme. No entiendo nada.

            – Es que… Vale sí, tengo novia- se hizo el silencio. ¿De verdad lo había dicho?

            – ¿En serio?

            – Si. Por eso no puede pasar nada entre nosotros ahora mismo.

            – ¿Quién?- ¿debía mentirle? ¿Quién podía decirle que era? ¿Una compañera de clase? ¿Querría conocerla? ¿Qué pasaría cuando no me viera nunca con ella? Podría decirle que había cortado, pero entonces volveríamos a lo mismo. Ya era hora de dejar de poner parches y sellar el agujero de una vez.

            – Mi compañera de piso.

            – ¿Esa es la que estuvo con Pablo? ¿Por eso os peleasteis?

            – No a ver, ellos estaban de rollo nada más. Y Noemi decidió empezar conmigo, y por eso dejó de verlo.

            – Ah. Joder ¿y por qué no me lo habías dicho? ¿Ana y Paco no saben nada?

            – No, nadie lo sabe.

            – ¿Por qué?

            – Bueno, porque no quiero que la gente se entere, por todo lo que pasó con Pablo. Tú sabes cómo es, que está cada noche con una.

            – Si Ana ya me previno antes de venir.

            – Sin embargo él va contando que Noemi era su novia, y que yo le comí la cabeza para que lo dejara. Por eso no quiero que se sepa que estamos juntos, porque entonces Pablo se creerá de verdad que se la quite o algo así.

            – Bueno, un poco si ¿no?

            – No, te he dicho que no estaban juntos. Sólo se liaban, y también se liaba conmigo y con más tíos. Y al final decidió tener algo serio, y me eligió a mí.

            – Ya, normal. Yo también te habría elegido- y me sonrió.

            – Eva…

            – Ya, ya. Me siento una estúpida. Tendrías que habérmelo contado antes.

            – Ya, lo siento mucho. Pero ha sido todo muy complicado con esta gente y tal.

            – De todas formas, ¿cuándo has empezado con ella? Lo de Pablo pasó hace unos días, pero de mí llevas pasando desde que empezó el curso- eh…

            – Bueno, es que a mí me gustó desde el principio, que empezamos a vivir juntos. Yo quería tener algo más con ella.

            – Ya veo. Pues podrías haberme dicho desde un principio que te gustaba otra, y ya está- se le notaba un poco enfada. Era cierto que la había tratado un poco mal, ignorándola y eso. ¿Sería mucho descaro pedirle que no contara nada?

            – Oye, ¿podrías no contar nada de esto? No quiero que nadie se entere, a tí te lo he contado porque eres mi amiga, y no quería seguir mintiéndote

            – Ya bueno, un poco tarde ¿no?- me miró con mala cara, pero le sostuve la mirada. Me estaba tocando ya las narices-. Pero está bien, no te preocupes. No se lo contaré a nadie. Lo que hagas con tu vida es cosa tuya.

            – Gracias.

            – Bueno, me alegro de verte. A ver si quedamos otro día y hablamos, o te vienes algún noche con nosotros. Ahora ya no tienes por qué huir de mí- me sonrió, y le devolví una sonrisa forzada.

            Nos despedimos y se fue. Me fui a la biblioteca a trabajar. Al cabo de un par de horas Noemi me dijo que había terminado, así que recogí y volví a casa. Estuve enredando un buen rato, porque no me apetecía ver a Noemi aun. ¿Debía contarle lo sucedido? Seguro que se cabreaba por lo del beso… Aunque si Eva no contaba nada, no tenía por qué decírselo. Pero no me fiaba un pelo de Eva, la verdad. ¿Se lo contaría a Ana? Si Ana se enteraba, se enteraría Paco, y se molestaría por no habérselo contado yo antes. Y la próxima vez que viera a Noemi, Paco se lo comentaría, y entonces Noemí me preguntaría que cuándo le había contado que estábamos juntos. Tendría que hablarlo con Noemi, no podía fiarme de que Eva guardara el secreto. Aunque quizá podría disimular la parte del beso… A lo mejor no se enfadaba tanto, ella quería hacer público lo nuestro desde hacía tiempo, quizá eso compensara el morreo.

            Pero ¿y si Eva sí que guardaba el secreto? Quizá aún podía arreglar todo aquello. Nadie tenía por qué enterarse, podríamos seguir con nuestra vida con normalidad… Porque si lo contaba, no había marcha atrás, todo iba a cambiar. Noemi ya no podría tener aventuras tan abiertamente, tantas oportunidades que nos daba vivir solos desperdiciadas. Incluso tendría que borrarse el Tinder porque todos mis amigos sabrían que estábamos juntos. ¿Creerían que le había robado el ligue a Pablo? ¿Se molestarían? ¿Llegaría a enterarse Pablo?

            No tenía ni idea de lo que iba a hacer.

3 comentarios sobre “Cómeme el coño (15)

    1. Te equivocas.
      Nunca hemos publicado un relato de ningún autor sin su aurorización.
      Gilderoy nos dio permiso para publicar los 15 capítulos, así como un par de relatos más que ha publicado.
      Nosotr@s también esperamos la continuación, pero…

      Le gusta a 1 persona

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s