MOISÉS ESTÉVEZ

Cuando llegué estaban poniendo la mesa para cenar, aunque yo no era
el último que faltaba. Mi hermana tampoco había llegado de Philadelphia. Mi
madre estaba terminando de cocinar el pavo y mi padre horneaba el pan. –
Cómo te ha ido hijo – me preguntó él. Le dije que bien, como siempre. Esta vez
se trataba de un chivato que trabajaba en los muelles y que le estaba pasando
información a la familia Sforza. Nosotros no, pero su joven esposa lo echaría
de menos, y no era una mal tipo, simplemente cometió un error que no
podíamos dejar pasar, aunque fuera el Día de Acción de Gracias…

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