GILDEROY

El resto del verano fue aburrido. Sexualmente no, porque estuve continuamente dándole al manubrio, tenía bastante material mental acumulado de todo lo que habíamos vivido durante el verano. Sin embargo vida social hice poca, apenas salí de casa. Hablaba con Noemi continuamente por whatsapp eso sí, cada vez de más cosas. Antes sólo hablábamos de sexo y guarreo, pero ya hablábamos de series, estudios, películas, juegos etc., un poco de todo. También de familia, cosas del pasado y todo eso, nos íbamos conociendo cada vez más. La verdad es que Noemi tenía un gran sentido del humor, no me había dado cuenta. Cuando hablábamos de cosas normales nos reíamos mucho.

También hablábamos de sexo por supuesto. Eso normalmente por teléfono en la mañana, que me llamaba y charlábamos de lo que había estado haciendo la noche anterior. Tampoco gran cosa, quedaba normalmente con Toni en su coche, y ya en septiembre pudo quedar con Julio por fin. Se llevaron bien. Se quedó solo todo el mes de agosto y un par de semanas en septiembre, así que Noemi iba a su casa continuamente. Al parecer era virgen, pero cogió con ganas el tema porque nunca tenía bastante, así que encajaba muy bien con Noemi. Ella se quedaba a dormir en su casa a menudo y pude disfrutar de algunos audios que grababa a escondidas mientras lo hacían y algunas fotos, aunque no guarras. Me pasó una donde salía Julio desnudo de espaldas, con el culo al aire y un delantal puesto, cocinando crepes. Era por la mañana y estaría haciendo el desayuno y Noemí lo fotografió desde la puerta. También me envió otra desnuda en la cama, enfocando un poco el desorden que habían montado después del polvo, con las sábanas y la ropa etc. A Noemi le gustaba mucho y estaba contenta de tener por fin un follamigo decente en su pueblo. Como era muy inexperto lo podía manipular y hacerle lo que quisiera, enseñándole esto y lo otro, y el chaval por supuesto maravillado con cualquier cosa. Con Toni apenas quedó desde que empezó con Julio.

Y bueno respecto a mí, tenía pensado volver a la Universidad el lunes 9. Las clases empezaban el lunes 16, aunque ya había movimiento desde principio de mes porque la semana del 9-13 eran los exámenes de recuperación. Yo no tenía nada que recuperar, pero quería ir un poco antes para ayudar a Paco y Ana con la mudanza. Esperaba que les fuera bien, al fin y al cabo iban a vivir juntos por mi culpa, porque yo me había ido a vivir con Noemi. Lo cual también esperaba que funcionara, sino me veía durmiendo en el sofá de Paco a mitad de año. Mi contrato empezaba el 1 de septiembre, así que podía ir cuando quisiera. Noemi decidió apurar al máximo, e ir el domingo 15, porque quería pasar todo el tiempo posible con Julio.

Por lo tanto, como todos los años mis padres me ayudaron con la mudanza. Fuimos en dos coches para llevar la mayor cantidad de trastos posibles. Me ayudaron a meter las cosas en el piso y luego se fueron. La primera semana allí estuve ordenando cacharros principalmente. También contraté internet y compré algunos útiles que no había, como sartenes y algunos cubiertos. La mayoría de mis cosas las metí en mi habitación. A la casa se entraba por el salón, tenía un pequeño pasillo recibidor, con una puerta a la derecha para la cocina y luego al fondo el salón, con una mesa grande para comer, y unos sofás con otra mesa pequeña en la zona de estar. En la pared del fondo una puerta corredera daba a un pequeño balcón, donde estaba el tendedero y una mesita con sillas de plástico. Luego en una esquina estaba la puerta que daba al pasillo de las habitaciones. Primero la grande y luego la pequeña en la pared de la izquierda y una puerta enfrente para el baño. Yo solté todas mis cosas en la habitación pequeña, como si fuera a vivir allí. El ordenador, la ropa, sábanas, maleta etc. Ya lo había hablado con Noemi.

– Es lo más cómodo, luego duermes conmigo en la habitación grande siempre, pero para que cada vez que venga un tío no tengas estar cambiándolo todo.

– Si, además para estudiar y eso prefiero estar solo allí en mi cuarto tranquilo.

– Cuando vaya lo quiero todo ordenado y limpio ¿eh? Tú eres el que se va a encargar de todas las tareas del hogar a partir de ahora.

– Bueno. ¿Podrías venirte antes? Tengo ganas de verte.

– Y yo, pero me gustaría estar con Julio más tiempo. Si nosotros vamos a vivir juntos, te vas a hartar de verme.

– No creo.

– Bueno, Pablo me habló el otro día y me preguntó que sí estaba ya allí.

-¿Sí?

– Sí. No me hablaba en todo el verano. Lo cual agradezco, también es cierto. Pero él ya está allí, porque tiene que recuperar un montón de cosas y quería desestresarse. Casi me lo pienso, pero nah, Julio ahora mismo me satisface. No es tan bueno como Pablo, pero es divertido y hablamos, así que compensa. Le dije que ya quedaríamos la semana que empiecen las clases.

– ¿Te preguntó dónde ibas a vivir?

– Sí, sacó el tema. Intentaba sacarme información haciéndose el tonto, me preguntó si iba a estar otro año en la resi, respuesta que obviamente ya sabía. Le dije que no, que iba a compartir piso y me preguntó que con quién, pero le dije que no lo conocía. Que te vi cuando firmamos el contrato, pero que no habíamos hablado. Y ya no dijo nada más, al parecer no quiso decirme que había hablado contigo del tema.

– ¿Y no te preguntó que por qué no vivías con una tía?

– Sí, y le dije que prefería un tío. Que con las tías me suelo llevar peor en convivencia, los tíos son más manipulables. Y ya no hablamos más del tema.

– No creo que cese, la próxima vez que me vea seguro que me dice que por qué no me he buscado otro sitio.

– Tío pues dile las cosas claras de una vez, que si no se crece. Si a Pablo se le va la fuerza por la boca. Viviré donde me salga de los cojones y ya está.

– Sí, pero luego soy yo el que tiene que aguantarlo cada vez que salimos en grupo. Y él es como el que manda ¿sabes?, el que organiza las fiestas y el que más contactos tiene. Si se enfada conmigo, el grupo lo preferirá a él y dejarían de llamarme.

– A ver, Paco seguirá queriendo salir contigo. Tú no has hecho nada malo. Si se enfada, se le pasará. Y sino pues dejo de quedar con él y punto.

– Eso será peor, seguro que cree que te he comido la cabeza. Deja las cosas estar, yo me encargaré. Ya me inventaré algo. Al fin y al cabo no voy a molestar en el piso, cuando se dé cuenta de que puede seguir quedando contigo normalmente se le pasará.

– Bueno, ya veremos.

A mitad de semana quedé con Paco en nuestro antiguo piso, para ayudarlo con la mudanza. Vino con Ana en una furgoneta que le dejó el padre, que tenía sitio para todas sus cosas, y pasamos el día juntos, ordenando trastos.

– Mi hermana Eva viene en un par de días- comentó Ana mientras almorzábamos. Me dio un pinchazo en el estómago. No pensé que tuviera que enfrentarme a ese problema tan pronto empezado el curso-. Nosotros iremos a ayudarla con la mudanza también.

– ¿Nosotros?- preguntó Paco extrañado.

– Sí, tú y yo- Paco resopló y puso los ojos en blanco. Luego Ana se dirigió a mí-. ¿Por qué no te vienes y nos ayudas?

– No puedo, todavía tengo mucho que hacer en mi piso.

Sin embargo no pude librarme mucho tiempo del tema. Ese viernes había fiesta de reencuentro y fuimos a una discoteca por la noche. Me enteré de que Eva iba a venir con nosotros justo antes de salir, y casi decido quedarme en casa. Sin embargo a esa fiesta era difícil decir que no, ya que iba todo el mundo. Además Noemi en ese momento debía de estar en casa de Julio follando apasionadamente y disfrutando de las últimas noches. Cuando estaba con él normalmente no me hablaba mucho, sólo al terminar de hacerlo y la espera era muy aburrida. Por tanto decidí salir, tendría todo el cuidado posible con Eva. Era una pena no ser tía y poder decir que tenía la regla para librarme de situaciones así. ¿En qué momento me había convertido en un tío que tiene que mentir para que no le acosen mujeres atractivas?

Cuando nos encontramos todo el grupo juntos nos saludamos etc. aunque noté como Pablo sutilmente me hizo el vacío. Eva iría con una amiga más tarde y nos encontraría en el club así que por el camino aproveché para hablar con Paco del tema.

– ¿Te ha dicho algo Ana de Eva? Si ha dicho algo de mí.

– No sé. Sé que Ana sigue queriendo juntaros, pero no sé si Eva seguirá queriendo algo. Estas tías vuelan, y más ahora lejos de casa de sus padres, viviendo sola, universidad, fiestas, nuevos amigos… Si quieres empezar algo con ella, vas a tener que darte prisa, porque con lo golfa que es, ni Ana podrá detenerla.

Sabía que Paco pensaba que eran malas noticias para mí, porque me daba a entender que si no atacaba a Eva rápido, se iría con otro. Pero a mí me vino de lujo. Si de verdad Eva era así y le gustaba ligar, sólo tenía que apartarme sutilmente un tiempo y pronto algún otro se me adelantaría.

La noche transcurrió con normalidad. Había muchas caras nuevas. Esa fiesta de reencuentro también servía para darle la bienvenida a los nuevos erasmus y estudiantes, así que se petaba. Tenían que usar un local con un patio al aire libre y aun así se formaba cola. Sucedieron varios incidentes a lo largo de la noche. El primero al principio, que Pablo se me acercó cuando estaba solo para hablarme. Era raro verlo hablar con un tío en esas fiestas, normalmente desaparecía al principio y sólo se le veía con tías.

– Tú qué, ¿al final dónde vas a vivir?- sabía de sobra dónde iba a vivir, pero intentaba dar por hecho que le había obedecido a lo que me dijo en verano de buscarme otro sitio, para cuando le dijera que no, poder dramatizar más.

– Pues donde te conté.

– Y yo qué te dije- iba bastante chulo. Estaba ya borracho.

– Ya, si he intentado buscar otra cosa, pero la ciudad está llena.

– No me cuentes chorradas, hay un montón de sitios. No te lo voy a decir otra vez. Voy a quedar con Noemi la semana que viene, vamos a ir a su piso y no quiero verte por allí, ¿está claro?- este hombre había visto demasiadas películas.

– Voy a seguir intentando, a ver si ahora que estoy aquí es más fácil.

– A mí me la pela cómo lo hagas, pero búscate otro sitio ya. No quiero tener que enfadarme- y me apuntó con el dedo. Me dieron ganas de tirarle la bebida a la cara. Pero simplemente asentí.

Después de eso fue a intentar meterse en las bragas de alguna italiana inocente, y a eso de las 2 a.m. Ana me avisó para que saludara a Eva, que había llegado. Venía con la amiga con la que vivía. Lo cierto es que estaban buenísimas las dos y Eva venía especialmente provocativa. Venía a por todas, con una minifalda y un pedazo de escote. La amiga se llamaba Margarita. Me la presentaron también pero no me hizo mucho caso, en seguida se fue. Eva sí se quedó conmigo, preguntándome por la universidad, contándome cosas del piso y tal. Ana también se quedó con nosotros pero callada, sólo hablaba para reconducir la conversación e impedir que ninguno de los dos se fuera. Una encerrona clara. Eva se me acercaba mucho y me tocaba el brazo con la mano. Olía muy bien. Me estaba poniendo cachondo y todo, si no fuera por Noemí me la tiraba esa misma noche… pero no podía, y en breve me invitaría a bailar, y ahí ya sí que se complica la cosa para separarme de ella. Afortunadamente y para mi sorpresa, Pablo vino a ayudar.

-¡Hombre Eva, la famosa hermana de Ana! Por fin nos conocemos. Ana te tenía muy escondida ¿eh?

– Jaja, sí, es que me cuida mucho

– Bah que tontería, si está claro que tú sabes cuidarte solita- se acercó para darle dos besos. No sé cómo lo hizo pero en el breve momento de darle dos besos se las ingenió para agarrarla por la cintura y acercársele, rozarle las tetas y restregarle el paquete. Todo en un segundo.

Estaba claro que se había metido en medio. Eva, Ana y yo habíamos formado un pequeño corrillo apartado, pero a Pablo no le importó interrumpir. Él también sabía que yo había estado con Eva y que Ana intentaba juntarnos. No sé muy bien si lo hizo para intentar vengarse por lo del piso o porque realmente le tenía ganas a Eva desde que se enteró que Ana tenía una hermana buenorra soltera. En cualquier caso me vino muy bien. Sutilmente me aparté y le dejé espacio, para que pudiera ponerse junto a Eva y hablarle.

– Hombre Pablo, tú por aquí. Creí que ya estarías en casa con alguna guiri  veinteañera- le atacó Ana, intentando apartarlo, pero Pablo ni la miró.

– Jaja, Ana querida me tienes en un altar. No, la verdad es que hoy me apetece bailar. ¿Te apuntas Eva? Así nos conocemos- Eva me miró, pero yo miré hacia otro lado, intentando pasar de ella, así que aceptó y se fue con Pablo a bailar.

– ¿Pero qué haces? Ve a por ella- me recriminó Ana.

– A ver, déjalos, si sólo van a bailar. A mi bailar no me gusta, ya cuando terminen-

– Que cortito eres de verdad. Que Pablo va a por lo que va. Como mi hermana termine en la cama con ese, te los corto.

– A ver, ella es mayorcita ya. Deja que haga lo que quiera- y me escabullí para volver con Paco y el grupo sin darle la oportunidad de replicar.

El resto de la noche estuve relativamente tranquilo. Noemi me habló por whatsapp, preguntando qué hacía. Me mandó una foto, en la cama con Julio, el ya dormido a su lado, ambos desnudos. Ya habían terminado y se iban a acostar.

  Yo aquí en la fiesta de bienvenida

Ui, pues cuidado con lo que haces ¿eh? Que hay mucha erasmus guarrilla.

Eso parece.

Tendría que haberte puesto el cinturón.

Jaja. No te preocupes, ya mismo me vuelvo a casa. Buenas noches.

Obviamente no le dije que Eva andaba rondando, si se enteraba me cortaba los huevos. Lo cierto es que mis huevos nunca habían estado en tanto peligro. Eva se libró de Pablo al rato y volvió a intentar hablar conmigo bajo la atenta y reprobatoria mirada de Ana. Sin embargo, Paco tenía razón. No paraban de llegar tíos y tíos que intentaban hablar con ella y me la quitaban de encima. Yo no ponía mucha insistencia en la conversación y se me colaban con descaro. Pablo lo intentó una vez más, pero imagino que Ana ya habría puesto a su hermana al corriente de sus fechorías, y éste no consiguió nada. Finalmente la vi enrollándose con un tío que no conocía en la pista y pude respirar tranquilo. Ana no volvió a hablarme en toda la noche.

– Ya se te han adelantado me han dicho- me comentó Paco sobre las 6, que ya íbamos a irnos.

– Sí, ya veo. Y estábamos hablando bien y tal. Y ahora la veo ahí enrollándose con otro. Tenías razón, es bastante golfa. No sé yo si quiero estar con una tía así.

– Ya bueno. Siempre es estresante salir con una tía tan buena. Y si encima le va la marcha pues es una preocupación continua. No creo que te convenga. Aunque Ana seguirá insistiendo, ya me he dado cuenta de que se ha enfadado contigo.

– Tío, es que también es un poco pesada. Es muy controladora.

– Ya, ya. Si lleva tiempo intentando que la hermana se eche novio serio y formal. Pero yo creo que es más envidia que otra cosa. La ve siempre con uno distinto y como ella no puede porque está conmigo, pues quiere que Eva se eche novio y esté así como nosotros.

– Pues si quiere algo serio conmigo, va a tener que echar el freno, no me gustan las tías así que están todo el rato guarreando – vaya bola más gorda.

Finalmente nos recogimos, acompañé a Ana y Paco a su piso que me pillaba de camino y luego anduve un rato hasta el mío. Ana ni se despidió de mí. Al parecer Eva se había ido con el tío que la vi besándose. Por una vez Pablo no había conseguido ligarse a la que se proponía. Aunque tampoco acabó mal, lo vi liarse con una italiana, no sé si terminaron follando esa noche. Al llegar a casa, me conecté al whatsapp por si Noemi seguía en línea, pero no se conectaba desde que nos despedimos. Me fui a la cama un poco triste y solitario. Normalmente al final de las fiestas siempre tenía a Paco para hablar, luego por la mañana desayunábamos juntos, comentábamos la fiesta etc. Pero estando solo me sentí bastante abandonado. Por suerte no tuve mucho tiempo para pensar en ello porque estaba cansado y me dormí pronto.

 El sábado estuve en casa todo el día sin hacer nada, viendo la tele. Paco me invitó a su piso, pero no me apetecía escuchar la charla de Ana, así que no fui. Noemi durmió esa noche también con Julio y ya el domingo por la mañana se puso en marcha. La trajeron sus padres, para ayudarla con el equipaje. También querían ver el apartamento y tal. A mí no me importaba que me presentara como su compañero de piso, así que cuando llegaron los conocí y ayudé con las maletas. Eran muy simpáticos. Tampoco estuvieron mucho rato, comieron con su hija fuera y ya a la tarde se marcharon, dejándonos por fin solos a Noemi y a mí.

– Pues ha quedado chulo ¿no?- me comentó, cuando ya estábamos solos en el piso, viendo mi habitación y la suya-. Parecemos compañeros de verdad. Y lo tienes todo muy limpito. Qué bueno es mi niño.

– Ya ves.

– ¿Me has echado de menos?

– Mucho.

– ¿Te has tocado también mucho?

– Demasiado.

– Eso me temía. Pues a partir de ahora eso se acabó ¿eh? Ahora nada sin mi permiso. Vente, vamos a estrenar la cama. Que aunque esta mañana me he acostado con Julio antes de venir, aún tengo ganas de más.

Fuimos a la cama e hizo que le comiera el coño. Se corrió varia veces, como no me dijo que parara, yo seguí y estuvimos cerca de una hora. No comentó de hacerme nada, así que me tumbé a su lado y estuvimos un rato en silencio. Se hacía raro. Ya no tenía donde irme. Antes cuando me cansaba volvía a mi casa. Ahora no podía, vivía allí y ella también. Era una sensación rara.

– ¿Qué hacemos ahora?- pregunté.

– Bueno, antes que nada creo que deberíamos aclarar una cosa. Me ha dicho una amiga que cuando vives con tu novio es importante tenerlo en cuenta. Yo nunca he vivido con un tío, no sé cómo es, y creo que aceptar consejos está bien si queremos que la cosa funcione. Sin que te lo tomes a mal ni nada.

– Claro. Dime.

– Bueno pues realmente es otra fase de la relación. Antes cuando estábamos juntos, incluso en mi piso allí en la residencia, pues era todo el rato juntos. Haciendo cosas juntos. Y si ya no teníamos nada que hacer, pues nos separábamos. Ahora no podemos separarnos, vamos a estar juntos todo el rato. Pero no podemos hacerlo todo juntos. No sé si me explico.

– Creo que sí.

– Si no, nos vamos a terminar agobiando. Tú haz lo que quieras, lo que hicieras normalmente cuando vivías con Paco. Y yo igual, si me apetece ver una peli o algo, te lo comento y si te apetece te apuntas y si no pues haces otra cosa.

– Vale. Pues nada, entonces te dejo, voy a ver qué hago.

– Jaja, no hace falta que sea ahora. Digo así en general, para tenerlo en cuenta. Yo ahora voy a deshacer las maletas y ordenar la ropa, puedes ayudarme si quieres.

Nos pusimos a deshacer sus maletas y la ayude a guardar la ropa. Cuando estaba ya casi todo listo, sacó una bolsa de tela grande del fondo de la maleta y miró a su alrededor.

– Lo que pasa es que no hay ningún cajón con llave, por lo que veo…

– ¿Por qué? ¿Qué es eso?- pregunté inocentemente. Ella hizo un amago de proteger la bolsa para que no viera el contenido, pero meditó un instante y se relajó.

– Bueno, ya me da igual que lo veas. Son mis juguetes. Pero ya has visto casi todos creo- me extendió la bolsa para que la mirara, pero la rechacé.

– Nah, en verdad ya lo he visto.

– ¿Sí? ¿Cuándo?

– El primer día que nos conocimos. Cuando te fuiste a clase me puse a investigar tus cosas.

– Pero si yo siempre lo dejo cerrado con llave.

– Ya, pero rebusqué hasta encontrar la llave.

– ¿En serio?

– Si… ya te he dicho que soy muy cotilla.

– Joder ¿pero tanto? Y… ¿no te asustaste ni nada?

– Qué va. De hecho fue por eso por lo que me quedé. Tenía pensado irme, pero vi que eras una chica interesante. ¿Te molesta?

– A ver… Si me lo llegas a decir entonces, sí me habría enfadado. Pero ahora ya me da igual, supongo. Además si te quedaste por eso, supongo que me alegro de que lo vieras. Así que ya sabes todo ¿eh? ¿No tienes ninguna pregunta?

– No, en realidad ya conozco casi todo. ¿Cuándo compraste todo eso?

– Pues a lo largo de los años, allí en el sex-shop de Jorge.

-¿Y lo has usado todo?

– No. Las pinzas, el gag y el plug sí los suelo usar con Jorge. La máscara aun no la he usado.

– ¿Para qué es?

– Bueno, se supone que para fetichistas del cuero y demás, pero a mí me la dio Jorge para un día que me iba a prestar a un amigo.

– ¿Prestar?

– Sí, una especie de tarea. Él como mi amo pues me usa como y cuando quiere, y si me ordena chupársela a él o a un amigo, tengo que hacerlo. La idea era ir a su casa y servirle a él y a unos amigos. La máscara era para que no me conociesen. Pero al final no lo hicimos, todavía está pendiente.

– Servir en qué sentido.

– Bueno, él tiene amigos que le gusta ese rollo, de dominación. Estaría por ejemplo en su casa con uno o varios tíos. Y yo voy como una esclava para que me usen entre todos, cuando quieran. Estoy desnuda, sólo con la máscara y el collar, y bueno si me dicen que se las chupe, o me quieren follar y tal – se había puesto un poco colorada mientras me contaba todo eso.

– Parece interesante.

– Si, a mí me pone un montón. Pero aún no lo hemos hecho, así a desconocidos sólo me ha mandado que folle en el glory hole. A ver si surge. ¿Te gustaría ir?

– Ir dónde, ¿a mirar?

– Si, estar allí con ellos, mientras yo os sirvo a todos y os la voy chupando.

– Eso molaría. Aunque si no los conozco no me van a invitar.

– Ya. ¿Pero te gustaría? ¿O preferirías estar conmigo, también como esclavo? Con el cinturón puesto, y viendo como me van follando uno a uno…

– Puf que va, eso me daría mucho corte.

– No te creas, una vez te pones la máscara como que se te pasa la vergüenza.

– Nah, aun así. Estaría bien, pero ahí delante de varios tíos, seguro que se ponen a reír y se cachondean.

– Ya, pero eso es parte del morbo. A mí también me insultarían y humillarían.

– No, no, yo mirar sí, pero al margen. Me da cosa participar en cosas así.

– Bueno, podríamos empezar sólo con Jorge. Así que nos domine a los dos.

– Jaja, eso ya me lo has preguntado muchas veces. Y sigo sin querer.

– Bueeno. Pues eso es todo, tampoco tengo muchas cosas.

– ¿Y el arnés ese? Eso es para hacerlo con otra tía ¿no?

– Bueno, no necesariamente- dijo Noemi sacando el arnés y mostrándomelo-. Tomás, un chico con el que estuve le gustaba que le dominara y le diera por detrás.

-¿Te lo follaste por el culo con el arnés?

– Sí.

– Y qué tal.

– Él encantado, y bueno a mí también me gustó un poco. Te sientes poderosa. Aunque no sientes placer físico pero tiene su morbo. ¿Te gustaría que te lo hiciera a ti?

– Jaja, no. Nunca lo había pensado, pero no me interesa el sexo anal, no sé. No me llama.

– Bueno, ya veremos – replicó Noemi guardándolo todo de nuevo en la bolsa.

– ¿Y las bolas cuándo te las pones?

– Pues depende. Hay veces que Jorge me manda que me las ponga y haga cosas, o vaya a tal sitio. Otras veces me las pongo yo porque me apetece. Si voy a quedar con algún tío, pues para ir calentando el horno digamos.

– Y qué cosas te dice que hagas.

– Pues que me las ponga cuando voy de fiesta por ejemplo. Si me pongo a bailar algo con mucha marcha no veas como se mueven. Me he llegado a correr y todo bailando.

– ¿En serio?

– Si… A ver son orgasmos pequeñitos pero son. Me he corrido varias veces en una noche con la tontería.

– Joder.

– Y claro, después de todo eso cuando llego a casa sola o con algún tío… me lo follo con ganas.

– Entiendo. Y hablas con Jorge por whatsapp a menudo para que te diga esas cosas o cómo.

– Pues depende también, no sé. A veces me habla él, otras veces le hablo yo si me apetece guerra. Creo que él también tiene otras sumisas. Además más de una a la vez. Algo me ha comentado, aunque tampoco hablamos mucho de sus cosas. Y supongo que cuando no tiene a nadie pues me avisa, entre que encuentra otras chicas. Tengo que quedar con él pronto y enseñarle el piso.

– Qué crees que dirá de mí. ¿Sospechará?

– Pues seguro que me pregunta si estamos juntos o nos liamos y eso. Pero le diré que sólo somos compañeros y ya está. Tú te encierras en tu cuarto y ya él que me haga lo que quiera- sonreí. Noemi metió la bolsa en una maleta, pero sacó antes el cinturón de castidad y la bolsa con las bolitas para contar orgasmos-. Esto nos hará falta pronto.

– Puf- no me acordaba ya de las bolitas de las narices-. ¿Cuántas vas a poner? ¿Empezamos desde cero?

– Jaja, ni hablar. Siguen estando las mismas que cuando nos separamos. Quedan pocas fuera ya. 5 nada más.

– ¿Y cuántas vienen?

– Son 30 verdes en total- 25 veces tenía que correrse ella antes de poder hacerme yo una paja. Qué locura-. Y creo que las voy a echar dentro todas.

– ¿Qué? ¿Por qué?

– Bueno, más debería echar, ¿cuántas veces te has corrido en verano, sin permiso?

– Pero en verano teníamos tregua.

– Yo no recuerdo nada de eso. Aparte, después de haberme cotilleado el cajón y todo eso, creo que te mereces un castigo.

– Pero 30 a 1 es un pasote ¿no? ¿No podríamos empezar de nuevo?

– Bueno, ya hablamos de una manera de reiniciar el juego ¿no? Si me dejabas que le contara todo a Jorge empezábamos de nuevo.

– Jaja, que perra. ¿Aun te acuerdas de eso?

– Sip.

– No, quita, quita. Pero no sé, alguna manera de al menos ir quitando bolas también, aparte de sólo poner. Por buen comportamiento. He ordenador el piso y he limpiado, eso se merece una recompensa ¿no?

– No, esas cosas se sobreentienden.

– Pero es que así es malo también para ti. Ya no puedes hacer nada para castigarme, ya no tienes más bolas. Puedo portarme mal si quiero.

– Hombre, también puedo comprar otra bolsa con 30 bolas más, verás- se me puso cara de corte de digestión.

– No, más no por favor.

– Bueno. Te has portado bien con el piso y has estado aquí solito una semana. Creo que has sido bueno. Pensaré en alguna manera para que puedas ir quitando bolas. De momento déjalo así y ponte el cinturón. Echo de menos vértelo puesto.

Total, que me puse la jaula, Noemi quito una bolita por el orgasmo de antes (29/1) y luego me puse a hacer la cena, mientras ella veía la tele en el salón y chateaba por whatsapp, organizándose la semana de tíos.

– He quedado ya con Pablo el viernes y con Jorge el domingo, que es el único día que puede. No para de trabajar el pobre. Y Pablo mejor viernes o sábado porque siempre nos llevamos toda la noche sin parar. Y me está hablando Julio también, está aun enchochadito. Dice que a ver si viene a verme. Ahora que tengo un piso entero me apetece invitar a un montón de gente.

– Qué bien. Va a parecer esto un hostal.

– Pues sí. Aunque realmente no tengo a tanta gente como recordaba. Jorge y Pablo nada más. Y con Jorge no voy a quedar muy a menudo y paso de quedar sólo con Pablo.

– ¿Y el de la resi?

– El de la resi me da pereza. Antes porque vivía cerca, pero si tiene que venir aquí y todo el rollo paso.

– También puedes follar conmigo, entre que encuentras algo.

– Ja, buen intento, pero no. Contigo lo haré cuando me venga la regla, que siempre es una semana muy mala. Pero al margen de eso, me gustaría tener al menos dos tíos fijos para quedar. Con Jorge sólo hago sesiones, no es nada fijo. Ahora que no vivo en el campus va a ser más difícil encontrar gente. Pero bueno, ya veré lo que hago.

– No creo que te cueste salir y ligar por ahí.

– No ya, pero esos ligues son aparte, yo hablo de algo fijo, un follamigo, que pueda llamar así rápido y sin complicaciones. Pablo es para el finde, me falta alguien para entre semana que no me entretenga mucho. Mira, esa podría ser tú función.

– ¿Cuál?

– Buscarme tíos. Conseguirme amantes.

– Jaja, qué dices, ¿y cómo voy a hacer eso?

– Ah no sé, eso ya es cosa tuya. Yo no quiero marearme, sólo quiero follar. Por cada uno que me consigas, quitaré una bolita de la bolsa.

– ¿En serio lo dices?

– Muy en serio.

– Es que eso es muy complicado. Mucha gente tengo que encontrar para que salgan todas las bolas de ahí.

– Bueno, yo follo mucho, ya lo sabes- pensé un instante.

– Podrías hacerte Tinder.

-¿La aplicación esa para ligar?

– Sí.

– Bueno, tú usa lo que quieras. A mí es que me da pereza, organízalo tú, y consígueme una cita. Si acabo en la cama con él, quitó una bolita.

Después de cenar, recogí los platos y lo limpie todo. Por suerte había lavavajillas. Mientras pensé en lo que habíamos hablado. Me daba morbo la idea, pero al mismo tiempo era un coñazo tener que andar descargando Tinder y tal. Luego hablar con los tíos, darles conversación y quedar podía volverse muy pesado. Entonces recordé que se supone que yo sería la tía y quedar con un tío no era nada complicado. No hacía falta hablar mucho. Seguramente él intentaría sacar un tema de conversación interesante para atraerme, pero en cuanto yo fuera al grano y les dijera de salir a tomar algo, dirían que sí. Luego Noemi ya se encargaría de quedar y conocerlos.  

Vimos un rato la tele y nos fuimos a la cama. Ella seguía hablando con Julio por whatsapp y conforme avanzaba la hora, la conversación se calentaba. Llegó un punto en que el tío estaba hablándole cosas guarras, ya en la cama.

– Me está poniendo cachonda y todo. Ven, cómeme el coño mientras hablo con él. Ponme las bolas chinas y ve despacito. Mete sólo una, para que la otra me roce por fuera.

Obedecí y empecé a lamerla lentamente, movimiento la cabeza para que vibraran las bolas. Ella mientras siguió hablando con Julio, ignorándome. A veces escuchaba un audio que él había mandado diciéndole cosas, otras veces ella le mandaba un audio gimiendo, o alguna foto (me quitaba un momento para no salir y luego seguía). Yo mientras súper cachondo, sin poder tocarme. Ya se me había olvidado lo frustrante que era la jaula. Estuvo allí hablando con él casi dos horas, hasta que ya por fin se despidieron, se corrió por última vez y nos dormimos.

Al día siguiente ya empezó la rutina de clase de nuevo. Era mi último año, tenía sólo que hacer optativas para conseguir todos los créditos, así que iba a ser un curso relativamente tranquilo. Tenía los viernes libres como siempre y el resto de la semana pocas horas cada día. Noemi estaba más liada, tenía todos los días clases de 9 a 2, excepto los viernes que acababa a las 12. Así que yo me hice cargo de la casa, hacía el almuerzo para cuando ella llegaba de clase y me encargaba de limpiar, fregar y lavar la ropa. Noemi ya me había pedido que lo hiciera, y como además tenía tiempo y encontraba cierto placer erótico indescriptible haciéndolo, no puse ninguna pega.

Mi vida sexual había terminado de golpe por completo desde que llegó Noemi al piso. Ella se solía correr unas 3 o 4 veces al día de media, salían muchas bolas verdes, pero había demasiadas. La primera bola azul tardó 1 semana en salir, y fue una paja de 1 minuto, porque no duré más. Vivir con ella me tenía en un estado de excitación continua. Sin embargo me encantaba vivir con ella. Tenía al alcance toda su ropa, también la sucia y podía disfrutar de sus braguitas cuando quisiera. Siempre que hacía la colada, me encanta toquetear su ropa y después doblarla y guardarla. Encontraba hacer las tareas del hogar curiosamente excitantes. También la veía desnuda todas las mañanas al ducharse. Cogimos pronto una rutina. Siempre que llegaba a casa de las clases, le comía el coño antes de almorzar, y también por la noche y por la mañana al despertarnos. Ponía el despertador 10 minutos antes de lo necesario para que nos diera tiempo. En fin de semana solía salir a correr por la mañana antes de que yo me despertara, así que nada más llegar, antes de ducharse venía a la cama y me despertaba poniéndome el coño en la cara. Como ya me comentó, tener que esperar al fin de semana para echar un polvo la exasperaba. Cuando estaba en la residencia siempre llamaba un par de veces entre semana a Marcos para que bajara. No tenía mucho tiempo por las tardes, y debía ser algo rápido, de quedar, follar e irse. Así que a mitad de semana me volvió a recordar lo de que le buscara amantes, que cuando pensaba hacerlo.

– ¿Pero seguro?- le pregunté-. Hay que subir fotos y eso funciona por área geográfica. Vas a encontrarte a mucha gente conocida.

– Eso me da igual. Para algo estamos ocultando lo nuestro ¿no?

– Ya, bueno. Pero necesitaré algunas fotos.

– Sube cualquiera de mi Facebook que salga sola. Pon alguna así provocativa, pero sin pasarte.

Fotos provocativas no tenía apenas y las guarras las borraba siempre después de hacerlas. Así que le hice una para la ocasión, en el balcón, cuando aun había luz. No era guarra, pero sí un poco erótica, enseñando sutilmente. La tomé de lado, ella estaba sentada en el suelo apoyada en la barandilla, llevando una camisa larga y bragas. La camisa la tenía abierta, pero se agarró las piernas entre los brazos para taparse los pechos. Se apreciaba su largo muslo y un poco de las braguitas. La puse en blanco y negro para darle más elegancia y el resultado quedó bastante sensual.

Como no tenía mucho que estudiar en los primeros días, el jueves (mi viernes) me puse a investigar Tinder. Al parecer te obligaba a registrarte con Facebook, y Noemi me dijo que de eso no se fiaba, así que hice un Facebook nuevo sólo para la ocasión, con un correo falso. Puse la información justa que quería que saliera, ya que te copiaba los datos de ahí, como el nombre, la edad (reales, con eso no había problema) la ciudad y que estudiaba en la Universidad. Luego subí 5 fotos que había elegido, la que hicimos el día anterior y otras que cogí de su Facebook auténtico, de las más nuevas de Ibiza. La que hicimos la puse como principal. Luego como descripción no puse nada. Pensé en poner algo así como: “no busco nada serio, sólo un rollo para divertirnos”, pero pensé que sería demasiado descarado y los tíos irían a saco. No quería comerme la cabeza, dejé eso en blanco y terminé el perfil. Después configuré la cuenta, le puse un rango de edad entre 20 y 30 años (tal como me dijo Noemi) y que buscara gente en 2 km a la redonda, para que sólo saliera gente de la ciudad.

Luego ya empezaba la parte mala, ver fotos de tíos y tíos. Lo cierto es que todo aquello, de andar buscándole amante a mi novia me ponía bastante cachondo. Me habría hecho una paja de no ser porque tenía la caja de castidad. Pero el tema de tener que ver fotos de todo tipo de individuos (todo tipo) no me hacía mucha gracia. Los había que mentían claramente en su edad, algunos de una galaxia muy, muy lejana, otros normales, algunos que derrochaban chulería y fantasmeo en cada pixel. Los había guapos, incluso algunos que subían fotos sin camiseta para que se viera que estaban buenos. A esos les daba que sí. Sabía que a Noemi normalmente le gustaban los morenos así altos, y relativamente atléticos, de cara cuadrada. Luego otros que se les veía simpáticos, a los que les daba también que sí, porque pensaba que si tenían tema de conversación y eso habría posibilidades de acabar en la cama. Después a la mayoría le daba que no. Las fotos que había subido eran bastante sexys y estaba seguro que casi todos le darían like y no quería que se me petara el móvil. Únicamente les daba que sí a los que eran especialmente guapos o tenían algún mensaje interesante en la descripción.

Después de media hora ahí liado, cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con Pablo. Me hizo mucha gracia su foto de portada, en un parque con un perro. No sé de quién sería el perro, pero suyo no. Luego ya investigué por internet y comprobé que Pablo había seguido la clásica guía de “Aprende a ligar por Tinder”, donde te recomiendan qué fotos poner. Y efectivamente, te aconsejaban primero salir con un animal de compañía cuco, para enternecer a la otra persona, también una foto así interesante, bien arreglado y quizá en blanco y negro, otra en grupo con amigos para demostrar que tienes vida social, alguna riendo y otra en algún viaje interesante, con algún monumento famoso, para demostrar que viajabas. Pablo las tenía todas, excepto la del monumento, en su lugar había puesto una de la playa. Me hizo mucha gracia, especialmente cuando pensé la cara que iba a poner cuando viera a Noemi allí. Decidí no darle like, así siempre se podría decir que aún no lo había visto. Tampoco me apetecía hablar con él fingiendo ser Noemi, sí quería preguntarle que por qué se había hecho Tinder, que se lo preguntara a ella. Al cabo de una hora ya me harté y lo dejé. Cuando llegó Noemi le comenté todo lo que había hecho, y que vi a Pablo, para que estuviera sobre aviso.

Por la noche empezaron a llegarme notificaciones de Tinder hasta tal punto que tuve que quitarle a la App que me avisara, porque no me dejaba dormir. Un match tras otro, no paraban de llegar y luego también los mensajitos de los diferentes tíos. Cuando decidí levantarme y desayunar me puse a leer. Había de todo. Algunos matchs que luego no te hablaban. Muchos “Hola guapa, ¿qué tal?”. Me agobié un poco, parecía como si todos le hubieran dado like. Miré todas las conversaciones por encima y a algunos fui quitándoles la compatibilidad, ya fuera porque al ver las fotos de nuevo no me convencían, porque no habían hablado o porque habían dicho sólo “hola, qué tal”. Después miré algunos mensajes que eran más largos, los había interesantes. Entre ellos me llamó la atención uno que decía: “Hola Noemi. Mira te seré sincero, me encantan tus fotos, creo que eres súper sensual. Me encantaría verte en persona, ¿te apetece quedar?”. Seguramente fuera un copia y pega, y se lo mandaba a todos los matchs. No perdía tiempo el tío. Se llamaba Roberto. Miré sus fotos de nuevo. Eran muy buenas, tenía de principal una en blanco y negro, con el fondo gris y así en plan interesante, con la camisa abierta y mostrando abdominales. Parecía modelo. Después tenía alguna en la piscina y en su casa, todas sin camiseta. Moreno de ojos azules y musculoso, pero sin estar inflado. Tenía un tatuaje en el hombro, que le llegaba hasta el pecho. Y no se cortaba. Me excité. No por ver al tío, sino pensando que si yo quería, podía hacer que se tirara a Noemi. Si le decía de quedar, seguramente acabaran en la cama. Seguro que a Noemi le gustaba y aunque luego podía ser un cretino y cagarla en persona, tenía un presentimiento de que iba a haber buen feeling. Además me venía muy bien, porque no me apetecía tener una conversación para conocernos y demás. El tío era directo, si le decía de quedar ya no tendría que hablar más con él, ya se encargaría Noemi. Así que estupendo. Le contesté: “No pierdes el tiempo ¿eh?” Con una carita sonriente. A lo que me contestó “No, la vida es demasiado corta. ¿Qué me dices? ¿Te viene bien esta noche?”. Le dije que sí, y luego me pidió el whatsapp. Eso ya lo tenía que hablar con Noemi, así que no le contesté. Seguí mirando otros mensajes, contestando a los más interesantes.

Luego entré en la pantalla de búsqueda para dar unos cuantos likes más. Pero ahora me salía algo nuevo, muchos tíos salían marcados con el súper me gusta. Eso significaba que el tío no le había dado like, sino a otro botón que se llamaba súper like. Se usa para cuando te interesa mucho una persona, hacerle saber que te gusta. Normalmente hay que darle like y ver si sale el match para saber si le gustas a alguien. Pero de esta manera sabías que le gustabas nada más ver su perfil, porque la foto principal salía enmarcada en un cuadrado azul. Sólo podías mandar un número limitado de súper likes al día, después había que pagar para conseguirlos. Entre ellos vi a Juan, otro de mis colegas, que era uno de los que me había dado súper like. También me hizo gracia, no me cabía la menor duda que Juan hablaría con Pablo de ello. La historia de que Noemi era su novia iba a durar 2 telediarios. Sin embargo le di que no, no quería a más amigos follándose a mi novia. Tenía material ya de sobra, así que no di muchos likes ese día.

Cuando volvió Noemi le conté las novedades, y le enseñé las fotos de Roberto.

– Uy que guapo- fue su primera impresión-. Tienes buen gusto ¿eh? Se te da bien esto. Hoy había quedado con Pablo, pero lo cambio para mañana. Dile que sí y dale mi whatsapp también.

Le enseñé la conversación para que supiera de lo que habíamos hablado y no le pillara nada por sorpresa, y ya se encargó ella a partir de entonces. El tío le habló por whatsapp en cuanto tuvo su número para concretar la hora de esa tarde. Saldrían a eso de las 10, después de cenar, para tomar unas copas. Así que después de almorzar, Noemi me dijo de ir de compras. Yo normalmente habría declinado amablemente la oferta, odio ir a comprar, pero ella sabía cómo despertar en mí el interés para realizar incluso las cosas que no me gustaban.

– A ver es que ropa y eso tengo, pero me gustaría buscar algún conjunto interior así picante. Un tanguita y un sujetador nuevos para mi cita. Y si tú me ayudas mejor, así seguro que le gusto más a mi chico.

Qué perra. Sabía cómo aprovecharse de mis gustos, sin duda. Así que nada, a la tarde salimos a comprar. Yo ya desde Vanesa me había prometido no volver a acompañar a una tía de compras. Con mi ex discutía mucho por eso, yo me aburría por ahí, ella se pasaba horas de tienda en tienda y se enfadaba porque yo ponía mala cara etc. Sin embargo con Noemi, como tantas otras cosas, fue muy distinto. A pesar de que aprovechó la ocasión para mirar también un par de tiendas de ropa, y se compró unos vaqueros, no me aburrí. Me dejó entrar con ella a los probadores y mientras miraba me dejaba el móvil para que le cotilleara las conversaciones de whatsapp. Ella me lo contaba casi todo, pero muchas tonterías se le pasaban y no le importaba que le mirara el móvil para enterarme de todo. Ahora que vivíamos juntos era mucho más fácil mantenerse al día, pero aun así siempre había algunos detalles que se me pasaban. Ese día pude estar un buen rato leyendo conversaciones, sobre todo de Eric y Derek, que era lo que más me interesaba, con los que tonteaba de vez en cuando pasándose fotos por el grupo. Con Julio ya había dejado de guarrear, y con Marcos el de la playa solía hablar de vez en cuando, éste diciéndole qué a ver cuando quedaban, que si podía venir a verla etc.

Total, que se me hizo la tarde hasta corta. Después de un par de horas ya fuimos al plato central del día, una tienda de ropa interior en el centro comercial, de las que te excitas sólo viendo el escaparate. Había de todo, corsé, medias, ligueros, conjuntos de ropa interior sexy, y luego también partes separadas. Miró un rato y luego me dio a elegir. Escogí un conjunto rojo, con un tanga en V con bordados y un sujetador sin tirantes que se abría por delante también con bordados. Muy sexy.

– Ay que bien. Seguro que a Roberto le encanta- dijo mientras esperábamos en la caja para pagar.

Luego antes de salir del centro comercial pasamos por una tienda de perfumes y se compró uno que decía ser afrodisiaco. Yo no me creía que esas cosas funcionaran, además que no pensaba que tal como iba a ir vestida Noemi, hiciera falta ningún aliciente más para excitar al tal Roberto, pero Noemi decía que quería estar radiante. Luego volvimos a casa, estuvimos un rato viendo la tele, cenamos pronto y ella se empezó a preparar, conmigo mirando, naturalmente. Se duchó y la ayudé a escoger la ropa. Se puso un vestido con los hombros al aire, y falda de vuelo. Luego se echó su perfume nuevo. No supe decir si era afrodisíaco, pero desde luego olía muy bien, muy dulce. Se maquilló y a menos cuarto me dio un beso y se fue, colocándose la cadena con la llave en el cuello.

Habían quedado en el centro, que está a unos 10 minutos, para tomar algo. Noemi ya me iría informado de cómo iba la cosa, cómo era él y si decidían venir. Así que me quedé en casa viendo la tele, pendiente del móvil. Mis amigos me habían dicho de quedar, pero les dije que no. No sólo iba Pablo sino también Eva, así que para pasarlo mal y estar todo el rato en tensión preferí quedarme en casa. Habría estado bien salir, y quizá coincidir con Noemi y su ligue en algún bar, pero me daba mucha pereza estar huyendo de Eva toda la noche.

Sobre las 10 y pico me dijo que ya estaba con él, que ya me contaría. Estarían todo el rato allí en el centro, entre pubs y luego vendrían directamente a casa si la cosa funcionaba, no irían al piso de él. Yo estuve apretándome el paquete por encima de la jaula continuamente, pendiente del móvil y viendo la tele para pasar el rato. Me arrepentí un poco de no haber salido, no con mi grupo, sino quizás solo, siguiendo a Noemi y viendo qué hacía. Eso me gustaría, pero seguramente me acabaría aburriendo de andar por la ciudad solo.

Me gusta el chico. Está buenísimo. Nos hemos liado ya un par de veces. Ahora vamos a bailar un rato al Ocean.

Eso me lo dijo pasada la medianoche. El Ocean es un bar de copas, que ponen música latina y hay una pista para bailar. Seguramente fueran a rozarse y restregarse. Casi se me antojó vestirme e ir corriendo al Ocean a mirar, pero no merecería la pena. Si era verdad que le gustaba tanto y no lo decía sólo para calentarme, no tardarían en venir a casa. Dudo mucho que Roberto pusiera resistencia.

  Sobre las 2 me envió una foto, que salían enrollándose. A Roberto apenas se le reconocía de las fotos de Tinder, estaba oscuro, se veían las luces así de fiesta y tal, pero se apreciaba cómo se enrollaban. A eso de las 3 me dijo que estaban viniendo. Corriendo apagué todo y me fui a mi cuarto. A lo largo de la noche ya había inspeccionado el cuarto grande para asegurarme que no había nada mío, ni chanclas ni alguna prenda de ropa, pero eché un último vistazo y me quedé a oscuras en el pasillo, esperándolos llegar. En unos minutos se escuchó a gente hablar y algunas risas y la puerta del piso abriéndose. Nada más cerrarse, empecé a escuchar cómo se besaban. Noemi gemía suavemente, e iban dando pasos muy lentos, mientras se quitaban la ropa que se escuchaba caer al suelo. Yo estaba en mi cuarto, con la cabeza asomada al pasillo y justo cuando los vi entrar al salón, me metí dentro y dejé la puerta entrecerrada. No encendieron las luces.

– Dios, que buena que estás- escuché decir a Roberto-. M… Qué bien besas… Joder, donde está la cama.

– Aquí, ven.        

Se les escuchó acercarse, dándose algún que otro golpe con alguna silla, sin parar de besarse, hasta que llegaron al dormitorio, pasaron y cerraron la puerta de un golpe. Yo entonces aproveché para sacar la cabeza de nuevo de mi cueva y escuchar mejor. Estaban liándose contra la puerta, se oían los golpecitos y el roce contra la madera. Yo fui lentamente saliendo al pasillo y acercándome a dormitorio contiguo, con un pie siempre atrás para poder salir corriendo si se abría la puerta de repente.

– Joder, me encanta tu cuerpo- decía el tío-. Estas buenísima.

– ¿Te gusta?

– Sí, me pone muchísimo- ¿quizá estaban hablando de la ropa interior? La tenía ya desnuda.

– ¿Vas a follarme?

– Si, voy a follarte.

– ¿Vas a follarme?

– Si, voy a follarte entera.

– M… pues fóllame, vamos. Quiero que me folles.

– Si ¿eh? Pues ven aquí joder- y se escuchó como se separaban de la puerta y se subían a la cama.

Ahí ya me envalentoné, y apoyé la oreja contra la puerta. Estuvieron un buen rato enrollándose y tocándose, se mezclaban sonidos y gemidos que no era capaz de descifrar. Realmente no sabía si estaban follando o no. Sin embargo llegado un momento pude ya distinguir claramente que lo estaban haciendo, por el sonido de los movimientos. Noemi empezó a gemir más y más fuerte, probablemente corriéndose. Yo tenía la polla tan hinchada que me dolían los huevos de la presión de la jaula. Me moría por masturbarme. También me habría encantado abrir esa puerta y ver lo que estaba pasando.

Estuvieron al menos una hora liados. Es difícil saber qué hacían por los sonidos, pero seguramente habrían cambiado un par de veces de postura, una de ellas el perrito, porque escuché los clásicos tortazos contra el culo. Noemi gemía bastante fuerte, sin parar de pedir a Roberto que le diera más fuerte y que la follara fuerte. A Roberto se le oía menos, sólo murmuraba y no distinguía qué decía. A Noemi en cambio se la escuchaba hasta desde mi cuarto, no hacía falta estar allí en la puerta. Yo encontré una manera de recibir placer, moviendo lentamente la jaula hacia delante y atrás, consiguiendo un pequeño roce, insuficiente para correrme, pero que me gustaba y me calentaba aún más.

Cuando parecía que habían terminado me volví a mi cuarto y cerré la puerta. Me tumbé en la cama y esperé a ver si se escuchaba algo desde allí. Salieron del cuarto y los escuché andar por la casa, ir al baño y luego volvieron a la cama. Se acostaron y hablaron un rato, se escuchaba el tono de la voz, pero era imposible distinguir las palabras, el sonido llegaba demasiado amortiguado. Sin darme cuenta me dormí.

Me desperté a las 6, por una dolorosa erección que hacía que la jaula apretaba mis huevos. Me levanté, fui al servicio y a la cocina a beber agua hasta que se me pasó. De regreso a mi cuarto, no pude evitar acercarme a la puerta del cuarto grande, pero no se escuchaba nada. Lo medité un instante, pero después me atreví. Giré el pomo lentamente y abrí la puerta un poco para asomarme. Ya no olía a sexo, pero si a colonia de tío, Roberto debía de llevar una muy fuerte, porque embriagaba toda la habitación. Por la ventana entraba ya un poco de luz y pude ver el interior. Noemi estaba durmiendo donde siempre, en el lado derecho, apoyada sobre el lateral, mirando hacia la puerta, dormida. El tío estaba abrazándola por detrás, muy pegado, sólo pude verle el brazo, que la rodeaba y agarraba los pechos. Estaban tapados por la sábana. En el suelo pude ver unos pantalones de tío, el vestido que Noemi llevaba la noche anterior y también el sujetador que habíamos comprado. Las bragas no las vi. La escena era tan erótica que se me antojó entrar y quedarme un rato más mirando, pero me daba miedo que se despertaran, así que me fui, volví a la cama y me dormí.

A las 11 me volví a despertar, y me asomé al pasillo a mirar. La puerta que daba al salón estaba cerrada, pero escuché voces del otro lado. Estaban desayunando. Medité un instante sobre si salir a saludar o no. Me daba mucha vergüenza, aunque a la vez me ponía conocer al tío que acababa de tirarse a mi novia. Pero al final la vergüenza pudo y me quedé en mi cuarto encerrado, con el hambre acosándome. Por fin a eso de la 1, Noemi llamó a la puerta.

– ¿Sí?

– Hola- dijo abriendo y entrando-. Ya se ha ido. ¿Por qué no has salido?

– No sé, me daba cosa.

– ¿Y eso? Yo creí que estabas dormido. Estaba haciendo tiempo para presentárselo, pero al final se ha tenido que ir.

– Me daba vergüenza. Qué más da que me vea o no.

– Hombre, pues es de mala educación no saludar al amante de tu novia, ¿no? Yo quería que lo conocieras. Muy feo eso ¿eh? Quiero que trates mejor a los tíos que traigo. Yo esperaba que al levantarnos nos tuvieras listo el desayuno y todo.

-¿En serio?- no sabía si bromeaba o no.

– Claro. Qué menos por satisfacer a tu novia. Hay que tratarlo bien, para que vuelva.

– Sí bueno, supongo. Pero tú ya lo habrás tratado bastante bien ¿no?

– Ui sí, yo lo he cuidado muchísimo. Pero nunca está de más un poco de ayuda- me reí-. Anda vente, ¿no tienes hambre?

– Si- y me levanté. Mientras desayunábamos hablamos. Noemi llevaba una camiseta ancha mía, que usaba como pijama y nada más-. Qué tal anoche.

– Muy bien. ¿Nos escuchaste?

– Claro. ¿Qué hicisteis? Antes de venir y eso

– Nada, fuimos a un pub a tomarnos algo. El tío iba a por todas desde el primer momento, muy cariñoso, tocándome y acercándose y tal. Estudia en la universidad también. Charlamos un poco y luego ya empezó a hablar de temas más interesantes, qué buscaba yo, qué tal mi experiencia en Tinder etc. Y nada, inventé un poco. Luego ya fuimos intimando, le confesé que había comprado un modelito de ropa interior para la noche y estuvo un rato tratando de averiguar qué era, el color y eso. Luego ya fuimos a bailar, me puso muy cachonda rozándose y tal, y no pude aguantar más, así que le dije de venir. Estaba muy caliente, demasiados días sin follar como dios manda.

– Y aquí qué.

– Bueno, fuimos directos al grano. Luego ésta mañana hemos echado otro.

-¿Sí? Yo es que me he despertado a las 11.

– Vaya, pues te lo has perdido. Y anoche qué, ¿se escuchaba bien?

– Sí, es muy morboso. Lo que pasa es que me hubiera gustado poder echar un vistazo. Podrías haberlo hecho en el salón.

– Jaja, eso habría estado bien. Lo que pasa es que me preguntó que con quién vivía, y le dije que con un amigo, y claro, no era plan de hacerlo ahí en medio. Quizá para la próxima.

– Bueno, pues creo que he cumplido ¿no? ¿No tienes algo que hacer?

– Anda, pues sí, es verdad. Has sido muy eficiente- fuimos al cuarto. La cama estaba desecha, y aún olía a la colonia de Roberto. La ropa ya la había recogido y la había puesto en un montón en una silla. Noemi cogió la bolsita de bolas y quitó una verde-. Ya sólo son 29/1. Sigue así cariño- sacó otra, verde por supuesto-. Anda mira. Ven aquí anda.

Le comí el coño hasta que se corrió, y luego se fue a la ducha. Yo mientras ordené el cuarto y le guardé la ropa. El tanga que había usado la noche anterior estaba empapado. Luego vimos un rato la tele y se volvió a arreglar, porque había quedado con Pablo a las 7. Vendría a casa, e irían al grano, Noemi ya no se molestaba en salir por ahí. Probablemente estuvieran toda la noche sin parar.

Pensé si quedarme en el salón para saludar, pero llegué a la conclusión que era mejor irme a mi cuarto hasta que se encerraran en el dormitorio. No porque pensara que Pablo iba a darme la tabarra con vivir allí, delante de Noemi seguro que no se atrevía. Pero pensé que era mejor que no me viera, y los dejara tranquilos, a ver si así me dejaba en paz ya con que me mudara.

Cuando llamó al timbre, besé a Noemi y me fui a mi cuarto. Los escuché hablar un rato, pero al cabo de 10 minutos Noemi vino a avisarme.

– Vente que quiere conocerte.

– ¿A mí? Pero si ya me conoce- Noemi se encogió de hombros. Me levanté y la seguí al salón. Pablo estaba bebiendo una cerveza que le habría Noemi.

– Hombre, ¡mira quién es! Si a este lo conozco yo ya- se me acercó y me dio la mano. Yo no sabía muy bien a qué jugaba. Noemi le había dicho que no conocía a su compañero de piso, así que supondría que yo no le habría dicho nada que sabía que se liaban. Y no quiso que Noemi supiera que habíamos hablado de ella y del piso-. Quería conocer a su compañero de piso, porque voy a estar a menudo por aquí, pero mira quien resulta ser.

– ¿Os conocéis?- preguntó Noemi, aburrida. Le estaba siguiendo el juego.

– Si, salimos juntos y eso a veces. Tú también lo conocías, de una vez que saliste conmigo y con mis amigos.

– Ah, pues no me acordaba.

– Sí, yo no sabía que os veíais – dije para seguir el juego.

– Si, si, pues qué casualidad- Pablo siguió un rato con la tontería, para que quedara claro que Pablo y yo no habíamos hablado de Noemi nunca. Querría ocultar todas las amenazas que me había lanzado para que me fuera. Qué patético. Empezaba a sentir vergüenza ajena.

– Bueno, os dejo en paz, que tengo mucho trabajo.

– Vale tío, venga. A ver si quedamos- quien lo ha visto y quién lo ve. Delante de Noemi era todo un corderito.

Me fui a mi cuarto, pero dejé la puerta abierta, para ver de qué hablaban.

– ¿Y por qué vives con este tío?- dijo Pablo.

– Qué pasa. Viviré con quien yo quiera, ¿no?

– No, ya, ya. Pero que tendrías que vivir con una tía o algo. Así buenorra.

– Ya, claro. ¿Para qué le pudieras tirar los tejos?- preguntó Noemi con sorna.

– Bueno, tú sabes. Los tres juntos nos lo habríamos pasado guay.

– Tienes ganas de un trío ¿eh?

– Jaja, claro.

– Bah, pero qué más da con quien viva. Si tienes ganas de un trío me lo dices y ya está. Yo tengo muchas amigas que se apuntarían.

-¿En- en serio?- pude imaginar la cara de sorpresa de Pablo.

– Claro. Y un cuarteto si quieres también. Si cuando le hable a mis amigas de ti, van a hacer cola.

– Jaja, pues a ver si lo organizas ya ¿no?

– Claro, cuando quieras. Pero luego también habrá que hacer un trio HMH? Contigo y algún amigo tuyo.

– Puf, qué dices, que asco. No, no, con tías sí pero nada de rabos. Además, ¿tú para qué quieres más pollas? Con la mía tienes de sobra, ¿a que sí?

– También es verdad. La he echado un montón de menos.

-¿A mi polla?

– Si… todo el verano. Tengo unas ganas de verla…

– Si, ¿eh? Pues vamos al cuarto, y la saludas – los escuché levantarse del sofá e ir al dormitorio. Yo me escondí y cerré la puerta. Cuando se encerraron volví al pasillo a escuchar.

– Oh si, que grande que es… Ella también me echaba de menos ¿no? mira que contenta que está- y empezó a chupársela, mientras se relamía y Pablo gemía.

– Uf, sí joder. Si, métetela hasta el fondo… Ohhh joder ¡sii!

Ya no salieron del cuarto en toda la noche. Después de chupársela empezaron a follar, Noemi fue más escandalosa que nunca. Se la oía en toda la casa. Gritaba, gemía, arañaba, no dejaba de hablarle a Pablo, pidiéndole más y más. Yo después de dos horas escuchando ya me harté, y me fui a mi cuarto, pero tampoco podía hacer gran cosa, escuchando cada dos por tres algún golpe de la cama contra mi pared, o algún gemido o grito. Y a cualquier sitio que me fuera, no paraba de escuchar los gemidos de Noemi de vez en cuando, sus gritos de gusto y las continuas alabanzas que tanto le gustaban a Pablo.

Me puse a hacer la cena para los 3, tal como me pidió Noemi, aunque no sabía si iban a parar para cenar. Desde la cocina no se les oía al menos. Hice una tortilla de patatas y a eso de las 10, que estaba  yo cenando en la cocina, apareció Pablo. Iba en calzoncillos y se le notaba la polla tiesa. Tenía el pelo revuelto y sudaba.

– Ey, que aproveche- me dijo al entrar-. Necesito una botella de agua, que estamos muertos.

– En el frigo habrá alguna llena- le dije. Abrió el frigorífico, cogió una botella de agua grande y se bebió la mitad del tirón. Estaba muerto.

– Bueno, vuelvo al lío. Ya has visto lo que grita ¿eh?

– Si, algo he oído. La tendrás encantada.

– Puf, no lo sabes tú bien. Al final me va a preparar un trío igualmente, no hacía falta que viviera con una tía. Lo llego a saber antes…

– Qué bien.

– Sí. Pero vamos, que esto va a ser así todos los días, tú sabrás si quieres seguir aquí. No vas a poder estudiar mucho que digamos, jaja- sonreí forzadamente-. Y no hemos hecho nada más que empezar. Si no puedes dormir, te aguantas, yo ya te lo advertí. Bueno, hasta luego.

  Y se fue. No bromeaba, después de cenar me pasé por el pasillo para escuchar, y estaban haciéndolo de nuevo aunque Noemi gemía ya más bajito. Al menos Pablo no me había dado la tabarra con que me fuera. Supongo que también estaría contento de presumir delante de mí.

Al cabo de un rato me llamó Paco, que iban a salir a tomar algo.

– Vente tío, Pablo no está, así que vamos de tranqui. Eva tampoco ha venido- me lo pensé un instante. Sin Eva y Pablo, la cosa mejoraba. Y ante la perspectiva de estar allí toda la noche escuchando a mi novia gemir con otro tío… Corría el riesgo de que me explotaran los huevos, de tanta presión que me estaba haciendo la jaula, así que acepté.

Le envié un mensaje a Noemi por whatsapp, diciéndole que iba a salir un rato, que le había dejado la cena en la cocina. Salimos a un bar a tomar algo. Ana volvía a hablarme, pero bastante seca. Sin embargo me lo pasé bien con todos los demás.

– Pablo nos dijo que había quedado con la tía esa que vive contigo ¿no?- me preguntó Sergio.

– Si, estaba allí en casa cuando salí.

– Le ha dado fuerte por la chica. Según él van en serio.

– Si, súper en serio. Y el fin de semana se lio con otra- se rio Susana.

– Nah, ese es así. Seguro que la tiene engañada.

– Bueno, pero la otra tampoco es una santa ¿eh?- saltó Juan- Eso que dice Pablo de que está loquita por él, para mí que es cuento. El otro día la vi en Tinder, de hecho- noté un pinchazo en el pecho. Me puse colorado-. Con fotos picantes además.

– A mí también me han hablado de ella en la facultad, y es sueltecita- confesó Ana-. Vamos, igual que Pablo. Están hechos el uno para el otro.

– Nah, pero no creo que a Pablo le haga mucha gracia que ella se acueste con otros. Él siempre quiere ser el que más folla.

– Bueno, en cualquier caso dudo que ninguno quiera comprometerse, les va demasiado la fiesta- insistió Ana. No le caía muy bien Noemi por el tono en que hablaba de ella-. Lo de Pablo es puro fantasmeo.

– Y a ti qué, ¿no ha intentado nada contigo?- me preguntó Paco.

– No, sólo somos compañeros de piso.

– Si, además a Álex no le gustan las tías que están cada noche con uno distinto, ¿verdad?- me picó Ana, refiriéndose a lo dije de Eva el finde anterior. Miré a Paco con reproche, porque se le había contado a Ana. Él se hizo el loco y miró a otro lado.

– Si- contesté-. Además, viviendo juntos es un coñazo, acabaríamos peleados y paso.

– Bah, eso es tontería. Yo me la follaba. Lo que pasa es que no me ha dado like, la muy perra- se quejó Juan.

– ¿Te la tirarías, aun sabiendo que se acuesta con Pablo?- saqué el tema a ver que opinaban los demás, por si algún día se hacía público lo mío con Noemi.

– Bah, a mí me la pela, no me habrá quitado tías el cabrón ese. Si estuvieran en serio mira, pero está claro que ahí no hay nada. Eso lo dice él para que nos apartemos y marcar territorio. Eso es que debe ser muy buena y no quiere compartirla…- Juan meditó un instante, luego se dirigió al mi-. Oye podrías presentármela ¿no? Voy un día a tu casa así para estudiar y la conozco.

– Jaja, si claro- idiota, si fui yo el que te dio que no en Tinder, no iba a presentártela en persona.

– Venga cabrón, no seas así. Qué más te da, si tú dices que no quieres nada con ella.

– Bueno, ya veremos.

– Oye, pues ya que estás, nosotros también tenemos que quedar para el proyecto – dijo Sergio, que iba a clase conmigo-. Podemos hacerlo en tu casa mejor que en la biblioteca.

– No, si al final va a ser bueno que vivas con una tía buena.

– A ver, tampoco tengo tanta confianza con ella.

– Eso da igual, tú invítame a tu casa cuando ande por allí que yo hago el resto.

– Venga vale, iros poniendo en cola que os voy apuntando en la agenda- dije de cachondeo.

El resto de la noche transcurrió tranquila, fue divertido estar con todos de nuevo. Ana intentó que saliéramos de nuevo en plan parejas con Eva y Paco, pero le dije que estaba muy ocupado. Noemi me envió un mensaje a medianoche.

Gracias por hacernos la cena, estaba muy rica. Nos hacían falta fuerzas. Y ya que estábamos en la cocina…

Junto a mensaje, una foto donde salía Noemi subida a la encimera de la cocina, y Pablo entre sus piernas, follándosela. Noemi alargaba el brazo, pero apenas se veía la espalda de Pablo, besándole el cuello y la cara de Noemi, que llevaba mi camiseta, la que usaba como pijama.

A eso de las 2 nos recogimos. Le envié un mensaje a Noemi diciéndole que ya volvía, no fuera a estar follando en algún otro lado común, pero no me contestó. Entré en el piso con cuidado, pero no había nadie, estaba todo apagado. Fui a la cocina a beber algo y miré el sitio donde estos dos habían estado follando. Me puse cachondo de inmediato. Habían cenado allí y dejado los platos y vasos en la mesa, sin recoger nada. Ordené las cosas, metí todo en el lavavajillas y fui a la cama. Al entrar al baño, me acerqué al cuarto a escuchar, pero no pude oír nada. ¿Habrían acabado? Sin embargo al tumbarme en la cama, y quedarse toda la casa en silencio, empecé a oír de nuevo movimientos y gemidos. Dios, ¿no iban a parar nunca? Por suerte estaba cansado y me dormí pronto.

Por la mañana me desperté temprano, sobre las 9. Pronto entendí el por qué. Se estaban escuchando unos porrazos en la pared, consecutivos, de la cabecera de la cama de Noemi chocando contra el muro, acompañado de unos gemidos ahogados. No podía creer que aún estuvieran dándole. ¿Habría dormido al menos? Desde ahí se escuchaba todo demasiado amortiguado, así que salí al pasillo, y me puse con la oreja pegada a la puerta, escuchando. Las embestidas cesaron pronto, pero siguieron escuchándose movimientos, besos y demás roces, no supe decir de qué. Entonces de repente, escuché unos pasos y la puerta se abrió. Pablo se encontró de golpe conmigo. Al escuchar los pasos acercándose me dio tiempo a girarme a la izquierda y moverme hacia el salón, así que no me lo encontré de cara; pero casi se choca conmigo al salir.

– Ey- saludé, y seguí mi camino al salón.

– Pero – Pablo miró hacia el interior de la habitación, cerró la puerta y me siguió- ¿Pero qué haces tío?

– ¿Qué? Yo nada por qué- sin mirarlo, seguí mi camino.

– ¿Estabas escuchando?- Pablo me acorraló en la cocina.

-¿Yo? Qué dices. Yo he salido a… a desayunar.

– Si los cojones. Y por el camino te has puesto a escuchar. ¿Qué eres un mirón?

– No sé qué dices- me moría de vergüenza. Intentaba no mirarlo a la cara.

– Madre mía. Qué querías aprender cómo se hace o qué.

– Te he dicho que no estaba escuchando.

– Vaya que no. Que asquito. Como se entere esta de que la espías cuando folla no creo que le haga mucha gracia ¿eh?- me callé, y seguí mirando a otro lado, aguantando el chaparrón-. ¿Al Paco también lo espiabas cuando estaba con Ana?

– No.

– Que cerdo eres.

– Tío, que me dejes. Te he dicho que venía a la cocina, tengo que pasar por delante de vuestro cuarto.

– Pero si estabas parado cuando he abierto la puerta. No inventes- ofú. Intenté ignorarlo, pero insistía-. Lo que me faltaba es que estuvieras espiándome. Seguro que pones cámaras y lo cuelgas en internet para ganar pasta a mi costa.

– Qué dices anda- ojalá pudiera poner cámaras.

– ¿Cuándo te vas a largar de aquí?

– ¿Yo?

– Si tú. No sé cómo tengo que decírtelo ya.

– No creo que pueda ser, no hay nada y tengo mucho lío-

– Bueno tú mismo, como no te vayas le cuento a ésta que la espías follando, y a ver qué dice.

– Haz lo que quieras, yo no espío.

– Si ¿eh? Eso ya lo veremos.

Cogió una botella de agua y se fue por fin. Vaya marrón. Qué pillada. Allí en la residencia la gente no salía del cuarto así como así porque era un pasillo público. Pero aquí, Pablo podía salir desnudo cuando le diera la gana, como pedro por su casa. ¿Me habría visto Noemi? No pude ver dónde estaba ella, cuando oí los pasos me giré y me largué, pero estaba claro que Pablo me había visto al abrir la puerta allí parado todavía. Qué vergüenza. ¿Se lo contaría a Noemi? Eso en realidad no me importaba mucho, a ver qué se inventaba Noemi para salvarme el culo…

Estuve un rato en la cocina temblando. Se me había pasado el hambre, así que decidí volver a mi cuarto. Me asomé antes por el pasillo para asegurarme que no había nadie, y luego corrí y me encerré en mi habitación. Allí estuve un buen rato, con ganas de mear pero no me atrevía a salir. Por fin sobre las 11 escuché ruidos y la puerta de entrada cerrándose. Me asomé al pasillo y vi a Noemi volviendo de la entrada.

– Que te han pillado con las manos en la masa ¿eh golfillo?- dijo riéndose. Yo sabía que no le iba a importar, pero me puse colorado igualmente. Venía con mi camiseta pijama.

– ¿Te lo ha contado?

– Si, lo primero que ha hecho al volver. Le he quitado importancia, le he dicho que en un piso así chico es normal cruzarse y tal. Ha insistido, pero le he cortado y se ha callado. Así que no te preocupes.

– No sé yo. Este es capaz de irlo contando por ahí. Qué vergüenza.

– Si es que tú también…

– Yo qué sé, por los ruidos no sabía qué estaba pasando. Ha salido muy rápido.

– Si te parece ponemos una mirilla en la puerta, pero mirando desde fuera hacia dentro- nos reímos.

– Pues no estaría mal, porque qué putada. ¿No puedes avisar cuando alguien vaya a salir? Así con una tos o algo.

– Puf y yo que sé si estás ahí. Como no ponga un cerrojo en la puerta, y así cuando vaya a salir tenga que abrirlo primero. Y te de unos segundos de tiempo.

– Sí, eso podría funcionar.

-¿Pero llevas ahí toda la noche?

– Qué va. Cuando volví me acosté y hasta esta mañana que me levante a ver qué pasaba, y me pilló. ¿No habéis parado?

– Casi nada. Dormimos un par de horas, pero me despertó para seguir. Antes cuando te pilló ya acabamos de echar el último.

– Madre mía.

– Estoy muerta, de verdad. Y luego he quedado con Jorge, dios… Menos mal que ese sólo me folla el culo.

-¿Con Pablo no lo has hecho por detrás?

– No, hoy no. Voy a quedar ahora con Jorge y lo habría notado.

– Bueno, pues ve a desayunar y te acuestas-

Le preparé unas tostadas,

– Jorge me ha mandado una tarea, antes de encontrarnos. ¿Me ayudas?- dijo mientras comía unas tostadas que le había preparado y miraba el móvil.

– Si, dime- terminó de comer y fuimos al cuarto.

– Coge de la maleta un plug. El mediano- rebusqué debajo de la cama, y saqué de la bolsa el plug que me pedía-. Quiere que me lo meta para ir preparando el culo. Y lo tenga dentro hasta que él llegue. ¿Me lo metes tú?

No hizo falta que me lo pidiera dos veces, claro. Se puso a cuatro patas, en pompa, y yo sentado en el borde de la cama, a su lado. Me encantaba su culo. Aunque nunca le había metido nada dentro, sólo chupado. Le lamí bien y luego lamí el plug, y empecé a empujarlo dentro.

– ¿Te duele?- me sentía súper torpe.

– No, no. Empuja- yo seguí empujando hasta que de repente entró de golpe tragándoselo entero- ¡Ay!- Noemi pegó un pequeño brinco.

– ¿Te duele?

– Un poquito, pero está bien- se agarró las nalgas y las movió un poco en círculos, hasta que el plug entró entero y el tope se quedó pegado al ano-. Ya está- se volvió a tumbar en la cama, y se arropó-. A momí- no me pidió ni una comida de coño.

Yo me puse a ordenar el cuarto. Recogí todos los condones, la ropa del suelo etc. Para cuando acabé ya estaba dormida. Estuvo durmiendo hasta las 7 de la tarde. Por suerte con Jorge no estaba tanto tiempo, él la usaba para su placer y luego ya la dejaba en paz. Iba a ser un fin de semana completito. Comió algo, se duchó y se arregló para salir a buscar a Jorge, con el que había quedado en la parada del metro más cercana.

Habíamos hablado sobre si conocerlo o no. Noemi quería presentármelo, aunque yo era un poco reacio, no quería que me recordara del sex-shop. Pero Noemi me convenció, dijo que tarde o temprano me acabaría viendo por casa y que además él conocía de la tienda a miles de personas, no iba a acordarse de mí. Los carnets de socio por suerte no llevaban foto. Por tanto me quedé en el salón viendo la tele hasta que llegaron. Unos 20 minutos tardaron en volver, escuché unas risas en la puerta, y la llave entrando en la cerradura.

– Pasa anda. Ahí está la cocina.

– Guau. Es bastante chulo, mucho mejor que la residencia desde luego. Hay mucho más espacio para todo…- entraron en el salón.

– Ah mira, este es Álex, mi compañero de piso.

– Ey Álex, encantado- vino rápido hacia mí a darme la mano. Llevaba una mochila en el hombro. Yo me levanté del sofá para estrechársela-. Soy Jorge.

– Encantado.

– Oye ¿nos conocemos?- casi me meo encima de los nervios-. Me suenas un montón.

– Eh…- miré a Noemi de reojo, que se contenía la risa-. No que yo sepa. ¿Vas a la Uni?

– No, pero aun así me suenas. ¿Has estado en el sex-shop Deseo y placer?

– ¿Cómo?- me hice el loco.

– Jorge trabaja en un sex-shop que se llama así. En el centro, cerca de la plaza mayor. ¿Te suena?

– Pues no, no he estado nunca.

– ¿No? ¿Y a cuál vas? ¿Al de Richard? El mío es mucho mejor.

– No, no, sólo que no he ido nunca a un sitio de esos.

– ¡Ah vale!, que tú eres un chico vainilla ¿no? Pues no sé cómo te juntas con Noemi. Ésta es socia vitalicia de mi sex-shop.

– ¿Ah sí?- pregunté haciéndome el tonto.

– Bueno, bueno, tampoco es eso. He ido un par de veces.

– Jaja ya. Si sigo abierto es gracias a ti- y además sería cierto.

– Bueno dejemos el tema.

– Nah, el caso, que deberías pasarte- me dio una tarjeta-. Hoy día estos sitios están bien vistos, no te de vergüenza. ¿Tienes novia?

– No.

– Bueno, pues para un lío. Ya te digo, hoy día cada vez más a las tías les gusta el rollo picante. Unas esposas, vibradores. Aunque te digan que no, luego tú se lo enseñas y la vuelves loca.

– ¿Tú crees?

– Creo no, lo sé, y de hace tiempo ya. Hazme caso, hoy día hay que tener siempre algunas cosillas en casa. Es mejor tener y no necesitar que necesitar y no tener. Que luego te traes una a casa que quiere que le des caña, y no tienes ni algo para atarla.

– Ala, tú también.

– Que si hombre. Mira tú pásate, ya me conoces, te enseño unas cuantas cosas y seguro que algo te gusta. Te haces socio y te sale todo tirado. Además, si eres amigo de Noemi, te hago descuento. Y si no te gustan los juguetes organizó igualmente eventos, fiestas y vienen tías. Puedes venirte con amigos y-

– Bueno Jorge, déjalo ya, que no hemos venido a hacer propaganda.

– Mujer, sólo estoy conociendo a tu amigo. Bueno Álex, mucho gusto- me dio la mano de nuevo-. Te dejo ya en paz. Espero verte por allí pronto o volveré.

– Venga anda, a lo mejor voy- como fuera, iba a tener que hacerme socio de nuevo.

– Bueno, éste es el salón como has visto ya, que no es muy grande pero bueno, tiene la cocina aparte que siempre está bien…- Noemi siguió enseñándole el piso y charlando con él. Luego le enseñó el baño y fueron a su cuarto, donde cerraron la puerta.

Yo me quedé en el salón, sin atreverme a ir a escuchar, por si aún no habían terminado el tour. Pero pasado ya un rato apagué la tele e hice que me iba a mi cuarto. Justo al pasar me detuve, dispuesto a salir corriendo hacia el mío si escuchaba pasos, pero no fue necesario. No iban a salir. Estaban follando. Se escuchaba el roce de cuerpos y algún gemido ahogado. Pegue bien el oído a la puerta, cuando de repente se escuchó un golpe fuerte. Un latigazo y un grito de Noemi. No estaban follando, la estaba azotando. ¿Con un cinturón? Quizá un látigo que había traído en la mochila de su sex-shop. Agucé el oído después del segundo y pude oír a Noemi contando.

– Dos- un segundo después otro, ¡zas!- ¡Ah…! tres.

¿Dónde le estaría dando? ¿En el culo? ¿La espalda? Me moría por verla. ¿La tendría atada? No dejaba de pensar que si quisiera, podría estar allí mirando. Noemi ya me había dicho muchas veces que seguro que a Jorge le gustaría tenerme como espectador. ¿Pero qué me haría a mí? No creo que me dejara simplemente estar allí mirando, seguro que quería atarme a mí también o humillarme. Me haría mirar cómo se la chupaba y cómo se la follaba. La pondría a cuatro patas en la cama, mirando hacia mí y se la metería por detrás.

Me estaban entrando calores, no podía estarme quieto. De fondo no dejaban de sonar los latigazos y Noemi contando: “Once…” “¡Ay! Doce”. No pude aguantarme más, me bajé los pantalones y empecé a moverla, del modo que había aprendido para recibir un poco de gusto. Estaba tan hinchada que se salía por las rajitas de la jaula. Con unos pequeños movimientos, conseguía sentir un gran placer, aunque me dolieran los huevos.

Noemi siguió contando hasta 20. Después pararon. No sé qué más hicieron, no era capaz de adivinarlo por los ruidos. Estaban todo el rato hablando, pero en voz muy baja, y no podía distinguir las palabras. De vez en cuando  escuchaba un “Si, amo” o un “Puta” o “Zorra”, pero sin contexto. También oí a Noemi atragantarse y toser, seguramente de una mamada profunda que le estaba haciendo. La vez del Skype estuvo muy bien porque podía verlo, pero estar allí escuchando tan cerca no dejaba de tener un morbo muy grande también. Ojalá pudieran ser las dos cosas juntas… Realmente había una manera, y estaba allí justo al alcance. ¿Llamaba y preguntaba? No, eso sería demasiada sorpresa. Me moría por pajearme a gusto y correrme. Aunque si le pidiera a Jorge que me dejara mirar, probablemente no me dejaría quitarme la jaula, ni masturbarme, me haría mirarlo todo atado e impotente. ¿Me haría chupársela, para que se la lubricara antes de follarse a Noemi? Dios, estaba a 40º y a punto de explotar. Demasiado tiempo en castidad. Sabía que estaba demasiado cachondo porque estaba pensando en chupar la polla a otro tío, e incluso me apetecía. Necesitaba correrme pero ya.

Después de un rato chupándosela, empezaron a oírse las embestidas y a Noemi gimiendo con fuerza. Jorge como siempre le pedía que apretase con todas sus fuerzas. Noemi suplicaba que la tocara, pero él no hizo caso. Ojalá pudiera estar allí dentro mirando la postura en la que estaban, cómo se la metía, la cara de Noemi de placer… Entonces lo noté. Esa sensación de no retorno, de que se aproxima el orgasmo. Con mucho cuidado seguí haciendo los mismos pequeños movimientos de forma constante para no desconcentrarme, sin parar… hasta que me corrí. Y me corrí mucho. No llegó muy lejos porque la jaula me hacía tener el prepucio cerrado, pero empecé a chorrear semen que cayó al suelo.

Seguí moviéndola hasta que exprimí todo el placer posible y empecé a sentir el dolor de los huevos aplastados. Entonces fue cuando desperté de mi trance. ¿Me había corrido con la jaula puesta? ¿Cómo era posible? ¿No se suponía que era para evitar eso? Me miré a mí mismo y me sentí avergonzado y ridículo, con eso puesto, delante de la puerta del dormitorio donde un tío se estaba follando a mi novia. Y toda la corrida por el suelo, podían salir en cualquier momento y encontrarme allí así. ¡Qué ridículo! Me vestí rápido, no me importo manchar la ropa interior. Fui al baño a por papel y recogí todo el semen del suelo rápidamente. Luego me encerré en el baño y me limpié como pude, a través de las rendijas de la jaula. Me quedé un instante sentado en el váter, pensando en todo lo que había pasado y lo que estaba sucediendo. ¿Realmente había pensado en chuparle la polla a Jorge? Estaba como una puta cabra. No podía estar sin correrme de nuevo tanto tiempo. Necesitaba conseguirle más citas a Noemi por Tinder y bajar el número de bolas verdes de la bolsa urgentemente.

Llegó un grito ahogado de Noemi. Volví en mí. Después de dejar el baño limpio salí, me aseguré que estaba limpio también el suelo y me metí en mi cuarto. Aun estuvieron un buen rato, así que me volví a excitar. No tanto como antes, pero si lo suficiente para salir al pasillo a escuchar. No me atrevía a estar todo el rato frente a la puerta, no fuera a pasar lo mismo que con Pablo. Si se escuchaba demasiada quietud volvía a mi cuarto. Y me asomaba al cabo del rato, si se escuchaban ruidos de sexo volvía, si no, me quedaba encerrado. Así estuve hora y pico, hasta que en una de esas, Jorge salió del cuarto y fue al baño. Yo había dejado la puerta entrecerrada, con una ranura por si tenía que mirar, así que cuando salió del baño y vio que había luz en mi cuarto, llamó a la puerta.

– ¿Sí?- dije asustado. ¿Qué coño quería? ¿Había dejado algún resto en el pasillo y lo había visto?

– Ey Álex- dijo asomando la cabeza-. Nada, que me voy ya. Un placer, ¿eh? Nos vemos.

– Ah sí, vale- respiré aliviado-. Claro, mucho gusto. Ya te visitaré.

– Sí, no me falles ¿eh? Vente con Noemi un día. Hasta pronto.

Y se fue. Qué buena gente ¿no? Demasiado buena gente. Me olía algo sospechoso. Cuando me cercioré que se había marchado, fui al cuarto de Noemi, que tenía la puerta cerrada. Al entrar, me llegó el característico color a sexo. Noemi estaba en la cama tumbada, desnuda y jadeando. La cama estaba muy deshecha, pero aparte de eso, no había muchas más muestras de lo que había ocurrido. No había condones, Jorge no usaba.

– Ay, mi cornudito- me saludó-. Qué tal.

– Bien, éste se acaba de ir. Ha ido a mi cuarto y todo a despedirse.

– Sí, es así, hace muy buenas migas con todo el mundo. Sobre todo con gente joven que son clientes potenciales.

– ¿Y qué habéis hecho? No se ha oído mucho.

– Ya, es que le dicho que no hiciera mucho ruido, que tú y yo apenas nos conocíamos y me daba vergüenza. Es que ha empezado a preguntarme desde el principio que cómo es que vivía con un tío, que si era mi novio, que si nos enrollábamos y tal.

– ¿Y qué le has dicho?

– Nada, que sólo éramos amigos, que apenas hablábamos y eso. Le ha decepcionado un poco, creo que le habría encantado que estuviéramos enrollados, más aún que fuéramos novios.

– ¿Por qué?

– Le va ese rollo, liarse con gente casada y con pareja.

– ¿Sí?

– Sí. Yo ya sabía algo, pero ahora me ha estado contando más. Al parecer se acuesta con varias tías que tienen novio, pero que les va ese rollo. Vamos, como tú y yo. Y los tiene como sumisos a los dos. Con otra se acuesta con la tía, aunque el novio no sabe nada y tiene también más sumisas por ahí, a las que obliga a acostarse con quien él ordena, a veces desconocidos, amigos o cosas así.

– Que bestia ¿no?

– No me extraña viniendo de él. No sabía que lo hacía con tanta gente, no sé de dónde saca el tiempo, si se pasa el día en el sex-shop. Pero vamos, a mí me parece bien, mientras todos quieran.

– Ya, ya.

– Lo que me parece mal es la que dice que se tira, que tiene un novio que no sabe nada. Eso no me parece bien, pero bueno, ella sabrá, no es culpa de Jorge. Pobrecilla su pareja.

-¿Y te ha contado todo eso así de golpe?

– Sí, yo creo que para sonsacarme información, ya te digo. Por si tú eras realmente mi novio y me daba cosa contárselo, para que viera que él tiene experiencia con esas cosas, y que confiara en él. Y yo en plan, si yo te lo contaba encantada cariño, pero no es a mí a quien tienes que convencer. Se ha pasado casi todo el tiempo hablando, follar hemos follado poco.

– ¿Que habéis hecho?

– Pues poco. Normalmente lo recibo siempre desnuda, en pompa en mi cuarto bien abierta de piernas o como él me pida. Hoy como estabas tú aquí pues he tenido que estar vestida. Pero luego en el cuarto me he desnudado corriendo y le he enseñado el plug, para que viera que he cumplido.

– ¿Por qué te ha azotado?

– ¿Lo has oído?- se puso roja-. Pues nada, una cosa de él. Que dice que ha pasado mucho tiempo sin verme y que tengo que llamarlo más a menudo. Yo creo que porque le apetecía y ya está. Luego me ha puesto a los pies de la cama, apoyada en el borde, y me ha atado las manos al reposa cabezas, y las piernas a las patas, para que no pudiera moverme. Y entonces me ha follado el culo hasta correrse. ¿Quieres verlo?

Se puso en pompa y me enseñó el culo. Lo tenía un poco abierto y rojo. Sin pensarlo empecé a chupárselo mientras la masturbaba. No paré hasta que se corrió. Luego nos tumbamos y seguimos charlando, hasta que nos entró hambre y nos pusimos a cenar.

– Estuve tentada de pedirle que se fuera, y me dejara allí atada. ¿Te habría gustado encontrarme así? ¿Atada y recién follada?

– Si, bastante.

– Habría estado bien. Pero claro, habría sido sospechoso- no paraba de pensar en lo que había pasado, y decidí contarle la verdad.

– Pues yo he estado escuchando todo el rato y… me he corrido.

– ¿Que te has corrido? ¿Cómo?

– Pues, estaba ahí escuchando, así meneándomela un poco, como hago siempre. Me da gustillo. Pero esta vez estaba tan cachondo, que con ese pequeño movimiento me he corrido.

– ¿¿En serio??

– Si, no sé cómo puede ser. Pero te lo digo, estaba tan a punto de explotar que no podía más, y con un pequeño roce… Terminé.

– ¿Y te ha gustado?

– Muchísimo. Me dolía al mismo tiempo, pero me daba igual, estaba demasiado cachondo. Luego al terminar me he sentido mal, me sentía ridículo y me dolían mucho los huevos.

– ¿Ridículo por qué? No seas tonto anda- me apretó la mano con fuerza-. Pues no sabía yo que pudieras correrte así. Creí que te dolía cuando estabas mucho rato empalmado.

– Si, al cabo de un rato termia doliendo, pero ya te digo, ha sido un minuto lo que he necesitado.

– Sí que estabas mal.

– Sí, imaginarte ahí con Jorge ha sido demasiado.

– ¿No te habría gustado entrar?- me sentí tentado a contarle todas las fantasías que había tenido. Pero era demasiado, me daba vergüenza. ¿Chupársela a Jorge? Ni loco.

– Sí. Estaba tan cachondo que me habría encantado contarle todo a Jorge para poder entrar y mirar. Pero sólo por la calentura. Luego al terminar me arrepentí. Creo que sería un error decidirlo así en caliente. No estoy listo aun para eso.

– Bueno, no pasa nada. No hay ninguna prisa.

– ¿Me vas a castigar? ¿Por hacerlo sin permiso?

– No, tonto. Tampoco quiero matarte. Está claro que debías estar muy cachondo para poder correrte con eso puesto. Simplemente voy a quitarte la bola azul de la bolsita. Una pena, ya quedaban sólo 5 verdes. Podrías haber tenido una paja totalmente satisfactoria. Pero no. La próxima vez piensa en ello…

Noemi me dejó la llave un momento, para poder limpiarme bien y luego se la devolví. Nos acostamos temprano ese día, había sido un fin de semana largo.

– Estas sábanas huelen a tío- me quejé, cuando nos metimos en la cama y nos arropamos.

– Jaja, te iba a decir lo mismo- Noemi aspiró fuertemente-. Sí, sobre todo el cubre colchón. Es que ha sido un fin de semana movidito. Huele más a Roberto, y también Pablo que usa mucho Axe.

– Habrá que cambiarlas ya.

– ¿Qué dices? Ni se te ocurra. Me encanta este olor a macho- la miré incrédulo-. ¿No te pone? ¿Todos los tíos que me han follado aquí?

– Si, por eso mismo. Me cuesta dormir, pensando en todo eso. Y con la polla así pues…

– Ay pobrecito. Vente aquí conmigo anda.

Nos abrazamos y nos dormimos en seguida.

La semana imprevisiblemente fue muy buena para mí, porque a Noemi le vino la regla y no pudo quedar con nadie. Ella ya sabía que le iba a venir, pero yo no llevaba la cuenta. Tendría que apuntar esas cosas. Aguantó un par de días, pero ante la perspectiva de pasarse toda la semana y además también el finde sin nada, decidió darme una tregua con el asunto de la castidad. Follamos como una pareja normal todos los días, en la ducha normalmente, pero también en la cama al acostarnos, poniendo una toalla intentando no manchar demasiado. Al principio me corría enseguida, pero luego en los siguientes polvos pude aguantar más, cuando no tenía todo el calentón encima. A la siguiente semana ya se me acabó el chollo y volvimos a la normalidad, Noemi quedó con otro tío que le busqué en Tinder, con el que también se acostó.

También quedó otro día con Pablo, con el que se pasó horas follando como de costumbre. Después de la pillada del otro día yo ya no me atrevía a salir de mi cuarto, escuchaba un poco al principio cuando sabía seguro que estaban haciéndolo, pero con medio cuerpo metido en mi habitación. Ese día, después de terminar, que escuché a Pablo volver del baño, me asomé al pasillo para ver si iban a echar otro o se iba ya, y los escuché hablar. Empezaron a hablar de cosas banales, de la universidad, de cuándo iban a quedar de nuevo y entonces Pablo le preguntó por el Tinder. La había visto.

 – Por cierto, te vi el otro día en Tinder. Me sorprendió encontrarte, no sabía que usabas- lo dijo con cierto tono recriminatorio.

– Sí.

– No me has dado like ¿no?

– Jaja, ¿para qué voy a darte like? Si ya tienes mi whatsapp y quedamos y todo.

– Ya bueno, pero no sé- como Noemi no decía nada más, Pablo insistió-. ¿Y cómo es que te lo has hecho?

– ¿Qué pasa? Tú también tienes ¿no? No veo el problema.

– Ya, ya. Pero no sé, me extraña que tengas.

– Mira Pablo. Antes de que vayas por ahí, te digo las cosas claras. Nosotros nos liamos y eso y nos lo pasamos bien. Pero yo no quiero nada serio contigo y no vamos a estar juntos como una pareja nunca, ¿vale? Me gusta mucho acostarme contigo, y lo seguiremos haciendo siempre que tú quieras, pero eso es todo. No voy a tener exclusividad contigo, ni quiero que tú la tengas conmigo.

 – Eh… sí claro- vaya zasca le había dado. Me reía por dentro, mientras apoyaba la oreja con fuerza en la puerta. Me daba igual que me pillara, la escena merecía la pena. Con Noemi no era tan gallito.

 – Si te parece bien eso, estupendo. Si tienes algún problema, o no te gusta la situación estás en tu derecho, pero creo que tendríamos que dejar de vernos.

 – No, no, si a mí me parece bien. Estamos bien así. Sólo que me sorprendió verte, nada más. No te estaba recriminando ni nada.

 – Bueno, pero por si acaso quería dejar las cosas claras, para evitar luego confusiones.

Luego se quedaron en silencio, así que rápidamente volví a mi cuarto. Poco después Pablo se fue. Cerré la puerta porque seguramente estaba de mala leche, y si me veía, querría desahogarse y no me apetecía. Cuando escuché que se despidieron, fui a por Noemi a la entrada.

– Lo has dejado callado ¿eh?

– ¿Cómo?

– Por lo del Tinder.

– Ah, sí bueno- entramos de vuelta al cuarto, para nuestra rutina de guarreo post infidelidades-. Le consiento mucho, pero eso ya era demasiado. Me lo decía en plan mal ¿sabes? Así como “pues no me parece bien que tengas Tinder”. Qué me dices, si me estás confesando ahora mismo que tú también tienes. ¿Quieres tener tú y que yo no? Por favor.

– Tiene mucha jeta.

– Si ya. Pero paso, no quiero pensar más en él. Ven aquí y haz lo que tienes que hacer.

De este modo acabó septiembre y empezó octubre. Sorprendentemente no habíamos tenido ningún problema de convivencia, salvo alguna discusión por qué ver en la tele, o que serie seguir. Nada importante. Llevábamos ya un mes viviendo juntos y la cosa marchaba muy bien. Había pasado volando. Tan volando, que me olvidé por completo de mis amigos, sobre todo de Paco. Me había invitado todos los fines de semana a salir con ellos, pero casi siempre le decía que no. Unas veces porque estaba Eva, otras porque prefería estar con Noemi y no podía llevarla con el grupo, y otras porque ella había ligado y prefería quedarme en casa a espiar. A mediados de mes me llamó Paco, para quejarse.

– Sigues vivo o qué. Piensas venir a verme algún día o vas a pasar eternamente de mí- fue entonces cuando me di cuenta del tiempo que llevaba sin hablar con él. Para mí el mes había pasado muy rápido, demasiadas cosas nuevas, demasiado excitantes como para pensar en otra cosa. Ni sabía cómo le iba la convivencia con Ana. Vale que no saliera en grupo, pero no tenía motivos para no quedar con él, ir a verlo a nuestro antiguo piso y charlar.

– Ya tío, lo siento. Si no voy a verte es por Ana, que empieza a darme la tabarra con Eva, me mira con esos ojos asesinos que-

– No me cuentes tonterías, Ana dice algo al principio pero luego se calla. Venga ya, tú te vienes y ya está, le diré que paré con el tema y punto. ¿No vamos a vernos por eso nunca más? O si no voy yo a verte a ti, que ni siquiera me has enseñado el nuevo piso.

– No, no, si tienes razón. He estado despistado. ¿Te apetece quedar mañana después de clase, y damos una vuelta?

Al día siguiente nos vimos en el campus, y estuvimos tomando algo en un bar de allí, charlando y poniéndonos al día. A él también le iba bien con Ana afortunadamente, era un poco pesada con el orden, cosa que conmigo nunca tenía que preocuparse, pero follar casi todos los días le compensaba.

– Y a ti qué tal te va con, Noemi era ¿no?- me preguntó Paco.

– Bien, es simpática. No nos vemos mucho, tú sabes, yo estoy todo el rato en mi cuarto pero es limpia, ordenada y no molesta, así que muy bien.

– Bueno, eso de que no molesta… Cuando Pablo está allí harán bastante ruido ¿no?- me quedé un instante pensando. ¿Y eso a qué venía? Era verdad, sí, ¿pero Paco qué sabía? Sabía que Pablo y ella quedaban, pero Noemi podía ser silenciosa. Algo le habría contado Pablo.

– Pues no, la verdad es que no hacen ruido. Las paredes son gordas y tal. ¿Por qué lo dices?

– Nada, Pablo el otro día nos estuvo calentando la oreja.

– Con qué.

– Está muy pesado últimamente la verdad. Cada día lo trago menos.

– Pero qué dice.

– Dice que él está allí en vuestro piso continuamente follando, que lo hacen durante horas y que la hace gritar un montón.

– ¿En serio?- Era verdad que Noemi estaba gritando últimamente más de la cuenta, pero para calentarme a mí, no porque Pablo fuera mejor de lo habitual.

– Si, además está hablando mal de ti todo el rato. Dice que te pilló una vez espiando detrás de la puerta, que debes de ser un voyeur y no sé qué.

– ¿Que qué?- el muy cabrón se había chivado. Me puse rojo, pero más por rabia que por vergüenza. Me ardía la sangre.

– Sí, hace un par de semanas que vino el grupo a cenar a mi piso. También dice que tú nunca llevas a nadie, que eso es un piso de folladores, que no pintas nada, que no sabe qué haces allí y blablablá, así todo el rato. Estuvo comiéndole la cabeza a la gente. Éstos pasan, tú sabes, no les interesa mucho el asunto, pero va a seguir dando por culo con el tema.

– ¿Y tú no dijiste nada?

– A ver, yo es que no sé nada. No me cuentas nada, apenas hablamos, qué quieres que diga. No sé si es verdad.

– Claro que no es verdad. Si él ha venido dos veces contadas desde que me mudé. Y no hace ruido ninguno. Y yo qué coño voy a espiar. Es todo mentira. Además, yo he estado charlando con Noemi un poco, y Pablo no es tan bueno como él dice.

– ¿Sí?- preguntó Paco interesado por el cotilleo. No era verdad, pero tenía los cojones tan hinchados que si me callaba me explotaban, así que preferí mentir y desahogarme.

– Sí. También me ha dicho Noemi que Pablo dura muy poco y lo hace fatal. Ella nunca acaba- toma cabrón.

– Jaja, eso estaba claro. Si yo ya lo sabía, lo que pasa es que, ¿te acuerdas aquel día que trajo a Noemi con él a la fiesta? Era el primer ligue así que nos hablaba de cómo era él en la cama, y como lo puso por las nubes pues me descolocó totalmente -todos los tíos del grupo estábamos siempre un poco celosos con Pablo. Siempre contaba historias de proezas sexuales y como ligaba tanto, estaba asumido por el ideario colectivo que era bueno en la cama. Y claro, recibir la jugosa noticia de que en verdad no era tan bueno era un soplo de aire fresco, especialmente para Paco, que ya había tenido algún cabreo porque Ana le había confesado que ante tanta palabrería, tenía mucha curiosidad por catar a Pablo. Todas las tías asumían (sin saberlo realmente) que Pablo era mejor que sus novios en la cama. Y claro, desde que Noemi fue a confirmárselo la cosa calaría aún más.

– Sí, me acuerdo de aquel día. Yo le pregunté también, y me dijo que Pablo le pidió que lo dijera, para quedar bien con los amigos. Y como no os conocía de nada, pues no le importó mentir y hacerle el favor.

– Tío, lo sabía, ¡es que lo sabía!. Será cabrón el muy hijo de puta. Y Ana siempre, “uy es que Pablo esto, es que Pablo lo otro”- se le notaba el resquemor al pobre-. Y si es tan malo en la cama, ¿por qué Noemi sale con él? Por su encanto no será.

– A ver, te lo he dicho, no salen ni nada. Si ésta ya ha traído a otros tíos a casa. Que eso que la tiene loquita, que ella le es fiel y todo eso es pura patraña- Paco bebía mis palabras como agua fresca después de haber pasado un día al sol. Se le veía en la cara como anotaba cada sílaba en la memoria para recordar la escena el resto de su vida. Estaba claro que la actitud de Pablo le había afectado bastante, y era una espina que tenía clavada desde hacía tiempo y que por fin podía quitarse-. Cuando la conocí para el contrato la agregué al Facebook y eso. Bueno pues este verano ha estado en Ibiza con amigas y se ha hartado de follar con todo dios. Si ya ni se acordaría de Pablo este curso, lo que pasa es que él va detrás de ella a piñón. Pero no te creas nada, si piensas que Pablo se acuesta con muchas tías, Noemi se acuesta por lo menos con 4 veces más tíos. Con Pablo queda una vez al mes, no más.

– Qué cabrón- Paco seguía negando con la cabeza, asimilando las palabras-. Qué cabrón. Pero tío ¿por qué no nos has contado esto antes? La última vez que quedamos salió el tema y todo.

– Ya, pero yo paso de malos rollos y de meterme en la vida de la gente. Él allá con lo que se inventa, mi trabajo no es ir desvelando las mentiras de los demás. Pero claro, si se va a poner a criticarme pues no me lo callo.

– Illo pues tienes que venir un día cuando estemos todos y contar todo eso. Pero ya.

– Qué dices, no voy a chismorrear. Te lo cuento a ti porque me importa lo que pienses, pero el resto me da igual, ellos sabrán qué creen.

– A ver, ellos porque Pablo les ha comido la cabeza mucho tiempo, y aun así no se creen la mitad de lo que cuenta. Ya te digo, si dices todo eso al grupo, hundes por completo el mito de Pablo en la universidad entera.

– Nah, si nadie me iba a creer.

– Qué sí. Si no dile a Noemi que venga. Te la traes un día con el grupo y que lo cuente todo. Puf, tío la cara que pondrá Pablo va a ser legendaria.

– Jaja, no tío, yo paso de broncas. Si quieres contarlo tú adelante, no me importa. Es todo 100 % cierto, te lo prometo. Pero a mí no me metas en jaleos.

– Bueno, pues a Ana se lo voy a contar pero ya. La muy perra está siempre tocándome las narices con Pablo. Cada vez que discutimos o algo, me pincha con él. Y al grupo si no quieres no, pero si Ana te pregunta, confírmaselo ¿eh? En serio, como amigo te lo pido.

– Vale, a Ana si quieres se lo cuento.

Paco se fue frotándose las manos con gozo. Le había alegrado el día sin duda. En realidad no tenía ni idea que las historias de Pablo le hubieran afectado tanto, no sabía que Ana le pinchaba tanto con eso. Pues se le iba a acabar el chollo ya. Aunque había un pequeño problema con toda la historia: que era mentira. Era verdad que lo había estado espiando, y sí que era bueno en la cama. Cualquier otra tía con la que se hubiera acostado lo confirmaría. Pero hasta la fecha, sólo un ligue le había durado más de un día, y había hablado con el grupo: Noemi. Y Noemí diría lo que yo quisiera, así que quedaba la palabra de Pablo defendida únicamente por él mismo. Tenía que contarle a Noemi lo que había pasado inmediatamente. Estaba seguro de que eso trascendería pronto. Paco se lo contaría a Ana, ésta a todas sus amigas, la primera a Eva, para asegurarse de que su hermana perdía por completo el interés en Pablo. Tarde o temprano el rumor llegaría a oídos de Pablo. Y no le iba a hacer gracia. Criticarlo a sus espaldas era fácil, pero en cuanto se enterara vendría a intentar partirme la cara por haber contado todas esas cosas (que él sabía perfectamente que eran falsas), y tendría que plantarle cara de una vez.

Cuando llegué a casa le conté todo lo sucedido a Noemi. Que había contado que me pilló espiando e iba criticándome por ahí, y lo que tenía que decir de Pablo si alguien le preguntaba.

– Álex te estás metiendo en un berenjenal… Tendría que dejar de verlo y ya está, tendría que haber dejado de quedar con él hace tiempo, ya te lo dije. Esto sólo puede ir a peor.

– Si no pasa nada, es sólo para callarlo un poco, que se lo tiene muy creído. Tú actúa como siempre y ya está, sólo te lo cuento para que lo sepas y no te pille por sorpresa. Por si Paco viene un día y pregunta.

-¿Y si me pregunta Pablo?

– A Pablo si estáis solos dile lo que quieras.

– Joder, pero no puedo decirle a él una cosa y luego a los amigos otra. Yo soy la que se acuesta con él ¿vale? Tampoco quiero malos rollos.

– Si no va a hacer falta, nadie va a preguntar, es sólo por si acaso. Me tocó las narices y no pude callarme. Es un aviso, si sigue así, lo mandas al carajo y ya está.

– No sé Álex, no me está gustando esto. Yo diré lo que quieras, pero Pablo se acuesta con más tías. No creo que eso se mantenga mucho tiempo. Además, sólo estás complicando las cosas. Porque ahora si se terminan enterando de que tú y yo estamos juntos, va a parecer que como somos novios intentamos hacerle quedar mal aposta. Tendría que haberle dejado antes, cuando lo peor que podría haber dicho es que le quitaste el ligue. Pero ahora, diciendo cosas malas a sus espaldas…

– Ay Noemi no me marees. Es él el que va diciendo cosas maloas de mi – en verdad no había dicho nada que fuera mentira, y yo si-. En cualquier caso, si sigue así, dejáis de veros y ya unos meses después se le ha olvidado todo a todo el mundo. Nosotros no tenemos por qué contar lo nuestro, si lo hacemos pues que sea cuando haya pasado el jaleo. No hay que hacer mayor drama.

Sin embargo sí que hubo más drama. Ese fin de semana, Noemi quedó con uno de Tinder otra vez y yo no salí, porque me apetecía ayudarla a arreglarse, y estar pendiente de la cita y de si se lo traía a casa. Esa vez habíamos planeado que lo haría en el salón y  podría mirar desde la puerta del pasillo. Paco me llamó para salir con el grupo otra vez, pero de nuevo le dije que no. Sin embargo lo de Noemi no salió bien, no le gustó nada el tío y no hubo suerte. Volvió a casa después de la cena, guarreamos un poco y nos acostamos. A la mañana siguiente me despertó el móvil. Noemi no estaba, había ido a correr. Era Paco.

– Ey tío, que pasa. Qué tal anoche.

– Pues de eso quería hablarte. Un poco para avisarte. Digamos que se lio un poco la cosa- puf. Anda que había tardado.

– A ver, qué pasa- me levanté, me coloqué bien la jaula, me vestí y empecé a prepararme el desayuno mientras Paco relataba al otro lado del auricular.

– Pues verás, la cosa bien de entrada. Sólo se lo conté a Ana, y nos estuvimos riendo, todo muy bien, así que dije mira, paso. Que Pablo invente lo que quiera, tú tenías razón, Ana es la única que me importa lo que piense. Pero luego fuimos a un pub todos, y allí ya Pablo al cabo de un par de horas empezó a relatar de nuevo sobre ti. Al principio me callé, pero llegó un punto que no quise aguantar más, porque se estaba pasando. Que si eras un plasta, que le dabas asco porque estabas con la oreja en la puerta, que creía que querías aprender a follar de un maestro, porque a ti ya se te habría olvidado cómo se hacía y tal. Y entonces ya salté, le dije que te dejara en paz de una vez y dejara de contar cuentos. Y bueno ahí empezó el asunto, me dijo que era todo verdad, que no mentía, y le salté: “ya claro, tan verdad como lo de que eres bueno en la cama ¿no?”.

– Puf. ¿Y qué dijo?

– Se quedó pillado, porque sabría que lo había calado. Y salta, “eso a qué viene”. Le dije que dejara de inventar, que la gente habla y la verdad siempre termina saliendo. Me dice: “sí, la gente habla y vosotros mismos conocisteis a Noemi y ella habló”. Pero le digo: “claro, a petición tuya dice muchas cosas, pero luego cuando tú no estás dice algo muy diferente. Y antes que sólo la veíamos cuando tú querías perfecto, pero ahora que Álex vive con ella y son amigos, le cuenta las cosas como son en realidad. Quizá por eso estás tan cabreado de que Álex viva con ella, te da miedo de que la gente se entere de que no eres tan bueno como presumes”.

– Tío, te dije que no me metieras…

– Ya joder, pero qué iba a hacer, ¿mi palabra contra la de él? Tenía que defender mis argumentos y la única que puede afirmar eso es Noemi. Total, que los demás empezaron un poco con el cachondeito, abucheando y eso, riéndose, diciendo cosas como “ay que te han pillado, bandido” o “si ya sabía yo que perro ladrador…”. Nos reímos, parecía que todo iba a acabar bien de cachondeo y eso, pero Pablo se pilló un rebote brutal. Empezó a decir que qué ibas diciendo tú por ahí de él, envidioso, picha floja y otra gran variedad ingeniosa y original de insultos. Ahí se delató él solo, tan cabreado que estaba se notó que era verdad lo que yo decía. Si no, ¿para qué tantas ganas de negarlo?

– Claro. “Excusatio non petita, accusatio manifesta”- yo ahí echando más leña al fuego. No podía evitar sino sentir un enorme placer sabiendo que Pablo había quedado en ridículo por una vez.

– Exacto. Y luego Juan: “bah seguro que hasta la tienes pequeña” y Pablo casi se saca la churra allí en mitad del bar para demostrar que la tenía grande.

– Jaja, ¿en serio? Menuda escena.

– Muy triste todo. Era exagerado lo mucho que repetía “os juro que es verdad, que Álex miente, que Noemi está encantada conmigo, que ya veréis, la traigo un día y tal”. Que si fuera verdad que es tan bueno, le daría igual lo que pensaran los demás. Se delató él solo y se daría cuenta, porque al cabo de un rato que seguíamos riéndonos de él cogió y se largó. Luego hablamos un poco de si nos habíamos pasado. Estamos intentando encontrarlo para pedirle perdón, pero aun nadie sabe nada de él. Así que para que lo sepas, no te extrañe que quiera hablar contigo. En el grupo de whatsapp no contesta, si te habla avísame.

– Vale, no te preocupes- teníamos un grupo de whatsapp todos, pero yo lo tenía silenciado y las notificaciones quitadas, así que no me enteraba casi nunca de lo que ocurría. Siempre estaban hablando de tonterías, pasándose fotos chorras y demás-. Gracias por avisar.

Colgué y seguí con mi café. Si mi versión de los hechos era floja incluso apoyada por Noemi, ahora era mucho más sólida, gracias a Pablo. Intentando demostrar una cosa, había dejado clara la contraria. No sabía por qué se empeñaba tanto en demostrar lo bueno que era en la cama. Si sabía que todo era mentira, ¿qué más le daba? Le importaban demasiado las apariencias y lo que pensaran. Estaba claro que el lunes en la facultad me iba a buscar y me echaría la bronca. Tendría que preparar algunas ideas que decirle. Quizá intentar calmarlo, y hacer un trato. Que él me dejase en paz con lo de vivir con Noemi y lo de que le espiaba y yo me retractaría de mi versión. Aunque en realidad era él quien tenía razón, yo efectivamente me pasaba el día con la oreja en la puerta, pero no me daba la gana que la gente se enterara. Tenía las de perder contra mí. Seguro que aceptaba que-. El timbré sonó de repente. Me extrañé, Noemi solía llevar llave. Me puse una camiseta, me ajusté bien la jaula para que no se notara el bulto y fui a abrir. Era Pablo. Con ojeras y una cara de mala ostia tremenda. Parecía que no iba tener que esperar al lunes después de todo.

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