ECONOMISTA

17

Los lunes después de haber quedado con Víctor se hacían duros, se mezclaba un poco el cansancio y el bajón típico por la tensión acumulada previamente. En este último encuentro Claudia había quedado muy satisfecha en lo sexual, pero no estaba contenta consigo misma, no le gustaba el fallo que había tenido al dejarse penetrar sin protección y estaba dispuesta a ponerle remedio cuanto antes. Pidió cita con el médico y me dijo que iba a empezar a tomar la píldora anticonceptiva, más que nada para que no volviera a pasar lo del sábado por la noche, en principio la intención nuestra era que siguieran usando el preservativo, por supuesto, aunque tomando Claudia la píldora iba a estar más segura por si volvía a suceder otro error.

Yo por mi parte estaba como en una nube. En la fábrica tenía una sonrisa de oreja a oreja, se estaba cumpliendo mi fantasía de que Claudia follara con otro y se puede decir que era un cornudo feliz. Todo estaba saliendo perfecto, teníamos un corneador más o menos seguro, discreto, de una ciudad distinta y con el que podíamos quedar cada cierto tiempo y luego seguir con nuestra vida como si nada pasara. Que quedáramos con Víctor no estaba afectando para nada en lo cotidiano, al menos de momento y Claudia y yo seguíamos teniendo la misma relación entre nosotros, con las niñas y hacíamos las mismas cosas que antes.

Cuando me quedaba solo en la oficina, me ponía los auriculares para escuchar los audios que había grabado de Víctor y mi mujer, me parecía tremendo como gemía Claudia y el ritmo al que follaban, cada vez que me ponía esos audios terminaba con un buen calentón. Víctor le había dado más placer a Claudia en dos días que yo en 15 años de matrimonio y estaba consiguiendo hacer con ella lo que yo ni hubiera soñado poder hacer, ya había convencido a Claudia de que se la chupara y no solo eso, se la follaba por la boca brutalmente y le azotaba el culo como le venía en gana, además le recitaba todo tipo de insultos a los que ella no solo protestaba, sino que cuando los recibía parecía que se excitaba más.

Después de comer Claudia me comentó que iba a empezar a quedar algunas tardes con Don Pedro, para que le fuera poniendo un poco al día en el tema de la dirección del instituto, no iban a ser muchas tardes, una vez o dos al mes y que incluso intentaría reunirse con él alguna mañana si tenía horas libres para no tener que quedar por la tarde.

Por la tarde-noche quedó para jugar un partido de pádel con su amiga Mariola y cuando llegó a casa yo había acostado ya a las niñas. Se le hizo algo tarde por lo que supuse que se había estado poniendo al día con su amiga. No sé si ella estaba al corriente de lo que estábamos haciendo con Víctor, supongo que Claudia no le habría dicho nada a su amiga, ya que para ella la discreción era lo más primordial. Tranquilamente después de cenar vimos un capítulo de una serie y nos acostamos.

Cuando estábamos en la cama Claudia me dijo que iba a quedar al día siguiente con Don Pedro un rato por la tarde.

– Ten cuidado con el viejo, que a solas es un peligro, jajajaja, dije en broma.

Claudia me miró con una medio sonrisa mientras leía en la Tablet unos artículos en inglés de un periódico extranjero.

– Tranquilo, le tengo controlado…aunque a veces tiene la mano un poco larga, me dijo sin levantar la vista de lo que estaba leyendo.

– ¡¿Como dices?!, ¿te toca el viejo?, eso no me lo habías contado…

– No hay nada que contar, ya sabes cómo son estas personas mayores, a veces se les va un poco la mano y te la ponen en la pierna o en la espalda, pero vamos, ya te vale, ¿después de lo del sábado con Víctor te vas a poner ahora celoso por eso?, jajajajaja.

– No, no es eso, pero sabes que me daba morbo lo de Don Pedro que es tu director y bueno…no me importaría fantasear con…

– ¿También te da morbo que me meta mano un viejo?, me dijo Claudia que esta vez parecía más seria.

– No, bueno si…no sé, no sé qué decir, la verdad es que me da morbo que te quedes a solas con él en su despacho, alguna vez si quieres podríamos jugar con eso…por supuesto no quiero que te haga nada, solo sería una fantasía y hablar de ello…si te parece bien.

– Buenas noches, dijo mi mujer dándome un beso, dejando la Tablet en la mesilla y apagando la luz para dar por zanjado el tema.

Al día siguiente después de comer Claudia empezó a prepararse para su cita con el director, habían quedado pronto, a las 16:30 en el instituto. Subí a la habitación y Claudia estaba mirando en su armario dudando que se iba a poner.

– ¿No sabes que elegir?, dije yo.

– Pues la verdad es que no, no sé qué falda, si ésta o ésta, dijo cogiendo dos que no llevaba normalmente al instituto.

– ¿No son un poco cortas?

– Claro, para que a Don Pedro se le vaya la vista a mis piernas.

– ¿Lo dices en serio?, dije emocionado ante la posibilidad de que a Claudia le empezara a entusiasmar la idea también de fantasear o jugar con el viejo.

– Creo que me voy a poner esta, tampoco quiero ir muy exagerada el primer día, dijo cogiendo una falda oscura a medio muslo.

Se puso unas botas altas y una camisa blanca para acompañar y me dijo que no iba a tardar mucho.

– Luego si quieres hablamos de que tal te ha ido…

– Vale, para, que ya te estás emocionando con el tema, dijo poniéndose el bolso y cogiendo una pequeña carpeta.

La verdad es que Claudia me dejaba a veces desconcertado, no sabía muy bien si quería fantasear o no con lo del viejo, si yo no decía nada ella me soltaba una frase como lo de la falda que podía interpretar que ella estaba dispuesta, pero si era yo el que insinuaba algo enseguida Claudia me cortaba y me decía que me estaba poniendo pesado. Como ya la conocía bien sabía que lo mejor era no insistir y dejar que pasara lo que tuviera que pasar. Claudia no me había sacado el tema de Don Pedro por casualidad.

Podían ser muy interesantes para nuestras fantasías las reuniones que iba a tener con el director hasta final de año.

Llegó Claudia puntual a su cita. El instituto estaba vacío y tuvo que abrir con llave la puerta, había elegido aquella tarde porque sabía que no había nadie, ni tan siquiera el de mantenimiento. En la puerta justo se encontró con el director y al pasar dentro se quedaron pensando.

– ¿Que hacemos, cerramos con llave?, dijo Claudia.

– Si, casi mejor, no hay nadie en el instituto, no sea que se cuele alguien…

Fueron andando hasta el despacho del director y entraron dentro. Claudia pensó que ahora quizás estaban demasiado solos y la llave del instituto echada, no había riesgo de que les pillaran haciendo nada, pero en esas circunstancias quizás el viejo se envalentonara y podía ser más peligroso. Por de pronto se sentó al otro lado de la mesa para guardar un poco las distancias.

– Bueno, pues no sé ni por dónde empezar, dijo Don Pedro, supongo que luego tú te organizarás a tu manera.

Estuvieron hablando un poco del tema de profesores, horarios, los expedientes académicos, administración y temas económicos, todo así muy por encima para una primera toma de contacto. Luego Don Pedro encendió su ordenador de sobremesa que por supuesto Claudia iba a ser lo primero que cambiaría por un moderno portátil ultrabook cuando estuviera en su puesto.

– No hace falta que lo encienda, para ser la primera reunión ya tengo muchos datos.

– Nada era solo para enseñarte como me organizo aquí y el programa que utilizo…

Claudia fue andando hasta el otro lado de la mesa y se quedó de pies al lado del viejo, luego se inclinó sobre la mesa para ver más de cerca la pantalla.

– Pero siéntate no te quedes de pies, dijo Don Pedro.

– No se preocupe, aquí estoy bien, dijo Claudia rozándole al viejo por primera vez con un pecho en el hombro.

El efecto fue inmediato, Don Pedro comenzó a tartamudear un poco mientras hablaba y unas gotas de sudor le perlaron la frente. Incluso parecía que le temblaba la mano al manejar el ratón, Claudia divertida se incorporó un poco para luego volver a la carga y ahora apoyar sus dos pesadas tetas sobre la espalda del viejo.

Ella también empezó a ponerse cachonda.

– ¿Hace un poco de calor, ¿no?, dijo Claudia viendo que Don Pedro empezaba a sudar.

– Si, la verdad es que si…mira en esta carpeta guardo…y aquí los documentos de…

– Si, entiendo, dijo bajando una mano para ponerla sobre la pierna de él.

Don Pedro se vio atrapado bajo Claudia, casi no podía moverse y de repente tenía mucho calor. Sentía perfectamente los dos pechos de ella en su espalda y hombros y le había puesto la mano en el muslo, pero muy arriba, peligrosamente cerca de su entrepierna. Lo malo es que él no podía tocarla en esa posición porque Claudia de pies estaba detrás de él y parecería muy forzado.

– ¿De verdad no te quieres sentar Claudia?, no te quedes ahí…

– Nada, si ya por hoy creo que es suficiente, ¿no?, dijo incorporándose.

– Si, si, como quieras…

– Tengo muchas notas cogidas, me iré haciendo poco a poco mi chuleta, dijo Claudia pasando al otro lado de la mesa y escribiendo algo en la Tablet.

Se quedó de pies en frente y al agacharse al escribir le enseñó un poco el escote a Don Pedro, los ojos se le abrieron como platos al ver las dos tetas que acababa de tener presionándole en la espalda. Claudia levantó la cabeza y le pilló con la mirada fija en el canalillo. El viejo retiró la vista rápidamente, pero se dio cuenta de que le habían cazado. Sin embargo, lo que más le inquietó fue la mirada que puso ella. No supo muy bien cómo definirla, una medio sonrisa como el que ha conseguido su objetivo o le había tendido una trampa y él había caído en ella.

Claudia estaba jugando con él, no había duda. Pero no podía lanzarse a lo loco, tenía que dejarla a ella que marcara los tiempos. Luego se quedó mirando su culazo cuando se dio la vuelta hacia el perchero para coger la cazadora. Estaba jodidamente buena su jefa de estudios y volvía a estar excitado como hacía muchos años que no recordaba.

Aquella tarde Claudia le provocó otra erección bajo sus pantalones.

Claudia se subió al coche y antes de volver a casa decidió irse un rato de tiendas en los que se compró unas botas a media altura y un conjunto sexy de lencería. Estaba extrañamente excitada y necesitaba masturbarse, no podía dejar de pensar en la enorme polla de Víctor llenándola por completo, haciendo que se corriera, tampoco podía olvidar el sonido de los azotes en su culo, como la insultaba y sobre todo como se la metió en la boca, eso le había puesto muy cerda. En el estado en que se encontraba también tenía mucho que ver la reunión con Don Pedro, le gustaba provocarle e incluso mostrarse para él y luego sorprenderle mientras le miraba el escote.

Cuando volvió a montarse en el coche se frotó los muslos intentado apaciguar el calor que emanaba de su coño, tenía unas ganas locas de meterse la mano bajo la falda y masturbarse, pero decidió esperarse a la noche y disfrutar con su marido. Antes puso el manos libres y llamó a Víctor por teléfono en el trayecto a casa. Le apetecía mucho hablar con él.

Acostamos a las niñas y antes de cenar mientras estábamos sentados en el sofá del salón pregunté a Claudia por su reunión con Don Pedro.

– No ha estado mal, solo me ha mirado un poco las tetas.

– Si, ya.

– Me he inclinado así sobre la mesa y le he pillado mirándome el escote.

– Mira Claudia, no bromees con estas cosas…

– ¿Tú ves que me ría?, dijo mi mujer acercándose a mí y poniéndome una pierna sobre el regazo.

– Ya sabes que no me importaría, que te mire lo que quiera…

– ¿Eso te pone?, ¿qué me mire un viejo?

– Si, me pone todo Claudia, no sé qué me pasa, desde el sábado que te escuché como te follaban estoy excitado a todas horas…

– Ya lo veo, ya, dijo apretándome con la mano sobre el paquete.

– Claudia…mmmmmmmmmmmmmmmm…

– Tendremos que cenar, ¿no?, dijo ella con voz sensual.

Estaba claro que mi mujer no tenía ninguna intención de cenar, yo le había confesado que desde el sábado que la había escuchado con Víctor estaba en permanente estado de calentón y aunque ella no lo había dicho seguro que estaba igual que yo. Me acordé de hace meses cuando saqué un día este tema de Don Pedro, la reacción de Claudia, como se enfadó cuando la propuse fantasear con el viejo, aunque luego terminara haciéndolo, pero esta vez no, estaba vez fue ella la que había sacado el tema de quedar con él dándome pie a que la preguntara. Ya no sabía si lo que me contaba era real o lo sacaba de su imaginación, aunque a mí me daba igual.

– ¿Y llevabas mucho escote en el despacho de Don Pedro?

– Me desabroché un par de botones de la camisa y me incliné para que mirara, me quedé un rato sobre la mesa…

– ¿Y le pillaste mirándote?

– Si, sabía que lo estaba haciendo.

– Joder Claudia, me pone mucho esto.

– ¿Vas a correrte en los pantalones?, dijo apretándomela muy suave.

– Mmmmmmmmmmmmmmmm, no lo dudes, tú también estas excitada, ¿verdad?, ¿te pone cachonda que te vea el viejo?

– Shhhhhhhhhhhhhhhhiiii, me pone mucho, dijo en un sensual susurro que me erizó la piel.

– ¿Quieres enseñarle las tetas como a Toni?

– ¿Quieres que lo haga?

– Si, por favor, enséñaselas al viejo, quiero que te vea bien las tetas…

– ¡Que cornudo eres!, te encantaría que el director me viera estas, dijo apretándose los pechos por encima del pijama.

– Me volvería loco.

– Estoy pensando cómo hacerlo, tengo que ser sutil, ¡voy a hacer que el viejo le vea las tetas a tu mujercita!

– Bufffffffffff…

– No te corras todavía cornudo…estoy muy mojada, dijo tumbándose en el sofá mientras se empezaba a quitar la parte de abajo del pijama.

– Espera Claudia, quiero enseñarte una cosa, dije levantándome y cogiendo el móvil de la mesa.

– Pero, ¿qué haces?, deja el móvil ahora.

Claudia estaba desnuda de cintura para abajo y se había abierto ligeramente de piernas, apoyó los codos en el sofá y se inclinó ligeramente, el coño la brillaba completamente empapado y me miraba entre sorprendida y enfadada mientras yo manipulaba el móvil.

– ¿Quieres dejar eso y venir aquí?, quiero que me la metas…

Justo en ese momento llegué a la carpeta donde guardaba los audios, me senté en el sofá y le di al play, había grabado unos 4 de un minuto o así cada uno. Subí el volumen y aunque la calidad del sonido no era muy buena enseguida se escuchó un gemido de Claudia.

– ¡¿Qué es eso?!

– Lo grabé el otro día desde fuera cuando estabas follando con Víctor, eres tú, dije subiendo el volumen al máximo.

Claudia no dijo nada, solo se quedó desconcertada escuchando lo que sonaba en el móvil, con la mirada perdida como si estuviera muy concentrada. Cuando terminó le pregunté si quería escuchar otro audio.

– En este se oye como te corres, no sé si era la segunda o la tercera vez.

Ahora los gemidos de Claudia eran inconfundibles.

Ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh me corroooooooooo…ahhhhhhhhhhhhh diosssssssssssssssssss, me corrooooooooooo, siiiiiiiiiiiiiiiiiii”

– Vamos deja eso, cómemelo, estoy muy caliente, dijo Claudia acariciándose ella misma el coño.

– ¿Quieres que lo apague?

– No, déjalo, me da igual…

Me agaché y le di un tremendo lametazo a su depilado pubis. En unos segundos ya tenía la cara embadurnada con sus jugos de lo mojada que estaba. Con las manos le abrí la rajita y solté varios lengüetazos más mientras en el móvil se escuchaban los gemidos de Claudia.

– ¡Cómemelo, cómemelo, cornudo!, dijo Claudia apretándome la cabeza contra su cuerpo.

Fue mordisquear, lamer y por última succionar su clítoris y en unos segundos conseguí hacerla llegar al orgasmo. Me incorporé sobre ella mientras seguía abierta de piernas y me saqué la polla del pantalón.

– ¿Quieres que te la meta?

– No, acabo de correrme, si quieres me pongo como siempre y te tocas…

– Da igual, quédate así, me pone mucho verte tan abierta, no voy a durar mucho, me he puesto muy cerdo con lo del viejo y escuchando los audios de Víctor, dije empezando a meneármela.

– Ya hablaremos de eso…

– No te enfades Claudia, solo lo hice para enseñártelos…

– ¿Vas a terminar?

– Si, me voy a correr encima de ti…

Claudia se quedó pensativa unos segundos y luego echándose la camiseta hacia arriba mostrándome el ombligo me dijo.

– Vale, pero no me manches el pijama…

De rodillas sobre ella seguí pajeándome con la polla media dura, Claudia apenas me miraba, como si la cosa no fuera con ella. A mí me encantaba tenerla así en esa posición, abierta de piernas, mostrándome el coño abierto y depilado lo que para cualquier otro hubiera sido un ofrecimiento a metérsela, pero a mí no me dejaba hacerlo. Solo podía pensar que Víctor si se la había follado y se lo había llenado de polla y ahora mi pequeña verga le debía de parecer ridícula en comparación. Aceleré el ritmo dispuesto a eyacular sobre mi mujer.

– ¿Vas a correrte ya?, pero si no está dura, no vas a durar ni 20 segundos, jajajaja, dijo Claudia provocándome de nuevo.

– ¡Cállate, voy a correrme encima de ti, puta!, contesté furioso y machacándomela más deprisa.

No sé ni como me atreví a insultarla, supongo que fue porque estaba a punto de terminar, pero Claudia lejos de enfadarse se le escapó una medio sonrisa y tuvo que girar la cabeza tapándose la boca para que no la viera.

– Vamos cornudito, no te enfades, dijo como si le hablara a un niño pequeño mientras me acariciaba con el pie por debajo de los huevos.

– ¡No te muevas y sigue abierta, joder, voy a correrme!, dije retirando su pie para que se volviera a abrir de piernas.

El orgasmo fue inminente y comencé a eyacular sobre su rajita, en una corrida abundante, pero que salía sin apenas potencia cayendo hacia abajo. La llené el coño de semen caliente y Claudia ronroneó cuando sintió cuando descargaba sobre ella.

– Mmmmmmmmmmmmm, muy bien cornudito, dijo ella empezando a acariciarse el coño como si fuera a empezar a masturbarse otra vez.

Parecía que los dos nos habíamos quedado a gusto y cuando me levanté para coger algo con lo que limpiar a Claudia me dijo.

– Ehhh, ¿dónde vas?

– Voy a…

– Con la lengua…

– ¿Como dices?

– Que quiero que me limpies con la lengua, te he dejado que te me corras encima, pero como buen cornudo ahora me vas tener que lamer y dejar bien limpita…

Claudia no parecía estar satisfecha con nada y ahora me pedía que la comiera de nuevo el coño, pero esta vez tal y como estaba embadurnada con mis fluidos. Ni lo dudé, pero no se lo comí como me pedía, se lo devoré dejándola el coño y el pubis reluciente en apenas unos segundos. Después con la boca llena de mi propio semen seguí chupando hasta que hice que se corriera de nuevo.

Fue una sesión de sexo fantástica.

Luego nos subimos a la habitación y cuando estábamos en la cama Claudia me dijo que había estado hablando con Víctor por la tarde.

– ¿Ya estáis quedando otra vez?, te vuelve loca ese tío, no hace ni dos días que te ha follado y ya estás deseando volver a estar con él…

– No, no se trata de eso, ehhhh…bueno si, hemos estado hablando un poco, le he comentado que quieres estar delante en nuestros encuentros.

– ¿Y qué te ha dicho?

– Dice que lo ve normal y que no tiene ningún problema, pero antes me ha hecho una petición…

– ¿Una petición?, ¿qué quiere?, quiere follarte sin preservativo otra vez, ¿verdad?, dije en un tono en el que le mostraba a Claudia que no me gustaba el cariz que estaba tomando el asunto.

Entonces mi mujer me soltó la bomba que se había estado guardando durante dos días.

– No, no es eso, es solo que dice que antes de que nos veas, bueno de que estés delante en nuestros encuentros…ehhhh…ehhhhhh, dudó Claudia sin saber cómo decirme aquello, – Que dice Víctor…

– Vamos Claudia que me estás poniendo muy nervioso, ¿de qué se trata?

– Que antes de eso Víctor quiere que pasemos un fin de semana a solas, él y yo en Madrid, me ha invitado para que me quede en su casa a dormir… ¿te parece bien?…

18

No pude decirle que no. La verdad es que la idea de que Claudia pasara el fin de semana entero follando con Víctor me excitaba un montón. No era algo que fuera en contra de lo que habíamos pensado Claudia y yo de que estuviera delante en los encuentros, solo lo veía como un paso más para llegar a ese fin. Además, no entendía que fuera una exigencia de Víctor, solo hizo una propuesta y nosotros la aceptamos. Otra cosa bien distinta hubiera sido que lo hubiera impuesto como condición a seguir viéndonos, entonces sí que le hubiéramos dicho que no.

Y luego estaba Claudia, era evidente que le apetecía verse con él a solas, seguro que no podía dejar de pensar en follar con Víctor y le pasaba un poco como a mí, estaba extremadamente cachonda todo el rato. Yo me ponía en privado los audios que grabé una y otra vez y siempre terminaba con la polla dura. Qué manera de gemir por parte de mi mujercita.

Al final concretaron el encuentro para mediados de febrero. Iban a celebrar su San Valentín particular.

También continuamos el juego con el director del instituto Don Pedro, yo medio en broma le dije a Claudia que la dejaba ir a Madrid sola con Víctor con la condición de que cuando volviera a reunirse con el viejo yo elegiría la ropa. De hecho, tenía una mini falda negra que Claudia se ponía cuando era más joven, pero hacía años que no la usaba. En mi condición debajo de la falda tendría que llevar unas medias hasta el muslo y luego unas ligas. La falda era tan corta que casi no tenía ni que sentarse para se le vieran las ligas en sus piernas, eso sí, cuando lo hiciera iba a ser escandaloso. Una auténtica provocación. Para mi sorpresa Claudia no solo no puso ninguna pega, sino que además me dijo.

– Tu sabrás si quieres que vaya así vestida, pero al viejo se le va a ir la mano.

Todavía quedaba una semana para el viaje de Claudia y aquella noche de viernes me dejó solo para irse a cenar con su amiga Mariola. Me dijo que no iban a salir, tan solo era una cena informal en casa de su amiga para ponerse un poco al día, por lo que tampoco se arregló mucho. Una vez acostadas las niñas nos despedimos con un cariñoso beso.

– No vengo muy tarde…

– ¿Te espero levantado?

– No, tranquilo, acuéstate, mañana lo mismo se despiertan pronto las niñas…

Ya se estaban terminando la primera botella de vino. Como siempre la cena que había preparado Mariola estaba deliciosa y quedaba lo mejor, una estupenda tarta de chocolate que solo hacía en ocasiones especiales. Las dos amigas estaban de pies recogiendo los platos y Mariola sacó el postre del frigorífico.

– Cocinas de maravilla y ahora esa tarta, por dios, menuda pinta tiene…

– Ya sé que engorda mucho, pero un día es un día, ¿no?, además nos lo merecemos, que narices, hay que trabajar mucho para estar tan buenas, jajajaja, dijo soltándole un azote en el culo a Claudia.

Fueron al sofá con la tarta y Mariola apuró la botella de vino en la copa de su amiga.

– Para tía, que me vas a emborrachar…

– Ya estás borracha, jajajajaja

– Y tú…

– Si, es lo que tiene la falta de costumbre.

– La verdad es que está muy bueno este vino, entra solo…

– Si, es una delicia, estas botellas nos las regalaron estas navidades a los directores de cada oficina, ¿abrimos otra?…

– No, no para, que sino mañana menuda resaca voy a tener…me tomo ésta y ya…

– Bueno, como quieras, vamos al sofá que estamos más cómodas y venga no me tengas más en ascuas, cuéntame lo del viajecito ese que te vas a hacer por tu cuenta la semana que viene a Madrid.

– No hay mucho que contar, he quedado con Víctor.

– ¿Los dos solos?

– Si.

– Mmmmmmmmmmmm, que buena pinta tiene eso, ¿y tu marido, que?, ¿no dice nada?, estará encantado con los cuernos que le van a caer, ¿no?, jajajajaja

– Pues sí, yo creo que casi lo está pasando él mejor que yo…

– ¡Que cabrona eres!, jajajajaja, menudo cornudo le estás haciendo…

– Yo solo hago lo que él quería, jajajaja.

– Si, ya, jajajaja, venga cuéntame, quiero detalles, ¿qué tal en la cama, es bueno Víctor?

– Sabe lo que se hace, desde luego.

– Notarás mucha diferencia con David.

– En todo, dijo Claudia ruborizándose.

– ¿Qué pasa?, que también tiene buena polla, ¿no?

– No está nada mal.

– Mmmmmmmmmmm, me vas a empezar a poner cachonda, lo mismo me pasó a mi cuando empecé a quedar con chicos al separarme de José Luis, con cada uno era distinto, ni mejor ni peor, bueno para que engañarnos, con casi todos mejor, jajajajaja, pero lo bueno, lo mejor era la novedad y claro follarme a esos yogurines con esas pollas tan duras, puffff, da mucho morbo.

Claudia ya estaba acostumbrada al lenguaje directo de su amiga, que sin duda había bebido más vino de la cuenta y no dejaba de hablar.

– Esta tarta está divina, dijo Claudia relamiéndose.

– ¿Y qué plan tienes con Víctor para el próximo fin de semana?, dijo Mariola interrumpiendo a su amiga.

Claudia se quedó sorprendida con la pregunta, no entendía exactamente a lo que se refería.

– Pues no sé, tampoco lo había pensado.

– Vamos, que lo que quieres es estar los dos días follando sin parar en su casa…

– Básicamente si, jajajajaja

– Jajajajaja ¡qué zorra!

– Bueno menos hablar de mí y cuéntame tú algo, ¿cómo van tus ligues por el Tinder?

– Nada, hace meses que no quedo con nadie, ya estoy esperando a Lucas, queda menos de un mes para que cumpla los 18.

– Ya sabes Mariola que de ese tema prefie…

– Si, ya sé que no te gusta hablar de eso, pero no veas que ganas tengo de follar con él, me da igual que sea alumno tuyo, es muy guapo el niño, mmmmmmmmmmmm, es guapo, ¿no?, o tampoco me puedes decir eso…

– Mariola…

– ¡Vamos, dime si es guapo o no!, tampoco es para tanto…

– Si, es guapo, pesada, ¿contenta?

– Joder, te ha costado, jajajajajaja, últimamente estamos incrementando la frecuencia de los mensajes y tal…ya le he dicho que el fin de semana de su cumple quiero quedar con él para hacerle un regalo, además me pilla perfecto, ese finde no tengo a Alba, le toca con su padre…pienso traérmelo a casa y le prepararé la cena…y el postre, jajajajajaja

– Nooooooooo, no quiero saber detalles, jajajajajaja.

– Te invitaré otro día a casa a cenar y después de una botella de vino como hoy, querrás saberlos, jajajajajaja.

– No puedo contigo.

– ¿Y qué tal con el de internet?, seguís chateando con él y esas cosas?

– Si, también.

– Vamos que no paras…

– Mas o menos.

– ¿Sigues usando los arneses con tu marido?

– Estás muy preguntona…

– Es que me encantan esos detalles, me dan mucho morbo, yo te dejaría que me follaras con uno de esos y más ahora que llevo tiempo sin tocar una polla y estoy borracha.

– Jajajajaja

– Jajajajajajajaja…aunque no sé si querría probar esos, seguro que todos han estado dentro del culo de tu marido.

– Pues sí…

– Jajajajajaja, me supongo…pues nada tía, pásalo bien en Madrid y folla todo lo que puedas, eso no te lo va a quitar nadie.

– Si, supongo que para la siguiente vez David querrá estar presente en mis encuentros con Víctor…

– Mmmmmmmmmmmmmmm, ¿ah sí?

– Si, me lo ha dicho.

– Así que el cornudito quiere estar delante cuando te follen…

– Si.

– A mí me hubiera dado un poco de corte hacer eso delante de mi marido, bueno no sé, ahora que lo pienso también tiene su lado excitante, que él esté ahí mirando, ¿no?, se hará una paja mientras os ve follando, jajajaja.

– Si a mí también me da un poco de vergüenza, no sé qué tal saldrá, será un poco difícil al principio, pero bueno, luego me dejaré llevar y lo que surja, si quiere verlo…pues adelante…

– A mí también me gustaría verlo, ¿puedo ir?

– No creo que Víctor le pusiera problemas, jajajajaja.

– Jajajajajajaja

– Sublime, te ha quedado la tarta perfecta, vaya mano tienes para los postres y no solo los postres, para la cocina en general, ¿puedo repetir?

– Por supuesto, tengo buena mano para todo…

– Jajajajajajaja, no seas guarra…

– Vamos a la cocina anda y nos comemos otro trozo y abrimos otra botella, ahora quiero que me cuentes con detalle cómo te folla Víctor y como se la chupas, ¿porque se la habrás mamado, ¿no?, jajajaja.

– Que cabrona eres…casi mejor no abras esa bot…

– Shhhhhhhhhh, la voy a abrir y me vas a contar todo…pero todo es todo…

La semana transcurrió con normalidad a la espera de que Claudia viajara a Madrid. Ya habían concretado los detalles, el viernes a media tarde mi mujer iría en el AVE y Víctor la recogería en la estación de Chamartín. La hora de vuelta era el domingo sobre la hora de la comida. Casi dos días ellos solos en casa de Víctor y dos días daban para mucho. No hacía más que pensar en la cantidad de veces que se iba a follar a mi mujer, la de veces que Claudia se la iba a chupar, se ducharían juntos, dormirían en la misma cama después de que les venciera el cansancio de estar follando, irían medio desnudos por casa y lo harían en cualquier parte.

Estaba claro que después de ese fin de semana la relación entre ellos iba a ser distinta. Solo esperaba que Claudia y yo siguiéramos igual de bien y no hubiera ningún tipo de problema con que empezara a encoñarse con aquel tío. Esa es la parte que me daba un poco de miedo, pero tenía el “colchón” por así decirlo de las niñas y su familia. Yo sabía perfectamente que Claudia no iba a tirar todo por la borda por una polla. Pero aun así siempre me quedaba ese pequeño temor.

Un día por la tarde estuvimos de compras y Claudia me obligó a elegir un conjunto de lencería nuevo para llevarse a Madrid. Lo empezábamos a tomar como costumbre y estaba claro que nos daba mucho morbo a los dos entrar a una tienda y elegir un conjuntito sabiendo que luego era Víctor el que lo iba a disfrutar. Yo siempre salía empalmado de la tienda, me sentía como un auténtico cornudo haciendo eso. Y Claudia lo disfrutaba igual que yo, por la noche cachonda se sentaba en mi cara y me hacía comerla el coño hasta que se corría encima de mí.

Otra noche nos conectamos con Toni y Claudia se masturbó con la mano delante de él abriéndose de piernas completamente desnuda. A mí solo me dejaron mirar.

El viernes se levantó pronto, nerviosa y excitada. Iba a verse con Víctor. Me dijo que tenía que ir un poco antes al trabajo que tenía exámenes que corregir y quería adelantar un poco de tarea. Yo me quedé en casa para levantar a las niñas y llevarlas al colegio antes de ir a la fábrica. También me levanté nervioso y excitado.

Los nervios previos del cornudo.

Llegó al instituto y se metió en su despacho. Le quedaban pendientes de corregir unos cuantos exámenes y preparar una de las clases. Quería dejar todo bien resuelto antes de ir a Madrid. No quería ninguna preocupación cuando estuviera con Víctor. Ni trabajo, ni familia. Nada. Solo quería estar pendiente de disfrutar con él. Solo eso.

Después de dar tres clases tenía libre una hora hasta la siguiente. Volvió a su despacho y llamó a Víctor para hablar con él un rato. No tenía que haberle llamado, porque lejos de calmarse lo que hizo fue ponerse más caliente, aunque no hablaran de sexo. El mero hecho de charlar con él ya hacía que se excitara, mientras lo hacía no podía dejar de pensar en su enorme polla y como le folló la boca con ella.

Cuando colgó se metió la mano entre las piernas y se frotó el coño por encima del pantalón. Acababa de tener clase con los de último año, con Lucas, cuando estaba con Mariola no quería hablar del tema, se lo tenía prohibidísimo, pero cada vez que le veía le era inevitable pensar que en menos de un mes iba a estar follándose a su mejor amiga y además sabía que en otra noche como la del viernes pasado con unas copas de vino de más iba a conocer todos los detalles de sus encuentros. Los pezones se le pusieron duros y la entrepierna comenzó a fluir. Se notaba las braguitas empapadas. La cabeza le iba a mil, en apenas unas horas iba a estar de nuevo con la polla de Víctor dentro de ella, follando desnudos y salvajes en su cama, se acarició los pechos por encima de la camiseta y estuvo a punto de abrirse el pantalón para meter la mano por dentro.

Pero no quería correrse. Ese día no, quería estar cachonda y muy guarra cuando se encontrara con Víctor dentro de unas horas, iba a hacer todo lo que él la pidiera, cualquier cosa. Se metió la mano por dentro de la camiseta y se apretó las tetas que estaban calientes, duras e hinchadas. Se le escapó un primer gemido y cerró los ojos para concentrarse en las caricias que se estaba dando.

El sobarse las tetas no la llegaba para correrse, pero le parecía muy impúdico y soez hacerlo en su despacho de Jefa de estudios, sobre todo sin echar el cierre de la puerta donde cualquier colega profesor o alumno pudiera pillarla.

Apenas quedaban 20 minutos para la siguiente clase y decidió parar porque si no sabía que iba a terminar haciéndose un dedo para llegar al orgasmo. Se puso de pies y salió de su despacho para ir al del director. Picó en la puerta.

– Si, pasa, escuchó desde el otro lado.

Claudia abrió la puerta y se quedó a la entrada.

– Eres tú, pero pasa, no te quedes ahí, dijo el viejo alegrándose de su presencia.

– No tranquilo, no le molesto, no era nada, solo quería preguntarle cuando podíamos volver a quedar para reunirnos.

– Cuando tú quieras hija, yo estoy disponible al 100%, como si quieres ahora…

– Ahora tengo clase, ¿le parece el martes de la semana que viene?

– ¿A las 16:00 como el otro día?, dijo Don Pedro abriendo una pequeña agenda.

– Perfecto.

– Pues a las 16:00

– Si no nos vemos luego, que pase un buen fin de semana, dijo Claudia girándose para irse.

Don Pedro no pudo evitar quedarse mirando su culazo. Llevaba unos vaqueros azul oscuros muy ajustados junto con unos zapatos rojos de tacón y en la parte de arriba una camiseta negra con una americana azul clarito. Esos pantalones le hacían un culo espectacular a su Jefa de estudios, llevaba los labios y las uñas pintadas de un rojo intenso que iban a juego con sus zapatos. Le encantaba el color de pelo rubio natural y tal como lo llevaba peinado con su media melena todavía le daba un aire más de pija, si cabe, junto con las gafas negras de pasta.

Su mera presencia le provocó otra erección al viejo, que se preguntaba qué es lo que pensarían sus jóvenes alumnos al verla así vestida, si él con solo un minuto en el despacho ya estaba empalmado, un adolescente con las hormonas revolucionadas viendo a ese pibón durante una hora de clase tenían que salir con unos calentones tremendos.

Se quedó mirando la agenda. Martes a las 16:00. Le palpitó la polla bajo el pantalón y se agarró el paquete para comprobar que efectivamente su cabeza no le estaba jugando una mala pasada. Estaba cachondo, excitado y erecto como uno de sus alumnos.

Después de comer estuvo un rato viendo una película con las niñas y cuando terminó subió a la habitación a terminar de preparar la maleta y darse los últimos retoques. Se puso unos vaqueros blancos, los zapatos rojos que había llevado por la mañana y un jersey negro. Estaba nerviosa y con ganas de irse. Cerró la maleta y luego se sentó en la cama poniendo las manos sobre las piernas.

– Bueno, pues ya está…

Yo me senté a su lado y le pasé una mano por el hombro, cuando oímos el freno de un coche.

– Llámame cuando llegues y pásalo bien.

– Si, tranquilo, cuando llegue os llamo, me dijo dándome un pequeño beso, – ¿Me bajas la maleta?, ya está aquí el taxi.

Salimos fuera las niñas y yo a despedirla cuando se montó al taxi camino a la estación de trenes. Un par de horas más tarde me llegó un WhatsApp de Claudia diciéndome que había llegado bien, que Víctor la había ido a buscar y que iba en el coche de él camino a su casa. Cuando acosté a las niñas me bajé al salón yo solo y encendí el ordenador. Estaba muy tenso y me apetecía hacerme una paja.

Toni no estaba conectado, así que me leí un par de relatos de cornudos y cuando me puse cachondo abrí la carpeta donde guardaba las fotos de mis cuñadas Marina y Carlota. Aquella noche no sé por qué me apetecía correrme con la hermana de mi mujer, seleccioné varias fotos específicas solo de Carlota y dejé que el visor de Windows me las fuera pasando una a una mientras me la meneaba.

Mirando las enormes tetazas de mi cuñada y pensando que es lo que estaría haciendo mi mujer, a la que seguramente a esa hora se la estaban follando bien, me corrí. Un orgasmo que por cierto no me calmó en absoluto los nervios que tenía. Entonces le mandé un WhatsApp a Claudia.

– ¿Qué tal va todo?. 00:27.

Subí a la habitación, me lavé los dientes y me metí en la cama a trastear un rato con el móvil antes de dormirme, a ver si Claudia me contestaba. Me dieron las dos de la mañana y mi mujer ni tan siquiera había recibido el mensaje. Al final me dormí y pronto sobre las 8:30 ya tenía a las niñas en mi habitación para despertarme.

Se metieron en la cama conmigo y pusimos los dibujos en la tele. Intranquilo cogí el móvil y encendí el wifi. Me entró un mensaje de Claudia.

– Estoy bien, tranquilo, vamos a dormir un rato ahora. 6:38.

Habían estado hasta más de las 6 de la mañana. Y todavía les quedaba todo el sábado. Estaba claro que Víctor no me iba a devolver a mi mujer hasta dejarla muy bien follada. Claudia apenas tuvo tiempo durante el sábado para mandarme un par de mensajes más y preguntarme que tal estaban las niñas y el domingo me mandó otro para decirme que ya estaba en la estación de trenes de Madrid para regresar a casa.

Antes de comer me asomé a la ventana cuando escuché que un taxi se paraba en la puerta. Por la ventana vi que Claudia se bajaba del coche, era una mañana fría y con niebla. Claudia venía informal con vaqueros y zapatillas blancas y la cara desmaquillada. Salimos a recibirla al porche las niñas y yo. Se notaba que estaba muy cansada, había dormido poco, pero a la vez tenía un brillo en el rostro y un gesto de relajación, como si acabara de recibir un buen masaje.

No hacía falta que me contara lo que había pasado el fin de semana. Su cara lo decía todo. Había estado follando sin parar los dos días.

19

No quise preguntar a Claudia sobre su fin de semana, sabía que era mejor no agobiarla, ya me enteraría tarde o temprano de lo que había pasado esos días. Lo que más me gustaba era como después de los encuentros con Víctor mi mujer volvía a la vida cotidiana con mucha normalidad y eso me tranquilizaba bastante. Claudia sabía diferenciar muy bien la parte de Víctor y la familiar.

El lunes nos levantamos como siempre para ir a trabajar y por la tarde nos quedamos en casa descansando, Claudia en el sofá con las niñas, donde se echó una pequeña cabezada y yo me subí a la habitación a dormir la siesta. Llevaría un par de horas acostado cuando sentí como mi mujer entraba en la habitación y se tumbó a mi lado.

– ¿Qué tal?

– Bien ¿y tú?

– Bien, ayer no me preguntaste nada, casi no hemos hablado, me dijo Claudia.

– No hacía falta se te veía en la cara.

– ¿Como has pasado el fin de semana?, me preguntó.

– Bien muy tranquilo, con las niñas, supongo que el tuyo habrá sido más movidito.

– Pues sí, estoy muy cansada, solo quería subir para decirte que gracias y que te quiero mucho, dijo Claudia dándome un beso en la mejilla.

– ¿Y eso?

– La verdad es que estás llevando esto muy bien, me has sorprendido mucho.

– Anda y ¿porque te he sorprendido?

– Pues no sé, pensé que iba a ser diferente, que te ibas a comer más la cabeza, que ibas a estar todo el día detrás de mi preguntándome para saber los detalles…pero me estás dejando tranquila en ese aspecto, además se nota que tú también estas disfrutando con esto.

– Ni de lejos podría haberme imaginado que íbamos a hacerlo, que ibas a estar con otros hombres, me da mucho morbo Claudia.

– Lo sé, te encanta ser un buen cornudo, dijo metiendo la mano bajo la sábana y sacándome la polla del pijama.

Comenzó a pajearme lentamente seguramente como premio por haberla dejado follar con Víctor todo el fin de semana.

– Con esto no vas a evitar tener que cumplir lo que te pedí, dije de bromas.

– ¿Lo de la falda con Don Pedro?

– Si, en la próxima reunión con el viejo tienes que llevarla.

– ¡Pero es muy corta!

– Y tienes que ponerte también las medias y las ligas, todo.

– Pues mañana martes tengo la siguiente reunión con él.

– ¿Mañana ya?

– Si.

– Pues tienes que ponerte eso.

– Va a ser muy escandaloso, casi se me ven las ligas estando de pies…

– Mmmmmmmmmm, mejor…que te mire el viejo.

– Va a querer hacer algo más que mirar.

– ¿Ah sí?, ¿va a querer meterte mano?

– Posiblemente.

– Pues tienes que dejarle también que lo haga.

– De eso nada, ¿por quién me has tomado?, dijo Claudia.

– ¿Tengo que contestar a eso?, vienes de pasar un fin de semana follando con otro tío, tu cuñado te hizo un dedo en plena discoteca y te pone cachonda vestirte provocativa para un viejo… ¿y todavía me preguntas por quien me has tomado?

Cuando terminé de decir esa frase noté que mi polla estaba a punto de explotar, mientras Claudia no dejaba de pajearme.

– Es lo que tiene estar casada con un pobre cornudo al que no se le pone dura, replicó.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…

– En cuanto te llamo cornudo gimoteas como un cerdito… ¡CORNUDO!

– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ¡putaaaa, no eres más que una puta!, ¡dime como te han follado este fin de semana!

– Me han follado de maravilla, no sé ni cuantas veces me he corrido, 8, 10, 12, no tengo ni idea, perdí la cuenta la primera noche…hemos follado por la noche, por la mañana, por la tarde, en la ducha, en la cocina, en el salón, en la cama, cuando me vino a recoger me metió mano en el coche en lo que íbamos a su casa, casi paramos a follar por el camino…¡¡nos han faltado horas!!

– ¡Ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!, gimoteé cuando empezaba a correrme.

Claudia no se detuvo cuando sintió como le iba llenando la mano de leche y siguió pajeándome mientras me decía.

– Eso es, córrete cornudito, córrete, muy bien asiiiii, eso es…

Al día siguiente cumplió su promesa. Cuando terminamos de comer me quedé recogiendo en la cocina y Claudia me llamó desde la habitación. Subí corriendo y me la encontré delante del espejo en sujetador y probándose la falda. Llevaba las medias puestas y estaba agachada tirando de la falda hacia abajo.

– Esto es demasiado, me queda muy pequeña, se me ve todo, no puedo ir así…

– Te queda perfecta, dije yo.

Es verdad que ya estando de pies, la falda era tan corta que incluso se le veía parte de la liga que iba hasta sus medias, cuando se sentara en el despacho del director iba a ser demasiado provocativo. Se puso una camisa blanca en la que se transparentaba un poco el sujetador negro, junto con los zapatos de tacón y las gafas de pasta que le daban un aire de secretaria cachonda.

Claudia no hacía más que mirarse al espejo y negar con la cabeza.

– ¡Parezco una puta!, no puedo ir así vestida…

– A estas horas no te va a ver nadie, el instituto está vacío, ¿o es que te da miedo el viejo?, dije yo retándola.

– No me da miedo cornudo, pero no puedo ir así, todavía si llevara unas medias normales, pero así, dijo tirando de la liga, – ¿Qué pasa si me encuentro con alguien?

– Quedamos en que tenías que ir así vestida, ahora no puedes echarte atrás…

– Ya si quieres me quito también las braguitas y que se me vaya viendo el culo, ¿te parece bien?, dijo Claudia que parecía estar enfadada ante mi insistencia, – Deja que al menos me cambie la falda.

– No, tienes que ir con esa, era mi favorita cuando eras joven.

– Pero, ahora no me queda bien…

– Te queda perfecta joder, menudo culo te hace, dije poniéndome detrás de ella y tirando de la falda hacia arriba.

– Como quieras pesado, dijo apartándome y volviéndose a colocar la falda.

Cogió una cazadora negra tres cuartos que al abrocharse le tapaba por lo menos la zona alta de las piernas. Así vestida se presentó en el instituto para la reunión con el director.

Llegó puntual y tuvo que abrir el instituto con su llave, le sorprendió que Don Pedro todavía no hubiera llegado, las luces estaban apagadas y encendió solo las del pasillo de los despachos de los profesores. Al ir a entrar en su despacho se dio cuenta de que ya había luz en el de Don Pedro. Tenía que estar dentro esperándola, pero entonces pensó “¿porque había vuelto a cerrar la puerta con llave y había dejado apagadas las luces del pasillo?”, lo lógico hubiera sido dejar el instituto abierto y la luz encendida.

Con la Tablet en la mano llegó hasta la puerta de su despacho y llamó.

– Pasa Claudia, te estaba esperando.

– Buenas tardes, ¿qué tal, ya ha comido?

– Si, he ido aquí al bar de al lado y he llegado hace un rato…

Cuando entró comenzó a desabrocharse los botones de la cazadora uno a uno y luego se puso de espaldas al viejo para colgarla en el perchero, sabía que él la estaría observando minuciosamente. Tiró de la falda hacia abajo, pero aquello no había manera de hacerlo bajar. A Don Pedro le entró calor repentinamente cuando vio así a su jefa de estudios.

¿De qué cojones iba vestida?

Desde su posición casi podía verla el culo, llevaba unos ligeros enganchados a las medias y de pronto notó como una gota de sudor le perlaba la frente. Se aflojó el nudo de la corbata e intentó tragar saliva, aunque no podía, se le había quedado la boca extremadamente seca y casi no le salían las palabras. Sin embargo, la polla se le volvió a poner dura en unos segundos, como si fuera uno de sus jóvenes alumnos.

Claudia avanzó hacia la mesa y al andar todavía se le subió un poco más la falda, por un momento pensó que el director le iba a ver las braguitas desde su asiento en primera fila. Había sido demasiado atrevido aquel vestuario, pero ahora no estaba arrepentida en absoluto. Su marido le había retado a que fuera así y allí estaba ella, vestida como una fulana delante del viejo y además excitada. En cuanto vio como Don Pedro rompía a sudar se puso más cachonda. Esa tarde no tuvo ninguna duda, cogió una silla y bordeó la mesa para ponerla a la derecha del director.

Luego se sentó y cruzó la pierna izquierda sobre la otra, ofreciéndole prácticamente todo el muslo a Don Pedro al que irremediablemente se le fue la vista ahí abajo.

– ¿Ha encendido el ordenador?, dijo Claudia, para sacar del estado de trance en el que se encontraba el viejo.

– No, no, ahora mismo lo hago.

La torre del ordenador de sobremesa estaba en el suelo justo a los pies de Claudia, que tuvo que apartar las piernas cuando Don Pedro se agachó para poderlo encender. Casi pudo notar el aliento del director en sus muslos y vio como éste ya sudaba a chorros.

Antes de incorporarse se quedó un par de segundos agachado mirando las piernas de Claudia. Estaba como ido y se aflojó más el nudo de la corbata, sacó un pañuelo para limpiarse un poco la frente y encendió la pantalla.

– Si me permites, vienes muy guapa hoy vestida, dijo Don Pedro.

Claudia omitió su comentario como que no le hubiera escuchado y volviendo a cruzar las piernas se quedó mirando la pantalla y le dijo.

– Entonces en ese Excel guarda todos los horarios de los profesores, asignaturas y demás…

– Ehhhhhhhhh…si, si, dijo Don Pedro cogiendo el ratón para abrir el programa.

– Lo tiene todo muy bien organizado, dijo Claudia tomando apuntes desde su Tablet.

Al hacerlo cambió de postura y apoyó el pie izquierdo sobre el muslo, por encima de la rodilla, por lo que quedó más abierta de piernas y además le rozó con la rodilla al viejo, que casi se encontró con la pierna de Claudia sobre su regazo. Era una postura natural, muy poco forzada, pero la falda era tan corta que si Don Pedro miraba hacia abajo le vería las braguitas. Se moría de ganas por ponerle las manos encima, solo esperaba una señal por parte de ella.

Claudia seguía escribiendo sobre su Tablet y al hacerlo disimuladamente se acercó más a Don Pedro, en un movimiento casi imperceptible le puso la pierna encima del paquete, el director miró hacia abajo y se encontró el muslazo de Claudia sobre él. No podía aguantarse más, esa zorra estaba jugando con fuego, entonces soltó el ratón y bajó la mano temblorosa para ponerla sobre el muslo de Claudia, en un gesto que intentó ser amable y fraternal, le dio varios golpecitos con la mano abierta en la pierna.

– ¿Lo entiendes, ¿no?…

– Por supuesto, dijo Claudia sin dejar de mirar la Tablet y frotando sutilmente con su pierna sobre lo que parecía el erecto pene de Don Pedro.

Ya no había vuelta atrás, no solo era el viejo el que estaba acalorado y excitado, Claudia tenía las mejillas encendidas y las braguitas mojadas. Se sorprendió de que Don Pedro tomara la iniciativa, pero no le había quedado más remedio que hacerlo, prácticamente estaba abierta de piernas sobre él y, al fin y al cabo, aunque fuera mayor no era de piedra, incluso creyó notar que la tenía dura, pero quizás solo eran imaginaciones suyas. Le hizo otra pregunta sobre el Excel para que Don Pedro tuviera que quitar la mano de su muslo y manejar el ratón.

– Bueno, pues esta parte más o menos ya la tengo clara, para ir cerrando cosas, ¿ahora le parece si me comenta un poco sobre el tema burocrático, correos, organismos, reuniones con la junta, papeleos, cosas de esas…?

– Si, claro, vamos por partes…tendría que coger una carpeta que tengo en esa estantería, dijo Don Pedro haciendo el amago de levantarse.

Claudia entendió que tenía que quitarle la pierna de encima, pero no estaba dispuesta a hacerlo, le había costado mucho llegar hasta ahí.

– No se preocupe, no se levante por favor, explíqueme algo que tenga aquí en el ordenador, enséñeme que correos recibe y que cosas más o menos le solicitan…

– Pues un poco de todo, lo importante es ceñirse al calendario escolar y a partir de ahí te vas organizando, reuniones con el AMPA, con otros profesores, a los de la Junta sobre todo les interesa el tema administrativo…vamos en que se gasta el dinero que nos dan…eso lo tenemos que gestionar nosotros…y hay que intentar que a final de año no sobre nada, sino hay que devolverlo a la Consejería…e incluso nos podrían bajar el presupuesto para el año siguiente si lo hacemos…

– Entiendo…

– Tú como empezarás en Septiembre pues ya más o menos llevaremos un dinero gastado y te quedan unos meses para cuadrar cuentas, como vas a ser la próxima directora no estaría mal que estuvieras enterada desde ahora de todos los gastos que vamos a ir teniendo, ¿te parece bien?, dijo Don Pedro volviendo a bajar la mano para ponerla sobre el muslo de Claudia que no se había movido.

– Me parece perfecto.

Abrió una hoja de Excel y fue explicando cosas sobre ella y en vez de utilizar el ratón, para no tener que quitar la mano de ahí abajo señalaba con el dedo izquierdo sobre la pantalla del ordenador. Claudia seguía haciendo como que anotaba cosas en su Tablet.

Poco a poco el viejo fue desplazando la mano sobre el muslo de Claudia, le encantaba el tacto suave de las medias y no tuvo que moverse mucho para llegar hasta el final. Con ciertas dudas avanzó un poco más y sintió el calor directamente de la piel de Claudia, bajó la mirada y con dos dedos agarró una liga para desplazarse muy despacio sobre ella, le encantaba aquella prenda y jugueteó ahí unos segundos moviendo los dedos arriba y abajo.

Seguía hablando de temas administrativos, pero ni él sabía lo que estaba diciendo, ni Claudia le escuchaba, estaba absolutamente concentrada en la mano del viejo que con total impunidad le manoseaba la liga. Don Pedro se había soltado y estaba cogiendo la iniciativa, incluso le parecía que ya sudaba menos. Siguió en la misma postura esperando que el viejo diera el siguiente paso.

Y éste no tardó mucho en producirse, soltó la liga y puso la mano sobre el muslo de Claudia, tenía la mano pegada a su entrepierna y en el siguiente movimiento los huesudos dedos del director alcanzaron el coño de Claudia, que dio un pequeño respingo al notar el primer contacto.

– Esto parece un poco más difícil, me estoy liando un poco, dijo Claudia.

– Tranquila, si vienes unos cuantos días lo entenderás perfectamente, dijo Don Pedro haciendo un poco de presión en la entrepierna de ella.

A Claudia se le escapó un pequeño gemidito que no llegó a escuchar Don Pedro, que seguía acariciándola por encima de las braguitas. Al viejo ya le daba todo igual, una vez llegado a ese punto no se iba a detener, llevaba meses fantaseando con aquello, desde que había pasado lo mismo la otra vez, primero se quedó confundido cuando Claudia se dejó meter mano, incluso pensó que ella le había utilizado para ser la próxima directora, pero se estaba dando cuenta de que no, de que no fue un error lo que pasó entonces, ni una casualidad y que Claudia solo lo hacía por pura diversión y placer.

– ¿Usted cree que seré una buena directora?, dijo Claudia en un tono bajito casi jadeante.

– Vas a ser una estupenda directora…te has ganado el respeto de los alumnos como profesora y del resto de compañeros también…además eres seria, muy trabajadora, inteligente y este puesto te va como anillo al dedo…

– Gracias…ahhhhh…

Se la escapó un segundo gemido que ahora Don Pedro si escuchó, lo que le animó a frotarle el coño un poco más fuerte. Era alucinante, ¡¡estaba masturbando en su despacho a la Jefa de estudios!! que se dejaba hacer abierta de piernas sobre su regazo y además notaba la humedad a través de la tela de las braguitas.

“La muy guarra está empapada”, pensó el viejo.

Claudia estaba disfrutando con las caricias del viejo, intentaba guardar las formas mirando hacia la Tablet como si tomara notas, pero aquello ya era ridículo, entonces se le ocurrió la idea, sin saber muy bien porqué encendió la cámara de la Tablet y poniendo el modo video le dio al rec, la calidad del video no es que fuera de mucha calidad, solo se veía la pantalla del ordenador, luego giró lentamente la cámara para enfocar al viejo y con disimulo bajó hacia abajo para grabar la mano de él metida bajo su falda.

Apenas fue un video de unos 10 segundos y de baja calidad, ya tendría tiempo de pensar qué hacer con él. No sabía por qué lo había grabado, pero la sola idea de enseñárselo a su marido la puso más cachonda.

Por fin dejó la Tablet en la mesa, era como su pequeño escudo que la protegía directamente de la mirada de Don Pedro, se acercó más a él y bajó la mano para ponerla sobre la del viejo que la masturbaba. Luego volvió a gemir, esta vez mas alto.

– Quiero ser una gran directora…ahhhhhhhhhhhhh, dijo apartándose ella misma las braguitas hacia un lado.

Don Pedro estaba lanzado y Claudia le estaba ofreciendo su maravilloso coño para ser manoseado a su gusto. No le costó ningún esfuerzo meterla un dedo dentro, pero aquello tenía que verlo, no podía perdérselo, sin disimular bajó la mirada y se encontró la mano de Claudia apartándose ella misma las braguitas negras de encaje y mostrándole perfectamente su coñito de pija depilado.

– ¡Vas a ser la mejor directora!, ¡la mejor que haya tenido nunca este instituto!, dijo con los ojos abiertos como platos.

– Ahhhhhhhhhh…ahhhhhhhhhhhhh…ahhhhhhhhhhhhhhhh…

Cuando metió un segundo dedo dentro de Claudia ésta ya movía las caderas sobre la silla gimiendo con los ojos medio cerrados. Comenzó a follarla con los dedos y sin poder aguantarse viendo que ella estaba desinhibida le puso la mano izquierda sobre sus pechos para sobárselos por encima de la camisa, aunque no mucho tiempo. No tuvo ni la delicadeza de desabrochar algún botón, sabía que con una mano iba a ser muy difícil así que la metió directamente por el escote y le agarró una de sus tetas. Eran mejores de lo que imaginaba, grandes, duras y calientes. Muy calientes.

Aquello fue el detonante para que Claudia se corriera espatarrada sobre el regazo del viejo. Se estaba dejando sobar como una puta.

– ¡Quiero ser la mejor, ahhhhhhhhhhhhhhh!, ¡¡la mejor!!, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, dijo Claudia corriéndose.

– Eso es, claro que lo vas a ser, claro que sí, eso es…déjalo salir…eso es…

En cuanto terminó soltó las braguitas que todavía se apartaba hacia un lado y le cogió la mano a Don Pedro para sacársela de entre las tetas. Luego se abrochó el último botón de la camisa.

– Por hoy hemos terminado, dijo Claudia bajando la pierna del regazo del director para que tuviera que sacar los dedos que todavía tenía dentro de su coño.

Se puso de pies bajándose la falda, guardó la Tablet y un par de papeles apresuradamente, estaba desconcertada ante lo que acababa de pasar, fue hasta el perchero, cogió el abrigo y sin ponérselo echó a andar hacia la puerta. Don Pedro se levantó de la silla para despedirse.

– ¡Claudia!

Ella se giró cuando escuchó como la llamaba el director.

– Vuelve cuando quieras, todavía me quedan muchas cosas que explicarte, dijo con una sonrisa amable y mostrándole la tremenda empalmada que llevaba.

Sobre las 17:30 Claudia volvió a casa, estaba haciendo los deberes con las niñas cuando la vi entrar. Las dos niñas fueron a abrazarla y mi mujer les dio un par de besos a cada una. Luego se subió a la habitación y yo me fui detrás de ella. Cuando entré se estaba quitando el abrigo y se quedó mirando delante del espejo.

– ¿Qué tal ha ido la reunión?

– ¿Tú qué crees, con estas pintas?, dijo abriendo los brazos.

La falda se le subía muy arriba, enseñando unos 5 cms de muslo más allá de las medias y se le veían también las ligas.

– El viejo se ha puesto las botas, me he sentado a su lado así, dijo sentándose en la cama, – Ven ponte a este lado.

Me hizo ponerme a su izquierda y luego cruzó la pierna por encima de la otra. Si de pies ya era provocativa sentada era un auténtico escándalo. Prácticamente se le veía todo el muslo y al descruzar las piernas casi el nacimiento de las braguitas.

– Mírame, esto es lo que ha estado viendo Don Pedro toda la tarde.

– Joder Claudia, ¡es la hostia!, se te ve todo, se ha puesto las botas a mirar…

– No solo a mirar…

– ¿Como dices?

– Que no solo ha mirado, también me ha puesto la mano en el muslo.

– Me encanta sigue, ¿qué más te ha hecho?, ojalá fuera verdad, dije para que Claudia me siguiera contando esa fantasía.

– Piensas que es mentira, ¿no?, ven dame la mano.

Me hizo meter la mano en su entrepierna. No sé qué es lo que habría pasado, pero mi mujer venía excitada.

– Él también ha metido la mano donde la tienes tú…y ha hecho que me corra…

– Joder Claudia, me la estás poniendo dura.

– A Don Pedro sí que se le ha puesto tiesa, tendrá casi 70 años, pero se le pone más dura que a ti…

– Mmmmmmmmmmmmmmmm… ¿lo has visto?

– Se le notaba bajo el pantalón…y le he rozado el paquete con el muslo…

– Buffffffffffffff, como sigas me la voy a tener que sacar.

– No te esfuerces cornudo que ya paro, me voy a dar una ducha.

– Venga espérate, solo cuéntame un poquito más, dije acercándome a ella para darle un beso.

Entonces me llegó. Ese olor tan característico de mi mujer cuando ha tenido una buena sesión de sexo, después de haberse corrido. Ese olor inconfundible. Son muchos años para saber que Claudia acababa de tener un orgasmo. ¿Qué estaba pasando aquí?

Cuando quise reaccionar Claudia entraba desnuda en el baño para pegarse una ducha, me quedé mirando su pequeño y redondo culo sin poderme creer lo que acababa de pasar. ¿Como se iba a dejar meter mano una mujer como Claudia por el viejo director del instituto?

Cogí las braguitas que estaban en el suelo de la habitación y observé una pequeña mancha de humedad en la zona del coño. No pude reprimir en llevármelas a la nariz, olían a flujo, a sexo, a orgasmo. Aspiré con fuerza y me palpitó la polla. Tuve la tentación de sacármela allí mismo y enroscar sus braguitas en ella, pero me hubiera corrido y luego le hubiera tenido que dar muchas explicaciones a mi mujer.

Al final volví a aspirar su olor y las dejé donde estaban, cuando me palpitó la polla bajo los pantalones. Me quedé todo el día con el calentón y pensativo. ¿Y si lo que me estaba contando Claudia no era una fantasía?

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