ANDER MAIS

Capítulo 12

¿¡Qué has hecho Natalia!?

Llegamos allí. Ese pequeño estacionamiento estaba casi al final del paseo marítimo, en una zona con grandes bloques de piedra, donde se escuchaba el rebotar de las olas contra ellos. La música de la verbena se podía escuchar de fondo, haciendo eco contra los acantilados. Era una zona, sinceramente, bastante oscura y un tanto siniestra; sólo nos encontramos unos cuantos coches aparcados, pero ni rastro de las chicas. ¡Aquello no me gustaba ya ni un pelo!

Cada vez me estaba arrepintiendo más de haberle seguido el rollo a aquel tipo: “¿Cómo iba a querer mi novia hacer algo con otro?”, pensaba en aquel instante. Lo único que sí podría haber conseguido con aquello, era que Natalia se cogiese un buen “pedo” y que mañana fuese todo el viaje con una resaca tremenda. Seguro que me lo echaría en cara por no haberla frenado a tiempo.

Caminamos unos pocos metros más, hasta que pudimos oír de fondo cómo dentro de un coche se escuchaba a una pareja hablando…

—A ver, Víctor, ¡joder! ¿Dónde coño se habrán metido éstas? ¿Estás seguro que andarán por aquí? ¡Esto ya no me está molando nada, eh! Buffff…. —le dije, a punto de perder mi paciencia, mientras me metía una mano en el bolsillo para sacarme el móvil.

—Tranqui, ¡que seguro que están por aquí, hombre! No te agobies —Víctor parecía querer calmarme—. Pero, antes… espera un momento, ¡vamos a espiar a esa pareja del coche! —me propuso ahora, apuntando hacia el vehículo de donde provenía aquella conversación—. Creo que a la tía la conozco… ¡Mira, escucha! ¡No hagas ruido! —insistió.

La zona era muy oscura, y sólo se podía ver algo con la ayuda de la tenue luz que la luna y una lejana farola reflejaban en el mar. Yo, desde allí, no podía ver nitidamente quién había dentro de aquel coche. Ahora, ni siquiera escuchaba a nadie hablar…

—Sí, eso, ¡lo que me faltaba! ¡Estoy yo ahora para esto! —le corté —. Joder… mira… ¡tú haz lo que te de la gana! ¡Pero yo voy a llamar a Natalia ahora mismo, a ver si me contesta! —exclamé, ya cansado de sus rollos, y desbloqueando mi móvil para intentar llamar a Natalia y ver si había suerte y me lo cogía.

—¡Para! ¡No! ¡No la llames ahora! ¡No! ¡Espera!… —me avisó Víctor, un tanto apurado, pero sin querer levantar mucho la voz, empujándome para obligarme así a esconderme tras una caseta de obra que casualmente había allí mismo.

Yo confuso, nervioso y, por qué negarlo, bastante acojonado, le pregunté:

—Pero… ¿qué haces… qué pasa…? ¿Qué coño quieres, tío? ¿No veníamos a buscar a las chicas? ¿Qué significa ésto? —Un montón de malos pensamientos se me pasaron por la mente en un segundo: desde que todo habría sido una trampa para atracarme, hasta cosas aun peores…

—No pasa nada, Luis. No quiero hacerte nada… ¡Tranquilo! Un segundo. ¡Cállate y mira! —me dijo de nuevo, con voz susurrante, situando un dedo índice sobre sus labios y apuntando con el otro hacia aquel coche.

Pensé en apartarle de un empujón y salir pitando, pero al final le hice caso y miré hacia el vehículo. Estaba aparcado en batería y con la trasera mirando hacia nosotros. Un segundo después, vi cómo se abría la puerta…

Y la sorpresa que me llevé fue la mayor de mi vida hasta ese momento…

De allí, salió Natalia visiblemente nerviosa y algo borracha, colocándose el escote y con una de sus tetas casi asomando fuera. Parecía como si quisiera macharse apresurada, pero tampoco lo hacía de forma muy forzada. Al instante, tras ella, salió Riqui mirando sin parar a su alrededor…

Yo no sabría decir bien el porqué, pero en aquel momento, me quedé petrificado y no supe cómo reaccionar. Decidí quedarme escondido y descubrir la manera en la qué actuaría Natalia ahora; ya me parecía absolutamente increíble que hubiese llegado a meterse dentro de ese coche con un casi desconocido…

—Natalia, tía… ¡Pero no te vayas aún! —le escuché decir a Riqui, en un claro tono excitado, mirando hacia mi novia que parecía querer marcharse de vuelta a la fiesta.

Al instante, Natalia se giró hacia él, y le contestó con voz entrecortada:

—He dejado a mi novio en la fiesta… Me estará buscando… ¡No… no puedo hacer esto! Casi ni te conozco, Riqui…

—Bueno, guapa… por lo menos, vuelve aquí y dame dos besos como despedida, ¿no? —le rogó Riqui al instante—. Seguramente, si no volvéis por aquí otro verano, no nos volveremos a ver más en la vida. A mí me hubiese gustado conocerte mucho más.

Mi chica parecía dudar. Yo, en otras circunstancias, creo que saldría de mi escondite y llamaría a Natalia para terminar rápido con aquello, pero, por alguna razón, en ese instante sentía una fuerte tentación de dejarla seguir y ver cómo terminaba todo.

Entonces, Natalia miró alrededor, seguro comprobando que no viniese nadie, y regresó al lado de Riqui junto al coche.

—Vale… —Ella le dio dos recatados besos en ambas mejillas—. Bueno, Riqui, ha sido un placer conocerte —comentó ahora, nada más darle los dos besos. Parecía de verdad decidida a marcharse—. Me he divertido mucho bailando contigo… Pero me tengo que ir, de verdad… me espera mi novio.

—¡Joder, tía! ¡Qué suerte tiene tu novio! Bufff…—bufó él mirando abajo hacía su escote—. ¡Qué par de tetazas tienes! Me tienes alucinado desde ese día que te encontré en la playa… bañándote en topless —le espetó Riqui, antes de que ella pudiese marcharse, mientras no cesaba de mirarla fijamente, recreándose con descaro en sus tetas.

—Ya, tío… Y tú estas muy bueno, también. —Mi chica no cesaba de mirar a los lados—. Y no puedo negar que también me fijé en ti cuando te me acercaste en la playa ese día. Pero no puedo, tío… ¡De verdad!. Ahora tengo un novio que me trata muy bien y quiero mucho a Luis —le contestó Natalia, con la mirada baja y perdida.

—Bueno, guapa… ¡Él tampoco se tendría por qué enterar de nada!, ¿no? Ahora estará tranquilo todavía con Víctor en la fiesta. Yo ya me despedí de él, incluso. Se pensará que me he ido a casa. ¡No sospechará nada, te lo aseguro! Se supondrá que estás aquí cuidando de Sandrita. Ya viste que iba toda borracha. Y además… Víctor le estará entreteniendo. Nos enrollamos y me largo en mi coche enseguida… ¡De verdad! —Riqui la intentaba convencer, mientras se pegaba cada vez más a ella.

—Ya… Pero…Bufff… ¡No sigas por favor! Esto no puede ser, de verdad… ¡No quiero hacerle ésto a Luis! Hoy no, no puedo Riqui —volvió a repetirle mi novia, mirando aún hacia abajo, pero sin separarse de él.

Riqui seguía sin quitar ojo de su escote, y ahora tenía una de sus manos acariciándole el antebrazo y amenazando con seguir subiendo hacía arriba, poco a poco.

Yo sentí que se me iba a salir el corazón del pecho. Me daban tentaciones de salir allí, parar aquello y sorprenderles, ahora que aún no había visto ni pasado nada demasiado grave.

Desde donde estaba, podía notar en la cara de mi chica, que cada segundo que transcurría podría estar más cerca lo de enrollarse con aquel tipo. Temía que, de un momento a otro, sus labios se juntasen para besarse. Pero aun así, me daba pavor también sorprenderles y que hubiese una bronca gorda. ¿Qué le iba a decir? Yo tenía mucho que callar también sobre lo que había hecho a sus espaldas y le había ocultado durante aquellos días. No se me ocurría qué podría decirle para que no hubiese un enfado al instante. Me parecía que no me quedaba otra que seguir allí escondido, sin moverme, y esperar a ver qué más pasaba. Además, por otro lado, tampoco podía no reconocerlo: aquello en parte me excitaba y me estaba dando bastante morbo. La incertidumbre de descubrir si al final Natalia llegaría a algo más con aquel chico, me volvía loco. La veía tan deseosa, que sólo parecía preocupada porque yo apareciese o pudiese enterarme…

Entonces, Víctor, allí a mi lado, mientras observábamos muy atentos la escena, al verme callado y algo paralizado por los nervios de lo qué pudiese llegar a ocurrir, decidió comentarme en bajito:

—Mira, hombre… ¡Ves! Ya te lo venía diciendo… que tu chica lo estaba deseando ¿No la ves? No hagas ruido. Que se la folla seguro. —Al oírle decir esto, no sabía si me apetecía más darle una hostia… o hacerle caso y seguir mirando. Me daba un cierto coraje reconocerlo, pero unas punzadas en mi polla me confirmaban que aquello me excitaba, y por alguna razón, Víctor lo sabía perfectamente.

Estaba realmente en una encrucijada. No quería salir y sorprenderla, porque en parte yo había sido cómplice y parte necesaria para que ella acabase en ese aparcamiento con aquel tipo. Sin estar aún muy seguro de ello, decidí quedarme quieto y esperar. Sinceramente, una parte de mí aún me juraba que Natalia no llegaría a nada; quizás pudiese llegar a darle un pequeño piquito o, como mucho, a dejarse sobar las tetas por encima del vestido… Pero no creía que a más.

Entonces, descubrí como Riqui, de repente, comenzaba a acariciarle cariñosamente el pelo, bajando luego a sus mejillas y pareciendo decirle con la mirada lo deseoso que estaba por besar sus labios.

Sin más dilación, en un gesto decidido, él acercó su boca a la de mi chica, uniéndolas en un apasionado morreo…

Y Natalia se dejó llevar…

Si el otro día en la playa había sido la primera vez que veía a alguien contemplar los pechos desnudos de mi chica, ese instante, sería la primera vez que vería a otro besarla en los labios. Era una sensación extraña, bastante dolorosa… Pero excitante. Al menos, para mí, lo era. No lo podía negar.

Lo que estaba contemplando ante mis ojos, en cualquier otra circunstancias más normal y para todo novio, sería razón más que suficiente para salir y sorprenderla. Pero para mí, se estaba convirtiendo por momentos incluso en un motivo de excitación latente. ¡Me acababa de empalmar!

Riqui, sin dejar de besarla, disimuladamente fue acercando poco a poco sus manos hacia sus pechos; los cuales comenzó a magrear ya en ese mismo instante, por encima de la tela del vestido, apretándolos uno contra el otro mientras seguía sin separar ni un segundo sus labios de los de mi novia…

—Mira… ¡Te dije que se dejaría! —me susurró Víctor—. ¡Mira, mira! Disfruta viendo cómo Riqui soba a tu novia. ¡Qué morbazo, tío! —repitió Víctor, en voz baja, mirándome con una cara de vicio inmensa.

Yo aún no sabía muy bien qué hacer ni cómo reaccionar a lo que se me estaba viniendo encima, pero en aquel preciso instante, lo único que me salía era mirar. Pues, aunque aun no quisiese reconocerlo del todo, me estaba excitando lo que estaba contemplando…

Riqui dejó de besarla por un instante para decirle:

—Buuaaa, Natalia, ¡qué pedazo de tetas tienes! ¡Me tienen loco!

Riqui, nada más confesarle esto, le apretó fuerte los pechos, uno contra el otro, hasta que con una mano decidió liberarle ya una de sus tetas, tirando de la tela que la tapaba. Ese seno salió libre de su escote, como un resorte, quedando al instante totalmente al aire…

—¡Madre mía!… ¡¡Pero qué pezones!! —exclamó un sobre excitado Riqui, nada más verla asomar.

”Aaaaahhhh”, Natalia emitió un pequeño gemido ahogado y miró alrededor al verse con un pecho fuera del vestido, y sintiendo las manos de Riqui apretárselo con fuerza. Él, entonces, sin querer perder más tiempo, rápido y decidido, se reclinó un poco hacia adelante para lamérsela; chupándole con ansias ese pezón y haciendo pequeños círculos sobre él con su lengua.

Al tacto de su saliva, mi chica se iba dejando llevar, entrando poco a poco en la excitación, soltando pequeños y silenciosos gemidos mientras no paraba de mirar todo el rato a su alrededor. Pero, a pesar de los rastreos de su mirada, no parecía descubrirnos. Estaba más pendiente de otear que no apareciese yo por la carretera que bordeaba el mar, que de fijarse en la caseta que había unos cinco metros a su izquierda…

—Bufff…. tío… Sólo espero que no se le ocurra aparecer ahora a mi novio. ¡Si me pilla así contigo… me mata! —repetía Natalia, agarrándole la cabeza a Riqui y acariciándole el pelo, mientras éste seguía disfrutando de las mieles de esa teta que había conseguido sacarle fuera del vestido.

—¡Tú tranquila! Ya verás como no —comentó Riqui, embobado, dejando por un segundo de lamerle aquel pezón y volviendo a besarla, agarrándola ahora por la nuca.

—Aaahaahh… —gimió Natalia de nuevo, intentando coger aire—.¡Estás muy bueno, tío! ¿Lo sabes? —dijo ella ahora, comenzando tímidamente a levantarle un poco la camiseta, descubriendo unos bien marcados abdominales que se iban asomando bajo ella…

Volviendo a unir sus labios, ella se la siguió levantando hasta conseguir llegar a dejarle por completo su torso al descubierto frente a ella. Entonces, Riqui, totalmente excitado, apartó a Natalia con sus manos, aunque sólo lo justo hasta conseguir poder abrir la puerta trasera del coche, dejándola luego así, abierta.

Sabiendo que no tenía mucho tiempo que perder, Riqui se abalanzó sobre ella, cogiéndola por la cintura y volviendo a morrearla, mientras la situaba apoyada al coche, delante de esa puesta que acababa de abrir…

—¡No, Riqui! ¿Qué me quieres hacer? ¡No… para! ¡Esto ya es demasiado! Me estoy arriesgando mucho. ¡Me va a pillar mi novio! —replicó Natalia, un poco asustada, pero a la vez visiblemente excitada. Parecía que su idea inicial era sólo besarse con él, pero estaba claro que Riqui buscaba algo más…

Yo no sabía qué hacer, aquello ya no tenía freno. Viendo el cariz que estaba tomando la situación, podría ocurrir ya cualquier cosa entre ellos. Debía salir y sorprenderles… Detener aquello.

—¡Venga! No me puedes dejar así ahora… ¡Siéntate en el asiento, Natalia! Así, con la puerta tapándote, ¡¿quién coño va a poder verte?! —le pidió Riqui, con ansia, mientras mi chica accedía a sentarse tímidamente en ese asiento trasero, quedando él de pie fuera, frente a ella.

Al segundo, él hizo un pequeño ademán de desabrocharse la bragueta, pero mi chica le detuvo, apartándole las manos…

—¡No, Riqui… eso no! ¡Estas loco!… ¡Eso no puedo hacerlo! —volvió a replicar mi chica, intentando levantarse al ver que Riqui estaba claramente pidiéndole que se la chupase.

Empujando a Natalia hacia abajo con una mano, Riqui pudo evitar que ella se pusiese de pie, mientras seguía con la otra intentando desabrocharse el botón de sus bermudas.

—¡Vamos, nena! Si sé que lo estas deseando. ¡Hazme una mamadita rápida! Que no viene nadie… —le insistía él, mientras fingía mirar al frente, como si vigilase de que no se aproximara alguien.

Yo ahí, ya no podía aguantar más… la lógica me decía que tenía que salir al rescate de mi chica, pues aquel tío parecía que incluso podría estar a punto de forzarla.

Y, sin dudarlo, ya hubiese salido raudo en su busca, si no fuese por lo que le vi hacer a ella un segundo después: Natalia, con cara lasciva, aproximó sin dudarlo su rostro a la bragueta de Riqui, y se la fue bajando lentamente. Pero él, sin querer esperar ya ni un segundo más, tiró de un golpe hacia abajo de sus bermudas, hasta descubrir por completo su polla totalmente empalmada…

Mi novia, al verla, como sorprendida, la miró con ojos de deseo mientras comentaba:

—¡Joder…. qué polla tienes! ¡Madre mía! Bufff… ¡Qué pollaza, tío!

Un enorme escalofrío me recorrió todo el espinazo al verla con aquel rabo frente a su boca, completamente empalmado y apuntando a ese cielo oscurecido de la noche. En aquel justo segundo, creí que para mí se detenía el tiempo y no pude reaccionar de ninguna forma. Me quedé totalmente petrificado…

Víctor, al verme así, me miró con una sonrisa morbosa mientras me decía:

—Venga… ¡mírala! ¡Disfruta! ¡Que se la va a comer, joder! ¡Tu chica se va a comer la polla de Riqui! ¿No decías que eso te daría morbo? Pues qué no te de vergüenza ahora. ¡Verás como lo disfrutas! Tú tanto o más que ella…

No sabía qué responderle, estaba superado. Yo había dejado llegar aquello hasta ese punto, porque me daba morbo que mirasen a mi chica y poder fantasear con que otro se la follase. Pero nunca creí en serio que ella pudiese llegar a tanto.

¿Qué le habría visto a aquel chico para querer enrollarse con él ya esa misma noche? ¿A ver si ella no estaba tan enamorada de mí como yo me creía?…

En aquel instante, no podía hacer otra cosa distinta a hacerme esas preguntas, mientras seguía mirando hacia ellos con la intriga de saber hasta dónde llegarían.

Al volver a fijarme en el miembro de aquel chico, vi que Natalia tenia razón: tenía una polla notablemente más grande que la mía. No era como la de Víctor, pero sí de al menos unos 18 o 19 centímetros, y estaba súper tiesa.

—Vamos, tía… ¡Venga! ¡Chúpamela! ¡Vamos! ¡Rápido! ¡Que no hay nadie! De verdad —le insistía Riqui, acercándole cada vez más decidido su polla a la cara.

Mi novia la miraba y parecía dudar, pero se le intuía claramente, por el semblante de su rostro, que lo estaba deseando; si no fuese así, conociéndola, ya hacía rato que se habría levantado y marchado despavorida, ni siquiera hubiese llegado a entrar en su coche. Estaba claro que algo quería…

—Aaayy… ¡Qué polla!… —suspiró ella, acariciándola ligeramente con su mano desde los huevos hasta el glande.

Entonces, al instante, se la metió en la boca sin dudarlo. Comenzó a hacerle fuertes chupetones y a lamerla, como si quisiera saborearla de forma rápida y acelerada, aprovechando así lo máximo posible el escaso tiempo que tendría para disfrutar de ese miembro en su boca. Por momentos, la vi intentando tragársela entera, como solía hacer a veces con la mía. Pero aquella polla era muy grande, no podía…

—Gluppss….. —Le dio un par de arcadas—.Dios, tío… ¡Qué grande es… y qué gorda! —comentó, entre leves nauseas—. Hacía años que no tenía una así en mi boca —dijo volviendo de nuevo a lamerla, mientras la pajeaba a la vez con una mano y acariciaba los huevos con la otra…

—¡Dios, JODER, sí! ¡¡Chupa, chúpala, cabrona, chupa!!… ¡Sigue! Cómo la chupas… ¡Así! Tú sigue que yo vigilo por si viene alguien —le exclamaba Riqui fuera de si, mirando sucesivamente al frente y luego hacia abajo, observando cómo Natalia deslizaba su polla sin parar entre sus labios.

Yo sentí una nueva punzada en mi polla, y ahora no era sólo de excitación y morbo; estaba claro que para ella mi polla no era suficiente. Le acababa de escuchar decir que hacía años que no tenía una como la de aquel tipo. Por un instante, se me cayeron todos mis mitos sobre ella, y la empecé a ver no como una novia tan sincera como me creía que era. Estaba decidido a dejarla seguir; quería ver hasta dónde llegaba con él. Si tenía que llegar a romper con ella, que fuese luego, cuando terminase todo aquello…

Mientras mi novia proseguía con aquel rabo en su boca, él le agarró de nuevo las tetas, descubriéndole también la otra de un rápido tirón hacia abajo, quedando ahora sus dos “melones” colgando a su vista. ¡Era increíble ver cómo se le bamboleaban al son de la mamada que le estaba haciendo!

Riqui, al conseguir tener los dos a su merced, se agachó para alcanzarlos y estrujárselos con ambas manos.

Al cabo de unos instantes más de intensa mamada, él la agarró por las axilas, levantándola:

—Túmbate ahora a cuatro patas sobre el asiento, que te quito las bragas —le dijo él, justo en el momento que ya la tenía de nuevo en pie, aprovechando la ocasión para palparle con anisas sus dos tetazas, ahora que las tenía por completo para su disfrute. A la vez de eso, vi a Natalia sonreír al escuchar cómo Riqui le decía que quería quitarle las bragas. Ella sabía que no las llevaba.

Seguidamente, él inclinó su cuerpo otro poco hacia adelante, llevando su boca con ansias a chuparle ahora directamente las dos tetas. Se podía escuchar perfectamente el sonido de su lengua y su saliva restregarse por sus pezones.

Mi chica, mientras él le hacía esto, giró una vez más su cabeza para volver a mirar a los lados. Luego, ayudada por la fuerza que sobre ella ejercieron los brazos de Riqui, se volteó sobre el capó del coche, mirando de nuevo al frente, hacia la carretera, y quedando él tras ella pegado a su espalda. En la cara de Natalia se podía distinguir una sonrisa tonta, como intuyendo lo que aquel chico pronto iba a descubrir en cuanto llegase a levantarle el vestido..

Riqui, se pegó aun más a ella, y comenzó a subirle el vestido, lentamente, buscando ansioso llegar de una vez a su tanga para bajárselo. Pero, al levantarle ya del todo la falda, palpó su culo libre, sin nada debajo, y exclamó excitado:

—¡Dios! ¡Qué putita que eres! ¡Si has salido sin bragas y todo! —Le dio sendas cachetadas, una en cada nalga, y dejó sus dedos clavados en ellas.

Luego, pegó sus labios a la oreja derecha de mi chica para decirle:

—¿Tú ya venías con la intención de que te follase, eh?… ¡zorrita!

¡ZASSS…! ¡ZASSS..! Nada más decirle ésto último, Riqui le volvió a dar dos fuertes cachetadas en esas dos redondas y rotundas nalgas, y arqueó un poco más las piernas de ella, separándolas levemente con un ligero golpe en cada uno de sus pies. Al momento, llevó sin dudarlo una de sus manos a sobarle desde atrás el coño…

—Venga… ¡para ya, Riqui! —exclamó Natalia, aunque no de forma claramente sincera—. Aaaahaahhh….—gimió al notar sus dedos invadiendo su sexo—. ¿Qué haces…? Esto ya es demasiado. ¡Me va a pillar, Luis! Aaaahhhh…. —insistió, con una sonrisa nerviosa y entrecortada, aunque se la escuchó perfectamente volver a gemir de gusto al sentir aquellos dedos deslizarse por su coño.

—¡¿Qué narices se va a enterar tu novio?! ¡Venga! ¡Túmbate en el asiento cómo te digo!, con el culo en pompa. Qué te la meto y te follo rápido, aquí mismo, sobre el asiento del coche!. ¡Venga, tía! Si lo estas deseando! ¡Mira cómo estás de empapada!! —le pedía Riqui, todo excitado, mientras llevaba a la boca de Natalia esa mano que acababa de tener en su coño, queriendo mostrarle así lo mojada que estaba.

Allí, detrás de ella, pegado a su trasero y aprisionándola contra el coche, Riqui se pajeaba la polla con la intención cada vez más clara de querer penetrarla cuanto antes.

Yo ahí, volví a estar a punto de salir a sorprenderles. Natalia estaba a punto de dejarse follar por aquel desconocido, y yo no sabía si estaría preparado para verlo. En una parte de mi interior, aquello me excitaba; mi polla estaba ya más que morcillona y un cosquilleo agitaba mi estómago, pero, en la parte más racional de mi ser, mi orgullo como novio no me dejaba quedarme impasible, siendo un mero y simple voyeur de cómo mi chica era follada como una vulgar puta, tirada sobre el asiento de un coche, en un oscuro y solitario aparcamiento.

Al notar en mi rostro una expresión clara de rechazo y de ira hacia lo que podría llegar a suceder, y creyendo que yo ya estaría a punto de salir a parar aquello, Víctor me volvió a decir con sigilo y entre susurros:

—No lo jodas ahora, joder…. ¡Qué se la folla! No reprimas tu morbo. Si te está gustando. ¡Relájate y déjate llevar!… —Con aquellas palabras, parecía querer evitar a toda costa que saliese de mi escondite—. ¡Mira cómo te has empalmado y todo! Si te está dando un morbo terrible que te ponga los cuernos… ¡y lo sabes! No te preocupes, es algo muy normal. Hay muchos tíos como tú. Yo te podría presentar unos cuantos… y son bien felices.

Quizás lo peor de escuchar aquellas palabras en la boca de Víctor, era que aquel tipo tenía mucha razón en lo que me decía; en parte, me estaba gustando contemplar aquello. Ver a mi chica caer en los brazos de un desconocido, al que ni ella ni yo probablemente volviésemos a ver jamás en la vida, me estaba excitando realmente…

Decidí cerrar por un instante mis ojos, y pensé que al volver a abrirlos ya vería a Riqui penetrando a mi novia salvajemente, a cuatro patas, sobre el asiento trasero de aquel viejo BMW. Pero, al final, lo que vi al abrirlos no fue eso, lo que descubrí fue a mi chica protestando y cada vez más nerviosa, entre quejidos ahogados:

—Uffff… Riqui… ¡para!… ¡escóndete, por dios! ¡Qué parece que viene alguien!

Riqui separó por un momento su cuerpo de la espalda de Natalia y, contrariado, levantó todo lo que pudo su mirada al frente, mientras no cesaba de pajearse su empalmadísima polla, con la que había estado apunto de penetrarla sólo un segundo antes.

Parecía, que la preocupación de mi novia residía ahora, en que en dirección al coche se veía acercarse a un grupo de tres chicos que avanzaban con sus cubatas en la mano y con claros síntomas de una abundante borrachera. Mi chica, asustada al verlos aproximarse cada vez más hacia ellos, se tiró a la larga sobre asiento del coche, boca abajo, en un gesto rápido e intentando esconderse así de sus miradas.

Ya tirada sobre el asiento, seguía rogándole sin parar a Riqui, ya con tono bastante nervioso:

—¡Déjalo, Riqui ya, por dios! ¡A ver si va a ser alguno de esos mi novio! Joder… estoy loca. ¡Escóndete!… ¡qué nos va a ver! ¡¡Por dios!!

—No, Natalia, no, ¡que no es tu novio! De verdad, no te preocupes —le contestó Riqui, todo excitado aún, mientras volvía de nuevo sin dudarlo a sobarle el culo, aprovechando la posición que tenía ella ahora, tirada sobre el asiento.

—¡Quítate, por favor, de verdad! ¡¡Para!! ¡No quiero seguir! Y escóndete… ¡¡Por dios te lo pido!! ¡No me hagas ésto!! ¡¡Para, tío!! —no dejaba de suplicarle mi chica, toda atacada, intentando como podía zafarse de Riqui y que éste la dejase en paz de una vez.

En esto, Riqui le hizo caso y, lentamente, se levantó, subiéndose y abrochándose de nuevo el pantalón, mientras observaba al grupo de chicos que se aproximaban ya con decisión hacía el coche. Entonces, cerró de un fuerte golpe la puerta y se colocó bien la ropa, dejando a mi chica dentro, tumbada a la larga en el asiento y tapándose la cabeza con sus manos, para intentar así no ser reconocida.

Uno de los chicos se acercó a Riqui y, mientras miraba disimuladamente hacia dentro del coche, le fue diciendo con tono jocoso:

—Hombre, Riqui, tío… ¿qué haces aquí?

Éste le miró un tanto desafiante y le respondió:

—¡Nada, joder! ¡Márchate, Iván, anda, qué llevas un buen pedo! —Le pidió que le dejase en paz, mirando hacia los otros chicos, como esperando que se lo llevasen de allí.

—¿A quién tienes ahí?, ¿a esa guarra cuarentona madrileña?, ¿la que estaba ayer en tu pub? ¡Te la estás follando, eh! —le volvió a decir aquel chaval, mirando ya sin disimulo alguno hacia dentro del coche.

—¡Nooo! ¡Vete por favor! ¡Oye, tíos, venid y llevaros a este, joder! —exclamó otra vez Riqui, pero esta vez hacia los otros dos chicos, que se habían quedado a unos metros del coche, mirándolo todo.

—¡Hostías… joder… no! Ja, ja, ja…—Se rió con jolgorio el tal Ivan ese—. ¡Pero si es la tetona esa que nos contaste que te habías ligado en la playa, mientras hacía topless! Al final, ¿te la estás follando, no?… ¡Qué cabrón! —exclamó ahora, dándole una palmada a Riqui en el hombro, como queriendo reconocer así su “hazaña”, mientras seguía mirando hacia el interior del coche, viendo ya seguro a mi chica dentro, tapándose como podría.

—¡¡Ivan… ya está bien!! ¡¡Te repito, que te largues!! ¿O te voy a tener que partir la cara? ¡¡¡LÁRGATEEEEEE!!! —le amenazó Riqui, ya bastante cabreado y nervioso, a la vez que con un gesto rápido dirigía de reojo su mirada hacia la caseta de obra donde estábamos escondidos Víctor y yo, dándome a entender con ese gesto, que muy probablemente podría estar al corriente de que nosotros estábamos escondidos por ahí.

Yo ya estaba como loco, atacado totalmente de los nervios y con un un cabreo monumental. Pero aun no podía salir al rescate de mi chica pues, se descubriría todo, y aquel sería el casi seguro final de mi feliz relación con ella.

—Joder… ¡¿pero qué coño hemos hecho?! Mi chica se debe estar muriendo de miedo y vergüenza dentro de ese coche. ¡Dios, Víctor! ¿Qué hago? —le pregunté, muy nervioso, y todavía en un cierto tono bajo de voz, para que no me oyesen.

—Tranquilo, amigo… Espera unos segundos más, que igual se soluciona todo. Yo creo que se irán… —me contestó él, atento también a todo, aunque visiblemente nervioso como yo. Aquel inoportuno borracho seguro le había chafado el plan que él tenía.

Yo, aun viéndole así, la verdad, que no entendía cómo podía seguir haciéndole caso… pero no me quedaba otra. No obstante, lo que sí que yo tenía del todo claro ya, era que si volvía a notar a mi chica en peligro de nuevo, esta vez sí que saldría a por ella sin pensar en nada. ¡Aquello se había desmadrado por completo!

En esto, los otros chicos que acompañaban a aquel tal Ivan vinieron en su busca y se lo llevaron, dándole a Riqui una palmada de disculpa por la borrachera de su amigo. Al instante, se fueron marchando rápido alejándose con prisa del coche.

Yo, aun así, seguía nerviosísimo. Pero ya sólo me quedaba que esperar a ver lo qué pasaba ahora. Riqui abrió de nuevo la puerta del coche, como con intención de continuar lo que había dejado a medias, pero nada más hacerlo, mi chica salió como un resorte de allí, medio llorando y extasiada, y le pegó a Riqui un fuerte empujón para zafarse de él.

Al sentir ese empujón, él miró de nuevo hacia donde nosotros estábamos escondidos y, como no sabiendo qué hacer, le replicó a Natalia:

—¡A ver, tía!, no te entiendo… Medio quedas conmigo esta tarde; me calientas en la fiesta bailando y dejándote sobar; luego te me presentas aquí sin bragas y me la chupas; y ahora, después de todo eso… ¿te me haces la estrecha?

—¡¡NO!! Tú lo que eres… es sólo un puto fanfarrón, ¡un payaso! ¿Qué andabas presumiendo por ahí que te ibas a follar a la tetona de la playa? —exclamó Natalia, ya entre claros sollozos—. ¡De verdad que debo estar loca de remate! ¡¿Cómo pude hacerle esto a mi novio?! —continuó Natalia, casi gritándole, mientras se cercioraba con la mirada de que no llegaba nadie más hacia allí.

—Bueno… —intercedió Riqui, contrariado—. ¿No viste cómo no le importó a tu novio que tonteases conmigo toda la noche? Quizás… ¡incluso él quería que te lo hicieses conmigo! ¡Qué te mandase bien follada de vuelta con él al hotel! —replicó Riqui, llevando ahora la vista hacia la caseta de obra, de forma aun más clara que antes.

¡¡¡ZAAASSS!!! Natalia, sin pensárselo ni un instante, le azotó a Riqui una sonora bofetada en la cara, que resonó incluso entre aquellas rocas… La verdad, que para mí esa “torta” fue como una liberación; era la “hostia” que yo debería haberle dado, pero no pude, no quise o no me atreví a darle… Y la razón de que ni siquiera intentase hacerlo era que, en una parte de mí, notaba que lo que habían hecho hasta hacía un instante me estaba llegando a excitar.

—¡¡ERES UN CABRÓN!! ¡¡¿CÓMO PUEDES DECIR ESTO?!! —le gritó ella, mientras comenzaba a marcharse de allí, con síntomas claros de borrachera y corriendo por la carretera en dirección de retorno a la fiesta.

─¡Venga… sí… eso! ¡VUELVE CON EL CORNUDO DE TU NOVIO! ¡A ver si esta noche él te folla igual que te lo iba a hacer yo! ¡¡CORRE… CORREEE!! —le gritaba Riqui, mientras la miraba alejarse corriendo, aún tocándose la cara y sintiendo la bofetada que acababa de recibir.

Yo, muerto de la culpa y de la rabia, estuve a punto de salir raudo tras mi chica, pero Víctor me paró y me dijo:

—¿Qué haces, tío?… ¿Qué le vas a decir a tu chica ahora?: ¿que tú medio preparaste todo esto?

—Pero… ¿qué coño dices? —le respondí, un tanto incrédulo—. ¡Si fuisteis vosotros dos lo que lo planeasteis! Seguro que lo lleváis bien estudiado todo. ¡Seguro que ésto se lo hacéis a más parejas de turistas confiados como nosotros! ¡¿Cómo me habré dejado liar de este modo, para llegar hasta aquí y hacer todo ésto?! —exclamé nervioso, pero a la vez pensativo en cómo coño arreglaba ahora todo este entuerto…

—No, tío. Te confundes mucho conmigo Si ésto pasó, es porque tú también lo quisiste. Si no… ¿por qué la has propuesto venirse así vestida para que le mirásemos las tetas? ¿Por qué has dejado que Riqui la sobase así en la fiesta y no la frenaste? ¡Y mira que te avisé de lo que podía pasar!… Pero aun así, decidiste dejar seguir el asunto. No le des más vueltas, a ti ésto te da morbo, te excita y lo sabes. ¡punto! Sólo siento que haya terminado todo así de mal —me replicó Víctor.

Cuando mi chica se había alejado ya unos cuantos metros, Riqui, con una cara medio de vergüenza medio de enojo, se marchó decidido y no pareciendo sentirse culpable para nada de lo que acababa de hacer; sólo, más bien, se le notaba frustrado por no poder haber terminado lo que había empezado con Natalia.

Arrancó el coche, y se fue acelerando por la carretera en sentido contrario a la marcha que llevaba mi chica, alejándose.

Así pues, nos quedamos ya solos allí Víctor y yo, observando cómo Natalia avanzaba sola, caminando por la carretera de regreso a la fiesta…

Yo me quedé un segundo más de pie y paralizado, pensando en qué hacer para arreglarlo todo y volver con mi novia, sin que ella se diese cuenta que lo había presenciado todo. Sinceramente, prefería que fuese así: que ella siguiese creyendo que yo no me había enterado de nada. En parte, gracias a aquella reacción última de ella, la había perdonado, y ahora era yo el que en verdad me sentía sucio y culpable por todo.

En ésto, Víctor, como sintiéndose por fin un poco afectado por lo que había pasado, me dijo:

—Mira, Luis, ¿ves aquellas escaleras de allí? —dijo apuntando hacia unos escalones que se intuían unos metros más atrás de donde estábamos—. Pues sube por ellas, y camina por todo aquel mirador de allí arriba. Al otro lado, hay otras escaleras que bajan al camino que viene de la fiesta. Si corres, atajarás y llegarás antes que tu chica. Así, podrás fingir que vienes de la fiesta en su busca y que no sabes nada. ¡A ver qué te dice ella! Yo ya no puedo hacer más para ayudarte.

Yo me quedé mirando hacia esas escaleras, y como no teniendo otra opción, le hice caso y me fui en dirección a ellas…

—Vale, ¡me largo tío! Ya hablaremos… ¡Lamento que esto haya acabado así! No debí hacerlo, pero no te guardo rencor. —En aquel momento, le dije eso para quedar bien con él, pero en mi interior pensaba que nunca más querría saber nada de aquel tipo.

—¡Suerte! ¡Qué pena que ésto haya terminado así! Por favor, mándame un mensaje cuando lleguéis al hotel para estar tranquilo. ¡Lo siento!, y espero que sigamos esta amistad que comenzamos aquí. ¡Sois una pareja fabulosa! —dijo él, según me iba.

—Sí, nos veremos… —me despedí, mientras me dirigía corriendo hacia las escaleras que me había dicho.

Durante el trayecto, que hice totalmente apresurado, podía ir observando desde lo alto de aquel mirador cómo ahora Natalia caminaba despacio por la carretera, con claros síntomas de embriaguez, pero sobre todo, con enormes muestras de ir nerviosa y llorando. Y supuse, que también muy preocupada por dónde podía estar yo; miraba todo el rato al frente por si yo aparecía ya en su búsqueda.

Corriendo por aquella pasarela, la adelanté, y continué rápido hasta llegar por fin al principio de las otras escaleras que bajaban. Dándome cada vez más prisa, llegué abajo, y comencé a caminar a su encuentro; apresurado, sin saber muy bien cómo me la iba a encontrar cuando por fin la alcanzase y estuviésemos los dos ya frente a frente.

Al momento, cuando ya nos pudimos divisar los dos con la mirada, ella se detuvo, como rendida, y me esperó mirando hacia suelo. La llamé con un grito de alivio:

—¡¡NATALIAAA!!

Llegué corriendo a su encuentro, y cuando por fin estuve a su lado, le dije:

—Natalia, amor, ¿dónde estabas? ¡Casi me muero del susto! ¿Dónde has ido, cariño? ¿No estabas con Sandra? —En aquel momento, sólo me salió intentar fingir de ese modo que no sabía nada.

—No, Luis, lo siento… Esa guarra me dijo que la acompañase a mear, y luego… me ha dejado sola ¡Tirada! Mi amor, ¡estoy borracha y no sabía ni donde estaba! Lo siento, cariño, soy una tonta. ¡Cómo me fio así de gente que ni conozco! —me dijo, entre fuertes sollozos, mientras se abrazaba a mí.

—No pasa nada, mi vida. ¡Vámonos para al hotel! Ya te dije que no bebieses tanto. Te sienta mal el alcohol. ¡Tú lo sabes!

—Sí, Luis, cariño, por favor… llévame para el hotel, no quiero estar más aquí —sollozaba aún—. Y… ¿dónde está Víctor? —Fue lo siguiente que me preguntó, mientras parecía calmarse un poco, pero miraba a la vez tras de mí, como comprobando si Víctor me había seguido. Aún parecía muy asustada por si yo podía sospechar algo de lo que había hecho.

—Víctor se marchaba ya. Lo dejé en la fiesta cuidando de Sandra. Aunque creo que ya se la llevaba para el hotel. Llegó hace un momento con una borrachera enorme. ¡Casi ni se tenía en pie! —Me fui inventando esto, mientras seguíamos abrazados—. Yo llevaba ya bastante rato muy preocupado por dónde andabas, y te vine a buscar en cuanto vi que no volviste con ella. Os estuvimos esperando desde que se fueron para casa Riqui y Andrés… —Noté su cara de inquietud al nombrarle a Riqui—. Ah… y bueno… Riqui me dijo que le despidiese de ti. ¡Es un tío majo! —añadí, ocurriéndoseme toda esa historia sobre la marcha, esperando que fuese creíble para ella, y que así no sospechase que la acababa de haber visto con Riqui.

Al decirle ésto, se quedó callada, casi muda y como no queriendo hablar más del tema. Interpreté que se debió sentir aliviada al ver que yo parecía no sospechar nada. Decidí que, después del mal trago pasado, lo mejor ahora era intentar olvidarlo; ya habría tiempo mañana de ver si aquello tenía repercusiones en nuestra relación o si no.

Al momento, cogí a Natalia por la cintura y nos fuimos rápido a buscar un taxi para regresar de vuelta a Rocablanca del Mar, al hotel. En el trayecto, ella se quedó rendida, durmiendo en el coche. Mientras, yo la observaba sintiendo parte de culpa por lo que había pasado.

Al mirarla, y una vez ya pasado el apuro de antes, volví a recordar lo que acababa de suceder, y podía sentir de nuevo, en parte, algo de ese morbo que noté claramente hace unos escasos minutos. Antes, solamente unos breves segundos y aquellos borrachos, impidieron a mi chica dejarse follar por un casi desconocido. Yo sentí que, aquello, aunque en parte fuese duro, sobre todo por haber visto a Natalia pasarlo tan mal al final, para mí había sido una experiencia un tanto excitante. La pena quizá fuese que no se hubiese hecho de un modo un poco más consensuado; de mutuo acuerdo; como Sandra y su marido, o como aquella Carmen que conocí años atrás y su también supuesto esposo. Por momentos, notaba ahora que no tenía tan claro lo de no querer seguir en contacto con Víctor. En parte me intrigaba continuar con todo esto, me había encantado morbosear con él sobre mi novia.

Aunque, pensándolo de otro modo, con aquellos pensamiento parecía más bien querer justificarlo todo un poco; por un lado, respaldar mis innegables morbos por ver a mi chica con otros; y, por el otro, excusarla a ella y no sentirme tan traicionado por lo que había hecho; argumentando que, al fin y al cabo, a partir de mañana a ese tal Riqui no los volveríamos a tener en nuestras vidas. Para mí, tenía claro que se quedaría en una simple e inesperada anécdota de vacaciones. Sólo me intrigaba descubrir cómo se sentiría ella al despertase mañana: ¿tendría remordimientos?, ¿decidiría por fin contármelo todo?…

Unos minutos después, llegamos por fin al hotel. Subimos a la habitación sin decirnos nada de nada. El silencio con el que nos metimos en la cama siempre lo recordaré como algo un poco desolador; a mí, sólo me salieron unas palabras para recordarle que al día siguiente no nos podíamos levantar muy tarde, qué teníamos que salir temprano hacia la casa de su prima y sus tíos, que habíamos quedado para comer con ellos.

Sobre una media hora después, cuando ya noté claramente que Natalia se había quedado profundamente dormida, rendida por el alcohol, cogí mi móvil y decidí mandarle un whatssapp a Víctor. No sabía el porqué, pero me sentía con la necesidad de decirle que todo había acabado bien…

—Ya estamos en el hotel. Ella está bien y no creo que se intuya que la espiamos y yo lo vi todo. Ya hablaremos…

Unos dos minutos más tarde, me contestó:

—OK, me alegro… Y bueno, lo mejor de todo es que sabes hasta dónde ella está dispuesta a llegar. Solo hay que sacar esa hotwife que lleva dentro… Ya la viste…

Yo, aunque un poco extrañado por este mensaje después de todo lo que había pasado, le contesté:

—No sé si tienes razón, y tampoco sé si en verdad al final quiero eso. Esta noche no voy hablar más… Quiero dormir y pensar. Mañana, más tranquilo, ya te contesto si puedo.

Antes de dormirme, borré aquellos mensajes y silencié las notificaciones en mi móvil. Posé el móvil en la mesita, me di la vuelta en la cama, y me coloqué al lado de mi chica para abrazarla mientras intentaba dormirme. Natalia se había acostado totalmente desnuda, pues lo único que hizo, nada más llegar, fue quitarse el vestido, tirarlo sobre el parqué de la habitación y meterse en la cama, por lo bebida que llegó.

Me paré a contemplar su cara. Allí, dormidita y tan dulce, me parecía increíble pensar que hacía sólo unos minutos se la había estado chupando a otro tío: un casi desconocido. Volví a recrear en mi mente esa secuencia, aún no aliviado del todo de la culpa de haberla inducido a pasar, seguramente, uno de los momentos más angustiosos de su vida. En aquel preciso momento, no valoraba fríamente lo que había ocurrido, me echaba a mí mismo la culpa de todo. Aunque, tampoco podía ignorar cómo ella parecía haber estado disfrutando desatadamente de Riqui durante unos instantes; esos segundos antes de la aparición de aquellos chicos. Me quedaba la duda de qué podría haber sucedido si no los llegan a interrumpir: ¿seguro Riqui se la hubiese follado? ¿Quién sabe?; viendo lo cachonda y desinhibida que estaba Natalia, cualquier cosa podría haber sucedido…

Persistían en mi mente esas dudas y, en parte, notaba que me hacían excitarme de nuevo. Aún así, no podía evitar sentir una especie de recelo hacía mi mismo al sentir todo eso; como si mis más sinceros sentimientos como novio hacia ella quedasen así en entredicho.

Sin embargo, el cansancio por las copas que me había tomado me hacían ya caerme casi de sueño….

Observé otra vez su rostro dormido, y decidí besar su carnosa boca entreabierta… Su aliento me supo a los Bombay Sapphire con tónica que se había bebido. Al instante, me fui a acariciar su sexo, recordando cómo las manos de ese chico habían disfrutado de él hacía sólo un rato. Natalia, dentro del sueño, se dio la vuelta nada más comenzar yo a acariciarle su coño…

Al momento, me dormí…

Lo que pasase a partir del día siguiente, ya sería otra historia….

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