ECONOMISTA

Estos días navideños teníamos un gran volumen de trabajo en la fábrica, mientras que Claudia disfrutaba de las vacaciones tranquilamente en casa con las niñas. En esos casi 20 días en los que ella no tuvo clase nos conectamos varias veces más con Toni y así al fin pude saber cómo Víctor se había follado por primera vez a mi mujer. Luego releímos varias veces las conversaciones y siempre nos terminábamos pillando un buen calentón. Me encantó saber cómo el médico había tratado a mi mujer, sobre todo por la mañana, donde la había insultado e incluso azotado en las nalgas y ella se había corrido varias veces mientras le hacía esas cosas tan sucias.

Claudia seguía teniendo contacto telefónico con Víctor y ya habían concertado una tercera cita para después de Reyes, aunque sin fecha fija todavía. Antes teníamos pendiente hablar de todo esto y aprovechamos las fiestas de navidad para hacerlo. Charlamos largo y tendido de lo que estábamos haciendo, de los pros, los contras, lo que nos preocupaba, lo que nos gustaba. Intentamos dejar las cosas bien claras e incluso poner unos límites. Para mí lo más importante era que Claudia estuviera segura, tranquila e hiciera lo que quisiera, para mi mujer lo más importante era la discreción, sobre todo, no podía permitirse que nadie de su círculo cercano supiera de nuestra afición por el mundo cuckold.

También hablamos sobre el que yo estuviera presente en sus encuentros, para mí no es algo que fuera imprescindible, de hecho, aceptaba perfectamente que ellos se vieran sin estar yo delante, aunque también consideraba una parte muy morbosa el poder ver todo e incluso que me pudieran pedir alguna cosa o se dirigieran a mi mientras estaban follando. Claudia me dijo que por supuesto que yo también tenía opinión y nosotros teníamos que establecer las reglas y como serían los encuentros y no dejarlo en manos de Víctor. En cuanto a que yo estuviera delante Claudia estaba de acuerdo y no se oponía, pero me dijo que en estas primeras veces ella podría sentir mucho pudor de que yo la viera y que de momento prefería estar a solas con él.

Al final llegamos a un punto medianamente intermedio para el supuesto tercer encuentro cuando se produjera. Después de cenar iríamos a casa de Víctor los tres, ellos estarían en la habitación y yo me quedaría en el salón. Para mí era importante porque podía estar tranquilo al estar cerca de ellos y esto le daría seguridad a Claudia y era como un primer paso a que yo los viera, no era lo mismo porque no iba a estar delante, pero lo iba a escuchar todo desde el salón y así poco a poco Claudia iría perdiendo la vergüenza a que yo estuviera presente cuando follara con Víctor.

Las navidades fueron transcurriendo con mucho trabajo y entre comidas y reuniones familiares. En los “Álvarez” las cosas iban bien, aunque se notaba mucho la falta de Gonzalo, sobre todo en estas fiestas, pues siempre era el que se hacía notar en las reuniones. Carlota seguía viviendo en casa de mis suegros y estaba centrada en el trabajo, últimamente tras mucho insistir por parte de la familia se había apuntado al gimnasio, tenía muchos kilos que bajar, aunque a mí me gustaba como estaba, pues aquellas enormes tetazas serían lo primero que iba a perder si adelgazaba un poco. Marina por su parte nos dio la noticia de que iba a empezar a trabajar como copresentadora en un programa de la tele local, sin duda alguna mi suegro había tenido mucho que ver en “colocarla/enchufarla” allí, pero eso a mí me daba igual, iba a ser un gustazo verla por la tele. Seguramente alguna paja caería en su honor mientras la veía en la caja tonta.

Como de costumbre el día de Reyes quedamos a comer en casa de mis suegros. Era una tradición familiar, antes de comer nos reuníamos todos en torno al árbol de Navidad y Claudia ejercía como maestra de ceremonias llamando uno a uno para que salieran a recoger su regalo. Mi mujer llevaba unos vaqueros ajustados, zapatos de tacón y un suéter muy navideño de Papá Noel. Empezó por los niños, de menos edad a más edad, el más pequeño el hijo de Marina y Pablo salió entre aplausos del resto de la familia. Yo viendo a Claudia así me acordé de lo que había pasado en nuestra casa la noche anterior.

Después de dejar todos los paquetes junto al árbol de Navidad Claudia me dijo que subiera a la habitación para darme mi regalo. Pasé dentro y estaba de pies, desnuda, con el coño completamente rasurado, unas botas altas por encima de las rodillas y en la cintura colgando un arnés del que colgaba una polla negra.

– Ponte de rodillas y chúpamela, aquí tienes tu regalo, me dijo sacudiéndosela ante mí.

– Voy a chuparle la polla a Baltasar, dije en broma a lo que Claudia sonrió ante mi ocurrencia.

Cuando terminó de dar los regalos a los peques la siguiente más joven era ella, cogió un paquete y lo abrió mientras nuestras dos hijas la abrazaban. Era un precioso colgante y pendientes a juego de oro blanco. Me hizo salir a darla un beso, sabía que llevaba un tiempo detrás de ese conjunto y yo solo tuve que decírselo a mis suegros para que se lo compraran. Aprovechando que estaba de pie en el árbol me tocaba ahora a mi abrir el regalo, otra pequeña cajita cuadrada. Ya me imaginaba lo que sería.

Claudia sujetaba la polla y me daba golpecitos con ella por la cara, yo ansioso sacaba la lengua e intentaba metérmela en la boca, pero ella no me dejaba. Aquel juego me excitaba mucho.

– Cornudo y maricón, lo tienes todo. Toma, haz con ella lo que te dé la gana, dijo mi mujer al fin dejándomela chupar.

Me excitaba mamar allí sumiso de rodillas agarrándola por el culo, Claudia tenía a la vez una cara de zorra y desprecio que hacía que se me pusiera más dura. Ella intentaba metérmela lo más profundo hasta que me rozaba en la garganta y me daban arcadas, luego la sacaba y vuelta a empezar.

– Pasa bien la lengua por toda la polla, quiero que la dejes limpita y mojada…

El reloj deportivo era muy bonito, con una correa en naranja, Claudia cómplice me guiñó el ojo, sin duda alguna ella también estaba detrás de este regalo. La siguiente en salir fue Marina que también iba muy guapa marcando culazo con un vaquero ajustado. Abrió el paquete y era un móvil grande, se dio un beso y un abrazo con mi mujer y volvió junto a sus hijos.

Me puso de pies contra la cómoda de la habitación y de una patadita me obligó a abrir las piernas, yo sumiso bajé la cabeza y esperé a que ella se pusiera detrás. En cuanto me rozó el ano con la polla de juguete se me estremeció el cuerpo. Lo siguiente que noté fue el dedo de Claudia untado de vaselina abriéndose paso en mi culo. “¿la quieres ya dentro, eh, cornudo?”. Luego empujó y el juguete se fue abriendo paso en mi interior poco a poco.

El siguiente fue Pablo al que regalaron una americana que no dudó en probarse delante de todos. Le quedaba muy bien, mi mujer le ayudó a quitársela y luego salió Carlota con los ojos llenos de lágrimas y se fundió en un abrazo con su hermana pequeña rompiendo a llorar. Claudia le dio unos pequeños golpecitos en la espalda y luego unos besos muy cariñosos.

– Tu eres muy fuerte y esto no es nada para ti, vamos cabeza arriba y no pasa nada, eres guapa, joven y tienes mucha vida por delante, le dijo mi mujer a Carlota que seguía muy afectada por su ruptura con Gonzalo. Abrió el regalo y era el último modelo del IPad que pareció gustarle mucho.

Me sujetó de las caderas mientras literalmente me estaba partiendo el culo. Claudia me follaba sin contemplaciones haciéndome pasar un rato maravilloso. Creo que ya lo he dicho varias veces, pero lo repito. No hay nada mejor que tu mujer te dé por el culo. En serio. Cuando notas las embestidas desde atrás, por dentro te están acariciando la próstata y da un gustazo que te derrites. A cada mete-saca no sabes muy bien si te vas a mear encima, si te vas a correr o si te duele el culo. O las tres cosas. Lo único que sabes es que estás disfrutando como un cabrón. Yo a veces me llego a correr así, no me hace falta ni tocarme la polla para eyacular, como me pasó en esa noche de Reyes. De una brutal clavada Claudia me incrustó toda la polla y comencé a eyacular sobre la encimera mientras me balanceaba delante y atrás por la follada que me estaba pegando.

Por último, salieron mis suegros a los que entre todos los hijos les habían regalado un viaje por varias ciudades de Italia. Después nos sentamos a la mesa a comer y para terminar cantamos unos villancicos comiendo turrones. Se acabó la Navidad.

Claudia se quitó el arnés dejándolo caer al suelo, yo todavía estaba de pie contra la encimera con la cabeza agachada. Me dio una pequeña nalgada y me dijo que me diera la vuelta.

– ¡De rodillas!, me ordenó.

Levantó una pierna poniéndomela sobre el hombro y me acercó el coño a la cara.

– Me pone mucho follarte, mira lo mojada que estoy… ¿lo ves bien?, pues ahora túmbate en el suelo que voy a sentarme en tu cara de cornudo hasta que me corra…

15

Un par de días más tarde comenzamos con la rutina diaria, Claudia y las niñas en el colegio y yo en la fábrica ahora con mucho menos volumen de trabajo. Esa rutina no duró mucho pues a mediados de enero volvimos a quedar con Víctor. Era el tercer encuentro, solo que esta vez no íbamos tan a la aventura como las anteriores veces, habíamos hablado entre nosotros que es lo que queríamos y como iba a ser. Y de ahí no nos íbamos a salir. Teníamos clarísimo el guion y las dos premisas fundamentales en las que basar los encuentros: seguridad y discreción. Víctor por su parte se permitió el lujo de sugerirle a Claudia que se pusiera unos pantalones de cuero negro ajustado para la cita, le excitaban mucho ese tipo de prendas y mi mujer se compró uno para la ocasión.

Esta vez reservamos nosotros el restaurante y le dijimos a Víctor sitio y hora. El medico acudió puntual como siempre.

Se puso en pie nada más vernos, nos estaba esperando dentro del restaurante tomándose una copa de vino en la barra. Luego pidió otras dos para nosotros antes de empezar a cenar. Claudia se había vestido toda de negro, con zapatos de tacón, pantalón de cuero a la altura de los tobillos y un jersey fino ajustado con cuello de pico con el que lucía un poquito de escote y donde se le insinuaban sus preciosos pechos. Víctor se quedó de piedra cuando vio lo guapa que se había vestido Claudia “para él”. No tardamos mucho en pasar al comedor.

Durante el viaje en el coche estuvimos hablando del tercer encuentro con Víctor. No tenía nada que ver con las anteriores ocasiones donde no queríamos abordar el tema, como si viajáramos a Madrid por otro motivo, ahora sí, lo afrontamos y hablamos de que es lo que queríamos. Le sugerí a Claudia la ropa interior, se había comprado un conjunto negro muy erótico como le gusta a ella con muchas transparencias que seguro hacían las delicias de Víctor.

Preferíamos que el encuentro sexual no fuera esta vez en un hotel, así que decidimos que la mejor opción era en casa de Víctor, pero yo tenía que estar también en el piso, aunque no en la habitación, seguro que él no ponía ningún problema y si objetaba algo pues se acababa el juego. Nosotros poníamos las reglas. Claudia decía que era un primer paso para que en futuros encuentros yo pudiera estar físicamente delante para verlos follar en directo. Sabía que esperar en el sofá de casa de Víctor mientras ellos estaban metidos en su habitación iba a ser muy duro para mí, pero también morbosísimo, mi mujer me preguntó si me iba a acercar a la puerta para escuchar mejor y yo le dije que por supuesto que sí.

“Solo tendrías que abrir la puerta para vernos, pero debes aguantarte y no hacerlo, tienes prohibido entrar, solo podrás escucharnos desde fuera como un buen cornudo, ¿entendido?”, me había advertido Claudia mientras me acariciaba el paquete con una sonrisa maliciosa. Le dije en broma que se estuviera quieta y dejara de meterme mano mientras conducía o íbamos a tener un accidente.

Al final hablando de estas cosas nos llegamos a excitar bastante, sobre todo yo, que me puse muy caliente cuando mi mujer me llamo cornudo varias veces durante la conversación en el coche. Para esta cita con Víctor cada vez había menos nervios y más ganas de sexo por parte de Claudia y yo al contrario estaba súper nervioso, casi más que la primera y la segunda vez. Solo esperaba que todo saliera bien.

Durante la cena estuvimos hablando de las Navidades y cosas cotidianas, tampoco nos contó mucho Víctor de su vida privada o de si tenía familia, se había pasado la mayor parte de las fiestas haciendo guardias en el hospital, según nos dijo. Y por mi parte que decir, cuando quedamos la primera vez le debió parecer muy raro que acompañara a mi mujer a la cena, pero al fin y al cabo no había pasado nada entre ellos y solo era una cena informal entre amigos, para el segundo encuentro Víctor ya tenía clarísimo que yo era un cornudo y que solo estaba de mero acompañante de mi mujer y que además tenía vía libre para hacer con él lo que quisiera. Pero esta tercera vez era distinto por un simple motivo.

Ya se había follado a mi mujer.

Y eso lo cambiaba todo, por supuesto que lo cambiaba, es una sensación muy extraña estar sentado en la misma mesa del restaurante con tu mujer y el tío que ya se la ha follado. Es difícil explicar lo que sientes, para empezar sumisión hacia él, no dejas de pensar que estás con el macho que se folla y hace gozar a tu mujer, ese pensamiento no se te va de la cabeza y además Víctor contribuye a ello, se desenvuelve con total seguridad, sabe cómo tratar a una chica y hacer que ésta pierda la cabeza por él bajo una fachada de seductor irresistible. Por otro lado, veía a Claudia y la cara que ponía cuando le miraba, mi mujer siempre ha sido de armas tomar, todo un carácter, pero cuando estaba con él parecía otra, como si no pudiera decirle que no a nada. Ya sé que suena estúpido y típico, te pasas años detrás de tu mujer para que se acueste con otros y en cuanto lo hace te surgen mil preocupaciones, mil dudas, a mi sobre todo lo que me inquietaba era que Claudia pudiera encoñarse con aquel tío. Si, solo habíamos quedado tres veces con él, pero cuando los vi juntos esa noche empecé a pensar que Claudia podía hacerlo, sin ninguna duda, aunque tenía mucha confianza en que la base de nuestra relación era muy sólida, con una familia detrás y una vida al margen de estos encuentros con él.

Había que tener claro que Víctor solo existía para el sexo. Y nada más.

Como decía, en la mesa con ellos sentía algo de sumisión, humillación, pero también morbo, mucho morbo, tenía un continuo cosquilleo de nervios en el estómago que yo sabía que no se me iba a pasar nunca, aunque quedáramos con otros hombres tropecientas veces. Eso siempre lo iba a tener. Ver como tu mujer cena con otro, como coquetean, te los imaginas en privado, desnudos, tocándose, besándose, sabiendo que ya han estado así y empiezas a excitarte. Yo me puse cachondo ya mientras cenamos, salí del restaurante deseando ir al piso de Víctor.

Aquella noche cuando terminamos de cenar fuimos a tomar una copa a un pequeño local, como hice la primera vez les dejé solos, no hacían falta las palabras, mi mujer ya no me buscaba con la mirada ni me decía que me uniera a ellos, sabía que yo estaría cerca mirándolos y era importante para que se sintiera protegida, pero a la vez libre de hacer lo que quisiera, ella solo tenía que dejarse llevar. Con una copa en la mano me situé a unos tres metros, como un completo desconocido, como un voyeur, captando todos los detalles, como hablaban, como se tocaban, las caras que ponían. No había nada externo en lo que preocuparme, en ese momento solo estaba centrado en disfrutar mirando a mi mujer con Víctor.

Todo era perfecto, buena música, una copa en la mano, la polla dura y observar cómo Víctor ya tenía sujeta por la cintura a Claudia. Pero duró mucho tiempo aquello, no me dejaron paladear el momento previo, tenían prisa en hacer lo que fueran a hacer. Estaban ansiosos y excitados. Claudia vino hacia mí y me dijo que nos íbamos a casa de Víctor, había hablado con él y le había dicho que yo también iba, pero que no iba a entrar con ellos en la habitación, como habíamos acordado.

Cogimos un taxi y me puse delante dejando a la parejita en los asientos de atrás, no sé por qué lo hice, supongo que fue un gesto de mi parte hacia ellos asumiendo mi papel de cornudo y dejándoselo bien claro, si es que había alguna duda, pero me gustó hacerlo. Escuchaba como hablaban en bajito, aunque no me giré en ningún momento a mirarles, lo que hizo incrementar la tensión dentro de mi cuerpo.

Nos bajamos del taxi y entramos en el portal, Víctor llevaba sujeta a mi mujer por la cintura y yo iba detrás de ellos sin decir una palabra. Era solo el marido cornudo que los acompañaba. Al llegar a su casa pasamos al salón y Víctor nos preguntó si queríamos tomar una copa, para mi sorpresa Claudia dijo que quería una y me di cuenta de que ella también estaba disfrutando mucho con esos momentos previos al sexo.

Entonces se sentaron en el sofá de tres plazas y yo me puse en otro más pequeño al lado de ellos, estaban frente a frente muy pegados, hablando casi en un susurro y no entendía lo que se llegaban a decir. Se notaba que tenían ganas de quedarse a solas y que yo sobraba en la escena, desde su posición podía parecer ridículo allí sentado mirándolos con una copa en la mano. No quedaba mucho para el desenlace final.

Víctor hizo un gesto con la cabeza y el amago de ponerse de pies, pero Claudia dijo en bajito “espera un momento”, entonces tomó la iniciativa y acercándose a él le dio un pequeño beso en los labios y luego me miró de reojo, estaba claro que aquello había sido un regalo para mí. Víctor enseguida entendió lo que pasaba y le devolvió el beso a mi mujer, solo que esta vez no fue pequeño, fue un muerdo donde le metió la lengua entera en la boca. Se juntaron más y pasando la mano por detrás de la nuca para llevarla contra él comenzaron a besarse. Claudia le correspondió y sacó la lengua para recibir la de él.

Lo que comenzó como un simple beso se estaba convirtiendo en un morreo apasionado, salvaje y lascivo.

Me pilló de sorpresa por completo, no esperaba ver esto, al menos esa noche e incluso comencé a dudar de si no iban a follar delante de mí cuando Víctor manoseó los pechos de mi mujer estrujándoselos sobre el jersey. La polla me palpitaba bajo los pantalones y ellos ya se besaban desenfrenados. Cuando pararon unos segundos se quedaron mirando frente a frente, Claudia tenía la respiración acelerada y se le había corrido un poco el pintalabios, a Víctor por su parte se le notaba la erección a través de los pantalones, puso las dos manos sobre las tetas de Claudia y sin dejar de mirarse se las manoseó con mucha lentitud subiéndolas hacia arriba y apretándoselas para intentar juntarlas.

Verlos así delante de mí era todavía mejor de lo que me había esperado, Claudia jadeaba y cerraba los ojos mientras Víctor jugaba con sus pechos y ya se había lanzado a besuquearla por el cuello. Mi mujer estaba a punto de perder los papeles y decidió que el espectáculo para mi había terminado.

– Vamos a la habitación, dijo jadeando, esto si lo escuché bien.

Intentó ponerse de pies, pero Víctor no la dejó tirando del brazo hacia abajo, ahora el que no quería moverse de allí era él. Dijo algo al oído de Claudia y ésta le contestó que no, pero él volvió a insistir, no sé qué la estaría pidiendo, pero aquello se estaba poniendo muy interesante. No tardé en averiguarlo cuando Víctor bajó las manos y Claudia subió los brazos hacia arriba con cara avergonzada. Le iba a quitar el jersey delante de mí.

Le pegué otro trago a la copa y me di cuenta de que me temblaba la mano, Claudia me miró rápidamente, pero no la dio tiempo a más porque Víctor le estaba sacando el jersey por su cabeza. Se quedó con la prenda en la mano y Claudia se alisó hacia abajo la media melena que se había despeinado.

Ahora las tetazas de Claudia lucían poderosas bajo un sujetador negro de encaje semi transparente.

Víctor volvió a morrear a mi mujer que le devolvió el beso, esta vez fue más soez y guarro si cabe, las lenguas de los dos jugueteaban mientras Víctor con una mano le agarraba el pelo a Claudia y la otra las subió hasta sus tetas que comenzó a acariciar. El muy cabrón viendo que mi mujer estaba muy excitada tiró de una copa del sujetador hacia abajo haciendo que se le saliera un poco el pecho. Desde mi posición pude verla el pezón antes de que Claudia volviera a colocarse todo en su sitio, pero Víctor no estaba dispuesto a quedarse quieto, esta vez tiró de las dos copas hacia abajo y las tetas de Claudia quedaron aplastadas sobre el sujetador. A mi mujer se le escapó un poco la risa mientras le seguía besando extasiada de placer y en un gemido le dijo algo así como “estate quieto” a la vez que se volvía a colocar los pechos correctamente.

Víctor pasó las manos a su espalda e intentó desabrochar el sujetador a Claudia, pero ésta no le dejó, “vamos a la habitación” dijo mi mujer, pero él seguía sin querer. Se quedó mirando el cuerpo de Claudia pasando las manos ahora por los laterales de su abdomen.

– Tienes unas tetas perfectas.

Esto lo escuché de manera nítida, de hecho, lo dijo en alto para que así fuera, me gustó que le regalara los oídos a Claudia que a su vez se dejaba mirar por el médico. No tardó en volver a poner las manos contra sus pechos juntándoselos y apretándolos hacia arriba, luego acercó la cabeza y se los besuqueó por encima del sujetador haciendo gemir todavía más a Claudia.

Yo no podía más, el corazón se me iba a salir por el pecho viendo el grado de calentura de mi mujer, le di otro trago a la copa y justo en ese momento los dos se pusieron de pies, quedando Claudia de espaldas a mí. Víctor me lanzó el jersey donde estaba, cayéndome al lado de las piernas y agarró a Claudia por la cintura para darse otro beso. Bajó las manos y pude ver a un metro escaso como la sobó el culazo sobre los ajustados pantalones de cuero. Luego subió las manos y esta vez sí Claudia se dejó y él desabrochó su sujetador dejando desnuda a mi mujer de cintura para arriba.

Mi polla volvió a palpitar y le escuché a Víctor como le decía “vamos” a Claudia. Pasó el brazo sobre la cintura de Claudia como si la quisiera resguardar del frío y entonces pude ver parte del pecho desnudo de mi mujer cuando se giraron. Al pasar a mi lado Víctor me lanzó el sujetador sobre las piernas sin soltar a mi mujer y echaron a andar hacia los dormitorios.

Y en ese instante mi polla explotó. Que me cayera el sujetador encima me provocó el orgasmo, por suerte ellos no se dieron cuenta y cuando les perdía de vista comencé a eyacular bajo mis pantalones escuchando como retumbaban los tacones de Claudia por el pasillo.

Otra vez me quedé solo en el salón de Víctor. Tenía el jersey de Claudia echo una bola a mi lado, el sujetador sobre mi regazo, una copa en la mano y una abundante corrida empapándome los calzones.

Luego escuché como se cerraba la puerta del dormitorio de Víctor.

16

Saqué un pañuelo y limpié el estropicio que me había preparado. Todavía tenía el pulso acelerado y en esos momentos no sabía muy bien que hacer. Cuando terminé de arreglarme le pegué otro trago a la copa y me puse de pie. Llevaba los pañuelos mojados en la mano y salí al pasillo oscuro de un piso que apenas conocía.

De la habitación que supongo que era de Víctor salía un poco de luz por debajo de la puerta y en cuanto lo vi me volví rápido al salón no sea que salieran y me encontraran allí con la mano llena de los restos de mi corrida. Me senté en el sofá a esperar un rato y cuando pasaron unos 10 minutos me levanté de nuevo.

Esta vez encendí la luz y en medio del pasillo pude encontrar uno de los baños, tiré los pañuelos al wc y me lavé las manos, luego cuando salí, apagué la luz y me acerqué a la puerta de la habitación de Víctor. Dentro se oía como hablaban los dos en bajito, aunque parecía que todavía no estaban haciendo nada. Nervioso me volví al salón y apuré la bebida. Necesitaba beber más, tenía sed, así que con toda la tranquilidad del mundo me preparé otra copa. Entonces lo escuché.

Un primer gemido de Claudia.

Abrí los ojos como platos y la polla se me puso dura al instante. Me sentí ridículo echando un par de hielos en el vaso cuando se produjo el segundo gemido de mi mujer. Terminé de prepararme la copa rápido y dando un trago largo dejé el vaso en la mesa del salón y salí por tercera vez al pasillo.

Sin dudarlo me dirigí a la puerta de la habitación de Víctor, dentro escuchaba los gemidos ahogados de mi mujer y mi primera reacción fue echar la mano al pomo de la puerta. Pero entonces recordé la conversación que había tenido con Claudia y en lo que habíamos quedado, “sé que vas a acercarte a escucharnos y que tendrás muchas ganas de abrir la puerta para verme, no me importa que te acerques a la puerta, pero no puedes abrirla, es una pequeña prueba que te pongo y tienes que cumplirlo, será muy morboso para ti saber que yo estoy dentro, pero no puedes vernos, no me decepciones, no quiero que abras esa puerta, tienes que aguantar, ¿estás de acuerdo?”. Le había tenido que dar mi palabra a Claudia de que de momento solo escuchar, así que solté el pomo y pegué la oreja.

Otra vez estaban hablando, no pude entenderles bien, aunque sí que escuché algo de “un preservativo”, unos segundos después un gemido de Claudia bastante grave me anunció que se la acababan de meter. No había duda. Luego se produjeron los típicos ruidos de movimiento de la cama, aunque no sonaba mucho, a decir verdad, lo que si sonaban eran los gemidos de Claudia, largos y espaciados en el tiempo. Se la estaba follando con mucha calma. No tuve más remedio que sacarme la polla.

Poco a poco fueron incrementando el ritmo, los gemidos de mi mujer habían pasado a ser más cortos, ya no eran un ahhhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhh, sino un ahhhh ahhhhhh ahhhhhhh ahhhhhhh….entonces lo escuché a Víctor, esto si lo entendí bien.

– ¡¡Ponte a cuatro patas, zorra!!

Y después el sonido de un buen azote, ¡¡PLAS!!, acompañado de otro gemido de Claudia. Yo me masturbaba despacio con la oreja contra su puerta y entonces escuché el ruido de los cuerpos al chocar típico de cuando estás en esa posición. Volví a poner la mano en el pomo, me moría por ver aquello, solo tenía que abrir la puerta y ver como Víctor se estaba follando a mi mujer, lo que tanto deseaba lo tenía allí delante y no podía hacer nada. ¡¡Que morbo me daba eso!!, pero se lo había prometido y tenía que cumplirlo. Tenía prohibido abrir esa puerta.

Dentro estaban ya desatados, la follada que le estaban pegando a mi mujer era tremenda, las embestidas de Víctor eran muy duras, así como sus gruñidos y los azotes que soltaba en las nalgas de Claudia.

– ¿Te gusta esto zorra?, dijo Víctor.

Yo no pude aguantarme más y cuando escuché a Claudia que le contestaba que “siiii, vamossssss, sigueeeeee, masssssss”, aceleré la paja y sin moverme en la postura que estaba comencé a correrme contra la puerta y el suelo. Fue un orgasmo inmediato, placentero e interminable. El orgasmo que todo buen cornudo debería tener, escuchando como se follan a su mujer. Todavía me quedé unos segundos más con la polla flácida y goteante en la mano con la oreja pegada a la puerta, Víctor no le daba tregua a Claudia que se corrió un minuto más tarde que yo. Entonces sí, bajaron un poco el ritmo y decidí que era el momento de limpiar mi corrida, no sea que salieran y se encontraran que lo había puesto todo perdido.

Fui al baño a coger papel y encendí la luz del pasillo para “evaluar los daños”, parecía cómico allí agachado con el rollo en la mano limpiando la puerta y el suelo mientras dentro seguían follando Víctor y mi mujer, solo rezaba porque no salieran y me pillaran así. Aquello hubiera sido demasiado humillante. Por suerte pude terminar de limpiarlo todo bien y volví a pegarme a la puerta de la habitación. No me esperaba lo siguiente, me quedé en estado de shock cuando le escuché decir a Víctor.

– Tranquila, más despacio, tranquila, usa la mano también…mmmmmmmmmmmmm, asíiii, eso es, vamos, chúpamela… ¡chúpamela!, eso es…muy bien…

¡¡Claudia se la estaba mamando!!

No podía creérmelo, desde fuera se apreciaba el ruidito de succión de la boca contra la polla de Víctor, ese glup y como éste la guiaba. “así despacio, lámemela, métetela en la boca, más rápido”, le daba todo tipo de órdenes que seguramente mi mujer estaba cumpliendo. Me imaginaba a Víctor sujetándola por el pelo y Claudia boca abajo tratando de meterse la enorme polla de él en la boca, entonces dijo algo para fanfarronear.

– ¿Casi no te cabe, ¿eh?, jajajaja.

Me había corrido dos veces y sabía que iba a tardar un buen rato en volver a empalmarme, pero instintivamente me saqué la polla y comencé a meneármela otra vez. Solo quería tocarme mientras mi mujer le comía la polla a aquel cabrón que se comportaba como un cerdo con ella.

– Ohhhhhhhhhhhhh diosssssssss que bueno, que buenooooo!!!, ohhhhhhhhhhhhhh…espera ven aquí, no te muevas joder, ¡voy a follarte la boca!

Joder aquel hijo de puta le iba a hacer a Claudia lo que yo no le había hecho en la vida, ya dudaba que me hubiera dado a mí una mamada como la que le acababa de hacer, pero follarle la boca, eso no se lo había hecho nunca. Ni me lo hubiera permitido Claudia.

Me imaginé a Víctor de pie y mi mujer de rodillas en el suelo recibiendo la polla de Víctor mientras éste la sujetaba por la cabeza, ahora si se escuchaba perfectamente el GLUP, GLUP, GLUP y como de vez en cuando tenían que parar para que Claudia pudiera respirar.

– ¡Toma, abre la boca, toma, tomaaaaa, ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhh!, ¡tócate el coño, acaríciate, vamossss!, eso es, mmmmmmmmmmm, ¡¡¡muy bien!!!

La imagen mía debía ser surrealista, con la oreja pegada a su puerta meneándome la polla flácida con dos dedos. Ahora Claudia gemía también seguramente obedeciendo las indicaciones de Víctor haciéndose un dedo mientras él se la seguía follando, no eran gemidos altos como los de antes, sino más bien ahogados de tener la boca ocupada y si no tenía la garganta llena era porque la debía tener tan gorda que no llegaba hasta allí.

De repente se quedaron en silencio, solo se oía la respiración acelerada de Claudia al otro lado de la puerta.

– ¿Estás caliente, ¿eh?, ¿se te han corrido alguna vez en la boca?…¿o prefieres que me corra en tu cara?…elije…

Entonces Claudia le dijo.

– No termines todavía, ¡métemela por favor!, ¡¡fóllame otra vez, no te corras todavía!!

– Uffffffffff, estoy a punto ahora, no me hagas ponerme otro preservativo, antes de follarte quiero correrme encima de ti, protestó Víctor.

– Venga, ven aquí, métemela…

– ¿La quieres así?…no llevo nada…

Otra vez sonó la cama, se habían vuelto a tumbar en ella, estaba confuso con lo que estaba pasando dentro.

– ¡¡Para, para!!, ¡¡¿qué haces?!!, dijo Claudia.

– Tranquila, shhhhhhhhhhhhhhh, tranquila…

– Mmmmmmmmmmmmm, noooooo Víctor, así noooooooooo, ponte algo…

– ¿No la querías dentro?

– Víctorrrrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhh, dijo mi mujer gimoteando.

– ¿La meto o no?

Parecía que Víctor se la quería meter sin preservativo, ¿es que Claudia había perdido la cabeza e iba dejar a aquel cabrón que se la follara a pelo?. No podía ser. Seguro que me estaba confundiendo y no les entendía bien desde fuera.

– Víctorrrrr, ahhhhhhhhhhhh, por favorrrr, ahhhhhhhhhhhhh…póntelo…

– Shhhhhhhhhhhh cállate zorra, quiero follarte así…ven aquí…

– Ponte un preserv…AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH…AHHHHHHHHHHHHHH……

Aquel gemido largo y profundo me indicaba que Víctor se la había metido a mi mujer, ¿sin protección?. No podía ser, me quedé helado con la situación, sin embargo y milagrosamente mi pequeña polla empezaba a resucitar de nuevo mientras me la meneaba con dos dedos. El ruido de la cama era inconfundible.

Estaban follando a buen ritmo.

Víctor era incansable y por como jadeaba mi mujer debía de estar a punto de correrse otra vez, sin duda alguna verse empalada por aquella polla sin ninguna protección le había llevado a Claudia a otro nivel de morbo y excitación. No tardó en alcanzar un nuevo orgasmo mientras sus gemidos cada vez era más altos y agudos y los de él empezaban a ser unos gruñidos graves que anunciaban su corrida inminente, como así fue.

– Ohhhhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, me corrooooooooooo, me corroooooooooooooooooo, ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh, dijo Víctor descargando su acumulado semen.

¿Se estaría corriendo dentro de Claudia?

Empezaron a hablar bajito y luego vinieron unas risas y yo me fui al salón no sea que salieran y me encontraran allí de pies pajeándome. Me senté en el sofá y me tomé la copa de golpe, de repente tenía mucha sed y la boca seca. Seguía con el corazón palpitando a muchas pulsaciones y estaba empalmado de nuevo a pesar de haberme corrido ya dos veces estando en su casa.

Un par de minutos más tarde se presentó Víctor en el salón, llevaba una camiseta negra interior e iba en boxes.

– Vengo a por el jersey y el sujetador de Claudia, me lo ha pedido, aunque si quieres puedes llevárselo tú, así la ves, me dijo en un tono que parecía amigable.

Me pareció extraño que Víctor me pidiera eso, pero le hice caso y con el sujetador y el jersey de la mano me acerqué a la habitación mientras Víctor parecía que se quedaba preparando no sé si alguna copa o un vaso de agua. Entré en la habitación que estaba solo iluminada con una lamparita de mesa de estas regulables a baja intensidad, el ambiente apestaba a sexo y la cama estaba desecha con la colcha y las sabanas hacia atrás. Claudia estaba tumbada desnuda boca abajo.

En cuanto me vio se puso de lado y se tapó los pechos como si no se los hubiera visto nunca.

– ¿Qué haces aquí?

– Ehhhhhhhhh…no sé, Víctor me ha dicho que si quería podía venir a verte, solo era para ver qué tal estabas…

– Joder David, no tenías que haber entrado, no me gusta que me veas así…

– Perdona Claudia, ya me voy…no quería molestaros…solo era para traeros esto, dije poniendo el jersey y el sujetador sobre la cama.

– Vale, hoy habíamos quedado en una cosa…

De repente entró Víctor con dos vasos de agua fresca de la mano.

– ¿Todo bien?

– Si, ya me iba.

– Vale, cierra la puerta y pon la tele si quieres, todavía nos queda un buen rato, dijo Víctor mientras se subía de nuevo a la cama después de dar un vaso de agua a Claudia y dejar el otro en la mesilla a la vez que se quitaba la camiseta.

Aquel cabrón me había vacilado en las narices y yo sin embargo había salido más humillado y excitado que nunca de su habitación, no cabía duda de que me había hecho ir para que viera como se encontraba Claudia después de que se la hubiera follado. Y qué decir de mi mujer, yo la había encontrado fantástica, desnuda, sudorosa, con los pechos hinchados y con un brillo de piel como no recordaba.

“Todavía nos queda un buen rato”, me había dicho, ¿cuánto tiempo más iban a estar follando?, desde luego que sabía cómo satisfacer sexualmente a una mujer, era incansable y Claudia no hacía más que correrse una y otra vez con él.

Se recuperó rápido porque a los cinco minutos estaban follando otra vez. Se les escuchaba desde el salón. Me acerqué de nuevo a la puerta de su dormitorio y pegué la oreja para que me llegara más nítido el sonido, entonces se me ocurrió la idea. Aquello tenía que grabarlo, saqué el móvil, puse el micrófono contra la apertura de la puerta y le di al rec

Hice varios audios de un minuto o un par de minutos, donde pude grabar como Claudia se corrió otra vez e incluso pude captar unos cuantos azotes. Cuando terminé de grabar los audios guardé el móvil y volví a hacerme otra paja, solo que esta vez antes de correrme me metí en el cuarto de baño. Desde allí también escuchaba perfectamente como Víctor taladraba a mi mujer a cuatro patas y le ponía las nalgas coloradas.

De pies sobre la taza y con escasas reservas de semen me corrí por tercera vez sin apenas esfuerzo. Al pasar por su habitación seguían follando y entonces yo pasé al salón y me preparé otra copa para bebérmela tranquilamente en el sofá mientras ellos terminaban. Al rato escuché el gemido hondo y grave de Víctor que me indicaba que se había corrido de nuevo.

Llevaban unas dos horas follando a saco en la habitación.

Todavía tuve que esperar un rato más a que Claudia se duchara y finalmente apareció vestida en el salón. Me encantaba como iba con sus leggins de cuero ahora totalmente desmaquillada. Víctor salió detrás de ella hablando con el móvil, estaba llamando a un taxi para que viniera a buscarnos y llevarnos al hotel.

– En 5 minutos está aquí, dijo.

– Nosotros ya nos vamos.

– Vale, como queráis, ven un momento Claudia.

Salió al pasillo con mi mujer y estuvieron hablando en bajito unos segundos, luego se dieron un beso que acabó siendo más largo de lo esperado.

– Y por eso no te preocupes, en un rato me paso por el hotel y te lo llevo…

Yo no entendía que estaba pasando, ¿por qué Víctor tenía que pasarse otra vez por el hotel?, ¿qué le tenía que llevar a Claudia?. En el taxi de vuelta me fijé que mi mujer llevaba una cara entre satisfacción y preocupación, algo la tenía inquieta y cuando llegué al hotel se lo quise preguntar. Mis temores se confirmaron.

– No sé cómo ha pasado, nos hemos dejado llevar y un rato hemos estado sin preservativo, no creo que sea nada, porque no ha terminado dentro, pero me quiero tomar la píldora del día después, Víctor me ha dicho que no me preocupe, que se pasaba por el hospital y por la mañana me la traía al hotel, casi lo prefiero, así me quedo más tranquila…

– Claudia tienes que tener más cuidado con esas cosas…

– Si, lo sé, no he podido resistirme, le he dicho que no, pero al final lo hizo, ha sido un error desde luego, pero es culpa mía, perdóname, no quería que pasara esto…

– No tengo nada que perdonarte, yo solo quiero que estés bien y ya está…pero tampoco le conocemos tanto a Víctor y es mejor usar siempre el preservativo.

– Si, David, tienes toda la razón, no volverá a pasar…bueno ¿y tú qué tal?…

– Ha sido increíble…

– ¿Quieres…?, dijo Claudia acercándose y poniéndome la mano sobre el paquete.

– Estoy bien, no hace falta, me he corrido tres veces, nunca me había pasado esto…

– ¿Tres veces?

– Si Claudia, ni con 18 años me excitaba con la facilidad de hoy, es que era escucharte como gemías y mmmmmmmmmm ya estaba a punto otra vez, no sé ni la de veces que te has corrido…

– Yo tampoco si te digo la verdad, me alegro que te haya gustado tanto, entonces ¿quieres repetirlo otro día?, me preguntó.

– No me importaría, aunque preferiría veros, la verdad, aunque fuera un poco, ha sido muy duro estar allí detrás de la puerta sin poderla abrir…

– No creía que fueras a aguantar…

– Me dijiste que no lo hiciera…

– Buen chico, mereces un premio, dijo Claudia pasándome un dedo en la boca y luego metiéndomelo dentro.

– Claudia, ¿qué haces?

– A lo mejor para otro día te dejo mirar un poquito…

– ¿Va a haber otro día, ¿verdad?

– Si, claro, quiero seguir viéndome con Víctor, quiero seguir follando con él, dijo con voz sensual.

– Mmmmmmmmmmmmmm, ¿te folla bien?

– ¿No lo has escuchado?…no sé cuántas veces ha hecho que me corra, me encanta, es otro nivel…

– Joder Claudia, no me digas eso…

– ¿Qué pasa?, ¿se te pone dura?…

– Ahhhhhhhhhh….siiii…

– A mí también me gustaba saber que estabas detrás de la puerta escuchándonos…me daba más morbo…

– Lo he escuchado todo, los azotes, lo que te decía, ¡cómo se la chupabas!…

Claudia se ruborizó, no esperaba que la dijera eso. Tuvo unos segundos de duda en los que perdió el control de la situación, ahora golpeaba yo, me tocaba contraatacar.

– ¡Como te follaba la boca!, eso no me has dejado nunca que te lo haga, ¿se te corrió al final en la cara?, porque es lo que quería Víctor…

– No, lo hizo en mi cuerpo…

– ¿En las tetas?

– Si.

– Mmmmmmmmmmmmmmmmmm….

Seguíamos recostados en la cama y me acerqué a Claudia para darle un beso en el cuello, luego me puse de rodillas delante y comencé a tirar del pantalón del pijama hacia abajo.

– ¿Qué haces?, dijo mi mujer dejándose hacer.

Me puse sobre ella y Claudia se abrió de piernas.

– Voy a follarte joder, me la has puesto dura de nuevo, mentí, pues no estaba a tope.

– ¿Vas a follarme cornudito?

– Si, voy a follarte, ¿es lo que quieres?, ehhh, ¿quieres que te la meta?

– Si hazlo, méteme tu pollita de cornudo… ¡métemela!, ¡te lo has ganado por no abrir la puerta!

Y así lo hice, me follé a Claudia con la polla semi erecta con la que ella apenas gimió, pero yo me corrí una cuarta vez, esta vez dentro de mi mujer en su coño bien abierto. No sé si llegué a descargar algo, pero solo la sensación de metérsela fue increíble y me hizo llegar al orgasmo en muy poco tiempo. Desde luego que para Claudia aquel polvo fue una mierda y apenas sintió placer, después de haber tenido dentro el pollón de Víctor la mía no le supo a nada. Luego nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente Víctor se presentó en el hotel cuando terminamos de desayunar, como prometió le llevó a Claudia la píldora del día después y luego nos acompañó hasta el coche. Yo metí la maleta detrás y le estreché la mano.

– Hasta otro día, dije secamente.

Me metí en el coche y les dejé que se despidieran a solas. Estuvieron hablando un par de minutos donde seguramente programaron su cuarto encuentro y después de darse un pequeño beso Claudia entró en el coche. Lo que poco me imaginaba es lo que estaban tramando.

Claudia me soltó la bomba en casa un par de días más tarde.

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