SILVIA ZALER

Estoy muy cachonda. No sé si es Jaime, el trío con Gabriela, que mi marido y lo niños están regresando y en unas pocas horas estarán aquí, o los porros de maría. Pero el hecho es que estoy deseando follar y que follen a mi amiga. Jaime está fuerte, mucho. Me encanta que esté musculado y que lo demuestre. Me pone a mil. Por eso, cuando saca su polla de mi amiga y la voltea sin dificultad ninguna a Gabriela, me excito mucho. Jaime le empieza a comer el coño como si fuera un gran danés bebiendo agua. Él de pie y ella boca abajo. Me pongo encharcada de verlo.

Gabriela enseguida se ha metido su polla en la boca y con el pelo cayendo hacia el suelo, no deja de gemir y comérsela con lentos movimientos de cuello. Joder, cómo chupa la jodía, me digo otra vez sonriendo. En ese momento me pongo yo también de pie, pero en el sofá del salón. No soy tan alta como Jaime y si no me ayudo con algo que me eleve, no podré hacer lo que se me acaba de ocurrir y que sé que a mi amiga la va a llevar a la gloria. Ahí subida, tengo las tetas a la altura del culo de Gabriela que sigue mamándosela. Jaime me mira y sigue con su lengua hundida en el coño de mi amiga. Yo me agacho, flexionando las piernas y con una sonrisa lasciva que clavo en él, empiezo a lamer a Gabriela el agujero del culo y a trabajarlo con mi dedo índice y anular. Lo hago lentamente, que quiero que tengo aun orgasmo de película. Lo tiene depilado, como yo, y me estoy poniendo a mil. Jaime me alarga la lengua y yo sin dudarlo jugueteo con ella y la cojo con mis labios, chupándola. Sabe a sexo de Gabriela y gimo de placer y morbo. Mi amiga ha subido el ritmo de su mamada y empieza a jadear de gusto cuando vuelvo a meter mi lengua en su culo. Jaime sigue a lo suyo, alternado el clítoris de mi amiga con mi lengua. Estoy gozando sin que me den placer. Y mi cachondez asciendo a niveles estratosféricos.

Solo quiero que el pollazo que me meta luego Jaime sea digno de la calentura que tengo, porque voy a destrozarle la picha si no me hace algo bueno cuando sea mi turno.

Gabriela se corre de inmediato con una serie de jadeos largos, profundos y morbosísimos que consiguen encenderme aún más. Jaime deposita a Gabriela en el sofá del salón. Mi amiga, despeinada, se queda exhausta, acalorada, con la cara enrojecida y respirando aceleradamente. Ha tenido un orgasmo brutal. Lo sé con mirarla y la expresión de su boca al exhalar el aliento. Jaime me tumba en el sofá y me mete la polla de un único empellón. No tiene puesto el condón, pero en ese momento me da igual. Solo quiero que me folle como su fuera un martillo neumático. Está aceleradísimo y me empotra a mucha velocidad.

Gimo, suspiro, gruño, le abrazo… Me está matando a pollazos el cabrón y me encanta. Veo que Gabriela se incorpora y me mira. Sigue jadeante y sonríe. Se sienta a mi lado y me acaricia un pecho mientras juega con la lengua de Jaime. La imagen me parece morbosa total y me corro yo también con un jadeo brutal que se ha debido escuchar en medio Madrid. Paso de todo porque ha sido espectacular. Jaime está cercano al orgasmo y Gabriela no le hace esperar, se lanza, como una posesa, a su polla cuando la saca de mí. Se la traga de inmediato. Saborea mis flujos y eso me pone más cachonda aún.

Le hace una mamada de campeonato, de esas que va a recordar durante un tiempo. Debe sentir todo su pollón en la boca, muy duro, muy tenso, a punto de explotar. Le da una serie de siete u ocho succiones largas y muy profundas.

—Diossss… —dice Jaime mientras Gabriela sigue chupando—. Joder… qué máquina eres.

Jaime se quita y separa a Gabriela. Noto que se tensa su polla y que empieza a pajearse. Llega la corrida que salpica en la cara y las tetas de Gabriela y algo también las mías. Me acerco y beso a mi amiga ligeramente llevándome algo de semen de nuestro amante. Ha sido un polvazo como pocos, me digo mientras echo la cabeza atrás y siento el sabor de Jaime en mi boca. Jadeo también, cansada pero entusiasmada por el corridón que nos hemos metido los tres. Me río y miro a ambos. Gabriela se ha metido otra vez la polla de Jaime en la boca que sigue con ligeros espasmos de placer.

—Sois la hostia… —jadea mientras me quito los restos de su semen de mi boca.

Me levanto y me dirijo a la cocina a por unas servilletas y algo de agua. Estoy sedienta, todavía deseosa de sexo, y no me importaría empezar otro polvo si es como el último.

Cuando llego al salón, yo ya me he quitado los restos de semen, y alargo una servilleta de papel a Gabriela que se limpia también, aunque se ha debido tragar todo porque no veo restos en la comisura de los labios. Solo una gota pequeña en su pezón derecho que chupo. Le beso en la boca y me vuelvo a limpiar. Les alargo un par de botellas de agua y Gabriela y yo sonreímos satisfechas.

Jaime está desfondado, medio tumbado en el sofá y nos mira con una cara de deleite absoluto. Coge el botellín de plástico con agua fresca y se lo bebe de un par de tragos. Cae agua en el sofá. Me da igual. Me doy cuenta de que tiene también algunos goterones de semen de Jaime. Me descojono, porque es donde se suele sentar mi marido a ver la televisión. Tendré que limpiarlos, pero la carcajada no me la quita nadie. Gabriela y Jaime me miran intrigados, pero les hago un gesto con la mano de que no pasa nada. Me termino el botellín y echo de menos no tener un nuevo porro de maría que nos haga echar otro polvo tan majestuoso como este.

Nos reímos con varios comentarios de sexo durante unos minutos. Como antes, si ahora llegara a mi marido, no tengo duda de que me iba a follar delante de él a Jaime. En este momento estoy absolutamente entregada a un sexo descarnado, duro, morboso e insultante. Meneo la cabeza y me siento al lado de Jaime. Le toco la polla que ya está morcillona. Le beso en el cuello, mientras Gabriela le acaricia el vientre y el pecho. Ella también está absolutamente entregada.

—Esto hay que repetirlo… —acierta a decir Jaime terminándose el agua. Nuevas gotas caen al sofá.

—Cuando quieras —le digo mirando a Gabriela que me sonríe entendiendo lo que quiero decirle—. ¿Hoy no va a haber más? —le pregunto a Jaime acariciándole de nuevo la polla.

El tío sonríe. Sí. Si es capaz, nos va a meter otro pollazo. Gabriela se ríe tapándose la boca y echando la cabeza hacia atrás.

—Qué puta eres… —me dice.

Me rio también antes de hacerles subir a mi dormitorio. No solo vamos a follar en donde se sienta mi marido a ver la televisión, sino en nuestra cama, me digo a mí misma continuando la risa de Gabriela, que ha sido la primera que ha tomado el camino de las escaleras y se encamina dispuesta a dejarse follar otra vez.

En el siguiente polvo nos tenemos que esforzar un poco más mi amiga y yo. Jaime, a pesar de su experiencia y fuerza, también acusa los días de sexo. Ha sido en nuestra cama de matrimonio que termina deshecha y con una corrida de Jaime en la colcha. A mí no me cuesta llegar al orgasmo más que otras veces. No tengo problemas en alcanzarlos ni aunque esté cansada. Menos, un día como este que estoy en la puta gloria y que no dejaría de follar ni un solo segundo.

Jaime primero se folló a Gabriela varios minutos. Yo aprovecho para chequear mensajes y coger algo de fuerza. Compruebo que no me queda más maría, aunque ya lo sabía, pero la esperanza, me digo, nunca se pierde.

Les dejo follar un rato, pero veo que Jaime no está al cien por cien. Al final, le tomo el relevo a Gabriela que ya recibe los empellones de Jaime casi desmadejada. Gime como una loca con la follada que la están metiendo, pero no alcanza el orgasmo.

Jaime le intenta meter la polla en el culo a Gabriela. No hay día que no lo intente conmigo… Para ella no es la primera vez, pero hoy no lo tiene dilatado y la tranca de Jaime para el anal, no es aconsejable. Son palabras mayores. Mucho grosor y no estamos para perder el tiempo. Recuerdo que en la única ocasión que me la metió por detrás, tuve el culo dolido un par de días. Ya paso de intentarlo. No me merece la pena.

Tras ver que Jaime no termina de encular a Gabriela, volvemos a lo tradicional y tomo las riendas. Quiero que me la meta ya, sin demora. Me pongo a cuatro patas y le invito a que me penetre. Gabriela me besa y ofrece sus tetas. Hay un momento en que Jaime me la está metiendo, mientras le come el coño a Gabriela que está de pie y apoyada la espalda en el cabecero de mi cama. La imagen me pone burrísima. Los tres somos un coro de jadeos, gemidos y suspiros. Todo muy caliente y morboso.

La verdad es que, como es habitual en mi postura referida, me lo follo, dándole una visión perfecta a mi amiga de como una puede moverse en la cama. Me corro como una adolescente mientras él sigue empalándome. Para él es un polvazo, pero yo ya no puedo más. Me toma el relevo de inmediato Gabriela que se mete la polla de Jaime casi a la carrera. Yo me quedo respirando y exhausta. Jaime empieza a follarse a Gabriela como un animal. A una velocidad desmesurada y mi amiga empieza a gemir. Jaime está a punto de alcanzar el orgasmo y cuando llega, lo celebra como un búfalo, quitándose el condón —esta vez sí lo llevaba puesto— a la carrera, y corriéndose en el abdomen y tetas de mi amiga mientras jadea de placer y excitación. Algunas gotas caen en la fina colcha de nuestra cama y vuelvo a reírme para mí. Joder, si mi marido supiera

Yo, aún vencida, por mi corrida, me tumbo respirando con rapidez y agotada, contemplo a Gabriela con buen reguero de su esperma en la tripa. Jaime se lanza a su coño y se lo come con pasión. Gabriela arquea la espalda también próxima al orgasmo. Jadea de puro placer al ritmo de la lengua y los dedos de él. Unos pocos minutos después, llega a un orgasmo explosivo y que celebra con una especie de ronquido gutural con la cabeza ladeada y echada para atrás. Jaime rueda a su derecha y se queda tendido. Ambas besamos a Jaime. Se ha portado como un campeón. Me incorporo y me voy al lavabo. Me imita Gabriela que lleva la corrida de Jaime en la tripa. Caen gotas de semen en el suelo, justo en el lado que usa mi marido para afeitarse. Gabriela se tiene que meter en la ducha. Jaime ha soltado una barbaridad de semen, el cabrón.

Cuando regresamos al dormitorio, Jaime nos mira sonriente.

—Sois unas putas diosas, joder… Qué manera de follar —nos dijo mientras repartía sendos besos a las dos.

Miro a mi amiga, que me sonríe y me guiña un ojo. Está despeinada, con cara de zorra y tiene un cuerpo de puro pecado. Está buena, la cabrona, me digo. Luego me río. Aún me dura un poco el efecto de los dos porros de la maría. Lamento de nuevo no tener más hierba.

Jaime coge el teléfono. Se ha puesto una alarma para el avión, y acaba de sonar.

—Joder, pierdo el vuelo… —nos dice incorporándose a toda prisa y cogiendo sus pantalones y resto de ropa que está esparcida por el dormitorio.

Gabriela y yo estallamos en unas risas que se amplían al verle vestirse a toda prisa.

Jaime se va, como digo, a la carrera. Han sido tres horas muy buenas, llenas de sexo, lujuria y desinhibición. Gabriela está exhausta, pero divertida. Las dos seguimos tumbadas en la cama, aunque ya hemos recogido la ropa del salón y ordenado un poco todo. Paso un paño húmedo por los restos de semen de Jaime en el sofá y en la colcha de la cama de mi dormitorio. Limpio las gotas del baño. Ya no queda rastro alguno.

Gabriela me mira meneando de nuevo la cabeza.

—Joder… qué pasada —dice mientras se coloca el pelo.

—El tío folla de vicio —corroboro.

—Y tú, que eres una cabrona. Me has terminado por convencer, so zorra.

Me dice dándome un suave toque con su mano abierta en mi muslo. Me acaricia con su pie derecho de unas rojas perfectas.

—¿No me digas que no te lo has pasada bien?

—De escándalo —me confirma—. El tío es muy bueno.

—Y te lo querrás follar alguna vez más, perraca, que te conozco.

Me acerco a ella y le ofrezco mi lengua que lame con suavidad. Sonríe la muy puta con un brillo en los ojos que me confirma que es tan zorra como yo.

La cabrona, sin desviar la vista de mis ojos, asiente despacio mientras sigue jugueteando con mi lengua. Va a volver a tirarse a Jaime. Me toca una teta. No vamos a follar, porque ninguna somos lesbiana, pero sabemos que con una polla de por medio, nos comeríamos una a otra. Me río y la beso en los labios con sonoridad, me abraza y me acaricia el pelo.

—Somos unas zorras —le digo.

Vuelve a asentir con una amplia sonrisa. Ya no se acuerda de su marido ni de remordimiento alguno.

—Me he tirado a tres tíos en menos de veinticuatro horas —me dice con una sonrisa.

—Y yo…

—Y nos hemos puesto hasta el culo de todo…

—¿Algún problema? —le digo volviendo a juntar mi lengua con la suya

—Ninguno… —me confiesa agrandando la sonrisa.

Las dos explotamos con una carcajada. Sí, es cierto. Ha sido una verdadera y total pasada.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s