MARGARITA SOTO

Por fin había llegado el día en el que regresaba al trabajo. Había pasado unos meses muy duros en los que me había convertido en una persona insoportable con la que no se podía convivir.

Después de la entrevista todo cambió, volvía a ser el de siempre, tenía un proyecto que me ilusionaba y me devolvía las ganas de vivir.

Esta mañana he salido rápido de casa, como un niño en su primer día de colegio con la cartera llena de ilusiones, pero al llegar al parquing me he caído desplomado al suelo.

No siento mi cuerpo, sólo mi cerebro funciona para torturarme y decirme que estoy muerto y que en segundos él también se apagará.

Mi única compañía son unos coches esperando a sus dueños y una luz de emergencia que me mira desde el techo y se ríe de mi mala suerte.

El destino me ha jugado su última y macabra broma. ©

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