ANDER MAIS

Capítulo 11

La Fiesta: Danza Morbosa

—Sí… mi novia no parece estar pasándoselo mal, no… —dije, resignado al ver aquello.

Aunque esto me pusiese bastante nervioso, no podía negar que era excitante verla así. Aquel chico ahora se estaba pasando mucho más con sus gestos y, por momentos, yo pensaba que podría estar incluso tentado a meter su mano bajo la falda de mi novia. No sabía qué le podría haber contado Víctor de mí; igual le había dicho que eramos una pareja «swinger» de esas, y que yo estaba por completo de acuerdo en todo esto.

Natalia volteaba a veces su mirada hacia atrás, pero parecía querer fingir que no se daba cuenta, que por veces Riqui la sobaba con descaro. Incluso parecía querer ocultarse entre la gente para que yo no les viese. Me resultaba ciertamente increíble el asunto. Aquella era una Natalia distinta a la que conocía. Estaba claro que tenía que ser por el alcohol. Debía decirle que no bebiese más…

—Sí… Ya ves, que obligada no parece estar, no… —retomó la charla Víctor, al ver que yo no perdía detalle de todo—. Dime… entonces, ¿estás preparado para ver si se follan esta noche a tu dulce tetona Natalia? —me preguntó Víctor, con voz morbosa, que me quitó un poco mis dudas de antes y me excitó aún mas. Yo tenía claro que Riqui no se la iba a follar de modo alguno, pero me intrigaba ver hasta dónde podía llegar ella.

—Sí, creo que sí… —le dije, para apaciguar sus ansias por sacarme una respuesta afirmativa, aunque dentro de mí tenía la certeza de que eso nunca pasaría.

—Bueno, mira… —Víctor me pidió en un gesto disimulado que me diese la vuelta—, por ahí vuelve tu novia, botando sus tetones de putita. ¡Apuesto a que ya trae su chocho empapado! ¡La muy guarra! —Victor dijo esto en voz alta, mientras caminaba Natalia hacia la mesa, y en un tono que, si no lo escuchó ella, debió ser por muy poco. La verdad, que Víctor se estaba pasando tres pueblos. Pero en el fondo, a mí eso me excitaba.

Natalia llegó junto a nosotros y, casi sin mirar hacia mí, cogió la copa mediada que tenía aún sobre la mesa, sin nada de hielo, caliente como ya debía de estar, y se la bebió toda de un solo trago. Yo, al verla, le comenté con tono enfadado:

—¡Natalia, cariño!, ¿no te estarás ya pasando un poco con la bebida? No quisiera tener que meterte yo en la cama esta noche. ¡No bebas más! Sabes lo rápido que te hace efecto el alcohol…

—No pasa nada, Luis… qué estoy bien —me contestó, posando de golpe ese vaso sobre la mesa. Vi que le cayó un poco de liquido sobre su escote, mojando sus pechos—. Además… ¿no fuiste tú el que me propusiste tener una noche loca hoy aquí? Pues tranquilo, que sé controlarme. ¡Tú no me vas a tener que meter en cama! Lo estoy pasando muy bien. Hacia años que no bailaba tanto.

Dicho ésto, rauda, y sin decir nada más, retornó con Riqui que ahora se había quedado solo en la pista leyendo y contestando unos whatsapps en su móvil. Al llegar mi chica de nuevo con él, siguieron bailando, con Riqui cada vez rozándose más contra ella, la cual tendría que estar notando ya el seguro empalme que él tendría.

Mientras continuaban bailando, Riqui le comentaba algo al oído…

Una parte de mí, quería cortar todo aquello e irnos al hotel. Pero ya no podía… Por un lado, estaba Natalia, que parecía estar disfrutando, y tampoco quería ser un “agua-fiestas” actuando como un novio celoso. Pero, por otro lado, no podía negar que en parte me excitaba aquello; quería ver hasta dónde llegaría Natalia. ¿Se dejaría sobar una teta? Eso era sólo ya lo que le faltaba; el culo ya se lo había palpado aquel chico varias veces durante el baile.

De pronto, Natalia y Riqui dejaron de bailar, y se volvieron con nosotros. Mi chica, sentándose a mi lado y mirándonos sucesivamente a Víctor y a mí, nos comentó:

—Cariño, ¿vamos hasta la fiesta? Andrés le ha mandado un mensaje a Riqui diciendo que está allí, bailando con Sandra. ¿Vamos?—Natalia me hablaba de aquellos dos chicos como si los conociese de siempre.

Después de mirar hacia Víctor, le contesté:

—Sí… Vamos…

—¡Guay! ¡Pues genial!… Allí invito yo a las copas —intercedió Riqui, entusiasmado.

Salimos del local y nos dirigimos hacia la fiesta. Estaría como a unos doscientos metros. En el trayecto, Natalia y yo fuimos juntos, agarrados del brazo, y Víctor y Riqui unos pasos por detrás, charlando.

Acercándonos a la fiesta, mi chica me preguntó:

—¿Te está molestando que baile con Riqui, cariño? Es qué… la verdad, me apetecía mucho… ¡Hacía tiempo que no lo hacía!

—No, amor… ¿por qué me iba importar? —le contesté, esperando más bien conocer, cuáles eres sus deseos, que mostrarle mi permiso abiertamente.

—Bueno… no sé… por si te ponías celoso o algo… —prosiguió ella diciéndome—. Me apetecería seguir bailando con él en la fiesta, otro ratito más. ¿Me dejas, no? Siempre me dijiste que te pidiese cualquier cosa, menos bailar tú conmigo. Pues ahora… te estoy pidiendo que me dejes bailar con él todo este rato que estemos por aquí, ¡me lo estoy pasando genial!

—Sí, vale… baila con él todo lo que te apetezca. Pero en no mucho más de una hora nos vamos, ¿eh? ¡Son las tres de la madrugada ya! Y mañana tenemos que salir temprano a casa de tu prima. ¡Acuérdate! —le recordé, justo cuando llegábamos donde era la fiesta, y al Natalia mirar hacia atrás buscando de nuevo a Riqui con la mirada.

Se la notaba con ganas de seguir bailando con él, y eso, en el fondo, a mí excitaba. Verla mover sus curvas al son de la música, mientras aquel “desconocido” la comía con la mirada, me ponía cardíaco. No lo podía evitar. Intentaba seguir comportándome como un novio normal y no perder los papeles, pero el morbo me superaba.

—Es muy buen chico… y baila genial… Gracias por dejarme bailar con él. ¡Te quiero! —me dijo ahora, dándome un beso, mientras Víctor y Riqui nos alcanzaban, proponiéndonos ir a pedir algo de beber a la barraca de la fiesta.

Pedimos cuatro cubatas, que Riqui pagó, y los tres tíos, o sea, Riqui, Víctor y yo, nos colocamos apoyados en la barra con nuestros ojos pegados en Natalia, que ahora bailaba sola en frente nuestro; distraída, de espaldas, moviéndose sensualmente mientras comenzaba a tomarse la copa observando la orquesta. Los tres nos quedamos como bobos mirándola, viendo cómo balanceaba su cuerpo, agitando sus rotundas caderas al ritmo de la música.

Riqui, en esto, dio un largo trago a su cubata, terminánselo casi por completo y, disimulada pero decididamente, se separó de nosotros para irse acercando directo hacía ella. Al encontrarse los dos de nuevo frente a frente, se agarraron de la manos, continuando el baile que habían iniciado antes en el pub…

Mientras, Víctor y yo, les observábamos sin quitarles ojo, viendo cómo poco a poco se iban alejando discretamente, metiéndose entre la gente…

—¿Ya te estás preparando para ver cómo folla hoy tu chica con otro? —Víctor se acercó a mi oído para decirme esto—. Creo que la cosa va a ser ya cuestión de minutos; tu chica debe estar a punto de perder las bragas por Riqui… A no… espera, ¡que ya le has hecho tú ese trabajo y se la traes ya sin nada! Ja ja ja…—me comentaba Víctor, riéndose a carcajadas sobre mi oreja, pero a la vez tocándome en el hombro, cómo tranquilizándome… cómo pidiéndome que no me enfadara… qué todo era una broma.

Yo, aunque creía que todas esas bromas y comentarios ya iban demasiado lejos para habernos conocido hacía solo un par de días, no les di importancia y quise fingir que ya me estaba planteando que pudiese llegar a pasar algo entre ellos…

—Bueno… ya veo que ella está un poco más decidida… pero aun así, yo todavía tengo mis dudas que ella de el paso. Sigo pensando que sólo quiere divertirse y tontear un poco con él… ¡nada más! —le contesté.

Continuábamos divisando con morbo la escena, viendo que seguían bailando y que Riqui le agarraba el culo con las dos manos, como ya creyendo que no les veíamos desde donde estábamos.

—Eso… tú déjala… y hazme caso a mí en todo lo que te diga, que te aseguro que hoy compruebas cómo tu novia folla con otro… A Riqui no se le escapa una. ¡Te lo digo yo!, que le he visto hacer esto muchas otras veces con tías como la tuya —continuaba Víctor, provocándome, mientras se terminaba la copa.

Al momento, vimos aparecer entre la gente a Sandra y a Andrés, que se acercaban a Natalia y a Riqui. Sandra parecía venir mucho más despeinada que antes, y con pinta de bastante bebida.

“¡Estos dos vienen fijo de echar un polvo!”, pensé para mí. Ella comenzó a charlar con mi novia y, al momento, se fueron juntas, dejando solos a Riqui y a Andrés, que seguían charlando sonrientes.

Mientras observaba cómo Sandra y mi chica se iban alejando, perdiéndose entre la gente, vi también como Andrés le daba algo a Riqui: parecían ser las llaves de su coche. Después, continuaron hablando unos instante más como si nada.

Pasaron unos breves minutos más, y la chicas seguían sin aparecer. Para mí, Natalia estaba tardando demasiado en volver. Me estaba comenzando a preocupar y me parecía que aquello estaba yendo ya demasiado lejos. Me impacienté. Empecé a sospechar, que tal vez se habría pasado con la bebida y podría estar encontrándose mal o vomitando en algún rincón, ayudada por Sandra, sin querer decirme a mí nada o que no me enterase para que no la regañase. Hacía un rato, yo la había avisado seriamente que no bebiese más…

Entonces, de repente, vi como Riqui y su amigo se acercaban hacia nosotros…

Al llegar a nuestro lado, Riqui miró a su cubata casi vacío que aún estaba sobre barra, antes de comentarnos:

—Bueno, amigos… éste y yo nos vamos ya —dijo, refiriéndose a su colega—. Las chicas no creo que tarden mucho. Se han ido a mear aquí al lado… en el aparcamiento. Y bueno, Luis, tú despídeme de tu chica. Sois un encanto los dos. Ha sido un placer conoceros… ¡Hasta otra!… ¡A ver si volvéis por el pueblo el año próximo!

Después de darme Riqui afectuosamente la mano, los dos amigos se fueron, y yo me quedé mirando a Víctor con una confortable sonrisa en mi cara, como diciéndole con esa expresión, que no iba a tener razón en eso que él tan seguro me decía que pasaría.

Al ver ese semblante en mi cara, él rápido quiso salir al paso:

—¡Tranquilo! Tú no cantes victoria tan rápido. Que aún no habéis vuelto al hotel. Aún estoy yo aquí… ¡Espera!

Volví a esbozar una nueva sonrisa, al creer, que ahora era él quién se pensaba que se follaría a mi chica. Sí tenía dudas de que con Riqui llegase a hacer algo, con Víctor menos aun, que era un tipo casi veinte años mayor que ella.

Aun así, siguieron pasando los minutos, y las chicas seguían sin aparecer. Di un último trago a mi copa y le dije a Víctor, ya bastante inquieto:

—Oye, Víctor… Esto ya es para preocuparse… ¡Vamos a dejarnos ya de bromitas y vamos a buscar a las chicas! Sandra parecía muy borracha, y mi novia iba ya bastante tocada también. ¡A ver si se encuentran mal o les pasó algo!

—Vale, sí… te acompaño. ¡Sígueme! —exclamó Víctor, pidiéndome que le acompañase en dirección a ese aparcamiento que había a unos trescientos metros de la fiesta, donde Riqui nos dijo que supuestamente habían ido ellas a mear.

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