ALMUTAMID

A pesar del desasosiego de la extraña pesadilla el domingo estaba feliz haciendo las maletas para pasar la semana con Claudia. No me cabía el corazón en el pecho y a cada rato me sobaba la polla recordando nuestros encuentros sexuales. El día se me hizo largo y por la noche no podía dormirme de la emoción.

Por fin me levanté muy temprano y me fui en autobús a coger el tren. Era más lento pero más barato y además llegaba a la misma hora que los autobuses de Claudia y Víctor a la ciudad donde estudiábamos. Como había dormido mal en cuanto me senté en el vagón busqué postura entre el asiento y el lateral para dar una cabezada. No quería estar cansado cuando me reuniera con mis amigos y mi chica.

A mitad del camino aproximadamente hay una estación de trasbordo donde coinciden en hora trenes provenientes de las distintas ciudades de la región y según el destino que lleves cambias de tren o sigues en el mismo. El mío era directo y me quedé adormilado como llegaba sin cuidado de si el tren andaba o paraba.

Entonces alguien me habló desde el pasillo:

-Perdona, ¿está ocupado ese asiento?

La voz me era muy conocida pero no podía ser. Somnoliento iba a contestar que estaba libre aunque me extrañaba que alguien quisiera sentarse justo ahí estando el vagón casi vacío. Me giré y la vi allí de pie con una enorme sonrisa. ¡¡Era Claudia!!

-¿Pero qué haces aquí?-dije levantándome de un salto.

No le dio tiempo a contestar pues le atrapé la boca rápidamente en un beso que sin pensarlo se convirtió en largo y con mucha lengua mientras mis manos se acomodaban a recordar la forma y textura de su culo.

-El autobús me salía de precio como el tren y vi los horarios. Bueno, que te quise dar una sorpresa y hacer juntos esta parte del viaje…

De nuevo la estreché con un largo beso. Parecía que hacía meses que no la veía. Me separé de ella y la observé:

-¡Qué guapa estas! ¿Te has costado el pelo?
-Quiero estar cómoda y fresquita para el verano…

Estaba preciosa. Llevaba un vestidito suelto de verano de esos que son abotonados ceñidos a la cintura y con falda con vuelo muy cortita, oscuro eso sí como le gusta a ella y con escote en pico no muy pronunciado. Llevaba sujetador por como se sujetaban sus pechos y sandalias. El pelo se lo había dejado cortito, muy corto en la nuca y más largo arriba con un gracioso flequillo que cambiaba de sitio con la mano al hablar.

-Oye, ¿qué morenito estás?
-Las dos veces que he estado de piscina…

No podíamos evitar comernos a besos a cada momento. El tren ya había arrancado y nos quedaba más de una hora de camino. Nuestro encuentro había llamado la atención de los pocos viajeros que iban en el vagón, especialmente una señora que viajaba con dos niñas, una ya adolescente y otra algo más pequeña. Miraba con desaprobación nuestras afusiones de cariño. A Claudia le daba igual pero yo estaba incómodo con las miradas de la señora así que le dije a Claudia que nos saliéramos al pasillo entre vagones, ese espacio donde suele estar la estantería para maletas, la puerta del vagón al exterior y el baño. Allí fuera de miradas dimos rienda suelta a nuestros besos y abrazos casi impidiendo decirnos las palabras atropelladas de todo lo que nos queríamos contar. Entre tanto contacto y tras haber acariciado su piel bajo la falda me empalmé. No sé si Claudia se había dado cuenta pero en un arrebato la tomé de la mano y la metí en el baño del vagón.

Esos baños sabéis que son muy pequeños y cuentan con un retrete químico, un espejo y un pequeño lavabo en apenas 2 metros cuadrados. Cerré la puerta y eche el pestillo y la besé de nuevo tomando su mano para llevarla a mi paquete y decirle:

-Alguien más se alegra de verte…

Me sonrió con su cara muy pegada a la mía mientras amasaba mi paquete y me dijo:

-Mi toro viene desbocado…¿Y qué hacemos ahora?

Yo subía mi mano pos su muslo y ya tocaba su braga notando su calor. Sin pedir permiso colé mi dedo en su braga y me encontré una sorpresa. Se había depilado el pubis.

-Mmmmm-gemí- ¿y esto?
-Para estar fresquita en veranito…
-En verano te sobra todo el pelo…-dije pasando mi mano por su chocho pelón hasta toparme con su coño. Mi dedo rápidamente alcanzó su humedad y Claudia gimió en mi oído.
-…algo más también se alegra- continué metiendo mi dedo en su chocho-…Claudia necesito metértela…no voy a poder esperar…
-¿Has traído condones?
-Están fuera en la mochila…pero no puedo salir ahí fuera con este empalme…
-No importa. Métemela a pelo y la sacas antes de correrte….tú sabes hacerlo…-me dijo Claudia desabrochándome con prisa el pantalón para sacarme la polla.

Me bajó pantalón y calzoncillo quedando mi mástil tieso totalmente hinchado y duro con las venas muy marcadas, parecía que iba a explotar y un ligero hilo de líquido preseminal hacía brillar el glande. Pajeándola suavemente Claudia dijo:

-Mmmmm, Luis como estás…

Yo le dí la vuelta apoyándola sobe el lavabo y como ella subí el vestido sobre su espalda dejando sus bragas negras a mi vista que duraron poco tiempo puestas pues rápidamente las bajé hasta sus rodillas quedando su culo y su chocho a mi merced. Me sorprendí de lo grande que me veía mi propia polla a pesar de no estar yo exageradamente dotado y lo achaqué a la excitación de tener a mi chica lista para empotrarla. No sé quien tenía más prisa pues su mano asomó de entre sus piernas agarrándola para dirigirla a su coño. De inmediato sentí su calor y su humedad al encajarla entre sus labios y empujé para que entrara. Casi me quemaba pero mi chica estaba tan mojada que mi falo se abrió paso por su estrechez consiguiendo a la primera pegar mi pubis a sus nalgas. De golpe empezó a temblar soltando el aire de sus pulmones.

-Ainsssss, Luis….como te echaba de menos…

No podía estar corriéndose solo por habérsela metido. Así que empecé a moverme para acomodar mi posición para empezar a follarla con más energía. Gemía fuerte.

-Shhh, Claudia que nos van a oír desde fuera…-le pedí temiendo que el traqueteo del tren no cubriera nuestros sonidos de placer.

Para que no se la oyera le puse una mano en la boca y empezó a chupar mis dedos como lo solía hacer con mi polla. Yo con la otra la agarré por el hombro y empecé a follármela como si no hubiera un mañana. Por el espejo me veía a mí mismo dándole caña mientras Claudia chupaba mis dedos con los ojos cerrados. Iba a ser un polvo rápido estaba claro. Y tan rápido. En apenas dos minutos Claudia empezó de nuevo a temblar con más intensidad que cuando la penetré y a bajar su tronco hacia el lavabo gimiendo de nuevo y babeándome la mano de su boca mientras mi polla chapoteaba en su coño mojándome hasta los huevos en cada embestida mía. Las piernas le fallaban y en el espejo veía las contracciones de su cara que ya reconocía. Efectivamente las contracciones de su coño no tardaron. Su orgasmo había sido casi inmediato. El mío tardaba un poco más y seguí bombeando pero la mano de entre sus piernas me agarró las pelotas casi haciéndome daño obligándome a parar mientras mi chica seguía corriéndose.

Me faltaba poco también así que saqué mi polla de su coño y empecé a pajearme. Temía mancharle el vestido pero echárselo en su culo era lo mejor. Pero Claudia abrió los ojos con un rostro aun contraído y al verme pajearme se dio la vuelta aun con las bragas en las rodillas y se agachó delante de mí obligándome a dar un paso atrás ofreciéndome su boca. Yo al ver a mi chica aun con gestos de placer por las prolongadas contracciones de su cara y aguantando no caerse con las piernas flojas por el reciente orgasmo en apenas tres sacudidas la planté mi nabo en la boca que empezó a escupir lefazos con palpitaciones. Sentía como la contracción para eyacular contraía mis pelotas de una forma como no recordaba. Cuando dejé de correrme Claudia se levantó y escupió mi semen en el lavabo enjuagándose la boca para después subirse las bragas a la vez que yo guardaba mi exhausta polla en los calzoncillos. Nos abrazamos y besamos durante un instante para dar ternura al polvo que acabábamos de echar.

Ya me había follado a Marina en un baño, pero ahora lo había hecho con Claudia. Mi Claudia…

Ni durante el breve pero intenso polvo, ni durante los minutos que pasamos abrazados después nadie llamó a la puerta del baño del vagón. Había sido algo tan intenso, tan directo que hasta que no nos quedamos abrazados no percibí las sensaciones que me generaba su olor y su tacto. Estos polvos tienen el efecto de una rápida llegada al clímax pero te dejan después sin disfrutar del sosiego del abrazo en la cama y el roce permanente de las pieles.

Regresamos a los asientos ante la mirada inquisitoria de la señora y la mirada pícara de la adolescente que seguramente sospechaba algún tipo de contacto físico entre los dos. Más sosegados y cuando íbamos a romper el silencio para hablarnos nos dio la risa que intentábamos reprimir y menos conseguíamos.

Por fin fuimos capaces de charlar sobre nuestros días de separación mientras entrábamos en la ciudad. Llegamos a la estación, cogimos nuestro equipaje y llamamos a Víctor y Lourdes. Nos recogerían en media hora. Nos sentamos en una cafetería frente a la estación a desayunar pues era media mañana. Os va a parecer empalagoso, pero cada 5 minutos le decía a Claudia lo guapa que estaba. Para mí seguía siendo un misterio como una chica como ella podía haberse enamorado de alguien como yo. Mi autoestima había crecido notablemente aquel año pero Claudia escapaba a ello. Yo me sentí atractivo e interesante para chicas como Marta o Nieves, pero a lo largo del curso yo había subido a Claudia a los altares viéndola tan lejana que estar con ella para mí era algo incomprensible racionalmente. De hecho mis temores a que se cansara de mí o me viera como alguien peor a lo que ella creía y terminara conmigo eran superiores en mi mente al hecho de que yo metiera la pata como había estado a punto de ocurrir con Nieves. Lo veían como dos ligas diferentes. La mortal, y la celestial. Y Claudia era mi cielo, que no sabía cómo había alcanzado a pesar de mis muchas faltas y carencias.

Pero ahora era el momento de disfrutarla. Durante esos días íbamos a estar juntos, sin estudios, ni exámenes. Sin María, Silvia o Marta. Íbamos a conocernos de otra manera, fuera de la residencia. Y tal y como había empezado en el tren estaba claro que íbamos a follar mucho. Claudia se desinhibía fácilmente estando conmigo y tendríamos una habitación para nosotros. Dos parejas jóvenes divirtiéndose y conociéndose. ¿Qué podía salir mal?

Por fin vimos aparecer a nuestros amigos en el coche de Lourdes, un Seat Ibiza amarillo. Pararon frente a la cafetería y salieron corriendo a abrazarnos y besarnos entre risas. De nuevo parecía que hacía meses que no nos veíamos. Pagamos los desayunos, subimos las mochilas al maletero jugando al tetris para encajarlas y emprendimos viaje. Serían 45 minutos aproximadamente de autovía por espectaculares paisajes de montaña hasta llegar a la costa.

Durante el camino reinaba la euforia. Todos hablando a la vez atropelladamente y con frecuentes carcajadas nerviosas. El plan era sencillo: subir las mochilas a la casa, hacer la compra en el supermercado para llenar la nevera y después directos a la playa.

El apartamento estaba en lo alto de un cerro entre dos playas, la playa principal de la localidad con su paseo marítimo con tiendas y restaurantes, y más cercana una pequeña cala de difícil acceso. Las playas de esta zona de la costa tienen la particularidad de que se combinan playas de arena gris con otras de chinos. La cala era de este útimo tipo lo que la hacía menos transitada a pesar de estar más cerca de los apartamentos.
Lourdes aparcó en un espacio acotado que tenían en la urbanización y subimos el equipaje al apartamento. Eran los típicos edificios de playa, blancos con terrazas amplias. La urbanización era la última hacia la cala, pero se llegaba a la playa principal en apenas 10 minutos andando. Lo malo era la vuelta, que era cuesta arriba. De todos modos tenía piscina comunitaria entre los bloques que formaban la urbanización.

El apartamento era pequeño. Tenía un saloncito con cocina americana donde los padres de Lourdes habían puesto dos sofás-cama con una mesa elevable en el centro pues no cabía un comedor aparte. Lo suplían con banquetas en la isla de separación de la cocina americana. Pero la falta de espacio interior lo suplía una enorme terraza donde sí tenían una gran mesa con sillas con vistas a la playa principal. Evidentemente ese era el salón de la casa. Tras enseñarnos el salón y la terraza, Lourdes echó el toldo para mantener la casa fresca y nos enseñó las habitaciones y el baño. Ellos dos se quedaban en la de matrimonio y Claudia y yo en la que compartían Lourdes y su hermano cuando estaban allí en familia. Era un dormitorio muy sencillo con dos camas individuales y una mesilla en el centro con un armario empotrado y una silla. Suficiente para nosotros dos, que lo primero que hicimos fue quitar la mesilla y juntar las camas.

Hicimos la compra para la semana. Todo a bese de pastas, pizza y ensaladas preparadas. No íbamos a hacer un concurso de cocina. Y por supuesto mucha cerveza y ron para las noches.

Tras la compra volvimos para ponernos los bañadores y bajar a la playa. Lourdes tenía un trastero con sombrillas, butacas, estera…En 2 minutos Víctor y yo estábamos sentados en la mesa de la terraza tomando una cerveza con los bañadores puestos mientras las chicas se preparaban. Yo no sé qué estaban haciendo pues tardaron media hora.

Por fin salieron. Primero venía Lourdes con un short vaquero muy cortito y una camiseta abierta por los laterales por donde se veía el bikini, embadurnada en crema solar y el pelo recogido.

-¿Por qué habéis tardado tanto?-preguntó Víctor.
-Cosas de chicas…
-Cosas de chicas guapas presumidas…-respondió Víctor observando a su chica que se fue a sentar a sus piernas mientras llegaba Claudia.

Por fin asomó. Iba igualmente embadurnada en crema pero llevaba un pareo atado por detrás del cuello dejando parte de su espalda al aire que cubría todo el resto de su cuerpo hasta medio muslo, pero se abría de forma muy sexy por delante al andar dejando ver la braga de un bikini negro y parte de su barriga. Daban ganas de encerrarse en el dormitorio con ella apenas 3 horas después de habérmela follado.

Cargados con butacas, nevera y sombrillas bajamos a la playa principal. Nos plantamos como reyes en una playa bastante tranquila a pesar de la hora en la zona más cercana a las rocas y al apartamento. Había familias sueltas y algunos grupos de adolescentes y gente joven pero con espacio suficiente de unos a otros. Víctor y yo nos quitamos las camisetas y las colgamos de la sombrilla. Lourdes igualmente se quitó el pantalón y la camiseta quedándose con un bikini de colores vivos que quedaba bien en su piel pálida pero cuando Claudia se quitó el pareo me quedé de piedra: mi chica sólo vestía la parte de abajo del bikini dejando sus tetas a la vista de todo el mundo.

De primeras me cabreé. Todo el curso soñando con verlas y ahora eran de dominio público. Lourdes y Víctor se quedaron cortados pero Claudia se sentó en la butaca con naturalidad y dijo:

-Ahora ya me apetece una cerveza fresquita…

Se la di en silencio. Tenía una lucha interna conmigo mismo ante la exhibición de mi chica pero desde luego yo no era nadie para decirle nada. Es su cuerpo y ella decide. Por otro lado tenía un extraño orgullo asomando, se podían ver pero no tocar. Pues ese privilegio era sólo mío y de nadie más. Mi siguiente reacción, pues ya sentía como los ojos de otros chicos no perdían detalle fue acotar el terreno. Me abrí otra cerveza y me giré hacia Claudia besándola en los labios. Do golpe la sentí relajarse, ella también estaba nerviosa esperando mi reacción. Nos sonreímos y di un largo buche a la cerveza para decir:

-¿Quién se apunta al primer baño?
-Sí, vamos…-dijo Lourdes,

Nos levantamos y bajamos a la orilla, por supuesto yo llevaba de la mano a mi chica para aclarar dudas y en cuanto entramos al agua, frío por ser principio de verano empezamos con el ritual de empujones, ahogadillas y zambullidas entre risas para a los cinco minutos acabar las dos parejas acarameladas en el agua. En cuanto tuvimos suficiente intimidad le dije a Claudia:

-¿Qué quieres tenerme empalmado todo el día?

Ella se abrazó fuertemente pegando nuestras pieles frías por el agua y dijo:

-Me da igual como estés, yo solo quiero tenerte todo el día…

Evidentemente ella no le había dado a su topless el contenido sexual que yo le estaba dando. La abracé fuerte y nos quedamos así hasta que nos dio frío y salimos a terminar la cerveza.

Pasamos toda la tarde en la playa. Comimos allí los bocadillos que habíamos hecho antes de salir, nos bañamos varias veces, jugamos a las cartas, a las palas…entre medias las chicas nos riñeron varias veces por no untarnos crema aunque era la excusa perfecta para que ellas lo hicieran. Y cada vez que Claudia se echaba un poco más me ponía muy nervioso cuando lo hacía en su pechos blancos que iban ganando algo de color poco a poco. De hecho en una de las ocasiones en que se echaba crema tuve un par de miradas cortantes con un adolescente que no perdía ojo descaradamente.

Cuando el sol casi se había puesto recogimos los bártulos para volver al apartamento. El camino de vuelta se hizo fatigoso pese a la escasa distancia por las cuestas que había que subir ya cansado de todo el día. Dejamos los bártulos en el trastero y Lourdes nos ofreció ducharnos en la piscina para quitarnos la sal y la arena antes de subir y ya nos ducharíamos con jabón en la casa. La piscina era pequeña para el tamaño de los bloques pero estando la playa tan cerca era más un complemento que un servicio de los apartamentos. A esa hora ya no quedaba nadie pues casi había anochecido. Nos duchamos y yo aproveché para tirarme y hacer unos largos mientras los demás subían al apartamento.

Cuando llegué Víctor se había duchado y me dijo:

-Nos toca hacer la cena mientras las chicas se duchan y se encreman y todas esas cosas que hacen…
-Vale, ¿qué toca?
-Me han dicho que hagamos unos macarrones con tomate y ensalada.
-Sí, chef…

Empecé a cocinar aun con el bañador mojado puesto mientras Víctor llevaba uno seco. Hacía tan bueno que los dos estábamos sin camiseta. Las chicas tenían razón con las cremas solares, los dos estábamos colorados con las mejillas, la frente y los hombros especialmente.
Mientras se hacía la pasta y aderezábamos la ensalada nos tomábamos sendas cervezas. Por fin salió Lourdes envuelta en una toalla.

-Luis el baño está libre. Ya puedes ducharte…

Dejé a Víctor pendiente de que no se pasara la pasta y me fui al dormitorio a coger una toalla. Al entrar me encontré a Claudia en braguitas echándose crema after sun. La visión de mi chica a la luz de la lámpara de la mesilla de noche casi desnuda me encendió. Ya se notaba su piel más tostada y se repartía el aceite con un olor a fruta tropical por su hermoso cuerpo. Me acerqué a ella y la besé. Me sonrió y me dijo:

-Se te ha pegado el sol. Cuando salgas de la ducha te tengo que echar crema hidratante para que no se te caiga la piel a cachos…
-Si me la extiendes tú échame mermelada si quieres…
-Jajajaja, que tonto. Venga dúchate…

Me fui a la ducha con la polla morcillona. Mi sistema sanguíneo iba a estar a prueba todos estos días hinchando y deshinchando mi nabo cada vez que mi chica me regalaba las maravillosas visiones de su cuerpo.

Salí de la ducha y entré al dormitorio a ponerme un bañador seco. Ya me vestiría más tarde para salir. Las chicas estaban terminando de poner la mesa en la terraza. Claudia llevaba uno de sus típicos conjuntos de la residencia de pantaloncito corto de estar en casa y camiseta ajustada sin sujetador con su barriguita al aire. La que me sorprendió fue Lourdes con un atuendo similar pero su camiseta era suelta de modo que al agacharse se le veían las tetas. Y tampoco llevaba sujetador como pude comprobar al soltar la fuente con la ensalada en la mesa dejándome ver casi entero uno de sus pechos por el hueco de la camiseta. No me pegaba en ella, pero ya había confianza.

Cenamos fuera a la luz de una vela, que yo creí romántica y resultó ser repelente de mosquitos. Estábamos a gusto y dudábamos entre salir o quedarnos allí toda la noche. Como habíamos madrugado y era lunes decidimos dejar la salida nocturna para otro día. Nos quedamos en la terraza. Se estaba muy bien allí, con buena temperatura e incluso se oían las olas en la cercana cala. Lourdes propuso ir al día siguiente a la cala a echar el día de playa. Estábamos tomándonos unas copas y en charla animada pero seguramente los cuatro estábamos esperando el momento de ir a dormir, pues sabíamos que de primeras no iba a ser para dormir. Nadie daba el paso y yo le lanzaba miradas a Claudia. Entre las duchas, la cena y la sobremesa eran ya cerca de las 2 de la mañana. Con esa excusa me levanté el primero.

-Pufff, me caigo de sueño. Me voy a la cama.
-Tenemos que organizarnos en el baño- dijo Lourdes- entra tú primero y ya vamos pasando.

Me fui al baño y me lavé los dientes y meé. Hasta me limpié bien la polla con jabón después de mear pensando en que habría fiesta. Salí a avisar de que había terminado y dar las buenas noches. Me fui al dormitorio y me cambié el bañador por unos calzoncillos. A los 5 minutos llegó Claudia.

-No te me duermas que voy al baño…

Cogió su neceser y se fue. Regresó a los 5 minutos entre mi impaciencia y mi sueño. Se quitó el pantaloncito y se vino a la cama donde yo la esperaba ya acostado.

-¿No te quitas la camiseta?
-Espera que te tengo que echar la crema hidratante, Luis que tienes la piel superseca…te la tenía que haber echado al salir de la ducha.
-Sí, mamá…

Yo pensaba en otro tipo de fiesta pero si empezaba con masajito bienvenido era.

-Levántate para no pringar toda la cama…

Obedecí sin rechistar y Claudia empezó a repartirme una especie de aceite por los hombros la frente y las mejillas. Yo la observaba pero ella estaba enfrascada en su labor. Después me echó un poco en la espalda. Para a continuación echarme también en la clavícula y el pecho. Al tenerla ya de frente directamente fui a quitarle la camiseta.

-Jajajaja, espera que termine contigo…-me paró.
-Es que ahora me toca a mí…

Le quité el bote de la mano y la camiseta. Su piel estaba tostada, ya no estaba tan blanca. No perdí el tiempo y me eché aceite en la mano y empecé a repartirlo pos sus hombros. Sus ojos me miraban complacientes me puse detrás de ella y repetí la operación en su espalda pero cuando terminé me eché aceite en las dos manos y solté el bote y desde donde estaba me pegué a su espalda agarrando sus dos pechos con mis manos grasientas y empecé a sobarlos embadurnándolos del aceite. Claudia subió sus brazos rodeando mi cabeza con ellos intentando abrazarme desde delante mientras su culo se pegaba a mi paquete. Los pechos que aquellos chicos admiraban todo el día ahora eran míos y aunque olían como a coco me los iba a comer igual.

-Gordo, tienes la piel ardiendo…eso es del sol.
-Más me quema otra cosa…-respondí sin dejar de sobar sus pechos y agarrar sus pezones con mis dedos.
-Mmmmmm, Luis…-respondió aplastando su culo contra mi erección- no podemos tumbarnos llenos de aceite…
-Se me ocurren más ideas…

Sin cambiar de postura Claudia giró la cabeza y podíamos besarnos mientras ella sujetaba mi cabeza por encima de su hombro. Sin pensármelo solté uno de sus pechos y bajé la mano por su barriga colándola dentro de la braga.

-Llevo todo el día soñando con este chochito rasurado…-susurré en su boca mientras la palma de mi mano cubría su triángulo y mi dedo buscaba abrirse paso entre sus labios.
-Mmmmmmm…gimió.
-Mmmmmmm, que chochito tan rico…-gemí yo también.

Mi dedo se abrió paso invadiendo su cueva y por la postura en que mi mano invadía su intimidad al meterle el dedo rozaba su clítoris sintiendo como su cuerpo se electrizaba con mi paja. ¡Cómo me gustaba sentir su placer! Su culo apretaba y frotaba mi paquete con la polla ya a reventar pero yo estaba concentrado en estimular a mi chica que ya mojaba mi dedo invasor.

-Anssss, Luis….me encanta sentirte…

Sus palabras aceleraban como mi dedo se hundía en ella rozando su pepita. Sabía lo sensible que era y si mi chica no me paraba iba a conseguir que se corriera en mi mano. Ya habría tiempo para mí.

Mi cuerpo atrapaba el suyo hundiendo mi mano entre sus piernas y agarrando su pecho como propiedad mía. Claudia era mía aunque otros la miraran. Sólo yo agarraba su pecho, sólo yo clavaba mi dedo en su coño, sólo yo apretaba mi polla contra su culo, y sólo yo iba a hacer que se corriera. Hundía mi lengua en su boca apagando sus gemidos mientras su cuerpo se retorcía empujando sus caderas hacia adelante obligándome a imitarla para no perder el roce de su culo.

Mi chica era caliente y de orgasmo fácil como ya sabía, pues en 5 minutos de estimulación directa se desarmó empapándome la mano mientras mi dedo la penetraba con ansiedad. Noté como se aflojaban sus piernas, como vaciaba el aire de sus pulmones entrecortando su respiración y como sus piernas temblaban soltando su boca la mía. Casi tenía que sujetarla para que su placer no la hiciera caer al suelo. Entonces sentí mi respiración entrecortada igualmente y gemir levemente a su ritmo. Su placer me había cautivado. Si me toca en ese momento me corro al primer roce.
Sorprendido por mis sensaciones le dije al oído mientras observaba su rostro contraído:

-Y sólo acabamos de empezar…

No hay mayor placer que sentir como tu chica se derrite en tus brazos. Tomándola con mi mano y con mi boca, rodeándola, poseyéndola envuelta en mi cuerpo temblando de placer mientras repetía mi nombre frente a mi boca. No se puede pedir más. Y yo me prometía que no dejaría de ocurrir.

No fue un orgasmo tan intenso como los primeros que había tenido conmigo en la residencia pero Claudia seguía aferrada a mi cabeza mientras de nuevo su espalda aceitosa se pegaba a mi pecho y su respiración se profundizaba y serenaba. Yo mantenía mi mano dentro de su braga acariciando donde antes había vello pero sin rozar sus labios ni su clítoris.

-Luis, necesito sentarme…

Se sentó en la cama aun terminando de recuperar su respiración.

-Ufff, Luis….como me has puesto…y como estás tú, ven.

Me puse delante de ella de pie y Claudia miraba mi paquete. En un gesto que me resultó muy lascivo se lamió los labios y me bajó el calzoncillo liberando mi nabo tieso.

-Cómo estás, gordo…estás durísimo, pobrecito…-dijo acariciando mi polla y pajeándola suavemente.

Entonces escuchamos proveniente de la otra habitación un gemido muy suave y agudo: “ay, ay, ay…” constante y lastimero. Era Lourdes. Evidentemente estaban follando, pero sólo se la oía a ella. Nos sonreímos y le dije a Claudia muy bajito:

-Han tenido que oírte antes a ti…
-Y ahora te van a oír a ti-contestó con cara maliciosa.
-Ahn sí, ¿cómo? Si tú eres más gritona…
-Así…-dijo empezando a pasar su lengua por mi glande.

A pesar de las veces que ya me la había chupado, tenerla allí sentada lamiéndome la polla con la luz encendida y escuchando los gemidos de Lourdes me electrizó produciéndome una descarga de sensaciones que iban desde mis pelotas a la espalda haciéndome gemir. Claudia al oírme dejó de lamer y me sonrió:

-¿Lo ves?
-Eres mala…
-Ajam-asintió metiéndose mi glande en la boca provocándome otro gemidito.
-Eres una niña mala…

Claudia tragó mi polla hasta más de la mitad. Me miraba a los ojos. La visión de mi chica engullendo mi nabo mirándome mientras seguía de fondo el gemido rítmico de nuestra amiga. Entonces acompasadamente se unió a su gemido uno masculino. Oíamos los “ay, ay, ay…” de Lourdes acompañados de los “ummm, ummm, ummm..” de Víctor. Claudia se sacó mi polla de la boca y me dijo:

-Mueve las caderas y marca tú el ritmo, Luis, fóllame la boquita…

Obedecí y sin ser consciente movía mis caderas al ritmo del polvo de mis amigos en la habitación de al lado. Mientras mi chica tragaba mirándome y al liberar sus manos apoyó una sobre mi cadera marcando la profundidad de mi penetración en su garganta pero con la otra acarició mi muslo, mi nalga y fue subiendo por mi vientre hasta llegar al pezón que pellizcó por sorpresa. Me hizo algo de daño pero sorprendentemente me provocó una descarga inesperada de sensaciones.

El ritmo de los gemidos de nuestros amigos crecía. Uno de los dos estaba a punto de llegar. Yo crecido por el pellizco atrapé la cabeza de Claudia con una mano para poder follarle mejor la boca. Se dejó hacer. Y con la otra la imité inclinándome ligeramente para llegar hasta su pecho y pellizcar su pezón bastante más grande que el mío. Al hacerlo cerró los ojos y gimió con mi polla dentro pero “me castigó” pellizcando de nuevo el mío. Bajó la mano de mis caderas a mis pelotas apretándolas, me hacía daño, pero también me daba placer. Gemí ronco. Claudia gimió de complacencia. Pellizqué de nuevo su pezón sin dejar de percutirle la boca y me “castigó” con otro pellizco y un cate en el culo para volver a mis pelotas.

Lourdes rompió el ritmo con unos “Aaaaaaaaay, aaaaaaaay”….más largos y agudos mientras Víctor mantenía su ritmo más corto. Yo gemía ya con cada apretón de huevos de Claudia. Oímos un gritito apagado de Lourdes y un silencio mientras Víctor aumentaba el volumen de sus gemidos. Ella se estaba corriendo. A él le faltaba poco. A mi mis huevos me decían que también me faltaba poco. Claudia me regalaba más pellizcos en mi pezón pero yo estaba tan centrado en las sensaciones de mi polla que me olvidé de su pecho agarrando su cabeza con las dos manos.

De golpe escuchamos la voz de Víctor volverse más aguda con unos “ayes” lastimeros mientras Lourdes volvía a los largos “aaaaaaaaay” que anunciaron su orgasmo. Y zas, me vino mi primer lechazo inesperado con un ronco “mmmmm” mientras sentía la garganta de Claudia tragar con el obstáculo de mi polla que siguió escupiendo semen. Víctor y yo nos estábamos vaciando a la vez cada uno en nuestra chica. El morbo de Claudia había conseguido que me corriera al ritmo del polvo de nuestros amigos. Pero una vez dejé de correrme Claudia tragó mi semen pero volvió a cogerme la polla chupando el glande pasándole la lengua. Como estaba tan sensible tras el orgasmo tuve que rogarle que parara con una voz aguda y lastimera. Mi chica soltó mi polla y sonriéndome con una mezcla de semen y babas cayéndole por la comisura de los labios me dijo bajito:

-Te dije que te oirían…

Recogí el grumo de su boca con el dedo y se lo acerqué a los labios. Me chupó el dedo con su contenido. Mientras oímos a alguien por el pasillo sigilosamente y volver a la habitación. Víctor debía haber tirado el condón que habían usado.

-Ya han acabado, gordo. Vamos a dormir.
-¿No quieres jugar más?
-Tenemos toda la semana…venga vente a la cama.

Nos acomodamos. Yo desnudo y ella con las bragas. Mi chica tenía razón. Los dos nos quedamos dormidos casi al instante. Juntos. Abrazados. Con los huevos vacíos, pero sabiendo que se me iban a llenar rápido estando con mi chica.

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