ANDER MAIS

Capítulo 10

La Fiesta: Mi compañero del morbo

—Mira, ahí llegan ya Riqui y su amigo Andrés… —me comentó Víctor, guiñándome un ojo.

Hoy pude fijarme bien en él: Riqui era un chico de pelo negro, muy corto; un poco más alto que yo, aunque no mucho. Pero eso sí, con mucho mejor cuerpo; fuerte, musculado, con un bronceado de muchos días de playa y curtido en deporte. No lo calificaría como más guapo que yo de cara, pero sí que era bien parecido y vestía elegantemente con una camiseta de marca y unos pantalones cortos por las rodillas. Su amigo era rubio, más delgado que él y con aspecto así tipo “surferillo”. A mí, al verlos, el pulso se me aceleró a mil. Miré hacia Natalia, y vi que aún no les había visto entrar, al estar despistada pidiendo las copas con Sandra.

Víctor les hizo un gesto a los dos para que le viesen, y ambos se acercaron rápido a nuestro lado.

—¡Hombre, Víctor, tío, estas en todas, eh! ¡No te pierdes una fiesta! ¡Qué cabrón! —comentó Riqui, chocándole fuerte la mano, como si fuesen colegas íntimos. Se quedaron de pie, justo al lado de nuestra mesa.

—Sí, tío, ya ves… He salido otra vez a divertir a Sandra. Je je je…—les contestó Víctor riendo y mirando hacia ellas.

—Joder… ¿está Sandra contigo hoy?… ¿otra vez? —Riqui se giró y la vio allí en la barra, junto a mi chica—. Yo, después de lo de ayer, creí que no tendría ganas. ¡Pero qué marcha que tiene la cabrona! —le dijo a Víctor, sonriéndole maléficamente. Por el cambio en el semblante de su cara, noté cómo se había percatado de la presencia de Natalia al lado de Sandra.

Yo, durante todo esto, me quedé callado y observando bien a Riqui y a su amigo, los cuales parecían no enterarse de mi presencia o no querer mirar aún hacia mí.

—Mira, Riqui, éste es Luis —intervino Víctor—, estuvo el otro día con su chica en el pub donde trabajas. ¿Te acuerdas de él? —le preguntó, como presentándome.

—Sí, claro… Encantado —Riqui me saludó ofreciéndome su mano—. Éste es Andrés, un colega mio… —Ahora fui yo el que miré hacia su amigo y le ofrecí también mi mano.

En esto, las chicas aparecieron ya en la mesa con las copas. Al descubrir Sandra que aquellos dos chicos estaban allí, exclamó efusivamente mientras se abalanzaba sobre Riqui para darle dos fuertes besos en la mejillas:

—¡Hombre, Riqui! ¿Qué tal? ¡Has venido!… ¡Y hola Andrés, guapo! ¡Te ha liado hoy éste para salir con él!, ¿eh? —le preguntaba también a su amigo, al que correspondió con otros dos besos iguales.

Natalia, ante todo ésto, se quedó quieta, asombrada, vergonzosa, de pie y mirando con timidez a Riqui. Estuvo un par de segundos así, hasta que decidió posar sobre la mesa las dos copas que ella traía en su mano: una para mí y la otra para ella.

—Hola, Natalia… ¿qué tal estas? —le preguntó Riqui, educadamente, aunque observándola con disimulo de arriba abajo, sin cortarse ni un pelo en llamarla por su nombre en mi presencia, dejando así claro que no se le había olvidado.

—Bien… aquí… con mi novio. Nos enteramos casualmente de la fiesta y aquí estamos… —le respondió ella, un tanto nerviosa y mirando de reojo hacia mí.

—Andrés… ¡vamos a buscar unas copas para tomárnoslas aquí, acompañándoles! —le propuso Riqui a su amigo, y los dos se dirigieron juntos hacia la barra.

Natalia, que les seguía con la mirada, volteó su cabeza hacia mí, con el resto del dinero que le había sobrado de pagar las copas en la mano y, aún un poco tímida pero de forma decidida, me preguntó:

—Luis… ¿les pago a ellos también las copas? ¡Como estabas invitando tú!

—Sí, Natalia… ve y págaselas —le indiqué.

Mi chica, rápido y de forma alegre, se fue hacia ellos, colocándose en la barra en medio de los dos para invitarles a sus copas.

Yo, sentado desde el sofá en el que estaba, divisaba la escena con inquietud y morbo a partes iguales. Mi chica se situó en la barra, casi rozándose con Riqui y charlando muy amistosa con él mientras esperaban por las copas.

Sonreían los tres abiertamente cuando, de repente, Riqui, en un gesto rápido y disimulado, le colocó a mi novia un brazo sobre sus hombros, medio abrazándola, para continuar hablándole. Pero ahora, apoyándose un poco sobre ella, seguro queriendo observarle el escote desde lo más cerca posible. Natalia, ya totalmente desvergonzada, y como sin importarle que yo estuviese presente en el bar viéndoles, se agachó ligeramente sobre la barra, ofreciendo así a Riqui una mejor visión de su canalillo. Yo no entendía si eso lo hacía apropósito, o sin darse cuenta, pero continuó la conversación así apoyada…

Andrés, el amigo de Riqui, observaba junto a ellos la escena, esbozando una sonrisa y pegando también sucesivas miradas con descaro a los pechos de mi novia, pero no entrando en la conversación con ellos, como dejando a Riqui charlar a solas con ella. La escena era realmente morbosa para mí, pero aun así, estaba realmente nervioso. Mi novia iba a invitar a una copa, con mi dinero, a un tío que se la quería follar y, encima, éste empezaba ya a tirarle los tejos con descaro. Me excitaba ver cómo aquellos dos tíos le miraban el escote, pero me asustaba qué más pudiese pasar luego.

Aunque, si lo pensaba bien, estaba muy seguro de que Natalia no haría nada más allá de eso: de sentirse observada y deseada. En aquel instante, siendo sincero, para mí ya era un logro verla exhibirse de ese modo tan claro. Siempre la había tenido por una chica en extremo recatada, y aquello le podría venir bien para ir cambiando de forma de ser, pues, ciertamente, era lo que yo deseaba: que comenzase a lanzarse más y a exhibir sin pudor su precioso y voluptuoso cuerpo.

Andrés pidió dos cubatas a una de las camareras y, Natalia, muy sonriente y decidida, insistía en pagarles las copas ante la negativa al principio de los dos chicos, seguro queriendo quedar caballerosos, no dejándole pagar a ella. Al final, aceptaron, y Natalia las pagó con parte del dinero que aún llevaba en la mano, antes de volver hacia la mesa.

En el regreso, mi novia venía caminando delante y, ellos, disimuladamente, se fueron quedando dos pasos por detrás, con sus copas en la mano y observando el movimiento que hacía su culo al caminar con ese vestido.

—Toma, Luis… el dinero que me sobró —me dijo Natalia, nada más volver y sentarse de nuevo a mi lado.

Guardé el dinero en la cartera, mientras veía la risa maléfica que me ponía Víctor. De repente, sentí a mi chica darme un fuerte empujón con su cadera, y decirme algo en alto:

—¡Luis, muévete un poco más a la derecha! Deja sitio para que se puedan sentar Riqui y Andrés.

Casi a la vez que ella, Sandra hizo lo mismo con Víctor, dejando hueco para que se sentase Andrés a su lado. Riqui, disimuladamente pero decidido, se sentó al lado de mi chica, casi pegado a ella, aprovechando el poco espacio libre de sofá que le permitía hacerlo.

Natalia, con Riqui allí sentado junto a ella, cruzó sus piernas dejando gran parte de sus muslos a la vista de él. Yo comencé a deleitarme un poco con la situación; los ojos de ese tío, parecían querer expresar todo lo que deseaba acariciar y frotar aquellos dos muslos. Yo, para mis adentros, imaginaba qué podría sentir si supiese que en realidad ella estaba allí sin bragas ni nada.

En esto, Sandra, comenzó a charlar con Andrés, de un modo parecido al que tuvo antes conmigo, pero esta vez sí que sí, y de todas todas, intentando descaradamente ligar con él.

Al cabo de un rato, mientras ellos dos copaban toda la atención de la mesa, con una conversación que tenían sobre una supuesta ex pareja de Andrés, vi cómo Sandra ya le estaba pasando la mano por su pecho, acariciando su fibrado torso por encima de la camiseta sin mangas que llevaba…

—Ya te dije yo, que esa chica tan pija no te convenía, Andrés… Nunca me gustó para ti. Sabes bien que te lo dije ya el verano pasado que os conocí —le comentaba Sandra, mirándole de una forma lasciva, como queriendo demostrarle que hoy no se iba a volver a casa sin follar con ella.

Riqui, se mantenía callado y miraba a Andrés con una sonrisa pícara, como cómplice con él; parecían demostrar con aquello, que habían venido allí precisamente a eso: a qué ese tal Andrés se tirarse a la “madurita cachonda” ésta. Tenía pinta de tener fama de tía “fácil” y liberal, y tampoco es que pareciese importarle en exceso demostrarlo.

En esto, Víctor miró a Andrés y le sugirió:

—¡Venga, tío…. saca a Sandra a bailar, anda! A mí hoy no me apetece. ¡Qué lo está deseando y no sabe cómo pedírtelo!

Después, Víctor rodeó con su brazo derecho los hombros de su amiga, y le dijo:

—¿A que sí, Sandrita?, ¿a que estas deseando mover un poco el cuerpo? Te veo mirando hacia la zona de baile desde ya hace un buen rato. —Víctor parecía muy interesado en que su amiga y Andrés se fuesen juntos a bailar.

—¡Sí, eso! Tiene razón, Víctor —exclamó ella—. ¡Vamos, Andrés! —insistió, toda lanzada, mientras intentaba levantar a Andrés tirando de él con una mano, muy marchosa, y haciendo gestos con los brazos al son de la música.

—¡Venga, tío, coño! ¡Sácala a bailar! No ves que lo está deseando —le animó también Riqui, guiñándole un ojo.

Andrés, sonriendo y agarrando a Sandra de la cintura, se dirigió con ella hacia la mini pista de baile, donde ya había cada vez más gente bailando o tomándose allí las copas. Al verles llegar a la pista, Víctor y Riqui intercambiaron una mirada y sonrisa cómplice, mientras yo observé de nuevo a Natalia, que llevaba unos instantes en silencio; parecía divisar la escena entre Sandra y Andrés tranquila, pero cómo con algo de incredulidad y asombro; como si no entendiese nada de nada de lo que pasaba. No debía comprender, si es que aquella mujer estaba con Víctor, como parecía en un primer momento, o si por el contrario era una cachonda que se liaba con todos. En otra momento, sentiría que esa incertidumbre no le gustaría nada, se encontraría incomoda y querría marcharse. Pero aquella noche era distinto. Por alguna razón, más que causarle incomodidad, le causaba curiosidad… o ese era mi modo de ver las cosas en ese instante.

Entonces, Natalia se giró por completo en el asiento para mirar hacia la zona de baile, y contemplar fijamente cómo bailaban Sandra y Andrés…

A mi chica, siempre le había gustado el baile, pero yo, la verdad, es que lo odiaba a muerte. Esa sería posiblemente una de las pocas cosas que no tendríamos en común. Más de una vez me había dicho que por qué no me gustaba bailar, que a ella le encantaba… Pero yo siempre le contestaba lo mismo: que me podía pedir cualquier cosa, menos eso… Para lo del baile era un negado.

Yo, al verla observarles con fijación y una leve sonrisa en su rosto, por la cara que estaba poniendo, tenía la certeza, que verles bailar le estaba dando mucha envidia. Así qué, ni corto ni perezoso, le pregunté sin dudarlo:

—¿Te apetece bailar? —Ella giró su cabeza hacía mí, nada más notar mi mano acariciarle el pelo.

—Bueno… sí… un poco —me contestó, con mirada tímida, sabiendo que yo no querría bailar con ella… Nunca quería.

Miré hacía Víctor, que rápido intervino comentando:

—Pues Riqui lo hace genial. Está muy entrenado de bailar con las chicas en el pub donde trabaja. Se le da muy bien. ¡Menudos bailes se echa! Yo le he visto varias veces, y casi parece un profesional. —Los tres miramos hacía Riqui, que sólo esbozaba una sonrisa, insinuando que aquello que Víctor decía podría ser del todo cierto.

Vi ahí una buena oportunidad y, sin dudarlo, le sugerí a mi chica:

—Baila entonces un rato con Riqui, cariño… si quieres. Yo ya sabes lo negado que soy para eso.

Natalia miró hacía Riqui, como comprobando la disposición que podría tener a esa oferta de bailar y, demostrando desearlo, le preguntó:

—¿Bailamos un poco entonces? Hace años que no bailo con un chico. Me apetece mucho, la verdad.

—Vale… si a tu novio no le importa, yo encantado —respondió Riqui, dando a entender que lo deseaba también. Le ofreció su mano para levantarla.

Mi novia, descruzó sus piernas, se puso en pie y se marchó con él hacia la zona de baile, sin poder parar de sonreír. A mí, la verdad, que no me ofreció ni una simple mirada. Sería por lo novedoso del momento, pero me sonó un tanto extraño, bastante raro en ella…

—Bufff… ¿ésto empieza bien, eh? —añadió Víctor, nada más quedarnos solos otra vez en la mesa—. ¡Mira qué rápido se ha ido tu chica con él en cuanto le has dado oportunidad! Te dije que venía buscando algo.

Yo no contesté nada, me di la vuelta, y desde allí fuimos los dos observando detenidamente la escena. Riqui y Natalia, llegaron a la pista, se colocaron al lado de Andrés y Sandra, y les saludaron al encontrarse. Sandra le dijo algo a mi chica al oído, y ésta le contestó también algo a su vez, mientras se agarraba a Riqui comenzando a bailar.

Éste la tenía cogida por la cintura y con su mano a escasos centímetros de su trasero. Parecía haberla colocado de ese modo, con la clara intención de ir bajándola luego poco a poco, y así disimular mejor el ir acercándose a su culo, mientras se movían al son de la música latina que ponían. Riqui, poco a poco, al ritmo de esos sonidos caribeños, agitaba todo el cuerpo de Natalia haciendo botar así cada vez más sus tetas. Eso lo estaba haciendo seguro a propósito, pues, por momentos, parecía que se le podrían llegar a salir y quedar libres en cualquier momento. Estaban llamando mucho la atención de los tíos que andaban solos por la pista, tomando sus copas y buscando ligar. Natalia atraía la atención de muchos de ellos. La verdad, que el botar de sus pechos al son del merengue era un espectáculo…

—¡Joder, tío! Sigo diciendo qué ¡vaya par de tetas tiene tu noviecita! Y cómo se le mueven… ¡Bufff! —me comentaba Víctor, cada vez mas excitado, viendo con morbo, al igual que yo, cómo Riqui bailaba sensualmente con Natalia y cómo cada vez iba acercando más una mano hacia su culo.

Ella parecía dejarse hacer, o no se daba cuenta al estar metida en el baile, pero Riqui ya le rozaba claramente el trasero.

—Sí, la verdad… —afirmé—, nunca la había visto así, de esta forma tan lanzada con un desconocido. Será porque le apetecía bailar… Conmigo nunca lo ha hecho. No sabía que le gustaba tanto. ¡Quizás debería aprender! —iba diciendo yo, sin perder detalle de todo, pero sorprendido por lo distendida y suelta que se veía a Natalia, y por lo bien que se le daba a Riqui el baile. Se notaba que debía practicar mucho, y que lo usaría a menudo como “arma infalible”en sus conquistas femeninas.

—Ya sólo falta saber cómo hacemos para que lo veas todo… Que tu chica se lo va acabar montando con Riqui, parece ya un hecho. A no ser que te arrepientas y la frenes… —volvió a repetirme, sobándose un poco la entrepierna por encima del pantalón.

La verdad, que aquellas palabras de Víctor me parecieron un completo y desvergonzado vacile; para nada pensaba que, por unos cuantos movimientos de baile, ya mi novia se lo fuese a montar con otro. Me lo tomé como una parte más del juego morboso con el que tanto le gustaba a Víctor provocarme. Yo lo sentí así… y le seguí un poco el rollo:

—Bueno, no sé… De momento sólo esta bailando, o como mucho tonteando un poco con él. Ya veremos hasta dónde llega la cosa… ¡Pero yo que tú no me haría muchas ilusiones! —repliqué, volviendo a mirar hacia ellos, y cómo fingiendo tranquilidad y seguridad en mí mismo.

—Ja, ja, ja, ja, ja…—Víctor rió a carcajadas—. Bueno, tú piensa lo que quieras… Pero vete pensando si quieres verlo todo o no. Porque, si estas dispuesto, hoy se follan a tu querida novia. ¡Te lo digo yo! Que me conozco muy bien a las tías. Y te digo que, a la tuya hoy, si la dejas libre, se lo monta con Riqui. ¿Quieres apostarte algo? —me dijo de nuevo, devorando a mi novia con la mirada.

Mientras, veíamos cómo Riqui ya tenía la mano tanteando el culazo de Natalia por encima de su vestido…

Yo me quede callado, como mudo, observando bien la escena. No sabía qué decir. Me parecía que aquel hombre se estaba pasando tres pueblos con sus comentarios, pues, aunque me daban cierto morbo, no me parecía que nada de lo que me decía se ajustase al carácter de mi chica. Ella me quería mucho, y estaba seguro que jamás haría nada a mis espaldas.

Aunque, sería de necios negar que aquella noche no estaba descubriendo una faceta distinta de Natalia que hasta ahora desconocía. Mi chica estaba allí, agarrada a un semi desconocido, bailando de forma sexy y con la mano del aquel tío tocándole ya sin reparos el trasero. Y Natalia se estaba dejando o al menos hacía que no se daba cuenta. Estaba claro, que no se estaba comportando como esa chica tan recatada y tímida por la que la tenía. Sería por el alcohol, por el sitio o por estar de vacaciones donde nadie nos conocía, pero en verdad, un poco cambiada sí que estaba…

De repente, mientras miraba absorto cómo seguían bailando los cuatro, Sandra se apartó de Andrés y fue en busca de mi novia, cortándoles de golpe el baile. Al instante, le comentó algo al oído, y se marcharon juntas en dirección al baño. Los dos amigos, quedándose ahora sin parejas de baile, se pararon a intercambiar unas cuantas palabras mientras reían efusivamente. Riqui, entonces, al instante, dejó a Andrés allí solo, y retornó hacia la mesa junto con Víctor y yo.

Al llegar, se paró frente a nosotros, cogió su copa que aún tenia mediada sobre la mesa y ya sin hielo, y me miró con rostro tímido pero despreocupado. En esto, Víctor se levantó para decirle:

—Riqui, acompáñame un momento… Quiero comentarte una cosa. —Los dos miraron al unísono hacia mí y, sin decir nada más, se largaron juntos hacia la puerta, saliendo raudos del local.

Yo, inmediatamente, al ver esto, miré hacia el baño y tuve la enorme tentación de ir corriendo en busca de Natalia, para largarnos de allí; no sabia qué podrían estar tramando aquello dos tipos, o si, este morbo incontrolable que de repente me había entrado, me podría suponer un problema gordo con ella si la cosa fuese a mayores. Por nada del mundo querría perderla.

Ya justo me iba a levantar a buscarla, cuando Andrés llegó a mi lado y me preguntó por Riqui y por Víctor:

—¿A dónde han ido estos dos? —me comentó, extrañado, y mirando alrededor del local.

—No sé… han salido fuera de repente. Supongo que volverán pronto —respondí, demostrando todavía algo de nervios, mientras no perdía ojo de la puerta del lavabo, esperando ansioso que saliese mi novia.

—¡Na… mira!, vienen ahí ya —exclamó Andrés, al ver aparecer a los dos de nuevo por la puerta, hablando algo entre ellos, sonriendo, y asintiendo Riqui a Víctor con la cabeza.

Al instante, casi a la vez que llegaron Víctor y Riqui junto a la mesa, salieron ya las chicas del baño. Sin mediar palabra, Sandra se abalanzó sobre Andrés como una loca, dándole un morreo ya totalmente desvergonzada. Mi chica se les quedó mirando y, al instante, observó a Víctor y Riqui que les sonreían pícaramente. Durante esos escasos segundos, Natalia a mí ni me miró, y al tomarla Riqui de nuevo de la mano, ésta volvió raudo con él hacia la pista. Víctor se volvió a sentar conmigo en la mesa, mientras Sandra y Andrés seguían besándose y magreándose ante nuestra mirada.

Al momento, la amiga de Víctor agarró a Andrés de la mano y se marcharon juntos del bar…

—¡Te ha dejado solo tu amiga… parece! —le dije a Víctor, cómo queriendo burlarme un poco de él, mientras los veía alejarse hacía el exterior del bar, de la mano.

Aquella escena también era muy morbosa; parecía sacada de una peli porno, con la típica “MILF” yéndose con un chico bastante más joven que ella.

—Ya… je je je…—asintió Víctor riendo—.¡Déjala! Hoy tiene ganas de una polla más joven. De la mía ya le dí bastante ayer… ¡con su marido mirando! Y bueno, piensa en ti, que puede que te dejen solo también en cualquier instante —me replico él, indicándome con el dedo hacia Natalia, que seguía bailando con Riqui, dejándose ya sobar el trasero de una forma casi casi descarada…

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