ALMUTAMID

Salí después de haber meado dispuesto a desplegar toda mi batería de armas de seducción si es que las tenía y comprobar mi capacidad para encandilar a las chicas, pero Nieves ya no estaba sola y tampoco quería que todo el mundo se diese cuenta de lo que estaba pasando allí. La parejita había salido de su “siesta” y estaban sentados con ella. Los dos bromistas seguían sentados charlando en las toallas. Parece que al final habían hecho migas y los otros dos seguían jugando en la piscina con una pelota a meterse goles de lado a lado.

Con ese panorama decidí ser discreto y me limité a ofrecer bebida a los recién levantados. Me senté en la misma silla pero ahora Nieves se había sentado con las piernas abajo y había dejado de marcarse su raja en la braga. Así pasamos un rato charlando hasta que decidí darme un baño por el calor. Entre el baño y la charla se me había pasado el furor de querer conquistar a la chica por simple orgullo.

De hecho me fui a secarme a la parte delantera de la casa al sol. Al instante apareció Nieves.

-Si no te ofrezco crema tú te achicharras otra vez.
-La falta de costumbre.-respondí.
-Ven que te pongo otra vez.

Mientras la chica extendía la crema por mis hombros y espalda le pregunté:

-¿Cuidas las pieles de todo el mundo igual?
-Jajajaja. Es una obsesión. Como soy tan blanca y me he quemado muchas veces pues siempre me fijo en eso.
-Me he fijado que eres muy pecosita. No deberías tomar tanto el sol.
-No te preocupes, yo me cuido la piel con crema solar y después mucha crema hidratante. También me gusta estar morenita en verano aunque me cueste más tiempo que a otra gente. Y tú deberías hacer lo mismo. Ven. Date la vuelta que tienes el pecho un poco colorado ya.

De nuevo empezó a repartir la crema pero esta vez parecía que con más cuidado cubriendo todo el hombro, cuello, pecho y costados. Por eso tuvo que echar otro chorreón para mi abdomen. Cuando estaba repartiéndola por mis oblicuos y ombligo ataqué:

-¿Y vas por la playa repartiendo crema a todos los blanquitos?
-Jajajaja. Que arte tienes, Luis. Claro que no, pero tú ya no eres un desconocido. Ven ponte en la sombra para que se absorba mejor.
-Entonces soy un provilegiado que se ha ganado tus cuidados.
-Tampoco pongo mis manos encima de cualquier tío.
-Antes has dicho que no eres de novios pero que has tenido tus rolletes. ¿Cómo te gustan los tíos?
-Guapos, jajaja.

Puse cara de obviedad. Se alejó dos pasos de mí, me miró de arriba abajo como estudiando si yo entraba en esa categoría y volviendo cerca de mí continuó diciendo:

-Bueno, jajaja. Niños de pelo corto, delgaditos, divertidos. Me encanta que me hagan reír, jajaja. Y hay una cosa que me encanta…
-¿Qué?
-Me encantan los niños depiladitos. No sé. Así suavecitos- dijo mirándome el pecho.
-Pues yo tengo vello aquí-dije señalando mi esternón y bajando por mi ombligo y en las piernas.
-Pero tienes muy poquito, jajaja.
-Ahn, un momento que tengo que comprobar.

Solté el cordón de mi bañador y tiré del elástico de modo que yo pudiera ver su contenido, que no era otro más que mi polla morcillona por el morbo de la situación y mis pelotas apretadas en la huevera. Tal y como lo hice y lo cerca que estaba era evidente que Nieves había visto casi lo mismo que yo, pero en vez de decirme cochino, ni descarado, ni insinuar que me estaba pasando mientras yo ataba de nuevo el cordón dijo:

-Jajajaja. No hay mucho, pero se puede quitar…
-¿No hay mucho qué?-pregunté haciéndome el ofendido.
-Vello, tonto…jajaja.

Mientras mi cabeza me decía “ésta no se asusta por ver una polla” y “no se corta ni con un tío con novia” mi boca dijo:

-¿Y tú cómo lo llevas?
-Jajajaja. Pues si te he dicho que me gustan depiladitos los chicos…
-No sé-respondí haciéndome el tonto- a lo mejor en ellos te gusta así pero tú no…
-Jajajaja. Eres gracioso, Luis. ¿Quieres verme el chochito o qué?
-¿Tú has visto algo?
-Jajajaja. Una churrita, jajajaja.
-Mira qué descarada. Mirándome. Pues ahora para ser justos yo debería mirar ¿no?
-Es que eso sí es un privilegio, Luis, no el de la crema. El chochito es para los niños con los que me enrollo, jajaja.
-No iba a cogertelo, sólo comprobar como tú.
-Ya, tú me lo has enseñado y yo he aprovechado, jajajaja.

Justo iba a contestar cuando llegó Pablo donde estábamos:

-Os estaba buscando- dijo- Estamos pensando en quedarnos a dormir pero algunos has quedado esta noche para salir. Venid para allá y lo hablamos por el tema de los coches.

Afortunadamente la huevera era lo suficientemente rígida para disimular mi semierección pues mi polla aún se doblaba y no di el cante al regresar al porche donde discutían qué hacer.

No conseguía dormirme. Tenía calor. Aprovechando el silencio de la noche donde sólo se escuchaba un grillo lejano y el murmullo de la depuradora de la piscina salí fuera de la casa me quité el bañador y sin hacer ruido me deslicé desnudo por el agua. En la noche la diferencia entre la temperatura exterior y la del agua era más corta haciendo más agradable el sumergirse.

Tras bucear un par de largos me apoyé en la pared dejando que el chorro de la depuradora me masajeara la espalda. Vi una sombra acercarse despacio a la piscina. Era Nieves. Su piel pecosa destacaba sobre un bikini oscuro a la luz de la luna.

-He sentido ruido y como no podía dormir he salido a ver quien era…-dijo.

Vio mi bañador tirado en el césped y se metió despacio en la piscina entrando por la escalera.

-Está muy rica el agua a esta hora- le dije.

Entonces gracias a la luz interior de la piscina pude ver como se quitaba la parte de arriba del bikini y tras lanzarla fuera del agua se quitaba la braga deshaciéndose de ella igualmente. Empezó a andar despacio hacia mí mirándome a los ojos hasta quedar totalmente frente a mí. Yo no hice nada salvo observarla. Su inclinó hacia mí y me besó los labios. Yo no me atrevía a reaccionar. Después sonriéndome se sumergió en el agua. Agarró mis piernas e inmediatamente sentí sus labios atrapar mi polla y empezar a succionar.

Quise sacarla del agua, pero no lo conseguía. Sentía como si algo me agarrara y me impidiera moverme. Estaba empezando a agobiarme mientras sentía su boca en mi polla. Sentía placer y a la vez malestar por engañar a Claudia. Intenté patalear y no pude. Empezaba a sentir angustia mezclada con placer. Sin quererlo eyaculé en su boca mientras yo suplicaba: “No, no, así no…”

Me desperté de golpe sudando enredado entre las sábanas. Tenía la polla dura y me había corrido en los calzoncillos. Pero estaba en mi cama, en mi cuarto y en mi casa. Sólo había sido una extraña pesadilla. En dos días estaría con Claudia.

Al final los chicos habían quedado para salir y yo me volví con ellos. Pablo, se había quedado con las tres chicas en la casa. Y yo me había acostado pronto somnoliento por el alcohol. Mi juego con Nieves se había acabado en la conversación en la parte de la casa que Pablo había interrumpido. No sé cómo habría acabado si no lo hace y buena muestra era el extraño sueño que acababa de tener. Había tenido una eyaculación nocturna en una pesadilla. No sabía cómo interpretarlo más allá de lo mucho que echaba de menos a Claudia y el remordimiento que sentía intentando desembarazarme en sueños de la mamada de otra chica. No sé qué opinarían Freud y Jung de lo que acababa de ocurrirme, pero sabía que mi cura estaba cercana y era muy guapa e inteligente.

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