MARYCRUZ HERNÁNDEZ
Heme aquí.
Después de tantos años planeándolo en la penumbra de mi mente trastornada, finalmente decidí pasar a la acción.
Me sé al borde de un precipicio sin retorno, que me llama a gritos desde que tengo memoria. Y ya no puedo resistirme.
Que no se diga que no traté. Toda mi vida acallé las voces susurrantes que me seducían a venir hasta aquí. Las ignoré, crecí, seguí, me levanté tras cada caída, reensamblé mi alma tras cada ruptura, e incluso entregué a otros el amor que no podía sentir hacia mí misma. Y ese fue el problema, ¿cierto? Que di todo hasta quedarme sin nada, que todo cuando recibí a cambio fueron decepciones y dolor.
Traté por años, lo juro, mientras las voces se atiborraban en mi cabeza y aumentaban el volumen hasta ensordecerme.
En la música los mejores crescendos terminan de forma tajante, y te dejan embriagado con esa sensación orgásmica de que la mejor parte de la pieza se quedará por siempre tatuada en tu alma. Es hermoso, es poético.
Y puedo sentirlo: Este es mi crescendo, y prolongarlo más arruinaría la melodía.
Con un movimiento de batuta autoinfligido, la desastrosa, pero intensa, pieza musical que fue mi vida terminará por fin… II
https://cronicasdemad.wordpress.com/

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