ISA HDEZ

Se marchó en la tarde lluviosa de su bolero, con suavidad, sin correr, porque ya no estabas tú, ni brillaba el lucero azul. Nos dejó sin motivo ni razón, y se marchó a conocer un mundo nuevo de ilusiones. Su novia se quedó en la penumbra. Él la amaba como a nadie, la adoraba y le cantaba buscándola entre la multitud. Le cantaba serenatas al otro lado de la luna con su voz cálida, dulce y profunda; la miraba con sentimiento de bolero, cuando bailaban al son de las notas del piano. Sus poemas los coreaban los artistas de todo el mundo. Las parejas de enamorados se declaraban su amor en los guateques con su melodía, abrazados a los renglones de su pentagrama con las palabras nacidas en su pensamiento poético que derramaba a raudales en sus baladas. El mundo entero llora su despedida, porque con él aprendimos a vivir las cosas buenas, las más hermosas y, un halo de nostalgia deja en los corazones de quienes lo conocieron. Pero los músicos celestiales han acudido a su encuentro y la orquesta está tocando al son de los tambores, para celebrar el festejo de su presencia en el mundo de los sueños, con amor, alegría y emoción, como se recibe a los grandes. ©

Un comentario sobre “El adiós a un grande

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