GILDEROY

Parte 11

            Por fin terminamos los exámenes y aunque en parte era bueno porque se acababan los estudios, también era malo porque volvía a mi pueblo, a pasar las vacaciones con mis padres y no volvería a ver a Noemi en un tiempo. El día  30 por la noche quedamos todos los amigos para celebrar el final de curso. En realidad no todos habían terminado, porque a algunos le habían quedado alguna, y tenía que quedarse allí julio, pero era una cosa que siempre hacías al final de los exámenes. Después todos volvíamos a casa, y cuando hubiesen terminado realmente todos (al menos hasta septiembre), en la segunda quincena de julio, íbamos a la playa. Ese año la verdad es que no me apetecía nada. Todos los años al menos tenía la esperanza de ligar, o encontrar algo, porque no nos engañemos: íbamos 5 tíos a la playa únicamente a ligar y encontrar rollo. Paco siempre se quejaba de que sólo hacíamos eso, y él se aburría. Pues este año, iba a ser yo el que se aburriera, porque aunque nunca lo pasaba demasiado bien, viendo como todos mis amigos se llevaban al menos una tía a casa durante las vacaciones, y yo nunca me comía una rosca, siempre había una esperanza. Este año no, aunque ligase, no iba a poder hacer nada. Por un lado me quitaba la presión de siempre, de tener que luchar contra lo que todos ya sabían: que era un pringado con las mujeres. Pero por otro lado, me garantizaba un verano aburrido. Tal vez podría disfrutar más tiempo con Paco, y desarrollar nuestra amistad, ahora que íbamos a estar separados al año siguiente.

            Porque esa era otra. Ya lo habíamos decidido. Ana se iría a vivir con Paco a mi piso, y yo iba a irme a vivir con Noemi. Un paso muy grande y del que todavía no estaba muy seguro si iba a salir bien. Pero de momento, lo que tenía que hacer era buscar piso. Retrasé un poco el viaje a casa, y quedé con Noemi en buscar piso los primeros días de julio. Pero claro como nuestro contrato caducaba el 1 de julo, no tenía casa hasta que encontráramos el piso nuevo. Pensé en irme a un hotel, pero Noemi me ofreció quedarme con ella. Eso nos cortaba un poco en el tema sexual, porque no podía llevar a nadie a la residencia, pero eran solo unos días y vendría bien estar juntos, porque luego íbamos a separarnos un tiempo. Así que hice las maletas y me mudé a su habitación el 30 por la tarde. Estaba todo bastante abarrotado, pero pudimos hacer hueco bajo la cama para las maletas y demás cajas / trastos. Paco también tuvo que recogerlo todo, porque aunque él se quedaba en el piso, julio y agosto no entraba en el contrato. La mujer que alquilaba el piso convertía el piso durante el verano en un alquiler semanal, para los turistas. Era un coñazo, pero nos salía más barato quitarnos dos meses del año. Por lo tanto, Paco recogió todo y lo dejó listo para irse el día 1 por la tarde a su pueblo, y yo me mudé a un hotel, según les dije, mientras buscaba un nuevo piso.

            El día 30, a mí en realidad no me apetecía salir con los colegas sino con Noemi, estar con ella. Lo comenté con ella, y estuve a punto de cancelarlo, pero al final se le ocurrió un plan muy interesante. Resulta que Pablo le había dicho de salir con el ese día, e ir juntos a la fiesta, así que Noemi saldría por primera vez con nuestro grupo, como la nova / folla amiga de Pablo. Eso me animó a salir con el grupo. Esta vez sí me hizo ponerme el cinturón de castidad.

            Quedamos todos a las 11 en el Benicasi, un bar / discoteca que se llenaba los fines de semana. Era la primera vez que conocerían mis amigos a Noemi. Incluso se suponía que yo tampoco la conocía.

            A las 11:15 (puntualidad española) llegamos al local, y nos saltamos la cola. Es un local bastante famoso en la ciudad, y ya tiene cola los viernes y sábados, en fin de exámenes era una locura entrar. Pero Pablo conocía al dueño, y siempre nos dejaban pasar. Estaba muy bien, porque la mayoría de discotecas de allí, dejaban pasar a todo el mundo, y llegaba un momento en que no te podías ni mover. Empezaba a oler a humanidad y el calor era asfixiante. En Benicasi en cambio, a pesar de ser un sitio muy grande, se respetaba siempre el aforo, y no dejaban entrar a nadie hasta que había salido otro. De esta manera siempre se conseguía un ambiente agradable, lleno, pero donde no tenías que esperar 40 minutos para abrirte paso hasta el baño. De modo que le dijimos el nombre de Pablo al portero, miró la lista a regañadientes (porque de otra manera nunca jamás habría dejado pasar a 4 tíos de golpe con sólo una tía, que encima iba con el novio) y finalmente al encontrarse sin escusas, nos dejó pasar. Ser amigo de Pablo al fin y al cabo, tenía alguna cosa buena.

            Nada más cruzar la primera puerta, empezó a llegarnos el sonido de la música amortiguada. Dejamos las cosas en el guardarropa, y cruzamos la segunda puerta. Entonces ya nos llegó de lleno la música impactante, el humo y las luces de neón. Allí ponían sobre todo música tecno, que permitía a la gente que no tenía ni idea de bailar, parecer que si sabían simplemente moviéndose a un lado y a otro. También permitía guarrear mucho entre las parejas. Nos fuimos hasta la zona del fondo, donde estaban las mesas y los sillones, y entramos a Pablo, liándose con Noemi. Mis amigos empezaron a reírse, y yo a excitarme. Estaban allí acurrucados en el sillón, con un par de copas y comiéndose toda la boca. Nos acercamos, y como no nos veían, Ana intervino.

            – ¿Molestamos?

            – Hombre, por fin llegáis- dijo Pablo separándose. Estaba en su elemento. Siendo el centro de atención. Habíamos entrado al local gracias a él, tenía la mejor mesa reservada, y estaba allí marcando paquete con una tía buena, a la que ninguno (en teoría) conocíamos, lo que le daba aún más aire de promiscuo. Era en esas ocasiones en las que se crecía, y rozaba lo insoportable-. Sentarse, que os he guardado sitio. No veas lo que me ha costado que no me quitasen las sillas- Ana y Paco se sentaron en el sofá junto a ellos (era la zona de guarreo), y todos los demás nos sentamos en la mesa alrededor. Noemi y yo intercambiamos una mirada de complicidad-. Bueno gente, esta es Noemi, una amiga-. Nos presentamos, y yo como los demás, le di dos besos. Pude ver como dentro de su escote se escondía el final de la cadenita que tenía la llave de mi polla.

            – Encantada- le dijo Ana-. Aunque ante parecíais más que amigos ¿no?

            – Jaja, bueno, somos amigos con preferencias, tú sabes.

            – Ya, ya. Bueno y Noemi, cuéntanos un poco sobre Pablo. Porque eres la única chica con la que está el tiempo suficiente para que podamos hablar, la verdad.

            – Oh, me alagas- dijo Pablo riéndose. Los demás le rieron en coro.

            – Si, ya he escuchado que era un pillín mi chico – dijo Noemi acariciándole la cara.

            – Cuéntales, cuéntales como soy en la cama. Que siempre se están riendo de mí y nunca me creen – le faltó tiempo para sacar el tema. No sé los años que habría estado esperando ese momento.

            – ¿El qué no se creen? ¿Que eres un semental?- todos nos miramos entre nosotros-. ¿Pues si eh? Es el mejor tío con el que me he acostado, y yo también tengo mi historial. Sabe darle a una mujer lo que esta necesita – todos nos quedamos en silencio, mirándonos, riendo por lo bajo. Yo sabía que todo lo que decía lo decía por mí, para calentarme. Y lo estaba consiguiendo.

            – Uf…- eso era demasiado alago incluso para Pablo, que empezó a sonrojarse.

            – ¿Pero aguanta lo que hay que aguantar…?- Ana siguió echando más leña.

            – A ver tampoco voy a entrar en detalles, pero vamos que sí, que todo lo que hayáis oído de él es poco.

            – Cuánto le has pagado para que dijeras eso cabroncete- le dijo Paco riendo.

            – Ya estamos. Os juro que no le he pedido que dijera nada- insistió Pablo-. Ves, si es que no me creen nunca.

            – Na, mejor, más para mí- dijo Noemi y lo besó.

            Todos reímos, y Pablo y Noemi se siguieron liando. No dejaba de ser excitante tener que ver a tu novia frente a ti, liándose con otro tío, como si no te conociera. A partir de ahí la conversación varió un poco Ana y Noemi estuvieron hablando un rato entre ellas. Luego fuimos a pedir copas, los chicos empezaron a separarse para buscar tías, Pablo empezó a liarse con Noemi más descaradamente, y Paco con Ana, así que yo aunque me apetecía seguir mirando a Noemi, me levanté y me fui a dar una vuelta, para no hacer más el ridículo de sujeta velas. Era excitante, pero objetivamente visto desde fuera era muy patético estar delante de 2 parejas que se enrollan, y me daba vergüenza. Vi a un grupo de colegas de la universidad, y me enganché con ellos un rato. Estos eran bastante friquis y sabía por sentado que no iban a comerse una rosca, al menos no todos, así que pude estar allí tranquilo con seguridad charlando, sin miedo a quedarme colgado de nuevo. De vez en cuando miraba a Noemi, que seguía liándose con Pablo. Luego salieron a bailar, y a restregarse. Después los perdí por un momento, y pensé que habían ido a la mesa. Fui a mirar, pero no estaban. No se habían ido ya ¿no? En la mesa estaban Paco Ana, David y una amiga de Ana, a la que intentaban liar con David, aunque esta no le hacía mucho caso. Fui a sentarme un rato con ellos, cuando me llegó un  mensaje al whatsapp. Era de Noemi, y me pedía que fuera al baño de tíos.

            Cruce la discoteca, y entré. Sólo había un tío meando en la pared. Hice que me lavaba las manos, para ver si se iba. Quizá Noemi quería hablar conmigo en privado. El tío termino se lavó las manos también, y ya iba a salir cuando entraron 3 tíos más, borrachos y riendo. Dos se pusieron en la pared y otro entro en un retrete. Yo salí fuera a mirar, a ver si Noemi andaba por la puerta, pero no la vi. Entré de nuevo y como no podía ponerme a lavarme las manos otra vez, y tampoco iba a ponerme a mear allí en la pared delante de ellos, con el cinturón de castidad puesto, me metí en el lavabo que quedaba libre de los tres que había para esperar. A esto, que escuché en el lavabo de al lado un ruido característico, como sorbiendo babas. Como chupando algo. Entonces empezó a haber ruido de nuevo, los tíos tirando de la cisterna, lavarse las manos, la puerta que se abrió, la música y después cuando se hizo el silencio de nuevo, volví a escucharlo. Era una mamada. A alguien se la estaban chupando en el lavabo de al lado. Ahora podía oír hasta al tío gemir. ¿¿Seria Noemi?? No podía ser…. Salí un momento del retrete, y me puse de rodillas, para mirar por debajo de la puerta. Efectivamente. Allí estaba Noemi de rodillas. Le reconocí el vestido que llevaba. Pablo estaba sentado en el retrete. No pude mirar más, porque alguien entro en el servicio, y tuve que levantarme rápidamente. Me metí de nuevo en el retrete a la izquierda del que estaba Noemi, y esperé. La polla me iba a explotar. ¿Podría mirar por encima? Era muy arriesgado, Pablo podría estar recostado, y mirando al techo y me vería. Entre cabinas no había hueco por debajo de la pared, así que no me quedó otra que pegar el oído y escuchar atentamente. Los sonidos de succiones se escuchaban entrecortados, entre las risas de la gente del lavabo, y la música de fuera, ya que se habían dejado la puerta abierta. De repente, Pablo empezó a gemir muy fuerte, y a lanzar fuertes quejidos guturales. Se estaba corriendo allí mismo.

            – ¡Uh! ¡Qué está pasando ahí!- dijo un tío que estaba dentro del servicio. Varios empezando a reírse.

            – Id a un hotel guarretes, jajaja.

            – Que suerte tienen algunos la virgen…

             Estuvieron comentando un rato más lo que habían escuchado y riéndose, hasta que se fueron. En el lavabo de al lado se oían cuchicheos.

            – Tío, te ha escuchado toda la disco – dijo Noemi muy bajito.

            – Jaja, es que me he emocionado. La chupas de puta madre.

            – Ya tío pero…

            – Na, a esos que les den, no son más que unos pajilleros.

            – Si pero yo no salgo aun. Mira ver si hay alguien.

            La puerta se abrió, y Pablo salió a mirar.

            – No hay nadie. Venga, sal corre- Noemi salió corriendo, y fue a la salida-. ¿No te lavas la boca?

            – Qué dices. Con lo que me gusta el sabor de tu polla.

            – Madre mía. Pues a mí no me beses ahora.

            – ¿Qué escrupuloso eres no?

            – Escrupuloso no, lo que no soy es maricón.

            – Jaja. Anda tonto, si por eso me gustas tanto. Eres mi macho- seguro que Pablo tenía la sonrisa estúpida que tanto le pegaba-. Venga, vámonos. Mira primero a ver si viene alguien- Pablo abrió la puerta del servicio, y volvió el sonido de la música.

            – Nadie, venga vamos. Anda que vaya idea has tenido. A ver como tapo yo esto ahora…

            – No pasa nada, si ya mismo nos vamos. Yo me he…- ahí ya perdí la conversación porque se cerró la puerta.

            Yo también iba a tener un problema para ocultar el bulto en mis pantalones. Apenas podía moverme. La polla había crecido tanto, que tiraba de los huevos hasta el máximo, y como sólo podía crecer hacia delante, me hacía un paquete enormemente marcado. Aproveché que el baño seguía vacío, y pase al servicio de al lado, donde Noemi acababa de hacerle una mamada a Pablo. Cerré tras de mi e inspeccioné la sala. No había nada que indicara lo que acababa de suceder, salvo un suave olor a semen, aunque tan suave que podía ser mi imaginación. Había algún resto de papel en el váter, pero eso podía ser de cualquiera anterior. A pesar de no haber ninguna muestra de lo ocurrido (que encendiera mi fetichismo), el simple hecho de estar allí, y pensar en ello me excitaba. Empezó a entrar gente de nuevo, así que trate de pensar en otra cosa, para que me bajara la erección y poder salir de allí. A todo eso, me sonó el móvil. Era Noemi.

            – ¿Fuiste al baño?

            – Si. Os he oído.

            – ¿En serio?

            – Estaba en el retrete de la derecha.

            – Jaja ¿y que, te ha gustado?

            – Mucho. Apenas puedo moverme, creo que voy a romper el candado. Porque no vuelves al baño y me das la llave para que pueda pajearme.

            – Ohh, pobrecito. No, ya sabes que hoy no puedes. Hoy solo yo. Y eso no ha sido nada, esta noche pienso disfrutar como una perra en celo. Llevo mucho tiempo aguantándome por ti, y ahora voy a desfogarme por completo.

            – Uf.

            – Nosotros nos vamos a ir ya mismo. ¿Tú que vas a hacer?

            – Si tú te vas, me iré también claro.

            – Ah. Pues he pensado, que podrías venirte con nosotros.

            – Con quién.

            – Con Pablo y conmigo.

            – ¿Si no? Y qué, ¿os miro y pongo música?

            – Eso estaría bien. Pero no creo que Pablo te dejase mirar. A él le gusta follarme a solas y tranquilo. Lo que digo es que Pablo ha venido en coche, podemos llevarte a mi piso, y luego nosotros nos vamos. A esta hora ya no hay metro, y para ir al campus, el autobús es un coñazo- habíamos quedado en que como yo tenía que dormir en casa de Noemi, y ella quería acostarse con Pablo esa noche, que esa vez se irían a casa de Pablo, y yo podría dormir tranquilo en su cuarto. Me había dejado la llave.

            – No sé.

            – Además, tiene su morbo ¿no?- noté como otra vez volvía a ponerme cachondo-. Venga vente, Voy a decírselo a Pablo. Sal ya de ahí.

            Tarde aún un par de minutos en salir. Hice pipi, un truco que había aprendido en mis largos días de castidad, para bajar la erección. Al principio cuesta que salga, y no eres capaz, pero te concentras en ello, y empujas y empujas hasta que sale, y para entonces ya te has relajado y se te ha desinflado un poco. Tuve que hacerlo sentado para no ponerlo todo perdido. Siempre que meaba con el cinturón puesto tenía que hacerlo sentado. Después me la sequé un poco y salí. Nada más salir, vi a Noemi que estaba en la puerta esperándome. Al verme, su mirada bajó automáticamente a mi paquete, con una sonrisa en la cara.

            – ¿Se me nota?

            – No. Bueno, algo se ve, pero parece que tengas la polla enorme, nada más. Así con eso ligarías un montón.

            – Ya, seguro.

            – Ven- dijo, y me llevó hasta detrás de una columna, junto a la puerta del baño de las mujeres. Echó un rápido vistazo a su alrededor, y se lanzó a besarme. Aún tenía la boca pastosa de la mamada que acababa de hacer. Me metió la lengua hasta el fondo, me lamió toda la boca, e incluso me chupó la lengua, todo en unos segundos, muy rápido, para que nadie nos viera. Se separó en seguida, me sonrió y después volvió a nuestra mesa a través de la pista de baile.

            Yo la seguí. En la mesa estaban Pablo y David hablando (seguramente de lo del baño) y Paco. Yo me senté junto a él, y empezamos a charlar. Noemi empezó a hablar con Pablo. Esta vez se les veía mucho más distante, Pablo no quería acercársele mucho, porque aún le olía la boca a semen.

            – Bueno gente, nosotros nos vamos a ir yendo ya. Tenemos mucho que hacer aún, ya me entendéis- Noemi se rio y le dio un golpecito en el hombro-. Álex, me ha dicho ésta que no sabes cómo volver a tu hotel ¿no? Vente con nosotros.

            – No, si saber sé, es con el autobús 45.

            – Ya, pero ese es el que va al campus, pasa cada hora. Vente con nosotros, yo te acerco. ¿Te vas a recoger ya no?

            – Si.

            – Pues venga vente- no es que Pablo fuera generoso por naturaleza, era más que no desaprovechaba una ocasión para presumir, en esta ocasión, de coche.

            Total que recogimos, nos despedimos, y quedamos en hablar por internet de la quedada de la playa. Nos dimos los respectivos besos y abrazos con algunos colegas de clase que quedaban en la disco, y después salimos del local. Pablo que llevaba a Noemi por la cintura, se despidió del portero también. Aun había cola. La verdad es que Pablo iba encantado, en su momento perfecto. Con una tía del brazo, a mí detrás, dependiendo de su ayuda, y demostrando ante todos, que era popular y que tenía contactos. Cada vez me caía peor. Aunque cuanto más humillante era la situación, más cachondo me ponía.

            Fuimos hasta el aparcamiento, subimos al coche (yo detrás, claro), y Pablo condujo hasta la parte del campus.

            – Bueno, y como te va Álex, con la tía aquella que me comentaste. Le diste al final por atrás o no.

            – No, no. Aún no.

            – Nah, al principio te pondrán muchas pegas- se las daba de experto-. Pero luego les encanta. Que te lo diga esta- y miró a Noemi.

            – Sí, eso es verdad. A mí es lo que más me gusta. Aunque también hay que saber hacerlo. No todos los tíos saben- y acarició a Pablo en el brazo. Noté entonces que Noemi con la otra mano, jugueteaba con el colgante. Con la llave.

            – ¿Qué es eso?- pregunto Pablo curioso, que también se dio cuenta.

            – Nada, una llave. La llevo siempre encima, es de una cosa muy importante.

            – ¿De qué?- yo empecé a sudar.

            – Una caja que tengo en la residencia, con dinero y joyas y eso. No me fio de las del campus. Creo que ya me han entrado al cuarto alguna vez.

            – Si, la verdad es que hay mucho chorizo.

            Seguimos hablando tonterías, hasta que llegamos a la parada de metro del campus, donde yo había dicho que quedaba el hotel.

            – ¿Seguro que es aquí? No me suena haber visto ningún hotel por aquí- dijo Pablo cuando paró el coche.

            – Sí, es ahí atrás. Pero prefiero bajarme aquí e ir andando, que me del aire. Aun me pitan los oídos de la disco.

            – Bueno chaval. Nos vemos Ya quedamos para la playa.

            – Hasta luego Alejandro. Mucho gusto- me dijo Noemi, dándome dos besos.

            Me despedí, y me bajé del coche. Pablo aceleró y se fue a su casa, con mi novia, para follársela una y otra vez toda la noche. Los vi alejarse, con una erección de caballo contenida en el frio acero. ¿Que irían a hacer? ¿Cuántas veces? ¿Dónde? ¿De qué estarían hablando en ese momento? ¿Se iban a liar antes de subir al piso? Aunque sabía que Noemi me lo contaría todo al día siguiente, me daba coraje quedarme con esas ganas de saber. Por suerte pronto íbamos a vivir juntos y esperaba no tener que perderme esas cosas nuca más.

            Caminé por todo el campus escasamente iluminado hasta el piso. Abrí, subí y entré en el cuarto. Como siempre que estoy en un piso de otra persona solo, la primera reacción fue ponerme a registrar y a buscar cosas. Pero ya conocía tanto a Noemi que eso no tenía sentido. Pensé también en buscar la llave de la caja de castidad, para poderme hacer una buena paja, pero estaba tan cansado y adormecido, que me dio pereza. Eran ya casi las 3, así que me tumbé, y sin quitarme la ropa me dormí.

            A las 12 me desperté. Retocé un poco, di algunas vueltas adormilado hasta y media, y entonces recordé por qué estaba solo en el piso de Noemi. Cogí el móvil y miré. Tenía varios mensajes de Noemi, a eso de las 8 de la mañana. Entre ellos una foto, donde se veía el pecho desnudo de Noemi, hasta la barbilla, con todas las tetas llenas de churretes de semen, y la polla de Pablo posada sobre su barriga, hasta el esternón, aun dura y tiesa. Enseguida me puse cachondo, y me la meneé un poco, y seguí leyendo. Noemi decía que Pablo ya se había dormido (a las 8:20), y que iban a dormir un poco, que intentaría levantarse pronto y venir para aquí. Que mientras, fuera buscando algún piso para ir a ver hoy.

Como no se había vuelto a conectar al whatsapp, fui a comer algo abajo, y luego subí, para ponerme a buscar pisos. Estábamos buscando sobre todo pisos de dos habitaciones, una para cada uno pero que una de ellas tuviera una cama grande para poder dormir juntos si queríamos. Preferíamos no agobiarnos demasiado al principio y darnos nuestro espacio. Además, si ella traía algún tío a casa (que era el objetivo principal de irnos a vivir juntos), no quería tener que irme al sofá, así que busqué pisos de dos habitaciones, con 1 baño, cocina y salón. Seleccioné entre todos 5 que parecían interesante, y apunté la información. Llamé a los teléfonos, y sólo me contestaron 3, dos con los que quedé para ir esa tarde, sobre las 7, y a la mañana del día siguiente. Ya que estaba con el móvil, me metí en el whatsapp y vi que Noemi había estado conectada hacia poco, sobre las 2. Le hable, para preguntarle que donde estaba.

– Me acabo de despertar. Pablo sigue durmiendo. Creo que voy a despertarlo con una mamada. ¿Tú qué piensas?

– Bueno…

– ¿Prefieres que me vista y vaya para allá? O que me quede otro ratito, y que cabalgue a tu amigo hasta que se corra.

– Chúpasela.

– ¿Quieres que se la chupe verdad?

– Si.

– Buen chico. Bueno, pues te dejo. Que contento se va a poner.

– Por cierto, he quedado para ver un piso a las 7. No vayas a estar todo el día ahí.

– A las 7? Bueno, intentaremos darnos prisa. Yo te aviso.

            Sabía que animarla a follarse a Pablo recién levantado, era despertar a la bestia. Seguro que tendría que echar por lo menos tres polvos para quedarse a gusto. Pero bueno, tenía la esperanza de que me mandase otra foto. Miré algún piso más y luego me eché una siesta, hasta las 6, que me despertó Noemi llamándome. Acababa de salir de casa de Pablo y venía para la residencia. Se iba a duchar, vestirse, e iríamos a ver el piso. Me decepcioné un poco, porque esperaba poder guarrear un poco cuando llegase, pero ya no iba a dar tiempo.

            Tal como me temía, hasta las 6:30 no llegó, y tal cual entró al cuarto cogió la toalla y se fue al baño. Le sugerí de comerle el coño por supuesto, pero dijo que no, porque íbamos a llegar tarde. Y eso me molestó. La verdad, es que sabía que no iba a tener ningún placer para mí, pero sólo darle a ella un orgasmo, poder comerle el coño después de haber follado, era algo que me encantaba. Además hacía tiempo que no se lo comía, y no tenía muchas oportunidades para ello, más aun cuando ya faltaba poco para separarnos durante el verano. La mayoría de los tíos se mosquean cuando están cachondos y no mojan. Sin embargo, ya había llegado a un punto, en el que mi placer era el suyo, y me cabreaba si no podía darle placer a ella. Como ya se daba por hecho que mi placer y mis orgasmos estaban denegados, empecé más y más a  buscar placer a través de dárselo a ella, y llegué a un punto en que prefería que ella se corriese a correrme yo. Y con el tiempo aun avanzaría más hasta el punto de tener que suplicarle que me permitiese comerle el coño. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos. Solo comento esto porque es un detalle importante, ya que es la primera vez que recuerdo, que tuviese ese sentimiento, esa sensación de enfadarme no porque me quedara sin orgasmo o sin polvo como haría cualquier persona normal, sino que me cabreé por no poder darle un orgasmo a ella. Recuerdo que no tenía ni intención de sacar bola. Únicamente quería que llegara pronto para poder comerle el coño, y hacer que se corriera, saciarme de toda la excitación acumulada a través de darle placer a ella. Y que me denegara eso, me molestó. Supongo que esa actitud mía, ese estado en el que había entrado, fue lo que hizo que nuestra relación evolucionara del modo que lo hizo.

            Pero bueno, el caso, ya que no quiero adelantarme, se duchó rápidamente, volvió al cuarto y se vistió. Yo me quedé callado, intentando que viera que estaba de mala leche, para que me preguntara que pasaba y poder iniciar una discusión. Teníamos ya bastante confianza como para decírnoslo a la cara, y de hecho eso habíamos acordado, decirnos las cosas que queríamos y qué no nos gustaba del otro. Sin embargo, recuerdo que no sabía muy bien como expresar lo que sentía. No tenía ningún sentido. Vale, quejarse porque no follábamos, o no tuvimos el típico guarreo que solíamos tener después de sus encuentros quizá tenía lógica, ¿pero cabrearme únicamente porque no me dejaba comerle el coño 5 minutos? No supe realmente como quejarme por eso, así que me quedé enfurruñado a ver si se daba cuenta, pero con las prisas y demás, fuimos a ver al piso sin hablar, y lo dejé pasar.

            Respecto al piso, una auténtica basura. Un primero, en una calle ruidosa, sin ventanas aislantes, viejas y ruinosas. Las fotos debían ser de cuando se construyó, allá por 1980, porque sinceramente no tenían nada que ver con la realidad. Además era caro. La gente es que tiene poquísima vergüenza. Le dijimos que no amablemente y fuimos a ver el segundo, que estaba mejor. Se podía ir andando a clase, y también al centro, además tenía transportes cercas. 2 habitaciones que era lo que queríamos, un 4º piso… Pero muy caro. Demasiado. El piso lo valía sin duda, pero no podíamos permitirnos eso. Mi parte sería el alquiler que costaba mi anterior piso en total. Así que le dijimos que lo pensaríamos, pero sabiendo que no íbamos a aceptarlo.            Terminamos la tarde un poco deprimidos, y fuimos a cenar por ahí. Estuvimos charlando de los pisos y demás. Cuando nos hartamos de hablar de la mudanza, le pregunté.

            – Bueno, ¿y esta noche que vamos a hacer?

            – Pues, yo he quedado con Pablo – la miré, incrédulo.

            – ¿En serio? ¿Otra vez?

            – Si, es que como me voy ya mismo, y no nos vamos a ver hasta septiembre.

            – Ya bueno, a mi seguramente tampoco me veas hasta septiembre- le dije con cierto tono de reproche.

            – Ay mi niño, que esta celosillo. Si yo creí que te gustaba que quedara con él.

            – Sí, me gusta. Pero no me gusta estar solo todos los días en el piso. Y además, ni si quiera me has contado aun lo que hicisteis ayer. Así la verdad es que no me gusta mucho- me desahogué todo el cabreo que tenía guardado desde que volvió. Ella no contestó en seguida. Se quedó callada, pensativa mirando su plato. Creí que se había molestado o algo, pero no.

            – Tienes razón. Para ti debe de ser aburrido. Cuando vivamos juntos, ya verás cómo será distinto. Venga, vamos a casa a pasar un buen rato.

            – ¿Y Pablo?

            – Paso. Seguro que encuentra otra en seguida.

            – Como tú imposible- me sonrió. Volvimos a la residencia tranquilamente. Por el camino me surgió una idea-. Oye, ¿le has dicho a Pablo que vamos a vivir juntos?

            – No. ¿Por qué?

            – No sé… No sé cómo se lo tomará. No creo que le haga mucha gracia,

            – Jaja, ¿y eso? Ni que fuéramos novios.

            – Hombre, el otro día os presentasteis juntos ante el grupo casi como novios.

            – A ver, Pablo es un rollo. Vamos lo que me faltaba, darle explicaciones a un tío así.

            – Pse. No sé, creo que deberías comentárselo al menos.

            – ¿Pero para qué? Si es que no pega hablar de eso, no sé. No hablamos nunca de nada. Nada que no sea sexual. No sabe ni qué estudio. A santo de qué le voy a empezar a hablar de que me mudo, y menos de que voy a compartir piso contigo. Si yo no debería ni acordarme de ti, nos vimos 2 minutos.

            – No se Noemi. Éste no para de hablar de ti, siempre que estoy con él te menciona. A ver si va a creer que sois novios o algo.

            – Pero qué dices hombre. Si este es un salido. Lo único que quiere es follar.

            – Pero pasáis demasiado tiempo juntos. Últimamente solo quedas con él

            – Ya, no sé, porque me gusta follar con él. Es… – me miró de reojo- Bueno, eh… Es bastante bueno en la cama, las cosas como son. Pero bueno, tal vez tengas razón, puede que pasemos demasiado tiempo juntos. Desde fuera puede parecer que estamos juntos. Pero bueno, ahora con el verano y eso, intentaré pasar de él. Que me vea con otro tío, y ya está.

            – Eso es buena idea. Pero espera una reacción, porque ya te digo, no le va a hacer ninguna gracia. Está harto de decir que bebes por sus huesos y cosas así.

            – Ya. Bueno, que diga lo que quiera. A ver si se atreve a decirme algo a mí a la cara.

            Llegamos al piso, y tuvimos una buena sesión de guarreo. Me estuvo contando todo lo había hecho con Pablo, estuvo calentándome un montón, y luego sacamos bolas, pero no salió la azul. La verdad es que no me dio coraje. Es más, me alegré cada vez que salía una verde. La masturbé unas cuantas veces, y para rematar se folló el consolador, conmigo debajo comiéndole el coño al mismo tiempo. Luego nos acostamos, yo tan satisfecho como si me hubiera corrido.

            Por la mañana estuvimos buscando pisos en internet, y fuimos a ver algunos. El segundo nos gustaba bastante. Estaba cerca de la facultad, y aunque era un poco pequeño, tenía sus dos habitaciones, un salón y cocina, que era básicamente lo que buscábamos. La segunda habitación era bastante pequeña, tenía una cama en una esquina, un pequeño escritorio y un armario, todo muy apretujado. La segunda estaba bien, tenía una cama grande, y un buen balcón. Estaba todo junto en un pasillo con el baño. Luego ese pasillo salía al salón, donde estaba la puerta de entrada y la cocina, totalmente equipada. El precio no estaba mal. Al día siguiente vimos más cosas, pero ninguno nos cuadraba, y finalmente nos quedamos con el segundo del día anterior. Hablamos con la mujer y firmamos el contrato que empezaría en septiembre de ese año.

            Estábamos bastante contentos. Yo estaba muy excitado, pensando en las posibilidades que daba el piso. La cama de la habitación individual, estaba pegada a la pared del otro dormitorio, lo que me daba un montón de ideas morbosas.

            Nuestra última noche, nos olvidamos de cuernos. Me quitó por fin el cinturón de castidad, y follamos, con condón, eso sí. Me ponía muchísimo que me denegase el placer de sentir su coño directamente, como sí que lo hacían muchos de los otros tíos con los que se acostaba. Apenas duré un minuto de las ganas que tenía, y no hizo falta ningún tipo de juego para calentarme. Al rato sin embargo, echamos otro. Noemi empezó a fantasear sobre si dejarme puesto el cinturón de castidad todo el verano, hasta que volviéramos a vernos.

            -¿No sería genial? 2 meses sin poder hacerte nada, totalmente caliente, frustrado, todo el verano, sabiendo que yo voy a estar guarreando día sí día también. Ya verás cuando vaya a mi pueblo, hay un par de chicos que me echan de menos, uno de ellos un ex. Y después, cuando vaya con mis amigas a la playa, eso va a ser un desfase total. Y mientras tú, sin poder hacerte nada, en casa de tus padres. M… ¿Verdad que te encantaría? Permanecer fiel para mí todo el verano, sin ni un orgasmo, sin el más mínimo roce- esto me lo decía mientras me acariciaba, y masturbaba el pene, aun flácido por haber follado un rato antes. Pero se empezó a poner duro en seguida-. Me llevaré todas las llaves conmigo, y no podrás hacer nada, por muchas ganas que tengas. ¿Verdad que quieres?

            – Si… – le seguí la corriente, ya totalmente cachondo.

            – Vamos, fóllame. Disfruta, que vas a pasarte una buena temporada sin nada.

            – ¿Podemos hacerlo sin condón?

            – Claro que no.

            – Por favor… es la última vez…- suplicaba, porque se supone que hay que suplicar. Mantiene el teatro vivo. Sin embargo, quería que me dijera que no. Cuando más me lo denegaba, más cachondo me ponía. Cualquier otra tía, ante tantas súplicas, cedería, por compasión. Sin embargo, Noemi me conocía ya demasiado bien. Por eso era tan perfecta. A ella le gustaba denegármelo, y no le daba lástima hacerlo, porque sabía que a mí también me gustaba. Los dos felices. Estábamos hechos el uno para el otro.

            – No, no. Mi coño es sólo para mis amantes. No para ti. Tú tienes que usar condón. Y como no te des prisa, ni así-  me puse el condón rápidamente-. Ponte dos.

            – ¿Dos?- eso era nuevo, no me lo esperaba. Esta chica siempre tenía imaginación para más.

            – Si. No quiero que disfrutes. A ver si así duras un poco más, y puedo disfrutar yo también un poco…- con uno ya puesto, miré la caja, para ver cuantos quedaban. Dos condones por polvo, vaya desperdicio de dinero…- Y no te preocupes, hay condones de sobra. Solo los usas tú, y no muy a menudo…- como siempre me leyó el pensamiento.

            Obedecí y me puse el segundo. Así hay más probabilidades de que se rompa, pero eso no era un problema, así que me dio igual. Después le comí un poco el coño para mojarla, aunque ya estaba bastante mojada, y me puse encima, para follarla. Me costó meterla, porque no notaba demasiado la punta. Tuve que ayudarme con la mano, y empujar, y hasta que no estuvo entera hasta el fondo, no me di cuenta de si estaba realmente dentro, ya que por la sensación, bien podría haberse doblado y deslizado entre las sábanas y su culo. Era una sensación rara, notaba el tacto, pero llegaba muy reducido. Como cuando te pones unos tapones en los oídos, y te hablan. Noemi gemía con los ojos cerrados, frente a mí, disfrutando. Yo en cambio, la metía y la sacaba y apenas notaba el roce. Ese aislamiento sensorial me excito tanto, que incluso sin placer físico, tras unas embestidas, me corrí de nuevo.

            – ¿Ya?- asentí-. ¿Ni con dos condones eh?

            – Así es peor. Me ha dado más morbo.

            – Bueno, lo tendré en cuenta. Baja un ratillo anda- bajé para comerle el coño, porque a ella no le había dado tiempo a terminar. Tras correrse, nos dormimos acurrucados.

            Al día siguiente, nos despedimos y yo volví a casa con mis padres. No habíamos dejado nada claro, pero teníamos pensado vernos en algún momento a lo largo del verano, tal vez ir a la playa unos días o algo. Ella todavía se quedaría allí un par de días, para despedirse de sus amigas, y cerrar el contrato de la residencia, porque al año siguiente no iba a mudarse. No volvió a quedar con Pablo, para darse un poco de espacio, y además, según me contó, organizó un encuentro tal y como me dicho.

            – Averigüé disimuladamente donde iba a estar hoy. Al parecer estaba estudiando en la biblioteca, para los exámenes que le han quedado y se quedaría a comer en la uni. Así que quedé con Manu y lo espere a la salida. Manu estaba un poco extrañado, porque nunca solemos vernos fuera de la cama, pero se dejó hacer. Estuvimos hablando hasta que salió pablo del comedor, y al ir en nuestra dirección, nos vio sentados en el banco, liándonos.

            – ¿Y qué dijo?

            – Nada, ya te lo dije, solo somos un lío, nada exclusivo. Me saludó, miro así un poco de forma competitiva a Manu, y me comentó que a ver cuándo quedábamos, para dejar claro que él también se acostaba conmigo. Luego se despidió y se fue, sin nada raro.

            Me quedaba más tranquilo después de escuchar eso. Seguramente Pablo estaría cabreado, lo conocía, pero estaba claro que no iba a decir nada delante de ella. En cualquier caso, ahora tenía claro que ella no era su novia, ni nada fijo, lo cual era bueno. Sin embargo, como vería muy pronto, ese asunto aún no estaba zanjado, ni mucho menos. 

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