MOISÉS ESTÉVEZ

Desde una cabina y utilizando una línea segura, la sombra de Vincent
durante los últimos días le daba a su misterioso y anónimo jefe las últimas
novedades sobre la vigilancia que le había encargado.
El aeropuerto Adolfo Suárez mostraba un trasiego evidente en esas
fechas estivales, señal inequívoca de la atracción que ejercía el país para los
turistas.
Aquel poderoso individuo que sentía predilección por contar con los
servicios de Vinc, empezaba a resignarse. Tendría que acudir a otro sicario
para que se hiciera cargo de la brecha que, en oriente próximo se había abierto
en lo que concernía a sus oscuros negocios, lo que en principio no le
contentaba.

  • Ha decidido retirarse. – Le dijo su informante, decisión que no
    compartía, en absoluto, pero que estaba dispuesto a respetar, por ahora.
  • Está bien, déjalo estar. Me reuniré con mis socios y veremos cual será
    el siguiente paso antes de que todo se complique aún más. El pago final, como
    siempre. Ya te llamaré. –
    Se dirigió a la puerta de embarque precisamente cuando estaban
    anunciando la última llamada del vuelo que le llevaría de regreso a
    casa.También él necesitaba un descanso, aunque no fuera permanente.

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