JESÚS ABREU
 
Perdido en esta oscura caja sin luna,
de luz artificial solo un punto rojo
que ilumina el envío del sonido a mis oídos.
Ya no es nuestra “nuestra música”,
ahora es solo tuya o solo mía o de otros
que comparten corazones de vino tinto,
a los que le ha vuelto el alma al cuerpo, como nosotros ayer.
Pero cada noche vuelvo a robar “nuestra música”
que me evade más que el prozac,
que me acerca a tu lejanía
y es como si te estuviera esperando,
semidormido entre las sábanas del lexatín, me evado
y pienso que pujaría por una lágrima de Kurt Cobain,
un bostezo de Bob Dilan, un satisfecho de los Stone,
el aliento de la Callas o una vena de Camarón.
Pujaría en una subasta de corazones solitarios
que añoran lo que quizás no se tuvo,
quizás ser parte de la parte de un capricho, quizás,  
empapados en el alcohol de extravío
del anhelo, quizás así lo siento
y quizás así lo aspiro
con apetito de hambre de culpas.
Y quizás hoy llegue el sueño,
para morir y resucitar de nuevo
en la duda de la certeza de lo obvio.

Un comentario sobre “Corazones solitarios

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