GILDEROY

Parte 10

          Al día siguiente me levanté para ir a la universidad temprano. Había podido dormir de un tirón, lo cual era bueno. Tal vez me estaba acostumbrando a la jaula. Me duché, y me la sequé con cuidado, y luego fui a clase. Hice lo mismo que la semana anterior. A la hora de comer, me acerqué a la cantina de la facultad de Pablo, para poder hablar con él. No pude encontrarlo al principio, lo cual me desesperó un poco, porque no conocía su horario el resto de la semana. Anduve un poco en el comedor, perdiendo el tiempo y dando vueltas, hasta que lo vi entrar por fin, con su grupo de amigos. Me puse a la cola detrás de ellos, disimuladamente, hasta que me vio. Le hice un gesto con la cabeza, en señal de saludo. Él se puso junto a mí en la cola.

          – Ey, ¿otra vez por aquí?

          – Si, otra vez lo mismo. Qué tal.

          – Pues nada, como siempre. Hoy nos han tenido enrollados hasta tarde. Y ahora después más mierda. Yo que quería salir hoy pronto para quedar con una tía, pues ala, coñazo al canto.

          – Joe, no paras. ¿La misma del fin de semana?- saqué el tema rápido.

          – Sí, esa, es verdad, la conoces. No es normal que repita tanto con una, pero ya te dije, que esta es muy buena. Es una tigresa. Se me tira encima, y puf… besa como una ninfómana en el corredor de la muerte. Me lame, me empieza a chupar por todas partes. La tengo loquita, me dijo que quería quedar también entre semana. Y yo la verdad es que entre semana pues no suelo tener oportunidad de salir y conocer a alguna nueva, así que me viene de puta madre- cogimos la bandeja, y empezamos a coger la comida. El tema se cortó un poco y no supe como encaminarlo. Me ajusté la jaula de castidad.

          Dejamos el self-service y fuimos a sentarnos. Pablo charló un rato con los colegas. Cuando estuvo libre, entré yo.

          – Yo estuve también hace poco con una. Te cuento una cosa pero no se lo digas a nadie, ¿ok?

          – Claro.

          – La hermana de la Ana.

          – ¿La novia del Paco?

          – Esa.

          – Está buena, sí señor. Y cómo es que acabó contigo.

          – Ana me echó un cable.

          – Vaya. A mí nunca me la había presentado. En plan, para que me la ligara digo. Cabrona.

          – Bueno, pues es también guarra… Pero guarra.

          – ¿Sí?- le había sacado el interés. Pablo sólo habla de fútbol, o sexo. A mí el fútbol no me gusta, y de sexo… pues hasta hace poco casi lo mismo. Medio inventándome esta historia, había conseguido tener tema de conversación con él.- Pero cómo de guarra.

          – Cerdísima. Si quería hasta que le diera por el culo.

          – ¿Y lo hiciste?

          – Que va tío. Me daba cosa. Eso es muy fuerte.

          – Va tío, que pringado. No es para tanto- no hizo falta ni indagar más-. Yo mismo lo hice este finde.

          – ¿Sí?

          – Ya ves. Con la tía que te conté. Esa sí que es guarra, y no sólo por lo del culo. Eso hoy día lo hacen el 80 % de las tías. Por curiosidad, morbo, competencia… Está bien visto entre los tíos, y ellas para impresionarnos pues quieren saber hacerlo- menudo cretino.

          – Bueno, y cómo fue.

          – Tío, esas cosa no se cuentan, ya sabes- dijo riéndose.

          – Vamos hombre, que yo nunca lo he hecho. Igual la próxima vez con la hermana de Ana lo intento, pero es que no tengo ni idea…- no hubo que presionar demasiado.

          – No es para tanto. Si ella te lo pide, es que debe saber. Déjate llevar y ya está. Sobre todo: lubricación, y poco a poco. Mucha saliva, y sino algún producto o algo. Yo siempre tengo por si acaso. Y la tía esta, Noemi, también tenía. Pero vamos, solo te digo que no hizo ni falta. Normalmente pues ya sabes, poco a poco, un dedo, dos, etc. Lentamente. El culo es muy sensible, y a la mínima te sale alguna rajilla, o arañazo si intentas dilatar muy rápido, un micro sangrado. Y eso ya te jode el polvo, porque del roce duele, ya da igual lo que metas. Pero si consigues que se dilate entero, sin que se le raje, yendo muy poco a poco, podrás follártela todo lo que quieras, como quieras sin que le duela nada de nada. Un poco al dilatarse, y después una vez abierto, a follar sin parar. Ese es el truco. Ir sin prisas, sin que se produzca ningún corte.

          Hablábamos en voz baja, para que no nos oyeran el resto de la mesa. Mientras comíamos, y yo asentía como si estuviera delante de un profesor. Yo solo quería que hablara de Noemi, y se dejara de lecciones. Me daba coraje tener que dejar que se creciera, y se hiciera el listo, para que contara todo. Yo podría follar el culo de Noemi cuando quisiera, y ella me enseñaría mucho mejor, con la práctica. Por fin volvió al tema que me interesaba.

          – Pero vaya. Eso es en teoría. Según el manual, y lo que me ha funcionado con todas las tías. Pero con Noemi… Todo eso son juegos de niños. Esta lo tiene ya bien follado, hazme caso. Eso se nota. Después de chupármela un poco, se da la vuelta, y zas, para dentro. Se la tragó entera, de un golpe. Y ahí estuvimos un rato. Y lo mejor, es que luego hice que me la chupara. Se la saqué del culo y directamente a la boca. Eso no se lo hagas a la hermana de la Ana, porque te la corta de cuajo, ya te lo digo yo. Pero conociendo ya a esta tía, me dije, yo voy a probar y que sea lo que dios quiera. Se la saco, y la acercó para que me la chupe. Y ni una pega. Me la limpió enterita.

          – ¿Pero estaba sucia? O sea, con mierda y eso.

          – Nah, esta tía es limpia. Seguro que se lavó bien antes de que yo fuera, sabía que le iba a partir el culo esa noche. De todas formas, por muy limpia que estés, siempre huele un poco. Tanto tiempo ahí dentro, pues es normal. Y después de follar un culo, siempre hay que ir a lavarse. No puedes darle por el coño porque le puedes infectar algo, por muy limpia que parezca. Y a la boca menos, porque es una guarrada. ¿Pero con esta? Ni pio. Me la limpio y seguimos follando, hasta que me corrí dentro. Jaja.

          Ya habíamos terminado de comer. Fuimos a soltar las bandejas, y regresamos a la facultad. Aun íbamos en grupo, pero estábamos los dos apartados, hablando a nuestra bola.

          – Bueno, y qué tal es- me costaba andar sin que se notara el bulto-. Mejor que por delante o como.

          – Puf, nada que ver. Mucho  mejor, donde va a parar. Tú imagínate. Es lo mismo, pero mucho más apretado. Mucho más gusto. Algunas veces, has follado tanto, que ya el coño esta tan abierto que ni te enteras. El culo es mucho más pequeño. Y encima esta, que lo apretaba. Eso no lo puedes hacer con el coño.

          – Y eso cómo.

          – Illo, como al cagar. Cuando te sale el mojón muy gordo, y quieres cortarlo- ay dios… que palurdo es el tío-. Como para dejar de mear, cuando está saliendo ya el chorro. Ese movimiento. Así se cierra el culo ¿no?- asentí impaciente, para que cambiara de tema-. Pues eso. Así controlas, como con la mano. Cuando te hacen una paja, y la tía te aprieta fuerte, para que te dé más gusto. Pues igual. El culo es como una mezcla de mano y coño. Con lo mejor de ambas cosas. Y por si fuera poco, nunca tiene la regla. Todo son ventajas. Jaja. Pero claro, también hay que ser realista, y el culo siempre no lo puedes usar. No está hecho para eso, y se cansa más que el coño. Pero quien sabe, ¿con esta tía? Cada vez me sorprende más. Yo creo que puedo follarle el culo cuando quiera. Me voy a dar un atracón de culo como nunca. Jaja.

          – Pero ella no disfruta ¿no?

          – Buah, y a mi qué, jaja. Que se pajee, y ya está. Además, que a ellas les gusta también por el culo.

          – Pero eso es por el morbo más que nada. Lo que es placer físico se supone que no.

          – Si, también. Vamos, tenías que ver a Noemi la otra vez, como gritaba la muy cerda, jaja. Pregúntale si le gustó, pregúntale, jaja- no hice comentarios a eso último.

          – Llegamos al aula donde tenían clase. Sin darme cuenta, le había acompañado hasta la puerta.

          – Bueno tío, ya nos vemos. Ya me contarás, como te va con la tía esa.

          – Si tío, igualmente. Hasta otra.

          Después de eso, regresé a mi facultad corriendo, pero aun así llegue tarde. Pero había merecido la pena. Tenía bastantes detalles, Noemi estaría contenta. Claro que esa era la versión de Pablo, a saber la realidad como era. Hablé con Noemi por whatsapp para contarle todo lo que había hablado con Pablo, y ver si podíamos vernos. Me contestó al cabo del rato.

Me alegro. ¿Te ha contado cosas sucias sobre mí?

Un montón. Me gustaría saber qué es cierto y qué no.

Probablemente todo cariño…

¿Vamos a vernos hoy?

Tengo la regla.

Y qué.

Pues que no vamos a poder hacer gran cosa.

No sé… A mí no me importa en realidad.

Ya, pero a mí sí. Es un asco. Encima cuando me viene la regla, me pongo súper cachonda… Y no puedo hacer nada con nadie. Todos huyen de mí.

Yo nunca huiría de ti.

Jeje. No sé.

¿Qué clase de esclavo sería si te dijera que no? ¿O qué clase de ama eres tú? ¿No te gustaba humillarme? Me parece que eres demasiado suave conmigo…

¿Suave? ¿En serio?- estaba bastante cachondo de la conversación de antes.

Sí. Se supone que deberías usarme para tu propio placer. Y no preocuparte por mí.

Si ¿eh? ¿Por qué no vienes a mi piso después de clase? Yo estaré allí desde las 4.

Muy bien.

          Yo terminaba a las 7. Fui directamente al piso de Noemi al terminar. Estaba impaciente, aunque no sé por qué. Lo más probable es que me volviera  a casa más cachondo que antes, y sin haberme corrido. Sin embargo tenía muchas ganas de verla, y de hacer que se corriera. Al llegar, estaba trabajando en el escritorio, con ropa de estar por casa.

          – Bueno, qué tal con Manu anoche.

          – Nada, normal. Vino, lo hicimos, y se fue.

          – Pero te corriste dos veces.

          – Sí, pero porque últimamente, desde que tengo esta llave…- se sacó la llave de dentro de la camiseta-. Me corro con mucha facilidad. No sé por qué…- y sonrió-. Vamos, fue un polvo de 10 minutos, pero me corrí dos veces. Una nada más empezar y otra al final con él. Y tú con Pablo qué. Qué te ha contado de mí.- le repetí la conversación que había tenido con él-. Bueno… Es verdad casi todo. Sí que soy un poco guarra, lo admito. Eso de que hizo que se la chupara no es cierto, yo se la chupé, directamente. Él no hizo nada, se dejó hacer todo el rato. Y bueno, lo que dice de la regla, es también mentira, porque hoy mismo me ha llamado para quedar, y en cuanto le he dicho que estaba mala, ha dicho: bueno pues otro día. Podría haber venido y follarme el culo, y no se habría dado ni cuenta de que tenía la regla, sólo la cuerdecita del tampón, que sale un poco… Pero nada, todos los tíos pasan de mi cuando estoy con la regla.

          – Yo no.

          – Tu no, porque no tienes más remedio. Eres mi esclavo, y harás lo que te diga- sonreí-. Y bueno, entonces le gustó mucho ¿no?

          – Más que todo lo demás, según dice.

          – Si bueno, además es que me esforcé bastante. Follar un culo, y más el mío es… estupendo. ¿Te gustaría probarlo verdad?

          – Ahora más que nunca, la verdad. Después de todo lo que me contó…

          – Pues no puede ser cariño. Nunca vas a usar mi culito. Tendrás que conformarte con lo que te cuenten mis amantes, y tu imaginación. ¿Y sería lo suyo ahora verdad? Mi coño no puede usarse, y mi culo está ahí, perfectamente disponible… Pero no, vas a comerme el coño. Mi coño sucio, vas a lamerlo hasta que me corra.

          – Tendrás que sacar una bola verde, ¿no?

          – Ah, sí, es cierto- fue a coger la bolsita, y sacó una bola. Pero miró antes dentro, para sacar la que quiso. Sacó una verde, claro-. Aquí está. ¿Algo que decir? -me callé- Bien, pues ahora, a lo tuyo…

          Hizo un amago de bajarse los pantalones, pero le daba cosa. Aún estaba indecisa, dándome órdenes para hacer cosas que no terminaba de estar segura que fueran a gustarme. Tomé la iniciativa. Me puse de rodillas, la tumbé sobre la cama, y le quité pantalones y bragas. Ella se abrió de piernas al máximo, para recibirme. Allí estaba la cuerdecita del tampón, arrugada entre sus pelitos. También tenía una compresa en las bragas, La verdad es que no estaba sucio. Olía a compresa, que suelen tener un aroma para contrarrestar el de la regla. Y también olía un poco a regla, un olor muy característico, que recordaba de mi ex. No me repugno en absoluto. De hecho, estaba tan cachondo que me hubiera dado igual que estuviera manchado. Empecé a lamerla entera, sin importarme nada.

          – Ay dios Alejandro… sí, sí… sigue por favor, ahhh! Dios si…ay, ay, ay, ahhh!- se corrió en seguida. Levanté la cabeza, pero me la volvió a poner en su coño-. No pares, sigue… Con cuidado…

          Lamí despacio y con cuidado, evitando su clítoris, para que no le doliera. Recién corrida, era muy sensible. Estuve unos 10 minutos así, y después empecé a darle con más fuerza. No se quejó, así que fui aumentando hasta que volvió a correrse. Ahora si me apartó de su entrepierna, y me acercó.

          – No te he manchado ¿no?- dijo mirándome la boca.

          – No te preocupes.

          – ¿Qué tal?

          – Bien. ¿Y tú?

          – Genial… ¿Quieres correrte tú?

          – Si me toca…

          – Hombre ya… Pero se pueden hacer excepciones, ya sabes- la verdad es que me iba a explotar la polla, pero el morbo de quedarme así era muy grande.

          – No sé, si me preguntas a mí, está clara la respuesta… Pero se supone que eres tú la ama, que debe decidir…- Noemi meditó unos segundos, pensando.

          – La verdad es que a mí me encantaría mandarte así para a casa, con la polla bien hinchada- me tocaba la entrepierna mientras hablaba, notando el bulto que intentaba salirse por todos los huecos de la caja de castidad-. Y tocarme una vez más esta noche, pensando en lo caliente y frustrado que debes estar tú.

          – Pues ya está- ella sonrió contenta.

          – Bueno para ser justos… -sacó dos últimas bola, esta vez sin mirar. Verdes-. Esta por el segundo, y esta otra por hacer bien lo que te dije. Esta ya se saca para siempre, la guardaré en el armario con las otras. Y bueno, ya no quedan muchas más. Esta semana seguro que tienes suerte. Vas a venir muchas más veces, créeme. No tengo a nadie más con quien quedar. ¿Es genial tener novio no? Tengo sexo con mis amigos, pero luego para las cosas malas, como cuando estoy mala, pues te tengo a tú de repuesto. Así no me falta nunca de nada- me abrazó-. Ay mi niño, cuánto te quiero. Y ya sabes, que si en algún momento quieres parar, y quieres lo que sea, lo digas.

          – Lo sé.

          Nos besamos y nos despedimos. Regresé a casa muy cachondo, pero extrañamente satisfecho. Había hecho que se corriera dos veces, y me sentía bastante desahogado, a pesar de no haber recibido nada.

          El resto de la semana fue más o menos igual. No quedaba con ningún otro tío, así que yo iba a su piso todos los días después de clase. El miércoles por fin salió una bola azul. En parte era bueno, pero también malo, porque aún quedaban algunas por salir, que sabía que iban a ser verdes, y luego se rellenaba la bolsa, y vuelta a empezar con poquísimas posibilidades de correrme. Pero bueno, el miércoles disfruté del polvo. Fuimos a la ducha, para no manchar nada, y lo hicimos allí de pie, con Noemi chorreando gotas y grumitos rojos, que se iban rápidamente con el agua. A pesar de las ganas que tenía, pude aguantar esta vez más, debido a que de pie nunca solía masturbarme, y al no estar acostumbrado, me costó más llegar al punto. Pude hacer que Noemi se corriera una vez, pero cuando intentaba llegar al segundo, me corrí antes de que me diera permiso, y tuve que terminarla con la boca. Al terminar la ducha ya tenía de nuevo una erección de caballo, y encima añadió otra bolita verde, con mucha malicia. Cada vez iba a tardar más en correrme, y me iba a ser más difícil aguantar, por lo que seguiría añandiendo bolitas. ¿Era un círculo vicioso, que terminaría conmigo en castidad para siempre? Por suerte no había bolas infinitas, claro está, a menos que comprara otro paquete.

          Al día siguiente, Noemi me habló antes de lo normal, para contarme que había hablado con Jorge, y que ya tenía pensado un castigo para ella. Quería que repitiera la experiencia del glory hole. El sábado, tenía que ir a su sex shop, meterse en una cabina, y atender todas las pollas que se pusieran en los dos agujeros durante 1 hora. Sin excepción. Yo me puse muy cachondo al pensarlo.

          – ¿Y qué vas a hacer?

          – Pues hacerlo. ¿Te importa?

          – Supongo que no… Pero no sé. ¿Yo no puedo mirar o algo?

          – No creo… Jorge se daría cuenta. Vamos, si quieres se lo decimos, que eres mi novio y quieres entrar conmigo.

          – No, no.

          – O que no eres mi novio, sólo quieres entrar conmigo y ver lo que hago.

          – Que no, paso. ¿No hay otra manera de estar contigo, sin que él me vea?

          – No, a esa cabina sólo se entra por detrás, desde el despacho.

          – Ps. Pues vaya mierda.

          – No se… Ya te he dicho que Jorge no te juzgaría ni nada, es más, le encantaría que yo tuviera novio de verdad, y que encima fuera sumiso. Y si encima le digo que te tengo en castidad.

          – Que no Noemi, de verdad.

          – Bueno pues entonces, si quieres no voy. Si vas a estar en casa deprimido, por no poder participar.

          – Ya, no sé. Puedes hacer fotos y eso.

          – Si eso sí. Pero no es lo mismo. Otra cosa que puedes hacer, es ir y participar. Puedo chupártela a ti también.

          – ¿En serio?

          – Claro, allí entra quien quiere. Puedes hacer cola con el resto de tíos, y entrar en una cabina. Al menos tendrás la seguridad de que seré yo la que estará dentro.

          – Puede estar muy bien.

          – Lo único… es que tendrás que pagar 10 € para entrar.

          – Venga ya. ¿¿En serio??

          – Sé. Es lo que cuesta. Normalmente las cabinas son gratis, entra quien quiere, y hacen lo que quieren. Pero a veces Jorge organiza eventos de estos, con tías que quieren ganar algo de dinero, y avisa a amigos y demás. Los socios del sex shop no pagan, pero para hacerte socio tienes que pagar una cuota de 50 €. A ti ya no creo que te salga a cuenta.

          – Pero eso es prostitución en toda regla ¿no?

          – Si bueno, supongo. Un poco escondido.

          – ¿Y no te sientes mal?

          – ¿Yo? No, por qué. Eso es lo más morboso de todo. Que me obligue a hacer cosas así. De todas formas yo no me llevo el dinero, así que mi conciencia está tranquila. Sólo lo hago por el morbo.

          – ¿Y quién se lo lleva?

          – Él, claro. Soy su esclava, y él se lleva mis ganancias cuando me usa.

          – Vaya pervertidos estáis hechos.

          – Jaja, pues no hables, porque tú estás en el mismo barco.

          – ¿Entonces voy a tener que pagar, para que mi novia me la chupe?

          – ¡Sí! ¿No te pone cachondo eso? Te dejaría mi carnet, pero se ve el nombre, y estaríamos en las mismas, sabría qué vas conmigo.

          – Ya.

          – Pero da igual, a mí me pone muchísimo eso. Saber que alguna de esas pollas que voy a chupar, será la tuya. Y es más, Jorge me ha dicho que de esos que vayan, tengo que follarme a 5. Por el culo. Al azar. Si averiguo quien eres, pues igual tienes suerte. ¿Qué te parece? ¿Pinta bien, no?

          – Sí.

          – El sábado a las 5 empieza, hasta las 6. Estate pronto, no sea que haya mucha gente, y no consigas sitio. Y llévate un condón.

          Nos despedimos y me fui a casa, pensando en lo del sábado. ¿Era un poco locura? A mí me daba un poco de vergüenza solo entrar en un sex shop, cuanto más a participar en un glory hole. Sin embargo estaba bastante emocionado e impaciente. El viernes me quedé a dormir en casa de Noemi, ella se llevó sus tres pajas (estaba muy cachonda por lo del día siguiente), y por la mañana me quitó el cinturón de castidad, para que fuera al sex shop libre. Regresé a casa tras almorzar, y aunque lo que más me apetecía era hacerme una paja, me reserve para la tarde. No quería ir desgastado y después que no se me levantase, y hacer el ridículo frente  un montón de gente. La verdad es que no sabía cómo iba a reaccionar, siempre me pongo nervioso cuando hay que desnudarse en público (piscinas, gimnasios etc.) y me daba miedo bloquearme. Pensé que después de varios días sin nada, iba a ser imposible bloquearse, así que fui bien cargado.

          Sobre las 3 Noemi me envió un mensaje diciendo que ya había llegado al sex shop, que iba a prepararse. Yo salí sobre esa hora y llegué a las 4. Me dio vergüenza entrar a la primera, y estuve dando vueltas, pasando por delante de la puerta un buen rato. Vi entrar en ese tiempo a un par de tíos, que iban juntos y después a otro solo. Todos me miraron (era un callejón y no había nada más) pero no dijeron nada. Empecé a ponerme nervioso, y a menos cuarto, cuando entraron 3 tíos más riendo, decidí pasar detrás de ellos. El sex shop estaba a rebosar. Había varios tíos en el mostrador, otros cuantos por las estanterías, y algunos más en el recibidor, hablando. Pude distinguir a Jorge en medio del grupo, hablando con los tres que habían entrado delante mía. Estaba igual que en la web cam, aunque con el pelo más largo. Me resultó muy raro verlo con ropa. Aunque era mayor, parecía joven y era atractivo. Al verme entrar, vino hacia mí.

          – Hola muy buenas, soy Jorge, el dueño del sex-shop. No me suena haberte visto antes, ¿vienes por lo del evento, o sólo a comprar algo?

          – ¿Evento?- dije un poco nervioso. Era raro saber tanto de él, y que él no me conociera de nada.

          – Si, en los glory hole tenemos hoy un evento especial. Una mujer impresionante va a estar dentro y puede entrar todo el que quiera- me dio un folleto, impreso en blanco y negro, donde venía la información, aunque nada sobre Noemi.

          – Ah sí, sí. Vengo por eso- hablaba de tal perversión con una naturalidad asombrosa.

          – ¿Ya lo habías oído no? ¿Dónde?- puf. La protagonista me lo comentó.

          – Un colega de la facultad.

          – Ah muy bien. ¿Sabes si es socio? A los socios que traen amigos, tienen descuentos y algunas otras ventajas.

          – Ah pues no sé. No me comentó nada de eso. Y tampoco veo que haya venido, así que.

          – Vale, no pasa nada. Mira son sólo 10 €, y si te haces socio, gratis este, y todos los que vengan en el futuro, que vendrán.

          – Aham.

          – Y si traes 3 amigos que se hagan socios, te devolvemos el dinero de la inscripción.

          – Y cuánto cuesta hacerse socio.

          – 50€, pero ten en cuenta que te ahorras los 10 de ahora, y los que vendrán. Te aseguro que vas a repetir. Además un 10% en todos los productos del sex shop, y un 50 % en las películas. Te sale a cuenta a la larga, y después de lo de hoy, créeme que querrás volver- como comía el tío la cabeza.

          – Vale, me hago socio- siempre me ha costado decir que no.

          – Estupendo. Merece la pena, ya verás- fuimos al mostrador, le pagué y rellené unos datos, Mientras tanto, entraron 2 tíos más, a los que Jorge saludó. Luego volvió conmigo.

          – Al terminar, pásate por aquí y te daré el carnet, con el número de socio etc. Ahora toma el ticket- me dio una papeleta con el número 12-. El evento es hasta las 6, pero todos los números que se den, van a pasar, así que no te preocupes. No hay pantalla ni nada, así que organízate con los demás ¿vale? Cuando vayan entrando se formará una cola allí al fondo, pregunta qué número tiene el último y te vas preparando. Yo calculo que a las 5:40 o así podrás pasar. Si quieres dar una vuelta, o quedarte aquí mirando los productos o hablando con los colegas. Si se te pasa el turno no te preocupes, que mientras tengas la papeleta pasas, ¿vale?

          – Vale, muchas gracias.

          Y se fue a hablar con los demás. Yo no supe muy bien qué hacer, así que me puse a andar entre las estanterías como los demás mirando cosas. Allí había muchísima gente, y no dejaban de llegar más. 11 tíos delante de mí, más los que llegaran. ¿A todos esos iba a chupársela Noemi? Ella me dijo que estaría a las 6, pero Jorge aseguraba que todos los tickets que se vendieran entraban. Se habría sacado una pasta en un día. Le mandé un mensaje a Noemi, para decirle que había llegado, y me contestó en seguida.

          – Vale, yo estoy dentro ya esperando. Qué nervios. ¿Qué número eres?

          – 12.

          – Puf. ¿Tanta gente hay?

          – Bastante.

          – Madre mía. La otra vez es que no sé cuántos vinieron, porque no llevaba la cuenta. Pero vamos, que no recuerdo que fueran tantos.

          – Jorge dice que si a las 6 no han entrado todos los tickets, se alarga la cosa.

          – Ya, eso me ha dicho. El 12. Intentaré llevar la cuenta, a ver si te localizo.

          Sin darme cuenta, un tío se me acercó por la derecha y me habló, por lo que tuve que dejar el móvil.

          – Ey, ¿la primera vez?

          – Eh… sí.

          – Yo también. Aunque un colega me ha dicho que está de puta madre. La tía es una guarra de verdad, ya veras, jeje.

          Era un cincuentón. En general había gente mayor, aunque había visto a un grupo de jóvenes también. El tío siguió dándome palique un rato, hasta que por fin Jorge me lo quitó de encima, cuando hizo el anuncio de que iban a empezar.

          – Vamos a empezar. No olvidéis entrar con un condón. Si no, os echarán y tendréis que comprar una nueva entrada. SI no habéis traído, en el mostrador podréis comprar. El primero ya puede pasar.

          – Allá voy- dijo el tío que me había estado hablando. Deséame suerte. – le di una sonrisa forzada, y se fue para adentro.

          Noemi no me había hablado más. Se formó una pequeña cola a la entrada. Las cabinas estaban al fondo, detrás de una cortina. Al cabo de unos minutos, salió el primero, y mientras entraba otro, el que había estado hablando conmigo se me acercó abrochándose el cinturón. Llevaba una bola de papel higiénico en la mano, supuse que con el condón arrugado dentro.

          – Brutal chaval- me dijo, dándome una palmada en el hombro, y riendo buscando mi complicidad-. Madre mía. La mejor mamada de mi vida. Voy a ver si todavía quedan números, y repito- y fue hacia el mostrador a hablar con Jorge. Menudo cerdo. Yo tenía a esas alturas la polla durísima, y no podía evitar darme un apretón de vez en cuando. El hombre habló con Jorge un rato, y al parecer tuvo suerte, porque se sacó un billete de 10 € y le dieron otra papeleta.

          – Para los que quieran repetir- dijo Jorge acto seguido, en voz alta. Todos se callaron para escuchar-, todavía quedan 5 papeletas. Los socios la segunda tienen que pagarla.

          Nadie fue a comprar más, pero conforme entraban y salían, alguno que otro pasó por el mostrador para repetir.

          – Bueno, pues voy a tomar una birra. Hasta las 7 no creo que me toque de nuevo, tengo que recuperar fuerzas- me dijo el tío, y se fue.

          A las 5:15 Jorge anunció que se habían vendido todas las papeletas, dio las gracias y prometió más eventos en el futuro. Aun así, más de uno pasó por la caja a pedir más, pero Jorge le tuvo que decir que no. No obstante, siguió haciendo negocio tras el mostrador, a gente que no cogía nada de productos, y habría jurado que vendió un par de entradas más, a mayor precio. Yo hablé a Noemi por el móvil, para decirle que iban a ser unos 20, pero no me contestó. Estaría ocupada, claro.

          Yo estaba cada vez más impaciente. Había tenido ya varias erecciones, que se habían ido al no poder masturbarme. Lo peor fue cuando Noemi me mandó un video de unos cuantos segundos. Estaba totalmente oscuro, sólo iluminado por el flash de la cámara del móvil. Supongo que no había ninguna luz para que los tíos no pudieran ver nada por el agujero. Se veía muy movido porque tenía que alargar el brazo y grabar a la vez que chupaba, pero era espectacular. Se la veía a ella mamando a gran velocidad, mirando de reojo a la cámara. Tenía el torso desnudo, y llevaba braguitas. Los pechos le brillaban por las babas que se le caían de la boca y le chorreaban por la barbilla y el cuello. De repente se cambió la cámara de mano, y fue a la otra pared, donde había otra polla, flácida. Empezó a mamarla y la puso dura en seguida. Ahí se cortó el video. Era desquiciante. ¿Había sido en directo? Mi novia estaba allí, a unos pocos metros, mamando polla tras polla. Yo ya lo sabía, pero el ver el video, fue como la confirmación, la prueba de que estaba ocurriendo de verdad. Me iba a explotar la polla.

          A y media, fui a la cola a preguntar al último qué número tenía. El 7. Di otra vuelta y a menos cuarto ya me puse en la cola, detrás del 8. El 9 llegó en un rato, pero el 10 y el 11 no. El 13 y 14 si sabía que se habían puesto detrás mía, pero los otros dos delante mía no. Me puse muy nervioso. Si Noemi había estado contando, el 12 no iba a ser yo, sino que sería a falta de dos por delante, el 14, un tío viejo y gordo que estaba detrás mía ya esperando. Mire a mi alrededor nervioso. ¿Qué  hacía? ¿Dejaba que entraran los que estaban detrás, para volver a ser el 12? Los de la cola ya sabían que yo iba a ahí, quedaría raro… Además, ¿y si eso había pasado también por delante? ¿De haberse saltado a alguien? La verdad es que lo de la cuenta había sido una tontería. Además, supuse que Noemi no había estado contando, eran demasiados.

          Por fin ya casi a las 6, crucé las cortinas negras. Dentro había un pasillo, con puertas en la pared del fondo, como el probador de una tienda. Había una puerta sin pomo enfrente, donde supuse que estaba Noemi, y 3 puertas más a cada lado. Sólo estaban ocupadas las inmediatas. El 8 y el 9 estaba cada uno en una puerta, esperando. Se oían succiones de mamadas, y los gemidos de los tíos. Las puertas no tenían rendijas arriba o abajo, pero aun así eran bastante malas y se escuchaba todo. El de la izquierda salió en seguida, y entró el siguiente. El de la derecha en cambio se llevó bastante tiempo, tanto que volvió a salir el de la izquierda, y el 9 entró. Yo avancé y me puse a esperar en la puerta de la derecha, que por fin salió. Era un chico joven y hubiera jurado que lo conocía. No le miré mucho a los ojos por si acaso lo volvía a ver fuera de ese lugar, entré rápido y cerré la puerta con cerrojo.

          Era un cuarto bastante estrecho, con un banquillo, unas perchas y un agujero a la altura de la cintura. La única luz era la de una tele en la pared del fondo, que mostraba una película porno. Olía bastante mal. No llegaba al olor intenso de un baño público, pero muy parecido, el aire estaba muy cargado y apestaba sobre todo a sudor. Había estado esperando bastante, así que me lo tomé con calma. Miré naturalmente por el agujero, pero no se veía nada. Hubiera susurrado algo, o metido la mano para avisarla, pero me daba vergüenza de que pudieran oírme desde fuera. A ambos lados del agujero a una altura superior había un par de barras de metal, para que pudieras agarrarte y empujar bien la cintura contra la pared. En una esquina había varios rollos de papel higiénico y una papelera al lado. Estaba llena de papeles y envoltorio de condones. No pude evitar ponerme de rodillas, y cotillear un poco. Pude localizar varios condones usados, llenos de semen, y muy mojados por fuera, seguramente de las babas de mi novia… Los toqué un poco y los miré, mientras me la ponía dura. Apenas necesité unos segundos, porque del agujero se escuchaban más claramente que de fuera las succiones y los gemidos. Allí dentro tenía bastante intimidad. Yo soy de los que no pueden mear en un baño público, si me miran, siempre tengo que entrar en las cabinas, y aquí pasaba lo mismo, nunca había podido masturbarme con otra gente delante. Cuando lo intentaba con mis amigos cuando pequeño nunca se me levantaba. Sin embargo aquí me sentía bien, estaba seguro así que no tuve ningún problema.

          Saqué la polla, la meneé un poco con cuidado (estaba súper cargada, y apenas me corría con un par de roces), me puse el condón, y la metí en el agujero. Me agarré a las barras de metal, y empujé todo lo que pude. Mi polla no es excesivamente larga, y teniendo en cuenta además el grosor de la pared, no quedaba mucha polla al otro lado, y podría costar trabajo que entrara si decidía metérsela por el culo. Así que empujé todo lo que pude y esperé. Esperé. Pasaron unos segundos, y noté como mi polla iba bajando. Justo cuando iba a sacarla para darle otro meneó, escuché unos sonidos guturales al otro lado. Se escucharon golpes y las cabinas temblaron por los espasmos del tío que se estaba corriendo. Se escuchó un fuerte suspiro, y por fin, uno segundos más tarde, de repente, noté como una mano me agarraba la polla.

          Estaba mojada, porque empezó a meneármela y resbalaba fácilmente. Escuché como la cabina de al lado se abría, y entraba otro tío, justo cuando noté el tacto cálido y húmedo de la boca de Noemi. Con el condón todas las sensaciones llegaban disminuidas, pero pude notar mucha saliva en su boca. Lo primero que hizo fue metérsela hasta el fondo, hasta que su frente chocó contra la pared. Un calambre de placer me recorrió todo el cuerpo, y me temblaron las piernas. La mantuvo dentro unos segundos y luego empezó a meterla y sacarla a gran rapidez. Parecía increíble que lo hiciera con la cabeza y no con las manos. Mordía con fuerza con los labios, para apretármela y exprimírmela al máximo, sin llegar a rozarme con un sólo diente. Era tanto el placer que sin darme cuenta me dejé llevar, y para cuando intenté distraer la mente, ya era tarde. Se me escapó un gran grito de placer, sin preocuparme de quien me oyera, y me corrí entre convulsiones enormes chorros de semen, que quedaron todos atrapados en el plástico. Noemi se dio cuenta, naturalmente, se la sacó de la boca y la meneo lentamente con la mano, para evitar el dolor de la sensibilidad que tiene la polla al correrse, y al mismo tiempo, alargar al máximo el orgasmo. Tras unos cuantos meneos, que ya no quedaba más placer que sacar, y empezaba a escozar, ella me soltó la polla (no entiendo como es capaz de saber ella lo que siente un tío en todo momento y actuar en consecuencia). Yo me quedé unos instantes allí agarrado a la barra de acero, notando como mi polla iba desinflándose, y escuchando como Noemi se movía hacia la otra pared para atender su siguiente rabo.

          Pasado el calentón, me invadió una sensación de ridículo espantoso. Tal vez en la narración haya parecido más largo, pero os aseguro que para escribirlo, e incluso para leerlo se tarda mucho más tiempo del que en realidad transcurrió. No había pasado ni siquiera un minuto entero, desde que me agarró la polla, hasta que me corrí. Dudo incluso que con los meneos finales y lentos tras correrme, hubiera superado los 60 segundos. Qué vergüenza. Si lo pensaba es que acababa de entrar a la cabina. Aunque hubiera sabido que era yo, no le había dado oportunidad de dejarme follarle el culo. ¿Qué hacía ahora? ¿Enredaba un poco, para que no me vieran salir tan rápido? ¿Podría hacerme el loco, y repetir? Esperar un rato, y luego volver a meter la polla. Lo pensé un instante, pero entonces recordé que sólo llevaba un condón. Me limpié con toda la parsimonia del mundo, tiré los papeles a la basura, me vestí y me senté para hacer tiempo. Escuché atentamente como Noemi le comía la polla a otro tío, al tiempo que miraba la película porno. Me estaba empezando a poner cachondo de nuevo. Maldije por no haber traído más condones. Decidí salir ya, al entrar también había estado enredando un poco, así que en general, había cumplido con la media de 5 min que solían estar dentro cada tío, aunque en mi caso, la mayor parte me la había pasado con la polla fuera del agujero.

          Por suerte al salir, había un embrollo en la cortina, y nadie se fijó mucho en mí. Estaban 3 tíos medio discutiendo, y Jorge intentaba ordenar la cola que se estaba deshaciendo por momentos.

          – De verdad que no he llegado a salir del local, simplemente me despisté comprando en el último momento, y cuando llegué aquí me habían saltado.

          – Saltado no, yo llevo en la cola ya un rato, y si no está el de delante mía pues paso. Ahora te pones a la cola como todo el mundo.

          – Venga, no seáis críos- dijo Jorge-. Es cierto que ha estado comprando un par de cosas, y yo me enrollé un poco porque no tenía cambio. Dejadlos pasar antes, y así ya se restablece el orden, tampoco vais a tener que esperar mucho más. Venga, hacedlo por mí, os deberé una- Jorge era bastante diplomático. Al parecer, por lo que vi, el 10 y 11 estaban ya allí, un par de amigos jóvenes, peleándose con el 14 y el 15 para pasar delante (el 13 estaba ya dentro).

          – Bueno vale. Anda pasad- dijo finalmente el 14. El 10 entró en mi cabina, y el 11 se puso a esperar en la otra puerta.

          Al final, yo había entrado el 10, el 13 había pasado como 11, y ahora acababa de entrar en mi cabina el original 10, pero como 12. Esperaba que Noemi no hubiese estado contando, porque si no ese iba a llevarse mi premio. De todas formas, aunque hubiera entrado yo como 12 no creo que hubiera podido disfrutarlo. Cada vez que pensaba en lo poco que había durado. Madre mía, que vergüenza. Aunque era normal ¿no? Llevaba desde el miércoles sin nada. Si llego a saber que las cabinas eran tan íntimas y tal, me habría hecho un par de pajas antes de venir. Pero yo qué sabía, pensaba que quizás eran comunitarias y había que entrar de dos en dos o estar con la puerta abierta o algo así. Bueno, ya lo sabía para la próxima vez.

          Crucé la cortina cuando el follón se había arreglado. Jorge salió detrás de mí, y me dio una palmada en el hombro.

          – Qué tal, ¿te ha gustado?

          – Si, está bastante bien montado todo.

          – ¿A que si eh? Me lo he currado bastante- fuimos al mostrador, y me dio mi carne-. Aquí tienes. Puedes venir siempre que quieras.

          – Vale, muchas gracias- la forma de hablar de Jorge me daba bastante confianza. Es una de esas personas en las que confías de entrada, que tiene mucha labia-. Oye, y la tía esta que está dentro. ¿Quién es?

          – Jaja, ¿te ha gustado eh? No te puedo decir quién es, claro está, pero te aseguro que es de tu edad, jovencita, y que está buena que te cagas. Es una amiga mía, si te ha gustado no te preocupes, porque volverá por aquí.

          – ¿Sí? ¿Cuándo?

          – No sé cuándo, pero si quieres, tengo tus datos, te puedo mantener informado de los eventos que organizamos etc.

          – Vale, pero sobre todo el de esta, ¿vale?

          – Por supuesto, en cuanto vuelva yo te doy un toque.

          – Gracias.

          – No te preocupes. Ya ves cómo está esto de lleno. Esta los tiene a todos loquitos. Además le encanta, volverá pronto, estoy seguro.

          – Vale. Y oye, ¿ahora no podría entrar de nuevo?

          – Jaja, que va tío, lo siento Ya no me quedan más entradas. Además, está ya bastante retrasado. Se supone que acabábamos a las 6, pero esto hasta las 7 y pico no se despeja.

          – Ah, bueno. Qué pena- ya me iba a ir, pero Jorge me paró.

          – Si te interesa mucho, mucho, puedo hacer una excepción, pero una entrada ahora costaría bastante más. 50 € si quieres- ala. Dónde vas chaval. 50 € para que mi novia me chupe la polla. Deja, deja.

          – No gracias, déjalo. Para la próxima.

          – Vale, venga, espero verte pronto.

          Nos despedimos, y se fue a la trastienda. Yo me quedé allí, sin saber muy bien qué hacer. Debería irme ya, allí no tenía más que hacer. Aunque me hubiera gustado quedarme a ver salir a Noemi, pero seguramente Jorge la entretendría para hablar con ella cuando se fueran todos, quien sabe si hacer algo más. Decidí irme, aunque esperé un rato más. No sé si fue casualidad, o que yo me hacía mis historias, pero el que había entrado en mi lugar tardó bastante tiempo en salir. Vi salir al que entró cuando yo estaba dentro, y después la cola se quedó parada, unos 15 minutos. Se pudo notar la impaciencia en el ambiente. Incluso salió su amigo, que entró después que él. Cuando por fin salió el chaval, empezaron a hablar, y el que había entrado en mi lugar, empezó a reírse y a contarle algo muy fuerte y divertido al otro, al menos eso parecía por los gestos y expresiones que hacía. Salieron charlando del local, y con el ruido no pude captar nada de la conversación. ¿Paranoias mías? ¿O ese tío acababa de follarse el culo de mi novia, porque ella creía que había sido yo? Seguramente fuera sólo una casualidad. Lo bueno, es que a la tarde cuando hablara con Noemi me enteraría de todo.

          Cuando llegué a casa, vi que había recibido otro mensaje de Noemi. Era otro video, cortito. En este ella sujetaba el móvil entre sus piernas, a la altura de las rodillas, mirando hacia arriba, con lo que se veía su coño, y como una polla entraba por el agujero, y se metía entre sus nalgas. Era bastante larga, y seguramente entraba por su culo. De su coño colgaba el hilo de un tampón. Después enfocó hacia delante, donde otra polla tiesa la esperaba. El cuarto era estrecho, y podía chupar una, mientras se follaba a la otra. Con el móvil debía ser complicado, así que el video apenas duraba unos 10 segundos. Sin embargo fue más que suficiente para ponerme loco, y rápidamente fui a mi cuarto a masturbarme. Me hice una, y a los pocos minutos me hice otra. No sabía cuándo volvería a poderme tocar, así que aproveché.

          No volví a tener noticias de ellas en toda la tarde. Tampoco pude concentrarme pensando que podía estar aun chupando pollas, así que sobre las 7 decidí ir de nuevo al sex shop. A las 7 y media llegué, pero estaba cerrado. Había un cartel en la puerta que decía “Vuelvo en 5 minutos”, pero era más bien un decir, porque a los 10 minutos volví, y seguía cerrado.  No sabía muy bien qué hacer. ¿Se habría ido ya Noemi? Me habría avisado. ¿Seguiría dentro? Igual Jorge quería su parte, y por eso había cerrado. Era un poco tonto quedarse allí dando vueltas pero no tenía ganas de volver a casa a trabajar, así que seguí paseando por los alrededores hasta que a las 8 y pico, Noemi me habló por un  mensaje.

          – Acabo de salir. ¿Nos vemos en mi piso?

          – Yo estoy aquí al lado del sex shop.

          – ¿Sí? ¿Dónde? ¿Quedamos en la entrada del callejón?- fui para allá, y al llegar, la vi apoyada en la pared, mirando a su alrededor. Me vio, se acercó sonriente y me besó-. ¿Qué hacías aquí?

          – Me aburría en casa, y como no sabía nada de ti, vine a ver si aún estabas dentro.

          – Estaba dentro, pero no en la cabina. Ahí terminé a las 7. Menuda paliza me he dado, madre mía.

          – Más de 20 han sido.

          – No me extrañaría vamos. Y después al acabar, Jorge echó a todo el mundo, para cerrar, y que yo pudiera salir tranquila. Pero claro, antes de irme pues quería su parte, así que me ha follado, y luego ya me he ido.

          – ¿Acaba de follarte?

          – Sí. Tengo el culo roto. Y mira- se acercó a mi cara y me echó el aliento. Olía a semen-. Adivina donde se ha corrido- sonreí-. Y bueno, al final qué ha pasado, porque yo me he perdido mucho. Quien eras tú al final, ¿me follaste?

          – Que va.

          – ¿No verdad? Tío yo es que me he perdido un montón, al final estaba súper liada. No sé si habré contado mal o qué.

          – ¿Por qué?

          – Porque empecé contando, para llegar al 12. Y antes, estuve atenta, pero no me pareció ver ninguna que se pareciera a la tuya. Es que entre que el agujero es muy pequeño y sólo puedo ver la polla y los huevos, que tú tampoco tienes ninguna marca así característica y que con el condón y la oscuridad apenas se ve nada… Algunas estaba claro que no eran, o eran muy largas, muy chicas, dobladas, sin prepucio. Yo que sé, he visto de todo. Guardé la mayoría de polvos para el final, cuando te tocaba a ti. Solo me folló uno antes, porque era así muy parecido de tamaño y eso y digo por si acaso. Pero luego cuando llegó el 12, que creía que eras tú, la cojo muy contenta, empiezo, y de repente me doy cuenta de que tenía un montón de pelos en los huevos. Tampoco veía mucho, pero al tacto, era un buen matojo, y me rayé un montón. Esperé a ver que entrara la del otro lado, pero esa estaba como doblada hacia delante, y no era. Digo habré contado mal o algo. Al final me lo follé, y estuve pendiente los que vinieron justo detrás. Me follé dos más, bastante delante, porque se me acababa ya el tiempo, y tenía que llegar a 5. No se me parecía ninguna y Jorge me iba diciendo por la puerta de atrás cuántos quedaban y eso. Esperé hasta el final, pero ya el último tampoco eras, porque era súper larga. Así que me follé a ese para acabar y ya está. Esa es mi historia. ¿Dónde te metiste tú?

          – Puf… Creo que sé qué paso. ¿Vamos seguro que contaste bien?

          – Bueno, yo creo que sí. Pero a lo mejor me salté un número, no sé.

          – Es que yo tenía el 12, pero entré después del 9, porque el 10 y el 11 no estaban en la cola.

          – ¿¿En serio?? Coño entonces ha sido eso. Joder macho ¿y por qué no me avisaste que estabas dentro?

          – Si no me contestabas. Te había hablado antes, pero no me habías contestado, solo me llegaron los videos.

          – Ya, es que tenía las manos pringosas, no me iba a poner a escribir. Pero leer te leía.

          – Yo qué sé, creía que no lo estabas leyendo.

          – Buah. ¿Y entonces cuando entraste?

          – Pues eso, el 10 o así seria, si no hubo más saltos de estos antes que yo. Luego justo al salir, llegaron el 10 y el 11, que se habían despistado y entraron. Justo ese se llevó un buen rato dentro, puede que fuera ese el que te follaste.

          – Puede ser, porque con el que creía que eras tú me llevé bastante rato. Con el que más.

          – Pero si dices que notaste que no era yo

          – Ya, si creía que no, pero no estaba segura de verdad. Después de ese observé mucho más cuidadosamente todos los demás, por eso he tardado tanto en terminar. Joe tío, que putada.

          – Pse.

          – Bueno en realidad, justo antes del 12 también me follé a otro. ¿Seguro que no eras tú-

          – Créeme, te aseguro que no era yo – la corté, riendo.

          – Ya, supongo que lo recordarías. Que tonta.

          – De todas formas, No te preocupes. Tampoco habríamos podido hacerlo.

          – ¿Por qué?

          – Me corrí enseguida.

          – Nadie suele durar mucho.

          – No, pero yo me corrí muy pronto. No duré nada.

          – Pero nada cuando es.

          – Pues nada, menos de un minuto o así estuve.

          – Ahhh- Noemi pareció entender algo-. ¿Ese eras tú? Sí, es verdad, que justo antes de llegar a 12, hubo uno que se corrió muy rápido- me sonrojé-. Ya te digo, todos suelen terminar pronto en general, pero es que ese fue instantáneo vamos. El más rápido de todos. Me la metí en la boca, y pum se corre. ¿Ese eras tú?

          – Seguramente – me había puesto colorado-. Justo antes de mi hubo uno que casi tira las cabinas al suelo.

          – ¡Si, si! Me acuerdo. Que se puso a berrear y a golpear la pared vamos. Y justo después fue el que te digo que termino en seguida.

          – Pues ese fui yo.

          – ¿En serio…?- me encogí de hombros. Noemi vio que me estaba empezando a molestar un poco con la burla, así que cambió el tono-. Ay mi niño, pobrecito…. Si es que estarías cachondo perdido. ¿No te hiciste nada desde que te quité eso?

          – No.

          – Tío, es que entonces es normal, desde el miércoles. Yo supuse que algo te harías, aunque yo te dijera que no.

          – Fui a hacerlo, pero prefería reservarme. Y me reservé demasiado.

          – Ay, qué lindo – me dio un beso, para consolarme-. También es verdad que fue un poco mi culpa.

          – ¿Por qué?

          – Porque como estaba ya llegando el 12, tenía muchas ganas, e iba rápido. Por ahí me esforcé bastante en hacer que el tío se corriera pronto, iba mucho más rápido de lo normal.

          – Si, ya me di cuenta.

          – Normalmente no hago eso todo el rato, sino acabaría muerta. Pero ya te digo, quería que pasase pronto al siguiente- anduvimos un rato más en silencio, para coger el metro-. Pero bueno, me alegro de saber quién eras la verdad. Si no, te habrías perdido entre tantos tíos. Ahora ya te tengo en el recuerdo. Es bastante morboso, ¿no te parece?

          – Un montón.

          – ¿Te ha gustado?

          – ¿No lo has visto?- se rió-. Y aunque no me hiciera antes nada, luego al volver a casa sí que me he desahogado bastante, con tus videos y eso- lo dije en un tono malicioso, desafiante, como en venganza por lo de antes. Ella lo captó.

          – ¿Ah sí? ¿Te han gustado mis videos?

          – Mucho.

          – Yo te los mandé para que los vieras, no para que te masturbaras con ellos. No me pediste ni permiso,

          – No habrías podido responder tal y como estabas.

          – Pues entonces te esperas. Si no te contesto, esperas.

          – Vale.

          – Pero lo hecho, hecho está. Sabes lo que eso significa ¿no?

          – Lo imagino- más bolitas verdes al saco.

          – Me alegro. Cuántas fueron.

          – ¿Contando el de dentro de la cabina?

          – No, ese te dije que era un regalo.

          – Pues…-pensé en mentir, y decir uno solo. Pero al final mentí a la alta- 4- definitivamente era un masoquista. Quería ser malo, quería que Noemi me castigase.

          – Ala. Pues verás cuando lleguemos a casa. Te vas a enterar.

          Llegamos al campus. Salimos del metro y fuimos andando hasta su facultad.

          – Bueno, y qué te ha parecido el sex shop.

          – Está bien. Además ya tengo pases ilimitados gratis a todos los futuros eventos.

          – ¿Te has hecho socio? ¿Y eso?

          – No sé. Jorge me convenció

          – Ah, ¿lo has conocido? ¿Y qué tal?

          – Bien, parece buen tipo.

          – ¿A que si? Es muy simpático. ¿A que es muy fácil hablar con él de todo?

          – Sí.

          – Es así para todo. Ya te dije que te caería bien. Si le contásemos lo nuestro, lo entendería y nos apoyaría en todo. Nos daría un montón de ideas.

          – Que pesada…

          – Es que es algo que sé que nos va a encantar a los 3. Nos lo pasaríamos genial.

          – No se…

          – Que sí. Deja que se lo cuente.

          – Ofu Noemi, que no. De momento no.

          – Vaaale…

          Entramos en la residencia, y lo primero que hizo Noemi al cerrar la puerta del piso, fue coger la caja de castidad y dármela.

          – Toma, póntela. Ya has tenido bastante- me la puse, y le di la llave. Se colgó una del cuello, y la otra la dejó en la mesita de noche, para guardarla cuando yo no viera donde. Después cogió del armario 4 bolas verdes más, una por cada paja que me había hecho, y dos que había mentido-. Estas 4 son por lo que ya sabes. Yo me habré corrido también unos 4 veces en el glory hole, así que no las echaré dentro de la bolsa, pero para la próxima vez que se reinicie, si estarán. Y luego- buscó dentro de la bolsa y sacó la bola azul-. Esta la sacamos ya. Por la corrida del glory hole.

          – Pero si dijiste que era un regalo.

          – Pues no. Era solo un adelanto- me quedé consternado. Había 15 bolas verdes allí dentro. 15 orgasmos que quedaban para Noemi, sin ninguna esperanza de alivio. Y después al reiniciarse, habría 19, y solo 1 azul. ¿Cuánto tiempo iba a pasar hasta poder correrme de nuevo? Noemi pareció leerme la mente-. ¿Estás haciendo cuentas no?  No te preocupes. La semana que viene ya se me pasa la regla, y me voy a hartar de follar. Yo me gasto esas bolas en seguida. Manu, Pablo, Jorge y debería buscarme otro amante habitual, que en la época de exámenes hay mucho estrés. ¿Te gustaría? Cuanto más folle, más rápido podrás correrte tú.

          – Sí, quiero que folles mucho. Fóllate a más tíos.

          – Así me gusta. Y tú estarás ahí para comerme el coño, justo después de que ellos hayan terminado ¿verdad?

          – Sí. Te limpiaré entera.

          – Bien, entonces la bolsa se vaciará pronto. Puede que en un par de semanas, te deje sacarla de nuevo- uff… dos semanas era muchísimo tiempo.

          – Y si- me hervía la sangre de lo caliente que estaba-. Y si te dejara que le contaras a Jorge lo nuestro.

          – En… ¿en serio?

          – Qué me darías a cambio.

          – Lo que quieras.

          – ¿Quitarías todas las bolas verdes esas? ¿Empezaríamos 1 a 1?

          – ¡Sí!

          – Bien, lo tendré en cuenta.

          – ¿Entonces…?

          – Pues eso, que lo tendré en cuenta para cuando se llene demasiado. Ya te avisaré.

          – Que cabrón… me había hecho ilusiones. Jmm…

          – Jaja. Pues castígame.

          – ¿Que te castigue?

          – Ay Noemi, que parece que no me conoces aun. Que soy un masoca, que me gusta que me castigues. Que no quiero que seas buena conmigo, o que me recompenses. Que no tienes que buscar tratos conmigo, si quieres algo, sólo tienes que ordenarlo. Como si quieres contárselo a Jorge, y después encima agregar 200 bolas verdes porque sí. Mejor.

          – ¿Lo dices de verdad…?

          – Claro – ni yo mismo me creía que pudiera haber dicho algo así. Era lo que pensaba verdaderamente en ese momento, y lo dije sin tapujos, y sin dudarlo. Fui totalmente sincero, y no me corté en absoluto.

          – ¿Se lo digo entonces?

          – No a ver, eso no. Era un ejemplo. Para eso aún no estoy listo. Me refiero a lo demás. Que tú quieres que te coman el coño y eso, pues yo quiero que me castigues, que seas mala y cruel conmigo.

          – Ay… pero si eres un encanto, por qué voy a castigarte.

          – ¿Prefieres que sea malo?

          – No, no, deja. Ya se me ocurrirá algo- estuvimos unos segundos en silencio-. Desnúdate, y túmbate en la cama.

          Obedecí. Mi polla, enjaulada, se quedó mirando al techo. Ella se puso a mi lado sobre la cama, y empezó a besarme, y lamerme por todo el cuerpo. Lentamente. Mi polla se puso todo lo dura que pudo, empezando a aplastarme los huevos, Luego ella empezó a lamerme todo el vientre y bajó hasta la entrepierna. Empezó a hacerme una mamada, metiéndose toda la jaula en la boca. Entre las rendijas de la caja, pude notar su saliva, caliente y mojada. Ráfagas de placer me invadían, pero demasiado separadas como para poder unirlas, y formar un solo placer que pudieran hacerme llegar al orgasmo. Además, me la chupaba muy lentamente, dentro y fuera, arriba y abajo. Muy lentamente. Era frustrante, desquiciante. Moví mi pelvis para acelerar la mamada instintivamente, pero ella me dio un golpe en la barriga con la mano.

          – ¡Ay!

          – No te muevas- y siguió con lo suyo. Llevo su mano hasta mi cara, y me metió el dedo índice, para que lo chupara. Lo lamí frenéticamente como un bebé un chupete, pero me lo quitó en seguida. Me separó las piernas y las doblo para que apoyase la planta de los pies en el colchón. Acto seguido, guió el dedo que acababa de chupar hasta mi culo, y lo puso a la entrada del ano.

          – ¿Qué haces…?

          – Cállate.

          Mi polla seguía dándome pequeños golpes de placer, que no conseguían más que sacarme de quicio. Los huevos empezaban ya a dolerme al más mínimo movimiento, y ahora Noemi, empezó a moverme la punta del dedo por el culo. Yo no dije ni una palabra. Lo hizo tan lentamente, que sólo note un instante un pequeño quemazón en el esfínter, y después la necesidad de cagar, de echar fuera ese dedo invasor, que no debía estar ahí. Al no salí, mi culo terminó por acostumbrarse, y entonces Noemi empezó a moverlo, sin sacarlo, únicamente moviendo la falange superior, para apretar la punta del dedo contra la pared superior. Lo hacía de tal manera que me provocaba un extraño cosquilleo, y al mismo tiempo unas enormes ganas de hacer pipí. Eso unido a la mamada que me estaba haciendo, conseguía que me explotara la polla, los huevos empezaban a ponerse morados, y me dolían muchísimo la presión que hacia el aro del cinturón de castidad, cuando la jaula empujada por la polla, tiraba hacia delante.

          – Me empieza a doler mucho – me quejé.

          – Que te calles- Noemi se incorporó un poco para acercarse a mi cara, y me escupió. Su saliva chocó contra mi cara y mi pecho. Tenía bastante acumulada de la mamada-. Abre la boca- obedecí, y escupió de nuevo. Cayó todo dentro-. ¿No querías esto? ¿No querías que te castigara? ¿Ahora te vas a echar atrás?- me empezaba a dar miedo. ¿Qué pensaba hacerme? Por suerte, se tomó en serio lo del dolor de huevos. En parte porque era evidente, ya que estaban gordos y morados. Cogió la llave, y para mi sorpresa, me quitó la jaula-. Ni se te ocurra correrte. Como te corras, te aseguro que no vas a volver a correrte en un mes- la creí-. Cuando veas que estas a punto, avísame, y paro. Avísame con tiempo, por tu propio bien.

          Acto seguido empezó a chupármela. Mi pene aún estaba flácido porque lo acababan de soltar, pero en seguida tomó cuerpo. Era una sensación maravillosa. Las mamadas de Noemi eran maravillosas. Y aun me tenía metido el dedo en el culo, lo que de daba un toque más de morbo. En poco tiempo tuve que decirle que parara, porque me iba a correr. Ella se sacó la polla de la boca en seguida, y se alejó, para que nada tocara mi miembro. Me sacó el dedo del culo, y empezó a desvestirse. Me puso el coño en la cara, para que se lo comiera. La cuerdecita del tampón entró en mi boca, junto con sus pelos. Empecé a lamer como loco. Ella volvió a mamármela, y paró justo cuando se lo dije. Llegaba siempre al límite. Un pelín más y cruzaría la barrera del no retorno. Era muy frustrante estar siempre tan cerca y no llegar. Ella se corrió un par de veces. Yo cada vez duraba menos. Ella hizo que le chupara también el culo. Lo tenía bastante abierto.

          – ¿Te gusta cómo me han dejado el culo?- dijo moviéndolo delante de mis ojos, y bajándolo a mi boca-. Me lo han follado hoy 6 veces, 6 tíos diferentes. Y ninguno de ellos has sido tú. Tú ni siquiera sabes lo que se siente. Ese placer… ese gusto. Y no lo sabrás nunca- volvió a ponerme el coño en la cara, para que se lo chupara, al tiempo que me la meneaba. Tuvo que parar de nuevo al minuto para que no me corriera. Ella sin embargo, se corrió por 3ª vez.

          Tras terminar de retorcerse de gusto, bajó de nuevo a mi entrepierna, y siguió con la paja. Esta vez cuando le dije que parara, no se detuvo. Dio unos meneos más, y por fin sentí el orgasmo aproximarse.

          – ¡Ahhh!- sin embargo, justo al verme gemir, retiró la mano de golpe- ¡Dios, nooo!- el orgasmo se había quedado a las puertas. Lo había sentido, pero no llegaba a invadirme. Necesitaba los últimos meneos, esos últimos movimientos que hacen que el orgasmo te invada por completo, y te corras de gusto. Pero Noemi no pensaba hacerlo. Me acerqué para meneármela yo, pero ella me paró las manos contra el colchón- ¡Sigue joder! Ayy….- y lo perdí. Se volvió a ir y apenas lo había visto. Note un pequeño escalofrío en la polla, como si estuviera meando. Al mirar, vi, que salían unos hilos blancos del agujero. Me estaba corriendo. Apreté la polla, y salieron un par de chorros más fuertes. ¿Me había corrido… sin correrme? ¿Cómo era eso posible?

          – A eso se le llama orgasmo arruinado. Es cuando te corres, pero no llegas a tener un orgasmo pleno. Dicen que es muy frustrante.

          – Dios…

          – Eso servirá para descargar el semen acumulado por las excitaciones, pero sin que disfrutes- había sido un error pedirle a Noemi que fuera más cruel. No tenía límites-. Acostúmbrate, porque es lo más parecido a un orgasmo que tendrás en mucho tiempo.

          – ¿No podemos sacar una bola…?- pensé que quizás con un poco de suerte…

          – No. De todas formas para qué, si no hay de las tuyas ya- gruñí. Lo había olvidado. Noemi cogió la bolsa y sacó las suyas de esa vez-. Aún queda bastante para que se reinicie y vuelva a haber una bola azul dentro. Más vale que te calmes. Ahora vuelve a ponerte eso y vamos a cenar.

          – Volví a ponerme el cinturón de castidad, y cuando nos vestimos, ya estaba otra vez más o menos relajado, sin la excitación anterior. Fuimos a comer, y nos acostamos. Ambos estábamos cansados. Aunque Noemi disfrutó de otra paja antes de dormirse. Y por supuesto otra a la mañana siguiente, antes de irme. Me fui temprano, después de desayunar, porque tenía mucho que hacer. La semana siguiente era la previa a los exámenes. El lunes y martes era los últimos días y después ya se suspendía para estudiar y hacer los exámenes hasta final de junio los parciales, y luego en julio los finales, que esperaba no tener que hacer porque según que asignatura podía llegar hasta el día 12. Tener que estar yendo a la facultad hasta mediados de julio era una locura.

          Por el camino a casa estuve meditando sobre el verano. No me había parado a pensar, pero como todos los años me iría a casa, y en agosto iríamos todos los chicos a la playa, a la casa de la familia de Paco, que se la dejaba. Noemi no sabía qué pensaba hacer, pero no habíamos planeado nada para estar juntos, y no me apetecía pasar todo el verano sin verla.  

          Al llegar a casa intenté ponerme a trabajar, pero no conseguía concentrarme, siempre estaba pensando en lo mismo. Mi polla enjaulada no dejaba de recordármelo. Me puse a navegar para distraerme, cuando vi un correo que me había mandado la dueña del piso, preguntándome como todos los años si quería renovar el contrato para el curso siguiente. Estuve unos segundos pensando. ¿Quería? No sabía realmente la respuesta. En ese momento quería irme a vivir con Noemi, pero aparte de todo el morbo y demás que supondría… Apenas nos conocíamos, llevábamos juntos ni 2 meses. Si fuéramos una pareja normal, sería muy pronto para ir a vivir juntos, y siendo como éramos, yo creo que debía ser aún más complicado, porque toda nuestra forma de vida sin duda acarrearía roces de convivencia, problemas. ¿Y si cortábamos por precipitarnos? No quería perderla por dar un paso en falso. Aun así, las ganas que tenía de alquilar un piso con ellas eran inmensas, todas movidas principalmente por el sexo. Esa no era una manera lógica de tomar las decisiones, pero aun así me dejé llevar. Era algo que quería hacer desde hacía tiempo ya, e incluso había conseguido una excusa para sacar el tema con Paco. A la hora de comer, que estaba en casa, llevé la conversación a tema del piso, sobre el email que me habían mandado y demás.

          – Si ¿no? Por mi si, ya lo sabes- dijo él.

          – Ya, yo también quiero, pero no sé. últimamente mis padres están teniendo problemas de dinero, y me he estado planteando irme a la resi. Pedir una habitación allí.

          – La resi no te gustaba ¿no?

          – No, pero es más barata.

          – Tampoco te creas que se ahorra mucho, ¿eh?

          – En el fondo si tío. El internet gratis y las comidas son mucho más baratas

          – Ps… no sé, tío. A mí me gusta vivir juntos y tal.

          – Ya y a mí, pero ya te digo, el año que viene voy a tener que buscar curro, porque entre los estudios y el piso, mis padres no pueden con todo. A mi padre le están recortando de todas partes.

          – Ya bueno.

          – Y si encuentro curro, pues podría permitirme renovar aquí, pero no puedo arriesgarme a no encontrarlo, o a no poder compaginarlo con los estudios. ¿Tú qué harías si me fuera?

          – No sé, buscaría otro compañero, supongo,

          – ¿No vivirías con Ana?

          – ¿Ana? No sé… es un poco pronto.

          – Lleváis bastante juntos.

          – Ya, pero no sé, no quiero cagarla. Además ella tenía la esperanza de que si empezabas a salir con Eva el año que viene, pudiéramos irnos los 4 a algún piso juntos.

          – Puf, eso yo no lo veo, ni siquiera aunque empezase con Eva. 4 personas es demasiado.

          – Sí, es un poco agobio. Pero aun así, Ana querrá vivir con Eva, y no voy a estar yo con las 2.

          – Pse, yo no lo veo tan mal. Además ten en cuenta que no te conviene dejar a Eva con Ana viviendo las dos solas, se le podría pegar la zorrería- eso caló en Paco, Parecía pensativo.

          – No sé, podría preguntárselo. ¿Pero tú estar seguro que quieres irte?

          – Yo por mi sí. Lo que no quiero es dejarte tirado, y que tengas que buscar a otro tío. Eso es todo un coñazo. Pero si pudieras irte con Ana, yo preferiría irme a la resi, la verdad.

          – Joder tío, puta crisis. Le preguntaré a Ana, a ver qué me dice, y te cuento ¿vale?

          – Ok.

          No había ido mal. Luego ya me inventaría alguna excusa para no haberme ido a la residencia y ya está. Si Ana y Paco vivían juntos, podría irme tranquilo a buscar un piso con Noemi, como si fuera una tía que alquilaba una habitación súper barato o algo así.

          El día siguiente no pude quedar con Noemi, porque tenía mucho que hacer, y no avanzaba.  Tenía siempre la cabeza distraída. Quería ponerme ese día duro, y fui sólo a las clases de por la mañana, comí en casa a las 2 y me puse a trabajar. Sin embargo Pablo me habló un rato después por whatsapp. Nunca lo había hecho, y la verdad es que me extraño bastante. Me habló en plan amigable, como ese día no me había visto en el comedor y tal. Era súper raro la verdad. ¿Querría ser ahora mi amiguete? Le habría gustado la conversación del otro día. A Pablo le encantaba siempre cualquier oportunidad de alardear de sus hazañas sexuales, y si le escuchaban pues mejor. Me preguntó que qué tal me iba con la tía esa con la que estaba, y que él iba a quedar ese día con Noemi otra vez para darle un buen repaso, porque ese fin de semana no había encontrado nada, y estaba muy necesitado. No sabía por qué coño me contaba todo aquello, pero lo cierto es que nuevamente me puse cachondo, pensando en que iba a tirarse a Noemi. Y esta no me había contado nada. Después de despedirme de Pablo, hablé con Noemi y ella me lo confirmó. No había tenido tiempo de decírmelo según ella.

          – No, es que acabo de salir de clase, y hemos dicho de quedar hace nada en realidad. Yo es que como la semana pasada sólo follé una vez contigo pues estoy que me subo por las paredes.

          – Pero si te he estado comiendo el coño continuamente.

          – Ya, ya, si orgasmos no me han faltado. Pero ya sabes, no es lo mismo que follar. Se echa en falta una buena penetración. Y como Pablo siempre me da buen resultado pues… – vamos que iban los dos con ganas. Se juntaba el hambre con las ganas de comer. Esos dos podían montar una muy gorda- Si quieres podemos quedar después, o te intento poner la cam, a ver cómo sale esta vez.

          – No, ya te he dicho que tengo mucho qué hacer.

          – Ya, yo también… pero es que con todo el estrés, lo único que me calma es un buen polvo -Menudo plan. Todo un espectáculo y yo con un examen el lunes siguiente con el que aún no había ni empezado. Y además sabía que no me iba a poder concentrar en toda la tarde, pensando en lo que estaba pasando.

          – A qué hora habéis quedado.

          – Cuando el termine la clase a las 6 se vendrá a mi piso. ¿Quieres que te mande cositas?

          – No, mejor no.

  Hasta las 6 tenía aun un par de horas para trabajar sin desconcentrarme. Pude hacer algo, pero a las 5:40 ya empecé a distraerme, y pasadas las 6 no hubo manera de hacer nada más. ¿Estarían follando? ¿Se la estaría chupando? Tal vez estuviera disfrutando de nuevo de su culo. Ese hermoso culo, del que todo el mundo hablaba, y cuenta maravillas, menos yo. Qué ganas tenía de follármelo. Pero yo ni siquiera podía hacerme una pajilla. Mi polla se espachurraba en su castidad, y me recordaba continuamente lo cornudo que era. Las 6 y media… ya seguro que estaban liados. En realidad lamentaba haberle pedido que no me enviara ninguna foto. No quería tener distracciones, pero de todas maneras no iba a poder hacer nada. A las 7 le hablé por whatsapp, para decirle que sí, que intentara hacer algún video, pero la última vez que se conectó fue a las 6:15, seguramente para ver donde estaba Pablo, y abrirle el portón. No pensaba mirar más el whatsapp? ¿Lo habría puesto en silencio? Cuando dieron las 8, y seguía sin haberse conectado, decidí olvidar el tema, ducharme y ponerme a ver la tele, porque definitivamente no podía trabajar. Tenía, pero es que no podía, no podía pensar. En ese plan estaba claro que no iba poder aprobar los exámenes. Estuve pensando en ello toda la noche, cené temprano y me acosté, sin haber tenido ninguna señal de Noemi.

          A la mañana siguiente me levante temprano para ir a clase. Poca gente iba ya a esos últimos días, pero yo nunca he sido de faltar a clase, aunque no se hiciera nada, así que me vestí y fui. Miré el whatsapp mientras desayunaba, y cuál fue mi sorpresa que Noemi me había hablado a las 6 se la mañana.

          Perdona, es que no había mirado el móvil. No hemos parado, ya te contaré. Me voy a acostar ya, Pablo se queda a dormir, es tarde. No creo que vaya mañana a clase, me quedaré aquí trabajando. Llámame cuando salgas, por si quieres quedar.

          Madre mía, ¿hasta las 6 de la mañana sin parar? ¿Cómo era eso posible? Y encima iban a dormir juntos, seguro que iban a seguir en cuanto se despertaran. Así era imposible pensar en nada más. Fui a clase, un profesor faltó y con el otro repasamos para el examen, pero nada interesante. Preguntaron los de siempre, las preguntas chorras de siempre, y a la 1 me fui a casa. Noemi no se había conectado más, así que supuse que seguiría acostada. Comí y me puse a trabajar. Pero con el mismo resultado del día anterior. Sin saber nada de Noemi, de qué estaba haciendo, no podía apartar mi mente. Le hablé, y navegué por internet hasta que me contestó a las 4.

          – Pablo acaba de irse. ¿Quieres quedar?

          – Si, ahora voy.

          Me vestí y fui a su residencia. Tenía claro lo que iba a hacer. Había tenido tiempo de sobra de planteármelo. Al llegar, me abrió la puerta con el pijama todavía. Tenía cara de cansada.

          – Noche movidita- dije para saludar mientras entraba.

          – Puf… no te puedes imaginar. Madre mía, que nochecita. Y la tarde de ayer. Y la mañana de hoy. Vamos estoy que no me puedo sentar, pero muy satisfecha, la verdad. Y tengo buenas noticias para ti, casi he terminado la bolsa. Quedarán dos o tres. Podemos acabarlo hoy, y empezar de nuevo ya mañana, quizás tienes suerte.

          – ¿Aun puedes más?

          – Claro, si ahora viene lo mejor, contigo. Hombre anoche no habría podido, las cosas como son. Pero esta mañana sólo hemos echado dos. Así que estoy más o menos bien. Me duele un poco, eso sí… Pero es que estoy muy cachonda, pensando en todo lo que he hecho, y como me vas a limpiar enterita.

          – Pues tengo malas noticias…

          – ¿Por qué?

          – No vamos a hacer nada. Tenemos que hablar

          – ¿Qué te pasa?- me miró preocupada.

          – No es nada grave, es solo que se acercan los exámenes. Y son muy importantes. Y de verdad, estos días atrás solo he podido pensar en ti, y en follar, y en todo lo que hemos hecho, y lo que tú hacías. Y me es imposible concentrarme, de verdad. Y encima con esto puesto, que no puedo descargarme. No puedo estudiar así, de verdad. Necesito una tregua. Quitarme esto, y ser una pareja normal hasta que todo termine.

          – Ah… Bueno, claro, si, supongo. Es normal. Pero yo puedo seguir…

          – Ese es el problema. No quiero que estés con nadie estos días.

          – ¿Por qué? No tengo por qué contártelo, así no te distraes.

          – No, porque yo quiero saberlo todo de ti. SI no, me comería la cabeza pensando en qué me has ocultado, que has estado haciendo en realidad. No me gusta no saber cosas de ti. Quiero que me lo cuentes todo. Y si me cuentas que has estado con alguien, o que vas a quedar con alguien, aunque no me des detalles. Me voy a liar y no voy a poder aprobar. ¿Podrás hacer eso por mí?

          – Puf… no se tío. Yo es que cuando tengo que estudiar es cuando más ganas de follar tengo. Me sirve para relajarme.

          – Tía, pues mastúrbate, como hacemos todos. Es sólo un par de semanas. ¿Tan difícil es? ¿Tanto te estoy pidiendo?- la miré con semblante serio. Ella me miro unos segundos.

          – Claro que no cielo. Te entiendo. Seremos una pareja normal, hasta que tú quieras.

          – ¿Seguro? Porque si me vas a engañar, y luego al final, contármelo todo junto, no me va a hacer gracia. No esperes que me excite porque eso no me gusta. No quiero que me mientas. Prefiero que me digas oye pues no puedo, a que-

          – Que sí, que te entiendo. Te prometo que nunca te mentiré. Y te prometo que no voy a hacer nada con nadie. De verdad- la miré, con ternura.

          – Eres la mejor. Te quiero.

          – Ui sí, la mejor. Soy un asco de persona. Que tengas que andar suplicando para que me comporte como una persona normal. De verdad no sé cómo me aguantas.

          – No empecemos con eso de nuevo- nos abrazamos-. ¿Me quitarás esto?

          – Claro que si- se quitó la cadena del cuello, y me la dio. Estaba pegajosa-. Mejor no te cuento lo que he estado haciendo con ella…

          – Seguro que es una historia genial- me quité el cacharro y se lo di-. Guárdala para después.

          – Es una pena que no quieras hacer nada, hay un montón de condones con los que podríamos pasarlo muy bien- me reí.

          – Créeme, más lamento yo tener que irme. Pero voy súper atrasado. ¿Cuántos habéis echado?

          – Puf… 10. Vamos, 10 veces se ha corrido. Aunque claro, no hay 10 condones, porque, bueno, ya me entiendes, pero sí que hay varios. Y esta vez sí que he conseguido agotarlo.

          – ¿Sí?

          – Sí. Ayer ya con el último, le costaba mantenerla dura. Si me movía mucho, o cambiábamos de postura se le bajaba en seguida. Por eso nos acostamos ya. Y esta mañana después del segundo, dijo de irse. Yo creo que estaba ya cansado, y no quería que le pasase lo mismo de anoche.

          – Vaya.

          – Si, pero bueno, que ha superado mis expectativas con creces. Tampoco quiero que se me entraumé. Dónde se encuentra a un tío así – no me tomé a mal el comentario, nos besamos y me fui.

          – Nada más llegar a casa, me hice una paja. Luego trabajar, y luego otra. Así, sí. Siempre que estudiaba, mi media de pajas aumentaba. Siempre que me distraía, me cansaba o me aburría, me hacia una pajilla rápida. Entonces igual, Cada vez que pensaba en Noemi o algo, pum, paja y a seguir.

          Pude ponerme al día y adelantar trabajo  La última distracción que tuve, fue Pablo hablándome al día siguiente por whatsapp para contarme su gran hazaña sexual. Era un tío bastante plasta, y ahora tenerlo como “amiguete” era bastante coñazo, pero naturalmente era bueno tener a otra persona que me contase cosas de como follaba mi novia, aparte de ella. Su historia, era algo diferente. Según él, la había destrozado totalmente a base de polvos. Habían follado por lo menos 12 veces, le había hecho de todo y le había dado por todos los lados posibles.  Si habían parado por la noche, es porque ella estaba reventada, y por la mañana porque ella le había dicho que se fuera ya, que no podía más. Me creía naturalmente más la historia de Noemi, pero era bueno saber que Pablo no se había entraumado por no haber sido capaz de empalmarse aquella última vez, y que por primera vez hubiera visto límites a su capacidad sexual. Se mentía a su mismo para superar esos pinchazos, y eso era bueno, porque quería repetir. En realidad no tenía nada de qué sentirse mal, pocos tíos pueden decir que son casi capaces de satisfacer sexualmente a una ninfómana (cada vez pensaba más que Noemi lo era).

          Me preguntó por mí y mis relaciones, pero más que nada por cumplir, ya que lo que más tenía ganas era de habar, y contar sus cosas. Y a mí no me importaba, porque mientras me hablara de Noemi estaba encantado de escuchar, y no me apetecía contar nada de mí, porque sería mentir e inventar. La mayoría de sus amigos no lo escuchaba, porque están cansados de oír siempre lo mismo, y supongo que por eso estaba empezando a hablar tanto conmigo, porque yo siempre quería saber todos los detalles. Me dijo que quería quedar otra vez con Noemi cuanto antes, pero ya no volvía a saber nada más de él hasta el verano, porque seguramente no pudo volver a quedar con ella, ya que tal como me había prometido, esas semanas iba a controlarse.

          Otra cosa que ocurrió bastante importante, fue que Eva decidió irse a vivir con una compañera de clase, que en el último momento, tras hacer selectividad, no le había dado la nota para la carrera que quería, y tenía que meterse en su segunda opción, por lo que vendría también a nuestra ciudad. Eva iba a mudarse en un principio con Ana, pero ahora quería que su amiga también se instalara con ellas, y a Ana no le caía muy bien esa chica. Como poco antes de esta noticia, Paco le había estado hablando de lo que yo le dije, pues decidió instalarse con Paco. Ella vendría a vivir con él, a nuestro piso, y usaría mi habitación (aunque dormiría generalmente en la cama de su novio), y yo supuestamente me iría a vivir a la residencia. No le conté nada a Noemi de momento, para no distraernos de nuestros exámenes, pero debíamos empezar a buscar un piso para nosotros cuanto antes.

          Esa semana y la siguiente hasta final de mes, la verdad es que no tengo mucho más que contar. Vamos, contar que merezca la pena. Quedé con Noemi los fines de semana para salir y dormir juntos, y poco más. Noemi cumplió su palabra, y no quedó con nadie más. Sé que para cualquier persona normal, que tu novia te sea fiel no es ninguna cosa buena, ninguna proeza o acto admirable, es algo que se presupone en una relación. Sin embargo, conociendo a Noemi, el hecho de que cumpliera lo que me había prometido, era algo admirable. Sabía lo mucho que le estaba costando, y que lo hiciera por mí, me hizo sentir muy querido. Fue extraño ser una pareja normal. No usamos las bolas ni nada. Follamos, y estuvo muy complaciente, incluso me la chupó, que no recordaba la última vez que lo hizo, pudiendo yo disfrutarlo hasta el final. Nos dimos cariño, apoyo y nos ayudamos. Estaba bien esa forma de relación, pero lo creáis o no, echaba de menos la otra.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s