ROSA BURGADA

Segunda parte

Las instituciones apelan a la responsabilidad individual, pero son ellos los que deberían darnos espacios, material, personal, presupuesto y planes de contingencia para afrontar la mayor crisis sanitaria de este tiempo. Pero todo lo que plantean, es un despropósito tras otro, sin ni Yo ya he perdido la fe en las instituciones así que solo puedo apelar a que cada uno nos hagamos responsables en la medida que podamos, de ser conscientes de la gravedad del momento que vivimos. De remar hacia el mismo lado, de preocuparnos más por los demás, disminuir al mínimo nuestra actividad social y prevenir cualquier exposición de riesgo.
Se trata de protegernos y proteger al resto.
No es una segunda ola, es un Tsunami y los contagios que se producen cada día son como un recuerdo del aquel terrible Marzo.
Ahora han convertido la atención primaria en un cal center, lleno de trabajo administrativo y rastreo de COVID19 que debería gestionarse de manera externa, que colapsa las consultas y no permite funcionar al muro de contención de la sanidad. A los primeros que paran el golpe, y que están siendo golpeados sin piedad. A los que les encantaría ejercer su trabajo y no pueden. Porque no hay espacios, no hay personal y no hay tiempo.  Y los hospitales están recibiendo sin control todo aquello que nuestra vital Medicina Familiar y Comunitaria no está pudiendo absorber ni gestionar.  Se nos resquebraja un sistema que ya agonizaba hacia años, por la falta de cuidados por parte del Gobierno, por la privatización y por la precarización, que estaba en democráticos hacía mucho tiempo, y los profesionales intentábamos mantenerlo con vida con lo que podíamos. Pero ya no podemos más
Las instituciones apelan a la responsabilidad individual, pero son ellos los que deberían darnos espacios, material, personal, presupuesto y planes de contingencia para afrontar la mayor crisis sanitaria de este tiempo. Pero todo lo que plantean, es un despropósito tras otro, sin ninguna coordinación ni previsión.
Yo ya he perdido la fe en las instituciones así que solo puedo apelar a que cada uno nos hagamos responsables en la medida que podamos, de ser conscientes de la gravedad del momento que vivimos. De remar hacia el mismo lado, de preocuparnos más por los demás, disminuir al mínimo nuestra actividad social y prevenir cualquier exposición de riesgo.
Se trata de protegernos y proteger al resto.
No es una segunda ola, es un Tsunami y los contagios que se producen cada día son como un terrible dejaba de aquel terrible Marzo.
Solo que ahora, no empezamos de 0, estamos en el nivel menos 5 , con el consecuente cansancio y desanimo de cerca de ocho meses de convivencia nefasta con el virus. Cerca de diez meses de cambios, de prohibiciones, de alejamiento de nuestros familiares o de nuestros amigos. Más de medio año viviendo en un mundo de incertidumbres y de miedos, donde la rutinaria vida que teníamos en febrero, llena de prisas y de tedio, hoy nos parece maravillosa y daríamos lo que fuera por volver a ella. Una rutina, sin miedos, sin mascarillas y donde abrazarnos sin temor al contagio.

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