AURORA MADARIAGA


I
Volé tan bajo
que al rasparme la piel contra el suelo de concreto,
al abrir la carne a la arena y piedrecillas,
al aterrizar herida y rodando,
las palabras se escaparon,
se perdieron en el vacío negro
de una mente estancada.
Quieta quedé,
a la espera del retorno de la paz.
Muda quedé,
tragué las palabras para que no
avivaran más el fuego
que comencé.
Millones de segundos,
cada uno trajo una interrogante.
Desfilaron atolondrados en el cerebro,
bailaron regocijantes de mi pasividad,
de mi ignorancia.
Escribí sin sentir,
escribí por que había que escribir
y cada palabra que tipeé
esperó al pálpito del pecho
que no llegó,
mas escribí.
Vi las caras ir y venir
Dicen nada, son nada para mí.
Escuché las risas vacías,
la conversación banal.
Como un fantasma la ciudad crucé,
en el día a día de quehaceres
en la misma ciudad,
por las mismas calles,
a la misma hora,
por las mismas razones.
Anestesiada e invisible,
drogada de ficción,
alérgica a la realidad,
intóxicada de música,
rumeante de azucar,
feliz para mí sola,
indiferente para los demás.
Callada por dentro y por fuera,
avanza el día y la noche trae nueva paz,
una pasajera,
una débil,
mas es paz.
Temeraria a la nueva mañana,
sonriente para el resto,
añejada en el interior.
Densa como el concho del vino,
el que nadie bebe,
rica como la miel,
esa opaca, esa dura,
grumosa,
esa relajante en el paladar.
Acorralada entre la silla y el computador,
entre la mente y el mundo,
entre él y la soledad,
entre el corazón y la razón.
II
Una búsqueda sin cara ni nombre,
la intranquilidad en el núcleo.
Segura de la rutina inamovible,
esa protegida por el miedo,
la búsqueda continúa.
¿Dónde está?
Veo sus ojos en mi mente,
sé como ha de lucir.
Escucho su voz en mi interior,
sé como ha de sonar.
Soy el sueño de nadie,
y Él, inexistente, me inquieta.
No puedo recorrer el mundo
para encontrarle.
Atada estoy,
y aquí sin más soy.
Se cobija en mi memoria
como un sueño que no puedo recordar,
escondido detrás de la siguiente esquina,
esa que temo doblar.
Que busque belleza obvia a su ojo,
esa en mí no encontrará.
Que pueda ver más allá de la fachada,
quizás no podrá.
Quizás no querrá.

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