PENÉLOPE

Estuve saliendo un tiempo con Antonio, un futbolista rubio, que tenía músculos por todas partes, estaba que rompía, era unos cinco años más joven que yo. 

Esa tarde había tenido una discusión con mi ex y le invité a casa a tomar algo, yo llevaba un vestido cortito ajustado color blanco con un estampado fucsia que resaltaba mi figura, él unos pantalones vaqueros y una camiseta ajustada, marcando bíceps. 

Cuando llegó, le serví un refresco y yo me puse una copa de vino blanco. Nos sentamos en el sofá del salón y Antonio me miraba fijamente, con una sonrisa picarona, que hizo que me sonrojara y me olvidara de lo sucedido. Me sentía desnuda frente a él . Note como mi coño se empapaba.

De pronto se agachó frente a mi, bajándome el tanga, esto hizo que me excitara aun más, me cogió de la mano y tiro de mi para que me levantara, pensé que me llevaría al dormitorio pero no fue así. Sin dejarme reaccionar, bajo su mano y empezó a acariciarme el coño con rapidez, note sus dedos dentro de mi vagina, ufff, me estremecí de placer y cerré los ojos.

Al momento, note su lengua, lamia mi coño con dedicación, desde la puerta a mi vagina hasta llegar al clitoris una y otra vez, mis pezones iban a romper el vestido de lo duros que los notaba. Al rato se levantó mientras miraba mi cara de satisfacción bajándose la cremallera del pantalón para sacar su polla.

Sin bajarse el pantalón, allí de pie como estábamos, me agarró de las caderas y me levantó con fuerza, apoyando mi espalda contra la pared del salón, mi coño abierto goteaba, yo me agarré con fuerza a él y metió su polla, la noté firme dentro de mí y empezó a balancearse.

Empujaba fuerte hacia arriba, mientras yo me sujetaba de sus hombros para no caer, y le comía la lengua. El calor en mi coño, era un volcán, el cosquilleo entre mis piernas, sus manos apretándome fuerte para que no me escapara y cayera, era una sensación extraña, mis piernas temblaban y él insistía en llegar hasta lo más profundo de mi vagina, estaba prisionera en sus brazos.

Era un hombre muy fuerte, pero sus fuerzas iban fallando, ya cansado me tumbó con cuidado sobre el suelo , lo note frío pero acepte sin decir nada. Tumbada como estaba le miraba como se bajó del todo el pantalón hasta quitárselo. Se tumbó sobre mi, volviendo a meterme su polla  en la vagina y besarme con desenfreno. 

Siguió con su va y ven dentro de mí despacio, para después acelerar.

Yo estaba apunto de desvanecer, mis gemidos le gustaban y excitaban casi coincidimos, en menos de quince segundos aceleró el ritmo, note como palpitaba todo mi ser y una sensación dulce me invadió, a continuación se corrió dentro de mí, noté el calor de su semen llenando mi interior.

Nos quedamos unos minutos tumbados en el suelo, el sobre mi, hasta que empecé a notar el frío y dolerme la espalda.

www.womanpenelope.es

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