MOISÉS ESTÉVEZ

Después de sincerarse el uno con el otro, compartían sin saberlo la
sensación de haberse quitado un peso de encima. Una liberación que daría
paso a una situación normal, si pudiéramos caracterizar así esta relación.
Vincent había pedido un gymtonic y María un blanco espumoso, que a
modo de aperitivo tomaban en la terraza del restaurante en el que en su
interior, le estaban preparando una mesa.
Otra vez, un plácido momento de silencio, disfrutando de cada trago, de
cada calada de un cigarrillo que volvían a compartir, contemplando un cielo
plagado de estrellas, sobre un fondo oscuro que no dejaba lugar a una luna
que andaba desaparecida.
Un simpático camarero, amablemente les invitó a entrar comunicándole
que la mesa estaba lista, y que él llevaría las bebidas.

  • Muchas gracias. – Dijeron al unísono, lo que arrancó unas ligeras risas
    en los tres.
    Una vez dentro, sentados, uno frente al otro, María alzó su copa y
    propuso un brindis: – Por nosotros Vinc. Enterremos el pasado y ‘carpe diem’. –
  • No podría estar más de acuerdo. Y ahora echémosle un vistazo a la
    carta, estoy hambriento.

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