GILDEROY

Parte 9

            Mi casa estaba sola. Nada más entrar, me entraron ganas de hacerme una paja, pero no podía. En mi cuarto me puse ropa cómoda, e intenté apretármela o menearla de algún modo para buscar algo de excitación, pero sólo conseguía empalmarme y que me apretaran los huevos. Noemi me comentó que había quedado con Pablo a las 8, un par de horas después, y que intentaría mantenerme informado. Yo, totalmente frustrado, intenté pensar en otra cosa, y vi un poco la tele, e intenté estudiar, aunque me costaba concentrarme. ¿Qué iría a comprar al sex shop? ¿Sería algo bueno o algo malo? Probablemente sería algo bueno para ella, malo para mí y muy morboso para los dos. Empezaba a conocerla.

            A las 9 o así ya no pude estudiar más. Noemi no había dado señales de vida, y llevaba supuestamente ya una hora con Pablo. Me puse a cocinar, y sobre las 10, por fin recibí una foto. Casi consigue que rompiese la caja a pesar de que era de acero. De nuevo la hacía Pablo, pero esta vez Noemi estaba boca arriba en su cama, y Pablo de rodillas entre sus piernas, que estaban totalmente abiertas. Noemi sudaba, y tenía la boca abierta por estar gimiendo, y los ojos entrecerrados, con una mueca claramente de placer. El pelo le cruzaba la cara, extasiada. Una mano la tenía agarrada a uno de los palotes de la cabecera, y con la otra se estaba masturbando. De Pablo se veía poco. Un9 poco sus abdominales, y como le metía la polla. Pero no se veía como entraba, a pesar de que su coño estaba en primer plano. Una cuerdecita negra que terminaba en una argolla también de plástico, salía de dentro. Tenía las bolas chinas dentro. El coño estaba lleno ya. La polla de Pablo entraba en algún lugar un poco más abajo. Así que o bien la estaba metiendo entre sus nalgas y el colchón, o se la estaba metiendo por el culo. Y aún más, lo mejor. Descansando en su pecho brillante en sudor, entre sus dos tetas enormes, de pezones duros que miraban al techo, estaba la llave de mi polla. Si pudiera tener esa llave en mis manos en ese momento, me haría la mejor paja de mi vida. Y Pablo se la estaba follando allí mismo, con ella puesta, sin saber de qué era. Disfrutando como un conejo, corriéndose una y otra vez, mientras yo no podía hacer nada.

            Esa foto fue demasiado. Era demasiado morbosa, intenté por todos los medios masturbarme, o quitarme la jaula, pero no pude. Intente meneármela, para recibir algún placer. Más o menos pude hallar un punto en el que me daba gustillo sin llegar a aplastarme los huevos, con un meneo suave adelante y atrás, pero cuando se me ponía demasiado gorda, el meneo era cada vez más pequeño y reducía el placer. Vamos, que no era capaz de coger el punto, sólo conseguía desesperarme más. Me empezaba a salivar la boca y me apetecía chupar algo. ¿Tendría razón Noemi?

            Dejé de mirar la foto, y me puse a navegar por internet, intentando desconcentrarme. Pero a eso de las 11 y pico Noemi me mandó otra foto. Esta era un poco menos específica, pero también brutal. La hacía ella, de lateral, estirando el brazo. Estaba como antes, pero ahora Pablo estaba sobre ella, con la cabeza tapada en su cuello. Noemi miraba a la cámara hacia el otro lado. Pablo le agarraba una teta, que le ocupaba toda la mano. Se la aplastaba con fuerza, exprimiéndola. Sólo se veía la parte de arriba, y que Pablo estaba entre sus piernas, pero no se sabía por dónde le estaría dando. La polla volvía a molestarme. Esta vez junto a la foto Noemi escribió algo. “Mándame una foto de tu polla, por favor”. ¿Y escribía eso follando con el otro? No iría a enseñársela, ¿no? No sabía muy bien qué hacer, pero en el fondo confiaba en ella, así que me bajé los pantalones y se la hice. Estaba bastante estirada, debido a que intentaba empalmarse y aplastaba los huevos al máximo, que volvían a estar un poco azul. Tuve que repetir la foto un par de veces, para que saliera bien y después se la mandé. No volví a saber nada más de ella.

            A la 1 ya un poco cansado, y sin saber si hablarle o no, decidí irme a la cama. La polla se me había calmado ya que estaba un poco molesto, y si no miraba más las fotos, podía ir tirando. Cuando estaba casi dormido, Noemi me habló. Serían y media. “Vete viniendo”. ¿A esa hora quería que fuera? Era súper tarde ya, tenía que ponerme a vestir y todo. Llevaba toda la tarde liada, pasando de mí, y ahora quería que fuera. “Si te das prisa, igual puedes escuchar el último”. ¿Aún estaban follando? ¿Madre mía, es que no paraban? Estaba un poco mosqueado con ella, pero estaba también muy cachondo, y necesitaba ir para poder correrme, así que me vestí rápido y fui. Tuve suerte de que el metro estuviera en la estación al llegar, porque el siguiente habría sido media hora después. Llegué bastante rápido, pero entonces al llegar a su residencia me di cuenta que estaba cerrada. ¿Y ahora qué? Miré hacia arriba, y pude distinguir luz en su ventana, pero naturalmente no se veía nada. Había pocas más luces en el edificio, la mayoría de la gente o estaba fuera o estaba dormida. ¿Entonces qué se supone que debía hacer? Decidí llamar al telefonillo. Me había hecho levantarme en mitad de la noche, vestirme y patearme la ciudad para luego dejarme allí tirado. Si les cortaba el rollo que se fastidiaran. Sorprendentemente, nada más llamar, se abrió la puerta. ¿Estaría esperándome? Quizá ya se había ido Pablo. La residencia estaba oscura y en silencio. Apenas había nadie. Subí en el ascensor, y nada más abrirse las puertas, empecé a oír a Noemi gemir. Y a Pablo. En el silencio que reinaba se hacía muy evidente. Pero lo más escandaloso eran unos golpes que se estaban dando contra la puerta. Rítmicos y fuertes. Pum. Pum. Pum. Continuos y sin parar. Eran golpes secos, como si le dieras con el hombro a una puerta. La puerta tampoco encajaba perfectamente, así que no sólo se oían los golpes, sino también la puerta moviéndose dentro del marco, la cerradura etc. Entre medias se oían las voces de Noemi.

 – Si… Más fuerte, más fuerte… ¡sí!- los golpes aumentaron, tanto en fuerza como en velocidad, Yo no sé cómo la gente no salía al pasillo a quejarse. Ya es que no había pausa entre los goles, era casi como una metralleta, pa pa pa pa-. Dios, si, si… ¡ahhh!

 – Te gusta ¿eh?- escuché decir a Pablo.

– ¡Sii! No pares, no pares… fóllame, si, dame, da- ah, ahh…- los golpes seguían cada vez más rápido: papapapapa-. ¡Ahh! Córrete… córrete conmigo… vamos cariño…- se escucharon besuqueos y suspiros-. Vamos, me voy, me voy…

 – Si… ya… ya- ¡ahhhh!- y se escuchó como los dos se fusionaron en un solo gemido, que inundó el pasillo. El de Pablo era más grave, y se distinguía. Los golpes en la puerta se fueron entrecortando, hasta que se pararon. Yo miré a mi alrededor, por si alguien salía a ver qué pasaba, que no me pillaran allí. Nada sucedió. Ambos jadeaban, y se besaban-. Puf… dios eres increíble.

 – ¿Si? ¿Te ha gustado?

 – Puf… madre mía.

 – Bueno, llévame ya a la cama ¿no?- se escucharon unos pasos, y un peso enorme se desplomó sobre la cama, haciéndola crujir. Allí siguieron besándose, y restregándose, porque la cama se oía crujir. También cuchicheaban, y Noemi se rio un par de veces en bajito.

            Me moría de celos. Esa escena era de enamorados. ¿Cariño? ¿Cuchicheos y risitas? Increíble. Estaba enfadado, pero al mismo tiempo me iba a explotar la polla. No paraba de meneármela, de la única manera en que conseguía disfrutar un poquillo, pero era insuficiente para llegar al orgasmo.

  – Bueno, ahora deberías irte, ¿no crees?- le dijo Noemi.

  – No… ¿de verdad que no puedo quedarme a dormir?

 – No tío, lo siento… Ya te he dicho que mañana vienen unas amigas y tengo que madrugar muchísimo. Tengo que descansar, y sé que contigo… eso es imposible – Pablo se rio tontamente.

 – Bueeno.

 – Nos vemos la semana que viene ¿vale? Si tienes un hueco me avisas, y no hay que esperar al fin de semana.

 – Perfecto. Yo te aviso.

            Se escuchó a Pablo levantarse de la cama, y moverse por la habitación. En ese momento me sonó el móvil, la musiquilla del whatsapp, y casi me da un infarto. Salí corriendo hacia el fondo del pasillo, pero por suerte la puerta del cuarto de Noemi no se abrió. Estarían seguramente todavía en pelotas. Era Noemi. “Pablo ya se va. Escóndete”. No hacía falta que me lo dijera. Me quedé allí al fondo del pasillo. Pablo todavía tardó 10 minutos en salir. Entró en el ascensor tarareando y se fue. De vuelta al cuarto por el pasillo, me sonó de nuevo el móvil. “Ya se fue. Está bajando”. Llegue a su puerta y llamé. Noemi abrió una rajita la puerta para ver quién era, y al verme sonrió y la abrió del todo. Estaba allí de pie, totalmente desnuda, y brillante en sudor, con el pelo alborotado. Me miraba con una sonrisa picarona. Seguía enfadado, pero esa visión, el olor del cuarto y todo lo demás me tenían demasiado cachondo. Entré y cerré la puerta tras de mí. Me lancé sobre ella y empecé a besarla. Le sabía el aliento a semen.

 – Cómemelo… – dijo separándome un poco- Está recién follado…- La arrastré hasta la cama, y empecé a lamérselo como un loco. Sabía a látex, estaba salado por el sudor y bastante abierto. No se quejó de que le doliera esta vez-. Desnúdate… quiero verlo. Ven.

 Me quitó los pantalones, y dejé mi polla hinchada, comprimida en su jaula al aire. Noemi no le quitaba la vista de encima. Me tumbó boca arriba y me puso el coño en la cara, mientras miraba mi polla, la cual me estaba doliendo ya con cada mínimo movimiento.

 – Eso… Chúpalo bien… y el culo también, también me lo ha follado como una bestia… ¡sii!- en 30 segundos se corrió. Me pasó la pierna por encima y se tumbó a mi lado – Qué tal. ¿Cachondo?

 – Tú que crees. Quítame esto ya ¿no? Me está empezando a doler- lo dije un poco brusco y ella se dio cuenta.

 – ¿Qué te pasa?

 – Nada.

 – Ya estamos.

 – Pues que os he oído. Llevó un rato detrás de la puerta. ¿Qué es eso de cariño? ¿Y las risitas?

  – Anda… pero si eso lo he dicho por ti, para picarte. ¿No te ha gustado?

 – No. Parecíais una parejita. Y qué es eso de que vas a verlo la semana que viene, en cuanto tengas un hueco. A ver si vas a quedar más con él que conmigo.

 – Eso lo he dicho para que se vaya contento, y para ponerte cachondo. Pero la semana que viene no puedo quedar con él, me viene la regla pasado mañana. ¿No has oído que también le he dicho que le pasaría las fotos? Y no pienso hacerlo.

 – No, no lo he oído. Sería cuando empezasteis a hablar en susurros. Y no sé qué fotos quieres que le pases porque no has hecho casi ninguna. Al menos a mí no me las has pasado.

  – Te he pasado las dos que he hecho.

 – Pues ya ves tú.

 – Joder es que cuando tú me pasaste la tuya de veras que me puse tan cachonda… que me lie y me lie y no tuve tiempo para hacer más. Lo siento, supongo que te habrás aburrido tanto tiempo sin nada. Pero también quería hacerte sufrir un poquillo.

 – Ya. O que no te acordabas de mí porque estabas con tu cariño.

 – En fin – se había molestado. Estaba a punto de empezar a vestirme y decirme que me fuera. Pero yo también estaba enfadado, ¿también tenía derecho después de lo ocurrido no? O tenía que aguantar todo lo que ella quisiera. A menos que eso era lo que quisiera yo también. Una cosa estaba clara, no quería irme de su lado. Había aprendido a no ser un orgulloso cabezota desde que estaba con ella -. Bueno creo que-

 – Lo siento – la corte justo antes de que se levantara-. No sé qué me pasa, eso es todo. Estoy confundido – Noemi respiró profundamente.

 – Te pasa que estás celoso. Pero de eso se trata. A ti te gusta sufrir y a mi ponerte celoso. Lo que tienes que entender es que yo te quiero a ti. Que todo lo que hago lo hago pensando en excitarte a ti y a mí. Cuando entiendas y aceptes eso, que te quiero sólo a ti, no te pasarán estas cosas.

 – No sé.

 – ¿Te crees que llamo cariño a Pablo porque quiero casarme con él? No, se lo dije porque sabía que estabas justo detrás de la puerta contra la que él me estaba follando, y estaba loca de cachonda.

 – Y como sabías que estaba ahí.

 – Macho si te acababa de abrir el portal.

 – Ah. ¿Y cómo lo hiciste, si estabais…?

 – Por eso le dije que nos fuéramos a la puerta, para estar cerca del telefonillo. Le dije que era una amiga, y seguimos como si nada.

 – ¿Y qué estabais haciendo? Parecía que se iba a caer el edificio – se le escapó una sonrisa.

 – Yo estaba a horcajadas sobre él agarrada a su cuello, y él me sujetaba por el culo y me embestía contra la puerta. Mañana me dolerá seguro.

 – ¿Y no te daba cosa armar tanto jaleo?

 – Que va. Tú porque no conoces a los de mi planta. Esa gente sale siempre, los fines de semana por la noche está esto siempre desierto.

 – Y qué, quién ha ganado.

– Jaja. Pues supongo que él. No fui capaz de cansarlo. Seguía queriendo más. Aunque yo tampoco estaba cansada ¿eh? Lo que pasa es que tú querías venir, y bueno, le dije que se fuera. Pero por él, habríamos seguido. Vamos, y por mí también en realidad. Así que digamos que ha sido un empate.

 – ¿Cuántos…?

 – Pues orgasmos no sé cuántos he tenido. Dos o tres por cada corrida. Él se ha ido 3 veces. Una en mi boca, otra en mi coño y otra en mi culo. ¿Viste la foto?

 – Claro. Brutal. Casi rompo la jaula esta.- Noemi se rió.

 – ¿Estamos bien entonces?

 – Sí.

 – ¿Quieres ver la sorpresa que compré en el sex-shop? – ya ni me acordaba.

 – Claro. ¿Has visto a Jorge?

 – Sí. Hemos hablado un poquillo. Dice que a ver si quedamos pronto.

  – A ver, ¿no? – Noemi me miró.

 – ¿Te gustaría?- arqueé las cejas, diciendo: no es evidente -. Bueno, este fin de semana no puede, a ver si para la que viene. Tendré que contarle que he sido una niña mala. Que otro me ha sodomizado.

 – ¿Qué crees que hará?

 – No sé, pero no le va a hacer gracia. Qué guay.

 – ¿No te da miedo? Si la última vez te hizo de todo solo por no apretar suficientemente el culo…

 – Nah. Él sabrá que hacer, y sabrá hacerlo de modo que yo disfrute. Que los dos disfrutemos -me sonrió.- Bueno, pues la sorpresa. Verás esto lo pensé ahora que tu polla me pertenece, y yo controlo todo tu placer… – trasteaba en el armario mientras hablaba-. Pensé que necesitaba una forma de decidir cuándo puedes y no correrte. Por mí no te dejaba nunca, cuanto más sufres tú, más disfruto yo. Pero entiendo que tú también necesites descargar alguna vez, así que he buscado una forma de decidirlo objetivamente.

 Trajo una caja a la cama, y la abrió. Dentro había una bolsita de pana negra, una especie de cenicero hondo, como un cubito pequeño para lanzar dados, y una bolita azul de cristal. Vació el contenido de la bolsa en la caja de cartón. Eran un montón de bolitas igual que la azul pero verdes.

 – Esto se trata de contar los orgasmos de cada uno, para que estemos igualados proporcionalmente. Así que por ejemplo, en un polvo tú te corres una vez, y yo más o menos 3, porque yo me corro más rápido. Así que por cada orgasmo tuyo – echó la bolita azul en la bosa- hay tres míos – y echó las tres verdes-. Ahora se supone, que cuando queramos tener un orgasmo, ya sea, paja, follar entre nosotros, o follar fuera en mi caso, hay que sacar una bolita de la bolsa. Si sale verde, pues yo puedo correrme, y si sale azul, puedes correrte tú. ¿Entiendes?

 – Ajá.

 – Bien, pero claro. Cada vez que te portes mal te castigaré, echando otra bolita verde a la bolsa, con lo que aumenta la proporción a mi favor. Hoy por ejemplo, por el numerito del enfado, pues voy a echar otra – echó una verde dentro-. La semana pasada, que te prohibí tocarte y tal, y que estuviste pasando totalmente de lo que te dije. ¿Pues cuántas pudiste hacerte? Mínimo una al día, así que… echemos 5 más – lo hizo-. Luego en teoría mientras probabas el cacharro tampoco deberías haberte hecho muchas, pero seguro que te has hecho el triple. Pero bueno, al menos te has esforzado y te has acostumbrado a él en poco tiempo, así que lo dejaremos en 3. Así que tenemos ya… 11. ¿Entiendes cómo va esto?

 – ¿Y si hago cosas buenas quitas?

 – Ah no. Esto son castigos, no recompensas. Las cosas buenas ya se presuponen que tiene que hacerlas un buen esclavo.

 – Entonces eso va a subir y a subir hasta que no pueda hacerme nada nunca.

 – No hombre. Si haces lo que te diga cuando te lo diga, no debería subir nunca más. Mientras no te portes mal. De todas formas supongo que podríamos pensar en alguna manera de quitar también. Pero por cosas muy extraordinarias, por un buen comportamiento continuado, o alguna proeza. Entonces, siendo justos, desde que compré el juego, yo me he corrido y no he sacado ninguna bola. No podría decir cuántos orgasmos he tenido, porque con Pablo… hay veces que se me juntan, y ya casi al final, es una sensación de orgasmo continuado. Pero bueno pongamos que son 9, porque dijimos que eran 3 por polvo. Más el que tú me has dado antes, 10. Entonces ya estando todo repartido, se guarda esto – cogió la caja con el resto de las bolas y la metió en el armario-. Y cuando vas queriendo orgasmos, pues vas sacando de la bolsa y los echas en el cubito- empezó a sacar bolas verdes hasta 10. En 2 ocasiones sacó la azul sin querer, pero la volvió a meter-. Y cuando la bolsa se quede sin bolas, se vuelven a meter, y vuelta a empezar. ¿Lo entiendes?

 – Sí. Totalmente proporcionado, vaya.

 – ¿A que si? Si te hubieras portado bien… ya te dije que te la devolvería. Pero bueno entonces, me has dicho que querías algo ahora ¿no?

 – Obvio.

 – Entonces, hay que sacar bolita. Yo una más y ya está. Estoy cansada, es tarde y tengo sueño ya. Si sale verde, orgasmo para mí, si sale azul, orgasmo para ti. En cualquier caso será el último ya – removió la bolsa, y me la ofreció, abierta pero sin que se pudiera ver el fondo. Metí la mano, removí, y saqué una bola. Era verde. A Noemi le brillaron los ojos-. Ohh. Bien por mí, ¡yuju!

 – ¿En serio…?

 – Las reglas son las reglas. Pero bueno, ten en cuenta, que ya quedan sólo una verde y una azul. Ya queda menos para que puedas correrte. La próxima vez estaremos en igualdad de condiciones. Y ahora… ¿no tienes algo que hacer?- dijo abriéndose de piernas. Yo me resigné, y bajé-. Ve despacio. No quiero correrme rápido. Quiero disfrutar lentamente…- Empecé a chuparla lentamente, de arriba a abajo. Estuve mirando continuamente la llave que reposaba en su pecho, a tan escasos centímetros de mis manos, acariciándole los pechos. Qué ganas de quitársela y sacar mi polla para hacerme un buen pajote. Esta vez tardó 20 minutos en correrse.- Ay, que gusto de verdad. – dijo acurrucándose a un lado de la cama tras acabar.

 – ¿De verdad que no podemos sacar otra bola? ¿Si yo quiero?

 – No, esa es otra regla. Si yo quiero, puedo sacar cuando quiera. Pero si quieres tú, tenemos que estar los dos de acuerdo. Y yo ahora de verdad que estoy cansada. Como salga otra verde de verdad que reviento. Anda recoge un poco el cuarto y acuéstate aquí conmigo. Mañana por la mañana sacamos más, seguro que ya te toca.

            Reguñendo recogí la habitación. Tiré todos los condones etc. y después me acosté a su lado. Estuvimos en silencio un rato. Luego ella habló.

 – Todo esto es un juego ¿eh? Pensé que podía ser divertido. Si no quieres, lo dejamos, te quito eso y te hago la mejor mamada de tu vida.

 – Tú mandas. Yo soy tu esclavo.

 – ¿Si? Jiji. Ay mi cornudo, que bueno es- después nos acurrucamos y nos dormimos. Yo me desperté de madrugada como siempre, y tuve que ir al baño para que se me pasase.

            A la mañana siguiente, por fin pude quitarme la caja de castidad. Me desperté temprano, por culpa de la erección de nuevo. Serían las 10 o así, y Noemi aún dormía, desnuda a mi lado. Aproveché que estaba boca arriba y empecé a comerle el coño. No sé en qué punto se despertó, pero cuando me di cuenta, estaba gimiendo, y moviendo la pelvis al compás. Entonces paré.

 – No… ¿por qué paras?- dijo, mirando hacia abajo con cara de dormida.

 – Si quieres correrte, tendrás que sacar bolita. Puede que tengas suerte, o puede que no – Ella sonrió, y se volvió a la mesita de noche, a coger la bolsa. Volvió a tumbarse, y sacó bola. Era azul- Já. Me toca.

 – ¿Olvidas que yo puedo sacar siempre que quiera?- y volvió a meter la mano, para sacar una verde-. Uno para cada uno. Anda ven.

 Me puse a horcajadas encima suya y fui subiendo hasta colocar mi polla a la altura de su cara, para que ella pudiera llegar a abrirme el candado sin quitarse la cadena. Por fin pude liberar mi polla. No llevaba ni un día entero seguido, pero a mí me habían parecido meses. Costó sacar la caja porque estaba empalmado, pero tirando un poco se soltó. Luego me quitó el aro y puso todos los cachivaches sobre la mesita. Entonces nos empezamos a liar, como una pareja normal. Me desahogué toda la excitación acumulada, lamiéndola, tocándola, besándola… entonces fui a penetrarla, pero me paró.

 – No, espera. Ponte un condón.

 – ¿Por qué?

 – Porque tú sólo puedes follarme con condón. Sólo mis amantes pueden sentir mi coño, y disfrutarlo totalmente. Tú no tienes ese derecho…- me quedé unos segundos sin saber qué decir, muy cachondo, pero también confuso- ¿a qué esperas?

 Decidí obedecer. Cogí uno de la mesita, y lo abrí. Nunca había usado condón con ella, pero era morbosa la idea que proponía. Me lo puse y entonces volví a estar encima de ella. Esa vez si pude metérsela, y volver a sentir su coño, caliente y húmedo. La verdad es que sin condón era mucho mejor. Se notaba más todo, y el roce era más placentero. Pero después de todo lo pasado, eso no estaba tampoco nada mal.

  – Te gustaría follarme sin condón, ¿verdad? ¿Verdad que si? Como lo hace Manu… Jorge… y tantos otros… También voy a dejar que Pablo me folle a pelo ¿sabes? Sí, todos menos tú… Todos disfrutarán de mi coño, menos tú… – yo no paraba de darle entre tanto. Ella hablaba sola, no esperaba que le contestase. Yo simplemente escuchaba, y me calentaba, mientras ella me rodeaba con sus brazos, me besaba y lamía sin parar, susurrándome al oído, o cogiéndome la cara para que la mirara a los ojos, mientras me hablaba-. Pablo también me ha follado el culo… Eso tú ni siquiera sabes lo que es ¿verdad? Pues a él le encantó… Me dijo que fue el mejor polvo que había echado nunca. Oh, a ti te encantaría también, si pudieras hacerlo… Pero no. Si ni siquiera puedes follarme sin condón, como vas a probar mi culito.  Cornudo- yo cada vez iba más lento, era muy difícil evitar correrse en esa situación, a pesar de llevar solo un par de minutos…- Oh dios es que Pablo lo hace tan bien, sabe dar placer como nadie. ¿Puedo pensar en él mientras lo hacemos? ¿Puedo?

 – Sí.

 –   Oh… Pablo…- apoyó la cabeza contra la almohada, y cerró los ojos, gimiendo-. Si, Pablo, dame más fuerte… Más… Cariño, me encanta como lo haces… si… ¡sí!… ¡Ahhh!- me llamó cariño, pero pensando en Pablo. Era como si se lo dijera a él. Eso me puso a tope, y no pude aguantar más.

 – ¿Puedo correrme?

 – ¡No! No, hasta que yo te dé permiso, no… Y no hables, quiero seguir pensando en mi amante. – le había pedido permiso, pero había sido pura cortesía. No pude aguantar, y me corrí, echando litros de semen, teniendo escalofríos y espasmos por todo el cuerpo, Noemi se dio cuenta de que me había corrido, naturalmente-. ¿Te has corrido?

 – Sí.

 – Anda…- no parecía molesta, sino divertida-. Tenías ganas, ¿no?

 – Si, es que no he podido aguantarme.

 – Bueno termina por ahí abajo anda -bajé a su entrepierna y le terminé el trabajo. Luego nos tumbamos, y nos dormimos.

 Al despertar, la luz ya invadía todo el cuarto. Noemi estaba a mi lado, incorporada, apoyada sobre el respaldo, escribiendo en el móvil.

  – ¿Qué haces?

  – Hablaba con Jorge- eso me despertó en seguida. Me puse boca arriba.

– ¿Si? ¿De qué?

 – Como este finde no podía quedar, le he contado lo que he hecho con Pablo – yo estaba en vela.

 – ¿En serio? ¿Y qué dice?

 – Pues se ha enfadado, y dice que me va a castigar. Quiere quedar el fin de semana que viene conmigo.

 –  ¿Pero tenías la regla no?

 – Eso le he dicho, pero dice que no será un problema.

 – ¿Qué crees que será?

 – No lo sé. No creo que lo sepa ni él. Lo dice para irme excitando. Cuando se le ocurra algo, ya me lo dirá. Bueno, vamos a levantarnos ya, que no nos cunde el día. Ah, y por cierto- fue al armario, y cogió otra bolita verde. Echó todas las que habíamos sacado la noche anterior, más la nueva. Ya iban 15-1-. Eso por correrte antes sin permiso- gruñí-. Ahora vamos a ponerte de nuevo tu cacharrito.

  – Ahora no creo que puedas. Deberías haberlo puesto antes de hacer lo de las bolas. – Noemi río.

 – Bueno, pues avísame cuando se pueda.

 Fuimos a desayunar, y al volver me puse de nuevo la jaula, lo más cómodamente que pude, porque estaba claro que iba a tener que llevarla varios días, y seguramente seguidos. Ella se quedó las dos llaves, y después fuimos a dar una vuelta por la ciudad. Tuvimos un día normal de pareja, siempre y cuando no tuviese en cuenta lo que tenía dentro del pantalón. A la tarde volvimos al piso, y antes de irme, Noemi sacó una bola de la bolsa, que naturalmente fue verde, así que le comí el coño.

 – Para mañana tengo una tarea para ti- me dijo, cuando ya iba a irme. Me dio un poco de miedo-. Si la haces bien, igual quito una bola verde de la bolsa, para bajar la proporción.

 – El qué.

 – Quiero que hables con Pablo, y le preguntes qué tal fue darme por el culo. Si le gusto, cómo lo hizo… en fin, detalles. Ya que tú nunca lo has hecho, pues puede ser una buena oportunidad para saber cómo es, que se siente etc.

 – Puf… no sé si tengo la suficiente confianza con él para preguntarle eso- la verdad es que sería morboso preguntarle a Pablo como era follarse el culo de mi novia.

 – Tú sabrás. Ya sabes lo que puedes ganar. Ah y saco otra bola ya, que esta noche seguramente suba Manu. Ya te contaré – era verde. Noemi sonrió, me dio un beso, y me despidió en la puerta.

  A mí me latía el corazón con fuerza. Estaba muy cachondo, y la polla me apretaba peligrosamente. Ahora sí que podía ver claramente un bulto bajo el pantalón. Intente dalearla pero estaba demasiado tiesa. Intenté relajarme, y anduve un poco por el pasillo hasta que se me bajó. Después fui a casa. Al llegar, como siempre se me antojaba una buena paja, recordando todo lo vivido con Noemi, pero esa vez no pude. Apenas sentí un poco de gusto con unos meneos, pero enseguida me empezó a doler, así que lo dejé.

 Intenté trabajar, pero me desconcentraba continuamente, cada vez que recordaba que llevaba la jaula de castidad puesta. Para más Inri, mientras cenaba a eso de las 10, me envió Noemi un mensaje, diciendo que Manu estaba subiendo, y que iba a follárselo con mi llave colgando del cuello, entre sus pechos, mientras los dos gozaban. Que había sacado una antes, pero que seguramente necesitaría sacar más bolas, porque estaba muy cachonda.

Todo aquello me desquiciaba. Me moría por masturbarme, pero no podía. Era muy frustrante. Vi un poco la tele y luego me acosté. Ya casi dormido, Noemi me dijo que Manu ya se había ido. Había sacado dos bolas más (se había corrido tres veces), pero que ninguna era azul.  Al cabo de un rato, después de habernos despedido, me volvió a hablar.

 – ¿Seguro que todo esto te gusta? Ya sabes que podemos parar cuando quieras. Es que me da cosa, nunca se si me estoy pasando o no.

 – Todo está bien. Estoy disfrutando más que tú.

– Jaja. Eso lo dudo mucho.

– En serio. Lo único es que…

– ¿Qué pasa?

 – No sé, me deprimo un poco al llegar a casa. Me siento solo. No por no poder masturbarme. Antes me pasaba lo mismo, tras correrme. Me siento triste, solo. Me gustaría estar contigo ahora.

 – Ay cariño, ya lo sé… Supongo que te sentirás desplazado. A mí también me gustaría estar ahora contigo, pero si no se le dices a Paco que estamos juntos, no puedo ir. Y aquí no podemos estar todo el día, es muy chico.

 – Ya lo sé. Aun así estoy triste. Y no puedo cambiarlo.

– Se nos ocurrirá algo. No pienses más en eso. Duérmete. Te quiero.

– Y yo.

 La solución estaba clara. Vivir juntos. Todo sería más fácil. Y ella estaba de acuerdo, ese no era el problema. El problema era el de siempre, el qué dirán. Reconocer que estábamos saliendo, era un lío. Y vivir juntos diciendo que éramos amigos peor. No veía manera de llevarlo a cabo. Pero los dos queríamos. ¿No habíamos quedado en que haríamos lo que quisiéramos, sin pensar en los demás? ¿Que la felicidad era más importante?

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