JORGE MARÍN

Pablo será mayor. Sí, llegó hace tiempo. Tenemos los mismos gustos a excepción de la
comida, que es donde nuestras voluntades son contradictorias. Si me pidieran revelar
una sola diferencia entre los dos, agregaría que su idiosincrasia y la mía, introducen a la
discordia. Aún así, siempre encontramos el modo de solucionarlo.
Describir a Pablo es difícil. Una vez estábamos leyendo una historia antes de dormir y me
interrumpió en seco. Su prerrogativa reclamaba a voces mi opinión. Esa noche el asunto
dominó el ambiente. En uno de los cuentos, el protagonista iba paseando por toda una
tarde, disfrutando de sus ocurrencias. La gente no entendía su comportamiento. Para mí,
ese sería el mismísimo Pablo.
A pesar de su insistencia y su malhumor, hay algo en él imposible de ignorar. Cuando los
monstruos visitan mi armario, ocultándose en el tenue filtro azul, me coge en sus brazos,
se queda despierto hasta verme descansar. De alguna forma los monstruos de la
habitación le tienen miedo, los mantiene a raya e imposibilita su cruce al borde de la
cama. Nunca he entendido el motivo. Alguna vez me llegué a preguntar bajo sospecha si
eso lo convierte en uno de ellos.
En la mañana Pablo me despertó temprano, se encontraba de pie frente a la cama, presto
a una excursión por la alameda. El reloj marcaba la suave línea de la estrella roja. Su
insistencia me motivó.
Llegando a uno de los parques más remotos, un globo captó mi atención, no fue por
desconocimiento. Sin embargo y por alivio, era mejor refugiarse en el primer objeto que
evocara parte de mi infancia. Desde niño los globos me han cautivado.
De tanto caminar, las piernas me obligaron a sentarme en una de las bancas. Lo cual no
fue tarea sencilla, bajé las yemas de los dedos y las fui probando. Su tregua con la
oscuridad las había dejado congeladas. De nada sirvió, ya que tirado a la decepción, las
calenté gracias a un método primitivo.
La banca está cansada de mí. Lo precario son las órdenes de Pablo: “No te muevas”. Fiel a
su petición, sigo esperando.
Los castaños ya se presentaron, las Jacarandas lucen tristes, lloran como la Paulownia
Tomentosa. Y yo empiezo a cuestionarme si en mejor coyuntura Pablo volverá.

https://letrasymonstruos.wordpress.com/

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