ANDER MAIS

Capítulo 7

Secretos de Verano

Después de parar a comprar unas cosas por el camino, llegamos de vuelta a la habitación. Serían ya sobre las 6 de la tarde y, nada más posar nuestras mochilas sobre la cama, Natalia se fue desnudando para meterse en la ducha. Yo me quedé observándola como un tonto mientras lo hacía…

—Entonces, ¿a dónde vamos esta noche? —le pregunté, mientras terminaba de quitarse el sujetador del bikini—. ¿Qué te parece si volvemos a dar una vuelta por el paseo marítimo y luego nos tomamos algo por ahí y cenamos?, como el otro día… ¿o te apetece hacer algo diferente?

Natalia se quedó un poco pensativa, pero me respondió al momento:

—Bueno, la verdad… que Rocablanca del Mar es muy bonito pero… como es tan pequeñito, ya en los cinco días que llevamos aquí lo hemos visto casi todo. No sé, estaría bien hacer algo distinto… ir a otro pueblo cercano o algo… No sé, ¿a ti que te apetece? —me decía, a la vez que se quitaba las braguitas.

—Pues no lo sé tampoco… Tienes razón en eso de que casi lo hemos visto ya todo de este pueblo. Pero bueno… quizás podíamos desmadrarnos hoy un poco por ahí, ¿no?; salir a tomarnos algo hasta bastante tarde… Es Agosto… ¿No te apetecería tener una especie de última noche loca hoy por aquí?; tomarnos unos cuantos cubatas hasta emborracharnos un poco… No sé… Como mañana ya nos marchamos, hoy será la última oportunidad para hacerlo —le fui proponiendo yo, viéndola desnuda y preparada para entrar a la ducha.

Los restos de arena de su piel me recordaban lo que habíamos estado haciendo este mediodía en la playa. Aún no podía creerme que pudiésemos haber llegado a tanto.

—Sí… la verdad, que me apetece divertirme un poco, sí… Pero sin pasarnos mucho, ¡¿eh?! Qué luego bien sabes como me sientan de mal a mí las resacas —comentó, seguro recordando lo qué le pasó la pasada noche que salimos—. Bueno, piénsatelo… ahora voy a ducharme. Luego ya concretamos más… —me repitió, justo cuando se metía en el baño.

—Ok… —contesté.

Según la escuché abrir el agua y meterse en la ducha, cogí mi móvil. Al instante, al abrir el Whatsapp, descubrí extrañado no tener todavía mensaje alguno de Víctor; yo aún no sabía qué pensaba sobre mi respuesta a sus mensajes del mediodía ni sobre la follada que nos había espiado. Así qué, aprovechando ese momento a solas que tenía, me dispuse a mandarle yo un mensaje. El morbo de descubrir qué le habría parecido el espectáculo que nos pudo presenciar antes, entre aquellas solitarias rocas, me intrigaba sobre manera…

—¿Qué tal amigo? Ya estamos de vuelta en el hotel. Oye, ¿te gusto el espectáculo? Ella no se dio cuenta de nada —fue lo que le puse.

Vi que estaba en linea, por lo que sólo un minuto más tarde recibí su respuesta:

—Sí joder…. Qué buena está tu chica!!! y qué bien la chupa… Enhorabuena!! Tienes una novia estupenda! Vaya follada le pegaste!!! Estoy encantado de poder leer que aceptas compartir estos morbos conmigo.

Siguió escribiendo y me puso inmediatamente otro mensaje:

—Ah, y no te preocupes que yo soy discreto total. Como me pides, esto será secreto entre tú y yo. Puedes estar tranquilo por eso.

Con esas palabras, pude descubrir que le habían gustado mis mensajes de antes y que estaba de acuerdo en mi propuesta de ser nuestro mirón en secreto. A partir de aquí, seguimos una conversación durante unos pocos minutos más:

—Sí, estos días he descubierto que me encanta este tipo de juegos. La pena es que mañana nos vamos ya. Esta es la ultima noche aquí…

—Oye… mira, se me ocurre una cosa. ¿Por qué entonces no os acercáis hasta el pueblo de al lado? Está noche hay fiesta en Trelises… Sobre las 12 hay una tirada de fuegos artificiales. Yo estaré por allí con una amiga. Podríamos quedar los cuatro para tomar algo… Qué te parece?

Me quedé un rato dubitativo y pensativo en qué hacer. Me parecía demasiado arriesgado aceptar aquello, pero la idea de tener a mi chica y a aquel hombre cerca me llenaba de morbo. Al final, decidí contestarle:

—Ok, es una buena idea. Intentaré acercarme con mi chica. Pero sólo si ella quiere, claro. Voy a preguntar información en la recepción del hotel y te digo algo en un rato…

Natalia no debería estar al tardar mucho más en terminar la ducha y salir, por lo que tenía que cortar ese chat de Whatsapp con Víctor cuanto antes…

—Bueno, te dejo que no puedo hablar más ahora —le puse.

—Venga, tío!!… por lo menos, dime que vais a venir hasta aquí!! Venga, lo pasareis bien!! Quiero volver a ver a esa tetona que tienes de novia… me pone a mil…

Ya, desvergonzadamente, aquel tío se dirigía a mí sin ningún tipo de reparo al hablar de mi novia y de sus pechos. La verdad, no se cómo lo hacía, pero debía notar en mí que eso me estaba empezando a poner extremadamente cachondo, y lo sabía utilizar en su beneficio con gran habilidad y morbo, sin cortarse ya ni un pelo.

—Bueno amigo… espera un segundo, qué te llamo ahora.

Le contesté con este último y rápido mensaje, y después tiré el móvil sobre la cama, levantándome para entrar en el baño. Natalia aún seguía en la ducha, frotándose el pelo que tenía todo lleno de jabón… Me acerqué a ella y le dije:

—Cariño, voy a bajar un momento a recepción… que quiero preguntarles sobre una cosa que acabo de ver por internet.

Ella me miró con cara de sorpresa, y casi sin poder abrir los ojos por culpa del champú que tenía sobre ellos, me contestó con voz entrecortada:

—Pero… ¿a dónde vas?, ¿qué viste?, ¿qué pasa…?

—Nada, amor, tranquila… Es sobre una fiesta que he visto un comentario en facebook. Ya te cuento ahora. Ahora mismo vengo…

La dejé allí, terminando la ducha, y salí de la habitación sin perder un instante.

Llegué abajo, a la recepción, y me senté en uno de los sofás que tenían en un rincón de la entrada. Era un lugar tranquilo y, en ese momento, no había nadie cerca.

Entonces, sin perder más tiempo, saqué el móvil para llamar a Víctor… Al cabo de tres tonos, me cogió el teléfono:

—Sí, tío, dime… Qué, ¿al final os venís? —me dijo él, nada más descolgar; parecía entusiasmado.

—Bueno… aún no lo sé fijo. No le he dicho nada a mi chica todavía. Está en la ducha… Me supongo que querrá ir, pero… ¿cómo es eso de la fiesta? ¿Dónde está? ¿Cómo es? Dime más cosas… —le pregunté. Lo que sí tenía claro era que, antes de proponerle nada en serio a Natalia, debía saber lo más posible a cerca de esa fiesta.

—Una fiesta de pueblo… nada extraño, ni raro. No te preocupes por eso. Es en el pueblo de al lado, en Trelises. ¿Sabes cual te digo? Es la localidad a la que pertenece el camping y la playa en la que acabáis de estar esta tarde —me iba diciendo Víctor, intentando claramente convencerme—. Como te acabo de comentar, hay fuegos artificiales. Podría ser una buena escusa para que te traigas a tu chica y yo la pueda ver otra vez de cerca. Además, así aprovecháis vuestra ultima noche aquí para divertiros un poco… ¿Qué te parece? ¿No es un plan perfecto?

—Sí… pero… ¿cómo podemos hacer para que todo pase por un encuentro casual? Ya te dije, que esto quiero que sea de forma discreta; no quiero que mi chica se pueda mosquear y tengamos un lio gordo si descubre que hemos planeado esto sin ella saber nada… ¡Tienes que entenderlo! Ademas, yo a ti aún casi ni te conozco… —Yo, aunque estaba deseando quedar con él, tenía unas lógicas dudas por lo que pudiese pasar.

—¡Te entiendo perfectamente!, pero no te preocupes, el pueblo es pequeño… Cuando lleguéis, bajáis hacia la zona del puerto, que es por allí donde está la fiesta… y cuando estéis ya tomandoos algo en cualquier bar, me mandas un whatsappdiscretamente… Ya me acerco yo por allí como si fuese algo completamente casual. Luego, ¡ya veremos cómo nos entramos! No tengas miedo… que se me dan muy bien estas cosas. Soy muy hábil para entablar conversaciones. ¡Tú tranquilo! Y bueno… te juro que soy de fiar. Creo que ya te lo demostré esta tarde en la playa. —Sus palabras cada vez me convencían más… o bueno, por el morbo por probar la experiencia yo me dejaba convencer fácilmente… quién sabe.

—Bueno… está bien. Se lo comentaré a mi novia contándole que me enteré casualmente de esta fiesta por internet, y que ahora me dieron más información aquí, en la recepción del hotel. Luego, si al final vamos y te encontramos, pues ya nos las apañaremos para que parezca algo casual… Bueno, ¡confío en ti! ¡Espero que salga todo bien! Aunque no te prometo que al final vayamos…. Todo depende de ella.

—Vale… no te preocupes. ¡Ya verás!… ¡lo pasareis genial! Un saludo… Y me avisas luego cuando ya andéis por el pueblo.

—Ok… hasta luego —Con esto, nos despedimos.

Yo no sabía por que razón, si por el morbo de la experiencia o por qué, pero confiaba en ese hombre. Y sobre todo, después de ver cómo actuó antes en la playa, ya no tenía demasiado temor porque me la jugase ni me pudiese meter en un lío; me parecía un hombre serio y discreto, y que le gustaba solamente el morbo inocente como a mí. Pero bueno, la única manera de saberlo, de verdad, era quedando con él y viendo cómo se comportaba. Si mi chica aceptaba, quizá tuviésemos por delante una buena noche de morbo.

Además, no me podía reprimir, era lo que estaba deseando desde hacía tiempo y, ahora, tampoco tendría tanto que perder; aquella era nuestra última noche de vacaciones allí y, seguramente, como me venía repitiendo varias veces estos días, a este tipo no le volviésemos a ver más en la vida.

Subí a la habitación y Natalia ya estaba fuera de la ducha, aún desnuda, secándose el pelo. Me acerque a ella y le dí dos besos en el cuello. Estaba preciosa…

—Dime… ¿qué era eso de una fiesta o no sé qué, que me decías antes? —me preguntó ella, nada más llegar a su lado, mientras no separaba la vista del espejo dónde secaba su larga melena negra.

—Pues… que he visto en Internet, que esta noche hay una fiesta en el pueblo de aquí al lado, Trelises creo que se llama; está cerca de la playa donde estuvimos antes… He leído que a esa fiesta va mucha gente. He bajado a recepción y me han confirmado que sí, que suele haber bastante gente y hay hasta fuegos artificiales… a las doce. ¿Estaría bien ir, no?… Mañana a medio día nos marchamos ya. Es la última oportunidad que tendremos de salir por aquí y divertirnos un poco, ¿no te parece?

—Bueno, pues sí… —me contestó, girando su cabeza para darme un piquito—, estaría bien ir hasta esa fiesta… —Por su forma de hablar parecía con ganas—. Mira… cenamos algo por los restaurantes del paseo marítimo de aquí, y luego salimos para esa fiesta… La verdad, que tu propuesta de antes me la estuve pensando ahora en la ducha, y me apetece fiesta: ¡estoy animada hoy! —Me dio un lascivo morreo tras decirme esto.

—¡Ya verás, amor…!, lo pasaremos bien… ¡seguro! —le dije, pensando ansioso en mis planes con Víctor—. A mí hoy el cuerpo también me pide marcha. Y más después de lo de antes en la playa. A ti, ¿también te gusto? Dime, ¡a que sí…! —le pregunté, muy excitado, anticipando en mi mente lo que podríamos hacer esa noche, mientras me puse a revolver en su maleta, entre la ropa que se había traído para estos días…

—Claro, cariño… sí… no te lo voy negar que me gustó. Fue muy morboso hacerlo en la playa… allí escondidos. Pero, aun así… ¿y si nos llega haber pillado alguien? —suspiró al decir eso—. Ufff…., ¡claro que me dio morbo la experiencia!, pero también algo de vergüenza a la vez —continuó diciendo, mientras seguía cepillándose el pelo, frente a aquel espejo. Yo no le dije nada y seguí a lo mío, revolviendo en su maleta.

De entre la ropa que se había traído, saqué un vestido estampado de los que se había comprado expresamente para estas vacaciones. Me podía acordar perfectamente del día que lo estuvimos escogiendo en la tienda: fui yo el que se lo elegí especialmente para que luciese sus pechos, tenía un gran escote. Al verlo, me vinieron a la mente todos los planes morbosos que habíamos hecho, semanas antes de venir aquí, para disfrutar juntos en estos días de relax… O bueno, yo me los había hecho para mí; ella sólo pareció aceptar lo que le proponía para que no la atosigase demasiado. Uno de ellos, era que hiciese topless por primera vez, y este deseo lo había logrado; otro, era hacer el amor en la playa con el morbo de poder ser vistos, éste, también; y otro, era salir un día de copas y que ella saliese sin ropa interior… este faltaba. Y la noche de hoy podría ser perfecta para llevarlo a cabo.

—Natalia, porfa… ¡Ponte hoy este vestido para salir, anda! —le dije, enseñándole el vestido y con cara morbosilla.

Ella esbozó una gran sonrisa y una leve carcajada al escuchar mi proposición.

—Esto ya me lo intuía yo… Me estuve acordando de este vestido antes, mientras me duchaba; pensé qué ya estabas tardando en pedirme que saliese con él puesto… —comentó sin parar de sonréir—. Sí, venga, cariño, ¡trae!, que me lo pongo —prosiguió, quitándomelo de las manos, y colocándolo delante de ella como comprobando nuevamente cómo le sentaría—. Bufff… —resopló—, me lo pongo, vale… pero voy a enseñar mucho. ¡Pedazo de escote qué tiene! Y ademas, es cortísimo—exclamó ahora, dando vueltas en el espejo mirándose.

—Bueno amor… tampoco es para tanto. ¡Te quedaba genial! Ya te lo vi puesto en la tienda, en los probadores. Ademas… te iba a pedir otra cosilla… —le insinué, con voz pausada y entrecortada.

—¡Ah, no… no, no, no!, qué ya sé por donde vas… ¡No pienso salir sin bragas! ¡¡Nooo!!… ¡eso si que no! —clamó al instante.

—¡Venga, mi amor!… ¿No te acuerdas de todo lo que me dijiste qué haríamos en estas vacaciones?, ¿no te acuerdas de todo lo que fantaseaste conmigo?… ¿aquella noche que follamos después de venir de pasarnos el día de compras? —supliqué, intentando chantajearla un poco con aquellos planes que habíamos hecho en plena excitación coital, semanas atrás.

—¡Claro que me acuerdo! Y ya he cumplido dos de aquellas fantasías. Pero esta de salir sin bragas ya me parece ya demasiado. Y menos con este vestido… ¡Se me verá todo el culo!, ¡y hasta el coño sólo con que me agache! No sé… salir así ya me parece demasiado… ¡No pienso hacerlo! Me pongo un tanga pequeñito de hilo, si quieres, pero sin nada no salgo, qué va.

Viendo lo negada que estaba, me resigné, no insistí más, y acepté que saliese con ese tanga de hilo que me proponía como alternativa. Verdaderamente, ya sólo con ese vestido estaría espectacular, y pondría cachondo a cualquiera que la viese. Deseaba morbosamente que Víctor pudiese llegar a velar con él puesto, ¿qué me diría?

Eran ya sobre las ocho de la tarde, y decidimos no esperar más, prepararnos para salir. Yo me duché y luego me vestí, mientras Natalia entraba al baño a ponerse el vestido y a maquillarse. Me fijé que llevaba ya puesto el tanga con el que iba a salir: era de color rosita-morado y por la parte de adelante, de transparencia y con un morboso encaje; por atrás, sólo consistía en un fino hilo que se le metía totalmente en la “rajita” del culo. Esperé ansioso a que saliese ya con ese vestido puesto…

Al cabo de un buen rato, salió ya preparada; le quedaba genial aquel vestido; con él, lucia sus curvas como con ningún otro; era con escote tipo halter y en forma de V bastante pronunciada. Parecía haber decidido no llevar nada debajo y, sus tetas, súper apretadas y sin sujetador, daban la impresión en cada movimiento suyo, que tenían vida propia y se iban a salir en cualquier momento. La falda era de vuelo, y no tan corta como ella se creía; más o menos, le llegaba un poco más abajo de la mitad de los muslos; eso sí, estilizados con unas sandalias de tacón, lucían rotundos, sexis, gracias al ya visible bronceado adquirido durante estos días de playa.

Luego, llevé la vista hacia su culo, que se dejaba entrever en cada movimiento de cintura, e insinuando así el diminuto tanguita que llevaba debajo. Mientras la observaba, se agachó un instante al espejo para mirarse y retocarse bien, y pude comprobar que no se le veía tanto al agacharse como ella pensaba. El pelo, me fijé que se lo había peinado de forma distinta a la habitual: se había hecho dos coletitas hacia los lados, que le caían hacia adelante y sobre sus hombros, de una forma que le daba un aspecto ingenuo que contrastaba con el tan sensual y espectacular escote que lucía.

También me extrañó su maquillaje: mucho más esmerado que otras veces; con unos labios de color rojo intenso y una sombra de ojos que los hacia lucir aun más grandes y seductores. Esa noche deslumbraría con ellos. Estaba tremenda… Se notaba que se había preparado a conciencia, con ganas de agradar y de atraer miradas…

—Estás espectacular, amor. ¡Por dios! ¡qué bien hice escogiéndote este vestido! —le dije, demostrando con mi voz lo excitado que me sentía al verla.

—Sí, pero… ¡pufff! —volvió a resoplar—, cuando me pongo escotes de estos, me doy cuenta de las tetonas enormes que tengo… ¡Dios!, es qué, ¡cómo me descuide se me salen todas! Bufff… —comentó y resopló por última vez, mirándose al espejo, al comprobar cómo le botaban sus pechos a cada movimiento suyo.

—Ya… pero aun así, te lo has puesto sin sujetador. Así que… ¡ahora tampoco te quejes si se te pueden llegar a salir! —le dije, entre risas, levantándome para agarrarle sus dos pechazos desde atrás.

—Lo sé… pero… es que… los escotes de este tipo quedan muy mal con sujetador debajo… Se ve todo y queda muy cutre. Me voy a arriesgar a ir así. ¿Tú qué crees?, ¿que voy muy de putón así? ¡Tengo miedo que se me salga una teta en un descuido! —comentaba nerviosa, mientras nos mirábamos juntos en el espejo; yo, detrás de ella, besándole el cuello y a la vez sobándole las tetas por debajo del vestido. ¡Era un morbo inmenso para mí saber que saldría así vestida!

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