ROCÍO PRIETO VALDIVIA

Es otro fin de año para Sofía la maestra de arte, sentada en su sillón favorito se dispone a tomar su té de cada tarde, las paredes pintadas de amarillo reflejan la luz tenue de su lámpara de noche. Ella detesta  el color amarillo pero  le han dicho sus hijos Manuel y elizet, que ese color refleja más la luz. Y ella se conforma pues a su edad ya no le es fácil hacer algunas cosas. A su lado izquierdo esta  su tesoro más valioso su biblioteca.

Del librero  color caoba toma uno de sus libros favoritos. Es uno con la pasta en color morado. Poco a poco se interna en esa historia que conoce por labios de su fallecida madre.

Da un sorbo a su té, mientras que las manecillas del viejo reloj de pared caminan lentas es 31 de Diciembre.

Ella esta sola en esa gran casa con ventrales  que da al mar. La pandemia del 2020 la obliga a resguardarse en su hogar atrás quedaron las fiestas y sus salidas con sus amigas. Al abrir la página un mundo inigualable se abre a sus ojos:

Hace mucho, tiempo

En un lugarcito vivía una pequeña

Su nombre era Ely.

 Era la niña más bonita y tenía sus ojitos pequeños,

Hacía muy feliz a su padre.

Que cada mañana salía a trabajar  mientras que ella crecía feliz en ese mágico lugar

Corriendo y jugando. Un día  de diciembre su padre le regalo un conejito

¡Era blanco como capullo de algodón! Los días fueron pasando, por las noches helaba y el animalito temblaba de frío.

Uno de tantos días se escapó y la pequeña  se sintió triste la causa era;

Porque señor conejo se había perdido

 ¡Por más que lo busco no aparecía, muy triste se sentó a llorar dejando de la gran higuera aledaña a su casa por el conejito!

¡Pero no se había ido lejos solo escapó a comer zacatito!

Cuando su padre  regreso la abrazo  y noto que  habia llorado. la pequeña le dijo con  su vocecita melosa.

 – papi, papi señor conejo ya no está.

El papá fue a buscarlo a su jaula y no lo encontró.

 salió al jardín y lo  vio comiendo sácate cerca de la  gran higuera que estaba repletita de jugosos higos dulces como la miel.

-Ely mira ya lo encontré, le dijo muy feliz.

*La pequeña saltó de felicidad al ver a la bolita blanca en manos de su papá, estaba tan contenta que lo tomó entre sus pequeñas manitas y acuno junto a ella cerca de su pequeño corazón que latía con amor, y le tiro un beso al aire  para su papito.

 Mirando con amor a sus padres, su padre la tomó en sus brazos y le dijo

– mi pequeña, mi princesa te amo.

 Mientras el  conejito temblaba de frio y lo taparon con una manta roja (regalo de la abuelita Lucecita) al día siguiente el travieso conejito  empezó a mordiscar la mantita  hasta sacar lanita para taparse porque hacía mucho frío ese invierno.

Cuando Ely cumplió cinco años su papá le trajo un gran pastel en forma de conejo y ella lo

mordisqueo y pidió un deseo que nunca  se alejara de ella su papá.  A los meses todo cambio el fin de año durante una fiesta la mamá le confeso que ya no lo amaba y papá Manuel se dio la vuelta con ely en brazos. Y no

 no paso mucho tiempo cuánto. Se tuvo que ir a otra Ciudad. Por más intentos que hizo no pudo ver a su hijita.

No volvió a ver a su padre que a lo lejos jamás se olvidó de su nena.

Ni del conejito travieso por la noche él tomaba la mantita roja.

-Y le pedía a Dios que cuidará a su estrellita la más hermosa

Su  pequeña hijita.

No se sabe  cuánto tiempo paso pero un día la pequeña se convirtió en madre

De una hermosa niña de ojos pequeños y cabello lacio

Y de sonrisa encantadora.

-Otra estrellita más que su padre amaría  era tanto parecido con  Ely.

Una tarde de octubre decidió ir a la ciudad donde vivía la madre de ely cuando era jovencita

Y fue ese ultimo día del mes de diciembre  cuando él  caminaba, por  las calles de San Luis río Colorado pensando en ella, cuando a lo lejos le pareció  verla en un parquecito jugando.

 Quizás era una remota casualidad.

 Pero le  grito  tan fuerte como pudo.

¿ELY ERES TÚ?

La pequeña niña que jugaba en el parque junto a su madre  escuchó el nombre de su ella. Y dejó de jugar corriendo, llego junto a ella y le dijo

– Mamita mira ese señor dijo tu nombre.

Ely sonrío y dijo

– Ay hijita  como crees hay muchas personas con ese nombre. Ella leía un libro con un conejo, la pasta era morada, la tarde caía, los árboles eran frondosos y hacía mucho calor. Las calles polvorientas, los carros pasaban despacito

Y el señor se fue acercando  cada vez más y volvió decir;

– Ely  eres tú.

Ely soltó el libro esa voz le era conocida.

Fue como si  un rayito de luz iluminara todo a su alrededor.

Y  volteó y vio el rostro de su padre. Le había pedido tanto a Dios que Sofía conociera a su abuelo, por las noches se inclinaba a orar.

no lo podía creer  que fuera, él su amado padre.

 ¡La  vida de nuevo era bondadosa con Ely!

 Lo abrazo tan fuerte cómo pudo, le dijo cuánto lo amaba. Lo observó por unos instantes mientas sus ojos se llenaban de lágrimas;

Su pelo era cano y sus ojos tenían pequeñas chispitas. Se vieron a los ojos, se dijeron muchas cosas. Ely fue muy feliz  como cuando era niña   Dios y la vida le concedió tener a su padre. recordando al liebrito que escapó y mordisqueo la mantita para taparse del frío  así como ella lo hacía en brazos de su padre como cuando era pequeña.

La anciana cierra el libro, se levanta de su sillón y toma una fotografía. Su abuelo Manuel sostiene en brazos a su madre junto a ella un pequeño conejo blanco sonríe.

Al sonar la última campanada ella cerrará los ojos y verá como su madre y su abuelo la toman de la mano.

Ella será una víctima más de los estragos del sarss covid- 2020.

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