MANGER

Introduce la moneda, lo toma, se deja rodar y la sigue de cerca, sumiso,  atento y sin preguntar; ya sabe el camino y no cree que varíe la ruta de siempre…

«Lo de costumbre…» –se dice.

Entran…

Primero a la izquierda, dejando expedito el carril central.…

Le indica… Se acerca, se agacha y ella le asiente al mirarla…

Seis litros en botella y vuelta hacia atrás.

Después por el centro…

Parada intermedia…

Una malla que tres quilos pesa… La toma y coloca en el fondo (“tienen buena pinta, quizá sean nuevas” ─no sabe, no entiende, quizá sean viejas… ¡vete tú a saber!) y vuelta a empezar.

Retorno al carril central…. ¡Huyyy! ¡Cuidado con ése que va por su izquierda; va muy despistado y en velocidad…!

Ya está… Arreglado… Un frenazo a tiempo le impide chocar. Cada uno por su lado diestro, mirando hacia el frente con media sonrisa que echan sin más…

Eso es, todo en orden…

¡Vaya…! Con este percance sin muertos a los que llorar, ha perdido el rumbo…

¿Pero, dónde está… dónde se ha metido? ¡Iba por detrás!

Detiene un momento su porsche y otea…

¡Allá está, a unos treinta metros de donde él está…!

Pero… ¡avisa, mujer, que te pierdo…!

Ahora la sigue atento a la orden de ¡ven para acá…!

Nueva parada; lateral derecho, abajo, donde los paquetes de a dos…

─¡No… no, más abajo! ¡Ahí, ahí… No te enteras, “so” bruto…! Vale… que sean dos… o mejor tres… no sé cómo estoy… –le grita.

Los toma, y adentro…

Giro a la izquierda, veinte metros más y ahora a esperar…

El 89…

Le impone aquel sitio frente a esos bichos de ojos saltones mientras ella espera que salga su número…

Diez minutos ya…

Quince…

¡Vaya, por fin! ¡Bingo!

Ahora se lo entrega y tiende la mano queriendo ayudar…

¡No… no lo toques! –le advierte; no soporto ese olor que queda en las manos… ¡Mételo en esta bolsa de plástico…! ¡Venga, venga, incordio… vámonos ya! ¡Ay, Dios! ¡Estoy por no venir ya más contigo…!

¡Uff! Por fin se acabó el via crucis… ─dice para sí.

Han llegado al sitio; frena, enfila y vuelta a esperar en fila de a uno.

Otros diez minutos…

¿Ya…? ¡Bendito sea Dios…!

Se afana ligero, desembarca todo y los ve marchar al final de esa cinta infernal…

Noventa y tres justos ─le dice con una graciosa sonrisa la joven…

La recoge de manos de ella, la introduce, teclea, la retira y vuelta a embarcar…

¡Qué rollo… siempre igual! ─masculla.

Ella va delante…

Él la sigue atrás…

Ella le dirige…

Él silbando va.

Es varón domado…

Es “hombre-carrito” en centro comercial.

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