JULIO ALTÁN

Hace ya varios años que nos reuníamos para el día de San Valentín, el día del cariño y de la amistad, a veces en un restaurante, otras en la casa de alguno del grupo de amigos con quienes estudiamos el bachillerato, en esta ocasión nos reunimos en la casa de Constantino, teníamos varios años de no verlo porque residía en el extranjero pero esta vez se encontraba en el país.  Desde que nos graduamos no había vuelto a llegar a esa colonia que muy gratos recuerdos atraía a nuestras mentes porque en ese entonces vivían allí varios de las amistades con quienes estudiamos esos inolvidables años.

Fernando y Manuel eran los payasos del grupo siempre hilando historias cómicas de todo lo acontecido en ese entonces y en el presente, siempre le ponían la nota alegre a las reuniones, Felipe y Amelia eran los cocineros, eran quienes se encargaban de asar la carne y preparar todo lo concerniente a la comida mientras que Mynor, el borracho del grupo se encargaba que a nadie le faltara una refrescante bebida y como siempre a mi me tocaba tomar las fotos para guardar los alegres momentos vividos en cada reunión.

Luego de satisfacer el hambre provocada por los aperitivos y esos aromas procedimos a sentarnos tranquilamente mientras Antonio cambiada los ritmos musicales para que pudiéramos bailar y continuar divirtiéndonos.  Las horas fueron pasando y al comenzar a declinar el sol el baile y las risas continuaban.  No sé porque, de forma automática, salí un momento de la sala de la casa y me quede parado viendo a todos los alrededores de la colonia, había cambiado, aunque no mucho, comencé a vagar por esa época pensando en alguien a quien ya tenía tiempo de no tener noticias y mucho menos conversar con ella.

Marleni se acerco, se quedo parda viéndome sin decir nada, hizo un ruido como aclarando su vos para que me diera cuenta de su presencia.  Al notarla, salí de mi embotamiento mental, la tome del brazo y la lleve hasta el patio donde aún se cocinaba algunos pedazos de carne, nos sentamos y comencé a hablarle sobre ciertas cosas de mi trabajo que deseaba cambiar pero no logre que cayera en la trampa.

— ¿Aún piensas en ella?  —Me pregunto—-  Ella ya no vive por acá, tengo entendido que se fue a vivir… no se a que país, pero te puedo averiguar si quieres.

Eventualmente si pensaba en ella pero no de forma romántica, más bien pensaba en lo agradable de esa época y las experiencias que tuvimos en esos años, años que fueron de muchos descubrimientos.  Fuimos novios por escasos tres meses, suficientes para que quedara completamente enamorado de ella, ya no recuerdo bien si fue mi primer amor, pero de lo que si estoy seguro es que marco mi vida.

—Te voy a hacer una pregunta indiscreta pero quiero que me la respondas con total sinceridad.  ¿Por qué no trataste de solucionar las cosas con ella, por qué no trataste de reconquistarla?  Cuéntanos.

En realidad la pregunta no me desubico.  Después de esa tarde cuando termino nuestra relación no quise volver a hablar del asunto con  nadie y no era hasta ese día que todos los recuerdos llegaron a mí, varios de los amigos se acercaron y se sentaron para escucharme.

Comencé por contarles los motivos por los cuales pensaba que termino nuestra relación y digo pensaba porque nunca me los dijo, será porque nunca se los pregunte, pero si trate a los pocos días de volverá a ser su pareja.

Días después que ella finalizara nuestro noviazgo le enviaba dos docenas de rosas rojas, y dos días antes de la Navidad llegaba a su casa no solo para verla sino para entregarle una tarjeta navideña con una nota que decía:

«Recuérdame siempre como yo te recordare a ti… Te acuerdas.  Quien te ama…»

Haciendo referencia a un regalo que recibiera de sus manos el día de mi graduación.

Solamente recibí de ella una palabra: gracias, que me envío con un amigo ya que en esa ocasión no la encontré o tal vez no quiso verme.

A ella le faltaban dos años para graduarse de secretaria bilingüe y yo no ingrese a la universidad junto con mis compañeros de promoción por dos razones: La primera porque me daba vergüenza tener que llegar con un adulto para que me inscribiera porque era menor de edad. La segunda por que estudiaría una carrera técnica de un año que me permitiera trabajar.

Todo el siguiente año nos seguíamos reuniendo con mis compañeros en las afueras del instituto, todos contaban sus nuevas experiencias en las diferentes facultades de la universidad, además teníamos muchos amigos que aun continuaban en esas aulas incluyéndola a ella. Casi todos los sábados nos invitaban a alguna fiesta donde nosotros siempre estábamos presentes. Ella llegaba a estas fiestas, así que decidí que en cuanto la viera le hablaría para tratar de resolver las cosas entre nosotros.

Por ese entonces mi padre acababa de comprar un pequeño vehículo el cual me prestaba y en cuanto tenía una oportunidad  viajaba al instituto para llevarla a su casa pero siempre me rechazaba.

Cuando finalmente la vi en una de estas fiestas sabatinas, me apresure a alcanzarla pero antes de llegar otra persona apareció, la abrazo y la beso. Era su novio. Todos en la fiesta conocían mis sentimientos e intenciones hacia ella y vieron como con la cola entre las piernas llegaba hasta la puerta de salida, atrás de mí iban mis compañeros que sin decir palabra me acompañaron hasta la tienda más cercana de donde salimos cerca de tres horas después que había terminado la fiesta. Todo el tiempo que pasamos en esta tienda casi nadie hablo, salvo yo, que maldecía, blasfemaba  y reprochaba lo sucedido.

Cuando al terminar la fiesta la vi retirarse abrazada con su novio, brotaron las lagrimas más amargas que haya derramado hasta entonces, alguno de mis amigos, no recuerdo quien, me abrazo y me dijo que lo mejor sería olvidarla, como si fuera tan fácil. En ese momento eso era lo que más deseaba.

Durante el resto del año seguimos llegando a las fiestas sabatinas, siempre y cuando nos invitaran porque ya teníamos fama de provocar problemas, pero seguimos llegando y básicamente mi intención era verla para hablarle.   El año termino sin ninguna variante.

El año siguiente luego de graduarme de dibujante por fin ingrese a la universidad, con mí cedula en mano me inscribí en la facultad de ingeniería, no sabía que ingeniería, pero allí estaba dispuesto a estudiar. Al establecimiento ya casi no llegaba, cada vez pensaba menos en ella y verla… aun menos, después de año y medio creo que era justo.

Ese primer año en la universidad pasaría algo que nunca en mi vida olvidaría. Estaba en la escuela de vacaciones de medio año. Recibía el curso de matemáticas I ya que durante el semestre normal la había reprobado. Cuatro horas diarias de matemáticas de lunes a sábado.  A las nueve de la mañana teníamos un receso de quince minutos, me encontraba sin cigarrillos y la tienda de la facultad estaba cerrada por lo que camine hasta la parada del autobús ya que allí había tiendas abiertas desde temprano.

Llegando a la parada de buses algo llamo mi atención: Veía a mucha gente corriendo hacia donde me encontraba y escuchaba como si estuvieran quemando cohetes. En ese momento una persona me empujo con bastante fuerza cayendo ambos al suelo, no comprendía que estaba sucediendo, puso su mano sobre mi cabeza y no me dejo levantarla. Si hablo no lo recuerdo, pero estaba tan enojado que logre dominar la fuerza que ejercía sobre mi cabeza logrando levantarla. Cual va siendo mi sorpresa, algo increíble, mis ojos no daban crédito de lo que estaba viendo: un tipo estaba recostado sobre la cabina de una camioneta con un fusil y estaba disparando a todo lo que se movía, me quede viendo esta escena cuando escuche varios silbidos, eran las balas que pasaron a centímetros de mí cabeza.

La persona que me había tumbado seguía junto a mí y no me dejo levantarme. Luego de unos instantes se levanto y salió corriendo.  Nunca supe quien fue esa persona que me salvo la vida.  Salí corriendo hacia la facultad, pues, no encontraba hacia donde más correr, cuando llegue escuche gritos, caos, personas sangrando, nadie sabía qué hacer.  Me dirigí a mi aula, fui él último en entrar, todos me preguntaron que estaba ocurriendo, solo les pude decir que había un tiroteo en la parada de autobuses.

En ese momento entro un compañero de otra aula y dijo que lo mejor era retirarse porque había muchas personas muertas y no sabían si esto seguiría. Las personas comenzaron a caminar tratando de comprender que había ocurrido, todo mundo trataba de salir de la universidad  por cualquier medio.  Con dos de mis compañeros fuimos a ver los cadáveres que quedaron a lo largo de la calle, ver la sangre corriendo en pequeños ríos saliendo de los cuerpos de las personas acribilladas era algo impresionante, nunca en mi vida vería algo igual, personas que hasta hace poco gozaban de vida y que alguien se las había truncado tan solo por estar estudiando era algo que nadie comprendía en ese momento. Las noticias seguían llegando y eran aterradoras: aproximadamente 4 vehículos habían hecho lo mismo alrededor de toda la universidad; se hablaba de muchos cadáveres. Una matanza indiscriminada sin ningún sentido ordenada por algún carnicero del gobierno de turno. Con mis dos compañeros salimos en el interior de un vehículo de rescate de los bomberos, cuando salíamos de la universidad  vimos un vehículo idéntico al de mi padre perforado totalmente de balas, sus tripulantes estaban muertos.

Llegue a mi casa, donde aún no se enteraban de las noticias, estaba muy nervioso mientras contaba lo ocurrido.

Después de contar esa terrorífica historia sonó el teléfono, era un compañero que estudiaba en otra facultad y me quede frío cuando me dijo que el motivo de su llamada, era para notificarme que nos juntaríamos en el instituto porque habían matado al ex presidente de la asociación de estudiantes.  La verdad no creí en sus palabras pero cuando me dijo la forma que había sucedido y donde sucedió comprendí que en el tiroteo de la universidad sucedió la desgracia.  A pesar de los nervios logre recordar que de todos los cadáveres que estaban sobre la calle hubo uno que no fui a ver, como cosas del destino ese cadáver que no vi era precisamente el de nuestro amigo asesinado.

Bajo un estado de fuerte nerviosismo salí un momento de la casa para tomar un poco de aire y mientras estaba tratando de digerir la notica el teléfono sonó nuevamente. La llamada era de otro compañero que hablo con mi madre para pedirle que no me dejara ir al punto de reunión por razones de seguridad ya que había participado en actividades de política estudiantil, que en ese entonces era mal visto por el gobierno más tenebroso que hayamos tenido.

Me costó mucho convencer a mi madre para salir de casa y asistir al llamado que recibiera por teléfono, le tuve mentir diciéndole que solamente iría al centro para comprar algunas cosas que necesitaba, no sé si la logre convencer, lo cierto es que cuando salí la vi muy triste y con lagrimas en sus ojos

Cuando llegue al punto de reunión, que era en las afueras del establecimiento fui recibido con miradas extrañas y expresiones que no dejaron de sorprenderme porque muchos de ellos estuvieron en los acontecimientos de la universidad y cuando salieron de las instalaciones universitarias vieron un vehículo idéntico al de mi padre totalmente tiroteado y sus tripulantes acribillados, vehículo que en ocasiones utilizaba para ir a varios lados.

Cuando ingresamos no tuvimos ningún problema, nos abrieron las puertas y todo el mundo se nos quedaba viendo, pero más a mí, todos caminamos muy nerviosos, nos sentíamos como en otro mundo, me veían como ver a un fantasma, todos pensaban que el ataque era contra nosotros, los que en una ocasión fuimos dirigentes de este establecimiento.

Conversamos con varios compañeros acerca de lo delicado de la situación y de ciertas acciones que tomaríamos para proteger nuestras vidas si es que los ataques continuaban, también conversamos sobre los mismos temas con el claustro de catedráticos quienes nos dieron muchos consejos para poder enfrentar esa crisis.  Cuando termino nuestra charla varios de los maestros nos acompañaron a la salida por los corredores de las instalaciones, quedándonos parados varios minutos en la cercanía de la puerta, fue cuando a lo lejos observe que se acercaba, venia caminando acompañada de una amiga, se detuvieron cerca de nosotros, a un costado, aproximadamente a unos 3 o 4 metros.  Por unos instantes nos vimos las caras, sentí una extraña sensación que definitivamente logro palidecer mi rostro mientras en que sus ojos note lagrimas y una expresión de su rostro de preocupación, se diría que estaba preocupada por mí, pero ninguno de los dos dijo algo. En ese preciso instante no eran necesarias las palabras porque nuestras expresiones lo decían todo.  Nunca supe sus verdaderos sentimientos hacia mí porque después de ese día nunca más la volví  a ver.

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